GRACIAS POR LEER!
LOS PERSONAJES SON PROPIEDAD DE TITE KUBO
ÚNICAMENTE LOS TOMO PRESTADA PARA CREAR UNA HISTORIA SIN FINES DE LUCRO
NO ESTA LIGADO AL MANGA O ANIME.
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
Capítulo 33: No me digas adiós, de nuevo.
Orihime caminaba de un lado a otro de la habitación, mordiéndose las uñas y mirando su reloj de pulsera una y otra vez. De vez en cuando preguntaba si la comunicación con la Sociedad de Almas se había reestablecido, pero Urahara continuaba diciéndole que no. Los varones eran los más calmados en esa situación, pues, además de Orihime, Yuzu y Karin se mostraban nerviosas y angustiadas.
―Todo estará bien. ―Isshin quería calmarlas.
―Acaba de irse, ¿cómo es que sucede algo malo en el segundo en que llego allá? ―Karin lo desafiaba con la mirada.
―Kurosaki se las arreglará.
―No ha peleado en cinco años, ¿Qué les hace pensar que está en condiciones para hacerlo?
―Karin, deja de pensar negativamente. Me pones nerviosa. ―Yuzu la veía de reojo.
En cierto punto Karin tenía razón. Ichigo había perdido varios años de condición física y estratégica en el campo de batalla. Sin embargo, Urahara la refuto al recordarle que el ojiambar tampoco estaba en condiciones cuando Rukia le cedió sus poderes. Una sonrisa ironía, y algo burlona, rompió la negatividad de la gemela.
―Lo vez, las cosas pueden resultar mejor de lo que pensamos. ―Orihime se tranquilizó un poco.
―Kurosaki podrá ser imprudente e impulsivo, pero siempre sabe salirse con la suya. ―Uryu miraba la pantalla.
Esta emitía imágenes muy difíciles de distinguir, debido a la constante estática. Pero era algo a comparación de las horas sin nada. El sonido también era indistinguible, aun así lo consideraron buena señal. Ase que Tessai se movilizo para encontrar algún punto que los conectara completamente con la Sociedad de Almas.
― ¿Lo conseguiste? ―Isshin se paró a su lado.
―No, aun no puedo establecer alguna conexión.
Al borde de la paciencia y la angustia, todos esperaron a que Tessai consiguiera contacto. Todo fue así durante otra hora, misma en la que Jinta se exaspero y golpeo el monitor.
― ¡Jinta! ―Urahara se alarmó.
Pero antes de que lo reprendiera, una voz llamo su atención. Al cabo de algunos segundos, la imagen y el sonido les permitieron saber que era Yoruichi. La morena tenia sangre escurriendo en la frente; estaba llena de polvo y su ropa estaba rasgada por emplear su Shunko; su alrededor era nebuloso, aun así se distinguían las construcciones completamente destruidas.
―Yoruhichi, hermosa, ¿Qué pasó? ―Urahara posó las manos a lado del monitor.
―Urahara, necesitamos a Orihime.
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Gracias a Kenpachi, la manada de hollows, que acorralaron a Ichigo y los demás, fueron fulminados al instante. Tras un gran susto, el ojiambar continúo su recorrido hasta Rukia y el Menos. "Tonta, debes estar con Neo… y conmigo. No puedes hacernos falta.", su ceño se frunció como en su adolescencia.
― ¡Rukia! ―la tenía a unos cuantos metros.
― ¡Tsugi no Mai… Hakuren! ―lo vio sobre su hombro.
La shinigami lanzó su ataque contra una de las piernas del Menos, con la intención de desequilibrarlo. Pero lo único que consiguió fue enfurecerlo, y un puntapié que la lanzo con fuerza a los brazos de Ichigo. Él la atrapo, por lo que arrastro los pies y enterró su espada en el piso para detenerse. Al mismo tiempo, Toshiro, Ukitake, Byakuya y Kyoraku rodearon al enorme hollow para lanzar sus respectivos ataques. Incluso Kenpachi se abalanzo a lo loco contra el enemigo para satisfacer su necesidad de pelea.
― ¡Tonta! ¿Por qué hiciste eso? Sabes muy bien que no se puede eliminar un Menos tan fácil.
― ¡Tsk! Creo que me rompió unas costillas. ―entrecerraba un ojo y escupía sangre.
―Rukia.
― ¿Qué pasa? ―Renji corrió hasta ellos.
―Tiene rotas varias costillas. Trae a Hanataro. ―sus ojos destilaban impotencia.
El pelirrojo empleo su shunpo para ir por el pequeño pelinegro; mismo que estaba en el área médica para atender a los aldeanos y shinigamis heridos. En cuanto llego, Isane le advirtió que no podía estar ahí, pues había demasiada gente:
―Lo sé, pero necesito al atolondrado de Yamada.
―Está atendiendo a los heridos, no puede…
― ¡Enano, ven acá! ―ignoro a la teniente en cuanto vio al pelinegro.
Sin autorización de la capitana o teniente, Renji saco al joven para llevarlo con Rukia. Hanataro no comprendió la razón de su apuro, hasta que vio en el piso a la ojivioleta.
―Señorita Rukia. ―al acercarse, Ichigo le dijo de su lesión―Revisare cuantas costillas le rompió.
La expresión del pelinegro alerto al ojiambar y al pelirrojo, pues no era normal que se asustara de ese modo por solo algunas costillas rotas. Por lo menos hasta que develo el diagnóstico:
―Tiene rotas casi todas las costillas, y tres de ellas le perforaron un pulmón. ―miraba la dificultad con la que su amiga respiraba.
― ¡Tsk! ¿Puedes ayudarla? ―Ichigo se llevó las manos entre el cabello.
―Yo… ―estaba asustado, no sabía qué hacer.
―Tardara mucho tiempo, pero es posible. ―Unohana siguió a Renji.
―Capitana. ―Hanataro bajo la cabeza―Lo siento, yo…
―No te preocupes, ahora hay que salvar a Kuchiki. Isane, por favor, cúbreme mientras Yamada y yo realizamos todo para la curación de la oficial.
―Sí capitana. ―Isane se posiciono defensivamente.
―Yo también los cubriré. ―Renji se colocó a un lado de la teniente―Apresúrate, Ichigo.
―Sí. ―cogió entre sus manos las de Rukia para besarlas―Volveré.
Rukia apenas consiguió abrir los ojos y ver la espalda de Ichigo.
Mientras ellos auxiliaban a su amada, Ichigo alcanzo a los capitanes para combatir al Menos. El problema no era erradicarlo, eran los hollows que no les permitían concentrarse en el enorme hollow. Así que, sin dudas, Ichigo libero su bankai para hacer uso de su inigualable velocidad y abrirse paso hasta la cabeza del enemigo. Los capitanes lo imitaron y liberaron su bankai, mientras que Matsumoto y Kenpachi se encargaban de cubrirles las espaldas.
Entre tanto, Yoruichi y Soi Fong continuaban protegiendo el Rukongai. La cantidad de gente herida y muerta aumentaba, incluso los incendios se extendían más allá de los límites, al igual que en el Seireitei. Eso intranquilizaba a la morena, pues se percató de que el área de las casas nobles estaba en peligro:
―Neo. ―sin avisar se fue hasta donde lo escondió junto a Kon.
Soi Fong la siguió a sabiendas de que algo andaba mal. Y en cuanto llegaron a la entrada, ambas abrieron de par en par los ojos al ver un enorme boquete en las alcantarillas.
― ¡Tsk! No puede ser. ―apretó los dientes y los puños.
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Estaba asustado, escuchaba los gritos y sentía el abrazador calor de las llamas que se acercaban al lugar. Neo miraba por las rendijas y le gritaba a su madre que fuera por él, sin éxito. Kon buscaba la forma de calmarlo, consiguiendo que el niño llorara más y decidiera salir a buscar a sus padres.
― ¿A dónde vas? ¡No podemos salir, Yoruichi me matara si no te cuido! ―revoloteaba a su alrededor.
―Quiero a mi mami. ―empujaba con todas sus fuerzas la tapa del alcantarillado―Quiero a mi papi.
―Neo. ―se le rompía el corazón verlo de ese modo.
Pero al mirar hacia un lado, vio que uno de los hollows cayó por un hueco que abrió al caer con fuerza. Eso lo aterrorizo, por lo que ayudo al niño a quitar la tapa y salir corriendo de ese lugar. En cuanto quitaron la tapa, el hollow estuvo a punto de atacarlos. Kon corrió y dirigió a Neo entre la gente y las calles en llamas para encontrar otro sitio seguro.
― ¿Dónde están mis papas? ―lloraba y veía su alrededor.
―No lo sé, pero si te pasa algo moriré. ―se escondieron detrás de un muro derribado.
Tenían que mantenerse en movimiento, ya que los shinigamis y hollows estaban por todos lados. Pero Neo le hacia las cosas difíciles a Kon al correr entre el alboroto, las llamas, los escombros y las peleas.
― ¡Niño malcriado, regresa! ―corría detrás de él― ¡Te pareces a tu padre, son igual de testarudos!
― ¡Mamá, papá! ―se tropezó.
― ¡Neo!
Cuando Kon lo alcanzó, un enorme hollow, con enormes pinzas en lugar de patas, estaba sobre ellos. Ambos lo miraban aterrorizados, pensando en que sus vidas acabarían en segundos. Aun así, Kon se armó de valor al distraer al monstruo a la vez que le gritaba al niño que corriera a un lugar seguro. Desde luego, Neo le hizo caso y corrió tan rápido como pudo, aguantando las lágrimas y el dolor en sus manos y rodillas por el golpe al caer.
Mientras el ojivioleta atravesaba el campo de batalla, una enorme viga de madera cayó frente a él, bloqueándole el paso y encerrándolo entre un muro que se derribó detrás suyo.
―Papi… ―junto sus manos y miraba a su alrededor. ―… mami… ―sus ojos se aguaban.
Las llamas ganaban terreno, rodeándolo en milisegundos. Así que, Neo se acuclillo y cubrió sus ojos, lleno de miedo. Para su suerte, un shinigami logro verlo entre los escombros y las flamas:
―Niño… ―se sorprendió al verlo―Vamos, no deberías estar aquí.
Lo primero que vio Neo, al descubrirse los ojos, fue a un enorme hombre, más fortachón que su padre y claramente más longevo. Estaba descubierto del torso y portaba una llameante espada en su mano derecha, pues lo iba cargando con la otra. Al verlo, se asustó un poco al ver la expresión de rudeza en su rostro, especialmente por esa cicatriz, en forma de cruz, surcando parte de su cráneo y su ojo.
― ¡Comandante! ―Sasakibe lo flaqueo de regreso a la capitanía del escuadrón uno― ¿Es el hijo del shinigami sus… digo, del nuevo oficial?
―Sí. ―dejo al niño sobre su escritorio―Quédate aquí. Sasakibe, cuida de él.
Al decir eso, el comandante Yamamoto se alejó. Cuando el niño y el teniente lo vieron alejarse, se alarmaron al ver que ya no era un Menos Grande el que atacaba la Sociedad de Almas; ya eran tres en total. "Por eso el comandante salió a luchar junto a los demás capitanes", pensó el ojinaranja.
Entre tanto, Kon se inquietó al perder de vista al pequeño Neo. "¡No puede ser, Yoruichi me asesinara!", corría sobre sus pasos en busca de ayuda, pero en el camino se transpuso con quien menos deseaba:
― ¡Con que aquí estaban! ―lo cogió de una pata y lo alzo hasta su cara― ¿Dónde demonios está Neo? ―miraba para todos lados.
―Yo…Yoru… ―tartamudeaba de miedo― ¡Lo siento, lo siento, lo siento! ―se retorcía para zafarse del agarre― ¡Lo perdí de vista unos segundos y no sé dónde está!
―Los oficiales Kurosaki y Kuchiki no deben saberlo. ―Soi Fong miraba hacia el cielo.
―Apoyo esa decisión, si se enteran… ―se interrumpió a sí misma al ver el resquebrajamiento del cielo― ¡Tsk! Esto debe ser una maldita broma.
Observaron a los mismos dos Menos que flanqueaban al primero. Las cosas se complicaban aún más y no tenían idea de que Rukia estaba herida, ni dónde encontrar a Neo. Sus prioridades pendían de un hilo, pues las cosas estaban complicándose más de lo que querían.
Como si estuvieran en cámara lenta, Yamamoto se acercaba peligrosamente hacia uno de los Menos con la intención de erradicarlo; Byakuya bloqueaba algunos hollows con Senbonzakura, al igual que Toshiro al liberar a Hyorinmaru. Kenpachi disfrutaba y gritaba de emoción al hacer pedazos a cientos de hollows; Hisagi, Kira y Matsumoto se cubrían las espaldas, mientras que Ikkaku y Yumichika apoyaban a Kyoraku y a Ukitake a atacar a otro de los Menos.
Ichigo no podía quedarse viendo, así que beso la frente de Rukia y se alejó a gran velocidad hacia el tercer Menos. Con un fuerte grito libero a Zangetsu y lanzó un potente Getsuga Tensho directo en esa mascara blanca. Sin embargo, el hollow reacciono al mismo tiempo lanzando un cero contra el ataque del shinigami, ocasionando una inminente explosión. Misma que ocasionó que la máscara de otro de los Menos se rompiera parcialmente, facilitándole las cosas al comandante Yamamoto al calcinarlo completamente.
Ahora sólo quedaba uno, el cual estaba a punto de lanzar otro Cero directamente en la zona donde Rukia yacía bajo el cuidado de Hanataro y los demás. Por lo que Yoruichi le ordenó a Soi Fong que hicieran uso del Shunko para incrementar las posibilidades de eliminación enemiga. "Perdónenme… Ichigo… Rukia… no mantuve a salvo a Neo", cavilaba mientras veía a lo lejos.
― ¿¡A caso está loca!? Es demasiada energía, y el sumarle la del comandante y la del shinigami sustituto es… es…
―Suicidio. ―torció la sonrisa―Hay que hacerlo. ―se apartó un poco― ¡Shunko!
La pequeña capitana suspiró e imitó la acción que su amada amiga. A partir de ese momento se desencadeno una serie de explosiones que chocaron contra el Menos; seguido del ataque de Yamamoto e Ichigo. Una cegadora luz y una cortina espesa de humo inmovilizo a los shinigamis y a los aldeanos. Rukia trató de incorporarse, pero una cortina de llamas inundaba su visión.
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El silencio reinaba en la Sociedad de Almas. El polvo, rastros de pequeños incendios y centenares de escombros fueron el resultado de la infausta aniquilación de los Menos y los hollows. Por lo menos hasta que una pila de ruinas se dispersó, dejando libres a los cinco shinigamis para hacer recuento de los daños.
― ¿Están bien? ―Renji enfundaba a Zabimaru.
―Teniente Abarai, gracias por emplear su bankai para crear un domo. ―Isane lo miraba con timidez.
― ¡No puede ser! ―Unohana estaba sorprendida― ¿Cómo pudo suceder?
― ¿Qué ocurre? ―los tenientes miraron hacia donde la capitana.
Hanataro y Rukia se encontraban bajo un pedazo enorme de muro, donde únicamente sobresalía la pequeña mano del pelinegro. "Pero… liberé a Zabimaru tan rápido como pude", Renji gritaba a la vez que buscaba la forma de quitar el muro. Isane corrió en su ayuda.
―Ru… ―empujaba el muro―…kia.
―Teniente Abarai, Isane…―Unohana veía como se esforzaban―…no pueden hacerlo solos, necesitamos más manos para…
― ¿Para qué? ―Ichigo tenía sangre escurriendo en su cara― ¿Dónde… dónde está Rukia? ―aun sostenía su zanpakuto.
―Ichi…go. ―Renji apretó los dientes.
―Kurosaki, el teniente Abarai hizo lo que pudo… ―Isane se abrazaba a sí misma.
Cuando Ichigo se percató de que Rukia estaba bajo aquel muro, soltó su espada para intentar apartarlo. Gritaba su nombre; le recitaba los planes que deseaba vivir a su lado; le confesó que deseaba volver loco a Byakuya con más niños en la casa. Ichigo no dejaba de maldecir y lastimarse las manos. Ni siquiera se dio cuenta que dejo caer el avión de madera al acuclillarse y enterrar una mano en las cenizas para escarbar. El avión estaba un poco quemado, se le rompió un ala y la hélice se le cayó.
― ¡Cálmate, Ichigo! ―Renji lo apartaba, sin éxito.
― ¡Déjame, largo de aquí! ―las lágrimas no dejaban de brotar― ¿¡Qué no ves que el amor de mi vida está muriendo!?
―Kurosaki ―Unohana se acercó cautelosamente―, solamente siento las pulsaciones de reiatsu de Yamada.
Ichigo dejó de escarbar por un momento para prestar atención, únicamente para darse cuenta de que era verdad. Sólo sentía el débil reiatsu de Hanataro. "¿Por qué… por qué sólo siento la de él?".
―Neo… ―susurró― ¿Dónde está mi hijo? ―miro sobre su hombro. Lanzando una gélida mirada.
―El niño está bien. ―Yamamoto apareció de la nada, junto a Soi Fong y Yoruichi―Esta en mi capitanía.
― ¿Qué ocurrió aquí? ―la pelinegra escaneo la escena.
― ¡Tsk! ―Yoruichi apretó los puños y los dientes―Comandante, debo contactarme con Urahara Kisuke ―lo fulmino con la mirada―, inmediatamente.
―Comprendo la desesperación. ―se colocó su Haori a la vez que aprobaba el contacto.
Tan pronto una mariposa infernal se posó en su dedo índice, Yoruichi se comunicó con Urahara.
―Yoruhichi, hermosa, ¿Qué pasó?
―Urahara, necesitamos a Orihime.
―Te ves muy mal, cariño. ―bromeó, queriendo ocultar su preocupación.
―Kisuke, ahora no. Necesito que envíes a Orihime de una maldita vez.
― ¿Les paso algo a Kurosaki y a Kuchiki? ―la ojigris se acercó a la pantalla al oír la petición de la morena.
―Lamentablemente sí. ―se hizo a un lado para que vieran la escena.
― ¡Ohh! ―se llevó las manos a la boca y reprimió algunas lágrimas.
―Rukia ―se apretó la cien―, no sentimos sus pulsaciones de energía.
Tan pronto dijo eso, la comunicación se cortó. La mariposa revoloteo por culpa del desgarrador grito de angustia que Ichigo emitió al no encontrar a Rukia. Pues Renji, al hacer a un lado algunos escombros, encontró a Hanataro mal herido e inconsciente.
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
