El one Piece es mío!
Na, mentí si fuese mío ya habría LaNa desde hace mucho.
El genio detrás de este gran anime es Eiichiro Oda
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Pido una disculpa por tardarme tanto solo que aún no sé cómo escribir esto. Fue un poco duro para mí ya que no se solo surgió en mi cabecita loca y quedo el capítulo de hoy. Claro me costó mucho hacerlo hice aproximadamente unos cinco borradores de casi siete páginas cada uno para después inspirarme de un momento a otro del día de hoy.
Cambie la clasificación, les daría un resumen pero mejor léanlo ya después me dicen de cosas por ser tan mala escritora.
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Estaba en la sala, rodeada de unos papeles que Franky, le había dejado ayer en la noche, cuando ella no estaba, su cabeza estaba echa un lio, y no sabía si era por la resaca, o por el hecho de que se olvidó que tenía que hace un presupuesto, para el material que necesitaría el Sunny. Eso sin contar, que mientras lavaba la ropa, encontró una chaqueta que no pertenecía, ni a ella, ni a sus amigos, o eso era hasta que rebusco en las bolsas, y encontró una identificación del hospital, el dueño de dicha prenda era Trafalgar Law; en un momento maldijo su suerte pensando en deshacerse de ella, lanzándola por la ventana, pero algo se lo impidió, y es que olía tan rico, era una dulce mescla de olor a farmacéutico y perfume francés.
En ese momento tenía el cuadro perfecto de una acosadora, sentada en su sofá rojo de tres piezas, vestida solamente con un diminuto short de peluche del pijama y un simple sostén deportivo, mientras usaba aquella chamarra como si fuera de ella, observando detenidamente la tarjeta de Law. Dejo salir un suspiro ahogado, para después mirar el reloj, las doce y media, un buen momento para darse una ducha antes de irse a entregar aquellos papeles a Franky.
Se levantó perezosamente del sillón, sacándose la chaqueta para dejarla en el respaldo, se la entregaría a su dueño más tarde; camino por el pasillo donde solo había dos puertas, del lado derecho era su habitación y del lado izquierdo el cuarto de huéspedes. Al final del corredor había una puerta corrediza del lado izquierdo estaba el baño y del otro lado el cuarto de lavado; deslizo la puerta del baño y sin ningún cuidado se desprendió y lanzo su ropa al aire. Esta vez ahogaría sus penas en un buen baño, lo necesitaba, el olor a cantina de mala muerte que despedía era horroroso.
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Sus manos estaban manchadas de sangre, aunque para él era más que normal después de terminar una operación; cirugía a corazón abierto, su especialidad. Si bien era una de las intervenciones quirúrgicas más complicadas, a él no se le complicaba en nada, tenía una habilidad en las manos increíble.
Se quitó los guantes de látex, los arrojo a uno de los botes de basura, para después lavarse las manos. El pequeño espejo que tenía enfrente le revelaba las tantas horas de insomnio que había sufrido durante lo que llevaba trabajando en ese lugar.
-Jefe la directora lo busca- dijo Shachi dándole una palmada en el hombro.
Salió fastidiado de la sala de operaciones; si la mujer lo llamaba en un lunes no era nada bueno, se suponía que esa bruja debería de estar en casa cuidando de su nieto, así que el debería de poner la cabeza fría, si llegaba a reprenderlo por la falta de su tarjeta, o su carácter con las enfermeras, tenía que buscar una buena excusa. No podía decir que la identificación la tenía una chica, y menos que las enfermeras se le ofrecían de un modo tan explícito que las ha llegado a ver desnudas en su oficina más de una vez. Si dijera cualquiera de esas cosas le causaría problemas innecesarios.
Toco la puerta esperando una respuesta, pero no llego, solo el pequeño Anthony le abrió la puerta y salió dejando así la oficina con Doctorine adentro.
-Me llamaba directora?- cuestiono Law tomando asiento frente a la mujer.
-Dime Trafalgar cuanto tienes trabajando aquí?- cuestiono Doctorine revisando unos papeles en sus manos.
-Dos años, sin contar mis años de pasante - respondió tranquillo
-Y de estos dos años cuantas veces te has tomado un día libre aparte del que se te da?- pregunto sin dejar de mirar los documentos.
-Ninguna vez- el chico se reclino en la silla tomando un aspecto más informal -a que viene al caso?-.
-Resulta que se te tiene que dar una semana por cada tres meses, dos cada seis y cuatro cada año. En total tienes ocho semanas de vacaciones que no te has dado el lujo de tomar- espeto azotando el bonche de papeles en el escritorio.
-Si eso lo tengo en cuenta, pero eso es irrelevante- musito Law –no he visto ninguna oportunidad para tomarlas-.
-Si sigues así jamás te daré mi secreto para mantenerte joven- declaro la mujer empezando a firmar un par de documentos –el punto es muchacho, que el sindicato, ha pedido que las tomes de inmediato, o que le paguemos una multa demasiado elevada para un hospital que no lleva ni una década dando su servicios. Es verano, sal, diviértete, visita a tu familia, son dos meses has lo que se te plazca.- le extendió una hoja a Law y reclino su asiento.
Trafalgar no pudo ni negarse, en aquel documento, tenía razones de sobra para darse unas buenas vacaciones, no solo era la gran multa que de seguro la directora lo sacaría de su sueldo, sino que después de dos años de arduo trabajo como un doctor oficial y los años de pasante, se daría un merecido descanso; le causo un poco de risa cuando leyó lo que la mujer puso en lugar de la firma.
"Un día de estos pasara al lado tuyo el amor de tu vida, y no lo veras por ir viendo tu itinerario de trabajo. Ándate a la mierda trabajador compulsivo".
Se levantó de la silla rumbo a la salida de la oficina despidiéndose con la hoja en mano, por fin tendría tiempo para ordenar su colección de corazones disecados, o pasear más tiempo con Bepo, era solo cuestión de ver qué cosa aria primero.
-Bueno ya que te vas, y me as echo venir en mi día de descanso, quiero que lleves a mi nieto al museo de medicina- dijo la mujer bebiendo de su inseparable botella de licor
El moreno casi se gira para darle un rotundo "NO" cuando la puerta se abrió, dejando ver a un Chopper entusiasmado por salir con su ídolo. El niño se acercó y le regalo una sonrisa tierna e infantil, le tomo de la mano esperando que Law comenzara a caminar, pero este solo se giró para ver a Doctorine, y dejar escapar un largo suspiro.
-Tráelo a las siete- agrego la anciana subiendo los pies al escritorio.
Law salió con el niño de la mano, tenía que ver el lado positivo de estar atado al chiquillo, después de todo. Disfrutaría del museo al que quería ir, y por razones completamente ligadas a su trabajo nunca podía.
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Iba sentada en un carrito de súper, empujado por su buen amigo Franky, solo se dedicaba a mirar al trio de parejas que iban delante de ellos; Luffy empujaba un carrito con Hancock encima, Usoop le imitaba con Kaya, y Sanji hacia lo mismo con Bonney. Aquel grupo de tortolos parecía sacados de un cuadro.
-Hey Nami te sientes bien?- pregunto el peli azul deteniendo el carrito.
-Si estoy bien- susurro la chica recogiendo sus pies quedando en una posición fetal.
-Creo que estas súper melancólica- agrego el hombre retomando su camino.
Delante de ellos Boa le daba pequeñas cucharadas de helado a Luffy, mientas él le regalaba un beso en la mejilla por cada bocado, Usoop le iba mostrando a su novia el nuevo diseño que tendría el bar, Sanji iba adorando la belleza de la peli rosa, que solo se dedicaba a comer su helado, y regalarle una probadita a su novio cada cuando; todos ellos ajenos al trio de solterones que estaban detrás de ellos. Zoro no contaba ya que el sí tenía novia, pero no se encontraba por el momento.
-No solo que estoy cansada, no dormí lo suficiente- respondió levantando la vista para ver mejor al hombre.
Llevaba su típica camisa floreada roja, lentes oscuros y un short de un uniforme de natación, su cabeza rapada era cubierta por una peluca al estilo Elvis; sin duda era un hombre cuarentón muy extraño pero extremadamente divertido. A su lado, como siempre tarareando, estaba Brook con su típico traje y afro infalibles. Zoro iba atrás de ellos con sus manos en las bolsas de sus vaqueros oscuros.
La chica bajo la cabeza y de uno de sus bolsillos saco la famosa tarjeta de Law, su mente retomo el casi beso que se daban ayer; inocentemente sus mejillas se tornaron rosadas causando la riza incontenible del músico.
-Yohohohohohoho Nami, que tienes ahí?- cuestiono Brook acercándose para ver lo que portaba en las manos la pelirroja.
-Nada- mascullo guardando la credencial en su bolsillo.
-Entonces porque estas tan roja?- agrego conteniendo la risa.
-Por el sol. Mira Franky los chicos ya llegaron a la ferretería. Deberíamos de darnos prisa- la chica se hizo hasta delante dando una señal para que su amigo acelerara en el carrito dejando atrás a un Zoro con pereza y un Brook risueño.
Cuando llegaron Nami salió del carrito, en busca de un trabajador para que le diera todo lo que necesitaban, y no solo por eso, estaba segura que el pervertido de Brook había visto la foto, o el nombre de la credencial.
-Nami- dijo Zoro detrás de la chica -porque estas tan nerviosa?- cuestiono dejando escapar un bostezo
-Nada, solo simplemente quiero terminar esto e ir a comer muero de hambre- mintió nerviosa.
El peliverde solo la observo, sin decir más, la conocía tan bien que el mismo podría jurar que estaba ocultando algo, pero no estaba seguro de que era, en si solo tenía pistas que la misma Boa Hancock le dio, y es que se trataba de un hombre cuya identidad ni siquiera se la dio a una de sus amigas, en una borrachera. Tendría que esperar hasta hablar con Robín para ver si a ella si le decía quién era aquel sujeto que había hecho poner así a Nami.
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No sabía por qué, pero el rostro de aquella chica, no salía de su memoria, si bien era sabido que Eusstass Kid era un mujeriego de primera, que solo pasa una noche con la misma chica, esa mujer se le antojaba para todas las noches; aquellos ojos cafés tan inocentes como los de una niña perdida que le miraban con tanta curiosidad la habían hecho bajar la guardia, pero a quien no, si esa chica tenía todo lo que un hombre pudiera pedir.
Estaba arriba del camaro de Nami contemplando una foto que tenía en la guantera, salía su madre, su padre, su hermana, y ella, tal vez ni siquiera pasaba de los diez años era toda una lindura. En su mente no podía imaginar que aquella chiquilla plana y de pelo corto pudiera ser la señorita curvilínea, de pelo largo y ondulado que es ahora.
-Hey Kid sal de ahí ayúdame a sacarle el motor- un chico de cabellera larga rubia con un flequillo que le cubría mas de la mitad del rostro interrumpió sus pensamientos.
-Killer, si te dijera que me he enamorado que dirías?- cuestiono el pelirrojo mirando otra foto de Nami.
-Tu enamorado? No lo creo; tú eres un mujeriego empedernido. Pero si llegara a suceder te diría que debes comportarte y no andar haciendo escenas por cualquier cosa. Eres demasiado impulsivo hasta el más ligero parpadeo te molesta- respondió Killer abriendo el cofre del carro
Kid dejó escapar su risa perturbadora, y después bajo ayudar a Killer, con las reparaciones del camaro. Ahora que sabía que la dueña era extremadamente sexi, tendría que lucirse, por lo menos para ganar una cita con ella.
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La tarde cayo, así como los ánimos de todos los chicos, estaban completamente exhaustos; la razón, era porque compraron demasiadas cosas pesadas, y se negaron a la ayuda de sus bellas de acompañantes les ofrecieron. Todos estaban en el ahora casi desmantelado Sunny, comiendo Takoyaki del buen Hachi, discutiendo sobre cosas un tanto irrelevantes por el momento.
-Kaya, si te casaras con Usoop en donde seria?- cuestiono Hancock.
-Bueno, en nuestra isla de origen por supuesto. Y tu Hancock si te casaras con Luffy?- respondió la rubia comiéndose una bolita de pulpo.
-Tengo planeado algo sencillo- susurro la pelinegra - antes que nada sería en una de las playas más bonitas de todo el mundo, nos casaríamos a la orilla del mar, y mandare a regar lirios blancos por todo el lugar, para que el mundo vea lo puro que nuestro amor. Eso sin contar que yo me encargare del banquete, ya que quiero que mi marido solo coma lo que yo preparo; después lanzaríamos linternas al cielo, para iluminar la oscuridad de la noche, para que el mundo vea, que el amor que nos tenemos resplandecería entre las penumbras, aluzando a cualquiera que esté a nuestro alrededor, y cegando a los que no nos apoyan-.
Las chicas simplemente se quedaron calladas, si esa era su idea más simple, no querían saber cuál sería la extravagante, sin duda Hancock jamás se andaba con pequeñeces al momento de declararle al mundo que amaba a Luffy, con gran locura. Mientras las demás se conformaban, con el simple hecho que su pareja les amara, y les diera comida en el caso de Bonney; Boa quería predicar su amor al estilo profeta.
-Tu Bonney como seria tu boda con Sanji?- cuestiono Kaya.
-Aun no lo he pensado, no tenemos tanto tiempo como ustedes. Pero les aseguro que habrá montones y montones de comida- respondió con la boca llena -y tu Nami? Debes de tener a alguien por ahí no es así?-.
La pelirroja casi se atraganta con su bocado al oír eso, si no fuera por el bruto de Zoro que le dio una fuerte palmada en la espalda no la contaba.
-Cierto, Nami dinos quien es ese chico?- dijo Boa con cierta ternura
-No sé de qué hablan- respondió sacando el celular de su escote.
Todas pusieron cara de súplica al ver la negatividad obvia de Nami, estaban seguras que alguien le causaba esos leves sonrojos momentáneos, y que ese alguien ocupaba su mente astuta dejando al descubierto su parte sensible. Aunque casi no fuera muy notorio para las chicos, las chicas estaban seguras de que ella estaba ENAMORADA.
-Bueno, pues entonces descríbelo si no quieres decir quien es- sugirió Bonney metiéndose barias bolitas de pulpo a la boca.
-Si anda Nami cuenta como es el- prosiguió Kaya atenta a cada movimiento de la pelirroja.
Nami estaba rodeada, los rostros suplicantes de sus amigas, las preguntas tan directas que le hacían, era como para tomar sus cosas y correr, pero si lo hacía terminarían por averiguarlo a la mala. Soltó un largo y profundo suspiro, ellas habían ganado.
-…..Ok- suspiro nuevamente – digamos que es alto, moreno, delgado, tiene dos ojos y es hombre- los ojos de las chicas estaban tan clavados en ella que se desesperó.
Tomo las llaves de la moto que Franky le presto para moverse en lo que le entregaban su auto y salió corriendo dejando al trio de chicas confundidas por la actitud que tomo.
-El jueves?- cuestiono Hancock con mirada estratega
-El jueves- respondieron las otras dos con mirada cómplice.
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Acelero todo lo que pudo en la moto, se sentía tan estúpida, como la pudieron agarrar con la guardia baja; quería matarlo, desaparecerlo, hacer cualquier cosa para que eso no volviera a pasar. Freno en el único alto que vio tras su huida tres calles después, miro el cielo nublado, queriéndose romper en una ligera lluvia veraniega de finales de junio en cualquier momento, así se sentía ella, como una nube, cargada de quien sabe que tanto, amenazando con explotar, y bañar de lo que fuese que saliera de ella, al primero que se le viniera en mente.
Arranco de nuevo sintiendo las pocas gotas que se escapaban del cielo mojando su camisa blanca enmarcando el estampado de leopardo de su sostén, salió tan deprisa que no tomo su bolsa, le llamaría a Zoro para que después pasara a dejársela. Por el momento solo quería llegar a casa, darse una ducha caliente, cenar, y tumbarse en el sofá para ver su serie favorita.
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Llego a casa asqueado, de pasar todo el inicio de sus vacaciones con aquel niño que no dejo de hacerle preguntas sobre su trabajo, al parecer le admiraba tanto, que de grande se propuso la meta se superarlo. Sonaba algo lejano, para tener la habilidad que tenía ahora, tuvo que pasar por mucho, aun así no sonaba imposible; si aquel mocoso quería ser como el, que lo fuera, después de todo Law seguiría mejorando, y cuando el niño le alcanzara, seria hasta después de muerto.
Se recostó en su sofá, cogiendo el libro que dejo en el piso la noche anterior, y abrió para continuar su lectura. En la parte de arriba con su letra estaba escrito el número de Nami, al igual que la dirección correcta de donde vivía.
En ese momento se tentó a levantarse, e ir a verla con la excusa de su chaqueta y su credencial, miro la hora en su reloj, y vio que no era demasiado tarde para darse un capricho, después de todo no tenía nada que perder, solo sería ir a tomar sus cosas y listo, claro que si pasaba algo mas mucho mejor para él.
Lanzo de nuevo el libro al piso y tomo su saco, si no se daba prisa tal vez no llegaría a tiempo ´para lo que el destino le pudiera dar.
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Salió con solo una diminuta bata que le cubría poco más de la mitad de los muslos, sin ni siquiera procurar atar las cintas para cubrir su ropa interior de encaje negro. Paseaba de la sala, a la cocina, en busca de las cosas necesarias para sentarse a ver un nuevo capítulo de "Drácula" y cuando tuvo todo listo, simplemente se lanzó al sofá en compañía de, comida chatarra, helado, y un par de gaseosas de mandarina.
Afuera llovía, varios rayos cruzaban el cielo con calma, resonando a lo lejos; su tazón de palomitas estaba casi vacío, pero eso no le importo, solo lo puso en la mesa y tomo un bote de helado de chocolate, y una cuchara, comenzó a saborear mientras babeaba por Jonathan Rhuys. Tenía puesta la chaqueta de Law, había decidido no entregársela por venganza de todo lo sucedido, ya que juraba que se rio de su ingenuidad después de dejarla en el edificio.
En la parte más aterradora juro oír que tocaban la puerta, pero le restó importancia cuando el guapísimo de Rhuys comenzó a besar apasionadamente a Jessica, pero volvió ocurrir lo mismo, unos ligeros golpes en la puerta la interrumpieron mientras fantaseaba despierta. Molesta sin importarle poco quien fuera se levantó y abrió la puerta de golpe.
-Qué demonios…- su grito fue cortado al ver a la persona que tocaba.
Con la intención de cerrarle la puerta en la cara retrocedió para dar el portazo pero fue detenido por la palma de Law.
-Es de mala educación cerrar la puerta en la cara del visitante- dijo con fingida molestia mirando cada centímetro de la piel apenas cubierta de la pelirroja.
-Pero es más falta de educación mirar a la gente de esa forma, y llegar de improvisto a un lugar donde es más obvio que no se le quiere- respondió atándose las cintas de la bata.
-Veo que el negro resalta su piel pálida; y si no se me quisiera usted no estaría usando mi chaqueta- entro bruscamente al apartamento dejando a Nami colorada.
Observo detenidamente el lugar, era más amplio de lo que pensó, todo estaba revestidos en tonos blanco, rojo, naranjo o amarillo, típico de una universitaria soltera, demasiado juvenil para su gusto. Se oyó cerrar la puerta, pero él no se giró a ver, simplemente sintió el golpe que Nami le dio al lanzar su chamarra asía el, lo paso de largo y retomo su lugar en su sillón rojo.
Estaba recostada, con las piernas cruzadas, intentando no desviar la vista del televisor, ignorando por completo la existencia de Law, que solo dejo escapar una risita risueña al ver el poco pudor que la chica tenia. Camino asía a ella y se sentó en la mesita de café mirándola atento, si solo tuviera una cámara para tomarle una foto en ese estado, o una libreta para dibujarla, realmente se veía mejor que nunca.
-Si no te importa trato de ver la tele, ya tienes tu estúpida chaqueta ya puedes irte- dijo molesta estirando el cuello tratando de ver la escena.
-No aun me falta algo. Dónde está mi credencial?- cuestiono relajado ante la tentadora escena.
-Qué se yo? No tengo idea de lo que hablas- mintió esbozando un lidera sonrisa burlona.
-Tal vez no esté aquí, tal vez está en tu habitación- Law se levantó y comenzó a caminar en dirección a los cuartos.
Por un momento Nami se relajó no pensó que el fuera tan maleducado como para revisar los cajones de una dama, o eso pensó hasta que se oyó que la puerta se abrió y se cerró con fuerza. En ese momento la pelirroja salió disparada al su cuarto era obvio que ahí la tenía; para ser franca la tenía en el cajón de su ropa interior, y no por lo que él podría pensar, solo la metió ahí porque nadie hurga en un cajón de ropa íntima de una chica, simplemente no la quería perder.
Entro abruptamente al cuarto dándose de bruces con el pecho de Law que rápidamente la sujeto de la cintura.
-Sal de aquí ahora- exigió sobándose la nariz
-Si me das mi credencial, saldré de aquí sin ni siquiera abrir un cajón- respondió.
-Ok te la daré. Pero sal de aquí ahora-musito molesta zafándose del agarre del hombre señalando la puerta.
Trafalgar obedeció y salió despacio, no le gustaba que le dieran órdenes, pero esta vez las usaría para molestar a la chica; sin duda le causaba demasiada fascinación el comportamiento tal simple que tenía con él, sabiendo de buena mano que ella tenía un carácter realmente explosivo.
Nami espero a que la puerta se cerrara para buscar la famosa credencial, en verdad no se la quería dar, la quería como un recuerdo, y no de como la drogo, sino del casi beso que le dio. Rebusco entre el cajón hasta que la encontró debajo de toda su colección de ropa.
Salió despacio notando que la esperaba al final del pasillo observando una de sus fotos familiares, simplemente le extendió la mano con la tarjeta tratando de mantener una cierta distancia, aunque el pareciera querer cerrara esa distancia en cualquier momento.
-Tienes tu tarjeta y tu chaqueta, ya puedes irte- dijo Nami pasando a su lado sin ni siquiera mirarlo, camino hasta la puerta y la abrió.
-Sí, pero no me apetece irme- susurro acercándose lentamente a ella.
Nami solo soltó un suspiro y señalo la salida, aunque sonaba tentadora la propuesta, no podía aceptarla "Promesas son promesas" se repetía innumerables veces deseosa de aceptar quedarse un rato con él. Sintió la mano fría de Law quitarle el pomo de la puerta y cerrarla de golpe. Aquellos ojos grises tan fríos y siniestros tenían un brillo hipnotizaste.
-Abra la boca- musito Law tomándole del mentón con su mano derecha.
La chica se quedó pasmada ante la petición no sabía qué hacer, la mano libre de Trafalgar se enredó en su cintura atrayéndola asía él; sus piernas estaban a punto de flaquear, sentía el aliento fresco pero a la vez cálido de Law en su rostro.
-Su voz suena mormada, solo quiero checar- explico rompiendo el encanto.
-Ok-la pelirroja cedió ante la petición y fue abriendo su cavidad poco a poco.
Pero antes de que se diera cuenta Trafalgar la besaba demandante, pidiendo que se le devolviera el beso con la misma pación que lo daba; sintió la lengua del hombre rozar con la suya en más de una ocasión, no estaba lista para dar un simple beso de piquito, y el la besaba con tanta enjundia que se dejó llevar por él. Lo rodeo del cuello con sus manos para cerrar el poco espacio que les separaba, el bajo su mano a la cadera de la chica atrayéndola más asía él.
El calor se apodero de ellos y de un momento a otro Law apretó sus muslos y la alzo, causando que Nami lo rodeara con las piernas; camino con ella cargada hasta su habitación, y la recostó con cuidado en la cama, sin dejar de comerse esos labios sabor a chocolate con mandarina. Se desprendió de su saco y fue aflojando su corbata, dejando vagar su mano libre sobre el abdomen de la chica que respiraba con dificultad; dejo sus labios para besar su cuello y algo de su escote, fue ahí que noto que Nami temblaba.
La miro extrañado, por lo general todas las mujeres con las que había pasado la noche no se veían como ella, las demás se dedicaban a desvestirlo y manosearlo mientras el hacia lo suyo. Pero Nami simplemente estaba ahí, temblando, cubriéndose la cara con las manos tratando de ocultar su sonrojo o tal vez algo más.
Le descubrió rostro, notando por primera vez que apretaba los ojos para no abrirlos, y que debajo de los surcos estaba húmedo, soltó un bufido ahogado, jamás pensó que siendo como era, esa chica no tuviera experiencia en el campo, era casi una burla. Se desplomo a su lado mirándola de soslayo, le caso gracia verla abrir los ojos lentamente como un gatito indefenso que estaba a punto de ser devorado por un tigre.
Claro que eso hubiera pasado si este no se hubiera dado cuenta, habría terminado devorada de un solo mordisco, tan tentador sonaba morderla en lugares inimaginables que se le hacía agua la boca, pero eso no podría ser por el momento; quien gozaría de la suerte de encontrarse con tan bello manantial aun puro lejos de la mano del hombre a esa edad, nadie más que él, tendría que cuidarla y ganarse el privilegio de ser el único que pudiese saborear el agua dulce y fresca que esta le ofrecía. En si no le costaría mucho trabajo, el ante todo en una época fue criado para ser un caballero que se notara por su paciencia, aunque eso jamás se daba con las demás mujeres que pasaron por su cama, chicas femeninas de sociedad y familias recatadas que en el momento de estar con él se le olvidaban los modales. Patéticas. Pero Nami no era nada de eso, su peculiar forma de ser era demasiado extravagante, atrevida, quisquillosa y mandona; nada que ver con esas damas de las cuales no recordaba ni el nombre.
La atrojo así el en un abrazo y se dispuso a dormir con ella, Nami no se resistió en vez se acurruco en su pecho antes de que con un movimiento casi mágico los dos terminara debajo de las sabanas.
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Despertó sola en su habitación, deseando que él estuviera en el baño o en la sala, pero no. Así como llego en la noche y le movió el mundo, se fue en la mañana llevándose esa extraña sensación, dejando solo en la mesita de noche su número de teléfono y dirección sobre su saco gris; sonrió ampliamente apretujando la penda en su rostro se sentía tan feliz, pero al mismo tiempo bacía.
¿Por qué se había ido?
Esa duda vago todo el día aun después de recoger a chopper y llévalo al cine, aun después de cenar en el Mermaidia, aun después de irse a acostar.
El día siguiente fue lo mismo tentada a cada segundo a llamarle para saber el porqué de todo, pero ella misma se lo impedía, tenía miedo de saber que ella solo sería un juego más en la vida de él.
Esos dos días se fueron en recordar el sabor se sus labios, el rose de su piel, su mirada y sonido de su corazón latiendo al mil al solo sentir aquellos labios unirse a los suyos. Para ambos fue algo que no saldría fácilmente de sus cabezas.
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No tengo mucho que decir, solo que, bueno esto fue lo mejor que se me ocurrió en todo este tiempo. Estuve dando muchas vueltas al asunto y quedo esto. Tal vez no sea lo mejor que haya echo así que no se enojen es solo el capítulo 5.
Pido disculpas por la tardanza nuevamente, soy pésima escritora sobre todo cuando se me mete una idea loca en mi cabeza descompuesta.
También agradezco los pocos review que recibo son como mi motivación para seguir adelante.
GRACIAS POR LEER!
