Todos los personajes la serie de Inuyasha pertenecen a la fantástica Rumiko Takahashi mientras que los personajes y libros de los Dark hunters pertenecen a la genial Sherrilyn Kenyon ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean uno de ellos por media hora… que va 5 minutos v_v…. así que hago esto sin fin de lucro aclarado esto aquí vamos.

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Dark Hunter

Por Mimi chan

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Capitulo 1:

Inuyasha y Kagome

Un hombre así definitivamente tenía que llamar la atención de las mujeres sin remedio.

Es como aquel experimento donde te dicen: "no pienses en elefantes rosas con lunares verdes" ambas cosas, una vez en tu mente o en este caso en tu espacio próximo eran imposibles no llevar a cabo.

Sentado allí en la barra del bar esa noche, vestido unos pantalones negros de cuero brillante que te invitaba a acariciarlo y saber si era tan suave como lucía o si era tan duro lo que cubría como parecía. Una camiseta del mismo color que dejaba descubierto sus hombros y sus brazos gruesos, trabajados, perfectos como si hubieran sido labrados. Una gabardina roja, bastante vieja en apariencia estaba a su lado en una silla mientras él le daba la espalda al mundo. Solo podía verse su largo y sedoso cabello plateado y aun así, lo que podía verse era absolutamente hermoso, frente a él una botella pequeña con sake, licor muy inusual para el corazón de Londres pero no por eso menos disponible.

— Hay lugar para uno más chico – dijo a su lado una voz profunda y gruesa que conocía bien.

El hombre volteó a ver con algo parecido al desprecio a la persona que lo había llamado, sus ojos profundamente negros con apenas una vetas doradas se clavaron en la figura que había lo saludado.

— Te he dicho siempre que no soy un chico – respondió con desprecio.

— Y yo te he dicho que si discutes eso con alguien que ha vivido once mil años – dijo mirándolo por debajo de sus lentes negros con esos extraños e iridiscentes ojos como el mercurio y con un seño parecido a una media sonrisa — saldrás perdiendo.

Así, el hombre con fachas de motociclista, de pantalones de cuero, y chamarra del mismo material, con botas de militar con hebillas en forma de murciélagos que en cualquier otro se hubiesen visto horribles excepto en él, que parecía haber salido de una película de clasificación doble C por lo increíblemente guapo que era, tomó asiento a su lado y pidió una cerveza fría.

— Supongo que no me has citado solo para decirme que soy un crió – dijo con desdén el joven que tomaba sake — ¿O sí?

— No claro que no — dijo con aire divertido el otro chico — eso puedo hacerlo sin mayor preámbulo.

— Entonces, lo que sea dilo ya, tengo un patrullaje que cumplir y estoy atrasado – dijo sin dirigirle la mirada.

— Oh vamos, no es que esas asquerosas manchas de tinta se mueran por manchar estas aceras.

— Acheron… — gruñó en joven de cabello plateado.

— En realidad lo que vine a decirte es que te han trasferido – dijo recibiendo su copa.

— ¿Cómo que me han transferido? – Dio la vuelta para mirarlo – ¿No se supone que tú te encargas de esas cosas?

— Bueno decir te transfirieron es solo un decir, te estoy trasladando a América, debes partir lo antes posible.

— ¡A América! – Dijo enseguida reclamando — Dijiste que la próxima vez que me transfirieras, me mandarías finalmente a China o Corea, odio occidente.

— Lo sé chico pero las cosas se han complicado un poco a donde voy a enviarte. Dos de mis mejores Dark Hunter han salido de las filas y necesito a alguien de confianza en ese lugar — la cantinera que servía las copas y se la había pasado babeando por los dos hombres desde que llegaron, casi saltó asustada cuando Ash la miró y aun bajó los lentes, intimidada alejó la mirada de ellos — pensé que te alegrarías ¿Recuerdas las leyendas de los Spathi? – el otro chico asintió intrigado - bueno, han aparecido allá y pensé que no te gustaría quedar fuera de la acción.

— ¿Daimons Spathi? – dijo sorprendido y al mismo tiempo entusiasmado.

— Si — dijo dándole un sorbo a la botella oscura — los mismos daimons asesinos profesionales, que no salen corriendo cuando les gruñes.

— ¡Mierda! – Dijo no más que emocionado — todos estos años he querido toparme con al menos uno y tener una buena pelea.

— Ya sabes lo que dicen – le respondió con sarcasmo - cuidado con lo que deseas.

— ¡Rayos! – dijo y tomó un trago más de sake mientras Acheron, el líder de los Dark Hunters bebía de su propia bebida – supongo que puedo esperar un poco más por poder comer un buen ramen, desde que me sacaron de Japón en ningún otro maldito sitio del mundo he podido encontrar uno que sea medianamente bueno.

— Oh Inuyasha, no desesperes – dijo dándole un golpe en un hombro — Nueva Orleáns es una cuidad interesante, apuesto que si buscas con cuidado, puedes llevarte un par de sorpresas.

— ¿Por qué lo dices? – después de 500 años Inuyasha había aprendido que todo lo que decía el líder de los Dark hunters tenía un trasfondo que debía oírse.

— Bueno, solo debo decir que Orleáns es una ciudad que yo llevaría en el alma – dijo con una sonrisa cómplice – claro, si es que yo poseyera una.

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No importaba si había atravesado el mundo entero para poder huir de las excentricidades del mundo, el mundo parecía confabular en su contra y hacer que esas excentricidades entraran a su vida de nuevo.

Lo supo cuando se vio frente al local pequeño justo frente a Jakson Square, en el pleno corazón de Nueva Orleáns.

¡Kami! ¡Cómo había ido a parar allí Kagome Higurashi!

Kagome había pensado que toda su vida la viviría siempre en su pequeño templo en el corazón de Tokio, pero las cosas no había salido como planeaba.

Había sido hija única, y vivido toda su vida en ese templo con su abuelo y su madre, su madre había muerto cuando ella solo tenía 5 años, y su abuelo se había hecho cargo de ella. La había entrenado en el complicado arte de ser una Miko. Su abuelo insistía en aun entrenarla en: el poder ahuyentar a demonios que pudieran existir alrededor del templo, en la preparación de curas a base de hierbas medicinales, en el uso de arco y flecha con la cualidad de ser purificadoras entre muchas cosas más que habían entrado a su cabeza para desvanecerse después de una semana. Debía confesar que la mayor parte de las cosas le parecían completamente estúpidas, e innecesarias, Aprender rezos para ahuyentar demonios, ¡Por favor! Pero a pesar de todo, debía reconocer que su abuelo había sido amoroso y bueno con ella todo el tiempo que había vivido, hasta hacía solo un año, cuando había muerto.

Cuando su abuelo había muerto ella había tomado una decisión importante. Había hecho todos los trámites necesarios en las oficinas de gobierno de Tokio y había conseguido que un grupo de monjes de Asakusa se hiciera cargo del templo Higurashi y había emprendido la aventura de su vida.

Había decidido ir a vivir a América.

No había mucho que pudiera ofrecer a América una sacerdotisa, más que su conocimiento en medicina oriental, tarde se dio cuenta de que América no apreciaba esta medicina tanto como creía, la nación era básicamente científica y tecnológica.

Lo que era más con el tiempo se dio cuenta de que había llegado al lugar incorrecto. Primero había llegado a Nueva York y después de solo dos semanas se había cansado de la cosmopolita cuidad siempre ruidosa y escandalosa. Había intentado en Chicago y esta vez en el rubro de la cocina, que no se le daba tan mal, pero esa era un país donde el Tofu y el sushi no eran tan apreciados, era meramente carnívora. Justo cuando estaba por rendirse ya, una persona sin rostro le había dicho que en el único lugar que podría vender con éxito algo tan estrafalario como el pescado crudo sería sin duda en Nueva Orleáns. Así que armó sus maletas y se mudo de nuevo, y así llegó a Nueva Orleáns.

Lo primero que vio al llegar a este punto de EU fue la gran gama de culturas que convivían allí: gente de piel oscura, morenos latinos, Albinos norteamericanos, también distinguió algunos rostros asiáticos entre la gente. Descubrió los sonidos de música que nunca había escuchado en su vida. Aromas en la cocina que la intrigaron y encantaron por partes iguales: chile, azúcar morena, mantequilla a granel. Las construcciones de casas casi gemelas en los barrios, y la gente moviéndose en automóvil la mayor parte del tiempo, cosas tan parecidas a casa y al mismo tiempo tan diferente.

Nueva Orleans la había recibido como un segundo hogar, en cuanto había llegado había conseguido un apartamento algo caro, pero amueblado de forma modesta, y un local en un sitio céntrico, que había sido más simple de lo que imaginó en un principio armar. Era increíble que incluso hubiera hallado en una tienda local parrillas planas perfectas para hacer tallarines u okonomiyaki, además de todo lo necesario, platos hondos, tazas de té y demás instrumentos para cocinar al estilo japonés algunos de ellos incluso de su propia isla.

Y había abierto el "Neko Hanten". Solo esperaba que aquel restaurante que una vez había visitado en el distrito de Nerima jamás supiera que había plagiado su nombre, y tener al menos la mitad de su clientela, aunque se negaba terminantemente a usar los diáfanos trajes chinos de la mesera de ese lugar.

Konichiwa Kagome chan

Kagome volteó a ver a la voz que se le hizo conocida, detrás de ella, Sunshine Runningwolf vestida con un atrevido vestido de cuerina negra y su largo cabello negro azabache amarrado en un pañuelo color verde fosforescente que seguro solo en ella luciría bien, amable y calida como siempre y una de sus mejores clientas.

— Buenos días, Sunshine — saludó cálidamente — pero te he dicho que no es necesario que me saludes así.

— Oh déjame hacerlo, incremento mi acervo de idiomas – dijo con una sonrisa y con su marcado acento que sonaba como irlandés, que había adquirido de su marido, que aun no conocía.

— Pasa, estaba a punto de abrir, si me das un momento tendré tu té verde enseguida.

— Muchas gracias corazón – la joven abrió la cortina de su negocio con su ayuda y apenas pasó se sentó en una silla – eres la única persona que sabe en toda Nueva Orleáns a que sabe de verdad el té verde, ¿Has probado los embotellados? ¡Dios!, todas las calorías, los conservadores, y seguro escogen solo el té más viejo y barato.

— No me extrañaría, así son las corporaciones – dijo poniendo el té en la tetera enorme que preparaba todas las mañanas.

— Además de que sea la única cosa medianamente saludable que he logrado que Talón tome. Debo reconocer el encanto del café americano es un excelente laxante, pero estoy segura que un día ese café lo va a… — la mujer se interrumpió a sí misma, eso pasaba a menudo cuando hablaba de su marido, así como que los ojos se le iluminaran por completo – olvídalo.

— ¿Cómo olvidare algo que no me has dicho siquiera? – dijo con una sonrisa amable.

— Así será mucho más fácil – dijo ella la chica sin abandonar su usual sonrisa.

Pasaron solo un par de minutos en los que Sunshine iba de un tema a otro sin freno, había empezado con un tema sobre los beneficios de la azúcar morena a la refinada y había terminado mencionando el último informe de estado del presidente del país, por fin el té estuvo listo.

— Toma, ten cuidado esta caliente – le extendió una bandeja de platico con dos tazas plásticas en ella, con tapas herméticas, cuando su siguiente clienta entro.

— Buenos días, Kagome — saludó una mujer que competía con creses a la extravagancia de la otra, enfundada en una larga falda color violeta y una blusa desmangada color negro, con su cabello sostenido en un alto moño desmechado de su cabello castaño acordaba bien sus ojos marrones y los aros enormes de oro en sus orejas — Sunshine, algo me decía que estabas aquí. Talón está en la calle frente a tu puesto esperándote.

— ¡Oh mi hombre grande esta allí expuesto delante de todos!, que molestia – le extendió un par de dólares a Kagome – me voy, se pone irritable cuando lo dejó solo allí expuesto a todas esas ofrecidas.

— Como si no hubieras obtenido beneficio de esas "ofrecidas" nunca – dijo con una sonrisa la mujer que había entrado, y se sentó en la barra, sus pulseras en los brazos sonaron todas juntas.

— Si, pero aún no era mío, ahora no pienso compartirlo – se defendió — él es solo mío.

Rauda la chica salió del local. Kagome volvió a la máquina de café entonces, empezó a preparar la mezcla del café que la recién llegada siempre pedía.

— Solo un minuto y el café estará listo madame – dijo maniobrando la maquina ruidosa.

— Oh basta Miko – dijo la bella pitonisa oliendo el café que se extendía en el aire.

— Muy bien yo te llamo Selena y tú Kagome estamos mano.

— Bien Kagome estamos a mano – dijo extendiendo la mano para cerrar el trato.

Oh si, hablando de huir de las extravagancias, Selena Williams y Sunshine Runningwolf, contaban entre algunas de las más agradables cosas que había en Nueva Orleáns. Las dos tenían puestos comerciales justo en Jackson Square frente a la oficina de información turística. Selena era una especie de pitonisa que leía las cartas, runas y practícamele cada artilugio de adivinación que fuera conocido, se había vuelto literalmente loca cuando le había regalado una baraja del Ichi. Sunshine era una artista que vendía objetos de cerámica y grabados que ella misma hacía.

Hasta allí podía decir que solo eran dos emprendedoras más buscando fortuna, pero cuando se había puesto a conversar con ellas las cosas cambiaban.

Sunshine aseguraba que era la reencarnación de una mujer antigua desde los más viejos clanes celtas y que ya había estado casada con mi marido, que su abuela era una diosa de la batalla ¡ah sí! y que era inmortal. Mientras Selena aseguraba que toda su familia tenía ciertos sentidos para la magia desde su madre, que había hecho los encantamientos de protección para su negocio, su hermana Tabhita que era cazadora de vampiros y Tiyana que era sacerdotisa blanca de vudú. Quizás por eso no se había quedado atrás y les había contado que ella era también una sacerdotisa criada para ahuyentar demonios.

— Buenos días Kagome – su siguiente clienta habitual entró al local, vestida de un elegante traje sastre color azul marino que le quedaba como ni mandado hacer

— Oh Lanie algo me decía que encontraría aquí a la señora de la luna – dijo la mujer que la acompañaba con un traje igual de sobrio, más discreto en realidad, solo el típico traje de toda buena oficinista, de un cabello ordenado y cepillado correctamente, castaño oscuro, casi al tono del suyo y ojos azules inteligentes y chispeantes.

— Buenos días Grace, Mandy – saludó la pitonisa

— No me digas así – dijo su hermana – sabes que odio que me llamen Mandy.

— Todo deber de un hermano para otro es hacerle la vida imposible – dijo con una sonrisa amplia Selene, se volvió a la otra mujer – Otro poco más y pudieras haber saludado a Sunny – dijo saludando su amiga.

— Café de achicoria listo – dijo Kagome entregándole una bandeja con dos cafés a la recién llegada y una bandeja con un par Pralines que espolvoreo con azúcar y canela, debía reconocer que era un postre delicioso, y otro más a Amanda, dejando uno más servido en la barra para Selene, el aroma cargado pareció revivirlas a todas que aspiraron profundamente.

Pralines factory se moriría de envidia si un día descubren que haces esto – dijo Grase mordiendo uno de los dulces panecillos azucarados – te quedan mejor que a nadie, y a Julián… — los ojos de la chica se iluminaron – Dios...

— Apuesto a que recordó lo que hizo la primera vez que le dio a probar uno – dijo Selena con disimulo.

— ¿Qué hizo? – peguntó con curiosidad Kagome

— Oh solo tomó el azúcar que cayó en su escote directo del envase – dijo con una radiante sonrisa

— ¡Lanie! – Exclamó avergonzada a mujer a su lado – es que acaso disfrutas ventilando mi vida privada a todo el mundo

— Oh vamos lo hizo en pleno centro comercial, ¿Qué tiene eso de privado? además, si no fuera porque me preocupo por ti jamás hubieras conocido a Julián

Kagome se rió con disimulo. Hablando de las personas extrañas que había conocido en Nueva Orleáns: Grase Alexander y Amanda Hunter eran unas de las más… bien… normales podría decirse. Grace era una sexóloga que tenía un par de años de casada, tenía unos gemelos hermosos que ya había visto una vez, su esposo Julián, era profesor en la universidad, profesor de historia antigua, todo con ella parecía normal hasta el día que Selena le había contado que su esposo era un esclavo sexual que habían rescatado de un libro y que además era el hijo de un mortal y de la diosa griega del amor, era casi convincente por que el nombre de la diosa le habían puesto a su hija. De Amanda además de que estaba recién casada, tenía una hija y que era contadora no sabía nada más., nunca había comentado a que se dedicaba su esposo, solo sabía que estaba completamente forrado.

Oh si, el mundo era extraño, huyendo de las extravagancias del mundo y cayendo en el pleno corazón de ellas. Y a pesar de todo, Kagome Higurashi de algún modo se sentía feliz.

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El cubículo estaba completamente oscuro, las ventanillas completamente ahumadas en el jet privado, cuando se trataba de viajar de día, no había ningún tipo de precaución que no fuera tomada, todo adentro estaba herméticamente oculto del sol, dentro el joven de cabello plateado estaba semi recostado en el asiento durmiendo, lograr que un ser que nunca había sido nocturno se hubiera adaptado a dormir de día había llevado unas cuantas décadas, pero como no podía hacer demasiado durante el día, se había dado por vencido, ahora mismo sus sueños se mezclaban con sus recuerdos sin poder evitarlo

Parecían aparecer de entre la bruma sus recuerdos…

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

La joven sacerdotisa estaba sucia de pies a cabeza, manchas de barro y sangre anchaban su traje blanco y rojo. Él se mantenía oculto detrás de un árbol silencioso, creyéndose ignorado, solo hasta que la joven sacerdotisa mi miro de soslayo con una expresión fría y sería, mantuvo sus ojos color avellana fijos en los suyos de oro por lo largo de un minuto, después solo volteo y se fue.

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La lluvia caía a raudales mientras la chica apuntaba directo a una serpiente monstruo, una vez que la destruyó con la flecha purificadora, cayó sobre sus rodillas aspirando con esfuerzo. El joven hanyou estaba en uno de los árboles oculto, esta vez no podía notarlo, su cabello negro y sus ojos tierra lo ataviaban esta vez, la vio allí caer al piso y después caer desmallada entre un chaco de barro, saltó enseguida cerca de ella y la miró, lucia vulnerable, débil, una imagen que no asociaba con es sacerdotisa soberbia y orgullosa; voces de aldeanos empezaron a escucharse a su alrededor y no supo qué hacer, quería ayudarla pero jamás permitiría que nadie lo viera en ese estado así que huyo.

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El viento soplaba tranquilamente mientras el silencio era roto solo por el ruido que hacia el pasto al ser cepillado por la brisa.

— Se que estas allí arriba, Inuyasha — dijo la joven sacerdotisa que dejaba su arco sobre el pasto sin mirar ningún punto en especifico — ¿Por qué no bajas?

El joven semi demonio hizo un mohín y se asomó por en medio de las ramas del árbol donde estaba oculto, lo siguiente que supo fue que estaba sentado a su lado.

— Nunca habíamos hablado así antes — dijo la sacerdotisa mientras el viento agitaba su cabello largo y lacio.

— ¿Y qué? – dijo desdeñoso.

— Inuyasha – lo volteó a ver con una mirada que jamás había sentido dedicada a él — ¿Cuándo me miras, me vez como a una humana?

— Uh – dijo confundido – ¿De qué estás hablando?

— Nunca debo mostrar ante nadie mi vulnerabilidad – dijo agachando su mirada y poniendo un rostro melancólico – nunca debo distraerme, de otro modo los monstruos que desean la perla podrían volverme más fuertes que yo. Soy un ser humano pero a veces no me siento como tal – lo volteó a ver aun con su mirada melancólica y lo que parecía una sonrisa – tú y yo tenemos cosas en común eres un mitad humano después de todo. Por eso no pude matarte

— Esas son solo tonterías – dijo el mitad demonio y se levantó – tú no hablas de esa manera nunca ¿Qué es lo que te pasa?

— No verdad – dijo con la expresión más triste del mundo – yo nunca suelo hablar así.

Algo en el fondo de su estomago se revolvió y se sintió pequeño y culpable. Era la primera vez que se sentía culpable en toda su vida.

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Las hojas de arce en arce pintaban de color rojo y naranja todo el lago mientras los dos daban un simple paseo, ella le había propuesto

— ¿Yo un humano?

— Claro, eres mitad humano después de todo – dijo con optimismo la sacerdotisa – si la perla cayera en las manos de un demonio, se haría muy poderosa, pero si es usada para convertirte en un humano, es posible que la perla se purificara y quizás dejaría de existir.

— ¿Y entonces que pasaría contigo Kikyou?

— Bueno – dijo la joven mujer con una sonrisa – mi labor es proteger la perla, si ya no existiera, yo me convertiría solo en una persona ordinaria.

Su paseo terminó en el pequeño y discreto muelle, él bajó primero y la esperó, cuando ella iba subiendo la correa de su sandalia se rompió y él solo la atajó para que no cayera al piso, ella lo volteó a ver con una tímida sonrisa, una que casi podía jurar que solo le dedicaba a él, él quería eso, él quería que alguien le sonriera, que no quisieran más matarlo, perseguirlo, discriminarlo, él solo quería un lugar en el mundo, y esa sonrisa, podría vivir y morir feliz como humano con esa sonrisa, soltó el remo que aun detenía y la tomó en brazos atrayéndola cerca, llenándose de su aroma a lirios y pureza.

— No tengo más dudas – dijo suavemente a su oído – si, me convertiré en humano

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El silbido de las flechas en el aire fue lo único que despertó su instinto, las flechas se incrustaron en el tronco del árbol haciendo una marca negra como su fuera veneno volteó a ver a quien lo había atacado, primero el sol que le daba a los ojos oculto a su atacante, se esforzó en distinguirlo y vio a la joven sacerdotisa con una mirada maligna, apuntando con una flecha más, no parecía ella misma, pero lo era.

— Muere Inuyasha.

El joven semi demonio se lleno de ira, era mentira, todas sus promesas, todas las cosas que había prometido.

— ¿Por qué Kikyou…?

— De verdad creíste que le daría la perla a un sucio híbrido como tú – dijo con una expresión de asco en su rostro, como si se dirigiera a un animal rastrero.

Un gruñido subió por su garganta, la perla, la maldita perla, todo por ese objeto maldito, la tomaría, se convertiría en un demonio completo y después se encargaría de esa sucia mentirosa.

Cuando el joven de traje rojo llegó a la aldea fue como si un tornado hubiera pasado encima, en un solo instante destruyó varios hogares e irrumpió en la pagoda donde la perla descansaba, varios aldeanos con lanzas y flechas resguardaban el lugar, pero no pudieron hacer nada para detenerlo, se apoderó de la perla y salió destruyendo el lugar de paso, la tenía, ¡la tenía!, solo debía absorberla, no sabía cómo pero el instinto se lo diría. Toda la región recordaría el nombre de Inuyasha entonces, cada ser sobrenatural que existiera sabría quien era él y le temerían, le respetarían.

— Inuyasha…

No pudo detenerla, no pudo ni siquiera sentirla atravesar su cuerpo, pero sintió como literalmente le partía el corazón, la flecha purificadora que lo envió hacía atrás y lo ensartó en el goshimboku.

Y la vio allí, sosteniendo aun el arco con esfuerzo, con los ojos llenos de lagrimas, Kikyou, vio como los poderes sobrenaturales empezaban a abandonarlo, como su cuerpo se degradaba poco a poco sus ojos, que perdieron agudeza se quedaron clavados en la figura de la mujer que lo había atacado, que había logrado destruirlo de más de una manera. No pudo ver la sangre que escurría por su traje de sacerdotisa, no pudo ver como sus fuerzas la abandonaban, no pudo ver lo débil que estaba, solo vio la ira de su mirada, y una sola pregunta quedo en su corazón mientras la vida lo abandonaba.

"¿Por qué Kikyou…?

Para ella fue su último pensamiento, para la persona que le hizo creer que había un lugar en el mundo para él, que podría tener una familia, una vida, y una sonrisa que podría ser amado por alguien y entre el amor y el odio la vida lo abandono.

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Abrió los ojos justo en ese momento, la alarma de la cabina que anunciaba que estaban llegando por fin a tierra empezó a sonar, pidiendo que se pusiera el cinturón para el aterrizaje, miro en un reloj digital la hora, eran las 4:00 AM Apenas tenía tiempo para poder llegar a algún refugio hasta que amaneciera de nuevo.

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Otra vez…

Kagome se recogió el cabello con un palillo en un desordenado atado, y se acarició la nuca, de nuevo ese escalofrió, trato de evitarlo de nuevo, pero no pudo solo conjuró mentalmente "te ordeno te alejes de este lugar, ser de energía maligna aléjate de este recinto". Se concentró en seguir limpiando una de las mesas mientras un par de clientes salían del lugar, miró la puerta y vio tres hombres allí parados, hombres asombrosamente guapos, de cabello rubio y cuerpo escultural, pero que casi podía decirse que olían a maldad, con un aura arrogante a todo su alrededor, como si quisieran entrar pero no pudieran, se miraban perplejos unos a otros y se iban de allí.

Había pasado ya más de una vez, hombres como esos que parecían modelos de pasarela se acercaban a su restaurante y ella sentía algo muy extraño, y sin proponerlo siquiera conjugaba uno de los hechizos que le había enseñado su abuelo y que ella estaba segura que ya había incluso olvidado, podía escuchar a su abuelo decirle y repetirle ese conjuro, para ahuyentar seres malignos que absorbían la energía de otro, por carne, por sangre y por alma, lo que en América se llamaban súcubo o vampiros.

Y cada vez que le pasaba estaba segura que eran solo figuraciones suyas, se sentía tonta y ridícula por lo que hacía y se respondía a si misma que seguro lo único que pasaba es que esos galanes de televisión solo se daban cuenta que un ramen con camarón para la cena era demasiada sal para sus dietas estrictas.

Suspiró y siguió limpiando, ya era tarde, el sol se había ocultado desde hacía ya un rato y debía cerrar su café.

Sunshine vio pasar a los hermosos hombres de largo por la cafetería de Kagome y de nuevo solo soltó un suspiro y elevó una plegaria de agradecimiento.

— ¿Crees que sean…? — le dijo la pitonisa a su lado distraídamente mientras acomodaba sus cartas.

— Seguro, son inconfundibles – le respondió Sunshine mientras esbozaba un dibujo mirando de reojo – cuando uno de esos miserables ha tratado de matarte una vez creedme no hay manera de poder confundirlos.

Las dos mujeres vieron como los dos hombres de cabellera rubia se perdían entre la gente, alumbrados por las farolas de las calles, y solo entonces se sintieron libres para hablar.

— ¿Por qué crees que no hayan entrado todas estas veces? – Selena estaba de verdad intrigada — es obvio que se sienten atraídos.

— Con la cantidad de energía que Kagome posee no me extraña, Kagome es como una lumbrera y ellos serian los mosquitos, la cantidad de almas que están viviendo dentro del cuerpo de Kagome es impresionante.

— Si, yo también lo note desde que llego, has sentido en especial aquella que tiene cerca de 500 años, es asombrosa.

— ¡Que si la he sentido! – le respondió la chica — casi es atemorizante.

— Sunny ¿Te ha dicho Talón si alguien va a venir a… remplazarlo? bueno tú sabes de su anterior empleo.

— No, desde que salio de filas no tiene mucha información al respecto, — aclaró la joven mujer — trabajar para ellos es casi peor que haber estado en la CIA.

— Entiendo…

Las dos mujeres vieron como la chica salía de su cafetería y cerraba la cortina, y se agachaba para poner un candado, volteaba a verlas y se despedía con un saludo lejano, ellas agitaron la mano para despedirse y la vieron ir en dirección opuesto de donde se había ido aquellos sujetos.

— Pues francamente yo espero que alguien venga pronto y ponga sus ojos en Kagome, ir con ese banquete de almas para esas cosas es demasiado peligroso para ella.

— Yo igual Sunny yo igual.

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— ¿Inu… Yasha? – dijo la joven mujer limpiando una brocha de pintura sobre su falda después de terminar una pintura.

— Inuyasha – repitió su esposo sentado delante de ella en una silla alta de la barra de la cocina bebiendo un refresco de cola.

Ambos sabían que eran las 4:30 AM, pero como Talón había pasado centurias durmiendo de día y trabajando de noche, no era costumbre que pudiera abandonar en unos cuantos meses, Sunshine al vivir sobre un club nocturno no tenía problemas con vivir de noche, al menos un par de décadas en los que sus horarios de sueño se recorrían poco a poco, llevaban unos saludables 15 minutos avanzados, después de todo tenían la eternidad para acostumbrarse.

— Inuyasha. – Sunshine dividió enseguida las palabras, su japonés era casi nulo, pero había aprendido lo básico al estudiar los grabados de Ukiyo e – ¿Espíritu guardián perro?

— Si, algo así, Acheron me dijo que es de Japón, de la época de las guerras civiles, yo oí hablar un par de cosas de él hace algunos años, solo se que ha estado los últimos 20 años en Inglaterra.

— Vaya eso si que es casualidad – dijo su esposa distraídamente.

Sunshine se sentó en las piernas de su esposo que la atrajo a él y respiró entre su cabello, el olor a pachulí y trementina se llenó los pulmones y besó su cuello.

— ¿Casualidad? – dijo sin dejar de mordisquearle el cuello

— Mmmm – ella movió el cuello para darle mayor acceso a la caricia — ¿Recuerdas en té verde de las mañanas?

— Si – dijo sin soltar su cuello, y empezando a desabrochar su blusa – ¿Qué con eso?

— Pues la chica que lo preparara también es japonesa.

Ese comentario lo detuvo casi por arte de magia, trabajo rápido la información en su cabeza y le dedicó las más amplia sonrisa a su esposa de ese día.

— Sabes, escuche que Acheron le tiene mucha estima a Inuyasha.

— Y eso – dijo mientras ella misma hacía avances en la camisa negra de su esposo — ¿Por qué?

— Por que le gusta a Artemisa – dijo tratando de no parecer distraído difícil con la diosa celta en sus piernas desnudándolo.

— Oh vaya que mala suerte – dijo sinceramente apenada.

— Oh si — cuando su esposa mordió su propio cuello y sintió un tirón en sus pantalones, Oh si eso si logro distraerlo — algo me dice que Ash esta tramando de las suyas.

— Bravo por él – dijo divertida, sentía como reaccionaba el hombre debajo de él, solo un empujón más y listo, paso sus brazos por su cuello y dejó arrastrar suavemente sus uñas por su cuello.

Rió encantada cuando su esposo se levantó de la silla con todo y la chica en sus piernas y la empezó a encaminar a su habitación.

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Fin capitulo 1

Original: 09 de Mayo de 2007

Revisión: 11 de julio de 2014

10:09 p.m.

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Nota de autora:Pues aquí con el siguiente capítulo, vamos entrando en materia poco a poco, ¿Quiénes son los aquellos hombres que están siguiendo a Kagome?, ¿Por qué Kikyou habría querido traicionar a Inuyasha?, estas dudas y muchas serán respondidas a lo largo de la historia.

Muchas gracias por la muy calurosa bienvenida, después de la preciosa experiencia de Hiding llegar con Dark Hunter ha sido muy emocionante.

Mil gracias a todas las personas que han empezado a leer esta nueva historia, sobre todo a: Hana, Joan, Sol (estuve consultando la lista de autores de los que no se puede adaptar y Sherilyn no está en ella, de todos modos gracias por la advertencia, espero no tener problemas), Akkase rainda, lunabsc, Sakura hime shaoran kun, rub belen, Marlene Vazquez, Faby sama, Amaterasu97, F – Zelda. Mil gracias por seguir la historia espero que se diviertan mucho.

Me despido, vuelvo pronto con el siguiente capítulo.

¿Me dejas un review antes de irte?

Tata

Mimi chan