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ESTA HISTORIA YA CASI LLEGA AL FINAL, ANTICIPENLO POR FAVOR 3
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
Capítulo 34: Quiero un maldito milagro
Yuzu no tardó en llorar al escuchar que Rukia no emitía señales de vida, incluso Karin dejo escapar un suspiro de dolor. Y tras la interrupción de contacto, Orihime cogió de la ropa a Urahara para exigirle que abriera la Senkaimon y la dejase ir a la Sociedad de Almas para salvar a su amiga. Todos se sorprendieron de la inusual reacción de la chica, tanto que Uryu tuvo que abrazarla para tranquilizarla y asegurarle que iría en el momento en que dejara al excapitán abrir la puerta artificial.
―Tessai, ayúdame por favor. ―Urahara comprendió la reacción de la ojigris―Tenemos que enviarla para que ayude en la búsqueda y salvación de la señorita Kuchiki.
―Como diga jefe. ―rápidamente, el grandulón encendió las computadoras y a ingresar códigos para abrir el pasaje.
Isshin abrazaba a sus hijas, inquieto por saber más sobre su familia. Lo único que lo tranquilizaba era que no dijeron nada de Neo, por lo que su sobrevivencia al ataque era alta. En ese instante, un pitido lo distrajo; era la computadora dando la señal de que la Senkaimon estaba por abrirse y dejar entrar o salir a quien quisiera.
―Uryu, acompáñame. ―lo cogió de la mano y le dedico una suplicante mirada.
El ojiazul la miró detenidamente antes de asentir con la cabeza y pedirle a Chad que también fuera para ayudar en lo que pudiera. Así es como los tres se prepararon para ir al Seireitei y ayudar a su mejor amigo. Pero antes de partir, Isshin le pidió a la ojigris que también buscaran a Neo y se los hicieran saber enseguida.
―De acuerdo, ya pueden entrar. ―Urahara se acercó a la Senkaimon―Sólo hay un problema.
― ¿Cuál? ―Uryu se acomodaba los lentes.
―Tessai y yo no podemos bloquear al Dangai debido a la mala comunicación con la Sociedad de Almas, así que tendrán que ir corriendo para no ser eliminados.
―Tenemos prisa, así que no será problema. ―Uryu apretó la mano de Orihime―Bien, vayámonos de una vez.
Dicho eso, los tres chicos cruzaron la puerta.
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―Ichigo… ¡Ichigo! ―Yoruichi lo levanto de la ropa y lo abofeteó― ¡Orhime ya viene en camino!
― ¿Y eso qué? ―enterraba las uñas en las cenizas―Deja de distraerme.
Ichigo la ignoró para continuar escarbando y quitar escombros. Diligentemente, y tras algunas cortadas en los brazos, consiguió ver el cuerpo de su amada. La emoción recorrió cada célula de su cuerpo, brindándole más energía para desenterrarla y sacarla. Repetía su nombre, ansioso por tenerla entre sus brazos. Sin embargo, esa sonrisa se borró al ver aquel hermoso vestido blanco cubierto, casi por completo, de un intenso color carmesí. Arrugando entre sus manos la prenda empapada de sangre, Ichigo acomodo a Rukia de tal forma que Unohana pudiera revisarla. "Sangre… eso es…". No parpadeaba.
Entre tanto, Isane curaba las heridas de Hanataro. El pequeño shinigami tenía dislocado un brazo y la espalda severamente quemada, lo que los hizo suponer que protegió a Rukia al ver que la barrera, hecha con Zabimaru, no alcanzó a protegerlos. Renji no tardó en sentirse culpable por no reaccionar rápidamente. Sin embargo, ya todo estaba hecho.
―Ella… ―cogió entre sus manos la de Rukia―…se vistió así para mí. ―forzó la sonrisa.
Unohana deseaba darle ánimos, pero al examinar a la ojivioleta se dio cuenta de que estaba severamente lastimada. "Por lo menos sólo es físico, no siento anomalías con su energía espiritual. ¿Entonces por qué sus pulsaciones son débiles?". Tal vez era por el estrés, pero la capitana no salía de su cuestionamiento.
―Rukia. ―llevó sus manos a su frente.
Al tallarse los ojos, distinguió el avión de madera que tenía para Neo.
―Viejo Yamamoto… lo siento, comandante. ―levantó el juguete― ¿Dónde está mi hijo?
―Con mi teniente. Créeme, está bien.
―Lo sé. Capitana, le encargo a Rukia.
Ni siquiera le dio tiempo de responder, pues se fue tan ponto hasta la capitanía del primer escuadrón a buscar a Neo. En el camino, se cruzó con Byakuya, quien lo miraba inquisitivamente. Por algunos momentos retuvieron las miradas, completamente serios, disgustados y frustrados. ¿Pero qué podían hacer? ¿Culparse y golpearse por no proteger a quien les importa?
―Ella es fuerte.
―Lo siento, Byakuya. ―su ceño fruncido se marcó de nuevo.
―No le digas a Neo que su madre está en malas condiciones. ―pasó a su lado.
―Claro que no. ―siguió su camino.
"Byakuya, ¿Cómo crees que le diré a mi hijo que la mujer que le dio la vida está muriendo?", pensaba mientras se acercaba a la capitanía. Llegó a considerar que el destino disfrutaba de verlo sufrir, de hacerlo luchar eternamente por retener un poco de felicidad. Pero al ver a su hijo, recostado en el escritorio de Yamamoto, chupando su pulgar y algunas lágrimas atrapadas entre sus pestañas, le hicieron comprender que Rukia le dio el fruto más maravilloso de la felicidad que disfrutaron. "¿La seguiremos disfrutando los tres?". Caminaba hacia él, incluso Sasakibe lo invito a entrar antes de dejarlo solo con el niño.
―Neo. ―acariciaba su cabello. ― ¡Ja! Eres idéntico a tu madre.
―Pero tiene el mismo mal carácter que tú. ―Kon estaba atrapado entre los brazos del niño.
―Kon. ―ignoró su presencia hasta que le habló.
―Este niño lloró hasta quedarse dormido.
―Soy un pésimo padre y… ―aparto su mano de Neo.
― ¿Ichigo? ―Kon no comprendió la reacción del ojiambar.
"¿Qué soy de Rukia?...", miraba sus manos que temblaban al igual que sus rodillas. Nunca estuvo con ellos, y el niño únicamente lo conocía a través de esa vieja fotografía. "Nunca pude proponerle matrimonio… aun así… aun así ella es mi mujer.". Cuando su hijo despertó, este lo abrazo inmediatamente y comenzó a decirle que tuvo mucho miedo, además de buscar y preguntar por su mamá.
―Tu mamá, está durmiendo ahora.
― ¿Esta muy cansada?
―Sí, cuando despierte podrás verla. ―Ichigo lo abrazo y se preocupó por estarle mintiendo a su hijo.
Incluso Kon comprendió que posiblemente eso nunca sucedería.
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Orihime y Uryu llegaron rápidamente a la Sociedad de Almas, sin problemas. El portal los dejo en las cercanías del Seireitei, por lo que vieron un verdadero infierno. A cada paso que daban escuchaban llantos y quejidos de dolor tan penetrantes, que la ojigris le rogo al ojizul que fueran lo más pronto posible hasta Rukia. Afortunadamente, Uryu distinguió el reiatsu de Renji, por lo que se guio de el para llegar a su destino, el cual no era muy grato.
Ichigo no estaba, así que únicamente vieron a Isane curando a Hanataro, a Renji sentado y cubriendo su rostro con ambas manos, mientras que Unohana estaba al pendiente de Rukia.
― ¡Kuchiki! ―Orihime corrió a su lado.
La capitana les detalló lo que ocurrió, pero se vio interrumpida por el mismo Ichigo. El silencio se apodero del lugar cuando él caminaba hacia el cuerpo inerte de su amada, a la vez que le rogaba a Orihime que hiciera todo por salvarle la vida.
―Yo… necesito verificar su condición.
―Tenemos que llevarla a nuestro escuadrón. ―demando Unohana.
Nadie replico, ni siquiera el ojiambar. Aunque podía sentirse la presión ante la súplica del joven al buscar la forma de no perder a Rukia. "Te devolveré a tu madre, hijo.". Dejó a Neo en la capitanía del viejo Yamamoto, junto a Kon y el teniente Sasakibe.
En cuestión de minutos, la sala de curaciones estaba lista para recibir a la shinigami y proceder a salvarle la vida. Isane se encargaría de regular la energía espiritual de Rukia, mientras Orihime buscaría el problema que causaba sus débiles pulsaciones. Por último, Hanataro y Unohana se encargaban de curar las pequeñas lesiones o heridas.
Después de tres horas, las costillas de la ojivioleta ya no estaban rotas, sus cortadas y hematomas desaparecieron sin dejar marcas. El único inconveniente era que la ojigris aún no encontraba la razón que mantenía a su amiga inconsciente. Así que, todos los presentes comenzaban a considerar una dolorosa realidad.
―No… ―arrugaba la sábana―… ¡No!... Rukia, no puedes dejarnos solos.
―Kurosaki, lo siento. ―Orihime aguantaba el llanto.
― ¡Tsk!
De la nada, Neo entró corriendo con el peluche detrás. Ichigo abrió de par en par los ojos al verlo ahí "¿Por qué demonios está aquí?". Lo interceptó al cargarlo y preguntarle quien lo llevo. Inmediatamente, Sasakibe, con el aire cortado, miró al ojiambar y se inclinó para ofrecer disculpas a la vez que explicaba que el pequeño aprovecho su distracción, al atender un mensaje urgente, para salir.
―No hay problema.
¿Cómo podía enfadarse? Además, la única pena que acongojaba su corazón era el no saber explicarle a su hijo la seguida pregunta "¿Mamá aun duerme?". Lo estrecho con fuerza y observo los ojos llorosos de Kon, quien captó con rapidez que Rukia yacía más que dormida.
Orihime se cubrió la boca y se enjugo las lágrimas, se acercó a Ichigo y estiro los brazos para qu e le diera a Neo. Su intención era sacarlo a los jardines y distraerlo de la dolorosa realidad de la que se enteraría tarde o temprano. Sin embargo, el pelinegro le dijo algo que la estremeció:
― ¿Cuándo despertara mi mamá? ―miraba el cielo nocturno.
― ¿Eh? ―aun lo cargaba― Pues… tardara un poco―fingía la sonrisa―, está muy cansada por pelear con tantos… ―el niño la interrumpió.
― ¿Tardara? ―miraba por donde salieron―Mi mami es fuerte, puedo sentirla.
― ¿A qué te refieres, Neo? ―lo veía intrigada.
― ¿No lo notas? Es débil, pero siento que ella tiene algo como lo que yo tengo.
―Neo, explícame bien que quieres decir.
―No sé qué decir, solo que…
Orihime sintió una fuerte pulsación, misma que creyó era el reiatsu de Ichigo al desesperarse ante la pérdida de Rukia. Sin embargo, en fracción de segundos se dio cuenta de que se trataba de Neo, mismo que sonreía y aplaudía al mismo tiempo que Uryu corría hacia ellos y les gritaba que entraran.
Autora: ღRukia_Kღ (L. Ro)
