El One Piece pertenece a Eiichiro Oda, yo escribo esta historia por el simple hecho de que me divierto jugando con los personajes.

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Despertó de golpe en una cama que no le pertenecía, sentía dolor en la mayor parte de su cuerpo, y una jaqueca tipo, infierno en la tierra, que le hacía punzar el cerebro. Sus amigos se encontraban observándola, como si algo malo hubiera pasado. Y si algo malo había pasado.

-¿Que te paso?- la voz potente de Zoro resonó en la habitación como si hablara por un megáfono.

-Nada- dijo Nami volviéndose a echar en la cama –necesito dormir- no estaba de humor para soportar interrogatorios.

-¿Nami?- la vocecilla de Luffy solo fue un susurro en la habitación -¿recuerdas algo?-.

Todo volvió a su cabeza, fue como remembrar todo lo sucedido en menos de un segundo. La mujer con la máscara, el paseo que dio a las afueras de la ciudad, la charla intranquila que mantuvieron por casi tres horas, la amenaza y la caída por el barranco. Su cuerpo tembló, no de miedo, ni coraje. Fue la prepotencia de ser amenazada por algo de lo que ella no entendía. De sus ojos chocolate se comenzaron a escapar varias lágrimas y no pudo evitar callar sus quejidos cuando se soltó en llanto.

-Necesita descansar- Law se encontraba recargado en el marco de la pared mientras anotaba un par de cosas en una libreta –se pondrá mejor en un par de horas- abrió el lumbral para que todos salieran, necesitaba darle un calmante.

Sin excepción salieron de la alcoba dejando a una pelirroja envuelta en llanto, cubierta de los pies a la cabeza con las cobijas.

Se sentó en la cama esperando que la chica se tranquilizara un poco. Odiaba a las personas que lloraban, aquellas personas que se soltaban al llanto, no eran más que débiles de carácter que no pueden dirigir su propio camino ¿entonces porque sentía esa simpatía por ella? No quiso responderse esa pregunta, no porque no supiera, sino porque la respuesta no le agradaría del todo.

Ni el mismo se pudo contener la preocupación cuando le llamaron a eso de las nueve para pedirle que fuera a verla; le habían dicho por teléfono que cuando llegaron a su apartamento para felicitarla no se encontraba y Chopper estaba inconsciente en la recamara de huéspedes. En ese momento ya habían alertado a media ciudad, y movilizado a todos los del cuerpo de la marina a cargo del abuelo de Luffy. En menos de 45 minutos ya la habían ubicado en medio de la nada tirada en un barranco con lesiones no tan grabes, y una nota que estaba bajo la custodia de los Mugiwara.

-Dime ¿Qué paso?- fue un murmuro casi inaudible, pero logro que ella dejara de temblar.

-No sé- respondió con su voz entre cortada –no recuerdo mucho, son solo imágenes en mi cabeza que preferiría no recordar-.

-Solo di lo que recuerdas-

Nami dio un suspiro tratando de recordar más de lo que ya había remembrado, pero por más que intentaba todo lo que se dijo era confuso. Se descubrió el rostro y se giró para mirar el techo, estirando su brazo como queriendo alcanzar algo; una vieja técnica que su difunta madre le había enseñado, para recordar lo que había olvidado.

-Era una mujer alta, de cuerpo delgado y curvilíneo, su rostro era cubierto por una ridícula mascara, como la que usan los chicos que pintan con lata- sus ojos se entrecerraron detallando con detalle a esa mujer – de cabello recogido y de un tono muy peculiar- suspiro mirando todo a su alrededor, y señalo una foto –de ese color-.

Law se levantó de la cama, para tomar el retrato señalado, era una vieja foto de Grap con una compañera de trabajo de cabellos guindas, ambos con insignias de alto rango de la marina. Mostro la foto a su paciente señalando a la mujer que por extraña razón se le hacía conocida.

-¿De este color?- cuestiono regresando a la cama con la foto en mano –es bonito, si no lo trajera casi rapa- una almohada se estampo contra su cara antes de termina de decir la palabra.

-¡Así le gustaba!- grito molesta.

Trafalgar volvió a ver la imagen, y después a la pelirroja molesta. En su mente se retrató aquel cuadro de la casa de Nami, donde estaba la mariné con una pequeña fierecilla de cabellos rojizos. Era la madre de la chica.

-¿Tu madre?- pregunto antes de volver a tomar asiento en la cama.

-Si mi madre- respondió arrebatando el cuadro de las manos del cirujano –fue una gran marina, pero dejo de trabajar después de que yo nací, estaba cargo de un escuadrón, y era una buena amiga del viejo Monkey- sus finos dedos trazaban la sonrisa de la mujer de la foto como si le costara trabajo recordar cómo era.

-¿Era?- musito arqueando una ceja.

-Falleció cuando yo tenía diez en un accidente- respondió bajando la foto –no es un tema muy de mi agrado-.

-Bueno, dejemos esto de lado- tomo su libreta de la mesa de noche –sufriste barios rasguños, y una cortada superficial en tu espalda baja, sobrevivirás- bromeo con su típico tono monótono –aun así tomate esto- cogió un frasco de la mesita para ofrecer dos pastillas –dormirás por un rato, pero te ayudara a que no te duela nada-

Sin chistar se las tomo, para después volverse a recostar en la cama, y no tardó mucho en caer en un sueño profundo. Trafalgar le revolvió el pelo en señal de aprobación y la dejo dormir.

-¡¿Que te dijo?!- fue la pregunta formulada por todos en el momento que se abrió la puerta del cuarto.

Ignorando a la bola de peleles que se encontraban estorbando la salida, camino lento abriéndose paso entre los cuerpos cubiertos de mucosidad y llanto que esperaban impacientes el veredicto del doctor. Los guio como un rebaño hasta la sala, para evitar el bullicio fuera de la alcoba, y la que la paciente no fuera molestada.

-¿Y?- Zoro gruño ante la calma del médico -¿dijo algo?-.

-¿Cómo está?- musito Kaya en coro con Hancock.

El cirujano soltó un largo suspiro, esperaba que por lo menos uno pudiese entender, y aunque lo dudaba, no tenía más remedio que contarles todo.

-No recuerda mucho- dijo sin rodeos –aun así me describió a una mujer de peli-guinda quien fue la que se la llevo- ojeo un poco la carpeta medica que no soltaba desde hace un buen rato –lo que usaron para dormirlos en una flor que solo se encuentra en North Blue, para crearse él somnífero se usan los pistilos. Así que en teoría es alguien que recientemente ha estado en esos lares, ya que aquí no cresen y es ilegal- fue una explicación simple que entendió la mayoría.

-¿No dijo nada sobre esto?- cuestiono Luffy sacando una carta arrugada.

-No, apenas me pudo describir a la mujer, no recuerda más que eso- se masajeo el puente de la nariz, antes de dejar caer la cabeza en el respaldo del sillón.

-Apropósito que dice- la vocecilla de la rubia llamo la atención de todos.

Desde que Luffy se había robado la nota de la estación, nunca se le ocurrió abrirla, o leer lo que decía, y eso era estúpido ya que Luffy siempre ha sido curioso por su naturaleza. Sin esperar mucho rompió el sello y la desdoblo. Estaban impacientes por saber el contenido.

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Estaba teniendo una horrible pesadilla, su pasado le mostraba un cuadro poco favorable ya vivido y poco agradable. Podía ver con claridad aquellos hombres apuntando a su madre con una pistola, mientras ellas se escondían en el closet, a su padre tirado boca abajo en un charco de sangre; los sonidos y los olores de aquel día inundaban su mente. Escucho el disparo que acabó con la vida de su madre y de ahí las imágenes de su insoportable infancia se regaron por todos lados. Tenía miedo. Miedo a que todo aquello que ya había terminado reiniciara de nuevo.

Sus hermosos ojos se abrieron dejando correr las lágrimas que retenía, sintió un par de manos cálidas que limpiaron su llanto, y un beso en la frente que la hicieron sonreír. Hay frente a ella estaba una mujer tan sonriente como siempre, su típica blusa de tirantes dejaban al descubierto sus extraños tatuajes que lucía con orgullo.

-Despertaste- la peli-azul susurro abrasando a su lesionada hermana.

Nami no respondió, siguió abrasada de Nojiko llorando como cuando era una niña, tenía ya un buen rato sin verla, y era doloroso que dejara todo solo para venir a ver a su irresponsable hermana. La pelirroja apretó el abrazo como si tuviera miedo de que eso solo fuera un sueño, y despertaría en aquella mansión.

-Chopper ¿puedes llamar al doctor?- dijo Nojiko con una sonrisa.

El niño salió del cuarto en busca de Trafalgar Law, camino por los pasillos de la casa de Luffy que era realmente grande. Lo busco en las habitaciones del segundo piso sin éxito, en la planta baja nadie sabía dónde se había metido. El patio trasero estaba desierto y en la entrada solo estaba su auto. Subió al tercer piso donde se encontraba la oficina del abuelo Grap, pero no lo encontró.

-Law ¿Dónde estás?- murmuro entrando a la biblioteca.

En uno de los sillones del lugar el hombre a quien buscaba se encontraba sumido en un par de libros y una hoja un tanto maltratada. Parecía no prestar atención a nada que no fuera lo que tenía en frente. Chopper camino lentamente y se acercó a él, pero ni siquiera notaba su presencia.

-Law- susurro jalando la manga izquierda de la sudadera del mayor.

El moreno se desconcentro de su lectura y puso atención al niño que acababa de entrar; el castaño traía una cara seria y seguí con su pijama de vaca, en sus manos cargaba una muñeca de trapo que le llamo la atención.

-¿Que sucede?- dijo cerrando el libro que estaba leyendo.

-Nami despertó, Noji quiere que vallas- explico cepillando a la muñequita.

Law se levantó para encaminarse con un niño en disfraz de vaca al segundo piso; el moreno no decía nada mientras el pequeño cantaba una canción infantil y hacia bailar a la muñeca. En un punto se le hizo realmente extraño que un varón estuviera jugando con un juguete para niñas, la explicación más razonable fue es que tal vez necesitara una presencia masculina.

Cuando llego a la habitación vio a las dos hermanas platicando de trivialidades de lo que asumió era su infancia. Se quedó recargado en la puerta mientras Anthony corría divertido hacia las dos mujeres que le recibían contentas.

-Qué bonita muñeca Chopper- dijo Nami al recibir el juguete que le ofreció el niño.

-Eres tu- sonrió –Noji me enseño hacerlas y te hice una para tu cumpleaños- agrego –el pelo es estambre, los ojos de botón y usamos algodón para rellenarla-.

-¿Cómo te sientes?- dijo Law haciéndose notar ante el carisma del futuro doctor.

-Bien, no me duele nada- respondió contenta.

-Law- dijo Chopper extendiendo un muñeco para el –este eres tu- sacudió el juguete antes de que el mayor lo tomara.

El doctor arqueo una ceja al ver al supuesto Law de trapo, de estambre negro era su pelo y de tela su cuerpo, dos botones grises eran sus ojos y tenía una expresión seria, por no decir que era como una carita triste y de cejas en diagonal como si estuviera molesto. Las dos chicas se aguantaron la risa mientras que el niño brincaba de un lado a otro, contento porque su ídolo había tomado su regalo.

-Son idénticos- se burló la pelirroja soltando una risita.

-Si te encuentras mejor, deberías de bajar para que comas algo, Kuro Ashi se la pasó todo el día metido en la cocina con el pretexto de que tendrías hambre- anuncio antes de dar media vuelta y salir de la alcoba para regresar a la biblioteca.

-Es tan antipático- declaro Nojiko con cara de asco después de que las dejo solas.

-Lo sé- apoyo su hermana saliendo de la cama –necesito un baño- dijo al notar el estado en el que estaba.

Su ropa estaba arañada y manchada de fango, su pelo apestaba a tierra, su piel se veía limpia por que la habían limpiado para desinfectar las heridas, aun así había zonas con costras de lodo. Nojiko señalo una silla donde se encontraba su ropa, Nami agradeció y sin más se encerró en el baño.

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Entro a la cocina esperando ver a todos, pero lo extraño fue que no había ni un alma dentro; no había comida de Sanji, ni las botellas vacías de Zoro, los inventos de Usopp y Franky no estaban regados por la mesa, tampoco se miraban la pila de platos sucios que siempre dejaba Luffy, el aire no traía consigo ese olor a té negro, y en el piso no estaban los crayones de Chopper. Recorrió la habitación asomándose detrás de las cortinas y debajo de la mesa. No encontró señal de sus amigos ni de su hermana. Un grito proveniente del patio de atrás, la hizo saltar de susto.

Salió con paso sereno y silencioso para ver qué era lo que hacían en el patio de atrás, se escabullo entre las sombras de la casa, como un gato, para que nadie notase que observaba desde la puerta la conmovedora escena. Todos sus amigos se encontraban trabajando juntos en el patio, no faltaba nadie. Podía ver a Lola, Kid, Killer y Marguerite, también las hermanas Boa estaban presentes, junto con varias meseras de Mermaid Café.

Había linternas colgadas, y globos de colores por todos lados, las mesas con manteles blancos, estaban repletas de comida deliciosa, u obsequios envueltos en papel colorido; sus amigos adornaban todo con serpentinas, y letreros de "feliz cumpleaños". Era divertido ver a todos atareados mientras Sanji le gritaba Luffy por haberse comido las chuletas.

-Es de mala educación espiar a la gente- Law susurro en el oído de Nami haciéndola saltar de susto.

-Shhhhhhhhhhh- chito la pelirroja tapando la boca del moreno –no estoy espiando, solo observo- aclaro en voz baja –además es de más mala educación sorprender a alguien-.

Trafalgar retiro con cuidado la pálida mano de la joven de su boca, acto seguido puso una simple bolsita en ella y salió al patio para reunirse con los demás. Nami se quedó perpleja por el comportamiento del cirujano, pero lo que más le sorprendió fue el contenido de dicha bolsa. Le había regalado un collar para mascotas. Estaba a punto de estallar, si no fuera porque aun sus amigos no sabían que estaba ahí; se giró y con paso gallardo salió al encuentro con todos los que la esperaban.

-¡FELIZ CUMPLEAÑOS NAMI!- el grupo grito disparando confeti sobre ella.

Sin esperar más se abalanzaron a abrazar a la festejada, pero al ir todos juntos, en menos de lo que se esperaba terminaron en el piso riendo. Con ayuda de los chicos Nami se incorporó para dirigirse a la mesa donde se encontraba el pastel.

-Bien, pide un deseo hermanita- le susurro Nojiko a sus espaldas.

Cerró los ojos y se concentró en apagar todas las velas al mismo tiempo para que se cumpliera su deseo. Los chicos aplaudieron y como siempre Luffy hizo la misma pregunta de todos los años.

-¿Qué pediste?-

-Que se te cociera la boca para que dejaras de comerte lo que no es tuyo- respondió en broma la cumpleañera sacándole la lengua.

-Eres mala Nami- Luffy hizo un mohín inflando sus mejillas.

Las carcajadas estallaron, dando inicio a una noche llena de ellas; la comida fue servida no sin antes dejarle bien en claro a Luffy que si robaba comida se quedaría sin pastel, aunque eso no le detuvo de estirar su brazo para tomar una que otra pieza de carne de su más próximo.

Después de comer y hacer llorar un rato a Luffy por no comportarse, se sirvió el pastel de naranja que Sanji preparo con tanto cariño "para una de sus mejores amigas". Claro no podía decir que para su querida Nami, ya que Bonney estaba presente, y aunque ella conociera sus múltiples halagos para con la pelirroja era mejor no arriesgarse.

La hora de abrir los regalos llego junto con pequeños cup-cake cortesía de la dueña del mermaid, Madam Shyarly, felicitándola la pelirroja por sus dos décadas de vida. Fueron bastantes regalos considerando que no eran tantos invitados, pero aun así recibió más de lo que esperaba.

Viví le había dado tres perfumes, una carpeta de maquillaje y un hermoso vestido largo azul, Hancock le dio dos pares de pantalones de cuero, tres blusas de tirantes y unas botas hasta la rodilla, negras de tacón; Lola le obsequio un brazalete de oro, junto con su gargantilla a juego y un par de pendientes, el regalo de Marigold y Sandersonia fue un kit de maquillaje completo junto con una chaqueta de motociclista que decía "Gatita", Keimi y las chicas del Mermaid le entregaron una dotación de tés naturales en unos bonitos recipientes coloridos, además de tres paquetes de sus postres preferidos, los cuales Luffy se estaba acabando, Kaya le dio unas novelas literarias un tanto antiguas y difíciles de conseguir, el regalo que le dio Bonney fue una bonita pijama de gatito color blanca con pantuflas a juego.

Los regalos de los chicos fueron más simples pero igual de conmovedores e inesperados para ella, Zoro le compro unos pases para uno de los spa más lujosos de la ciudad, Sanji le dio uno de los libros de meteorología que tenía tiempo buscando, Franky le regalo un nuevo teléfono, Brook le compro un juego de te ingles color crema. El peluche, las rosas y la caja de chocolates fueron cortesía de Eusstass, mientras que la colección de muñequitas de trapo aun sin terminar era de Chopper; Luffy le entrego una caja de colores junto con una libreta de dibujo, acuarelas y pinceles.

La celebración llego a su fin con una última porra para la festejada; las chicas del café se despidieron con el pretexto que tenían que ir a trabajar al día siguiente y ya era demasiado tarde, Lola se excusó por el hecho de que tenía que ir a cuidar a los ancianos del asilo temprano, y las dos hermanas de Hancock tenían mejores planes que quedarse ahí.

-Bien creo que eso es todo- grito Monkey levantándose de su asiento para entrar a casa.

-Claro que no- interrumpió Sanji encendiendo un cigarrillo nuevo –la querida Nojiko y el doctor de mierda no han dado sus regalos-

-Eso es verdad- dijo la peli-azul –lo he estado guardando desde que lo vi hace ya más de seis meses- de su bolsillo izquierdo de sus jeans saco un bolsita de terciopelo –a mama le hubiera gustado dártelo- saco el pequeño camafeo de la bolsa y se acercó a su hermana para ponérselo –papa lo había tenido guardado todo este tiempo y hasta hace poco lo encontré- explico al terminar su labor y darle un beso en la mejilla a su hermana menor.

El camafeo tenía la imagen de una mujer labrada en marfil, la cintilla era de seda negra, y se podía abrir para observar la imagen de dos niñas y su madre. Nami la apretó contra su pecho, era la gargantilla que su abuela le había heredado a su madre cuando aún era una niña.

-Gracias- murmuro antes de que el llanto se le escapara.

-Bien ahora si es to- Luffy estaba a punto de volver a levantarse cuando el chef lo volvió a interrumpir.

-Un hermoso regalo Nojiko- alago Sanji exhalando el humo de sus pulmones –ahora- dijo con tono serio –tu turno doctor- señalo al mencionado con su cigarrillo sin importarle que este se molestara.

-Me gustaría darle mi obsequio a solas- explico Law cruzándose de brazos –no es algo que ustedes tengan que presenciar- continuo tomando una posición en su asiento un poco más cómoda –así que si no les molesta, preferiría entregárselo mañana-.

Tanto el chef, como el mecánico, pusieron una cara totalmente atemorizante, ambos querían asesinar a Trafalgar por su gran cinismo, además de que el en realidad no había sido llamado para tal evento. Si no hubiera sido porque Luffy había comentado algo de la comida de ese día, el no estuviera presente, y su habrían podido deshacer de el después de que reviso a Nami.

-¿Mañana?- rezongo el rubio –mañana no es su cumpleaños tacaño de mierda, es mejor que digas que no tienes nada que darle y quedar como un maldito colado-.

-Ya me ha dado un obsequio- aclaro la pelirroja con voz baja, no es que tratara de defenderlo, pero odiaba cuando Sanji se ponía a discutir por algo irrelevante como con Zoro.

-Bueno si ya te lo ha dado vallamos a dentro ya es más de media noche- sugirió Nojiko tomando de los hombros a un molesto rubio que fumaba desesperado.

-Bien esto fue todo- Luffy se levantó de su silla ahora si para entrar a su casa –las chicas pueden tomar la sala- explico sacando un pastelillo de su sombrero –nosotros los chicos tomaremos la biblioteca-.

Los invitados no protestaron y siguieron las indicaciones del dueño de la casa; las chicas solo subieron por unas cuantas mantas y almohadas para estar más cómodas, era ya de tradición hacer pijamada o "noche de hombres", al final de un festejo. Los chicos se encerraron en el tercer piso con más bocadillos de los que deberían ya que por nada del mundo se les permitía bajar a la cocina.

-¿Qué te dio Trafalgar?- pregunto Kaya recostada en las piernas de Bonney.

-Nada de mi agrado- contesto sacando la bolsita y arrojándosela a su amiga.

-¿Esto?- dijo con cierto desconcierto al sacar el collar –es para un gato- agrego viendo la inscripción de la placa.

-Sí, ni me lo digas, por mí no se hubiera molestado ni en pensar en hacer la broma- espeto rascándose la cabeza con desesperación -¡aaaaaaaaaaaaaaaa!- exclamo dejándose caer de espaldas –no comprendo a los hombres-.

-No hermanita- intervino la peli-azul acostándose en el estómago de su hermana –no lo quieres entender a el- explico sonriente –no se las demás pero yo creo que le gustas- agrego y la sala se silenció por completo.

-Estoy contigo- dijo Bonney, rompiendo el silencio –no dejo de mirarte en toda la velada-.

-Pero es antipático y serio- la pelirroja acariciaba la cabellera azulada de su hermana como si de un calmante se tratara.

-Y tu simpática y para nada sería- Kaya se incorporaba para gatear hasta el estómago de su rojiza amiga y usarlo de almohada –piénsalo los opuestos se atraen-.

-Kaya tiene razón, aunque Kid tampoco es mal partido, se lució con el gigantesco oso- Viví aunque parecía ajena a la plática ya que pintaba las uñas de Boa, prestaba toda la atención –no deberías desperdiciar la oportunidad con el-

-Es un buen amigo, está reparando mi auto, pero no es lo que busco, pare ser un chico demasiado confiado en obtener lo que se propone, como si fuese un reto- sus dedos se paseaban entre las melenas de las chicas que la usaban de cojín –no necesito que me traten como un trofeo-.

-Eso está más que claro, tú no eres un premio- Hancock hablo segura, todo que tuviera que ver con el tema del amor, era su índole preferida -dime querida- dijo tomando la libretita de deberes, de una de las mesas de la sala y una revista -¿Cómo te sientes con Kid?

De ahí en adelante el tiempo se fue en test de revistas y observaciones algo ilógicas por parte de sus amigas. Su peor pesadilla ella misma la había desatado.

Claro que por el otro lado, los chicos ajenos a tal situación vergonzosa y divertida, hablaban de temas tan estúpidamente irrelevantes que solo los hombres podían entender. El único que parecía ajeno a tales pláticas era como siempre Trafalgar que se había sumido en los mismos libros que estaba leyendo antes de que su paciente favorita despertara; era fastidioso oír hablar de temas que aunque era de su agrado, las voces eran de su total desprecio, más una en espacial. Sin importarle mucho se sumió tanto en la lectura que no se dio cuenta ni en qué momento sus dolores de cabeza particular se habían quedado dormidos.

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Su mente aún estaba en la plática de ya hace unas horas, sus amigas y su hermana se habían dado la tarea en investigar con quien estaría mejor, saliendo un completo empate, además de que con tantas preguntas le dolía horrores la cabeza. Pudo escapar cuando de una por una fueron cayendo dormidas, en ese momento no quedo más que levantarse con cuidado de la alfombra y hacerse camino a la cocina por una taza de deliciosa leche tibia. Ya con su bebida salió al patio trasero para despejar un poco su mente enmarañada.

-No puedes dormir-más que una pregunta fue más una aclaración.

-Torao- dijo Nami sorprendida al oírle –no, bueno, yo- era como invocar al mismo demonio con sus pensamientos –solo meditaba-.

-Ya veo- se sentó frente a ella –esto venía con una nota que se fue encontrada contigo esta mañana- extendió una vieja fotografía de la pelirroja -¿Quiénes son?- pregunto cuando el rostro de la chica palacio por completo.

Nami tomo la fotografía con pulso tembloroso, estaba segura que todo lo que tenía que ver con "El" estaba más que enterrado tres metros bajo tierra. La fotografía tenía marcas de los múltiples dobleces que le habían hecho, una de las esquinas estaba chamuscada y era más opaca de lo que recordaba.

-Es más que obvio que soy yo- respondió amargamente –y la familia con la que viví casi diez años después de que mama murió- doblo de nuevo la imagen y se la regreso.

-¿Por qué?-

-No es de mi agrado contar este tipo de cosas- dijo tomando un sorbo de leche –es una trágica historia, por no decir larga-.

-Bueno, la tragedia es uno de mis temas literarios favoritos- musito acomodándose en su silla para después ver su reloj –y apenas son las 3:25 de la madrugada, tenemos tiempo- hizo un ademan con la mano para que comenzara su relato.

-Bueno, que te puedo decir-

Sonrió amargamente mirando su baso vacío, aquel pasado frio y cruel, que trataba de ocultar con su sonrisa y perspicacia, ahora se abría paso para salir a flote frente a la persona que menos espero. Tomo más de un respiro para evitar que su voz se entrecortara, si lo que había sucedido en la mañana estaba ligado con esto, tendría que contarlo todo tarde o temprano.

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Sé que había dicho que el lunes lo subiría, pero realmente se me cuatrapiaron las cosas y no había podido terminarlo.
Tareas, trabajos atrasados y sobretodo proyectos, que se vinieron acumulando por ser una hija de la decidía.
Pido disculpas y prometo, no prometer nada ya que aunque uno quiera cumplir, por una u otra razón no se puede.

Les agradezco sus Reviews y su incondicional apoyo.

Les debo un Pov, así que si mi querida cabeza que ya no da para más se prende, se los doy en el siguiente capítulo.

REPITO:
si mi única neurona aún vive, se emociona se los daré en el siguiente, sino pues ya falleció la única neurona multifuncional que me quedaba, y seguiré como asta ahora.

MUCHISIMAS GRACIAS POR LEER Y SOPORTAR A ESTA INCUMPLIDA ESCRITORA HIJA DE LA DECIDIA ANDANTE!