Descarto la posibilidad que en este año me pueda hacer del título de propiedad de One Piece
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La habitación que le asigno Doflamingo era casi del tamaño de su ex apartamento, y aun que le dolía reconocerlo, extrañaba ser atendida como una princesa. Claro ahí no la estaban tratando más que como una invitada de clase trabajadora.
Fijo sus ojos en los cuadros que colgaban de las paredes, y se preguntó el por qué no existía uno de Law, o del tan afamado difunto hermano de Doffy. Claro no se lo quería preguntar a él, y mucho menos a la mujer que se le había pegado como una sanguijuela todo el trascurso a la mansión Donquixote.
Las puertas se abrieron de par en par, dejando ver a varios criados cargando unas cajas que al parecer eran pesadas, ya que entre dos sostenían a penas una.
-"Mi querida Nami, disculpa la tardanza"- dijo el magnate entrando después que su servidumbre –"aun no tenían lo que les había pedido"- se escudó.
-"No se preocupe, yo le entiendo"- sonrió.
-"Bien empecemos"- aplaudió y las cajas fueron dejadas en el piso –"aquí ahí todo lo que necesites, si ocupas otra cosa solo pídeselo a Mona"-.
Nami agradeció, y se paró de su mullido asiento para revisar los cofres que habían sido dejados en el piso, y casi grito al abrir el primero, causando una risa torcida de su anfitrión.
-"Ahí un cuerpo ahí metido"- chillo cerrando de golpe la caja.
-"Oh eso"- dijo normalmente Doflamingo –"pensé que podrías necesitar ayuda para el cuerpo de mi hermano, ya que la únicas fotos que tenemos es del pecho para arriba"-.
-"Es muy considerado"- alego volviendo a su trabajo.
Doflamingo se disculpó, tenía muchas cosas que hacer para el día de mañana, eso sin contar que ya tenía un grupo de no más de diez personas esperándolo en la puerta. Nada fuera de la vida cotidiana del dueño de una de las más grandes empresas y alcalde de la ciudad.
Nami comenzó su labor al momento que ya no oyó los pasos de su anfitrión, después de todo le pondría nerviosa ver al afamado Donquixote Doflamingo pasearse por toda la sala. Armar el maniquí no le costó mucho, después de tan solo diez minutos ya estaba de pie y vestido con un fino traje de casimir, lo que le costó solo un poco fue acomodarse bajo la atenta mirada de Mona; esa mujer vestía traje azul marino, llevaba lentes oscuros y una especie de turbante en la cabeza. Raro. Pero trataba de aparentar que estaba sola.
Y así fue como comenzó a trabajar, su mano parecía que estaba conectada con su vista, ya que cada línea que miraba era la que trazaba; no le costaba nada era un don nato, al cual muchas veces le sacaba ventaja. Aun así no se fue al camino del arte tal y como su madre hubiera querido.
-"Dígame señorita Nami ¿de dónde conoce a Doffy?"- la mujer del turbante se dignó a hablar.
-"Bueno digamos que la mayoría de cuadros que el posee los he dibujado yo"- respondió humilde sin mirarla.
-"Así que usted ha hecho todos los retratos de la familia"- agrego dudosa.
-"Oh no"- la pelirroja dejo de lado su trabajo –"solo he pintados los paisajes, no más, este es el primer cuadro de una persona que hago para Donquixote"- retomo su labor.
-"Ya veo"- susurro Mona tomando asiento.
La tención era tanta, que Nami podría jurar que si tuviera un cuchillo podría cortarla; esa mujer la daba mala espina.
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-"¡Como que mi hermana no está!"- la mujer de cabellos azulados grito molesta.
-"Ya te dijimos Nojiko ella tenía trabajo que hacer"- dijo Usopp algo desconcertado.
Nojiko no era el tipo de mujer que venía a visitar a su hermana y se perdía la mayor parte del tiempo, claro y sin dar señales de vida por un buen rato. La mayoría de los chicos habían pensado que ya había regresado a su pueblo. Pero no. Había aparecido en la casa de Boa unos quince minutos después de la partida de su hermana, con una enorme sonrisa, la cual se desvaneció al saber que Nami no estaba.
-"Hoy debería de ser el día perfecto para decirle"- alego habiendo puchero.
-"Yo que tu no me preocuparía, se sabe cuidar bien, además aun estaré otro día más"- dijo al hombre a su lado.
Aquel hombre era nada más ni nada menos, que el hermano/primo mayor de Luffy, Portgas D. Ace, y el prometido de Nojiko. Un hombre alto y pecoso, que siendo pariente de mugiwara era completamente diferentes en más de un sentido. Lo único que no cambiaba era esa manía de atragantarse y dormirse segundos después.
-"Perooooo"- se quejó la mujer con tono infantil.
-"Los demás lo saben desde hace tiempo, y tu hermana ni luces de que se allá enterado, un día mas no le hará daño"- sugirió Ace masajeando los hombros de su prometida.
Nojiko sonrió de medio lado, tenía más de un año escondiendo el secreto de su hermana, posponiendo la pedida de mano, y por supuesto una boda. Nos es que no quisiera dar ese paso con su novio, sino que su hermana en un pasado lejano –aproximadamente siete años- había hecho público el interés que tenía por el "hermano de Luffy".
La peli-azul se rasco exasperada la cabeza y la dejo caer sobre la mesa, no quería saber cómo reaccionaría su hermanita. Había puntos buenos y también malos. Por una parte estaba segura que Nami estaría feliz, pero por otra, ¡que el cielo los ampare! Nojiko le rezaría a los dioses para que todo saliera tal y como en sus ensayos, no estaba dispuesta a posponer las cosas por más tiempo.
La fiesta siguió, las cosas no parecieron cambia en nada, a excepción de la presencia de los dos noviecillos que estaban conversando alejados de la gente, rodeados de una aura deprimente por parte de Noji. Parecía que le costara asimilar la reacción futura de la única persona que amaba más que a ella misma.
Robín y Zoro desaparecieron del mapa, dejando a Franky encargado del pequeño Chopper. Después de tanto los tortolos tendrían su rencuentro.
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Las horas parecían no avanzar, aunque sus trazos ya estaban muy avanzados, se había perdido contemplando la sonrisa de aquel hombre. El cuadro seria a blanco y negro, según las ordenes de Doffy, pero a Nami le costaba imaginarse a ese hombre sin color.
No es que no se viera bien en el dibujo, solo que en la foto todo tenía color –en exceso- su gorro rojo, su camisa blanca con corazones de colores por doquier y sus labios rojizos. Cambio de hoja, tenía que hacer algo que era esencial para darle vida de nuevo a ese hombre.
Esta vez no necesito ver el maniquí, ni la fotografía, era como si en alguna ocasión ella lo hubiese visto. Y aunque estaba segura que eso jamás había pasado, dejo que su mente le dijera que hacer. En ese momento fue como si le quitaran un peso de encima. Se sentía tan bien dibujar de nuevo.
Mona simplemente la veía, no decía más, estaba estoica y muda ante las acciones de la pelirroja, claro el dibujo que le había ordenado Doflamingo estaba más que listo, pero a ella jamás se le dijo que aria un segundo cuadro. Sin decir mucho salió de la sala sin ser notada por la artista.
Claro eso parecía, Nami vio perfectamente cuando la mujer dejo la sala, y fue el momento perfecto para sacar sus auriculares y perderse en su propio mundo. Se desconectó de todo y se dedicó a su labor.
Los colores eran tan vivos, y las sombras tan tenues, dándole un aspecto cálido, y nostálgico, para el quien lo viera seria como verle de nuevo, y ese era el aspecto que Nami quería lograr.
Sintió que uno de los audífonos dejo su lugar pero poco le importo, ella estaba demasiado concentrada dibujando los ojos azules de Rocinante.
-"Tu no deberías de estar aquí"-.
Nami sintió su mundo desboronares y que las piernas le fallaban, odiaba ese asentó contra su piel, los brazos de Law se abrazaron a su cintura y le hablo del otro lado.
-"Pensé que te había dicho que te alejaras de aquí"- comenzó a besar su cuello –"Pero no me haces caso nunca"- le reprocho.
-"Lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo"- murmuro con dificultad.
Law fijo los ojos en el cuadro, era tal y como lo recordaba, así que alentó a su presa para que prosiguiera con su trabajo, mientras el, la torturaba un poco. Nami se negó la primera vez, pero después de un largo beso continuo su labor.
-"Sus pantalones favoritos eran beige"- Law dijo cuándo Nami había tomado un carboncillo azul.
La pelirroja no protesto, cambio de color y continúo dándole vida al cuadro. Agradeciendo mentalmente que la tal Mona no estuviera ahí. Sino todo se volvería bochornoso.
La escena le recordaba a la película de "la sombra del amor" a excepción que ellos trabajaban con arcilla y el chico ayudaba a la chica, en este caso el estúpido chico era un estorbo. Law llevo sus manos debajo de su blusa y sintió su frio tacto por todo su vientre.
-"Ya casi esta, porque no solo me esperas a que termine"- rogo la pelirroja.
-"Te dejo terminar"- le susurro en el oído –"En quince minutos fuera de la mansión"-.
Se repegó a ella como queriendo absorberla, lamio su cuello saboreando su perfume y su sudor, para llegar al lóbulo de su oreja y mordisquearlo. Las piernas de Nami se volvieron de hilo, sentía que en cualquier momento ya no la sostendrían. Sintió un jalón de cabellos y después un sutil pero ardiente sabor a ron, la estaba besando, con tal pación, que cuando se separaron ella aún se quedó en el viaje.
-"En trece minutos Nami"-.
La mujer se quedó en la misma posición por otros segundos más, era una experiencia casi religiosa; fue hasta que se reincorporo que dejo salir un suspiro ahogado. Ese hombre era tan erótico.
-"Señorita"- la odiosa mujer entro a solo segundos de que Law desapareciera.
-"Si, mándeme"- dijo sin ponerle atención a sus propias palabras.
-"El señor Donquixote pregunta si está listo su cuadro"- Mona no se movió del lumbral, la miraba atenta a cada uno de sus movimientos, estudiándola meticulosamente.
-"Si esta todo riquísimo"- hablo aun coloreando el cabello de Cora.
-"¿Riquísimo?"- repitió la mujer arqueando una ceja.
-"Lo siento quise decir listísimo"- la presión que ejerció en el carboncillo hizo que el color se rompiera por la mitad.
Mona alego algo más y se retiró, fue en momento perfecto para Nami reprocharse por su desliz. Oh pero que desliz. Sin duda ese hombre sabía cómo sacar lo mejor y lo peor de ella. Sin desviarse más la pelirroja finalizo su labor en espera de su anfitrión. Puso el primer cuadro en el triple dejando al segundo sobre una mesita de café donde tenía sus cosas.
Nami estaba distraída, no se sabía si era porque el tiempo pasaba cada vez más rápido o por la espera de la crítica de su arte. Estaba tanto absorta en si misma que jamás lo noto.
Claro aquel hombre tenía también malas mañas, espero a ver a la joven más desprevenida para desde atrás soplarle en el oído. Nami casi se muere del susto.
-"Ah de perdonar mi pequeña broma"- se disculpó falsamente -"pero no lo pude evitar"- se estaba aguantando la risa.
-"No se preocupe, no es para tanto"- mintió aun podía sentir su corazón a mil por hora.
-"Bien, dime como te ha ido"- coloco sus manos detrás de su espalda y se relamió los labios.
-"Me disculpara, pero el dibujo en blanco y negro no luce tanto vivo como este señor"- tomo su último trabajo y se lo mostro esperando una reprimenda.
Doflamingo se quedó mirando ambos, sin duda era perfectos, más de lo que había imaginado. Se rasco el mentón pensativo.
-"Me quedo con los dos"- termino diciendo –"tiene toda la razón, mi querido hermano jamás se ha visto bien con tonos oscuros"- miro a su asistente y se relamió la boca –"Mona págale por ambos y mándala casa con el chofer"-.
Nami negó el hecho de que la tenían que llevar, alego que alguien la esperaba afuera, solo espero a que la mujer del turbante le diera su cheque para salir de ahí a toda prisa. Ahí afuera el aun la esperaba.
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Ella sabía que él estaba bebiendo, su saliva lo decía todo y la botella que llevaba en las manos también. Pero decidió no decir nada, prefirió ajustarse bien el cinturón de seguridad y dejar que el manejara lo más prudente que podía.
Aun ebrio jamás cometió un error al momento de ir tras el volante, parecía que era inmune al alcohol. Cosa que era casi cierta, ser médico le había dado no solo una gran resistencia a las noches de insomnio sino también a la bebida.
-"¿A dónde vamos?"- se animó a preguntar Nami después de un rato.
-"Bueno, estamos de acuerdo que no iremos con Luffy y los demás"- respondió empinándose la botella de ron que llevaba en las manos.
-"Si lo sé"- agrego la pelirroja mirando por la ventana.
-"Solo déjate llevar Señorita Nami"- dijo en tono risueño levantando el coche a más de 190.
Nami miro su reloj de pulsera, ya pasaban de las doce, era demasiado tarde para ir a cenar o ir a la playa, por lo que deducía, estaban tomando la ruta más larga para la costa. Resoplo exhausta, y dejo mejor que Law se preocupara por la dirección.
El viaje se le fue mirando por la ventana, cuando menos acordó ya estaban estacionando enfrente de una vieja casa, Law bajo primero para abrirle la puerta y ayudarle a bajar como buen caballero, Nami solo soltó unas risitas incontenibles por aquel acto tan falsamente manipulado.
Las palabras salieron sobrando, ambos ni siquiera se miraron en todo el recorrido hasta la biblioteca; solo iban tomados de las manos por los pasillos oscuros.
La chimenea ilumina la sala, y un viejo tocadiscos tocaba melodías suaves, la pareja simplemente estaban sentados sobre la alfombra acompañados de una gran botella de ron. Aun ninguno se dignaba a hablar solo miraban en la misma dirección.
-"¿Quiénes son las personas de la foto?"- cuestiono la chica al sentirse un poco más segura.
-"Son mi familia"- respondió Law –"mi madre, mi padre y mi hermana"-.
-"Nunca mencionaste que tenías una hermana"- susurro recargándose en el hombro de Torao.
-"No menciono muchas cosas"- suspiro dedicándole una sonrisa de medio lado –"todos fallecieron, hace tiempo, no veo el porqué de mencionarlos a cada segundo, están mejor haya que acá"-.
-"Law"-
Sus palabras se quedaron en el aire, sus labios fueron devorados con vehemencia, y su piel fue acariciada con tal delicadeza que aun a sabiendas que era una mujer fuerte, entre las manos de aquel cirujano se sintió la pieza de arte más delicada del mundo.
El fuego de la chimenea aluzaba apenas sus cuerpos, Law la fue recostando sobre la alfombra sin dejarla de besar, Nami enredo sus brazos a su cuello, obligándolo a profundizar el beso y dejar que la mayor parte de su peso cayera sobre ella.
-"Tranquila"- le susurro en el oído –"Tómalo con calma"-.
El reloj cucú de la biblioteca canto las tres de la mañana, Nami solo tomo un largo suspiro y mando todas sus creencias al diablo, a ese hombre se entregaría sin importarle nada.
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Lo prometido es deuda, así que aquí les dejo este nuevo capitulillo de mi loca historia.
Les pido paciencia para el siguiente ya que tendrá LEMON y siendo sincera esta es la primera vez que escribo ese tipo de situaciones asique no se me desesperen.
Agradezco sus Reviews y su tolerancia con mi lenta escritura, claro no se diga con mis faltotas de ortografía.
lilimargaritagonzalez
Este va dedicado para ti
Un saludote y un besote hasta Tamaulipas
Y NOS LEEEMOS PRONTO CHIQUIS!
