Aobajousai.

— Oikawa, de todas las cosas que has hecho, esta es la mas estúpida.

— ¡Pero! ¡Yo soy el rey! ¡Así que es mi decisión! — El castaño al decir esto se veía orgulloso de cierta forma.

Mientras tanto, el moreno no pasaba de la sorpresa, pero cuando lo hizo, tan solo se molestó más que antes.

— Pero, de todos los que hay, ¿Lo tenía que elegir a él?

— ¿Hm? Yo no le veo nada de malo.

— En primer lugar es un desconocido.

— Esas doncellas también lo eran.

— En segundo no es un noble. — Continuó el sirviente ignorando el comentario del rey.

— ¿Y eso qué? No tiene que ser forzosamente noble. — Decía cruzándose de brazos.

— ¡En tercero, es un rufián!

El rey no dijo nada manteniendo su posición.

— Y cuarto ¡Es un hombre!

— ¿En serio? No me digas. — Tooru a pesar del sarcasmo no estaba divertido, empezaba a molestarse.

— ¿Cómo pretendes que te de herederos?

— Ya pensaré en eso. — Decía despreocupado. — Ahora, si me disculpas. — Y con una obviamente fingida sonrisa, le serró la puerta en la cara al sirviente.

Cuando el rey se dio la vuelta, se topó con el moreno ahora sentado sobre la cama, mientras disimuladamente trataba de liberar sus muñecas. El castaño no pudo evitar reír un poco. Esto tan solo altero mas a Hajime.

— Iwa-chan tranquilo. — Dijo entre risillas. — Es prácticamente imposible que te sueltes por tu cuenta, además, hoy estaré ocupado, así que no tienes de que preocupare... Aún. — Decía mientras se empezaba a vestir.

Aún sin haberse vestido por completo, -solo llevando pantalones y la camisa que usaría bajo de una con mucha más clase- el rey se acercó al "rufián" y comenzó a desatarle las muñecas con tranquilidad, pues por el momento no era necesario que estuvieran atadas. Pero en cuanto el moreno dejó de sentir aquel apretón llevó rápidamente sus manos al cuello de la camisa del rey, quien al inicio parecía sorprendido por la repentina acción, pero no tardo en que su expresión regresará a la de seguridad.

— Dime, Iwa-chan, ¿Qué piensas hacer? Tal vez podrías matarme, pero luego tu morirías. Podrías encerrarme aquí e intentar huir, pero ambos sabemos que eso fracasaría terriblemente. — Esto lo dijo sonriendo y con los ojos entrecerrados, mostrando superioridad.

Aunque el moreno odiara admitirlo, Tooru tenía razón, había actuado sin pensar y por puro impulso, no tenía escapatoria.

En cuanto el más alto notó que había logrado distraer a Hajime tan solo un poco con lo que dijo, aprovecho para deshacerse del agarre y sin previo aviso se abalanzó sobre el moreno cayendo ambos sobre la cama -con Tooru encima- el más alto no dudo ni un segundo y besó al contrario, pero claro que no fue un beso muy "tranquilo". Lo que provocó que el más bajo tratara de apartar al rey, pero no pudo, hasta que este mismo se quito con satisfacción en su mirada. El "rufián" tan solo le veía asombrado y molesto a la vez, mientras que con su antebrazo se cubría la boca y limpiaba la saliva que había quedado alrededor de sus labios.

— Eso fue una pequeña demostración de esta noche, pero claro que en resumen. — El rey rió levemente y terminó de arreglarse, para después salir de la habitación. Donde le esperaba un Takahiro molesto.

Momentos después de que el rey saliera el moreno golpeó la cabecera de la cama con frustración y obviamente enojo. No dejaría que el rey hiciera lo que el quisiera.

Karasuno.

— Ugh...

En una mansión en el reino de Karasuno, despertaba un duque -bastante rico- de mala gana, la chica -semi desnuda- al lado suyo seguía dormida, así que liberó su brazo que era abrazado por esta y se levantó. Se arregló y salió de su habitación en dirección al comedor, normalmente desayunaría en cama, pero con aquella chica ahí se le quitaban las ganas, no es como que le encantara que hubieran extrañas en su cama, pero la noche anterior hubo una fiesta y tal vez se le fue la mano con el alcohol, aparentemente ella logró seducirlo mientras estaba ebrio. Más tarde le diría que se marchara.

— Oh, buenos días, Tsukkishima. — Dijo su pecoso sirviente.

— Tsukki está bien, y lo sabes. — Después de decir esto bostezó cubriéndose la boca mientras se sentaba en el comedor.

El sirviente rió nervioso rascándose la mejilla. — Si, de acuerdo. ¿Quiere algo en especial?

— No realmente, cualquier cosa esta bien, oh, ¿Mas tarde me harías el favor de hacer que la prostituta se vaya? Gracias.

El pecoso asintió y se dirigió a la cocina con una amable sonrisa a preparar el desayuno del rubio. Y no mucho después volvió con este.

— Yamaguchi, quiero que me acompañes al reino. — Dijo el duque en cuanto su sirviente le entregó su desayuno.

El nombrado se sorprendió un poco pero no respondió nada, pues parecía que Kei seguiría hablando.

— Como sabrás, pronto habrá un baile y festín, y la gente noble puede quedarse unas noches antes, así que quiero que me acompañes.

— Pero, Tsukki, ¿No preferiría llevar a alguna doncella? Hay muchas que sueñan con estar con ust-—

— Dos cosas, Yamaguchi; Uno: Si te dejo llamarme Tsukki, ya deberías de saber que no me tienes que hablar "de usted". Dos: te he dicho muchas veces que te prefiero antes que a una mujer, así que deja de hacerte el difícil y prepara tus cosas, mañana iremos al reino.

Tadashi se sonrojó notoriamente -como de costumbre- y por dentro se sentía muy feliz. Asintió y fue a su habitación, pero en el camino recordó lo que el rubio le había pedido antes, así que retomó el paso y fue a la habitación mas grande, donde la chica que había mencionado el duque se encontraba despertando.

Shiratorizawa.

— ¡Se lo suplico! ¡Sin esas tierras no podré alimentar a mi familia! ¡Por favor, mi rey!

El reino de Shiratorizawa tenía mala fama. Podrías entrar, pero si no eras importante, sería difícil salir, era un reino de temer y el rey no se quedaba atrás. Él era el tipo de rey que le daba pena de muerte a quien no hiciera lo que el ordenara, aunque fuera algo mínimo. Mientras que él llamaba su forma de gobernar implacable, los demás le llamaban injusta.

El rey no contestó nada, veía al pobre aldeano con desprecio y frialdad. Hizo una señal con la mano, indicándole a sus guardias que se lo llevaran y al instante así fue. Se escuchaban los gritos del hombre pidiendo por piedad mientras pataleaba intentando librarse de los guardias, pero fue en vano, hasta que desapareció de la vista del rey.

— Mi rey, debemos de partir esta noche a Karasuno.

Wakatoushi suspiró. — De acuerdo. — Se limitó a decir mientras se levantaba de su trono.

El a diferencia de los otros reyes no estaba ni un poco desesperado por encontrar pareja. Pero nadie podía quejarse por el temor que le tenían.

Fukurodani.

La mañana en Fukurodani como de costumbre era tranquila según el rey, le gustaba que al despertar lo primero en ver fuera el bello y calmado rostro de Keiji.

— Akaashi~ — Decía el rey jugueteando con la oscura cabellera del sirviente.

— Buenos días, Bokuto-san.

Al despertar el sirviente aun no estaba en sus cinco sentidos, así que a veces no se daba cuenta de que se les hacía tarde para alguna tarea. Keiji se levantó tranquilamente, haciendo que las sabanas que lo cubrían cayeran lentamente mostrando su pecho desnudo. Koutaro le había mantenido los ojos en sima sin darse cuenta, lo que hizo que azabache se incomodara un poco mientras que sus mejillas se tornaban rojizas.

— Bokuto-san, por favor...

Aún sin haber acabado de hablar el rey entendió a la perfección lo que quería decir, haciendo que este igualmente se avergonzara y cambiara la dirección en la que miraba en un abrir y cerrar de ojos pidiendo disculpas.

El oji-gris se levantó de la cama y fue directamente al mueble donde se encontraban sus prendas, mientras que poco a poco el rey le veía nuevamente aunque ahora ya vestido. Entonces este imitó la acción vistiéndose igual, aunque el azabache tuvo que ayudarle para que realmente se viera presentable. Nunca lo había logrado convencer de peinarse distinto, pero ya no importaba, pues todo el Reino estaba acostumbrado a verlo así y hacía que le reconocieran no importara donde fuera.

— Como el reino dé Karasuno no está muy lejos, no hay mucha prisa en que partamos. — Decía Keiji caminando al lado del rey por el pasillo.

— De acuerdo, ¿Cuándo crees que llegue Kuroo? Será aburrido estar ahí sin el.

— No puedo saber cuándo es que él estará en Karasuno, pero su reino esta mas cerca, así que posiblemente partan mañana, o un día después.

— ¡Entonces mañana partiremos! ¡Oye, tú! — Decía ahora llamando la atención de un sirviente que se encontraba cerca. — ¡Necesito que empiecen a preparar lo que sea que Akaashi y yo necesitemos para el viaje...!

El sirviente aunque dudó por unos instantes por la repentina orden, asintió y fue a cumplir lo que le había ordenado.

Nekoma.

El rey se paseaba por los pasillos mientras intentaba pensar en que haría, aun no encontraba pareja ya que ninguna parecía estar realmente interesada en el y las que lo estaban, mas bien se habían enamorado del puro físico.

Mientras caminaba ya frustrado por los pasillos algo lo detuvo; unos gritos. Pero no eran gritos de horror o algo por el estilo. Parecían gritos furiosos. Caminó hacia donde los gritos provenían. Tras caminar un poco mas se dio cuenta de que los gritos eran regaños y provenían del otro pasillo, que estaba completamente vacío, posiblemente por los mismos gritos les incomoda a estar ahí a los guardias. Camino más hasta quedar en frente de la puerta de su mano derecha. Aunque fuera inapropiado, pegó su oído a esta para poder escuchar mejor. Pero cuando pudo entender las palabras, le enfureció por alguna razón. Su mano derecha aparentemente se encontraba regañando al chico que recién había conocido, posiblemente por haber salido de la habitación la noche anterior. Normalmente no le hubiera importado, o hubiera pensado que era lo correcto, pues después de todo había desobedecido. Pero escucharlo insultar al chico de tantas maneras, algo dentro de sí no lo permitía, al igual que la noche anterior le había alterado verlo nervioso. Sin embargo no debía intervenir, no era su deber meterse en la vida privada de sus sirvientes, así que se alejó de la puerta y continuó su camino.

Karasuno.

Shoyo y Koushi llevaban en la panadería desde la mañana, normalmente no sería algo extraño, sin embargo ese día la panadería no habría, pero tenían que estar ahí para cuando llegara la carta y saber si lo habían concedido. Ya casi era medio día cuando llamaron a la puerta. El panadero se levantó de su asiento casi de inmediato y abrió la puerta, topándose con un guardia, lo extraño fue que esta vez no le dijo nada a diferencia de antes, le entregó el sobre y se fue. El mayor regreso a la mesa, donde Shoyo ansioso le esperaba, pidiéndole que abriera el sobre. El panadero no iba a mentir, le gustaba el entusiasmo del chico.

Sin más, abrió el sobre y empezó a leer la carta en voz alta.

— "Koushi Sugawara... Y Shoyo Hinata". — En la carta no venía el nombre del menor, pero si no era mencionado seguro y se deprimiría. — "Les agradecemos bastante por haber tomado el tiempo en venir y haber participado"... — Al leer estas palabras el entusiasmo de ambos desapareció. Sin embargo la carta aún decía algo más. — "Por lo que es un gusto anunciarles que usted-es serán los nuevos panaderos".

Los ojos de ambos brillaron y el peli-gris abrazó fuertemente al más bajo y este igualmente le devolvió el abrazo. El panadero dirigió su mirada nuevamente a la carta y vio algo que no había notado. La firma, era la del rey. El siempre había creído que había personas encargadas que escribían las cartas, pero tal parecía que se había equivocado. Pero lo que él no sabía, era que él había sido la excepción y fue el único que recibió una carta escrita por el rey.

Shoyo fue corriendo a su casa. Para avisarle a su madre que posiblemente no estaría en casa durante un tiempo. Al inicio ella no quería aceptarlo. Pero cuando le explico con calma la situación y que sería una forma de ganar dinero finalmente accedió.

Por la tarde el panadero y su aprendiz volvieron al castillo. El menor no había dejado de hablar durante todo el camino por la emoción, eso le parecía adorable al del lunar. Finalmente llegaron. Abrieron las grandes puertas y les fue visible el rey sentado en su trono y junto a él estaba el príncipe en un trono un poco más pequeño y menos llamativo. El rey con una amable sonrisa se levantó y fue a recibirlos y ni dejó que hicieran una reverencia, pues ya le estaba estrechando la mano al panadero, aunque lo hacía con cierta delicadeza. Su hijo adoptivo hizo lo mismo, aunque le incomodaba un poco y mas aprendiz. Pues tuvo un contacto visual con el príncipe que le pareció interminable y le había dejado la piel de gallina.

"El príncipe no se parece en nada a su padre" pensó el peli-naranja cuando por fin Tobio veía en otra dirección.

— Muchas gracias por haber venido. Sugawara, ¿Cierto? Es un gusto.

— El gusto es mío, mi rey.

El rey tan solo sonrió amablemente, mientras que el príncipe pensaba en sus propios asuntos, hasta que su "padre" lo reprendió con una palmada en el hombro, indicándole discretamente que pusiera más atención.

— De acuerdo, entonces los llevaré a su habitación, mañana podrán empezar.

Entonces el panadero y su aprendiz siguieron al rey y al príncipe por los pasillos, mientras que el primero les hablaba sobre la ubicación de cada lugar, aunque el más bajo no podría memorizar todo eso tan fácilmente, posiblemente necesitaría de la ayuda de Koushi para no perderse.

— Bueno, entonces esta será su habitación. — Decía el azabache abriendo una puerta y mostrando así una habitación amplia.

La habitación no era tan grande como la del rey, pero ambos parecían impresionados pues después de todo estaban acostumbrados a recamaras chicas y esta además se encontraba mucho más limpia y ordenada.

Después de que Koushi y Shoyo le agradecieran al rey este se fue para dejarles ponerse cómodos.

— ¡Suga-san! ¿No es impresionante? ¡No sabía que tendríamos nuestro propio cuarto!

El nombrado soltó una risilla. — Pero si no tuviéramos un cuarto, ¿Donde nos quedaríamos? Por eso traemos la ropa. — Le decía sonriendo amablemente.

— Bueno si... Pero no pensé que fuera como esta, creí que normalmente eran más pequeñas ya que tan solo seremos panaderos...

— Hm... Supongo que tienes razón, pero no hay que preocuparnos por eso, lo bueno es que tenemos esta habitación. Ahora ayúdame a desempacar.

El peli-naranja asintió sonriente y se aproximó hacia el mayor para ayudarle.

Pasaron las horas, el príncipe ya había terminado con sus labores.

— Deberías de intentar, por lo menos intentar parecer interesado. — Le decía el rey a Tobio mientras firmaba unos documentos en su escritorio.

— ¡Pero si mostré interés...!

— Quedártele viendo a la gente de esa forma no es mostrar interés, tan solo los aterrorizas.

El príncipe suspiró. — De acuerdo, lo haré... ¿Puedo irme ahora?

— De acuerdo, pero no le causes algún problema a los sirvientes...

El menor asintió y salió de la oficina, no tenía nada que hacer, buscaría con que distraerse. Pensó en lo que Sawamura le había dicho, ahora debería estar más interesado en las cosas aparentemente, pero, solo eran panaderos, no es como que los vería seguido. Un pensamiento lleva a otro, así que la imagen de los panaderos le vino a la mente. Pero el mas bajito de ambos le había llamado mas la atención, su cabello era extraño y llamativo, pero por su estatura no se hacía notar mucho, sin embargo no se sabía si nombre, pero no le importaba mucho, posiblemente casi ni le vería. Sin embargo, al tener la mente en las nubes no se fijo en el camino, lo que provocó chocar con alguien.

— ¿Uh? ¿Pero qu-— Fue lo único que pronunció, pues la persona con la que había chocado era con la que menos se esperaba.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! — Cuando el peli-naranja vio que había coceado con el príncipe se aterrorizó.

Tobio normalmente estaría molesto, pero se encontraba de bueno humor y aquel chico realmente parecía estar avergonzado, así que lo dejo pasar. — Eh... Está bien... Deja de disculparte... Pero, ¿Qué haces aquí?

— Eh... Bueno... Yo... Salí al baño... Pero no encuentro el camino de vuelta a la habitación... — Decía jugueteando nervioso con sus dedos.

— ¿Qué? Pero si hay un baño dentro de la habitación...

— ¡¿Oh?! ¿Lo hay?

El príncipe se dio una palmada a sí mismo en el rostro. — Pero claro que si, idiota.

— ¡Eh! ¡No es mi culpa! Me pongo nervioso cuando estoy solo, ¡Así que no me llames idiota!

— De acuerdo, de acuerdo, yo sé donde está la habitación, así que ya no hagas mas alboroto y sígueme.

Shoyo asintió y siguió al príncipe quien parecía estar serio al caminar, el silencio la parecía incomodo, así que intento iniciar una conversación.

— Y... ¿Qué es lo que normalmente haces?

— ¿Hm? ¿A qué te refieres?

— Ya sabes... Lara divertirte... ¿Qué haces?

— Bueno, nada realmente, me distraigo con lo que puedo...

— ¿Eh? — El más bajo parecía no poder creer lo que le decía. — ¿No te aburres mucho? ¿Cómo sobrevives así tantos años?

— ¡Oye, tranquilo! No es gran cosa.

— ¡Claro que es gran cosa! ¿Sabes? Posiblemente Suga-san no necesitara de mi ayuda, así que podríamos hacer algo mañana, ¿Te parece? — Ahora la expresión del peli-naranja era la común con su contagiosa sonrisa.

El más alto no dejo pasar o desapercibida lo cálida e amigable que esa sonrisa era, era bastante tierno ahora que lo pensaba, tanto que llegaba a fastidiarle. — ...Supongo que está bien... — Dijo volviendo su mirada al frente. — Aquí está tu cuarto...—

— ¡Genial! ¡Y gracias! — Este abrió la puerta y entró a la recamara, pero se detuvo antes de cerrar la puerta. — Entonces nos vemos mañana. — Y sonriendo terminó de cerrar la puerta.

El príncipe se quedo parado frente la puerta cerrada unos momentos, eso había sido extraño, no se había topado con alguien tan amigable antes, además de que recién se conocían. Decidió no darle más vueltas al asunto e ir a su propia habitación, pronto oscurecería por completo.

Aobajousai.

El rey se estiró estando sentado en la silla de su escritorio, había sido un día pesado, pero finalmente había llegado a su fin, por fin podría ir a su habitación a descansar y hacer nada, o claro, eso es lo que haría si no fuera por el moreno.

— ¡Por fin! ¡Termine por hoy! — El castaño se levantó y se dirigió a la salida de su oficina. — Descansa ~ — Dijo al pasar al lado de su mano derecha.

Camino directo hacia su habitación, un poco apresurado y ansioso, parecía un niño en la mañana de Navidad, pero antes de entrar a la habitación se detuvo, quería hacer una buena entrada, o por lo menos una normal. Sacó las llaves de su bolsillo, ya que obviamente tenían que tener asegurada la puerta.

Mientras, el moreno estaba caminando de un lado a otro en la gran habitación, hasta que escuchó el ruido de unas llaves, lo que lo hizo volver a la realidad, antes de que se diera cuenta ya era de noche, no había nada que pudiera hacer, así que en esos pequeños instantes que tuvo para pensar corrió hacia la cama y se recostó sobre esta, fingió estar dormido, el rey no podría estar tan apegado con hacerlo como para despertarlo ¿Cierto?

Justo cuando se posicionó de una forma que realmente pareciese estar dormido escuchó como la puerta se abría. El rey al entrar no se esperaba lo que vio, no era tan tarde realmente, pero después de todo había estado todo el día encerrado haciendo nada, era normal que uno durmiera para perder el tiempo, pero no, algo le decía que aquel chico era distinto y aunque realmente estuviera dormido, había estado esperando por la noche durante todo el día, no lo dejaría pasar.

Se acerco lentamente a la cama y se sentó en el extremo de esta, no hizo nada, tan solo veía al chico "dormir", pero rápidamente supo que no dormía realmente, no se veía tan pasivo como en la mañana. Con los nudillos le acarició sutilmente la mejilla.

— Iwa-chan no puedes engañarme~

El nombrado no respondió, aparentemente se apegaría al plan, el cual consistía en fingir dormir, pero todo su esfuerzo no valió, pues al sentir la húmeda sin-hueso del rey en su nuca no pudo seguir fingiendo.

El castaño continuó recorriendo el cuello contrario mordiéndole y dejando varias marcas de chupetones. El moreno reaccionó como pudo y en cuanto tuvo la oportunidad se dio la vuelta hacia Tooru para poder detenerle, aunque esto no fue buena idea. El rey pasó rápidamente del cuello de Hajime a sus labios, los moldeaba a su gusto y fue mucho más intenso que en la mañana, ahora no se contentaría. Mordió el labio inferior contrario, quería oírlo gemir de cualquier forma.

Logró tomarle una muñeca y luego la otra, se puso encima del contrario y por unos instantes tan solo se veían, uno con odio, otro con deseo.

Logró tomarle ambas muñecas con una mano y con la otras lanzó una corbata que había dejado en la mesa de noche, con esta difícilmente logró atar juntas las muñecas de Hajime, así el tendría las manos libres. La mirada del rey ahora se posicionó en el abdomen del "rufián" y rápidamente desabrochó los botones de esta mientras que el más bajo seguía removiéndose e intentando librar sus muñecas. El castaño paseó su mano por el abdomen contrario y luego se agacho para juguetear con sus "botones". Al sentir esto el azabache tuvo que morder su labio inferior.

— ¡Deténte.. Idiota...! — Para su propia sorpresa había hablado entrecortado, aunque lo decía muy enserio.

Tooru ignorándolo lamía su pezón para después darle un pequeño soplido y pasar al siguiente. Fue hasta que levantó la mirada y se topó con el rostro de Hajime empezando a sonrojarse que se detuvo. Se incorporó y ahora el mismo se quitó su camisa. Le dirigió una mirada lujuriosa al contrario y volvió a agacharse aunque no tanto, pero ahora su zona de ataque era más abajo. Metió su mano por debajo de las prendas inferiores del moreno, teniendo contacto directo con su piel, pero fue lento, haciéndolo una tortura. Lentamente recorría los muslos contrarios, viendo las diferentes expresiones que ponía, hasta que se harto y con un rápido movimiento bajó por completo sus pantalones, pero él no se quedo atrás quitándose los propios, quedando ambos en ropa interior. El moreno no había dejado de removerse en inútiles intentos de librarse. El rey se inclinó hasta poderle susurrar al oído.

— Iwa-chan déjate llevar~.

Las manos del castaño volvieron a manosear el abdomen contrario bajando poco a poco hasta acercarse lo suficiente a aquel punto débil. Volvió a atacar sus labios sin dudar ni un segundo en introducir su lengua intentando interactuar con la contraria pero no parecía reaccionar, pero eso no lo echaría para atrás. El beso terminó cuando a ambos les fue falta el aire. Nuevamente tan solo se miraban mutuamente con las respiraciones sincronizadas y aceleradas. Ambos ya se encontraban sonrojados. Fue en ese momento en el que el castaño logró distraer al moreno con su mirada que llevó su diestra a la entrepierna de este. El cual al no verlo venir no pudo evitar soltar un gemido ronco apretando los ojos. El rey disfruto de ver esto. Pronto removió la ultima prenda del moreno y empezó a bombear el semi-erecto miembro. Los movimientos no tardaron en volverse continuos y rápidos, obligando al moreno a morderse nuevamente el labio inferior en intento de callar sus gemidos. Mientras sentía la fija mirada del rey sobre el.

Momentos después de que Tooru sintió el pre-semen detuvo el movimiento de su mano, aunque esto fuera de cierta forma una tortura para Hajime.

— Tranquilo Iwa-chan, en cuanto más esperes mejor se sentirá~.

Seguía sin obtener respuesta, pero realmente no le importaba. Aunque era algo extraño, a ese punto uno normalmente ya se hubiera rendido.

No podía esperar mas. Sin previo aviso introdujo un dedo en la entrada del azabache, al cual se le escapo un gemido. No tardo en introducir el segundo dedo, realmente no podía aguantar. Movía sus dedos para intentar expandir su interior y que entrar no le resultará tan difícil.

Finalmente sacó ambos dedos y tomó las piernas del moreno para poderlo posicionar, el cual no pudo reaccionar a tiempo. Pues antes de que se diera cuenta el rey ya empezaba a introducir su miembro en la entrada de este, fue entrando poco a poco pero sin detenerse.

— ¡A-Ah...!

Para la mala suerte de Hajime no pudo contener mas sus gemidos, pues el dolor no tardó en presentarse aunque al mismo tiempo había placer. Con sus muñecas aún atadas se aferraba a lo que podía mientras que en intentos fallidos seguía intentando callar sus gemidos.

Claro que el castaño no se quedó atrás, Hajime era bastante estrecho, pero no pensaba en detenerse. Le provocaba gemir igualmente, pero él no lo callaba, realmente no le importaba.

Finalmente logró entrar por completo y ahí fue cuando se detuvo durante unos instantes, hasta que la respiración de ambos se tranquilizo. Aunque cometió un error, al dirigir su mirada al rostro del moreno, verlo sonrojado de esa forma, aquella expresión tan erótica lo hizo perderse. Empezó a moverse, primero eran movimientos lentos pero no tardó en apresurarlos al igual que la intensidad aumentó de a poco. Cuando ambos estaban cerca de venirse Tooru nuevamente empezó a masturbar el sexo de Hajime, quería asegurarse de que se vinieran a la vez y así fue. No mucho después el moreno termino por correrse, manchando ambos abdómenes y casi al instante Tooru se corrió dentro del contrario.

En la habitación ahora tan solo se escuchaban jadeos, mientras que el más bajo mantenía los ojos cerrados, no podía creer que realmente había sucedido. Pero al parecer aun no terminaban pues el rey empezó a moverse nuevamente.

— ¡Idiota detente... Ahora!

— Una o... O dos rondas más... No le harán daño a nadie~...