Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi, así como todos los personajes de los libros de Dark Hunter son propiedad de la fantástica Sherrilyn Kenyon… y si tuviera cualquiera de ellos al menos por media hora, sería una mujer feliz pero no es así, aclarado el punto, aquí vamos
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Dark Hunter
Por mimi chan
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Capítulo 3
— ¡Suéltenme maldita sea! – les gruñó el hanyou a sus captores.
Inuyasha seguía gruñendo y mostrándoles los dientes a los hombres que lo sostenían tan firmemente, sus ojos rojos sacaban casi chispas y los tironeaba de una forma violenta que de haber sido personas normales les hubiera dislocado un par de huesos.
— Tranquilo chico perro – le habló tratando se tranquilizarlo Talon – recuerda las reglas, nada de atacar humanos.
— ¡Eso no es un humano! – gruñó más enfadado, si eso se podía y después se dirigió a la chica que aun estaba en el piso – ven aquí y déjame rebanar tu mentirosa cara.
La chica lo volteó a ver e Inuyasha sintió que de nuevo se hundía en las lagunas profundas de sus ojos color tierra, gruñó para sí mismo, era imposible que siguiera amando de esa manera algo de esa persona que tanto odiara.
Kagome solo miró esos ojos color rojos llenos de desprecio y algo más que no supo definir. Esto tenía que ser un mal sueño, debían haber puesto algún tipo de alucinógeno en su bebida y estaba teniendo un sueño acido en ese momento. No podía ser cierto que tuviera delante de ella a ese ser que había pensado que solo viviría dentro de sus sueños.
— Inu… yasha.
Solo alcanzo a decir eso en un ronco murmullo apenas audible antes de caer como un saco de patatas desmayada en el piso.
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Sus parpados se sentían tan pesados, deshuesada y cansada, voces apenas perceptibles se escuchaban a su alrededor, apenas podía entender lo que decían.
— Dices que no puede borrarle la memoria – dijo la chica de vestido morado en voz baja.
— Ash dijo que hay demasiadas memorias dentro de la chica – le respondió su esposo – que sería muy peligroso jugar con ellas.
Kagome escuchaba apenas los pequeños susurros, le dolía muchísimo la cabeza, y la luz lastimaba sus ojos, parecía que tenía la bombilla justo sobre su cabeza, se revolvió y alcanzó a ver una habitación llena de tonos pastel y completamente desordenada. ¿Dónde estaba? No lograba recordar que es lo que había pasado allí.
— Kagome – su amiga se acercó presurosa a su lado y la ayudó a sentarse en la cama.
— ¿Dónde estoy? – dijo sosteniéndose la cabeza, sentía que caería rodando de sus hombros por las sabanas en cualquier momento.
— Estamos en mi Loft – le respondió Sunshine enseguida.
Kagome se sostuvo más fuerte la cabeza. Tenía que recordar cómo había llegado allí, lo último que recordaba era estar en Runningwolf, estar bailando con un chico y como Sunshine la había jalado a su Loft para ver una pintura, ¿Se habría caído antes de llegar allí? ¿O solo habían seguido tomando un par de copas y se le habían subido sin darse cuenta? No recordaba nada… como un chispazo la imagen del demonio de ojos rojos se encajó delante de ella como si fuera un golpe, la intensa rabia en sus ojos rojos de pupilas azules se plantó delante de ella como si la estuviera viendo de frente directamente y estuviera a punto de saltar sobre ella, saltó en la cama hacia atrás como si pudiera alcanzarla.
— ¿Dónde está el demonio? – preguntó exaltada y completamente dueña de sí misma en un segundo.
— ¿Demonio? – pregunto dudosa Sunshine, hubiera deseado que ella olvidara el hecho.
— Si – le pregunto de nuevo con más insistencia – el demonio Inuyasha, ¿Dónde está?
Sunshine volteó a ver a todos los demás en la habitación, Amanda y Grase estaban sentadas en una otomana a un lado de la cama, sus esposos debían estar en la cocina o fuera, el único presente era Talon. Por la expresión de sus rostros sombríos y asustados supo que ellas sabían bien de quien hablaba.
— Kagome creo que te has golpeado muy fuerte la cabeza – empezó a decirle Sunshine.
— No te atrevas a mentirme, Sunshine – dijo completamente segura de sí misma – los vi a todos ellos – dijo mirando con dureza a Talon – los vi a todos con ese demonio evaporando a esos tipos en el callejón.
Todos se quedaron callados mientras ella apuñalaba con la mirada a todos y cada uno, Sunshine fue la que terminó levantándose haciendo una rabieta.
— Oh mierda – dijo en voz alta – ¿Qué se supone que debo decirle?
— La verdad sería una buena opción – dijo Kagome aun mirándola.
— Mira Kagome, con todo disgusto te diría la verdad – le dijo haciendo gala de seriedad Sunshine – y lo digo así porque créeme pocas personas en el mundo realmente quisieran saber que fue lo que tú viste esta noche, es como para quitarte el sueño un par de décadas, pero da la casualidad que yo no puedo decírtelo, ninguno de nosotros puede.
— ¿Quien puede entonces? – preguntó la sacerdotisa.
— Acheron, si acaso – dijo de sopetón.
— Acheron – repitió Kagome – Acheron Parthenopaeus, el mismo que me compra ramen todas las noches – recordó entonces todas las platicas que había tenido con el hombre en su café, él llevaba el ramen para uno de sus empleados, que era también de Japón y había extrañado el sazón del buen ramen por mucho tiempo y soltó un chillido – ¡CHIKUSO!, ¡SHIMATA!, ¡WATASHI WA BAKA, BAKA, BAKA!, no lo puedo creer he estado alimentando a ese demonio por semanas, no puedo creerlo.
— Kagome tranquila – intento sosegarla Sunshine.
— Tranquila mis polainas – dijo más que molesta – se supone que mi deber como una Higurashi es eliminarlo no darle de comer. ¿Donde está? Tengo que matar a ese demonio.
— La verdad no creo que seas capaz de hacer algo como eso – dijo sin demasiada emoción Talon aun en la pared.
Kagome lo volteó a ver con tanta fuerza, que el antiguo Dark Hunter empezó a tener una dolor de cabeza instantáneamente, algo absolutamente imposible dado todos los tatuajes de protección que tenía dibujados y se supone deberían protegerlo.
— ¡Mierda, basta! – dijo el hombre sosteniendo su sien – quieres parar de hacer eso.
— Toda mi vida he sido entrenada para poder exterminar demonios – dijo como si no fuera ella misma, tan concentrada en su coraje que no se daba cuenta de que estaba lastimándolo – me guste o no, así que mejor mantén tu boca cerrada.
— ¡Kagome! – la llamó Sunshine preocupada por la expresión de dolor de su esposo – ¡Basta, lo lastimas!
Kagome bajó la mirada enseguida y el dolor de Talon desapareció con ello, farfulló algo que Kagome prefirió no entender y atravesó la cortina que separaba la habitación del resto del piso.
— Lo siento – se disculpó enseguida la chica en la cama – no pretendía hacer eso.
— Ok, tienes más poderes que Talon por lo que veo y eso ya es sorprendente – dijo alejándose instintivamente un poco de ella – así que le advertiré que se mantenga callado.
— De verdad lo siento Sunny — Kagome odiaba cuando hacia eso. Pero es que siendo una persona tan calmada no solía enojarse lo suficiente nunca como para poder hacer ese tipo de cosas, ya muchas personas la habían tachado de loca o extraña antes, por ello evitaba enojarse siempre, no quería perder a tan buenos amigos por esas habilidades que tanto odiaba.
— Tranquila, para algo son los analgésicos – dijo más calmada la chica delante de ella – escucha Kagome la verdad es que Talon no dijo lo que dijo por molestar, es la verdad es realmente muy complicado que logres hacerle nada a ese… demonio.
— ¿Por qué? – preguntó controlando su carácter.
— Porqué estarías metiéndote en muchos problemas con cierta diosa griega… — sin duda Artemisa no dejaría que solo pudiera lastimar a uno de sus Dark Hunters favoritos así como así y ella sabía muy bien lo que era meterse en líos con cualquier tipo de dios, había demasiadas historias al respecto – Inuyasha es un Dark Hunter
— Y ¿Qué se supone que es eso?
— Eso es algo que solo te puede explicar Acheron… — reflexionó. ¿o no?, sabía que ningún humano que no fuera iniciado debía involucrarse o saber la identidad de los Dark Hunters, a todo eso, ¿Qué era ser iniciado?, a ella nunca le habían dado el visto bueno, bueno su situación había sido tan caótica que… ¡Concéntrate Sunshine! — bueno eso creo.
— Oh claro que me lo va a explicar – dijo con seguridad. Si pensaba que por ser grande y tener la apariencia de malo la iba a dejar sin esas respuestas que tanto necesitaba estaba muy equivocado, se lo debía después de haber cocinado para su peor enemigo – eso lo puedes apostar.
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"Pop"
El ruido de la goma de mascar al romper la burbuja se coló en medio del demás ruido que su acompañante hacía, que de paso sea dicho, era bastante.
— ¿Que se supone que pretendías hacer chico perro? – le preguntó aun sentado en el piso a su lado, los muebles japoneses distaban mucho de ser cómodos, cojines en el suelo no era lo más confortable.
— ¡Suéltame, maldita sea! – gruñó de nuevo, amenazándolo por centésima vez.
— No hasta que estés más tranquilo y me prometas no ir a matar a la cocinera – le respondió con calma.
— ¡Voy a matarte a ti, lo prometo! — Ash lo miro así divertido — por haberme dado de comer algo cocinado por esa serpiente venenosa.
— Pensé que habías disfrutado esa comida – dijo con cierto toque irónico.
— Esa zorra bebió haber estado poniendo veneno en mi comida – se empujó de nuevo contra él sin ningún resultado, de nuevo – sino fuera un Dark Hunter ya hubiera caído muerto.
— La verdad no lo creo Inuyasha, ella sirve la misma comida a todos sus clientes y hasta Simi ha comido de ella nunca le ha hecho daño – bueno eso no ayudaba mucho, la demonio charonte podía comer serpientes asadas en el desayuno y eso tampoco la afectaría – además ella no sabía que estaba cocinando para ti.
— Juro que cuando logre salir de esto voy a rebanarte el cuello — Inuyasha gruñó de nuevo y trató de alcanzarlo pero le fue imposible.
Al ver que el chico no se calmaba y los demás ex Dark Hunter debían volver a sus casa, Ash lo había encadenado a una de las columnas de su casa con unas esposas forjadas por Efestos, había sido la única manera de contenerlo de no salir a la calle de casería. Por mucho que Inuyasha le agradara a Artemisa, no dudaba que pusiera a los Ritos de sangre tras él si daba un paso en contra de la cocinera.
Dicho sea de paso la chica le agradaba, tenía esa habilidad de que no se le ponían los pelos de punta al verlo entrar a su café: sexualmente activa, si, algo precavida, también, pero no aterrorizada como la mayoría de los humanos.
— A todo esto Inuyasha ¿Por qué quieres matarla? – dijo con desgana – a mi me pareció una chica perfectamente agradable.
— ¡Esa zorra es Kikyou! – le gruñó con desprecio – ¡Esa maldita fue la que me asesinó y hasta ahora no he podido cumplir mi venganza, voy a ir tras ella como sea.
— Inuyasha – lo miró bajando un poco sus lentes, sus ojos plateados lo escrutaron como si estuviera mirando a un niño enseñándole una lección – tú mismo no me dijiste que Kikyou ya estaba muerta cuando la encontraste.
Inuyasha empezó a calmarse, a su mente vino aquella imagen que había rivalizado en todo momento entre la alegría y la tristeza.
Era cierto Kikyou estaba muerta.
:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:
Era de noche cuando había regresado a la aldea de la sacerdotisa, todo parecía extrañamente solitario, pudo oler a las personas a la distancia, todas, todas y cada una de ellas tenían aroma a sal sobre ellas, siguió el aroma de los humanos, queriendo distinguir el de la sacerdotisa traidora que buscaba especialmente, pero no estaba, podía oler a su hermana pequeña con claridad, lo que era extraño, las dos hermanas siempre estaban juntas, un aroma pesado y agudo llego a su nariz.
Humo.
Siguió el aroma y entonces lo vio con claridad, se escondió en uno de los árboles y observó el rito. Un monje ofrecía oraciones quemando papiros en la hoguera, mientras en el centro de ella, un cuerpo estaba extendido, las llamas lo lamían hambrientas de su piel, el aroma a lirios quemados lo envolvió e hizo que su corazón se encogiera.
— Kikyou…
Kikyou era la que estaba en la hoguera, estaba muerta y toda la aldea la lloraba, podía escuchar los susurros apagados de las personas "No puedo creer que una sacerdotisa con un alma tan pura muriera tan joven, de esta manera" "Pobre Kaede que es lo que hará ella sola ahora, debemos darle cobijo" "al menos antes de irse logró exterminar ese demonio que destruyó la aldea"
Inuyasha cerró fuertemente sus puños, las garras afiladas cortaron su piel pero apenas lo notó. Él iba por ella, en el fondo de su corazón mientras buscaba su aroma no sabía si sería capaz de realmente matarla, lo deseaba, lo había traicionado, pero la verdad en su alma era que él la amaba profundamente, así el amor de ella hubiera sido una mentira, no era así el de él. La miró allí tendida consumiéndose en el fuego de a hoguera y sintió que algo dentro de él se rompía.
Miró a su pequeña hermana ir junto a la hoguera y secar las lágrimas que caían de su ojo sano, extendió su delgado bracito y abrió su puño. La perla de Shikon.
— Como me lo pediste hermana – dijo la chiquilla – que esta perla vaya contigo y no cause más pesares en este mundo.
La pequeña dejó caer la poderosa perla en las llamas sobre el cuerpo de su hermana y soltó un destello rosado que cubrió todo lo que alcanzaba, cuando se apagó aquel resplandor las llamas se habían extinto y solo quedaba ceniza.
Vio después como una joven mujer acunaba a la pequeña Kaede en sus brazos y como el monje recogía las cenizas que quedaban y las bendecía para ponerlas después en un altar cercano a la cabaña de la sacerdotisa. Las personas se empezaron a dispersar, todos a sus propias cabañas, las luces de las antorchas empezaron a apagarse y se encontró solo en la copa del árbol, sin más luz que las de las estrellas de la luna nueva, no se había percatado siquiera que no se había transformado en un humano, su mente estaba demasiado ocupada por lo que había pasado.
¿Quién había matado a Kikyou? ¿Por qué? Pero la interrogante que jamás se podría responder y siempre lo torturaría sería ¿Por qué lo había traicionado? La respuesta más obvia era que él se había dejado traicionar, él había confiado en la sacerdotisa, Inuyasha siempre había creído que los humanos, los verdaderamente especiales podían amar a los seres como él, ¿No lo había amado su madre acaso? Él había creído estúpidamente que Kikyou lo había amado, pero se había equivocado tanto.
Nunca volvería a cometer el mismo error.
Cuando los primeros rayos del sol habían empezado a perfilarse en el horizonte Inuyasha empezó a sentirse enfermo, mareado. Saltó del árbol y volvió a ver al hombre de cabellera rubia recargado en el árbol, vestido de aquella extraña manera como lo había hecho en aquel reino.
— Es el sol – dijo el hombre como si adivinara sus pensamientos – Artemisa es la diosa de la luna, por tanto, el sol te hace daño.
— Entiendo – respondió sin emoción.
— Has terminado lo que has venido a hacer – preguntó.
Inuyasha no respondió enseguida, sino que miró el altar donde las cenizas de Kikyou descansaban, su corazón deseaba ir y decirle adiós, pero su razón le gritó lo estúpido que era por eso.
— Está muerta – respondió negándose a dar más detalles, Acheron no lucía como quien los necesitara.
— En ese caso – le preguntó con desenfado — ¿Sabes leer?
— ¿Sabes escribir? – le respondió molesto, su madre le había enseñado a leer y a escribir como a todos los demás niños.
— Eso hará las cosas más simples – dijo con una media sonrisa – ahora debes venir conmigo, debemos salir de este lugar y después empezaremos tu entrenamiento
— ¿Entrenamiento para qué? – preguntó Inuyasha.
— Para el trabajo en el que te has enrolado, puedes llamarlo curso de capacitación.
Inuyasha no había entendido la mitad de lo que quería decir, "curso de capacitación" ¿Qué demonios era eso?, la vedad es que lo siguió por que el sol cada vez lo hacía sentir más enfermo y le empezaba a escocer la piel.
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Inuyasha se inclinó laxo contra la columna. Era verdad, Kikyou estaba muerta desde hacia más de 500 años. Pero esta mujer entonces… era idéntica a Kikyou, tenía los mismos poderes que había tenido la sacerdotisa y sus ojos, los ojos chocolate que lo habían torturado por centurias eran exactamente los mismos.
— ¿Quién es esa mujer?
— Una cocinera perfectamente agradable que acabas de meter en muchos problemas.
Con un movimiento de la mano de Ash, las esposas cayeron al piso y después desaparecieron, Inuyasha empezó a frotar sus muñecas y se sentó en el piso. Su mirada lucía completamente negra en ese momento, las vetas doradas desaparecieron.
Hacia cuanto tiempo no lo había tocado de esa manera la tristeza.
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Kagome estaba más tranquila ahora, el dolor de cabeza se había ido, todos se habían ido a casa, solo Sunshine había acordado quedarse con ella en el loft, sin la ausencia de la queja de su esposo por dejarlo ir a dormir solo, pero solo con una profunda mirada de sus ojos ámbares la mujer había dejado callado a si esposo.
— ¿Te sientes mejor? – dijo la chica que volvía con una taza enorme con lo que parecía te caliente.
— Si, — dijo sentada en la cama recibiendo el té en sus manos – gracias Sunshine.
— Hey buenas noticias –lo reflexionó un momento – bueno quizás no tan buenas, Talon llamó hace un momento y me dijo que Ash va a contarte todo, no sé cómo es que vayas a quedar dentro, pero como ya lo habías visto lo mejor era que supieras a que te atenías, dijo que Inuyasha también ya estaba mucho más tranquilo.
— ¿Tranquilo? – su voz subió dos octavas.
— Si – respondió Sunshine – dijo que toda la noche había querido asesinarte pero que ahora ya estaba en paz.
— Él no parara – podía recordad la voz de su abuelo diciéndole eso "no parara hasta que haya sido muerto el ultimo Higurashi o tenga la perla se Shikon – me había negado a créelo toda mi vida, pero el apenas pueda poner sus manos sobre mi me matara, soy la ultima.
Sunshine se sentó a su lado, y la miró intrigada. Kagome miraba con tanta ira su té que creyó que la taza se rompería en pedazos en algún momento.
— Realmente Kagome no creo que Inuyasha haya matado a nadie, va contra su código. – no podía, a menos ningún Dark Hunter que se hubiera atrevido a matar a un humano seguía vivo, al menos eso es lo que sabía Talon – Pero me serviría que me explicaras porque piensas eso.
Kagome sorbió el té, hizo una mueca, no tenía azúcar y sabía como agua que habías sacado del depósito de la tetera, debía enseñarle un día a hacer un buen te, no le extrañaba que Talon alabara el suyo.
— Es una historia muy larga – sin agregar que estaba toda fragmentada, por más veces que la había escuchado no la recordaba entera.
— Bueno – dijo acomodándose en la cama cruzando sus piernas como una niña esperando un gran cuento – tenemos toda la noche, soy una criatura nocturna.
Kagome sonrió sin pensarlo.
— Veras – por dónde empezar… — hace más de 500 años había una poderosa sacerdotisa llamada Midoriko, durante la época de guerras civiles había demasiada energía oscura que alimentaba a los demonios que había en Japón, Midoriko se encargaba de derrotarlos, pero llego el momento en que fueron demasiados para ella, aquella sacerdotiza uso toda su fuerza espiritual para defenderse, pero no logro salvarse, sin en cambio logro absorber – ¿absorber? ¿Transformar? ¿Transmutar? — o algo por el estilo toda la energía de los demonios y la propia, así creo la Shikon no tama.
— ¿La Shikon no tama? – repitió esperando la explicación de lo que era, su japonés era muy poco
— Si, del lugar donde estaba el corazón de Midoriko, salió de él una perla que tenía la esencia de las 4 almas – puso los ojos en blanco, su abuelo le había explicado un montón de veces la esencia de las 4 almas y nunca lo había entendido, explicárselo a Sunshine era imposible — mira te lo explicaría pero la verdad es que ni yo lo entendí cuando me lo contó el abuelo, solo sé que es la esencia del alma humana, al menos lo que debería tener, del valor, la amistad, la sabiduría y el amor estaban en esa perla y desde entonces se convirtió en un objeto muy deseado por todos los demonios, las leyendas decían que cualquier demonio que poseyera la perla se volvería infinitamente poderoso – Kagome hizo un esfuerzo por recordar toda la historia, siempre que el abuelo la contaba le parecía tan aburrida que rara vez le había puesto atención – después de eso, la perla fue recuperada por humanos y puesta a cargo de una sacerdotisa de corazón puro para poder purificarla, una sacerdotisa llamada Kikyou.
— Kikyou… — repitió de nuevo Sunshine – así es como te llamó Inuyasha ¿Cierto?
— Bueno, que puedo decir – ella también había intentado encontrar la explicación de porqué el demonio la había confundido, una vez que había podido recordar el episodio sin que un escalofrió de miedo la recorriera, había llevado un muy buen trato – todas las mujeres Higurashi tenemos unos ciertos rasgos, no me extrañaría que él pensara que era yo.
— Ya veo – tenía lógica, todas las mujeres de su familia también se parecían, unas más que otras, los ojos, la forma de la boca, la personalidad belicosa, bueno de eso tenía un cierto grado más amplio Tabitha pero… no te distraigas de nuevo – Pero a ver termíname de contar.
— Bien – Kagome suspiro profundamente, retomando la historia – Kikyou cuido de la perla con gran ahínco, todos los demonios iban tras ella, bueno no solo los demonios sino también humanos de corazón malvado, hasta que finalmente un día conoció a Inuyasha – suspiró profundamente de nuevo, esta parte de la historia es la que se había obligado a si misma nunca olvidar, en respeto al abuelo – Inuyasha era un hanyou, lo que llamaríamos un hibrido, un ser nacido de la unión de una princesa humana y un demonio perro llamado Inu no Taisho.
— ¿Inu no Taisho? – Interrumpió de nuevo Sunshine – ¿Cómo el de las pinturas sobre la antigua muralla China?
— ¿Sabes de él? – preguntó Kagome.
— Bueno las pinturas son una leyenda – dijo acomodándose más cómodamente – el original de la muralla China desapareció hace como 100 años, es un misterio – bueno no lo era tanto, era probable que hubiera terminado en una colección privada, que lo hubieran robado y estuviera en el mercado negro, que algún loco la hubiera destruido, podían hacer como… ¡Santo cielo Sunshine! – Pero sigue.
— Bueno – la miró casi divertida, sabía el esfuerzo que hacia Sunny por mantener su mente en un solo lugar – Inuyasha se acercó a Kikyou para apoderarse de la perla, pero como era un ser mitad humano, Kikyou nunca tuvo el valor de exterminarlo como todos los demás y dejo que se le acercara, después de un tiempo Kikyou se enamoro de él, e Inuyasha se aprovecho de eso para traicionarla, llego un momento cuando Kikyou le ofreció una alternativa a Inuyasha que los liberaría a los dos. Kikyou quería dejar de ser la guardiana de la perla e Inuyasha quería convertirse en un monstruo, pero si usaba la perla para eso el poder lo pervertiría en cambio si lo usaba para hacerse un humano, era probable que la perla desapareciera. Cuando el momento llegó Inuyasha atacó a Kikyou hiriéndola de muerte, y robando la perla después fue a exterminar a todos los aldeanos, Kikyou tomó las ultimas de sus fuerzas para ir tras Inuyasha, llegó a la aldea y lo encontró junto al goshimboku, un árbol sagrado que hay en el templo Higurashi que es donde hemos vivido cada generación por 500 años, valiéndose de sus últimas fuerzas de sacerdotisa y del poder del goshimboku, atacó a Inuyasha hiriéndolo de muerte, se supone que el goshimboku conservaría el cuerpo de Inuyasha atrapado con su poder pero no fue así, apenas murió el cuerpo desapareció, quizás el dolor de Kikyou pervirtió el poder que debía ser solo para dormirlo y logró matarlo, después de eso por sus heridas Kikyou murió.
— Que tristeza, haber sido traicionada por la persona que amaba— conocía demasiadas historias al respecto, muchos de los Dark Hunters habían pedido su acto de venganza por ello, lo que le hizo preguntarse ¿Cuál sería el acto de venganza que podía habérsele concedido a Inuyasha?
— Si – Kagome siempre había opinado lo mismo – la perla de Shikon fue quemada con sus restos y las leyendas de mi familia dicen que en cada generación nacerá la primera mujer con el poder de la perla descansando dentro de ella, y esta debe ser su guardiana, como todas las mujeres de mi familia han sido sacerdotisas era como un deber innato.
— Aun no encuentro que tiene que ver eso con Inuyasha.
— Las leyendas de mi familia dicen también que el espíritu de Inuyasha nunca dejo de desear la perla de Shikon – le explicó Kagome – pero por algún motivo Inuyasha nunca había podido regresar a Japón por ella, así que los Higurashi procuraban nunca salir de Japón, los pocos que lo hicieron nunca regresaron, la familia dice que todos fueron asesinados por él.
— Eso es imposible, definitivamente imposible, completamente imposible.
— Lo sea o no – dijo con seriedad – mi deber es exterminarlo y proteger la perla.
— ¿Y dónde está la perla? – preguntó Sunshine, tenía curiosidad de cómo luciría una perla hecha con almas, ¿Sería como el amuleto que había tenido el alma de Talon?
— No tengo idea – dijo sinceramente, nunca la había visto, se supone que su madre había sido la guardiana antes que ella pero jamás la había visto, el abuelo nunca se la había dado – se supone que su poder descansa dentro de mí, pero nunca he entendido si eso es textual o solo un tipo de metáfora.
— ¿Y cómo se supone que vas a proteger algo que no sabes donde esta? – pregunto con curiosidad.
— Sinceramente – dijo pensándolo también – no tengo ni la más remota idea.
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Al día siguiente, Kagome trató de mantener su ritmo normal de vida, despertar temprano para ir y abrir su café, se moría de curiosidad sobre lo que le diría Ash sobre Inuyasha, había demasiadas interrogantes en su cabeza, para no ahogarse con ellas se dedicó con ahínco al trabajo, eso siempre le ayudaba.
Quizás siempre pero no hoy.
Primero que nada tenía que averiguar dónde estaba la perla de Shikon. Sunshine tenía razón, ¿Cómo iba a proteger algo que no sabía siquiera donde estaba?, quizás había estado escondida en algún sitio en el templo Higurashi y ahora tendría que volver por ella, ¿Cómo rayos iba a costear un viaje redondo a Japón? Y con la cantidad absurda de cosas que el abuelo juntaba, lo más escalofriante había sido cuando le había regalado una pata de monstruo de pantano en su cumpleaños 15, ¡Quién en su sano juicio hacia algo como eso! esa era una de las cosas normales del abuelo, las cosas anormales era lo que le causaban miedo, recordaba una jarra transparente donde el abuelo tenía cabezas humanas, bueno eran calaveras más que cabezas y pelo, decía que era para ahuyentar a la demonio Yura, que decapitaba a los humanos para hacerse de sus cabellos, que el amuleto hacia la ilusión de que el cabello de las personas de la casa era horrible y pasaba de largo. Era como entrar a una casa del terror cuando ayudaba a su abuelo a limpiar el depósito, no quería ni tener que pensar en tener que buscar nada allí.
El otro asunto era Inuyasha… había una complicación enorme con Inuyasha… ella se sentía atraída por Inuyasha desde que lo conocía, es decir desde que tenía 12 años.
Sería hipócrita decir que conocía al pie de la letra la historia de Inuyasha solo por el abuelo, la verdad era que desde que había tenido ese papiro en sus manos, se había obsesionado con él. Inuyasha se había convertido en el estandarte para ella de lo que debía tener un hombre que le atrajera, quería lo que mostraba Inuyasha en su papiro de papel, quería que tuviera esa expresión indómita y salvaje en sus ojos, quería que cada parte de su cuerpo mostrara fuerza y vitalidad, quería la regia postura de un guerrero, y sabía que justo eso se había convertido en su perdición, ningún hombre jamás había tenido todo lo que ella buscaba.
Había salido con montones de hombres porque había sido muy solicitada desde los 15 que dejó de estar plana por todos lados y había ganado un poco de cadera y pecho, había aceptado a salir con dos o tres chicos del equipo de fútbol americano, con uno del equipo de box, el más cercano que había hallado había sido un chico llamado Hoyou que estudiaba kendo e iba regularmente al gimnasio, tenía un cuerpo delgado pero atlético, pero su carácter, era un gatito en comparación con un lobo que era lo que ella buscaba.
Dios había fantaseado con Inuyasha más veces de las que podía llegar a contar, nunca es sus más locos sueños guajiros había llegado a pensar que realmente lo tendría delante un día así que era casi como tener una pintura con Jet Lee o Daniel Wu como todas las chicas normales, no ella tenía la pintura de el más hermoso demonio que había existido nunca, eso era seguro, no podía haber otro como él. Había vivido con él las más ardientes fantasías, en su imaginación él había sido siempre el amante más apasionado y salvaje que podía desear cualquier mujer. Había sido su amante personal, perfecto, siempre allí cuando lo requería, no solo sexualmente si no en otros ámbitos en los que se había logrado colar. Podía recordar un montón de veces en las que se había sentado a un lado del goshimboku y platicaba con su amante fantasma, podía verlo allí recostado en el árbol, como si la flecha no lo hubiera exterminado si no como si lo hubiera dejado dormido allí como era el plan original. Le había confesado sus sueños, sus anhelos, sus tristezas y alegrías, había veces que sin más familia que el abuelo se había sentido sola y era él, Inuyasha, quien siempre la acompañaba y reía con ella, quien la acampaba a estudiar a la biblioteca, quien se sentaba a ver con ella la TV. Había habido un tiempo en el que había llegado a creer que estaba enamorada de él, pero como iba una persona a enamorarse de un pedazo de papel.
La última cosa que no dejaba de dar vueltas en su cabeza era si iba a ser capaz de matarlo. Kami, era… él era algo así como su mejor amigo, mucho más que un amigo, era su amor platónico, o al menos algo muy parecido, pero se lo debía al abuelo, y a todos los Higurashi.
Además no estaba segura de que Inuyasha fuera realmente inofensivo, mejor dicho sabía que no era inofensivo, había evaporado a unos tipos en ese callejón, aunque Sunshine le hubiera explicado que técnicamente no eran humanos y que realmente eran "unas malas cosas que salían por la noche" con sus palabras, ella le había asegurado que Inuyasha nunca lastimaría un humano, todo lo que le había logrado decir de los Dark Hunters era que eran el equivalente de un senshi de Sailor Moon… por un momento la comparación había puesto a Inuyasha en diáfana falda marinera, pose ridícula y pretendida por el tipo de las rosas… para alguien como Sunshine que nunca ve la TV, verla y encontrar Sailor Moon había sido increíble.
Además había pruebas en su contra, si no había sido él quien por generaciones había cazado a los Higurashi que vivían fuera de Japón, ¿Quién había sido? El hecho era que todos ellos habían muerto, y que Inuyasha era el único interesado en esa familia en particular, dudaba mucho que hubiera otro asesino, que trascendía en el tiempo y estaba dedicado únicamente a su familia.
Pero aun que fuera el culpable ella no creía que pudiera llevar a cabo esa empresa, había dicho a todos que era su labor, pero esa era su respuesta mecánica, el abuelo la había entrenado para que cada vez que le preguntaran cual era su mayor deber como la ultima descendiente de los Higurashi decir "proteger la perla de Shikon del demonio Inuyasha" como un niño diría las tablas de multiplicar.
La perla de Shikon… Inuyasha… Dark Hunters.
¿Por qué a ella? toda su vida lo único que había querido había sido una vida normal, había huido de Japón donde todos los que visitaban el templo ajenos o conocido sabían que ella era "la sacerdotisa Kagome" para ser solo Kagome Higurashi, y ahora resultaba que había caído de lleno en el sitio donde no solo era la sacerdotisa Kagome, si no que había entrado de tope al pantanoso terreno de ser la sacerdotisa Higurashi.
Solo de pensarlo le daban ganas de darse de topes contra la pared.
Poco falto para que lo hiciera cuando entraron un par de clientes en el café, y la distrajeran un poco. Debería considerar por el día de hoy regalar una sopa de ramen a todas las personas que entraran al café, eso seguro la mantendría ocupada todo el día.
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— Realmente no estoy del todo seguro, Inuyasha siempre fue un misterio, la mitad de todos nosotros pensábamos que era un were hunter, hasta que estuvo en Europa y nos dimos cuenta de que no podía salir al sol, ni estaba en manada ni hacia ninguna de las cosas que los were hace normalmente y según sé, su fuerte nunca ha sido socializar.
La primer cosa que había hecho Sunshine al encontrarse con su esposo por la tarde cuando él despertaba había sido preguntar cuál había sido el acto de venganza de Inuyasha, le daba vueltas y vueltas en su cabeza a ese asunto y no encontraba una plausible, había sido él quien había cometido la traición ¿cierto?
— Kagome me contó una historia que siento que algo tiene mal – dijo abrazándolo por la espalda mientras él estaba sentado frente a la computadora revisando mensajes, la mayoría de sus antiguos colegas aun mantenían comunicación con él – según ella fue Inuyasha primero quien atacó a la mujer que lo mató, si su venganza fue por la mujer que lo mato, eso no tiene lógica.
— Te lo repito, no se gran cosa sobre él – dijo sosteniendo cerca de su corazón una de sus manos, podía sentir esa inquietud caminando bajo su piel – solo sé que a Artemisa le gusta por algún motivo que desconozco y que tiene habilidades que muchos le envidian.
— ¿Cómo cuáles? – preguntó con curiosidad.
— Hace como 400 años en China hubo una de esas asquerosas sublevaciones Daimon – le empezó a explicarle mientras la jalaba a su regazo para platicarle mirándola a la cara – algunos de los cazadores que estuvieron allí cuentan historias sobre un gran lobo blanco, un monstruo enorme que despedía veneno de su boca, se elevaba en el aire y hablaba, que a zarpados había matado un par de centenas de daimons en solo un par de días, según los archivos de Nick, Inuyasha puede convertirse en esa criatura, yo nunca la he visto pero él dice que hay registros que puede. Por eso te dije todos pensábamos que era un Lycos, pero no lo es, es un demonio perro.
— Vaya eso es impresionante – dijo sinceramente sorprendida.
— Si y no son los únicos que posee, tiene un arma fantástica, su solo nombre la marca, tesaiga – Sunshine espero que le dijera el significado – la espada que controla la tierra, con solo agitarla una sola vez puede exterminar unos 5 daimons de un solo golpe, estoy seguro.
— Y su apariencia – dijo Sunshine pensando en ello – has visto como sus ojos tiene esas vetas color dorado, eso es extraño ¿No lo crees?
— Según se eso fue capricho de Artemisa – le explicó Talon – le gustan sus ojos.
— Hay algo mal en esta historia Speirr – dijo usando su verdadero nombre que conjuraba de inmediato un aire de intimidad entre los dos, recargó su cabeza en su hombro – lo siento en los huesos.
— ¿Cuál es tu interés Sunshine? – dijo el abrazándola por la cintura.
— Kagome me simpatiza mucho, es una de esas personas a las que las puedes meter en este mundo extraño en el que vivimos y lo va a soportar, realmente lo creo y creo que haría una pareja estupenda con Inuyasha – Talon sonrió divertido por los instintos de celestina de su esposa – pero supongo que tendríamos primero que saltar ese detalle de que tenga que matarlo.
— ¿Como que tenga que matarlo? – saltó enseguida Talon.
— Oh es una historia muy larga.
— En ese caso, empieza por el principio y por favor no te distraigas.
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Había limpiado por quinta vez los pisos de su café, lucían relucientes sin duda, casi podía ver su reflejo en ellos, había limpiado su parrilla dos veces, ya no tenía ni un gramo de cochambre, había fregado todos y cada uno de los trastes de la cocina, aunque estuvieran limpios, y aun así solo eran las 8 de la noche y ella estaba a punto de trepar por las paredes, Ash siempre solía llegar a esa hora, no sabía si seguiría llevándole su comida a Inuyasha por la forma en que él había reaccionado con ella, pero le debía una explicación al menos eso es lo último que le debía.
Al ver pasar los minutos tuvo el impulso de ir a su apartamento arriba y empezar a preparar un conjuro de invocación, si no venía, estaba completamente dispuesta a obligarlo a ir allí aunque fuera a la fuerza. Cuando dieron las 8:15 p.m. y su paciencia estaba completamente agotada fue que escucho el motor de la motocicleta que ya le era tan familiar, respiró aliviada. Se asomó por la barra y lo vio allí bajar de su motocicleta y estirar algunos pliegues de su gabardina de cuero, lo verdaderamente extraño fue una mirada que dio sobre su cabeza, como si esperar algo sobre ella, Kagome dio un salto en su lugar cuando una sombra roja cayó desde lo alto, pareciera desde el techo, se quedo muy quieta en su lugar cuando vi que Ash no venia solo.
El hombre enorme entró por la puerta de su café y le dio el paso a su acompañante, Kagome no sabía si debía siquiera abrir la boca. Pero todo su demás cuerpo reacciono, sus piernas se hicieron de mantequilla y sintió su corazón correr al doble, no que va, al triple de su velocidad, sentía la sangre hasta las sienes, su boca seca, y sus manos sudorosas.
Delante de ella vestido con unos jeans negros con botas militares, una camiseta blanca y una gabardina color rojo, con su cabello plateado resbalando pecaminosamente por su espalda libre de toda atadura, las mismas garras en sus manos, que lucían afiladas y peligrosas, con unos ojos tan negros como la noche, toda esa aura de instinto animal y salvajismo como una corona dorada a todo su alrededor, tan hermoso que te dejaba noqueada, mucho más de lo que había sido en su imaginación.
Allí estaba su peor enemigo y el que había sido su gran amor.
Allí estaba el demonio Inuyasha.
Fin capitulo 3
Original: 12 de enero de 2008
1:02 a.m.
Revision: 06 de agosto de 2014
12:38 a.m.
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Nota de autora: Solo he de decir… me alegra que una persona se pueda casar por la iglesia solo una vez en la vida, es complicado :/
Lamento mucho la demora en serio que no he tenido nada de tiempo últimamente, y en serio ustedes no quieren saber y yo no quiero contales mejor regresemos a la historia.
Sé que el capitulo es algo lento pero teníamos que dejar algunas cosas claras antes de que la historia avanzara más por que no es la misma historia que se ve en la serie pero si la misma temática adecuada para este fanfic y teníamos que saberlo para saber en que terreno estamos.
Tratare de volver lo antes posible con el siguiente capitulo, mil gracias a todas las personas que están leyendo la historia, espero que la estén disfrutando mucho.
Me dejas un review para saber si te ha gustado el capitulo, harías a un fanficer muy feliz.
Tata
Mimi chan
