Notas del autor: Gracias a todos por leer este Two-shoot. Traté de narrarlo lo mejor posible, y espero sinceramente que lo disfruten :DDD ¡Pero antes! Hay varias aclaraciones:

-En la canción principal, una oración antes voy a dejar el link de acceso para que puedan escucharla. Sin embargo, Fanfiction no permite que los vínculos a Youtube se muestren, así que voy a dejarles instrucciones entre paréntesis para acceder a ella. En todo caso, si no comprenden las indicaciones, busquen "Welcome to the Black Parade" de My Chemical Romance.

-Preferí no traducir ninguna letra para que fuera acorde a la historia. Además, hay pocas traducciones que me agradaron, por lo que dejaré al juicio del lector si buscar la letra. Les sugiero que sí, porque esa canción en particular aplica al caso de Alejandro dentro de la historia.

-Realmente no sé si compensé el sufrimiento del capítulo anterior con este, pero quise darle un buen final :DDD nada cursi -espero-, y más imaginativo :DDD

¡Nos vemos en la próxima historia :DDD!


Last Act: Welcome to the Black Parade


Aspiró fuerte el aire. Sintió que su nariz se congelaba un poco y que tenía repentinas ganas de estornudar.

Vaya, qué diferente se veía la ciudad en esa época del año.

Era otro invierno en New York, una estación en que nuevamente la nieve caía sobre los edificios y cubría de blanco las calles; los aparadores con los regalos para navidad, el árbol lleno de esferas en el centro Rockefeller, las luces de colores comenzaban a presentarse como disparadas por el espíritu de la época.

De nuevo la escarcha se acumulaba en los bordes del cemento y el ladrillo.

Qué nostalgia.

Se acomodó mejor el cuello de su chamarra y continuó caminando por la avenida. Tenía algunas cosas que comprar para adornar de la mejor manera su pequeño departamento, el mismo en que había vivido desde que entró a la Universidad.

El mismo que no abandonó con la esperanza de que…

No pudo continuar con ese pensamiento, a pesar de que detuvo sus pasos por otro momento.

Qué diferente se veía la ciudad, y al mismo tiempo no.

Era igual que aquella ocasión en invierno que conoció a Alejandro.

Ya habían pasado dos años desde que se fue.

Nunca recibió alguna carta, ni una llamada, y mucho menos un correo electrónico. Nadie de sus pocos conocidos sabía qué fue de él, y en su departamento sólo quedó la guitarra con el sticker de Acapulco que aun guardaba como un tesoro.

Era como si hubiera desaparecido del mundo sin que nadie lo recordara, salvo él.

Dolía. Ni el mismo Alejandro podría imaginar cuánto.

Dos años en que el mundo no se detuvo aunque hubiera querido.

Continuó con sus estudios, con los amigos, con las tareas y los trabajos para cumplir uno de sus grande sueños, y todo el esfuerzo ya rendía frutos: el siguiente verano se graduaría como Astrofísico y sería invitado a continuar la Maestría, o si prefería, a continuar con su investigación en el Instituto de Astronomía de la ciudad.

Sus padres estaban orgullosos, sus amigos lo felicitaban. Incluso el viejo Joe, el cocinero de la cafetería junto a Central Park, lo alentaba a continuar sus estudios para que "no terminara sirviendo hamburguesas triples a niños como él". Era un hombre simpático que hablaba con él al verlo tan solo en aquella mesa junto al ventanal, mirando a las personas pasar todos los viernes a las 5 pm.

Tuvo que detenerse de nuevo, esta vez sentándose en una banca cerca de un pequeño parque. Sacó su billetera, la misma del Capitán América que tantas bromas provocó entre sus compañeros y… deslizó una pequeña foto.

Qué idiota era.

Era una foto que se sacó con Alexander. Fue cuando encontraron una nueva esquina para que tocara su música y la imagen sirvió de bautizo.

Ahí estaba la sonrisa brillante, las pupilas rojo oscuro que delataban alegría y energía; estaba el cabello castaño un tanto rebelde, la piel morena que siempre fue suave y cálida…

Se venían tan bien juntos.

Amigos, amantes, ¿qué hubiera importando si hubiesen tenido la oportunidad de estar juntos por mucho tiempo más?

Dos años y no sentía que estuviera cerca de superarlo… qué patético.

Quizá podría haberlo hecho si no…

Volvió a suspirar.

Era la misma razón por la que no se había mudado de departamento, por la cual conservaba la foto, la guitarra, el lugar de siempre en el restaurante junto a Central Park.

Pero… el tiempo no pasó en vano. Quizá no tenía la fuerza para superarlo, pero se obligaría.

En cuanto se graduara se mudaría a otra zona, y quizá, después se iría a California. No se trataba de huir del pasado, sino de demostrarse que maduró.

¿Qué esperaba quedándose ahí? Rodríguez no se comunicó, no regresó, no dejó más vestigios de su presencia que el vacío de su cama.

Lo recordaba todas las tardes cuando se sentaba en medio del cuarto. Podía ver cómo entraron, la forma en que discutieron… luego los besos, las caricias, los sonidos que se quedaron como ecos entre las paredes…

Alexander…

Lo admitía. No cambió nada de lo que sintió… pero el mundo completo lo hizo y necesitaba hacerlo también. Al menos superficialmente, porque no había futuro.

Lo recordaba siempre que despertaba y buscaba a su lado, cuando comía su hamburguesa triple, cuando rasgaba las cuerdas de la guitarra y al escuchar el casette que dejó con la única canción que compuso.

No había futuro. Se acabó en cuanto salió por su puerta mientras dormía.

¿Qué sería de él? ¿En dónde estaría?

La música del casette se escuchaba por sus audífonos. Dejó su IPod y adquirió un Walkman para escucharlo siempre que pudiera.

¿Estaría todavía solo? No podía dejar de imaginar el dolor que tuvo en los momentos difíciles, lo que lo orilló a cantar una tonada así, para no tener esperanza en el fin de su mundo familiar.

No lo entendió en ninguna forma, ni con sus problemas ni con sus sentimientos.

Sólo hubiera deseado ser su apoyo.

Ojala hubiese podido…

Ya no estaba en sus manos, lo entendió cuando intentó miles de cosas para estar en contacto.

En su primera histeria intentó… ir a México. No tenía idea de dónde buscar, en qué ciudad, pero quería ir para llamarlo por su nombre con un megáfono. De no ser porque sus compañeros descubrieron el boleto de viaje en la recámara, se habría ido.

Con mucho trabajo lo hicieron entrar en razón. ¿Qué haría solo en México? ¡En la capital! Era una ciudad inmensa con muchos peligros y con población muy distinta. Apenas entendía el idioma escrito; no hablaba español, no tenía dinero, no tenía contactos, ¿qué haría? ¿Ir a la policía y dar señas de Alejandro? Además, no sabía si de verdad era de la capital, ¡podría estar en cualquier ciudad! Guadalajara, Puebla, Monterrey, Mérida, Oaxaca… era un país inmenso en el que no tenía oportunidad.

De su frustración inicial volvió a animarse e intentó contactar con alguien que lo conociera. Preguntó en la fábrica, en su edificio, en la calle; incluso respondió el telegrama de aquella última vez esperando que le dieran información, pero fue en vano. Nadie sabía nada, salvo que era de México, y en el telegrama sólo vino un sello de la oficina postal del Distrito Federal avisando que nadie fue a recoger el mensaje.

Llegó la depresión entonces.

No... no comía, casi no dormía... por alguna inexplicable razón no reprobó ninguna materia a pesar de estar distraído, y hasta se encerraba en su casa días completos sin querer levantarse de la cama. No entendía cómo se encontraba terminando casi la universidad, cómo era que siguió adelante cuando sus recuerdos se estancaron en esa época.

Y tenía la guitarra. Continuaba dentro del estuche con el desgaste natural, tan afinada y suave como la última vez que fue cómplice de Rodríguez. A la fecha la observaba antes de dormir, la acariciaba en representación de... la piel de ese chico que siempre corría a todas partes.

Su cuerpo, su cabello, los sonidos que emitió estando debajo de él, recibiendo el placer auténtico que nunca le dio a nadie más...

... no entendía cómo era que seguía adelante cuando sólo deseaba retroceder el tiempo.

Alexander... ¿qué sería de él? ¿Dónde viviría? La situación en México era difícil y encontrar trabajo se volvía cada vez más complicado, ¿comería bien? ¿Aún correría a todas partes?

Quería... saber si seguía pensando en él...

Sonrió tristemente a la vez que tarareaba la canción.

Su fantasma se quedó a su lado.

Tuvo que levantarse. Quizá para huir, quizá para correr tras esa sensación de ahogo que le provocaba el ambiente.

Subió... aun autobús. No supo a cuál. Después bajo en una parada concurrida y se sumergió en el metro. Tomó asiento tan sólo viendo las pegatinas de anuncios, los pasajeros, las estaciones en que subía y bajaba gente. Incluso le dio un dólar a un chico que recorrió el pasillo cantando con su guitarra.

No fue consciente de cuánto tiempo pasó. Se levantó en una estación al azar y bajo, caminando por las escaleras para salir de nuevo a la luz de la ciudad.

Reconoció los anuncios coloridos, los grandes edificios, los aparadores brillantes y las avenidas cubiertas por escarcha y polvo.

Times Square.

... debía ser una broma.

Sintió el corazón contraerse, y después resopló frustrado.

No pretendía esto... no quería llegar a ese sitio, a la avenida en que se encontró con Alejandro la primera vez... cuando podía escuchar su voz, el rasgueo de la guitarra, cuando se preguntaba si no tendría frío con el pantalón de mezclilla roto y la chaqueta de cuero gastado.

O tal vez sí.

Gruñó un poco más alto porque el sonido de sus audífonos se detuvo repentinamente.

Malditas baterías, justo en ese momento tuvieron que terminarse.

No quería enfrentarse a los sonidos de la ciudad, mucho menos de esas calles, porque no estaría la voz. Su voz.

... no lo superaría nunca. Lo supo de repente.

Solamente iba a fingir que lo haría.

Qué idiota era.

Se cubrió un poco más la nariz y tuvo que caminar. No regresó sobre sus pasos por capricho, por inconsciencia probablemente. Continuó en esas calles ignorando a las personas casi con hastío.

Entre ellas no estaría a quien añoraba encontrar.

Alejandro... ¿qué habría sentido aquella vez?

¿Lo amó...? ¿Lo hizo por lo menos en ese momento que existieron solos en la habitación?

Miró un instante hacia arriba. El cielo estaba gris, y la nieve comenzaba a caer...

Quería pensar que ambos miraban el firmemente en ese mismo momento.

Él lo amó... aún lo hacía...

Todavía.

(N/A: Deben poner la dirección de Youtube, y luego del último signo " / " pegar lo siguiente: watch?v=kDWgsQhbaqU )

When I was a young boy,

My father took me into the city

To see a marching band.

.

He said, "Son when you grow up,

would you be the saviour of the broken, the beaten and the damned?"

.

He said "Will you defeat them,

your demons, and all the non believers, the plans that they have made?"

.

Because one day I'll leave you,

A phantom to lead you in the summer,

To join the black parade."

... de pronto escuchó una voz... cantando... y un rasgueo de guitarra bastante particular...

Su mente se despejó por completo sólo prestando atención...

When I was a young boy,

My father took me into the city

To see a marching band.

He said, "Son when you grow up,

would you be the saviour of the broken, the beaten and the damned?"

E-Esa... esa voz...

Lentamente enderezó la cabeza... y parpadeó confundido...

La voz venía... de una esquina en esa cuadra...

Sometimes I get the feeling she's watching over me.

And other times I feel like I should go.

And through it all, the rise and fall, the bodies in the streets.

When you're gone we want you all to know.

De pronto se encontró corriendo, casi resbalando por la escarcha dispersa en el pavimento.

Conocía la calle... conocía tan bien esas esquinas que rápidamente supo de dónde provenía la voz.

Ese rasgueo de guitarra... la tonada... esa letra que de alguna manera lo llamaba tan fuerte que le lastimaba los oídos...

... acaso... acaso podría ser que...

En tanto tiempo no había sentido una emoción parecida. Temía caer en el suelo antes de poder acercarse.

N-No podía... s-ser...

We'll carry on,

We'll carry on

And though you're dead and gone believe me

Your memory will carry on

We'll carry on

And in my heart I can't contain it

The anthem won't explain it.

N-No lo... imaginaba... d-de verdad había alguien cantando en esa esquina, llamando la atención de varios trausentes que se detuvieron a escuchar.

Se acercaba sintiendo un nudo tan fuerte en la garganta... un latido tan fuerte que su respiración se aceleró dolorosamente.

Se abrió paso entre las personas, importándole poco si era desconsiderado.

Sólo quería estar al frente y... y...

A woman sends you reeling from decimated dreams

Your misery and hate will kill us all.

So paint it black and take it back

Lets shout it loud and clear

Defiant to the end

We hear the call

Y llegó.

Se halló frente a esa figura que tocaba y cantaba en esa esquina. El lugar donde conoció por primera vez a un chico moreno que se ganaba la vida con su música.

Era él.

Alejandro.

To carry on

We'll carry on

Though you're dead and gone believe me

Your memory will carry on

We'll carry on

And though you're broken and defeated

Your weary widow marches

No sabría decir qué sintió, cuál fue la combinación de emociones que se agolparon en un instante.

Tristeza. Nostalgia. Preocupación. Confusión.

Añoranza. Esperanza. Alegría.

Amor.

Se quedó sin respiración, únicamente de observando

Era él.

De verdad era él.

On and on we carry through the fears

Ooh oh ohhhh

Disappointed faces of your peers

Ooh oh ohhhh

Take a look at me cause I could not care at all

Su cabello, el color de su piel, su estatura, el cabello oscuro que bailaba junto con sus movimientos. Las pupilas rojo oscuro que demostraban seguridad, emoción, tanta libertad en su canción como las aves al volar...

Era Alejandro. Y al mismo tiempo, uno diferente.

Más animado, con un carisma extraordinario, con la voz que podría hacer de cualquier escenario el mejor del mundo.

Con la complicidad que lo atravesó cuando sus miradas se cruzaron.

You'll never make me

Because the world, will never take my heart

You can try, you'll never break me

You want it all, you wanna play this part

I won't explain or say I'm sorry

I'm unashamed, I'm gonna show my scar

Give a cheer, for all the broken

Listen here, because it's only you

I'm just a man, I'm not a hero

I'm just a boy, who's meant to sing this song

I'm just a man, I'm not a hero

I - don't - care

Alexander no retrocedió. No escapó ni fingió que no lo percibió. No tembló su voz ni sus labios.

Sonrió, y con un movimiento ligero de su cabeza, supo que le estaba cantando a él. Que no había error, que no tenía dudas de ningún tipo.

Estaba ahí por él.

We'll carry on

We'll carry on

Though you're dead and gone believe me

Your memory will carry on

You'll carry on

And though you're broken and defeated

Your weary widow marches on

Estaba ahí por él... regresó a la misma esquina en que lo escuchaba cantar tres años atrás, cuando dejaba unos dólares en recompensa de su esfuerzo y talento.

No se preguntó por qué no fue a su casa, por qué no llamó, por qué no avisó que estaba en la ciudad. Ni siquiera tuvo tiempo de molestarse por su huída, o por todos los sentimientos encontrados que le dejó al partir.

Sólo supo que estaba ahí, otra vez en ese lugar compartiendo esa canción con él.

Que... iba a quedarse...

(Do or die, you'll never make me

Because the world, will never take my heart

You can try, you'll never break me

You want it all, you wanna play this part)

We'll carry on

(Do or die, you'll never make me)

We'll carry on

(Because the world, will never take my heart)

We'll carry on

(You can try, you'll never break me)

We'll carry on

(You want it all, you wanna play this part)

We'll carry on

Terminó la canción en medio de unos acordes sublimes, y de inmediato la audiencia estalló en aplausos. Había una gorra de béisbol en el suelo que recibió el dinero bien merecido mientras al cantante le dirigían felicitaciones; algunos terminaron de grabar con sus celulares y otros más todavía aplaudían.

Él se quedó en su lugar sintiendo... tanto... observando cómo si temiera que desapareciera.

La nieve aún caía, y quizá la escarcha provocó un cosquilleo en su nariz, pero no se atrevía a romper la solemnidad del momento.

Entonces... al fin...

— Alejandro...

Al fin quedaron a solas, uno frente al otro. Rodríguez con esa sonrisa divertida. Él... él no sabía qué expresión tenía que provocó que el otro le mirara con comprensión

Esperó... esperó tanto tiempo... perdió la esperanza en medio de recuerdos, pero aun así aguardando a que algún día...

— Alejandro... ¡Tú, maldito idiota...!

Lloró, no supo bien por qué.

Lloró como un niño, inútilmente tratando de limpiarse para que el rostro no se le colorara de más.

Estaba ahí... de verdad estaba ahí y no sabía qué...

— Alfred — de pronto lo sintió muy cerca de sí. Podía mirarlo a centímetros, aunque todavía hacia abajo porque no había crecido ni un poco — Deja de llorar antes de que los mocos te salgan de la nariz — bromeó pero aun así sentía esa calidez de la última ocasión.

— N-No estoy llorando... ¡y no tengo mocos...! — intentaba calmarse pero...

— Eres un niño llorón — lo abrazó... lo abrazó y no pudo más que corresponder, atrapándolo con su cuerpo completo en medio de la nieve — Lamento tanto haberte hecho llorar...

Entonces... lo supo, ¿cierto? Fue consciente de su condición cuando se fue. De toda la confusión, de sus dudas, de la tristeza, el odio y el amor que lo hundió irremediablemente.

Lo abrazó mucho más, acomodando el rostro en su cálido cuello. Olía a café, a chocolate y a lluvia.

El mismo aroma que recordaba de hacía dos años, en medio de sus sábanas.

— Nunca más te perderé de vista — dijo entre hipos infantiles — Me aseguraré de que jamás vuelvas a dejarme.

— Sabía que dirías eso — se entregaba de la misma manera al abrazo, lo sentía — Por eso regresé.

— ¿Por qué tardaste tanto tiempo? — no se separaba ni un poco — Ni siquiera escribiste y... y no sabía qué hacer...

— Estuve... confundido por mucho tiempo.

—... supe lo de tu padre — lo sintió tensarse un poco — Lamento tanto que tuvieras que pasar solo por todo eso.

— Sí, yo también... pero gracias a él comprendí que debía continuar con mi vida — aspiró un poco de aire frío — Me dejó una... carta en que me alentaba a seguir con amor, con alegría; que la vida era demasiado corta para lamentarse por los que se habían ido, y que debía encontrar la felicidad a mi manera.

— Era un gran hombre entonces.

— Tanto que... todo el dinero que le mandé no lo utilizó. No compró ninguna medicina porque moriría con o sin ellas, así que todo lo guardó para que pudiera ser mi patrimonio — eso sí que fue... sorprendente... le hubiera gustado conocer a ese hombre — ¡Por eso no soy ilegal esta vez! Vine con... con mi pasaporte, con la VISA, con documentos oficiales en cuanto fui aceptado en la universidad de aquí. No podía... presentarme ante ti como si siguiera siendo el mismo Alejandro de antes.

— Significa que... ¿vas a quedarte?

— Sí, en cuanto encuentre un departamento y un trabajo de medio tiempo — lo escuchó reír un poco. La misma risa de hacía dos años — A menos que quieras darme asilo político.

— ¡Por supuesto! ¡F-Finalmente viviremos juntos! — ya reía también, no queriendo separarse nunca de él — ¿Sabes? Aún tengo tu guitarra junto a mi cama...

Se miraron un momento.

Así que esto era...

Lo vio cerrar los ojos y subir un poco el rostro. Supo qué era lo que estaba pidiendo, y se lo dio porque también lo necesitaba.

Un beso.

Un beso en medio de la nieve que caía, del blanco de la acera. De esa escarcha que goteaba por encima de los barandales.

Un beso que marcaba el fin de una etapa, y el inicio de otra.

— Alfred, quiero seguir adelante... contigo, si me lo permites.

— No lo querría de otra forma.

Se sonrieron, y sintió que podía ver hacia el futuro nuevamente. Uno más brillante y más prometedor que cualquiera.

Lo ayudó a cargar su guitarra y juntos se perdieron entre los trausentes, entre los sonidos de los autos y las luces coloridas de navidad. Comenzaba a nevar, la escarcha aun adornaban las almenas de los edificios y las huellas se perdían entre las cientos de personas que recorrían la avenida.

New York era la misma, y tan diferente en esa época del año.