Todos los personajes la serie de Inuyasha pertenecen a la fantástica Rumiko Takahashi mientras que los personajes y libros de los Dark hunters pertenecen a la genial Sherrilyn Kenyon ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean uno de ellos por media hora… que va 5 minutos v_v…. así que hago esto sin fin de lucro aclarado esto aquí vamos.
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Dark Hunter
Por Mimi chan
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Capitulo 2
Runningwolf
— No puedes decir que no, Kagome.
— Pero Sunshine...
La joven mujer tenía los brazos cruzados sobre su pecho, era la misma posición que tenía desde hacía 20 minutos que había entrado en su café y la había invitado a salir con sus amigas esa noche.
— No me sentiré cómoda con ustedes – dijo Kagome con un gesto que delataba justo eso, su incomodidad.
— ¿De qué hablas? — Le respondió Sunshine, que vio su cara como si la hubiera invitado a hacerse un depilado con cera caliente — solo somos las chicas.
— Y sus esposos – completó la oración la joven detrás de la barra.
— ¿Y eso qué? seguimos siendo las chicas. Además siempre has dicho que quieres conocer a nuestros esposos ¿O no? Nosotros nos reunimos al menos una vez al mes en mi club, creedme les vas a encantar.
— Pero Sunshine…
— Pero nada – dijo de nuevo – siempre has dicho que quieres conocer a nuestros esposos. Siempre has dicho que quieres conocer mi club. Y siempre has dicho que nunca sales a ningún lado por la noche. Y ahora que se presenta la oportunidad de matar tres pájaros de un mismo tiro la quieres dejar pasar, ¡Oh no, eso sí que no!, así que escoge tu mejor vestido para esta noche que pasare por ti y sino estas lista, te sacare de tu casa aunque sea a la fuerza y creedme soy completamente capaz de cumplir esa amenaza.
Kagome suspiró. Si había creído que había conocido personas obstinadas antes, era solo porque no había conocido a Sunshine Runningwolf, ella le daba un concepto completamente nuevo a la definición de constancia.
— Está bien – dijo rindiéndose con un profundo suspiro.
— ¡Perfecto!, supongo que a las 10:00 p.m. estará bien – dijo saltado casi de su asiento – veré si Talon puede invitar a alguno de sus amigos para que hagas pareja.
— ¡Oye, no! – Replicó enseguida, por el momento no quería saber nada de hombres – no voy en plan de conquista.
— Escoge un vestido rojo, o negro, huye de los blancos, las luces de neón hacen que se vea todo fosforescente.
— Sunshine hazme caso, no quiero que invites a nadie – la urgió Kagome.
— Pasare por ti a las 10:00 de la noche – siguió ignorándola completamente — cierra un poco temprano para que puedas arreglarte a tu gusto.
— Sunshine… – quiso insistir la chica dueña del café, haba tenido su buena cuota de hombres en su propia casa, no quería nada con ellos por el momento.
— Si puedo pasare con todas las chicas – siguió hablando casi más para sí que para ofrecerle una respuesta a Kagome — Talon y sus amigos siempre tienen la manía de pasar a comer pizza antes de nuestras reuniones, y hablar de sus cosas de machos, esas reuniones los dejaran hechos unos tanques un día, al menos eso espero, es una injusticia que tengan un metabolismo tan bueno.
— Sunshine…
— Espero que Starla no usara de nuevo mi vestido morado realmente me gusta mucho – dijo más para sí que para Kagome – entonces te veo en tu apartamento a las 10: 00 p.m. adiós.
Kagome vio salir a su amiga de su café, era desconcertante esa habilidad de saltar de un tema a otro sin control y regresar después al mismo. Suspiró. Le gustara o no saldría con sus amigas esa noche.
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Eran ya las 8:00 de la noche cuando ese cliente en particular entró en su café.
Kagome casi había sentido pesar de saber que cerraría su café y no recibiría la visita de ese cliente en particular. Tenía que reconocer que no había hallado nunca un atractivo real en ningún hombre que conociera que pudiera competir con el de ese hombre, había salido con varios hombres en Japón, pero comparados con él, eran desgarbados y sin chiste. Ese tenía que ser el hombre más apuesto que alguna vez hubiera pisado la tierra y mejor aun, su café.
Siempre vestía unos pecaminosos pantalones de cuero, unas camisetas que marcaban un espectacular torso, trabajado, musculoso, ese tipo de pecho que deseas sentir, una gabardina negra que llegaba hasta sus pies. Nunca había entendido la moda dark pero él le daba un entero giro, a él le quedaba maravillosa. Su cabello largo que llegaba hasta la mitad de su espalda, la primera vez que lo había visto tenía un tono rojizo ahora era negro con tonos en color plateado que solo en un hombre como ese se verían bien. Siempre con lentes negros de sol, no importaba que este se hubiera ocultado casi hacía 20 min. él siempre los traía, se moría de curiosidad por saber de qué color eran sus ojos.
Además de todo siempre que acudía a su café arrasaba con toda su dotación de ramen, ya fuera llevándolo o con la joven que lo acompañaba que debía de tener un estomago de plomo y titanio.
Ella lo sabía, si así solo fuera la única persona de todo nuevo Orleáns que visitara su café, solo por él lo mantendría abierto, solo por la simple excusa de verlo.
— Buenas noches Kagome. – dijo en un espeso y seductor tono de voz que no pertenecía a ningún lugar conocido
— Buenas noches — dijo tratando de no parecer demasiado abrumada, lo que le era realmente complicado cuando venía solo, su presencia y su energía llenaban todo el lugar, casi se preguntaba cómo es que ella podía seguir parada allí mientras él estaba dentro – ¿Hoy no viene Simi?
— No, hoy ha comido algo antes de que viniera aquí – dijo y se acarició un hombro. Kagome pudo entre ver una cabeza de dragón en un tatuaje que no había visto antes – ahora está descansando.
— Ya veo – respondió y alejó su mirada de su hombro, solo esperaba no estar sonrojada.
— Pero si tienes unas 10 raciones de tu delicioso ramen con carne de res, estoy seguro de que no lo despreciara – dijo con una sonrisa.
— La verdad la envidio – dijo mientras sacaba los recipientes desechables que usaba para los platillos para llevar alejando su mirada de su rostro. ¡Kami! cuando sonreía era mucho más apuesto de lo que debería – jamás había conocido a nadie que pudiera comer como ella, usar salsa de barbacoa en el ramen es algo enteramente novedoso, desearía tener un metabolismo como el de tu… — ella se moría de curiosidad por saber qué tipo de relación los unía.
— Mi… — el hombre sonrió misteriosamente — bebe.
— Si – eso no la ayudo mucho – bien las preparare, y de nuevo la especialidad para tu amigo, hoy le puse camarones, y dile que tiene suerte, mañana haré la sopa happosai, es la más sabrosa que puedas encontrar.
— Estoy seguro de que le encantara saberlo – dijo siguiéndola con la mirada mientras ella llenaba los potes.
Kagome empezó a preguntarse si habría alguna mujer que pudiera soportar una atención como esa, el hombre la miraba moverse y ella sentía como si su mirada fuera casi sólida, la desconcertaba, en el pasado si un hombre la hubiera mirado de esa manera más tardaba en soltarle un bofetón antes de que pudiera hacerlo de nuevo, pero con ese hombre, además de ser apuesto tenía un aura de peligro a todo su alrededor que la hacía dudar sobre acercarse siquiera, sabía que no la lastimaría, pero aun así no se atrevía a retar a su suerte
— Un día deberías decirle que viniera – dijo para distraeré a si misma de la atención del hombre delante de ella – así podría escoger el ramen que él quisiera además me gustaría conocer a quien se ha vuelto tan buen cliente.
— Lamentablemente él… — se interrumpió antes de continuar un segundo — digamos que su trabajo solo le permite estar en la calle por la noche cuando tú ya has cerrado.
— Ya veo, pues Akri tú solo pedídmelo y si quieren cierro un poco más tarde solo por tu amigo, para un aficionado al ramen tan bueno como él merece el sacrificio.
Kagome terminó de llenar todos los recipientes y los puso en dos bolsas diferentes, el hombre saco su billetera y dejó un par de billetes de 100 dólares en la mesa, ella hizo un mohín.
— Akri…
— Sabes que odio andar cargando monedas en los bolsillos así que no me digas nada – dijo tomando las bolsas en sus manos.
— Gracias, ojala todos mis clientes dijeran lo mismo.
El hombre soltó una ligera risa que hizo que ella sintiera un escalofrió y se dirigió a la puerta. Antes de cruzar el portal se detuvo y la volteó a ver.
— A propósito Kagome – la miró con curiosidad y preguntó – ¿Por qué me has llamado Akri?
— ¿No es tu nombre? – Dijo sonrojada, la sonrisa que atravesaba los labios de ese hombre era más que encantadora – Simi, te llama así todo el tiempo así que pensé que…
— Así solo me llama Simi – respondió antes de que pudiera terminar.
— Y entonces ¿Cuál es tu nombre? – dijo con suma curiosidad.
— Mi nombre es, Acheron – dijo y ladeó un poco la cabeza, Kagome tuvo la impresión de que le había guiñado un ojo – pero todo mundo me llama Ash.
— Captado – dijo a media voz.
— Bien hasta mañana Kagome – dijo abriendo la puerta y saliendo del lugar – y recuerda no cierres muy tarde.
— Gracias – dijo mientras la puerta se cerraba – hasta mañana… Ash.
Cuando su cliente favorito, definitivamente favorito salió y lo vio subir a su moto y alejarse de ese lugar, se dio la libertad de sentase en una silla y recuperarse de sus piernas de gelatina.
Acheron… aspiró profundo un aroma a sándalo y mirra en el lugar. Sintió correr por su sistema el resto de magia que dejaba siempre en el lugar, nunca se lo diría no sabía cómo reaccionaría si alguna vez le comentara la enorme energía que descansa dentro de él, pero un hombre como él debía ser completamente consciente de ella, sin duda solo un hombre tan único como ese debía llevar un nombre tan único como ese.
Y aún así… bien era el único hombre que alguna vez había competido con quien tenía su corazón, pero a pesar de todo, aún contra sus propios deseos Acheron terminaba perdiendo.
Miró su reloj de nuevo, ya eran las 8:15 p.m. si no quería retrasarse debía cerrar ya. Limpió las mesas, guardó los enseres y cuando el reloj marcó las 8:30, apagó las luces y dando un último vistazo dentro de alejó de su local.
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Inuyasha casi esperaba la llegada de Acheron a su sitio, no es que se sintiera especialmente ansioso de ver a ese hombre que para tener exactamente su misma apariencia lo hacía sentir como si fuera un niño de 5 años, sino porque había dado con el blanco de su mayor debilidad.
El ramen.
Si alguna vez le había dicho que un Dark Hunter no podía adquirir adiciones, era porque dentro de esas drogas nadie había contado la comida. Nada lo hacía reaccionar así, ni el alcohol, ni el tabaco, ni las drogas ilegales y a través de 500 años había probado algunas cosas que de verdad si no eran ilegales hoy, era solo porque no se conocían en esos días.
Pero no, nada lo había hecho caer como ese delicioso ramen que Ash había empezado a comprar para él desde la semana pasada. Ese era definitivamente el sazón que él había estado extrañando desde hacía 500 años, podía jurar que la persona que preparaba esos fideos debía tener sangre japonesa en las venas, era una verdadera pena que cuando él pudiera salir el "Neko Hanten" ya estuviera cerrado, o quizás no, porque si encontrara a la mujer que preparaba esos platillos le daría algo que nunca le había dado a nadie, ni a la propia Artemisa, su completa y leal devoción, ¡oh no! de verdad que no estaba bromeando.
Cuando escuchó la motocicleta del líder de los Dark Hunters aparcar en su porche se asomó enseguida, ¡Si! allí estaba él cargando dos bolsas blancas llenas de los termos de material desechable que contenían eso que era más exquisito que la amurita.
— Maldición Ash porque tardaste tanto, me muero de hambre – salio el joven de cabellos plateados en su encuentro.
— Calma cachorro o no te daré nada – dijo burlándose de él – siéntate.
Inuyasha se envaró un momento, porque diantre le pasaba lo mismo cada vez que Ash decía eso no lo sabía pero siempre pasaba. Gruñó molesto y le mostró los largos colmillos.
Acheron solo se carcajeó con más ganas de su expresión molesta que termino cuando le entregó la bolsa que era para él, entonces sus ojos negros con esas vetas doradas casi brillaron. No entendía como, pero esa sopa japonesa tenía más efecto en él de lo que estaría dispuesto a admitir. Nada en 500 años lo había hecho reaccionar con tanto júbilo, como un niño en navidad que esos fideos, era completamente infantil, pero él no le discutiría eso, los Dark Hunters no eran famosos por disfrutar de placeres, si él suyo era tan simple no se lo reñiría.
Los dos hombres entraron a la casa. La casa tenía más el modo de un departamento de soltero: los muebles de color negro sobrios y elegantes; no había aparatos de sonido, televisión o nada por el estilo, lo que había en cantidad eran libros y armas empotrados en las paredes; una cocina inútil pues nunca se preparaba nada allí; al fondo una habitación amplia donde el estilo se rompía del demás; En el piso de arriba había tres habitaciones pero solo estaba habitada una, la suya donde solo tenía un futon, en una de las paredes una pintura antigua donde aparecía su padre, un mueble con fuerte estilo oriental donde había más libros y varios amarillos y roídos pergaminos, y en una mesa, un castillo en miniatura, donde parecía ser una broma pero estaba su escudero. Dicho escudero que en cuanto olió la comida salió de su pequeño palacio en miniatura y fue hasta donde estaba su amo.
— Amo Inuyasha.
Inuyasha casi gimió cuando escuchó a su pequeño ayudante, la pequeña ladilla solo se asomaba cuando le convenía.
— Ven a comer Myouga jiji. – dijo casi a regañadientes.
La pequeña pulga se sentó en el borde de unos de los cuencos con ramen y cogió uno de los camarones que adornaban la sopa llevándoselo a la boca y empezando a cenar.
Ash miró a la pequeña pulga comer feliz de la vida junto con el joven de cabello plateado. Ese debía ser el escudero más extraño de todos lo que se enrolaban para el trabajo.
Esa pequeña pulga había sido el guardián de la herencia que su padre le había dejado a él y a su hermano mayor, que le había dejado su padre. Cuando la pulga youkai se había enterado de su muerte empezó a investigar sobre ella. 100 años después de que él hubiera dejado Japón y se hubiera establecido en China, la pequeña pulga lo había encontrado y lo había guiado a recuperar el tesoro que le había dejado su padre, una poderosa espada formada por los colmillos de su padre, era un arma tan poderosa como lo era la espada de Cronos de Julián, y con la misma característica, solo un ser que poseyera sangre humana y demoníaca podía usar a Tesaiga, si no sería expulsado por una energía sobre natural, al menos era mejor que ser quemado vivo como con la espada del oráculo. Desde ese entonces la pulga se había negado a dejar a su amo, y como Inuyasha por desgracia era agradable para Artemisa había aceptado que se uniera a los escuderos, desde hacía 400 años la pequeña pulga había cuidado de él.
O al menos le hacía compañía.
El joven vestido de motorista se dejó caer en uno de los sillones de la sala mientras los otros dos comían y empezó a desenredar una goma de mascar que había sacado de una de las bolsas de su gabardina.
— Quiero que vayas conmigo esta noche – dijo echándose una goma de mascar en la boca – te asignare un nuevo territorio.
— ¿Por qué? – Pregunto enseguida Inuyasha – ¿Qué hay de malo con el que tengo ahora?
— Solo estaba esperando que llegara el reemplazo de Kyrian — le explicó sin entrar en detalles — llegó ayer por la noche, yo te quiero en el puesto que tenía Talon en el barrio francés.
— Bien me da igual – dijo sorbiendo los fideos ruidosamente – ¿A dónde me llevaras?
— Esta noche a Runningwolf, la mejor manera de que conozcas el recorrido de Talon es que él mismo te lo enseñe y esta noche se reúne con unos amigos allí.
— Fhe – dijo cogiendo su tercer cuenco de sopa — como sea.
El semi demonio siguió comiendo su comida sin prestar demasiada atención, no le prestó atención a su líder que sonreía misteriosamente, síntoma de que tramaba seguramente algo.
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Las cuatro mujeres entraron al club. La chica de vestido morado paso directamente a la barra para poner un beso en la mejilla que se parecía mucho a ella, las otras dos mujeres se adelantaron a un mesa mientras la ultima se había quedado un momento en la entrada.
Oh Runningwolf era un asunto aparte de la mayoría de los clubes de Japón. Ella había entrado a un par cuando era más joven, la música electrónica imperaba en el ambiente, y los jóvenes la seguían con ritmo y casi calma. Aquí sin embargo se escuchaba una mezcla entre lo electrónico y un ritmo de tambores y guitarras más melódico, más sensual, las parejas en la pista bailaban juntas, con los cuerpos pegados, un sonrojo subió a sus mejillas al ver como los cuerpos se contorsionaban y compartían sus humores y sus olores en el sudor de sus cuerpos, esto era algo completamente diferente, sumamente sensual pero diferente a lo que ella conocía.
La decoración era oscura y con un acento tribal, daba la sensación de que entrabas en una aldea antigua las pinturas de lobos aullando estaban en la mayoría de las paredes, ella pudo reconocer el estilo inmediato de Sunshine, solo ella tenía la habilidad de poder darle vida a cualquier cosa que quisiera plasmar, había un verdadero arte en sus manos.
— Kagome no te quedes allí – le dijo Sunshine que la tomó de un brazo – vamos, vamos.
— Si.
La joven siguió a su amiga a una de las mesas de atrás, se hubiera quedado helada en su mismo lugar de no ser porque su amiga la jaló hasta la mesa.
En esa mesa estaban sentados los tres hombres más apuestos que hubiera visto en toda su vida, el aire alrededor de ellos emanaba electricidad y una fuerte masculinidad, era una energía abrumadora. Ver a sus dos amigas cerca de ellos no ayudó en nada. No era posible. Pero la forma en que Sunshine se acercó al último de ellos y plantó un beso largo y apetitoso en su boca le dijo que no estaba equivocado, oh si, esos tres espectaculares Adonis eran sus esposos.
— No te lo dije, ni siquiera nuestra pura sacerdotisa es inmune – soltó Amanda divertida y las otras dos chicas la siguieron en una risa divertida.
— Y la culparías – dijo uno de ellos – ¿Quién podría?
— Oh, eres tan egocéntrico Julián – dijo Grace golpeándole un hombro.
— Acaso no es cierto – dijo dejando vagar sus labios por su cuello descubierto.
— Estate quieto – dijo ella huyendo de la caricia.
— Ven Kagome, deja que te presente – dijo Sunshine que la jaló a la mesa y la sentó a su lado – ese de allá es el esposo de Grace, Julián.
— Doctor Julián Alexander – dijo el hombre con una sonrisa encantadora un acento extranjero que sonaba desconocido para ella pero fabuloso – mucho gusto
Kagome solo atinó a asentir, el hombre era apabullante, rubio de piel tostada, un cuerpo magnifico, una voz ronca y sensual, unos intensos ojos azul celeste, una sonrisa que merecía un comercial, que va, toda una campaña de dentífrico de lo perfecta que era, además de unos preciosos hoyuelos que se formaban en sus mejillas. Aun a esa distancia Kagome podía percibir una suave presencia de sándalo, con esa apariencia uno de verdad podía empezar a creer que era un semi dios.
— Alias el señor culo ardiente – le dijo por lo bajo Sunshine atrayendo su mirada.
— Te escuche Sunshine. – le reclamó enseguida el hombre de ojos azules y sus otros dos amigos se rieron de él.
— Muérdeme Julián – le respondió divertida.
— No te atrevas oráculo – le dijo el hombre que había besando antes y la tomó posesivamente de la cintura.
Sunshine retomó la conversación.
— El es Kyrian Hunter — apuntó al segundo hombre que sostenía a la chica de cabello castaño por los hombros – el esposo de Amanda.
— Mucho gusto Kagome.
— El gusto es mió — respondió con voz casi rota.
Kyrian, era igualmente guapo, en muchos sentidos se parecía mucho a Julián, del mismo color de cabello, la misma piel dorada de una complexión ligeramente más delgada, con unos ojos verdes mar absolutamente hermosos, tenía un fuerte aire aristocrático a todo su alrededor, la forma misma en la que estaba sentado, recto con porte y al mismo tiempo logrando lucir relajado. Algo le decía a ella que Julián y Kyrian, si no eran de la misma sangre debían ser al menos grandes amigos, había una extraña aura que se entremezclaba entre los dos.
— Y este –dijo su amiga pasando su delgado brazo a través de la espalda del último de ellos – este es mi esposo Talon.
— Mucho gusto Kagome – dijo Talon tomando una de sus manos y poniendo un beso en sus nudillos, Kagome en su contra sintió una descarga de calor por su sistema entero – encantado de conocer a la única persona en el mundo que ha hecho de algo sano, algo delicioso.
Kagome solo sonrió nerviosa. El esposo de Sunshine era extraordinario, era como una antitesis de sus demás amigos, sus otros amigos parecían sacados de un cuento de elfos o Ángeles de pinturas europeas, mientras él tenía la apariencia de salir desde un campo de batalla de alguna historia épica. Su pelo dorado rozaba sus hombros, unas cejas marrón oscuro, pestañas largas, una complexión gruesa y trabajada marcada por una camiseta negra que dejaba sus brazos desnudos, tenía un tatuaje de intrincado diseño de círculos y curvas, que le parecía lejanamente familiar, al menos conocido, sabía que una cultura tenía esa costumbre, pero no lograba recordar cuál.
Agitó su cabeza con fuerza, ¡Qué estaba haciendo! Esos eran los esposos de sus amigas, era una falta de respeto devorarlos así con la mirada, pero es que eran asombrosos, y la energía que los rodeaba no ayudaba en nada, nunca había sentido una energía tan intensa en ninguna persona.
— Lo siento, creo que he sido algo obvia no es así – dijo con una sonrisa nerviosa.
— No te preocupes amiga – dijo Sunshine pasando su brazo por su cuello – creedme ya estamos acostumbradas.
— De vez en cuando quisiéramos que les aparecieran, una que otra arruga o al menos que ganaran un poco de peso – dijo Amanda que aun era sostenida por su esposo.
— ¿De verdad? – dijeron los tres hombres enfrentando a sus esposas.
— Solo de vez de cuando – dijeron las tres.
Kagome se echó a reír y sus nuevos amigos las siguieron pronto. Un chico se acercó a la mesa e invito a bailar a Kagome, ella salió enseguida a la pista con él, los demás se quedaron en la mesa recibiendo una bebida.
— Así que era ella – le preguntó Talon a su esposa.
— Si – le respondió con un poco más de seriedad.
— Tenían razón, hay algo de ella que es demasiado poderoso – dijo Julián con una mirada inquisitiva – es una energía demasiado extraña.
— Además de las almas que están viviendo dentro de ella – agrego Kyrian – Wow son decenas de almas, y hay una que está llena de poder, como es que ella la resiste.
— No creo que lo sepa – respondió Sunshine – en realidad dudo mucho que ella sepa que tanto poder descansa dentro de ella.
— Pues es verdad – dijo Talon – ella es literalmente un imán para los daimons, es muy peligroso tenerla fuera de casa por las noches.
Talon no estaba mirando a ninguno de los presentes en la mesa, se quedó mirando la entrada del club, un grupo de 6 hermosos hombres de cabello color dorado que buscaban entre la gente.
— No lo puedo creer – dijo Kyrian – de verdad se han atrevido a entrar aquí
— ¿Qué clase de idiota entra en mi club? – dijo Talon solo para sí.
— Corazón, es el club de Starla, no tuyo – le dijo su esposa.
— Ya sabes lo que quiero decir Sunny – dijo con seriedad – ve por Kagome.
Sunshine se levantó de la mesa y fue a donde Kagome, le dijo que las bebidas se calentarían, se disculpó con el chico con el que bailaba y la jaló a la mesa.
— Oye no quieres ver unos bosquejos que estoy haciendo, estuve imaginando un jardín japonés, y tú podrías darme el visto bueno – dijo jalándola a la parte de atrás – están arriba en mi looft
— ¿No crees que pueda esperar un poco? – dijo Kagome impaciente apenas estaba empezando a divertirse.
— No – insistió su amiga – por favor vamos.
Kagome sabía que no tenía caso discutir así que empezó a seguirla, volteó a ver a sus amigos en la mesa y vio en todos la expresión preocupada, todos miraban con dirección a la puerta, ella volteó a ver y entonces lo vio, el escalofrió que recorría su cuello volvió a azotarla, allí estaban los rubios que habían intentado entrar a su café muchas veces.
Pero la persona que estaba detrás de ellos era lo que de verdad la dejaron helada. No podía ser cierto, tenía que estar teniendo una alucinación.
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Inuyasha podía escuchar la extraña música desde un par de calles de distancia, iba siguiendo a Acheron desde los techos de los edificios, mientras él iba en su moto, gruñó ante la sola idea de tener que entrar en un lugar donde la música estaba tan alta, sus oídos demasiado desarrollados ya se dolían por ello, en vida sus sentidos había sido desarrollados, pero ahora que era un Dark Hunter sus sentidos eran mucho más desarrollados, su olfato, su oído, y una percepción de energía muy desarrollada, así que desde que llegaron a las puertas del club supo que algo no iba bien, una lucha de poderes se desarrollaba adentro.
Acheron detuvo su moto en el estacionamiento y miró a la puerta del club, Inuyasha se posó a su lado y vio lo mismo.
— ¿Qué clase de estúpidos son esos daimons? – dijo Ash acomodando sus lentes – serán novatos o solamente imbeciles, no puedo creer que estén entrando a Runningwolf
Ash los siguió junto con Inuyasha dentro del club, los daimons estaban en la entrada aun, buscando algo con la mirada, tuvo de pronto un mal presentimiento, miró adentro y la vio allí, de pie al lado de Sunshine, mirando la puerta con la expresión más aterrorizada que le había visto a cualquier humano, pero no estaba mirando a los daimons, estaba viendo directamente detrás de su espalda.
Los daimon encontraron a Kagome en medio de la gente y sonrieron, no pudieron dar un paso más antes de que el hombre de cabello negro con mechones plateados estuviera parado delante de ellos.
— Buuu – dijo con una sonrisa burlona.
Apenas el grupo de daimons vieron de quien se trataba pusieron pies en polvorosa y salieron del lugar, Ash los siguió y detrás de él salieron Julián, Kyrian, Talon e Inuyasha. Las mujeres los vieron salir con una expresión hasta cierto punto relajada.
En cambio Kagome estaba temblando, Sunshine se dio cuenta enseguida pues la tenía sostenida de un brazo.
— Kagome… — la llamó.
Kagome no la escuchó. Ese hombre… ese hombre que había estado parado en la puerta era idéntico a los grabados que su familia guardaba, ese demonio del que su abuelo le había contado tantas historias, ese era "El demonio de los Higurashi" el más temido se las historias que su abuelo le había contado.
— Kagome… – insistió Sunshine pero siguió sin respuesta.
Aun con pies temblorosos Kagome se soltó de su amiga y se echó a correr con dirección a la calle. Las amigas de la misma miraron asombradas como la chica salía del lugar, no debía hacerlo, era muy peligroso, no dudaron en ir tras ella.
Kagome esquivo a codazos a las personas que no la dejaban salir y salió del club, miró por las calles y a un poco distancia pudo distinguir en el cielo una nube de miasma, sin detenerse la siguió, escuchó una voz tras de ella que la llamaba pero no se detuvo, las historias que le había relatado su abuelo rebotaban en su cabeza mientras corría.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
— Escucha pequeña, esto es en serio.
Kagome miró a su abuelo, deseaba que entendiera que esas viejas leyendas no le importaban en lo más mínimo, cuando había aparecido en la puerta de su cuarto cargando un viejo papiro sabía ya a lo que venía, apagó su reproductor de música y lo volteó a ver.
— Abuelo por favor, no más historias ahora mismo me iba a poner hacer un trabajo del colegio – quiso detenerlo antes de que empezara la historia que fuera a contarle, la casi adolescente de 12 años.
— Solo escúchame por favor — dijo el anciano con suma seriedad – si quieres puedes reírte de todas las historias que te he enseñado, de cada uno de los relatos puedes tirarlos a la basura, menos este.
Kagome se quedó un poco inquieta por la forma en que su abuelo hablaba, el anciano tomó una silla y se sentó delante de ella, le entregó el papiro, la chica no lo abrió solo lo sostuvo.
— Puede que tengas razón, que todos los demonios de los que te he hablado estén muertos pero no este, este es el más importante del cual debes cuidarte.
Kagome contra su voluntad abrió el papiro y miró la ilustración, no sabía si sentirse asustada o impresionada.
— Es hermoso – dijo fascinada por la imagen.
— Si, lo es y en ello radica su peligro – dijo su abuelo mientras ella examinaba el papiro.
En ese papiro estaba la pintura de un demonio, pero no era como todos los viejos demonios que le había enseñado su abuelo con pesadas armadlas y figuras ya fuera de dragones, leones o algún tipo de animal salvaje, este demonio tenía figura humana, una impresionante figura humana: con su cabello plateado, que a pesar de ser solo una pintura uno podía jurar que era brillante y sedoso; y su rostro, era el hombre más apuesto que había visto en su vida, acostumbrada a seguir a los chicos de bandas de música por los que como toda adolescente ella se derretía, este los dejaba como simples niños a su lado; tenía una cejas gruesas y negras que enmarcaban los más impresionantes ojos dorados que hubiera visto en su vida, era como los ojos de los lobos de las montañas, enigmáticos, feroces, los ángulos de su rostro lucían jóvenes pero al mismo tiempo bien definidos; y su boca, más que su boca sus dientes, tenía unos colmillos desarrollados, de pronto se pregunto que se sentiría ser mordida por unos colmillos así y se llevó instintivamente una mano al cuello; vestía un extraño traje rojo que no dejaba entrever su cuerpo, pero la llevó a resaltar sus manos, sus manos tenían unas garras que lucían afiladas, peligrosas pero atrayentes y un par de orejas de perro sobre su cabeza que uno desearía poder tocar, pero sobre todo, ese aire de salvajismo e instinto que descansaba en él, sosteniendo una espada enorme, eso era hasta cierto punto atrayente y eso era precisamente lo que la asustaba. Había visto a lo largo de los años figuras y pinturas de muchos demonios que su abuelo se esforzaba que ella aprendiera, pero ese, ese papiro era el primero que le cortaba la respiración, como protegiéndose de sus propias emociones cerró el papiro y miró a su abuelo.
— Escucha Kagome – su abuelo se puso aun más serio – ¿Recuerdas lo que te he dicho sobre la perla de Shikon?
— Si abuelo – dijo algo aburrida, su abuelo le había dicho que la perla de Shikon descansaba dentro de ella como lo había hecho durante generaciones siempre a la primera mujer nacida de cada generación, en su caso, la única y la ultima.
— Pues bien – dijo y apretó el papiro entre las manos de su nieta – este demonio ha cazado a nuestra familia durante generaciones.
— Pues yo nunca lo he visto abuelo – dijo burlándose de él.
— Eso es porque este demonio por algún motivo no puede pisar Japón, pero cada Higurashi que ha salido de la isla ha sido cazado por él.
— Eso es ridículo abuelo – dijo condescendiente.
— ¿Cómo murió tu tía Sakura? – soltó su abuelo – ¿O la abuela Moeko?, incluso aunque no lo recuerdes otros Higurashi han salido de Japón y no han regresado.
Kagome tuvo que darle un punto por eso, la leyenda de su familia decía que cualquier Higurashi que saliera de la isla no regresaría jamás. Su Tía Sakura había muerto en un asalto cuando había ido de luna de miel a Roma. La hermana de su abuela en un accidente cuando había ido a un viaje de placer que había ganado en un sorteo a China. Pero eso solo eran casualidades, no podía ser verdad que cada Higurashi de la familia estuviera confinado a la isla.
— Pero eso no es importante ya – dijo con seriedad su abuelo – lo importante es que recuerdes solo una cosa de este demonio, si lo llegas a ver, no lo dudes, estará en peligro tu vida y tú deber es destruirlo.
— Abuelo…
— Escúchame Kagome, a menos de que destruyas a este demonio la maldición que ha caído sobre nuestra familia nunca terminara, solo te pido eso hija, no tienes que hacer nada más por mí, excepto eso, usa el poder que descansa dentro de ti y que tanto te niegas a aceptar para destruir al demonio Inuyasha.
Kagome miró a su abuelo, lagrimas brillaban dentro de sus ojos, sabía lo importante que era para su abuelo que ella aprendiera esas cosas, que siguiera con la tradición de los Higurashi por ser ella la ultima. Le debía eso, se prometió a su misma que la leyenda del demonio Inuyasha sería la única que no olvidaría.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
Y no lo había olvidado, se había negado a creerlo pero de todas las leyendas de su familia la única que no olvidaría nunca sería esa.
Pero no podía ser cierto, tenía que verlo por sí misma, no podría seguir su vida tranquila si se quedaba con la duda de si ese ser era real o solo un juego de su imaginación.
La persecución de los daimons había ido a parar a uno de los callejones desiertos del barrio francés, Acheron había acorralado a los Daimons que se morían de miedo, él, ese Dark Hunter era como el mismo lucifer, el ángel de la muerte para los de su clase. En un momento más llegó Inuyasha junto con los que en un momento había sido cazadores y el oráculo.
— Hazte a un lado Ash – dijo Inuyasha desenfundando su espada que se convirtió enseguida en el poderoso colmillo – ha sido una noche muy aburrida hasta ahora, yo me haré cargo.
— Déjalo Ash – dijo uno de los hombres tras de él – yo tengo ganas de ver cómo trabaja mi reemplazo.
— No juguetees con ellos Inuyasha – dijo Acheron haciéndose a un lado – solo libera esas almas ya.
— Lo que digas viejo – dijo con una sonrisa mostrando sus colmillos.
Los daimons se quedaron viendo al Dark Hunter que los enfrentaría, supieron al ver sus ojos rojos de pupilas azules que no saldrían de nuevo de ese lugar.
Kagome corrió hasta donde el miasma se reunía y vio a los esposos de sus amigas reunidos en la entrada de un callejón, estaban demasiado distraídos para notar su presencia, cuando se asomó ella misma a ver lo que sucedía se quedó helada de nuevo. Era real. La respiración se le detuvo cuando vio lo que estaba haciendo.
Inuyasha empuñó con fuerza su espada y la sacudió para enterrar la punta en el piso.
— Kaze ni kizu – la espada creó en el piso unas poderosas ráfagas de viento que rasgaron el piso e impactaron en contra de los daimons acorralados y golpearon de lleno los pechos, de los seres que había estado allí, no quedo nada, los 5 daimons fueron convertidos en polvo brillante en el viento.
— Wow – dijo Talon – esa es una técnica impresionante.
— Ni que lo digas – dijo Julián – dudo que ni mi espada lograra algo así, al menos no de un solo golpe.
Inuyasha volteó para gruñirles, ninguna de sus técnicas era para impresionar a nadie, pero se quedó quieto cuando vio la figura que estaba detrás de ellos. Una mujer, pero no cualquier mujer, por un momento pensó que su imaginación lo estaba traicionando, pero allí estaba, era su mismo cabello, y esos ojos marrones que no había olvidado en 500 años, pero lo que la termino de delatar fue su aroma, su sangre demoníaca se alboroto dentro de él, sintió como la furia lo recorría por completo y avanzó enseguida contra ella.
— ¡Maldita perra! – dijo avanzando contra ella.
Kagome vio venir a su peor pesadilla contra ella, tuvo deseos de echar a correr pero sus piernas no le respondieron, el semi demonio llegó solo a centímetros de ella.
— ¡Vas a morir Kikyou! – dijo cortando el aire con sus garras afiladas, que se dirigían contra ella.
— ¡Aléjate de mi! – Kagome puso las manos frente a ella, dos ráfagas de energía salieron de sus manos e impactaron contra el joven semi demonio
Inuyasha sintió como los poderes de esa mujer salían de su cuerpo y se impactaban directamente sobre su pecho, sintió como se le cortaba el aire y ser empujado con fuerza contra la pared a su espalda por la energía.
Kagome cayó al piso también impulsada por la fuerza que había despedido de sus manos. Le tomó un par de segundos entender que había salido de sus manos, sus amigas llegaron en ese momento, Kagome se miraba las manos tratando de entender que había pasado en ese momento, no podía ser cierto, su abuelo le había dicho que ella podía hacer eso, pero por mucho que lo hubiera intentado no había podido hacerlo nunca.
— Kagome…
Sunshine trató de levantarla del piso, pero fue ahuyentada por un toque eléctrico que mantenía su cuerpo.
Inuyasha se despabilo enseguida y volteó a ver a la mujer con ira, sus ojos se volvieron rojos como la sangre y unas marcas rojas apareciendo a los lados de sus sienes.
— ¡Te voy a matar sucia perra! – Inuyasha se levantaba del piso
— ¡Epa!, tranquilo cachorro — lo sostuvo Acheron de los brazos, le estaba costando trabajo, el semi demonio era extremadamente fuerte, Kyrian y Julián fueron a ayudarlo – ¡suéltenme!, ¡voy a matar a esa maldita zorra!
— ¿Qué te pasa Inuyasha?, cálmate.
— ¡Esa maldita me mato, esa zorra desgraciada es la que me clavo en el árbol!
Acheron casi sonrió al escucharlo volteó a ver a Kagome que aun miraba al Dark Hunter como su fuera una alucinación, aun rodeada por sus amigas que aun no se atrevían a tocarla.
Esa era la conexión.
Fin capitulo 2
Original:22 de Junio de 2007
10: 19 p.m.
Revisión: 22 de julio de 2014
10:30 p.m.
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Nota de autora: hola de nuevo a todos me disculpo por la demora pero como les contaba antes, ando en la organización de mi boda y me ha traído de arriba para abajo así que n me pude sentar este fin de semana con el siguiente capítulo.
Así que finalmente se han encontrado, lo sé muchas palabras altisonantes pero tendrán que entender el chico esta muuuuuuuuuuuuy molesto, pero apenas vamos empezando así que aún hay mucho pero mucho que contar.
Un agradecimiento enorme por todos sus mensajes en especial a:Hikari Taisho, Sakura hime shaoran kun, Akkase rainda, HanaHimeFC, Faby sama, Marlene Vasquez, Amaterasu97, Rub Belen, Danini kurama y Joan todos sus mensajitos me ayudan y me alegra que haya tenido tan buena recepción mi historia, aún cuando no entiendan todos los personajes a lo que solo puedo decir CORRAN A LEER LOS LIBROS! Lo juro valen la pena.
Me despido, espero poder regresar este viernes con el siguiente capítulo pero si no lo logro por favor ténganme paciencia siiiii
UN MENSAJE ANTES DE IRTE, POR FAVOR, POR FAVOR
Tata
Mimi chan
