Aquí les traigo otro capítulo n.n
Espero que les guste.
Aviso: Si leen los fincs de la gran escritora Rossana´s Mind, les quiero informar que ella va a tardar un rato en volver a actualizar sus fincs ya que esta tratando de seguir con sus otras historias que dejo en continuara (y claro que la entendemos y apoyamos)
Yugioh y sus personajes no me pertenecen
Más allá de que los ojos ven
Kisara seguía sentada en el suelo mientras en su mente se repetía lo que había dicho Mokuba, ahora sí quería desaparecer y en ese momento mismo. Miro a Seto quien ya se había levantado del suelo y en esos momentos regañaba a su hermano, se lo veía un tanto molesto y el niño solo se reía por lo bajo mientras trataba de calmarlo. Parecía que ambos hermanos se habían olvidado completamente de ella, o eso creía ya que cada tanto Kaiba la miraba de reojo. La joven ojiazul suspiro ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Obviamente levantarse del piso ¿Pero después qué? ¿Disculparse con Kaiba? ¡Qué vergüenza! Para colmo no solo se había chocado con él y por eso caerse encima suyo, sino que le había dicho de todo al hermano de este ¿Y si Mokuba le contaba lo que dijo sobre él? ¿Pensaría mal? No creía que fuera tan grave como para que se enojara con ella ¿Pero si era así? ¿Qué le diría Seto? Y sobre todo ¿Por qué le paso esto justo a ella?
La joven estaba tan metida en sus pensamientos que no se había dado cuenta que tanto el castaño como su hermano, habían dejado de discutir y ahora la miraban fijamente a ella, la cual parecía fuera de ese mundo. Seto la llamó pero al ver que la chica no le contestaba, se dispuso a acercarse a ella y luego arrodillarse en frente de la ojiazul.
- ¿Estas bien?- Pregunto con voz calmada Kaiba, haciendo que Kisara dejara sus pensamiento y suprima una exclamación de sorpresa. El joven empresario estaba a centímetros de ella y sus rostros se hallaban muy cerca, haciendo que ella se pusiera al instante roja de vergüenza por la proximidad del chico.
- Y-yo… e-estoy bien…- Dijo muy nerviosa Kisara, quien se había perdido en los ojos glaciares de Seto.
- Es mejor que te levantes- Dijo Kaiba mientras se paraba y luego le extendía la mano a la joven quien la acepto enseguida mientras se ruborizaba.
- G-gracias S-seto- "Lo que me faltaba, ahora estoy tartamudeando"- Se regañó mentalmente Kisara.
-Así que se conocen…- Dijo sonrientemente Mokuba.
- Sí- Dijeron al mismo tiempo Seto y Kisara, entonces ambos se miraron el uno al otro, la joven, enseguida bajo su mirada apenada, mientras que Kaiba después de un tiempo, dejo de verla para mirar a su hermano.
- "Esto es algo nuevo"- Pensó divertido el menor de los Kaiba.
- ¿Cómo la conociste?- Le pregunto Seto a su hermano quien le sonrió.
- En la plaza, fue cuando te estaba esperando, me topé con ella y hablamos un rato- Le respondió Mokuba mientras miraba a la joven, quien de pronto se había puesto más nerviosa- Kisara se ofreció a acompañarme hasta aquí, te estabas tardando mucho y pensé que no irías a la plaza-Ante eso la chica suspiro aliviada pero eso no le duro mucho- Ah, sí, ella también quería decirte algo- Agregó el niño, haciendo que Seto la mirara.
-Sí, es que yo….- Se estaba poniendo aún más nerviosa, si eso era posible, ante la mirada fija de Kaiba- "Dios ¿Ahora qué le digo?"- Pensó alarmada Kisara- Como Mokuba quería venir a buscarte, de paso y-yo… quería saber tu opinión respecto al dibujo que te regale- "Sí, eso, …el dibujo…"- Ya que no tuve tiempo en preguntártelo en el momento que te lo di- Mokuba la vio extrañado pero enseguida entendió que la chica no quería que su hermano supieran de lo que habían hablado y se notaba que no tenía la intención de decirle a Seto todo lo que ella tenía planeado decirle.
- "Por lo menos ya confirme que ella fue quien le regalo ese dibujo a Seto"- Pensó Mokuba mientras esperaba la respuesta de su hermano, respecto a la pregunta de la ojiazul.
- Me agrado, dibujas bien- Fue la única respuesta de Seto.
- ¿Qué solo dibuja bien? ¿Qué solo te agrado? ¿Enserio? ¿Es lo único que vas a decir hermano?- Pregunto sin creer lo que el castaño decía ¡Si ese dibujo era una obra de arte!-¡Ese dragón parecía real!- Lo mira y le sonríe pícaramente- A parte, no es lo único que debes pensar ya que te gusto tanto que lo encuadraste y lo tenes en tu oficina- Dijo Mokuba, haciendo que Kaiba mirara a la chica por un momento y después mirara para otro lado, el niño juraría verlo un poco sonrojado.
- Ya basta Mokuba…- Empezó a decir Kaiba pero fue interrumpido por Kisara.
- ¿Lo encuadraste?- Pregunto ella haciendo que Seto le prestara enseguida atención- ¡Entonces sí te gusto!- Dijo alegremente mientras sus ojos brillaban, entonces ella se acerca a él para luego olvidar todos sus nervios y timidez para abrazarlo.
-… ¿Pero qué?...- Dijo Seto quien la miraba con sorpresa y se tensaba ante el inesperado abrazo de la joven.
- ¿De verdad Seto?- Preguntó Kisara mientras lo miraba fijamente y su rostro se acercaba al de él.
-…Sí…- Le respondió el chico, en voz casi inaudible mientras se encontraba hipnotizado por los ojos azules de la chica, los cuales brillaban con intensidad, como las estrellas que iluminan el oscuro cielo a la noche. Ambos estaban muy cerca, tanto que sus labios podrían rosarse, pero eso no pasaría, no estando el pequeño Mokuba, el cual se dispuso de sacarlos a los dos jóvenes de su ensoñación.
- Para que sepan… ¡Hay un niño presente y estamos en la calle!- Les regaño Mokuba.
Entonces tanto Seto como Kisara se separaron avergonzados, a la joven se le notaba que estaba sonrojada y al empresario no tanto ya que sabía muy bien ocultar sus emociones, sin embargo eso no lo ayudaría en ese momento. Entonces Kaiba se aclaró la garganta antes de hablar.
-No hagas tanto escándalo Mokuba- Dijo Seto mientras lo miraba.
- Uff- Estufo el niño- Entonces… ¿Qué hacemos ahora? Ya es muy tarde para estar en la plaza- Dijo un poco triste Mokuba.
- Tiene razón, son las siete y media pasadas- Dijo Kisara mientras miraba su reloj plateado.
- ¿Soy yo o se pasó rápido el tiempo?- Pregunto Mokuba quien se había acercó a la ojiazul para mirar también la hora.
- Sí- Estuvo de acurdo Kisara, al parecer estuvo caminado por la ciudad como por una hora y hacía media que había estaba en la plaza y no se había dado cuenta- Oh, no, tengo que regresar a casa, si no estoy antes que llegue mi madre, de seguro me regañará- Dijo preocupada la ojiazul, después de todo eran muchas cuadras hasta llegar a su casa y se iba a tardar demasiado.
- No te preocupes, yo te llevaré- Dijo Kaiba como si nada.
- Pero… no quiero molestarte con eso- Dijo la joven mientras miraba el piso.
- No será ninguna molestia Kisara ¿No es así hermano?- Dijo Mokuba mientras miraba a Seto.
- Voy a llamar a Rolan- Fue lo único que dijo Seto pero antes de que este hiciera algo, Kisara lo interrumpe.
- No es por nada pero no quiero que me lleves en limosina- Dijo ella mientras se imaginaba viajando en ese elegante auto- M-mejor sí- Dijo, después de pensarlo un poco.
Kaiba la miro fijamente a la chica para luego continuar lo que iba a hacer, por otra parte, Mokuba no lo podía creer, ya que pensaba que su hermano se iba a molestar, aunque sea un poco con Kisara pero no fue así. Entonces en poco tiempo los tres ya estaban en la lujosa limosina, dirigiéndose a la casa de la joven ojiazul.
Kisara estaba un poco nerviosa, después de todo, ella se encontraba sentada en el medio de ambos Kaibas, el menor estaba en su izquierda y Seto a su derecha. Esa era una situación totalmente incómoda para la joven, como deseaba haberse sentado en uno de los lados y no en el medio, por lo menos si estaba en un costado, podía evitar las miradas de los hermanos y ver hacia la ventanilla del coche. También para sumarlo a sus incomodidades, estaban sumidos en un insoportable silencio, ya varias veces había tratado de que no fuese así pero las conversaciones no duraban mucho, el castaño no se veía que tuviera ganas de hablar y cuando ella hablaba con Mokuba, este no tardaba en terminar la conversación, después de todo Seto le lanzaba una mirada más fría que el hielo a su hermano cada vez que este le hablaba a ella, era obvio que el niño le hubiese dejado de dirigirle la palabra. En se momento, la ojiazul se arrepintió de haberse arrepentido, preferiría haber caminado que estar allí aunque tampoco estaba tan mal, tuvo que admitir, a pesar de todo, uno no siempre se topa tantas veces al gran Seto Kaiba y menos que este se ofrezca a llevarte a tu casa.
Entonces Kisara, quien se había concentrado todo el tiempo en mirar al frente, se dispuso a observar al ojiazul, que en ese momento tenía la mirada perdida en la ventanilla del automóvil, su cara no reflejaba ninguna emoción y parecía haberse olvidado de que tanto ella como Mokuba estaban ahí con él. Ella, aprovechando que el joven estaba perdido en sí mismo, se tomó la libertad de mirarlo detalladamente, Kaiba se veía muy bien en ese momento, este estaba vestido con un elegante traje blanco y llevaba una corbata prolijamente atada a su cuello, todo ese conjunto lo hacía ver más maduro y apuesto. Estuvo viéndolo por un largo rato hasta que Seto desvió su mirada hacia ella, al parecer había notado como la chica lo observaba , por otra parte Kisara enseguida miro para otro lado, avergonzada de haber sido descubierta. Sumamente apenada, la joven iba a decirle algo a Seto pero en ese momento la limosina se detuvo, al parecer ya habían llegado a su casa, el viaje se le hizo por momentos eternos pero una vez que este llego a su fin, le pareció demasiado corto.
- Ya llegamos señor Kaiba- Aviso educadamente Rolan y ante esto Seto solo asintió.
- Nos vemos otro día Kisara- Dijo Mokiba con una sonrisa.
- Sí y cuando quieras ir a la plaza, avísame- Dijo ella mientras le devolvía la sonrisa.
- ¡Sí! Porque mi hermano siempre se le olvida- Le respondió el niño mientras miraba a Seto quien se disponía a ignorar lo que él dijo pero sabía muy bien que este lo había escuchado.
Kaiba abrió la puerta del auto para luego salir de esta, una vez afuera del coche espera pacientemente que Kisara terminara de hablar con su hermano y que después, con ayuda de él, ella bajara del automóvil.
- G-gracias por traerme Seto- Agradeció la ojiazul mientras se sonrojaba.
-No fue nada- Le respondió el castaño mientras caminaba hacia la puerta de su casa, siendo seguido por ella quien no podía creer que el chico la quisiera acompañar hasta la entrada.
En ese mismo momento, en la limosina, Mokuba miraba atentamente y con una gran sonrisa a ambos jóvenes, esperando que algo bueno pasara.
- Entonces… nos vemos mañana- Dijo tímidamente ella mientras sacaba las llaves que tenía en el bolsillo de su chaqueta y abría la puertita de madera.
- Nos vemos- Le dijo Seto con voz neutral, para luego darse media vuelta, dispuesto a irse pero en ese momento Kisara lo tomo por el brazo y le dio un beso en la mejilla.
- Gracias por todo y buenas noches- Dijo rápidamente la joven para luego entrar velozmente a su casa.
Mokuba celebro brevemente la escena que había visto, felicitando mentalmente a su hermani, por otra parte Kaiba se quedó shockeado por un momento y de pronto sentía mucho calor y algo más inexplicable para él, pero al poco tiempo se obligó a ignorar eso para luego dirigirse nuevamente hacia la limosina mientras pensaba que algo estaba andando mal con él desde que conoció a esa hermosa joven.
Mokuba vio cómo su hermano entraba en silencio al automóvil y se sentaba a su lado para luego hacer una seña a Rolan para que arranque la limosina y los llevara hacia la mansión Kaiba. Seto estaba muy calmado y pensativo, eso es lo que observo el niño pero conocía bien al joven y sabía que no era lo que parecía.
- Cuando vaya a ir con Kisara a la plaza ¿Te gustaría ir con nosotros?- Preguntó Mokuba mientras veía que su hermano volteaba a verlo.
- Tengo mucho trabajo, no tengo tiempo para eso- Le respondió el castaño para luego volver a mirar la ventanilla del coche, a través de esta se podía observar como el cielo se empezaba a oscurecer, dando paso a la noche.
- Ah…- Lo miro fijamente- Yo que quería que pasemos un tiempo los tres juntos, después de todo se nota que le agradas mucho a Kisara- Sonrió- O quizás queres estar a solas con ella de vez de que tu hermanito este en el medio- Dijo Mokuba causando que Seto se tensara al escucharlo.
- Basta Mokuba- Dijo Kaiba mientras lo miraba de reojo con una expresión molesta.
- Como digas hermano- Volvió a sonreír pero esa vez ampliamente-"Como me lo imaginaba, a mi hermano le agrada mucho Kisara, ya quiero saber qué va a salir de todo esto"- Pensó Mokubamientras se imaginaba todo lo que podía pasar entre su hermano y la joven que había conocido ese día.
Por otra parte, la joven de ojos azules se quedó viendo por la ventana de su casa a Seto, hasta que este se marchara definitivamente en su gran limosina y desapareciera en las calles de la ciudad. Entonces Kisara se fue emocionada hacia su habitación y en esta busco con desesperación su celular, estaba llena de alegría por todo lo bueno que le había pasado en ese día y ya no aguantaba más para contárselo a Anzu y compartir su felicidad.
En casa de Anzu
La madre de la castaña y Mai se encontraban en la sala de la casa, la rubia caminaba nerviosamente de un lado a otro, mientras que la ojigris se hallaba sentada en el sofá con una expresión de preocupación. Hacia un poco más de dos horas desde que Anzu se había desplomada en el piso, una vez que ella pudo hacer aparecer sus alas. Cuando ocurrió eso, el tiempo se detuvo para ambas mujeres quienes habían corrido enseguida para ayudar a la ojiazul, luego de eso, llevaron a Anzu a su habitación y la acostaron para que ella pudiera descansar tranquilamente.
- ¿Qué se supone que vamos a hacer ahora?- Preguntó Mai mientras miraba a la ojigris, en busca de una respuesta.
- Solo el tiempo lo dirá, por ahora hay que mantenerla a salvo y estar al tanto de los sucesos que están por venir - Le respondió la mujer.
- Eso me quedo bien claro- Dijo la ojivioleta mientras paraba de caminar y se quedaba viendo fijamente a la madre de su amiga- Pero lo que más me preocupa es lo que le va a suceder a Anzu a partir de ahora, no se veía muy bien cuando la animo a liberar sus alas.
- Todo se va a complicar para tu amiga, Anzu tiene que acostumbrarse a su parte ángel, al principio puede ser que sufra ya que su cuerpo no está acostumbrado al poder que liberó- Dijo la ojigris mientras miraba a Mai con una mezcla de tristeza y preocupación.
-Entonces yo me quedaré aquí con Anzu, para apoyarla y ayudarla en todo momento- Dijo decidida Mai.
- No esperaba otra cosa de vos Mai- Dijo la mujer para luego sonreírle- Siéntete como en tu propia casa, después de todo ya sos como parte de esta familia, pensar que antes te quedabas una larga temporada aquí cuando eras niña.
- Entonces mañana traigo mis cosas- Dijo la rubia mientras le devolvía la sonrisa- Ahora voy a ver como se encuentra Anzu- Agrego para luego dirigirse hacia la habitación de su amiga.
Mai entro en el cuarto de la castaña y observo que este no había cambiado mucho desde la última vez que ella había estado allí, la rubia se dispuso a observar los dibujos que se hallaba en las paredes del lado del escritorio, como sospechaba, su amiga era toda una artista, era impresionante la forma que ella dibujaba, siempre la ojiazul había realizado dibujos increíbles que parecían fuera de este mundo, tenía una habilidad impresionante y cada personaje de que ella creaba en el papel, parecían reales y llenos de vida. Entonces, en ese momento se acordó la primera vez que había visto dibujar a Anzu.
Flash back
Mai se despierta por la molestia que le causaba la luz que le daba en la cara, la niña abre sus ojos y mira cansadamente hacia el escritorio de la habitación, allí ve que su amiga se encontraba sentada, con la lamparita del mueble prendida, alumbrándola a ella y creando sombras en las paredes. La ojivioleta se levanta de la cama y se dirige hacia donde estaba la ojiazul.
- ¿Anzu? ¿Por qué estas despierta a esta hora?- Preguntó la niña una vez que se encontraba al lado de la castaña.
- ¿Eh?- La mira- ¿Mai?- Pregunta ella, recién dándose cuenta de la presencia de su amiga- Perdón por despertarte- Se disculpó para luego mirarla.
- No hay problema ¿Pero se puede saber qué haces a estas horas de la noche?- Pregunto un poco molesta.
- No podía dormir, soñé algo extraño que me quito el sueño- Dijo Anzu mientras se encogía de hombros.
-¿Entonces estas dibujando lo que soñaste?- Pregunto interesada Mai mientras miraba la hoja que la castaña estaba dibujando.
- Algo así- Le acercó la hoja para que su amiga viera mejor lo que estaba haciendo.
- Anzu… nunca me dijiste que dibujabas así- Dijo la rubia impresionada mientras observaba con admiración cada detalle del dibujo de su amiga, el cual era un hermoso paisaje rodeado de árboles y flores y una laguna en la cual se reflejaba la vegetación que había en su alrededor.
- No pensé que fuese de importancia, a parte no dibujo tan bien, me cuesta los detalles y como aplicar bien las sombras y los colores como quiero- Dijo Anzu mientras empezaba a arreglar una parte del dibujo.
- No sé de qué hablas, para mí está perfecto, es hermoso, quisiera dibujar como vos- Dijo mientras le sonreía- Pero me parece que ya es muy tarde para que estes haciendo esto.
- Sí, ahora que lo pienso, me desperté como a las once y ya son como las tres- Dijo Anzu mientras empezaba a guardar todo los elementos de dibujo.
-¿Las once? No dormiste nada ¿Cómo planeas levantarte para ir a la escuela?- Le regaño Mai.
- No es para tanto, muchas veces me desvelo, pero tranquila, me levantare a tiempo- Le respondió la castaña mientras se disponía a ir a su cama y acostarse a dormir y Mai hacia lo mismo.
- ¿Más tarde me muestras tus demás dibujos?- Pregunto la ojivioleta.
- Sí y de paso si queres te dibujo uno- Dijo Anzu y poco tiempo después el sueño venció a ambas niñas.
Fin del flash back
Mai suspiro para luego mirar a Anzu, la castaña se encontraba todavía inconsciente pero por lo menos se la veía tranquila, entonces la ojivioleta agarra la silla del escritorio y se acerca hacia la cama de su amiga para luego sentarse a su lado. La joven rubia quería estar cuando la ojiazul se despertara, quería brindarle su apoyo y amistad, como la chica siempre había hecho por ella.
En casa de los Muto
Atem se encontraba acostado en su cama, con la mirada fijamente en el techo, mientras pensaba en cómo iba a proteger de todas las amenazas del reino de las sombras a Anzu, estaba claro que tenía que pasar más tiempo con ella pero tampoco estar acosándola a todo momento, todos los días. En la escuela no sería un problema ya que estaban en el mismo salón y tranquilamente la podía ir a buscar a su casa para que ambos fueran juntos al colegio y luego acompañar a su hogar después de clases, solo quedaba el resto del tiempo, aunque podría encontrarla por "accidente" en la calle. Igual tenía que pensarlo bien porque a la castaña le parecería raro que él estuviera con ella la mayoría del tiempo. El tricolor suspiro, temía que fuesen muy fuertes las criaturas de las sombras y que a la ojiazul le pasara algo malo cuando él no se encontrara con ella.
En ese momento alguien toca la puerta de su habitación, sacándolo de sus pensamientos. Entonces Atem se levanta de su cama para luego abrir la puerta de su cuarto y encontrarse con su hermano menor.
- Mamá quiere que bajemos a comer- Dijo Yugi.
- ¿Ya? ¿Pero qué hora es?- Pregunto sorprendido Atem, a parecer se le había pasado el tiempo volando.
- Ocho y media de la noche- Dijo el tricolor menor mientras alzaba una ceja- Es mejor que vayamos, sabes cómo se pone mamá si no vamos rápido a comer.
- Entonces no la hagamos esperar- Le dijo Atem, luego ambos tricolores se dirigieron a la cocina.
En la cocina, la madre de ambos chicos servía la comida, ella había preparado pastel de papa para la cena. Una vez que Atem y Yugi llegan allí y perciben el delicioso aroma de la comida, se apresuran a sentarse en la mesa, junto a su madre quien los mira con una sonrisa, al parecer la mujer estaba de buen humor, solo había que ver cuánto le duraba.
- Así que hoy fuiste a la casa de Anzu- Dijo la madre de ambos chicos.
- ¿Yugi te lo contó?- Pregunto Atem mientras miraba con reproche a su hermano quien sonrió nervioso.
- Sí, me lo dijo tu hermano, si no entendí mal era para un trabajo grupal- Continuó la mujer.
-Mmm… sí, un trabajo para lengua- Le respondió el tricolor mayor con indiferencia.
- Me imagino que lo terminaron- Dijo ella.
- En realidad no- Dijo Atem para luego comer.
- ¿Cómo qué no? ¿Pero qué estuvieron haciendo todo el tiempo?- Pregunto su madre, ante esto Atem casi se atraganta.
- Pues… decidimos que íbamos a hacer - Le respondió el mientras trataba de no sonrojarse al recordar algunas cosas que pasaron en la casa de la castaña.
- Por suerte es para pasado mañana- Dijo Yugi al ver la cara que le puso su progenitora a su hermano- Y yo también tengo que terminar mi trabajo con Joey, Tristán y Kisara. Por cierto ¿No habrá ningún problema que vengan a casa?- Pregunto mientras miraba a su madre.
- No Yugi, cuestión que terminen el trabajo y que no estén perdiendo el tiempo- Le respondió ella.
Yugi asintió, solo esperaba que no sucediera como la última vez que se habían reunido sus amigos a casa ya que tanto Joey como Tristán había roto el adorno favorito de su mamá al pelear por una tontería y más cando ambos chicos habían acabado con toda la comida que había en la casa.
El resto de la cena transcurrió con tranquilidad, una vez que todos terminaron de comer, la medre de ambos ojivioletas se quedó lavando los platos y sus hijos se fueron a sus respectivas habitaciones.
En casa de Anzu
Estaba volando y sentía la reconfortante brisa en su cara y en una parte de su cuerpo que antes no percibía. Entonces ella se sorprendió al comprobar que tenía alas, unas blancas y perfectas alas, la joven, con una sonrisa traviesa, dio una voltereta en el aire para luego seguir avanzando por el cielo azul. La chica presto atención a su alrededor y vio con fascinación el paisaje debajo de ella, desde arriba, el bosque se veía como un extenso y profundo mar verde, a lo lejos se podía apreciar unas blanquecinas montañas, las cuales crecían cada vez más mientras la joven se acercaba. Todo era hermoso y perfecto, había una paz increíble y al poco tiempo, le sorprendió como criaturas llamativas se acercaban a ella y la acompañaban a lado suyo. Reconoció hadas, dragones y otros pequeños seres alados que no logro identificar en ese momento ya que de pronto un espeso humo oscuro se extendió por el lugar, atrapándola a la chica y a los que estaban con ella.
Anzu despierta sobresaltada, le faltaba el aire y su corazón latía rápidamente, había soñado un dulce sueño que se volvió pesadilla, en el cual le había quedado la sensación de frescura que le dio ese viaje en aquella tierra desconocida, la cual parecía real y no solo un simple sueño. Entonces la castaña observa todo su alrededor, confundida, ya que lo último que recordaba era haber estado en la sala de la casa y en esos momentos se encontraba en su habitación, sin mencionar que estaba todo oscuro, al parecer ya era de noche. La joven se dio cuenta que al lado suyo se encontraba su amiga, la cual se había quedado dormida en la silla, esta se veía cansada, como si hubiese esperado que la castaña despertara pero que el sueño al final la hubiese vencido. Anzu sonrió para luego levantarse, sin hacer ruido, ya que no quería despertar a Mai, sin embargo no lo logró ya que en el momento que trato de moverse se había empezado a marear y un insoportable dolor la invadió, tanto en su pecho como en su espalda y de sus labio surgieron una queja de dolor. Ante esto, la rubia se despertó al instante, mirando preocupada hacia la dirección de la ojiazul, quien se encontraba abrazándose a sí misma.
- ¿Estas bien Anzu?- Pregunto Mai preocupada.
- S- sí, n-no te preocupes…- Dijo la ojiazul con voz entre cortada.
- No te ves nada bien, no mientas niña- Le reprocho- ¿Qué te duele?
- Enserio Mai, no es nada, solo me desperté de golpe e hice un mal movimiento- Trato ella de tranquilizarla, aunque no era verdad lo que decía.
- Que niña, se nota que no estás bien- La miro fijamente- Es mejor que te quedes por ahora en reposo- Dijo la rubia mientras obligaba a Anzu a acostarse pero como era de esperarse, la castaña se quejó nuevamente de dolor- Te lo dije no estás bien ¿Puede ser que siempre trates de ocultar cuando te sentís mal?
- No quiero preocupar a nadie, me hace sentir que soy una carga- Le respondió Anzu mientras escondía su rostro entre las sabanas de su cama.
- Tonterías- Le dijo la ojivioleta molesta.
- Estoy bien Mai- La mira fijamente, se notaba que la chica no le creía ni un poquito- Igual ya no me duele tanto como hace unos momentos. Por cierto ¿Qué hora es?- Cambió ella de tema.
- Emmm- Agarra el reloj de la mesita de luz y presiona el botoncito del aparato, el cual enciende una lucecita que ilumina al reloj para que uno pueda ver la hora- Son las tres y cuarto de la mañana- Deja el reloj en su lugar- Tendrías que tratar de volver a dormir, más tarde tenes escuela.
- Es lo mismo que me decías cuando éramos chicas- Sonrió al recordarlo- Lo que cambio es que en la habitación ya no se encuentra la cama donde dormías. Es mejor que vos también descanses- La observo- Se ve que hace mucho que estabas en esa silla y al lado de mi habitación está el cuarto de huéspedes.
- Sí que me hechas rápido- Dijo la rubia, fingiendo estar ofendida.
-Fuiste vos quien me mando a dormir- Dijo siguiéndole el juego.
- Entonces nos vemos más tarde Anzu- Se levanta de la silla y se estira- Nunca más volveré a sentarme en esa cosa, te hace bolsa la espalda- Se quejó Mai.
- Y me lo decís a mí- Se ríe- Ni te imaginas como quedo después de dibujar y haber estado horas sentada allí.
- Conclusión, hay que pedirle a tu madre una silla más cómoda- Dijo Mai mientras se dirigía hacia la puerta de la pieza.
- Sí- Sonríe- Descansa y nos vemos en algunas horas Mai- Le dijo la castaña a la ojivioleta, quien le sonrió y luego le guiño el ojo, antes de salir completamente de la habitación.
Anzu suspiro aliviada de que su amiga se hubiese marchado de la habitación, ella no sabía cuánto tiempo más podía seguir fingiendo estar bien porque en realidad se encontraba lejos de estarlo. La joven inconscientemente dirige una de sus manos hacia su espalda pero enseguida la aleja de allí ya que apenas se tocó esa parte de su cuerpo, un ardor insoportable la invadió, como si la hubiesen quemado y atravesado la piel. Anzu vuelve a contener un grito de dolor mientras que delicadas lágrimas se deslizaban sobre sus mejillas, desearía parar esa agonía pero no sabía cómo, lo que tenía claro era que eso era efecto de liberar sus alas y que en esa noche ella definitivamente no iba a poder volver a dormir.
Fin del capítulo once
Muchas gracias por el apoyo, animos, paciencia y reviews a: Rossana's Mind, DanyStormborn01, Keri89, srto,prics17, Taenny y todos los que leen este finc.
Hasta el próximo capítulo n.n
Besos y abrazos psicológicos.
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