Por falta de tiempo y asuntos personales no me fue posible actualizar.
Espero hayan esperado el penúltimo capítulo de esta historia, sin fines de lucro.
Gracias por leer!
Capítulo 35: La decisión del destino
Se sentía sola, desprotegida y sumamente frágil. No veía nada más que la nada blanca. "¿Dónde estoy?". Caminaba a paso lerdo, pesado y sin rumbo. Sus pies estaban descalzos al igual que su cuerpo desnudo. Rukia intentaba ver encontrar algo que le indicara du ubicación. Pero to fue en vano, por lo menos hasta que una suave y delicada voz femenina llamó su atención al susurrar su nombre a través de la ligera niebla que comenzaba a esparcirse a su alrededor.
―Señorita Rukia.
― ¿Quién eres? ―enfocaba aquella fina silueta entre la niebla.
― ¿A caso se olvidó de mi tan pronto? Yo, en verdad quiero que me dé su perdón.
― ¡Ah! So… So…
―Señorita, discúlpeme por no haberla protegido de aquel intruso. De alguna forma consiguió bloquearme y sacarme del juego lo suficiente para que se apoderara de su corazón.
Rukia corrió hasta aquella hermosa mujer de cabellos plateados, piel nívea y dulces labios. La abrazo hasta romper en llanto y asegurarle que ninguna tuvo la culpa de las infamias del hollow blanco. Lo único que repetía era lo agradecida que estaba por pertenecer a su lado.
―Mi hermosa Sode no Shirayuki.
―Señorita.
La palida mujer beso la mejilla de su shinigami, antes de clavarle en el corazón la hoja de su espada. Rukia abrió de par en par los ojos, buscando una explicación ante tal acción de su zanpakuto:
―Gracias, señorita Rukia.
―Sode… Sode… ―sonrió y permitió que encajara aún más la espada.
"¿Qué más puedo pedir? Mi zanpakuto me salvo la vida y me dio su completa confianza. Neo… Ichigo… espérenme.". Rukia veía como el hermoso rostro de aquella mujer se desvanecía poco a poco.
Fuera de su mundo interno, Rukia se retorcía en la cama y exclamaba dolor. Orihime, Unohana y Hanataro se colocaron a su alrededor y se prepararon para estabilizarla, pero justo en ese instante la ojivioleta despertó.
Miraba para todos lados, sin moverse mientras su respiración era agitada e irregular. Sudaba en frio y su cuerpo temblaba ligeramente. No distinguía su alrededor hasta que se topó con una inusual mancha anaranjada ante ella. Levanto un poco la mano para poder tocar aquel rostro que, a pesar de no verlo claramente, sabía pertenecía a su amante.
―Rukia… ―reía entre llanto.
― ¿Ichigo?... Ichigo… ¿Dónde está Neo?
―Mami.
El niño estaba a un lado de su padre, admirando a una mujer frágil y cansada. Aun así, Neo rogo a su padre estar al lado de ella para abrazarla con fuerza y pedirle que no los dejara de nuevo. Alegaba que tenía miedo de no verla de nuevo:
―No te dejare solo, hijo. ―Rukia se sentó para abrazarlo.
―Kuchiki, quédate acostada. ―Uryu se alarmo al verla tambaleante.
―Estoy bien. ―se lamia los labios en busca de agua.
―Señorita Rukia, nos preocupó a todos. ―Hanataro le acercaba un vaso con agua.
―Al parecer solo quisiste darnos un gran susto. ―Yoruichi tenía a su lado una mariposa infernal, la cual estaba comunicándose con el mundo de los vivos.
Podía oírse los gritos de alegría de Isshin y los demás, en la tienda de Urahara. Ichigo no evito sonreír como idiota ante el milagro que el destino le había concedido. Sin embargo, Unohana tuvo que pedirles a todos que salieran del lugar para que la ojivioleta descansara, dejando únicamente a Ichigo y Neo a su lado.
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Después de un par de semanas Rukia ya estaba en la mansión Kuchiki, disfrutando de la compañía de su amante y su hijo. Ambos varones jugaban en el jardín, con el viejo avioncito de madera, reían y platicaban. ¿Cómo no alegarse de verlos felices y tranquilos? Incluso Byakuya se alegraba de ver a su sobrino sonreír de esa forma, tanto que nunca le paso por la cabeza que los tres se fueran de la mansión e hicieran su propia vida. La intimidad de cada uno de ellos seria estrictamente respetada, pues el tamaño del terreno permitía que más de diez familias vivieran cómodamente sin verse las caras. Así fue como Rukia accedió quedarse, pese a las peticiones del pelinaranja de irse a buscar un rincón para ellos tres.
Byakuya había contratado personal que se hiciera cargo de Neo mientras los tres se fueran a misiones, especialmente a misiones de larga duración o en el mundo de los vivos. Mientras Kon se queda a su lado, sufriendo porque el niño no se hiciera daño pues lo culparían a él.
―Hoy fue un día difícil. ―se limpiaba el sudor de la frente.
―Que débil, solo fue papeleo y limpieza en la sala de entrenamiento. ―Rukia reia.
― ¿Neo está dormido?
―Ya es tarde, seguramente ya lo llevaron a dormir hace algunas horas. ―se daba palmaditas en los hombros.
En ese momento Ichigo se acercó sigilosamente para acariciarla y besarle el cuello. Enseguida Rukia se estremeció, pues tenían años de no haber hecho el amor y temía que Ichigo no sintiera lo mismo que en su adolescencia. Aun así, se dejó llevar y alzo sus brazos para abrazarlo y exponer su cuerpo a merced de su amante.
Al captar aquella invitación, Ichigo no dudo en despojar a su amada de su kimono con cierta sutileza y deseo. Al tener ante sus labios secos aquella tersa y nívea piel, sintió una insaciable sed por hacerla suya y saciarse del embriagador aroma de su amada.
―Ichigo ―susurrando.
―Te amo.
Ichigo la tumbo de espaldas sobre el futón sin dejar de degustarla con sus labios y su lengua. Sus manos se deslizaban desesperadas sobre sus muslos hasta su entrepierna para encontrar la entrada al paraíso. Jugueteaba y hacia gruñir a la ojivioleta con cada movimiento circular que le propiciaba a su clítoris.
Ella se sintió en desventaja, así que sus caricias pararon hasta la entrepierna de Ichigo. Distinguió la excitación que lo carcomía, la dureza de su miembro la incitaba a masturbarlo sin miramientos. "Veamos cuanto más logras aguantar", pensaba al tiempo que masajeaba y provocaba la punta la hombría de su amante. El líquido pre seminal no tardo en evidenciar el goce que Ichigo sentía.
―Te deseo tanto…
Fue lo único que le dijo antes de sujetar sus piernas sobre sus hombros, exponiendo la dulce y ya deseosa vagina de Rukia. De una sola estocada se introdujo dentro, sumergiéndose hasta donde sus cuerpos se lo permitían. Salía y entraba de ella como si no hubiera un mañana.
― ¡Hah! ―lo abrazaba por el cuello.
Rukia le arañaba la espalda y contoneaba sus caderas al ritmo de las embestidas de Ichigo. Se aferraba a su cintura con fuerza, hasta que perlas liquidas los empaparon completamente. Sus gemidos y jadeos eran los únicos testigos de su reencuentro carnal, calambres de éxtasis recorrían sus espinas dorsales y el orgasmo estaba a la vuelta de la esquina.
Ichigo besaba lascivamente a su amante, a la vez que atendía con caricias, pellizcos y ocasionales mordiscos los senos más suaves y firmes que extrañaba tanto. Al sentir como Rukia contraía aún más su feminidad, el pelinaranja no evito susurrarle al oído que pronto se vendría dentro de ella.
― ¡Hah!
Ambos se tumbaron, respirando agitados, viéndose fijamente hasta soltar una ligera carcajada. Ichigo le acariciaba su cabello, dibujaba en su piel al mismo tiempo que le agradecía que volviera a su lado:
―No volveré a irme, Ichigo.
―Eso debo prometértelo… y cumplírtelo.
― ¿Te iras de nuevo? ―un poco asustada.
―Tontita. ―robándole un dulce beso―Soy un oficial de la treceava división, si me voy seria traicionar a la Sociedad de Almas.
― ¿Sólo eso?
― ¡Mm!
Rukia le propino un codazo, causando las risas del pelinaranja así como un profundo beso que le respondió su más grande temor.
―Ya no pertenezco al mundo de los vivos.
― ¿Qué? ―sus pupilas titilaron. Ahora Ichigo formaba parte de su mundo.
Se abrazaron con fuerza, seguros de la nueva oportunidad que el destino les ofrecía. "Neo, Rukia… no negare que alguna vez dude en renunciar a mi vida como humano… pero al verlos, al tenerlos a mi lado estoy seguro de que mi decisión fue correcta." Pensaba el pelinaranja al ver como Rukia dormía plácidamente.
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Cuando todos supieron que Rukia estaba bien, y que Ichigo se quedaría definitivamente, Yuzu y Karin no evitaron llorar un poco antes de despedirse de Urahara y los demás presentes. Igualmente, Isshin le pidió al ojigris que cada que Ichigo se comunicara con ellos le avisara en cuanto pudiera. Las gemelas esperarían ansiosas el momento para conocer a su pequeño sobrino, aunque fuese por un breve instante y quizá sólo un par de veces en sus vidas.
Al trascurrir tres semanas, posteriormente a la buena noticia, Uryu le pidió a Orihime irse con él para estudiar en el extranjero e iniciar una vida fuera de los problemas que los shinigamis causaban. "Kurosaki es suficiente para la Ciudad de Kararkura. Además, Kuchiki estará a su lado y Neo será el mejor shinigami cuando crezca", fue lo último que Urahara y Chad escucharon de la voz del ojiazul antes de despedirse indefinidamente.
No había motivos por los cuales preocuparse o mantenerse expectantes a los movimientos de la Sociedad de Almas, pues Ichigo y Rukia no notificaban anormalidades o problemas graves. Así que, Urahara únicamente mantenía contacto con Yoruichi. Ambos gozaban de un tiempo que hace siglos no se les permitió para saltar un paso más allá su inigualable amistad romántica, por lo que una serie de citas y encuentros furtivos se dieron entre ellos.
― ¡Ah! La vida es buena, Kisuke. ―lo miraba sobre su hombro, cubriéndose el pecho con la sábana.
― ¡Ja! Mi linda Yoruichi, ¿En verdad lo crees? ―sonreía como tonto al verle su fina espalda descubierta.
―Deja de ser un niño. ―se recostó sobre él y clavo sus uñas en su abdomen.
― ¡Tsk!
―Solo espero que ese par de tontos no vuelvan a arruinarlo.
―Ya maduraron, tenlo por seguro. ―una lagrima no ocultaba su dolor, por las uñas aun clavadas.
La morena carcajeo y exigió algo de comida, pues el estar con su adorable sombrerero la había dejado agotada. Y sin ningún pudor, salió de la habitación para asaltar la nevera. Los gritos de vergüenza y exitación inundaron la tienda, pues Ururu y Jinta presenciaron cómo se le había caído la sabana mientras Yoruichi llevaba platos a la mesa.
―Esa es mi chica. ―decía mientras esperaba que los niños fueran a pedirle que vistiera a su mujer.
