Buenas tardes… disculpen que no publiqué ayer… no me trajeron el pendrive a tiempo e.é jajaja
Acá está ya, el capítulo nº 9 de Se busca espo- perdón Nieñera! Jeje Ese nombre me sigue haciendo gracia xD
En fin… Espero que les guste este nuevo capítulo. Me disculpo por la espera y bueno, espero poder actualizar más seguido ahora que vivo sola en soledad(?
Si tienen alguna duda sobre este capítulo, no duden en plasmarlo en sus reviews, así se los puedo aclarar por mp o directamente en el siguiente capítulo xD
Disfruten la lectura… y no olviden dar like a mi página en facebook, por ahí podemos estar en contacto más directo; Fanficmatica, así aparezco en la famosa red social xD y en Twitter como FanFicMatica.
Disfruten la lectura…
CAPÍTULO 9:
Hyuuga Naida.
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«El placer es mío, Uchiha Sasuke…»
Puede sonar estúpido, pero solo eso bastó para enamorarme, solo esa simple frase puso mi vida de cabeza cuando tenía 7 años.
Ser la segunda en nacer, en una familia tan elitista y llena de prejuicios no era algo fácil, incluso eran padres de 2 hijos solo aquellos que por decisión de Dios o del destino hubiesen tenido gemelos. En los rumores que siempre se escuchaban solían mencionar que si una mujer Hyuuga quedaba embarazada por segunda vez debía de abortar. Bueno, eso era lo que decían…
Nada dudoso de creer, para ser sincera, pues los únicos que no eran hijos únicos en mi familia eran mi padre y su hermano gemelo, mi hermana y yo, y algunos tíos que también vinieron como barajitas repetidas en la maleta.
Aburridos, todos una copia del otro, tan parecidos, tan miserables. ¿Estrictos? No, eran unos demonios vestidos con Kimono y Yukata. Un grupo de personas cuya única unión era un lazo sanguíneo. Eso eran los Hyuuga.
Eso fue lo que conocí…
Lo recuerdo bien, fue en invierno.
Una de las tradiciones de nuestra familia es dar una fiesta de presentación en sociedad para sus hijos cuando estos cumplen su séptimo año de vida. Lo mismo fue para mi hermana y para mí.
—Buenos días a todos, les agradezco su presencia en este bendecido día —las palabras de mi madre fueron escuchadas por aquellas personas que habían sido invitados a permanecer una semana entera en la casa principal en Kyoto—. Cualquier cosa que necesiten para hacer más cómoda su estadía no duden en solicitarla.
Básicamente consistía en invitar a los socios más importantes que tuvieran alrededor del mundo a permanecer una semana completa como visitantes. Se les daba asilo, eran tratados como reyes o Dioses que habían pasado de visita, eran honrados y se les agradecía por los buenos tratos que se habían mantenido en los negocios. Aquella visita comenzaba un Domingo, llegaban a casa en helicóptero normalmente, porque, según nuestros familiares eso les permitía degustar mejor de la vista de Kyoto.
Ese primer día se les presentaba a la noche un banquete, lleno de bebidas y comidas exóticas, todo lo que quisiera comer en un comedor inmenso para más de cien personas. Eran llevados a un recorrido por aquel lugar que nosotros llamábamos «Hogar», aunque no se parecía ni remotamente a uno.
Las extravagancias, modernidades y lujos estaban a la orden del día. Era simple, mostrarles cuanto teníamos, cuanto podían llegar a tener si mantenían su fidelidad hacia nosotros. Compramos hombres de negocios, para asegurar nuestro progreso.
El lunes era el segundo día. Eran invitados a recorrer los lugares más importantes de la ciudad, en relación a historia y cultura.
El martes era turno de la naturaleza y las bondades de nuestro pueblo.
El miércoles cenaban con los líderes políticos, quienes cabe destacar también se rendían a los pies del apellido Hyuuga. Eran conversaciones aburridas normalmente, sobre empresas, inversiones, bolsas de valores, entre otras poco interesantes que al final daban paso al día siguiente.
El jueves se sellaban tratados, alianzas, se firmaban acuerdos y se daba inicio a nuevas inversiones que conllevarían a un ganar/ganar para mi familia y a un riesgo común para los invitados, pero les daba igual, si apostaban a un Hyuuga, el riesgo era mínimo.
El viernes llegaba el evento principal. Una fiesta llena de glamour, con la palabra «etiqueta» marcada en cada rincón, cuya finalidad era presentar a aquel que un día lideraría los negocios familiares. De hecho, durante los días anteriores, quien sería presentado en sociedad no podría mostrar su rostro públicamente, debía de ser una noticia única, algo nuevo, nadie debía de haberle visto antes.
Aquel año, era el turno de Hinata y por ende, mi turno también.
Tarde, como era costumbre, una vez que todos los invitados estuvieron presentes fue nuestro turno de entrar.
Seguidas de cerca por las miradas expectantes de los presentes. Todos esperando algo de nosotras, cualquier cosa, aunque fuese una simple sonrisa, algo que les hiciera sentir especiales, algo que presumir, poder decir; «las herederas me observaron a mí». Eso les era suficiente.
Sin embargo, las normas eran claras; no hablar, no sonreír, no mirar de más. Solo mantener la frente en alto, las manos juntas y la espalda recta al caminar por el largo pasillo que nos separaba del centro del salón. No se podían cometer errores.
Sentadas saludando a cada una de las personas que se acercaba a conocernos. Era la primera vez que se nos veía públicamente, la primera vez que alguien que no fuese de nuestra familia o alguno de nuestros sirvientes podía tomarnos palabra.
Tan importantes y a la vez tan insignificantes.
—Es un placer conocerlas finalmente —dijo un hombre alto de cabellos oscuros y ojos del mismo color—. Soy actualmente el mejor socio de su padre, Uchiha Fugaku.
—Gracias por venir —respondimos al unísono.
—Mi nombre es Hyuuga Hinata —dijo mi hermana mayor inclinando levemente su cabeza, como muestra de respeto más no de sumisión.
—Mi nombre es Hyuuga Naida —secundé imitando sus gestos.
—Permítanme tomarme el atrevimiento presentarles a mi familia —Hinata asintió calmada y el hombre prosiguió—. Uchiha Kushina; mi esposa —la aludida se inclinó ante nosotras como quien saluda a un rey—. Y mis hijos.
—Es un placer conocerles, gracias por venir —respondió Hinata directamente.
—Su presencia aquí es agradable para nosotros —eran las frases que ambas podíamos contestar.
—No tienen porque agradecer, es un honor para nosotros estar aquí, Uchiha Itachi, para servirles —el mayor era tan maduro y seguro, lucía cual caballero de brillante armadura, solo que en lugar de armadura vestía un Armani.
—El placer es mío, Uchiha Sasuke —respondió el segundo y mis ojos se encontraron con los suyos.
—He… tienes cara de niña… —por un instante pensé que eso lo había pensado, pero en realidad lo había dicho.
—Naida… —sentí la mirada de Hinata sobre mí y bajé la mirada.
—Lo siento, no quería insultarle —intenté disculparme, pero su rostro me decía que era tarde para disculpas. Una sonrisa ladina se formó en sus labios, una llena de malicia.
—No se preocupe, no tiene nada de que disculparse —fue su padre quién habló, con una sonrisa en los labios.
No se dijo nada más.
La orquesta había comenzado a tocar y como era tradición, las primeras en danzar aquella noche debíamos de ser nosotras.
No pasó nada interesante luego de eso. La celebración terminaba el sábado, con la despedida que se daba a aquellos hombres y mujeres que sin siquiera meditarlo estarían enviando sus solicitudes para asociarse a nosotros. Ese era el monopolio que jugábamos, y que bien que lo hacíamos, pues desde Kyoto manejábamos una gran cantidad de empresas que ni siquiera eran nuestras y de todas obteníamos ganancias sin hacer prácticamente nada. De eso se trataba.
La verdad, no me gustaba vivir así. Siempre con todo preparado meticulosamente para mí. Desde lo que iba a vestir hasta lo que comería para cenar.
Pero el gran evento que volvió mi vida una espiral ocurrió cuando cumplí 13 años.
Solía viajar con mi madre cada cierto tiempo a Tokyo. Los negocios allá estaban tomando un buen camino y ella debía mantenerse al tanto, ya saben, como en el ajedrez, la pieza más poderosa es la reina.
—Naida, debo de volver a Kyoto en un par de horas —dijo mi madre tras colgar el teléfono.
—Entiendo… iré a despedirme —no tenía idea de que su viaje no me incluía.
—No es necesario —su sonrisa era tan sincera—. Te quedarás a estudiar aquí. Tu padre cree que es lo mejor para ti, quiere explotar tus habilidades tanto como sea posible.
—¡Pero…! —Intenté intervenir, de verdad que no quería quedarme sola en ese lugar.
—Lo siento, linda —respondió acariciando mi mejilla—. Ya sabes como es.
—¿Tengo que quedarme sola en esta casa?
—No te quedarás aquí sola, ¡¿qué clase de padres crees que tienes?! —suspiró agotada, como lo hacía cuando discutía conmigo—. Tu padre ha arreglado que te quedes durante un año en la casa de los Uchiha. Ya se te transfirió al instituto que manejamos en Tokyo desde hace generaciones. Es raro que los miembros de nuestra familia estudien en él, pero se hará una excepción, además, el año entrante Hinata y Neji van a unirse a ti. Tú padre ya ha hablado claro contigo y tus hermanos. Los negocios para bien se están expandiendo. Hemos comenzado negocios nuevos con los Uchihas, renovamos contratos y tratados. Además otras personas se nos están uniendo. Necesito que colabores con nosotros, Naida.
—¡Pero, mamá! —apreté mis manos en mis bolsillos—. ¡¿Qué puedo hacer yo?! No soy tan lista como Neji y aunque Hinata y yo somos idénticas… no es un secreto para nadie que sus modales y comportamientos son perfectos, sobre todo si se comparan a los míos. Esto es una tontería.
—No lo es, y de ser como tú lo aseguras, que tu nivel no está ni siquiera cerca del de tu hermana, ¿por qué no solo intentas imitarla? A ustedes les fascinaba cambiar de lugar cuando eran niñas, ¿no? Entonces actúa como lo harías si fingieras ser ella. Muestra algo de utilidad, aunque sea por una vez.
—No quiero, mamá. No quiero tener que quedarme con unas personas a las que no conozco. No me interesa quedarme con los Unari.
—¡Uchiha!
—¡Lo que sea! —sus ojos se afilaron y el teléfono comenzó a sonar. Creo que me salvó en aquel momento—. Ce sont des conneries! —grité irritada.
—¡Deja de decir malas palabras en francés! —gritó ella desde la otra habitación—. No eres la única que domina el idioma en esta casa.
—Questa è una stronzata! —reviré asomándome a su oficina.
—¡También entiendo el italiano, Naida!
—¡Arg! —era irritante discutir con esa mujer, además, siempre perdías—. ¡Esto es una mierda! —grité lo más cerca que pude de ella y solo rodó sus ojos sin tomarme en cuenta.
—Es hora de irme, linda —al fin me había calmado. Unas 10 maletas estaban en la limo y un pequeño bolso de mano colgaba de mi muñeca—. Prométeme que te portaras tan ejemplar como cualquier Hyuuga.
—Sí… madre.
—Excelente —respondió ella sonriendo, acariciando mi cabello y besando mi frente—. Ahora ve, Itachi-san te recibirá. Nos vemos en un par de meses.
No dijo nada más y yo tampoco, la vi subir al helicóptero y mi propio guardaespaldas recién asignado me guió al auto. Ni siquiera presté atención a su nombre en aquel momento.
El viaje en el auto fue tan torturador que ni el sonido de los audífonos me distraía. Estaba aterrada de llegar a aquella casa, con personas a las que no conocía. O eso creía yo. Total, no recordaba a nadie pasados 5 minutos de que se despidiera de mí. No me aferraba a nadie, porque siempre veía a las personas ir y venir. Cerrar tratos y re abrirlos. Así era como se trabajaba en casa.
«Consíguete un buen esposo y asegúrate de mantenerte hermosa, eso es todo lo que necesitas para ser feliz». Así decía mi madre. Una mujer que a sus 40 seguía luciendo como una joven de 25.
—Bienvenida —mis pensamientos se esfumaron y mis ojos se afirmaron en los negros que estaban en frente de mí—. Es un placer recibirte en nuestro hogar, Naida-sama.
—No… digo, el sama está demás… —Itachi Uchiha era una persona realmente intimidante, aunque tuviera solo 18 años.
—Cómo usted desee, Naida —sin embargo, era muy gentil—. Por favor, permítame mostrarle su habitación. Esperamos que sea de su agrado y que se sienta a gusto en ella. Cualquier inconveniente que tenga no dude en hacérmelo saber, por favor.
—Gracias, lo haré —sonrió y yo apreté mis dientes para no llorar.
Pude retenerlo. Una semana en esa casa, encerrada en esa habitación, con la escusa de que estudiaba, guardando mi sentido y calmando las ganas de llorar viendo televisión. Una semana llena de dudas y reproches, sin saber que hacer o decir, irritada, luchando por meterme en el papel que mi madre me había asignado; actuar como lo hubiese hecho Hinata.
—Tengo miedo —me atreví a admitir con los ojos fijos en las estrellas, observando encantada el paisaje que la luna me brindaba en el pequeño balcón—. Tal vez… —me senté al borde, con los brazos abiertos y las piernas colgando, dejando que el viento jugara con mi pelo y mi vestido a su antojo.
—¿Qué crees que haces? —del susto salté. Por suerte un par de brazos me sujetaban de la cintura o sin duda hubiese caído—. ¿Intentabas suicidarte? —negué rápidamente sin siquiera girar mi rostro—. Me da igual. Solo vine porque mi hermano me pidió saludar o lo que sea. ¿Qué onda?
—¿Podrías… soltarme? —pregunté y aquellas manos me dejaron. Me giré despacio, sin bajarme del borde—. Tú… —mis ojos se abrieron con fuerza—. ¡El chico con cara de niña!
—¿Disculpa?
—¡Lo siento! —reaccioné—. Mi… mi memoria no es muy buena, la verdad, suelo relacionar a las personas con algo para recordarlas. No sabía que eras un Uchiha.
—Me presenté como uno hace años, ¿lo olvidaste?
—Lo siento…
—Que mujer más rara…
—Sí, bueno… me alegro de verte otra vez —sonrió de lado y se acercó a mí nuevamente.
—A mi me alegra más.
—¿Sí…? —comenzaba a ponerme nerviosa.
—Sí… nunca antes he convivido con una joven de mi edad bajo el mismo techo… podría ser interesante.
—¿Interesante? —cubrí mis labios una de mis manos, intentando procesar aquella información—. ¿Interesante como divertido, algo nuevo, podríamos ser amigos?
—No lo sé… eso dependerá de ti —no supe en qué momento mi cuerpo se encontraba entre él y los 5 pisos de caída libre hasta el suelo—. ¿Qué estás dispuesta a hacer por ser mi amiga?
—¿A qué te refieres… no podemos ser amigos y ya?
—Que ingenua… eso te hace aún más linda —susurró a mi oído, antes de morder el borde de mi oreja.
—¿Linda…? —nada más que eso quedó grabado en mi cabeza, ignoraba mis mejillas ardiendo, mis piernas temblando, la nariz que olfateaba mi cuello y las manos que rozaban la piel de mis piernas.
—Sí… muy linda —unos golpes resonaron en la puerta y él se separó de mí, no mucho, solo lo suficiente para verme a los ojos—. Bájate, es peligroso —sus ojos parecían arder y de un tirón me devolvió al suelo. Ya no podía mirarlo al frente—. Eres más pequeña así, eso es genial.
—Su…pongo —no sabía por qué, pero mi corazón latía realmente rápido y mis manos comenzaban a sudar. Era más alto que yo, mucho más alto, incluso debía levantar el rostro para verle a la cara.
—Vamos —dijo tomando una de mis manos. La puerta se abrió y un joven de nuestra edad, con cabello escandalosamente rubio nos sonreía—. Llegaste temprano, y ¿cómo hiciste para encontrarme?
—Itachi me señaló el camino —respondió sonriendo—. ¡Y esa no es forma de saludar, 'ttebayo!
—Ya, ya, ¿cómo estás, dobe?
—Bien y t- ¡No me llames dobe, teme!
—He… que gracioso —susurré sin separarme de Sasuke—.
—¿Mm? —él me había escuchado y sonriendo se giró hacia mí—. Naruto, te presento a Hyuuga Naida, estará viviendo un tiempo acá en casa.
—¡Un placer! —respondió con su gran sonrisa, una que luego reconocí como su sello personal—. ¡Seamos amigos!
—Está bien —respondí y al dar un paso al frente sentí el fuerte brazo de Sasuke rodeando mi cuello, pasando sobre mi pecho y regresándome dos pasos, hasta quedar apretada contra él.
—No es necesario que te acerques tanto —aquellas palabras, eran más para Naruto que para mí, pero sin saber por qué asentí obedientemente, girándome e inclinándome como saludo, guardando la distancia con el rubio, manteniéndome al lado de mi anfitrión.
—Raro… —bufó Naruto inflando sus ralladas mejillas—. Da igual, ¿iremos al Party-time esta noche?
—¡Claro! —sus ojos negros brillaban cuando sonreía con malicia, tal vez era ese aire de rebeldía y autonomía lo que me atraía, o simplemente mi debilidad, nunca lo supe—. Ponte algo lindo, Naida, iras como mi pareja, así que está prohibido fallar.
Salieron de mi habitación, anunciando que me esperarían en la sala principal y yo corrí a mi guardarropa. Escogí el vestido más elegante y ostentoso que encontré. Era simplemente perfecto.
Un vestido corte princesa, de falda amplia y escote de corazón, adornado con hermosos diamantes, mandados a incrustar en la cintura exclusivamente para mí, de un hermoso color menta y blonda sobre la falda, cayendo cual v invertida en una espectacular semi-cola.
Según mi padre, el tipo de vestidos que solo Hinata o yo podríamos lucir, el tipo de vestidos que no podía usar cualquiera, únicos y perfectos.
—¡Estoy lista! —exclamé de pie frente a ellos en el recibidor.
—Dime, Naruto, ¿dije acaso que se trataba de una fiesta de disfraces?
—¿De qué hablas? —pregunté confundida.
—No, para nada, solo le pediste arreglarse un poco.
—Eso hice… —bufé cruzándome de brazos.
—No, no te arreglaste un poco, te disfrazaste de la Cenicienta —Naruto echó a reir y yo apreté mis puños dándome vuelta.
—¡Pues vallan ustedes solos si no les gusta cómo yo luzco!
—No, quiero que vengas —aseguró él y mi corazón se detuvo—. Solo, necesitas algo… menos llamativo. Ve y vístete con alguno de tus vestidos sencillos de diario, pararemos en el centro comercial y compraremos algo de ropa.
—Iré por mi tarjeta de crédito… —bajé de nuevo, con un vestido de tirantes blancos y mi bolso de mano—. ¿Nos vamos o qué?
Tras una parada en el centro comercial, y que mi corazón latiera a toda prisa al escucharles decir que ellos mismos iban a conducir el convertible de Sasuke, siendo aún menores de edad llegamos al lugar de la fiesta. Me sentía extraña usando pantalones por primera vez en mi vida, sobre todo porque se trataba de unos jeans.
Alcohol, cigarrillos y algunas drogas pasaron frente a mis ojos en la terraza de un club privado. Personas que recordaba haber visto en revistas, en la televisión y ese tipo de sitios llenaban las sillas y hacían su propio ambiente.
Yo mantuve la distancia, sentada junto a Sasuke, en aquel amplio sofá, mientras Naruto del otro lado no hacía más que beber y hacer chistes que aunque no causaban risa, todos se reían de ellos.
—¿Estás aburrida? —susurró a mi oído y dejé de mirar a Naruto.
—N-no… es solo que es algo nuevo para mí —admití avergonzada, sin dejar de luchar porque mis pechos abultados no se salieran de la ajustada y corta franela que traía puesta.
—Pareces aburrida —repitió y tomó mi barbilla entre sus dedos—. ¿Por qué no tomas algo? Te aseguro que te divertirás más.
—No gracias… solo tomo vino o champagne en casa. Nunca he tomado… ¿cerveza?
—¿Así que te aprendiste el nombre? —soltó mi barbilla y apretó su mano sobre mi rodilla, moviéndola constantemente hacía mi muslo y devolviéndola a su lugar—. Como quieras… no voy a obligarte.
—Gracias… —susurré y él me sonrió de la maliciosa forma en que solía hacerlo.
—¡Sasuke-kun! —mis ojos giraron por instinto en aquella dirección—. ¡Pensé que no vendrías!
—¡Pero qué sorpresa más hermosa! —se levantó, soltando mi pierna y caminó hacía ella, dejándome a mí de lado—. Pensé que no vendrías.
—¿Y perderme la oportunidad de verte nuevamente? Vamos, ni por una noche loca en Paris dejaría de lado tu hermosa carita de bebé.
—Eres genial, Nicolle.
—¿Yo? Eres tú quien es increíble, mon amour —sus ojos azules brillaron tanto como su rubio cabello y le besó, en los labios, como siempre escuché decir que se besaba solo a tu esposo.
¿Qué hizo él? Bueno, aferrarse a su cintura de avispa. Meter su lengua hasta lo profundo de esa asquerosa boca francesa y dejarme ver todo en detalle. Volteándose solo para presentármela como si se tratara de la cosa más normal que hacía en su vida y luego volver a sentarse a mí lado para tomar mi mano, mientras ella se acomodaba sobre una de sus piernas.
No sé por qué no lograba levantarme de ese lugar, clavarle una bofetada y correr a algún lugar lejano, tomar el primer vuelo a Kyoto, esconderme en los brazos de Hinata y llorar toda la noche.
Realmente extrañaba a mi otra mitad…
—Oi —se acercó uno de los jóvenes—. ¿Quieres un poco? —preguntó dejando en frente de mí un Narguile.
Pensé que Sasuke se volvería y le pediría alejarse, como había hecho con todos antes pero, estaba tan ocupado con la francesa y su escote que ni se percató de que tomé la boquilla y llené mi boca, mis pulmones y mi cerebro infantil de humo.
—¡Suficiente! —me atreví a gritar al succionar el humo por tercera vez—. ¡Dijiste que vendrías conmigo! ¿Por qué andas pegado de esa estúpida rubia?
—Excusez-moi?
—¡Cállate! —la empujé, siendo retenida por un par de hombres altos de negro cuando intentó acercarse de nuevo—. ¡Eres un idiota! —grité sentándome sobre él, besando sus labios mientras me aferraba a sus anchos hombros.
—Te tardaste demasiado…
—Imbécil…
—¿Esta eres tú realmente, no? —mis ojos miraron directamente a los suyos y el llevó un mechón de mi cabello a mi oreja—. No eres refinada, obediente, atenta, no eres como los demás Hyuuga.
—Eso… no es cierto…
—Lo es y lo sabes —su sonrisa se había desvanecido—. Lo supe desde que nos conocimos, hace 6 años. No quiero que lo mal interpretes, solo… puedes ser tú mientras estés conmigo. No tengo interés en ir de la mano junto a un maniquí.
—Yo…
—Tranquila, en el fondo no me gustan las rubias, suelen ser muy irritantes —mis mejillas estallaron al escuchar aquellas palabras—. Te veías realmente linda estando tan celosa.
—No estaba celosa… —desvié la mirada y volvió a besarme—. Disfrutemos este año, ¿vale?
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Presente…
—¿Mamá…? —tocó por tercera vez la puerta del pequeño cuarto que permanecía con llave en aquel departamento.
—Hanabi… te he dicho que por favor no me llames así, sobre todo ahora que tenemos visitas en casa, podrían escucharte.
—Lo siento —respondió con calma, esa de la que sabía hacer perfecto uso—. Es solo que te estaba buscando y no estabas por ningún lado, además, ellos 3 salieron desde temprano. Estamos solas, las dos. ¿No es genial?
—Sí… —respondió la mayor sonriendo tenuemente—. ¿Quieres desayunar algo en especial?
—No, cualquier cosa estará bien —respondió calmada—. Sabes, Naruko me entregó un par de entradas para el festival de navidad que habrá en el instituto al que asiste. Al parecer es un gran evento.
—¿En serio? Si quieres, deberías de ir.
—No… Es decir, me gustaría pero, ¿vendrás tú también?
—No —respondió rotundamente—. Ella estudia en nuestro instituto, si yo me acercó a ese lugar, sin duda me reconocerán, comenzarán a hablar y Naruto y las niñas sabrán quien soy.
—Lo entiendo pero… no, no lo entiendo para ser sincera —los ojos de Hinata dejaron la ventana para posarse en los de Hanabi—. ¿Por qué tienes que estar escondiéndote todo el tiempo y de quién?
—Ya te lo he dicho antes, no hagas ese tipo de preguntas. Un día te contaré todo, pero ahora no puedo… Lo siento.
—¿Por qué? —Hinata desvió la mirada.
—No quiero que sufras, no quiero que salgas lastimada tú también.
—¿Por qué tendría que salir yo lastimada? —se abrazó a sí misma, subiendo sus piernas al sofá—. ¿Acaso no lo estoy ya lo suficiente? Permanecer hasta los 5 años en un orfanato, ser criada por mis tíos, que para mi madre sea una tortura verme… ¿realmente puede haber algo peor?
—No… no lo hay… lo siento —se sentó sobre el posa brazos y la abrazó—. Para mí no es una tortura verte, simplemente me cuesta hacerme a la idea de que realmente soy madre, de que… los recuerdos que tengo del pasado no son una simple pesadilla.
—¿Una pesadilla? —Hinata cubrió sus propios labios—. ¿Eso es lo que soy… el recuerdo de un mal sueño?
—No me refería a eso.
—No te preocupes… —se levantó y llevó las manos a sus bolsillos—. Iré a dar una vuelta al jardín —anunció antes de abrir la puerta del departamento y salir a paso presuroso en dirección al elevador.
—¡Hanabi, espera!
—¡Hanabi-chan! —Hinata se detuvo y se aferró a la puerta al ver a Naruko abrazada de Hanabi mientras la castaña se quejaba y la empujaba.
—Ya, ya, compórtense niñas —les reprendió Haruko interponiéndose entre ambas.
—¿Cómo estás, Hanabi? —saludo el rubio adulto, permaneciendo aún en la puerta del elevador.
—Bien…
—¡Genial! —exclamó sonriendo y retuvo la puerta del ascensor antes de que se cerrara—. ¿Por qué no van a la terraza a jugar un rato y vuelven luego a desayunar? Les prepararé los mejores panqueques que han comido en su vida, ¡'ttebayo!
—¡Yup! —exclamaron las rubias al mismo tiempo, secuestrando a la castaña pisos arriba.
—Hola —saludó frente a Hinata, quien miraba a la nada con los ojos empañados—. Ya puedes dejar de retener las lágrimas.
—¡Yo…! —le miró, directo a los ojos y volvió a ver a aquel adolescente del que se había enamorado repentinamente en una terraza—. Esto es tan difícil.
—Está bien, entremos —cerró la puerta tras de ellos y Hinata se aferró a su pecho—. Hinata…
Comenzó a llorar, gritaba como una niña y le golpeaba con fuerza en el pecho. No sabía por qué, pero la rodeó con sus brazos y se aferró a ella, percibiendo completamente el aroma de su pelo, sintiéndola ajustarse tan bien a su cuerpo. Tan pequeña y tan ¿perfecta? No lo entendía, por alguna razón sentía la necesidad de curar todo su dolor. Se sentía culpable y no entendía por qué.
—¿Qué fue lo que paso entre tú y Hanabi? —preguntó finalmente y ella levantó la mirada con los labios arrugados y los ojos inundados.
—Es mi culpa… yo… —quería decirle todo, quería explicarle todo lo que había pasado y todo lo que estaba sufriendo por tener que ocultarle tantas cosas a su hija. Por verla tan cerca de esas dos niñas que sin que ni ellas ni Hanabi lo supieran, compartían su sangre. Naruko y Haruko eran hermanas. ¿Qué pensarían si supieran que Hanabi también era hermana de ellas?—. Yo…
—Está bien… si no quieres, no tienes que decir nada —ella se aferró más a él. Maldiciendo la vida por ser tan injusta—. ¿Te sientes mejor? —le preguntó al pasar unos 5 minutos tras los cuales ella al fin comenzaba a calmarse. Ya no se movía, aunque su pecho aún saltaba, como si continuara llorando—. ¿Hinata?
No hubo respuesta, levantó un poco su rostro y se percató de que estaba dormida, completamente dormida. La sujetó con fuerza, pues al moverla casi la tumba al suelo.
—¿Se supone que tú cuides a mis hijas, cuando no puedes cuidarte a ti misma? —la acomodó en sus brazos y la llevó a la recamara en que ella dormía—. Realmente… te dormiste profundamente.
Se acercó a su rostro, de forma accidental al acercarle la almohada y sus ojos se distorsionaron ante el leve aroma del alcohol que llegó a su nariz.
—¿Ella… estaba tomando… tan temprano? —le acarició el cabello y bajó hasta la línea de su escote—. ¿Qué es eso tan grave que te tiene arrinconada?
Sus ojos recorrieron la habitación con nostalgia, como lo hacía cada vez que iba a dormir. Aquel lugar le perturbaba y no sabía por qué, las paredes en tonos blancos y lilas, las decoraciones tan trabajadas y precisas, todo el lugar, verlo, detallarlo le producía un enorme dolor de cabeza.
Tomó la fotografía de su bolsillo y la colocó a la par del rostro de Hinata. Le dio la vuelta y leyó nuevamente lo inscrito detrás;
Para; Mi querido Naruto.
De: Hyuuga Naida.
Nunca olvides el 27 de Marzo 3
Apretó la foto y la devolvió a su lugar, acercando sus temblorosas manos al rostro inerte en frente de él. Se acercó más y más hasta quedar acostado a su lado, brindándole de almohada su propio brazo. Una parte de él se reprimía aquel acto, se cuestionaba y se juzgaba, pero algo aún más poderoso lo empujaba hacia ella. Sus ojos se cerraron, en un instante en que el mundo entero se había detenido finalmente. Justo cuando ella se aferró a él, sus ojos azules se cerraron definitivamente. Perdió lentamente la conciencia.
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Corrió escaleras arriba tan rápido como pudo. Cerró la puerta de su habitación y abriendo las maletas comenzó a arrojar todas y cada una de las prendas que tenía en su armario. El llanto no la dejaba ver con claridad, pero no necesitaba hacerlo, solo seguía arrojando todo, sin doblar, no le importaba si su ropa se arrugaba. Quería salir inmediatamente de aquel lugar.
—¡Naida, abre la puerta! —el grito de Sasuke atravesó la puerta—. ¡¿Qué te pasa?!
—¡Déjame en paz! —gritó nuevamente antes de que la puerta finalmente se abriera.
—¡¿Cuál es tu problema?! Recibiste esa llamada y luego saliste corriendo como loca.
—Aléjate… por favor —pidió en un casi insonoro susurro—. No puedo acercarme a ti… ya nunca jamás.
—¿Qué te dijeron?
—Volveré hoy mismo a casa.
—Pero aún no culmina el año escolar.
—No… no me refiero a Kyoto, me refiero a la casa de mi familia, aquí en Tokyo, a las afueras de la ciudad.
—¿Por qué?
—No puedo… decírtelo —enterró su rostro en la cama y sintió el cuerpo de Sasuke atrás del suyo, de rodillas, abrazándola.
—Dímelo, por favor, tal vez pueda hacer algo —ella levantó el rostro y él la besó—. Por favor, no te vayas así, sin decir por qué.
—Sasuke yo…
—Te amo, Naida, te lo digo desde el fondo de mi corazón —confesó directamente, haciendo que las lágrimas en los ojos blancos aumentaran.
—Tú… te escogieron…
—¿Me escogieron, de que hablas?
—Cuando Hinata… cuando ella y yo cumplamos 15, durante la celebración de nuestro cumpleaños… ese día se anunciará públicamente.
—¿Qué cosa?
—Ustedes dos tienen que comprometerse en matrimonio —Sasuke retrocedió, cayendo sentado al suelo—. Mamá lo decidió… Porque… quiere… no sé qué quiere pero, la decisión está tomada.
—Yo no quiero… casarme con tu hermana, es decir. Se sentiría raro. ¿Cuántas veces he dormido en la misma cama que tú, en este cuarto, y con todo lo que hemos hecho? No puedo hacer algo así.
—Lo sé… Pero… ¿qué podemos hacer? —se encogió de hombros, limpiando bruscamente sus lágrimas.
—¿Y si le pides a Hinata que se oponga? De seguro le permitirían decidir a ella —acercó un pañuelo y continuó el trabajo que ella torpemente había intentado realizar.
—No… ella obedece ciegamente cada orden que mis padres le dan, lo que sea, ella lo hará el silencio si se lo piden —pasó las manos por su propio cuello y levantó su cabello, descubriendo su cuello—. Cuando teníamos 8 años intercambiamos de lugar para que Hinata pudiera ir a Suecia en mi lugar. Mi madre se enojó tanto cuando se dio cuenta que nos mandó a tatuar la parte de atrás del cuello. Hinata tiene en este mismo lugar de su cuerpo una mariposa negra tatuada, yo tengo una blanca —él se acercó y la vio asombrado—. Estaba tan enojada que cortó el cabello de Hinata a la altura de los hombros con un cuchillo. Ella pensaba que se trataba de mí, cuando supo que se había equivocado, le mandó a arreglar el cabello, nos lo cortaron a ambas de la misma forma y nos mandó tatuar. Dijo que nunca más nos burlaríamos de ella.
—Esa mujer está loca…
—Hinata se asustó tanto que nunca más desobedeció a mis padres. Incluso comenzó a tomar un montón de clases que no le gustan, como piano y otras cosas, simplemente por complacerlos. Para no volver a verlos enojados nunca más.
—Pero… no sería desobedecer, solo preguntar si debe de ser obligatoriamente de esa manera.
—No funcionará…
—Y si ella… ¿y si quisiera a alguien más?
—¿De qué hablas?
—Hinata vendrá a vivir a Tokyo, ¿no? ¿Qué pasaría si se enamorara de alguien estando aquí? Si escogiera a alguien más estaría bien, ¿no lo crees?
—Pero… ellos no aceptarían a cualquier persona… solo aceptarían alguien igual o más poderoso que ellos… alguien de quien pudieran sacar provecho… pero, ¿quién?
—Sasuke-sama —escucharon la voz de uno de los sirvientes atravesar la puerta—. Tiene una llamada de Naruto-sama.
—¡Eso es! —exclamaron a la vez.
—Solo hay que juntar a ese par y listo —dijo Sasuke sonriendo.
—Pero…
—Pero nada, es perfecto, Naida… Naruto es un idiota y tu hermana es torpe aunque no lo admita. Yo me encargaré de juntarlos en lo referente al instituto, tengo la forma de sobornar a Tsunade-sensei.
—¿Qué hay del resto del tiempo?
—No te preocupes, para eso te tengo a ti.
—¿A mí? —el asintió y besó su frente.
—Son idénticas, ¿lo olvidas? —le tomó el cabello y le besó la mejilla—. Y gracias a ti, ya sé como diferenciarlas sin temor a equivocarme.
—¿Crees que funcione?
—Eso espero… —sonrió y le besó suavemente los labios—. Iré a contestarle a Naruto… y más te vale hablarle tanto como te sea posible de tu hermana, ¿entendido?
—Sí… lo haré.
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Presente…
—¿Por qué estás llorando? —preguntó Haruko—. ¿Discutiste con Hinata?
—Algo así… no tiene importancia —dijo al cruzar la puerta de la terraza del edificio—. No es la primera vez que pasa. Es decir… No es su culpa tampoco, pero no termina de decirme que es lo que le molesta y eso me irrita.
—Bueno, así son los papas, osea, siempre te ocultan un montón de cosas que al final igual las vas a saber —Naruko soltó su cabello, dejando que se revolviera con el viento—. ¿Por qué no ahorrarse la espera?
—Sí, pero Hinata no es la mamá de Hanabi, es su tía, ¿cierto? —cuestionó Haruko.
—Sí… bueno… la verdad…
—¿Qué? —preguntaron ambas rubias.
—Bueno… tienen que jurar que no le diran a nadie… por favor.
—¡Por el chiquito! —anunció Haruko mostrando su pequeño dedo, que posteriormente se unió a los meñiques de las dos adolescentes.
—Hinata es mi… ella es mi… ma…má —apretó los labios por un instante—. No sé bien como pasó todo y eso es lo que me molesta, no saberlo, pero de alguna manera, resulta que ella es mi mamá. Es tan confuso y por más que intento acercarme más a ella… no sé cuál es el secreto que guarda con tanto esmero.
—¿Y si lo averiguamos? —preguntó Naruko tomándole de las manos—. Conozco a un amigo de papá. Es un gran detective.
—No… esto es una tontería, donde mamá se entere de que les conté...
—No te preocupes, no le diremos nada —dijo Haruko sonriendo.
—Es una promesa, Hanabi-chan —secundó Naruko.
—Está bien.
—¡Bien, todo arreglado, ahora volvamos! —Haruko le tomó una mano a cada una y comenzó a halarlas—. Papá debe de haber terminado el desayuno.
Bajaron tan rápido como les fue posible. Atravesaron la puerta del departamento y se sorprendieron por el silencio sepulcral que había. Mirando en la cocina no había nadie, las bolsas seguían en el suelo de la sala de estar, junto a la entrada y efectivamente no había panqueques por ningún lado.
—Esto es raro… —susurró Naruko—. Papá siempre cumple sus promesas.
—¿Qué hay del cuarto? —preguntó Haruko dirigiéndose al pasillo.
—No lo creo, tal vez salieron un momento —Hanabi la alcanzó junto a Naruko.
—Entonces… ¿salieron, segura? —la más pequeña señaló con una sonrisa burlona la habitación principal del departamento.
—¿Mamá…?
—¿Papá…?
Estaban dormidos profundamente, como dos niños tras tomar el biberón, como si su subconsciente hubiese encontrado la paz deseada en el olor y la compañía de la otra persona. Abrazados, uno frente al otro, donde lo único que los separaba eran los brazos de Hinata contra el pecho del rubio.
Ninguna de las pequeñas sintió el deseo de despertarlos. Aquella escena se veía tan agradable a la vista de ellas que solo cerraron la puerta y se apoderaron de la cocina, procurando no hacer ruido.
—¿No hay nada por donde podamos comenzar a investigar? —preguntó Naruko bebiendo el jugo de naranja.
—De hecho… —Los ojos de Hanabi dejaron el desayuno que había preparado y miraron con recelo el pasillo—. Hay una habitación. Una que siempre está cerrada, pero no sé donde guarda las llaves.
—Yo lo sé —ambas adolescentes enfocaron su atención en Haruko—. Hinata esconde la llave justo detrás del cuadro que está a un lado de la puerta, tiene una especie de clavito ahí oculto.
—¿En serio? —preguntó Hanabi y la niña asintió.
—Entonces, hay que aprovechar que están dormidos —intervino la rubia mayor sonriendo.
—No… podrían despertar y no sabemos que vamos a encontrar. Esperemos a la noche. Mientras duermen, nosotras podemos investigar en el cuarto.
—Pero, Haruko.
—No, está bien. Ella tiene razón. Hinata tiene el sueño muy ligero y dónde llegue a descubrirnos estaremos en serios problemas, sobre todo yo.
—Entonces, ¿cuándo lo haremos? —insistió Naruko.
—Mañana —azul y blanco miraron a la pequeña niña—. Papá estará todo el día fuera y encontraremos alguna escusa para sacar a Hinata. También podríamos llamar a Ino.
—¿A Ino, por qué? —preguntó la rubia mayor.
—Porque Ino es media hermana del detective del que hablaste antes. Ella puede contactar a Shikamaru cuando quiera, puede ayudarnos, además, es más fácil si un adulto está de nuestro lado, ¿no lo crees?
—Es cierto…
—Hanabi…
—Sí, no me importa, si ustedes confían en ella yo también lo haré. No confío en los adultos a mi alrededor, porque ninguno acaba de contarme la verdad, pero, ustedes parecen confiar mucho en esa mujer, además, ella parece una buena persona.
—¡Ino es la mejor! —exclamó Naruko sonriendo—. Además, llegados a ese punto, incluso papá podría echarnos una mano. Aunque él no está muy bien de la cabeza desde hace años.
—¿A qué te refieres?
—Cuando papá era muy joven tuvo un accidente muy grave en un auto. No conocemos bien la historia pero se le zafó un tornillo.
—Haruko, no lo digas de esa forma —rodó los ojos y señaló su propia cabeza—. Durante el accidente, algo atravesó la cabeza de papá, específicamente tocó y afectó únicamente su Hipocampo, o al menos fue la parte más afectada. En consecuencia, papá perdió parte de su memoria retrógrada, en otras palabras, papá no recuerda nada que haya vivido desde que tenía 10 años hasta el día del accidente. Mientras que su memoria anterógrada se afecto en una menor medida, papá de vez en cuando olvida las cosas que hace, e incluso hay días en los que prácticamente no recuerda ni siquiera quién es él, no nos recuerda a nosotras, a sus padres, nada. Se convierte en un recipiente vacio.
—Por suerte no ocurre mucho, pero la última vez pasó tres horas mirando una fotografía que siempre lleva con él hasta que volvió a la normalidad —continuó Haruko—. La verdad, me pregunto que tiene esa fotografía. Nunca deja que nadie la vea. Y bueno, fue por todo esto que Ino comenzó a trabajar con él hace un tiempo. Sabe cómo controlarlo en esos momentos y digamos que ella se volvió su memoria. Recuerda todo lo que papá podría olvidar y siempre está atenta a nosotras también.
—Lo importante es que sé que si le decimos a papá, él sin duda nos ayudará.
—Está bien, entonces tendremos que esperar a mañana. Yo me encargaré de sacar a Hinata de casa.
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La brisa soplaba con calma, llegando a su rostro, sacudiendo su cabello y secando sus lágrimas.
—Te encontré —Naruto acababa de pisar el último escalón de su propio escondite—. Sabía que estarías aquí.
—Naruto…
—Naida me llamó, todos te están buscando —dijo con seriedad, sentándose frente a ella—. Incluso me esperan a mí, pero dije que estaba estudiando. Al parecer no pueden anunciar tu compromiso con Sasuke si tú no estás presente.
—No quiero ir… —respondió apretando la rosa en sus manos, enterrándose las espinas y comenzando a sangrar.
—No seas tonta —le reprendió el rubio obligándola a soltar la flor—. Tienes que hacerlo y lo sabes.
—No quiero ser parte de ese teatro. Si pudiera, mandaría el compromiso a donde pudiera mandarlo y… renunciaría a todo. No quiero vivir una farsa toda mi vida, casada con una persona a la que no amo —sus manos fueron tomadas por el rubio, que se dedicó a limpiarlas—. Yo preferiría pasar toda mi vida junto a la persona que amo…
—¿Y quién es esa persona? —preguntó acercándose a su rostro—. Dame la respuesta errada y te obligaré a ponerte ese anillo.
—Eres tú… Naruto… yo te amo a-.
Sus labios fueron callados por los del rubio. Se arrodilló frente a ella, acercándola a él, incitándola a tocar también el suelo. Sentándola sobre el frio pero acogedor tatami de madera que recubría el pequeño jardín.
Estaban solos, sin reglas, sin nadie que les dijera que hacer. Con el dolor y el miedo de ser separados palpando en su pecho.
El rubio apretó los ojos, imaginando que aquella chica que ahora lo volvía loco podría casarse precisamente con su mejor amigo. Aquella imagen que llegaba a su mente nubló por completo su razón.
—Hinata… entrégate a mí —pidió en un susurro al oído femenil, mientras sus manos buscaban alguna entrada que el vestido dejara a las piernas delgadas de su acompañante.
—Na-Naruto-kun…yo… —mordió sus labios, mirando de reojo la falda del abultado y blanco vestido que le habían preparado para aquel día—. Sí… yo quiero… ser tuya por completo, en cuerpo y alma.
—Te amo —le dijo besando sus labios.
—Yo te amo a ti…
Naruto la tomó de la cintura, ayudándola a recostarse sobre el suelo con cuidado, sin golpearla, sin lastimarla, como una muñequita de cerámica que se podría quebrar en sus manos. Besó su cuello y mientras ella temblaba como gelatina, apretando los puños a los lados de su cuerpo, una de las manos masculinas se escurrió sobre su pecho, tratando de descifrar como liberar aquel par de pechos del corsé que los apresaba.
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Sus ojos verdes eran arrogantes y seguros, justo el tipo de ojos que solo encuentras en una persona con un carácter suficientemente fuerte para hundir a cualquier a sus pies con solo mirarle.
—¿Qué mierda quieres, Yamanaka? —preguntó la mujer usando su brazo de barrera entre la rubia y el interior de su casa.
—Necesito hablar con Shikamaru.
—Creí que te había quedado claro que no quiero que metas a mi familia en tus asuntos —su semblante era duro.
—Lo sé, y te prometí no meterlos en esto, pero Shikamaru necesita saber lo que tengo que decirle —mordió sus labios suavemente—. Se trata de Naruto, encontré algo nuevo, algo muy interesante.
—¿De Naruto? —la mano de la dueña de los ojos verdes cayó a su lugar—. Entra, él no está en casa, pero lo llamaré para que traiga su culo acá de inmediato.
—Sé que Naruto lo ha estado viendo, que está investigando nuevamente lo que pasó hace 14 años, sé que está recordando algunas cosas, lo sé porque en durante su último ataque de amnesia me preguntó por Hinata.
—¿Por Hinata? —la ojiazul asintió.
—Entré a su habitación y me arrojó la fotografía que siempre guarda al rostro. Me preguntó dónde estaban Hinata y su hija. Recordó todo, el antes, el durante y el después del accidente. Fue una especie de ataque repentino, pero volvió a perderlo todo.
—Entiendo, le llamaré de inmediato.
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—¡¿Dónde mierda está metida Hinata?! —grito mi madre por decimo tercera vez y ya mis tímpanos iban a estallar—. Où est ce morveux? Quel est ton putain de problème? Elle est en train de ruiner sa propre vie! Elle n'a aucune idée de ce qui vous attend quand vous arrivez en face de moi! (¿Dónde está esa mocosa? ¿Cuál es su maldito problema? ¡Ella está arruinando su propia vida! ¡Ella no tiene la menor idea de lo que le espera cuando esté en frente de mí!)
—Basta mamá —cubrí mis oídos—. Gritando y quejándote no harás que aparezca, no importa si lo dices en francés o en otro idioma.
—Cállate, Naida —dijo y yo me di vuelta, solo quería desaparecer, ese día todo se trataba de Hinata, Sasuke y su compromiso, yo no pintaba nada en ese lugar—. ¿Sabes qué? Se me acaba de ocurrir la mejor idea de mi vida.
—¿Ah sí, qué se te ocurrió? —sonrió ampliamente tomando uno de los vestidos de novia del salón en que Hinata estaba siendo preparada antes de huir.
—Tú lo harás. Te comprometerás con Uchiha Sasuke.
—¿En serio? —algo me decía que yo igual no ganaba nada.
—Sí, te pondrás el vestido, te harás pasar por tu hermana y actuaras a la perfección como ella lo haría.
—¡Pero, mamá!
—Vamos, no debería de costarte, después de todo, sé que han estado intercambiando lugares a conveniencia.
—¿Qué…?
—¿Qué pensaste, Naida? Es obvio que me enteré de su bromita, sé todo lo que han hecho desde que llegaron a Tokyo. Sé que te has estado revolcando con quien desde hoy será tu cuñado, como una perra, una cualquiera regalada que se entrega a un hombre sin ser ni siquiera su novio, por mero placer y deseo.
—Eso no es así… yo no…
—Cállate, a mí no me vas a ver la cara de idiota, Naida. Lo peor de todo es que tuviste que arrastrar a tu hermana en todo esto, obligándola a salir con ese Uzumaki para que fuera tu coartada. Eres horrible Naida, pero espero que esto te sirva de castigo, ser tu misma quien entrega a tu hermana el hombre al que supuestamente amas.
—Eres un monstruo…
—No, soy tú madre.
No pude negarme, o discutir. Tuve que acceder a hacerlo. Me pusieron el vestido más bonito que encontraron y cuando estuve lista, tuve que salir, fingiendo ser ella.
Llegó el momento del anunció y Sasuke estuvo de pie frente a mí.
—Lo siento —susurré a su oído—. Las cosas se salieron de control.
—Tranquila. Si tengo que decir unos votos para esta ocasión prefiero decírtelos a ti, aún cuando estaría cometiendo el gran pecado de mentir y terminara casándome con tu hermana en tu lugar, cada una de las cosas que diga hoy, si Dios me lo permite, todas y cada una de estas promesas te las quiero cumplir a ti.
—Sasuke…
—Buenas noches, gracias por su asistencia esta noche tan importante —apretó mi mano y volví a enfocarme en mi farsa—. Quiero compartirles mi buena fortuna, con todos ustedes, que son personas realmente importantes para nosotros. Quiero que sean mis testigos en este juramento.
»Yo, Uchiha Sasuke, delante de ustedes y delante de sus padres, le pido a Hyuuga Hinata-sama convertirse en mi prometida, le juro mi amor y mi adoración a ella y solo a ella, a la hermosa dama que delante de mí sonríe. No hay nadie más en este mundo con quien desee pasar el resto de mi vida, no hay nadie más a quien desee dejar entrar tan hondo en mi corazón como guste, no hay nadie más a quien ame desde el fondo de mí ser. Mis días, mis noches y cada segundo de mi tiempo te los entrego, desde hoy y para siempre te pertenezco.
—Y yo, Hyuuga… Hinata, les pido a los presentes ser los testigos de mi amor por ti, le agradezco a tus padres por haberte dado la vida, una que deseo puedas compartir conmigo, y le agradezco a mis padres el aceptar entregarte mi mano. Sin importar lo que el destino nos depare, un hilo rojo une nuestras vidas, y sé que aunque nos alejemos y llegásemos a tomar diferentes caminos, un día volveremos a estar juntos los dos. Todo lo que me das, no puedo más que devolvértelo en las cantidades que sea necesario. Te juro que voy a amarte, desde hoy…
—Y hasta el día en que muera…
—Y jamás amaré…
—A nadie de nuevo…
—De la forma…
—En que te amo a ti… Naida… —susurró lo último sobre mis labios antes de besarme.
—…Sasuke.
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Presente…
La habitación comenzaba a helar, pues la ventana se había abierto y ya estaba nevando. Estiró sus piernas hasta tocar el suelo, y sin tomar una prenda de ropa se acercó al marco de la ventana. Suspiró largo y tendido. Odiaba el clima frio de Suecia y ya casi llegaba navidad.
—Ya pasaron 15 años… te juro que te amo, aún hoy, y lo seguiré haciendo hasta el día en que muera, y sigo sin poder amar a nadie de la forma en que te amo a ti…
Sacudió su cabellera azabache y tras cerrar la ventana de un portazo se arrojó nuevamente a la cama.
—…Naida.
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—Diablos, está haciendo demasiado frio —se quejó abrazándose a sí misma—. ¿Te falta mucho, Sai?
—No, lo siento —el nombrado la alcanzó en la puerta del hotel, sosteniendo en sus manos el equipaje—. Tuve un pequeño altercado con el taxista pero de ahora en más no deberías de preocuparte.
—Gracias, realmente estoy cansada. No pensé que volar desde Argentina a Suecia requeriría de tantas horas de vuelo.
—Vamos, si viajas constantemente.
—Lo sé, pero, soy un poco lenta para esas cosas —sonrió y atravesó las puertas del hotel, topándose con un gigantesco tumulto de gente.
—¿Qué ocurre aquí?
—No lo sé —preguntó sacudiendo sus cabellos rosados.
—¿Haruno Sakura? —preguntó un hombre con esmoquin tomándole del hombro.
—Sí.
—Acompáñeme por acá por favor —pidió redirigiéndola—. Estaba esperando su llegada desde hace unas horas.
—Sí, lo siento, está nevando en varios sitios y el avión se atrasó en el último aeropuerto. Pero logramos llegar al fin.
—Mis disculpas por eso.
—No se preocupe, no es su culpa —sacudió su mano, siendo seguida de cerca por el hombre que la acompañaba—. Disculpe la pregunta, ¿por qué hay tanto revuelo?
—Ah lo siento, ¿no lo sabe?
—¿Qué cosa?
—La estrella internacional Uchiha Sasuke está aquí en Suecia y se está hospedando en este hotel.
—¿En serio…?
—Sí, pero es una lástima que no puedan conocerlo en persona. Incluso el personal no ha podido. Y las posibilidades de que se lo encuentren son realmente mínimas. Él anunció que no saldría de su habitación en todo el día o hasta que los medios se vallan.
—Oh, ya veo. Bien, mejor así. Vamos, Sai. Quiero usar la piscina un rato.
—En ese caso, ¿puedo ofrecerle la alberca privada en la terraza? Ya que son clientes V.I.P pueden usarla.
—Está bien. Gracias.
—Permiso, gracias por su amabilidad —Sai entró al ascensor, seguidos del botones y desaparecieron al cerrarse las puertas.
24 pisos hasta su destino. Ala A, zona V.I.P. Habitación nº 574. Esa era su dirección temporal en Suecia. Solo por un par de días.
—Iré a la alberca entonces —avisó arrojando un paño a su cuello—. Si necesitas algo escríbeme, por favor, estaré atenta al teléfono.
Caminó hacia el ascensor y la puerta se abrió ante ella, ingresó y el botones marcó el botón que la llevaría a la terraza.
—¡Espere! —escuchó un grito y detuvo la puerta con sus manos.
—¿Qué ocurre?
—Lo siento, ¿sube? —levantó su mirada hacia el rostro de quien le hablaba y con la boca seca solo negó moviendo su cabeza—. Voy a la terraza.
—¿Sasuke…?
—¿Nos conocemos? —preguntó fijando sus orbes negras en las verdes frente a él.
—No… solo que, lo reconocí por la televisión.
—Bueno, es un placer conocerle, Uchiha Sasuke —sonrió, sujetándole la mano y ella respondió al gesto.
—Haruno Sakura… el placer es mío —se alejó, hasta la otra punta del ascensor y sin poderlo evitar rió suavemente, cubriendo sus labios con su mano—. Aún tiene cara de niña…
—¿Dijiste algo?
—No… nada.
Él salió del ascensor y se quedó mirándola, pero ella no salió.
—Fue un placer, en serio —le dijo sonriendo.
—Pensé que te quedabas aquí.
—No… Olvidé algo…
o
O
o
Continuará…
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