Todos los personajes de la saga de libros de Dark hunters pertenecen a la genial Sherrilyn Kenyon ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean uno de ellos por media hora… que va 5 minutos v_v…. así que hago esto sin fin de lucro aclarado esto aquí vamos.

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Dark Hunter

Por Mimi chan

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Capitulo 5

Naraku

Sobre uno de los postes de electricidad estaba parada esa extraña figura, toda cubierta por un largo abrigo blanco que tenía una cabeza de mandril, desapercibido para la gente que caminaba tranquila abajo.

De entre las profundidades de su abrigo extraño un extraño objeto circular de barro, la persona bajo el extraño abrigo sonrió satisfecha.

— Vayan, escojan a más.

Lanzó el objeto al cielo y este exploto dejando que muchas abejas negras y doradas se espaciaran en el cielo nocturno, apenas se pudieron acostumbrar al extraño humor del aire de la cuidad volaron todas en diferentes direcciones.

Había sido casi fortuito descubrir como esas extrañas criaturas, esos daimons, temían a sus saymyohshos cada vez que los veían se paralizaban y había puesto en el veneno de los insectos un poco de su propio veneno para poder controlarlos, eran anatemas y había sido increíblemente fácil gobernarlos, lo que más deseaban es justo lo que les ofrecía, no le interesaba la sacerdotisa, lo que él quería era la perla en su interior, lo que hicieran con sus almas lo tenía sin cuidado.

Solo debía reclutar un poco más, solo unos pocos más y podría ir por lo que tanto anhelaba.

La poderosa Shikon no tama.

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"Día libre" día libre habían clamado todas sus amigas esa mañana al llegar a su café antes de que lo abriera, Grace, Sunshine, Selene Amanda y su hermana Thabita, todas habían dicho que se habían desecho de sus esposos o novios y que habían cerrado todas sus respectivos negocios por un día, y le exigían como voto de lealtad que ella hiciera lo mismo y fueran todas juntas de compras a comer algo delicioso y en general a tener un día libre, no tuvieron que convencerla mucho pues ella había estado de los más tensa últimamente y todo lo que deseaba era una vía de escape al menos por un día.

Habían pasado ya 3 días después de la visita al médico y 4 desde su extraño encuentro con Inuyasha. Después de esa noche no lo había vuelto a ver, había tomado muy en serio la indicación de Acheron de decirle que no estuviera en las calles por la noche y dado como se suponía que los Dark Hunter solo salían por la noche era imposible verlo.

Una parte de ella se sentía simplemente contenta por eso y otra absolutamente miserable, era como saber que Daniel Wu vivía en la cuidad y no podías verlo, peor aún porque ella no estaba enamorada de Daniel Wu.

Si, debía reconocerlo, no importaba lo antipático que él hubiera sido con ella, Kagome simplemente seguía colada por él.

— ¡Eh Kagome! – la llamó Sunshine y ella bajó de su nube — ¿Todo bien?

— Si, Sunny lo siento, solo estoy un poco distraída.

— Así que has entrado al loco clan – le dijo Thabita que mordía un corn dog que acaba de conseguir de un puesto – bienvenida… supongo.

— Tabhy – la reprendió su hermana gemela, a pesar de los meses aun era un poco extraño ver a las dos gemelas poco idénticas y al mismo tiempo iguales juntas.

— Solo digo la verdad – dijo desenfadada – ¿Cualquiera de ustedes que no se hubiera llevado su premio no hubiera dado lo que fuera por evitar saber de esas apestosas criaturas que caminan por la noche?

— Yo no me lleve ningún premio – dijo un poco ofendida Selene.

— Eso dices – se defendió Thabita – tu marido exprime a Acheron cuando sus hunters comenten alguna tontería y pueden ir a parar a la cárcel.

— Eso es solo su trabajo.

— Basura – dijo ella terminando la banderilla – sabes muy bien que Bill cobra 10 veces más que cualquier otro abogado.

— Hace el trabajo de 10 abogados.

— Chicas, chicas – las detuvo Amanda, ver dos mujeres discutir por los hombres que amaban era una batalla sin fin. Selene defendiendo el trabajo de su esposo, y Thabita defendiendo a Ash, todas sus hermanas sabían que secretamente desde su boda se había enamorado de él y se sentía en la obligación de defenderlo. No es que ningún Dark Hunter tuviera que preocuparse por dinero en toda su vida – tranquilas.

Kagome se sentía casi divertida por el grupo de mujeres la mayor parte del tiempo, todas ellas sabían sobre los Dark Hunter, añadir que Talon y Kyrian habían sido unos ayudaba a saber que al menos tenía altas probabilidades de sobrevivir a la experiencia.

— Como sea, supongo que te han explicado las reglas básicas para salir de ellos – Thabita se sentía moralmente obligada a la pequeña lección, en manos de esas criaturas ella había perdido a dos de sus mejores amigos – créeme las asquerosas criaturas caerán sobre ti, como mosquitos en primavera, se observadora y cuando tengas un mal presentimiento corre tanto como puedas o procura llevar algo afilado.

— Solo asegúrate de que realmente sea un daimon – dijo Amanda en medio de la lección – Thabita es conocida por apuñalar también Dark Hunter.

— Vamos solo a pasado que… dos veces, además en esta ciudad es mejor tener cuidado que acaba muerta en algún callejón oscuro.

— Basta Taby, solo lograras asustarla más – la paró Amanda.

— No – dijo por fin Kagome en medio de la plática – muchas gracias Thabita, tendré mucho cuidado.

— Y entonces ¿Quién era el bombón con el que Ash andaba la otra noche? – Preguntó Thabita iniciando una nueva platica – he de decir que de todos los Dark Hunter que Artemisa ha mandado aquí ese debe ser el más lindo.

Kagome se recogió un poco, una punzada incomoda se instaló en su estomago ¿celos? ¡Kami sama! eso era completamente ridículo.

— Se llama Inuyasha – le respondió Sunshine – Talon me dijo que es realmente muy bueno.

— Mmmm Inuyasha eh, Ash no me ha contado nada de él, pero tiene una pinta interesante.

Las mujeres siguieron platicando lo poco que sabía de él, ella tenía muchos deseos de ampliar su información de él, pero no sabía si siquiera debía hacerlo, Acheron le había pedido mantener su identidad en secreto, pero todas las mujeres allí sabían lo que eran.

En realidad la que estaba empezando a pensar que no sabía exactamente que era, era ella misma, Inuyasha le había dicho que ella no había matado a Kikyou, pero si no había sido él, ¿Quién lo había hecho, y por qué le había echado la culpa a él?

— Kagome – alguien tronó los dedos delante de ella – la tierra a Kagome, cambio.

Cuando se dio cuenta estaban frente a un aparador de ropa, vio un hermoso vestido de seda negra delante de ella, pero su cabeza no lo registraba por completo, tenía que alejar su mente de Inuyasha por lo suficiente, solo que no ayudaba que las demás siguieran hablando de él.

— Lo siento, estoy un poco distraída.

— Esas son mis líneas – dijo Sunshine tomándola de un brazo – vamos a ver aquí, la ultima vez tenían unos negligé de seda de infarto.

Kagome les sonrió y se adelanto con ellas dentro del local, cuando estaba entrando sintió un escalofrió en la espalda, volteó a ver quien la observaba pero no vio a nadie. Debía empezar a ponerse un poco paranoica, respiró hondo y entró en la tienda halada por su amiga.

Mientas el grupo de mujeres entraba un pequeño par de ojos se alejo de allí con un zumbido agudo hasta donde su dueño.

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Inuyasha había estado detrás de ella desde que había podido salir a la calle, su aroma estaba esparcido ese día por toda la cuidad, en tiendas, en restaurantes y en la casa de Kyrian, todo el barrio francés estaba inundado por el aroma nuevo de Kagome y las otras humanas que siempre estaban con ella, las hermanas Deveraux y las esposas de Julián y Talon.

Habían estado juntas todo el día, pero sobre los aromas de las humanas, que debía confesar olían bien, había estado él de ella, limpio, aromático, sensual y cargado de poder.

Lo que le había dicho en su restaurante era una vil mentira, la verdad es que ciertamente ella no olía como Kikyou, Kikyou había tenido el aroma sosegado de lirios silvestres, Kagome tenía el aroma intenso de orquídeas salvajes y magia, que era una combinación extraña, imposible de definir pero perfectamente clara.

No había podido quitase su aroma en todo esos días de la cabeza, increíblemente erótico para todos sus sentidos, desde que la había olido con atención en su café, ella había sido como un frasco de perfume derramado en el lugar eclipsando todos los demás olores de allí, el de la comida, el café o el té, más allá del hielo y las verduras del congelador que habían sido algunos de sus aromas favoritos, olía incluso más dulce que el sake, ese aroma lo había aspirado con atención para ponerlo en su banco de memoria y poder después saber exactamente donde estaba ella en todo momento.

Durante el día cuando despertaba podía extender su sentido del olfato y saber donde estaba, ese día había caminado mucho, la leve transpiración por la caminata alzaba varios grados la pureza de su aroma, lo hacía rabiar que una mujer que le era tan detestable, al mismo tiempo pusiera a mil todos sus sentidos.

En todos esos años, nunca había sentido tal inquietud por ninguna mujer, y había conocido a muchísimas, algunas simplemente criaturas celestiales, que hubieran dado su pierna izquierda por una noche con él, por algún motivo las mujeres se sentían atraídas por él.

La misma diosa Artemisa se sentía atraída por él. En los 500 años que había servido para ella lo había convocado a su presencia 5 veces, le había ofrecido más poder o más riqueza si aceptaba ser su amante, al menos una sola vez, no porque no deseara más sino porque los Dark Hunter no eran agradables en si para los dioses y no podía retenerlo mucho a su lado. Y en segunda por que la exclusiva de su atención sexual la tenía Acheron, por lo que había podido ver a través de todos esos años, ellos no eran amantes tampoco, pero sin duda era el favorito de Artemisa.

Y francamente uno, él estaría loco para pelearle la mujer a un alfa, era suicidio y dos, había que tener cuidado con los regalos de los dioses, nunca vienen sin su respectivo karma.

Además realmente no deseaba nada de lo que ofrecía la diosa, era mucho más poderoso de lo que había sido nunca, sus poderes superaban con creces a los que tenía su medio hermano Sesshomaru, que eran muchos aún cuando él era un youkai puro.

Sus poderes parecían no tener límites, todos sus sentidos estaban súper agudizados, podía escuchar sonidos que estaban a kilómetros y kilómetros de distancia si se concentraba en uno solo, podía distinguir cualquier aroma sin tener que verlo siquiera, no importaba si estaba 2 metros bajo tierra, y su fuerza, su fuerza era por lo menos 10 veces más de lo que había sido cuando estaba vivo, además había sido dotado con poderes extras que le eran increíbles a él mismo.

En primera la cualidad de poder llegar con un pensamiento al lado de cualquier enemigo, solo debía saber donde se encontraba y estaba a su lado, eso había simplificado enormemente su trabajo, además de tener un cuerpo casi indestructible, las heridas que recibía sino eran profundas se curaban en ese instante, si lo eran, solo tomaba un par de horas en cerrar y raramente sentía dolor, además su sangre era curativa, si tomaba un poco de su sangre y se la ofrecía a un herido, o un moribundo este recuperaba la salud a la misma velocidad que él, por ello principalmente había decidido dejar de usar la rata de fuego, Ash le había dicho que un don así no debía dejarlo solo de lado, que incluso los dioses tenían sus instrumentos, le había pedido la rata de fuego y al día siguiente había regresado con ella convertida en la gabardina roja que iba con él a todos lados.

Pero el poder que más apreciaba era sin duda era el de poder convertirse en Youkai mientras peleaba. Si a él le apetecía, solo debía concentrarse y su cuerpo cambiaba al de un youkai con todos su poderes, sus ataques comunes eran mucho más fueres, las garras de sangre y de acero, incluso podía convertirse en un demonio perro como su padre, tan grande y majestuosos como lo había sido él, por si todo eso fuera poco, tenía a tesaiga.

Poco después de haber sido convertido en un Dark Hunter su hermano Sesshomaru se había presentado a desafiarlo, sin saber que sus poderes ya no eran los mismos, lo había dejado jugar con él, solo para saber porque después de 200 años en la fecha que él había nacido hasta ahora venía a buscarlo.

Sesshomaru no se había andado con rodeos, había sacado la perla negra de su ojo y habían ido los dos en busca de tesaiga en el límite de este mundo y el siguiente, habían tenido una batalla donde él había sido victorioso, Inuyasha había obtenido la poderosa espada y Sesshomaru había perdido un brazo y había ganado un orgullo herido por el que hasta el día de hoy lo odiaba.

No es que le preocupara el hecho, su medio hermano nunca había sido un pariente cercano y como Dark Hunter aunque lo hubiera sido no se hubiera podido acercar a él.

Su vida no había sido realmente diferente después de convertirse en un Dark Hunter, antes había sido una criatura solitaria, sin ningún lugar a donde pertenecer, como Dark Hunter había sido igual, lo único que le había dolido era dejar Japón, si bien no podía decir que era un hogar, si era un lugar conocido. Después de eso, había estado en tantos lugares del mundo pero en ninguno se había sentido pertenecer, solo la presencia del anciano Myouga lo había ayudado a mitigar su soledad.

Pero ahora esta mujer… ¡Kami sama!, esta mujer, ¿Por qué se sentía tan hambriento de verla?, ¿Por su seguridad?, solo había sentido todo eso una sola vez, con aquella sacerdotisa que no había tenido un solo amago por clavarlo en un árbol y asesinarlo.

Por algún motivo que todavía no alcanzaba a comprender, solo permaneció allí, mientras veía que las luces en su apartamento se encendían al llegar, estaba segura en casa ahora, con todos los campos de protección que había puesto en su edificio y su café, ningún peligro la asecharía.

"¿Y si es así, por qué no has conseguido irte Inuyasha?"

Gruñó para sus propios pensamientos, estaba allí por que Acheron le dijo que tuviera bien vigilada a Kagome, que teniendo tantas almas dentro de ella era un blanco seguro para los daimons, y no se había equivocado, los fabios andaban detrás de ella desesperados por que no podían alcanzarla, ansiosos de poder probar solo un poco de todo ese poder que ella poseía.

Pero la chiquilla había sido inteligente, había seguido la recomendación de los demás de no tentar a los chupaalmas.

Solo 15 minutos más y después se iría, lo prometió y se sentó sobre sus piernas sobre el tejado delante de su casa, vio la sombra de la sacerdotisa pasar delante de la ventaba y su silueta se dibujo con la luz de la lámpara dentro.

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Kagome llegó quitándose los zapatos a la entrada, más por necesidad que por costumbre, los pies le punzaban, habían caminado por toda la cuidad y habían visto un montón de cosas, se habían probado un montón de cosas y comprado muy poco, ella no era una esclava de la moda y en realidad la mayoría de lo que ganaba en el café todavía iba a su cuenta de banco para pagar los servicios, deseo ser como sus demás amigas, la mayoría de ellas tenía dinero como para aventar para arriba.

"Atrapa a Inuyasha y no tendrás que preocuparte más por los verdes" le había dicho Thabita, si solo supiera. Se quitó el broche del pelo y dejó que cayera todo sobre su espalda, masajeó su cuello, con la mano izquierda, si tuviera la mínima oportunidad de atrapar a Inuyasha, no la desaprovecharía aunque estuviera en la vil miseria.

Fue a la cocina y puso una tetera para un té antes de ir a dormir, no importaba si solo eran las 9 y el sol había caído solo hacia una hora, estaba exhausta. Se sentó en un silla tejida en la cocina a esperar que el agua hirviera, esperando allí se llevó una mano al vientre, sonrió por la ironía, Kikyou había sido acechada por Inuyasha por la perla de Shikon, si él averiguaba que ella la tenía adentro ahora, con un poco de suerte también la asecharía a ella también.

Cuando la tetera lanzo su característico pitido fue a la alacena saco una taza y las bolsitas de té y sirvió el agua.

En ese justo momento la puerta fue aporreada fuertemente, ella asuntada miro la puerta esperando poder ver a través de ella para saber que había pasado.

La volvieron a golpear aun más fuerte, temblorosa caminó hasta allí y sintió una presencia del otro lado sumamente peligrosa. Se asomó por la mirilla y vio solo una sombra gris, como si alguien estuviera recargada en ella.

— ¿Quién es…?

— Abre de una vez, maldita sea – dijo una voz gruesa del otro lado.

La había escuchado solo un par de veces, pero era imposible no reconocerla. Quitó la cadenilla y abrió la puerta, Inuyasha entró en la casa como un torbellino.

— ¡Qué demonios pretendes!

— Alguien quito la protección de tu casa – dijo apresuradamente – no sé quién es, pero una horda de daimons viene para acá, debes salir de aquí de inmediato, te llevare a un lugar seguro.

— Pero… no es posible, cuide muy bien las protecciones.

— Y como se supone que yo estoy aquí ah – dijo con sarcasmo, no agregó que las protecciones mantenían alejados a los daimons pero a él apenas le harían cosquillas – crees que las protecciones no me incluyen a mí.

Era cierto, Inuyasha también sería repelido por las protecciones de su casa, pero si él había podido entrar era obvio que no estaban.

Cuando el vello detrás de su cuello se crispó, se dio cuenta de que algo estaba muy muy mal.

— ¿Que es lo que estas esperando? salgamos de aquí.

— Debo tomar algunas cosas – dijo andando ya a su habitación – las necesito.

Kagome corrió a su habitación, tomó su bolsa, su billetera y su talon de cheques, una muda de ropa, miró su habitación, no sabía que más debía llevar, si alguien entraba a robar, que es lo que no quisiera que se llevaran.

Los pergaminos del abuelo, pero eran muchos, los más importantes, tomó un gran libro lleno de formulas mágicas de los Higurashi y el papiro con la pintura de Inuyasha, mientras más pasaba más sentía esa sensación terrorífica en el cuerpo.

— Fhe mujer, ¿Qué tanto tienes que llevar? – dijo entrando a su habitación para apresurarla – si no te das prisa te dejare aquí sola.

— ¡No! – dijo asustada, metió todo en una mochila amarilla que usaba desde el instituto, y fue donde él – bien a donde vamos.

— No tengo idea pero fuera de aquí sin duda

La tomó de la mano y sintió una descarga mágica por todo el cuerpo, como un toque de electricidad. Sin prestarle demasiada atención fueron al recibidor e iban a salir por la puerta.

— Kuso – maldijo Inuyasha – demasiado tarde, mantente atrás.

No dijo nada más antes de que la puerta explotara literalmente en pedazos y empezaran a entrar aquellos hombres hermosos y rubios, había dentro de la habitación 5 antes de un parpadeo, Inuyasha empuño la espada que tenía en la cintura sin desenvainarla y puso a Kagome detrás de él, ella se aferró a una esquina de su gabardina asustada, los escalofríos que sentía con esos hombres dentro de su casa eran perfectamente justificados, había una mirada vacía y espantosa en sus ojos, como si estuvieran allí para partirla en pedazos, uno cada más pequeño que el otro.

— En este momento es cuando uno extraña una buena canción de nightmare – dijo Inuyasha con una sonrisa retorcida — digan sayonara amigos.

Los daimon fueron hasta donde él, listo para el ataque "shimata si ataco con la espada destrozare el lugar entero" soltó la empuñadura de la espada.

— Sankon tentsusou — las filosos navajas de energía volaron en el aire clavándose en el pecho de los individuos y todos estos explotaron en brillantes brillos.

Kagome miró asombrada el ataque por primera vez, en los papiros con sus leyendas habían descrito sus técnicas, era mucho más impresionante de lo que había imaginado.

— Cierra la boca niña esto todavía no ha terminado.

Diciendo esto empezaron a entrar más individuos, listos para el ataque, la empujó más para atrás y la chica cayó en una esquina de la habitación, sintió algo detrás de su espalda.

Inuyasha estaba peleando con todo, si solo pudieran salir a la calle, entonces la pelea sería mucho más justa, él podría usar su espada, pensaba en cómo hacerlo cuando de pronto los daimons empezaron a explotar pos sí solos, él no los había tocado siquiera, vio a su espalda y vio a la chica pálida enterrando una flecha en el piso.

— Nadie dijo que nos les afectaría si volvió a levantar un campo verdad.

Sin alcanzar a decir más antes de caer inconsciente al piso.

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Kagome empezó a abrir los ojos, escuchó rumor de personas a su alrededor, cuando habían llegado a su casa, no lo recordaba, lo último que recordaba era…

— Kagome…

Voleo a ver a la voz que la llamaba y vio a Amanda a su lado.

— ¿Amanda?

— Que bueno que ya despertaste me tenias un poco preocupada – dijo más tranquila – ¿Que fue lo que paso?

— No estoy segura, iba llegando a la casa y después alguien llamó a la puerta y entró… — no tenía muy claro lo que había pasado después de eso – no recuerdo muy bien lo que paso.

— Freíste daimons a la parrilla eso fue lo que paso.

Kagome volteó a ver a la persona que le había respondido, Inuyasha estaba sentado sobre una cómoda con los pies cruzados y brazos atravesados sobre su pecho. Kagome intentó recordar lo que había hecho y poco a poco las imágenes fueron cayendo como piezas de un rompecabezas en su memoria, como intempestivamente Inuyasha había entrado a su casa y le había empujado a salir de allí, pero antes de lograrlo muchos de esos sujetos extraños entraron y empezaron a pelear, pero eran demasiados para él solo, en algún momento ella había alcanzado el arco que el abuelo le había regalado que tenía flechas sin punta dentro, había hecho un conjuro de purificación y había enterrado en el piso, la energía purificadora se extendió por la habitación afectando a los daimons, después de eso había perdido el conocimiento.

— ¿Como llegue aquí?

— Inuyasha te trajo – le respondió Amanda – hace rato que llegaron.

Kagome miro a Inuyasha, a pesar de lo antipática que le decía que era para él, la había ayudado, sintió su pecho calentarse, su héroe, ahora sí que estaría prendada de él para siempre, sabía lo que debía decir a pesar de que le costara trabajo.

— Arigatou gozaimasu (muchas gracias) – dijo con la cabeza gacha.

— Do… itashimashite (de nada) – dijo en la misma voz baja, hacia mucho que no escuchaba el correcto acento en japonés, no pudo evitar responder.

Kagome se levantó de la cama, después de todo no estaba herida, solo había estado inconsciente, todavía no terminaba de creerse lo que había pasado, los campos de protección los había puesto más por costumbre que ninguna otra cosa, eran rituales cotidianos, ella y su abuelo habían ido un montón de veces a parar los campos en las casa de feligreses que lo pedían, era tan normal para ella como limpiar una casa antes de mudarte a ella, realmente nunca había creído que realmente estuvieran allí.

Y los habían derribado. El abuelo decía que solo los espíritus realmente malignos podían romper los campos y atravesarlos, si los daimons podían, ¿Por qué habían esperado tanto tiempo para hacerlo? Un momento…

— Oye, dijiste que el campo no te dejaría entrar a ti, como es que después de que lo volví a levantar no te paso nada.

— Fhe, crees que soy como esos patéticos Fabios, yo podía entrar cuando quisiera.

— Me mentiste.

— Si.

Ira empezó a correr por su sistema, por un momento, solo por un momento creyó que podía confiar en él, quien le decía a ella que no era por él que los daimons habían podido entrar, era un…

— Yo soy la ultima de tus preocupaciones niña – dijo con desdén – debes preocuparte por esto.

Metió la mano en su gabardina roja y sacó algo entre sus garras y lo aventó en la cama, era un insecto muerto, pero no era cualquier tipo de insecto. Kagome alargó la mano para recogerlo.

— No lo toques o lo purificaras y se hará polvo.

— Es… es un saymyohshos – dijo asombrada, se suponía que tales criaturas no existían, solo los había visto en libros de leyendas.

— Todos los daimons los tenían pegados en la nuca, los estaban controlando, y estos bichos no son independientes sabes, alguien los puso allí.

— Sa… que? – pregunto Amanda.

— Saymyohshos – repitió Kagome – son insectos venenosos, se les conoce también como abejas del infierno.

— Abejas – repitió Kyrian – no me extraña que los tuvieran pegados tan fáciles, les debió haber dado un buen susto a los daimons.

La única que no entendió el comentario fue Kagome, Amanda se apresuró a responderle.

— Apolo era apicultor, así que los daimons temen a las abejas.

— Lo que sea – dijo Inuyasha – los tenían pegados y quien quiera que lo haya hecho seguro también quito la protección de tu casa, lo que quiero sabes es quien, ¿Quién quiere verte muerta miko?

— A diferencia de ti seguramente – dijo enojada – yo no estoy acostumbrada a que alguien atente contra mi vida, nunca me había pasado algo así.

— Pues es evidente que esto te lo has traído de casa, esas criaturas viene de Japón, nunca las he visto en ningún otro lado. Quien quiera que sea te quiere a ti.

Kagome se llevo una mano al estomago, no solo la querían a ella, querían la perla de Shikon. De pronto tenía la sensación de que acaba de entrar en arenas movedizas y que solo era cuestión de tiempo de que algo muy malo pasara.

Fin capitulo 5

Original: lunes 18 de febrero de 2008

12:06 a.m.

Revisión: jueves 21 de agosto de 2017

7:44 p.m.

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Nota de autora:Tarde pero seguro, aquí esta el siguiente capitulo, disculpen si no me extiendo mucho en los comentarios pero ando un poco a las carreras pero no quería dejarlos en la espera, poco a poco se va descubriendo mas y mas quienes son los integrantes de esta intriga, sigan leyendo para saber que mas va a pasar.

Reviews pliss, miren que el ultimo cap fueron muy poquitos snif snif

Tata

Mimi chan