One Piece no me pertenece, es obra del gran Oda-sensei
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La habitación donde estaba, era oscura, húmeda y apestaba a caño, solo con eso, ella podía saber que estaba en la parte más baja de la casa. Sus manos dolían, al igual que su espalda y tobillos, todo a causa de estar atada y dormir por ya mucho tiempo en el piso ¿Cuánto tiempo había pasado? La verdad no tenía noción de los días, semanas o meses, solo tenía en cuenta que tal vez no saldría de ahí.
-"Buenos días"- la voz de esa mujer hizo eco en el cuarto.
-"¿Qué tienen de buenos?"- hablo entrecerrando los ojos acusa de la luz del foco.
-"Para ti"- la señalo –"no tiene nada de buenos, pero para mí"- se señaló –"es un día hermoso"-.
La mujer de melena verdosa llevaba en sus manos una charola con algo de comida, no era más que una sopa instantánea, un pedazo de pan, y un vaso de agua, pero algo era algo. La dejo en el piso y se la acerco con el pie.
-"Gracias"- dijo Nami inclinándose a tomar la pobre comida que le ofrecía.
-"Alégrate"- la mujer se dejó caer de sentón frente a ella –"has podido ir a la boda de tu hermana"-.
-"Si"- dijo la pelirroja comenzando a comer –"pero solo fui tres horas"-.
-"¿Y?"- Monet se encogió de hombros.
-"Nada"-.
La pelirroja comía lentamente, saboreando el insípido sabor de la pobre comida que le servían una vez al día. A veces y cuando Monet se veía generosa, le llevaba algo más, un chocolate, una paleta, inclusive una vez le llevo lasaña, pero la mayor parte del tiempo era ese insípido ramen instantáneo que le hacía un tremendo revoltijo de tripas.
-"No llores"- dijo la mujer pintándose los labios –"deberías saber que el sigue su vida"- la miro de reojo –"ahora sale con una enfermera"-.
Tal vez podría ser cierto, pero algo le decía que no, y aunque fuese cierto, ella no quería dudar de las palabras que muchas veces le susurró al oído después de hacer el amor. La impotencia la invadía, no podía llorar, ni tampoco gritar, mucho menos luchar contra esa arpía que ahora la tenia cautiva.
-"¡Mentira!"- grito la pelirroja arrojando la bandeja –"¡él no es así, no me pudo olvidar en tan poco tiempo!"-.
Monet se levantó de inmediato y le soltó una tremenda bofetada, para después agarrarla de pelo y obligarla a mirarla. La odiaba, la quería fuera, quería que se muriera, pero aun no era el tiempo.
-"Que piensas escuincla, que el solo te amo a ti, que el solo vivió por ti, solo porque le has dado las nalgas un par de veces"- grito levantándola del cabello –"no niña, él vivió antes y vivirá después de ti, mírame, yo estuve a días de casarme con él, y no se tocó el corazón para dispararme en el pecho y dejarme en la casa que un día llamamos nuestra pensando que estaba muerta"-.
-"Tu lo engañaste"- lloro.
-"¿Y qué? Yo lo amaba, si lo hice fue porque me dejo arrumbada como una basura, pero dime que tienes tú de especial, desde hace cuatro meses que desapareciste no ha dejado de llamarte, tratando de que le contestes"- soltó la melena rojiza i se dio la media vuelta –"me da pena, que el haya caído tan bajo, solo por una zorra que se ha marchado para nunca volver"-.
-"El me ama"-.
-"No, el pronto te enterrara como lo hizo conmigo ¿Qué acaso no lo ves? En un par de meses serás historia niña y eso no lo podrás evitar"-.
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-"No me la creo"- la voz de Luffy hizo eco en la sala.
-"Ni yo Luffy, pero preferiría que no hablaras tan fuerte"- Robín lo silencio ofreciéndole un plato de paste.
-"¿Pero cómo te has enterado?"- el moreno hablo con la boca llena.
-"Fui a la universidad, no tienen registró de ella y de lo único que se enteraron era que ella denegó de nuevo la beca"- respondió la morena con su taza de té pegada en los labios.
Aquel par se habían juntado solos en el viejo departamento de Nami, ya que habían ido a buscarla, solo por si se encontraba ahí. Pero al no encontrarla, habían ordenado un par de pastelillos y te, de un local cerca. Todo había sido planeado para que nadie los molestara, era ilógico que aquel lugar estuviera habitado, pero bueno, ahí nadie los molestaría.
Cuatro meses exactos habían pasado desde que la pelirroja había desaparecido sin decir nada, solo la habían visto un par de horas en la boda de Nojiko, pero ella no hablo ni dijo nada, se la vivió escondiéndose de todo el mundo. Fue entonces cuando las sospechas comenzaron hacerse, no llamadas, no mensajes, menos correos. La situación ameritaba una buena investigación, y un gran motivo.
-"No creo que allá sido por su voluntad"- agrego el moreno sirviéndose una rebanada más.
-"Ni yo tampoco lo creo, pero no hay que sacar conclusiones apresuradas"- la oji-azul susurro.
-"No pero he visto a Torao muy triste"- se metió el tenedor a la boca –"Zoro dijo que hace dos semanas lo sacaron de un bar"-.
-"Si pero, él no debe saber nada"- sentencio la mujer tomando una cereza del pastel –"no hasta tenerlo todo seguro"-.
La morena guardo silencio, tenía a sus ojos y oídos trabajando en el caso, sabía que en menos de lo que ella había planeado tendría la respuesta, pero no quería alarmar a nadie, pero era inevitable contarle a Luffy, ya que tarde o temprano él se enteraría y haría una revuelta. Así que era mejor contarle todo.
-"En fin si mis cálculos no me fallan en un mes podremos decirles a todos"-.
-"¿En un mes?"- lloro el joven –"es mucho tiempo"-.
-"Si pero, no podemos hacerlo de un día a otro"- canto la mujer.
-"Pero"-.
-"Luffy es algo complicado, un paso en falso y todo se iría la caño"- Robín dejo su taza en la mesita –"promete que no le dirás nada a nadie"-.
-"Bien pero yo no espero un mes, quince días y me estoy arriesgando"-.
Robín sonrió, sabía bien como era Luffy, así que simplemente asintió, mientras se servía mas te, todos se haría de acuerdo al plan, y si no, bueno su querido amigo haría todo por ver de nuevo a la pelirroja.
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-"¿Doc?"- una mujer entro a su oficina.
-"¿Qué?"- respondió el cirujano.
-"Lo llaman en la sala de juntas de la jefa"- la enfermera susurro con miedo.
Trafalgar Law traía una cara de pocos amigos, producto de tener más de una semana sin dormir y de resacas frecuentes. Todo aquel que lo viera en ese estado corría despavorido para evitar ser el receptor de su desquite. Ese estado de coraje y decepción venía desde hace un par de meses, la razón era desconocida, pero lo que si se sabía era que tenía que ver con su cumpleaños. Después de ese día había comenzado a llegar en varias ocasiones ebrio o con resaca marca diablo al trabajo.
-"Voy"- se levantó perezosamente.
De inmediato la chica se apartó para dejarlo pasar, pero para su mala suerte a ella también la habían llamado a la misma junta, así que simplemente se dedicó a seguirlo con el miedo de ser la nueva receptora de su ira, como le había pasado a muchas de sus compañeras.
Todo iba de maravilla hasta que subieron al elevador, y nadie más iba con ellos, eran solo tres pisos, pero su mala suerte hizo que el aparato del mal se atorara, eso y que se bajó la luz por fracciones de segundo.
-"Mierda"- dijo Law.
La pobre chica temblaba de miedo, no sabía si era por su claustrofobia, o por estar encerrada con el medico que aterrorizaba a medio hospital. Fue tanta su desesperación que comenzó a picar a lo estúpido todos los botones de todos los pisos.
-"Dios mío ayúdame"- susurraba intentando apresurar aquel pedazo de metal que no se movía –"Oh Dios"-.
Tal vez el elevador hubiera servido de inmediato si ella no hubiera picado todos los botones, pero bueno, era apenas una interna ¿Qué sabia ella de elevadores? Si apenas estaba en prácticas para poder vendar una muñeca.
-"Deja de hacer eso"- el estoico doctor dijo recargándose en la pared de metal –"lo único que lograras es dejarnos atascados más tiempo de lo debido"-.
La chica se puso rígida como cadáver, su día estaba empeorado cada vez más, así que con los ojos llenos de lágrimas le dedico una mirada a su superior de súplica para que no tuviera represarías con ella.
-"Lo siento"-.
Sus ojos, eran iguales, de ese chocolate que se te queda incluso en la lengua, ese chocolate semiamargo, que de amargo no tenía nada, esos ojos que llegaban hacer fríos y calculadores, sin perder la dulzura.
-"Nami"- dijo sin pensar.
Quería que esos ojos lo miraran eternamente, pero no eran los de ella, aun así se tomó la libertad de tomar a la enfermera de la barbilla para obligarla a mirarlo. Pero no era lo mismo, faltaba ese amor que un día esa mujer le profetizo, ese coraje, es fuerza, esa alegría, y ella, faltaba que fuera ella.
La puerta del elevador se abrió y la chica se zafo de su agarre y se fue corriendo, Law no pudo sentirse más estúpido, que cuando las puertas se cerraron de nuevo, y comenzó su viaje a la planta baja.
-"Que idiota"- se dijo a sí mismo.
No le quedaba de otra que subir por las escaleras cuando llegara a la PB así que simplemente se volvió a recargar en la pared de metal esperando impaciente que las puertas se abrieran. En ese tiempo solo se dedicó a recordar esos ojos chocolates en pleno éxtasis, y sin más cuando llego a su destino baja con la cabeza gacha, intentado no mostrar su mirada perdida en el pasado.
Ella se había ido, no le dio ni una explicación coherente, solo se fue, y lo dejo con todo ese revoltijo que muchos llamaban amor. Todas esas noches que ella juro en vano estar con él hasta el final solo habían sido promesas vacías, que habían quedado a un lado por dudas.
Su teléfono sonó, con aquella melodía pegajosa, que Nami le había puesto para que contestara todas las llamadas y dejara de ignorarlas cuando estaban juntos. Con pesadez saco el teléfono de su bata, y miro el nombre.
Privado.
Si el día estaba por empeorar, que mejor que recibir llamadas de números que ni conocía, pensó en rechazarla, y lo hizo las primaras veces, pero al ver la insistencia, contesto con tono molesto, deteniéndose en seco a mitad de las escaleras.
-"¿Qué quieres? Estoy trabajando y es turno largo así que no molestes"- fue cortante y preciso, no quería preguntas molestas o cualquier cosa que retrasara más su junta.
"Oh estas siendo muy malo conmigo" la voz de una mujer se oyó del otro lado de la bocina.
-"¿Quién eres?"- cuestiono haciendo memoria ya que aquella voz le sonaba familiar.
"Tantos años juntos vida mía y te has olvidado de mi" dijo la mujer con un tono seductor.
-"No juegues conmigo ¿Quién diablos eres?"- repitió la pregunta con más cojear.
"No juego, no miento y no bromeo, así que óyeme bien, si quieres de regreso a esa zorra más te vale oírme bien".
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Dejo este cap. y me iré a esconder debajo de las faldas de mi abuelita de 95 años.
Dudas.
Comentarios.
Quejas.
Cualquier cosa.
Ya saben.
Todo es bien recibido (menos quejas ahí me rompen el kokoro) así que bueno esto es todo amigos.
MUCHAS GRACIAS POR LEER!
