Creo que no pediré disculpas por la tardanza, ya que siempre me perdonan y yo les fallo, la verdad, he tenido muchas cosas que hacer como una mujer casada.

Dejar la uní, mientras nos acomodamos, soportar a la suegra, y a una cuñada amargada; vivir sin internet o teléfono fijo, solo porque la estúpida compañía dice que no tiene alcance a donde yo vivo. Estar lejos de mi madre y mis hermanas, abandonar a mis amigas y no estar con aquellos que ame antes de él, es algo complicado, claro que a pesar de todo a él no lo dejare de amar aunque tuviera una docena de cuñadas amargadas, embarazadas y dejas.

Bueno pero este Fic no trata de mí, así que disfruten este capítulo.

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El vapor que soltaba la cacerola inundaba con crueldad la nariz de los inquilinos de la casa, estaba aún por hervir, y ya soltaba aquel delicioso aroma que muy pocos conocían, pero que recomendaban abiertamente al público. La sopa de Sanji, un manjar delicioso que hace que la energía vuelva a ti, manjar aprendido en una isla incierta, según el chef; y aunque en esa ocasión el famoso Sanji no estaba detrás de la estufa, si una de sus amigas. Nami hacia todo lo posible para imitar la sazón de su querido amigo.

-"Tengo hambre"- se quejó Pinguin dejando caer la cara en la mesa.

-"Si ya hace hambre"- apoyo Shachi jugando con una cuchara.

Sus dos invitados tenían ahí desde las doce, mucho antes que Law llegara, el que hacían ahí era un gran misterio que Nami se negaba a cuestionar, además le causaba risa las babosadas que hacían con Bepo y la gata.

-"Ya está, solo esperen a Torao, para comer"- dijo la pelirroja saliendo de la cocina –"si comemos sin el de seguro se molestara"- sonrió limpiándose las manos en su delantal.

-"Pero tenemos hambre"- cantaron los dos médicos al mismo tiempo.

-"Bueno busquen un tentempié antes de comer en la nevera, yo estaré en la sala estudiando un poco"- sonrió sincera.

Las vacaciones se terminaron antes de que ella pudiera decir "no acepto la beca" pero después de que a su profesor le diera un ataque por oír tal cosa. El inicio de clases había sido a mediados de agosto, un calor insoportable, así que tal vez no había sido su culpa que a su profesor se le subiera la presión. Solo por esa tonta teoría, no se sentía tan culpable, ella estaba feliz, era una buena estudiante y una excelente ama de casa, que más podía pedir, más que todo siguiera su curso, y así estaba siendo.

Su promedio no había bajado, más bien iba en acenso, si seguía así podría exentar todos los exámenes del siclo escolar; además le propusieron que pensara si el año que venía a ella le gustaría aceptar la negada beca. Tal vez la rechazaría de nuevo.

-"Llegue"- la voz de la razón por la cual no quería irse resonó como música angelical en sus oídos.

-"Torao bienvenido"- salto del sofá, y se arregló la falda.

Se encamino hasta la puerta principal, donde su apuesto novio ya estaba siendo bombardeado con quejas de sus queridísimos invitados, porque según ellos Nami no los quería alimentar.

-"Moriremos de inanición"- lloro Pinguin abrazando a su jefe.

-"Es mala, muy mala"- susurro Shachi escondiéndose en las espaldas de Trafalgar.

-"¿Y qué quieren que yo haga?"- dijo el médico dejando caer su portafolios y su chamarra.

-"Bueno…..este…no sabemos"- tartamudeo Pinguin escondiéndose a sus espaldas.

-"Pero que llorones"- renegó la pelirroja –"les dije que tomaran algo de la nevera, o de la despensa, no vengan a llorar porque no estoy de humor"- golpeo el piso con su tacón, y sus dos inquilinos corrieron de ahí.

-"Serás una madre estupenda"- dijo con ilusión el cirujano –"un tanto mandona pero una exente mujer"- en menos de lo que espero ya la tenía entre sus brazos.

-"Tú serás un buen padre"- hizo una pausa para besarlo –"un tanto ausente, pero dedicado padre"-.

La escena era romántica, una familia en proceso, una mujer, un hombre, dedicados a simplemente amarse, hasta el final de sus días, pero no todo era perfecto las risas de los médicos sacaron a esos dos de su encantadora fantasía.

La cena trascurrió en paz, después de eso, los muchos halagos recibidos por su sopa no eran algo nuevo, ya que cada vez que ella cocinaba, las adulaciones por parte de sus dos nuevos amigos no cesaban, hasta que Trafalgar les daba un buen zape. La vida junto a su gran amor, era nada a lo que ella un día imagino, y apenas estaba comenzando, aún estaban escribiendo su linda historia de amor.

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La pareja estaba recostada en la cama, que más podía hacer después de una buena sesión se sexo, para ellos mirarse y encontrarse desnudos bajos las sabanas, era más profundo que hacer el amor. Y ahí esos enamorados se podían decir lo que fuera, sin sentir pena ni remordimiento.

-"Fue un día agotador"- confeso Trafalgar jugueteando con uno de sus mechones de pelo.

-"¿En qué sentido mi vida?"- cuestiono Nami acurrucándose entre sus brazos.

-"Un camión de pasajeros se volcó"- pauso para mirarla –"todos terminaron gravemente heridos, el trabajo se incrementó, no hubo hora de descanso y claro si contamos la escases de sangre, fue una batalla campal para poder conseguir algo de aquel oro rojo"- se giró para verla de frente.

-"A verlo dicho antes"- sonrió –"les puedo decir a los chicos que donen, después de todo, a ellos también les han donado"-.

-"Sería una buena idea, pero preferiría que no salieras por el momento"- cerró los ojos fingiendo cansancio, pero obviamente no duro mucho.

-"¿Cómo que no quieres que salga?"- dijo la pelirroja con un deje de molestia.

-"No me malinterpretes"- explico –"desde que iniciaron las clases, y desde que mandaste tu auto al taller, los accidentes en los medios de trasportes más comunes se han incrementado, han explotado ya cinco taxis, se han volcado o chocado más de seis autobuses "-.

-"¿Y eso qué?"- se sentó de golpe deteniendo la sabana contras sus pechos –"no quiere decir que corra peligro, más bien deberías de estar agradecido que no hayan sido en mi ruta, aunque sea muy cruel, de seguro los accidentes sucedieron en avenidas concurridas, o cerca de instalaciones importantes"-.

-"Ese es el punto Nami"- Law se incorporó para abrazarla –"todos esos acontecimientos han sido en la zona de tu universidad"-.

La cara de la pelirroja entro en shock, no podía creerlo, ni tampoco quería; la ubicación de su escuela era una de las más alejadas de la ciudad, estaba en una zona en la cual solo se podía llegar en autobús, en taxi, o en auto propio.

-"No juegues conmigo Trafalgar"- dijo molesta apartándose de él.

-"Estuve hablando con Coby, y fue el, el que me dijo que tuvieras mucho cuidado"-.

-"Piensas que tiene que ver con el secuestro"- se comenzó a morder el pulgar de los nervios.

-"No hay nada seguro, así que no temas, solo pido que no salgas sola, mejor espérame, yo puedo llevarte a dónde quieres, inclusive hable con Doctorine para poder llegar media hora tarde para llevarte al instituto"- la volvió a aprisionar entre sus brazos –"sabes que me moriría sin ti"-.

Nami correspondió el abrazo, ella sabía que lo amaba, y que el daría la vida por ella, y que su estado de preocupación era solo por los accidentes ocurridos; el jamás podría dañarla, ni ver que alguien lo intentara, si fuese por Law, ella estaría en un castillo de cristal rodeada de todos los lujos y oculta de todo mal.

-"No temas mi amor, yo no te dejaría ni aunque me mataran en el intento"-.

Ambos amantes se besaron con pasión, soltándose poco después por la falta de aire, después de todo era viernes, y el cuerpo lo sabía.

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Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en una brisa fría que traía consigo el inicio de octubre. Tal vez era un mes algo aburrido e insípido para muchos, el décimo mes, el antepenúltimo para que el año terminara. Pero para Nami no. Para ella era el mes de su amado novio, ya que en octubre cumplía años.

-"Ya Torao, los incidentes han bajado, de hecho ya no ha habido ninguno desde mediados de septiembre, puedo ir sin tu compañía a la universidad"- se quejó cruzando los brazos.

-"No hay nada seguro, me encantaría dejarte ir en tu recién reparada carcacha, pero no, aún es muy peligroso"-.

Nami sabía perfectamente que metía, Law gozaba llevarla al instituto, verla arreglarse en el camino, se había hecho su hobby favorito, eso y acariciarle las piernas mientras estaba en alto. Es ese mes que tenía llevándola hasta las puertas de la universidad, se había dado cuenta que el hacía más por ella, que ella por él.

-"¿Dónde festejaremos tu cumpleaños?"- interrogo la pelirroja suavizando un poco su tono.

-"En casa, no me gustan las fiestas de cumpleaños"- confeso deteniendo su Cadillac en el alto.

-"Oh por dios"- dijo alzando un poco la voz –"no seas amargado"-.

-"No soy amargado"- se defendió –"solo que no celebro esa fecha desde que Corazón murió"-.

-"Ya veo"-.

-"El solía comprarme un pastel de tres leches, con decoración de fresas, además de una botella de sidra sin alcohol"- arranco de nuevo, perdido en sus recuerdos –"me llevaba al acantilado, en la tarde, después de la escuela, y veíamos como el sol se ocultaba"-.

-"Law"- susurro la pelirroja antes de besarle la mejilla –"prometo que este será un cumplamos que jamás olvides"- sonrió estaba segura de lograrlo.

-"No es necesario"-.

-"¿Cómo? Yo quiero festejarlo, darte todo y más de lo que desees tener"- la pelirroja dijo con tristeza –"será tu primer cumple con migo"-.

-"Es por eso amor"- sonrió –"será uno de los muchos cumpleaños que tendré a tu lado"-.

Eso había sonado tan cursi, que Nami dudo que el hombre que estaba a su lado era el mismo Trafalgar Law del que se enamoró. Pero aunque hubiera una duda, de algo estaba segura, y era que él tenía razón.

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-"No sé cómo lograrlo"- dijo Nami con la cara enterrada en un almohadón de la sala.

-"No seas melodramática, ya se te ocurrirá algo"- musito Robín dejando un par de tazas en la mesita de la sala.

-"Como competir con lo que te acabo de contar"- abrazo más a la almohada –"yo solo tenía planeado una película y una cena en casa, o una mini fiesta sorpresa, que tal vez el no aprobaría"-.

Las dos mujeres tenían desde las tres de la tarde conversando de lo mismo, se podía decir que Robín ya estaba mareada con el mismo asunto, pero por dios era Robín, ella jamás mostraría una mala cara a ninguno de sus amigos.

-"Imita lo que hacía Rocinante"- opino la morena sentándose a su lado.

-"No porque sería muy poco convencional, algo ya visto y vivido, yo quiero darle algo que jamás tubo"- tomo su taza y dio un sorbo.

-"¿Entonces qué quieres hacer?"-.

-"No se"- dijo desesperada –"no tengo nada, ni una pulga brincándome en la cabeza, con una idea como las de Luffy"-.

-"Y porque tu no le cocinas"- dijo Robín sonriente –"hazle un pastel, aléjense de todo y de todos, y después una buena…."-.

-"Robín"- la cara de la pelirroja estallo en rojo por la vergüenza.

-"¿Qué?"- la oji-azul fingió desconcierto –"no hay nada mejor en la noche que una buena charla"-.

-"¿Charla? Tu sabes mejor que yo que no hay charla después de una cena romántica"-.

-"Oh Nami, eso lo sé bien, pero se vale soñar"- rio la pelinegra con su taza pegada a los labios.

-"Aprecio la idea pero me gustaría algo más fuera de lo común"- dejó su bebida en la mesa y suspiro -"algo se me tiene que ocurrir"-.

Tal vez lo que ella planeara no importaba mucho, ya que Law amaría todo lo que viniera de ella. Pero era esa sensación de dar algo para demostrarle lo mucho que lo amaba y que lo apreciaba, que la tenían tan bloqueada, que no sabía ni de qué color era el sol.

Las cosas tal vez mejorarían al estar cerca de la fecha, tal vez la presión de no tener nada le diera una idea tan maravillosa que haría no solo que Law la amara más, sino que por primera vez en su vida después de la muerte de sus padres, el sonriera como en aquella foto que tenía en la chimenea de su vieja casa.

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La lista de pendientes que tenía era enorme, apenas era mediodía del sábado seis del mes diez, ósea que ya era el día límite para llevar las cosas que necesitaba para darle una sorpresa a su novio. Pero tenía apenas una simple cosa de todo lo que necesitaba y eso era la lista entre sus manos.

Sin prisa bajo del auto y tomo uno de los carritos de súper, tal vez ocuparía otro pero bueno tenía que llenar ese primero. Se colocó los audífonos, no solo por si Law llamaba, sino también para poder concentrarse en lo que tenía que hacer y no correr a las ofertas de ropa, que estaban más que prohibidas ese día.

Con un lápiz comenzó a marcar todo lo que ya tenía en el carro, y anotaba los artículos extra que tomaba, claro por si las dudas. Así que bien concentrada en lo que hacía y en las cosas que tenía que llevar, las compras se redujeron de tres horas en casi hora y media.

Después de pagar la mayoría con efectivo, y de dar bastante propina a los "viene viene" para que le ayudaran a cargar todo en su camaro, decidió hacer lo siguiente de su agenda.

-"Bien solo falta pasar por la el pastel y hacer la cena"- se dijo así, misma antes de encender e auto.

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La fila era realmente larga, tenía por lo menos veinte personas antes que ella, y por lo que oía todos los pedidos eran para cenas románticas, despedidas de solteras, un divorcio, una boda, e inclusive un funeral. Bueno después de todos eran los mejores pasteles de la ciudad, claro después de los de Sanji.

-"¿Nami Vanir?"- una mujer con turbante y gafas de sol dijo a sus espaldas.

-"¿Mona?"- saludo la pelirroja perpleja.

-"Tiempo sin verte"- sonrió la mujer.

-"Si desde la fiesta de fiesta de Doflamingo"- respondió Nami.

-"Claro, ya hace tiempo ¿y dime que haces aquí?"- cuestiono la mujer con el turbante.

-"Oh vine por un pastel de cumpleaños"- dijo con cierta incomodidad.

-"Mira que coincidencia, he venido a lo mismo"- sonrió la enigmática dama.

Así comenzó una plática muy incómoda, a Nami realmente no le agradaba esa mujer, se le hacia demasiado sospechosa, claro sin contar que estaba demasiado preguntona. Pero era más por cortesía que le contestaba, y estaba a punto de mandarla mucha o la fregada cuando le toco su turno.

-"Bueno, creo que esta es la despedida"- dijo Nami esperando jamás encontrarse a esa mujer.

-"Oh perdón, que sea tan de repente, pero podría ir contigo, este pastel es para Law, es de parte de Doffy"-.

La pelirroja no supo que decir, simplemente sonrió, y asintió con la cabeza ¿Qué mal podía hacer si le daba un raí a su casa? Solo la dejaba que llevara el estúpido pastel y después lo regalaba a los niños que viven en el vecindario, dudaba que trajera veneno, así que no aria mal hacer eso.

Con su sonrisa casi fingida la guio hasta su auto, sería un viaje de solo media hora, y después la mandaría en taxi, pero por alguna razón, su instinto le decía que era mejor negar la petición, aunque la tuviera que recibir después.

Casi con las ganas de lanzarla de su coche, la llevo a la casa, y agradeció que ella guardara silencio en todo el camino, no podía sonreír fingidamente y contestar cortes, al mismo tiempo.

-"Bien llegamos"- dijo estacionando el camaro en la entrada de la casa.

-"Sabes Law jamás te ha hablado de mi verdad"- la mujer se comenzó a deshacer de su paliacate –"es una pena que él no pueda abrirse por completo contigo"-.

-"¿De qué hablas Mona?"-.

-"¿Mona? Jajajajajajaja no soy Mona"- su cabellera verde se mostró atado en un moño muy bien echo –"mi nombre es Monet"-.

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Su turno había terminado, dejándolo más molido que nada, pero ahora que estaba en casa podía descansar. Había echo prometer a Nami que no le aria una fiesta sorpresa, pero al ver todas las luces apagadas, supo que ella había hecho lo que no debía.

-"Nami gatilla traviesa"- dijo Law estirándose al bajar del auto.

Con paso cansado y con el pensamiento en su novia tomo las llaves de la casa y entro haciendo más ruido de lo necesario. Pero las luces no se encendieron, ni personas saltaron a recibirlo, las cosas estaban mal.

Encendió las luces notando que la casa estaba tal y como la había dejado en la mañana, no carteles, no serpentinas, ni globos. Corrió a la cocina notando que tampoco había nada, y la desesperación lo invadió. Cuarto por cuarto reviso, dejando hasta el final el suyo, encontrándose con una simple nota.

Lo siento Law, pero creo que esto no va a funcionar, así que he decidido aceptar la beca, puede que regrese en fin de año, y si lo hago es porque he decidido quedarme, pero si no te pido que no me busques y que seas feliz.

Nami.

Arrugo la nota y la apretó fuerte, no podía creer lo que leía, pero no tenía opción, no había rastro de ella, más que esa simple hoja, con su letra y su perfume.

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TAN TAN TAN TANNNNNNNN

Para ti Lili que me obligas a tomar la inspiración del aire