2
Depulso
(Expulsar)
Ambos eran muy pequeños, pero había notado en ellos un auténtico miedo cuando habían puesto en las manos del hombre un libro muy peculiar. Le habían relatado que ese libro, más específicamente un diario, poseía magia muy oscura y que había sido el causante de los acontecimientos lamentables dentro del castillo de Hogwarts; las personas petrificadas y los anuncios escalofriantes en las paredes. Declarándose culpables y con lágrimas en los ojos le pidieron que no le contara aquello a nadie, por lo que la única opción que tuvo fue la de aceptar el diario y destruirlo. Todo quedaría entre ellos tres.
Estando en su despacho, se quedó sentado frente a su escritorio, analizando el diario de cubierta negra de piel que contenía nada más que hojas en blanco y esquinas adornadas con detalles dorados. Intentó revelar su contenido mediante magia, pero fue en vano. El diario estaba vacío. Fue entonces cuando lo giró para ver la cubierta posterior y se percató de algo que había pasado por alto en el primer instante que lo revisó.
Grabado en letras doradas, en la parte inferior de la tapa, estaba impreso un nombre sobre un pequeño recuadro de piel negra. Un nombre que todos habían escuchado alguna vez en sus vidas. Un nombre que ahora pertenecía a alguien innombrable…
TOM SORVOLO RIDDLE
-No puede ser –dijo en un susurro, sintiendo su corazón acelerarse.
Por instinto, dejó el diario prontamente sobre el escritorio como si de algo repugnante se tratara. Con ceño fruncido clavó su mirada en él, y entonces se levantó de golpe, tomando el diario con sumo cuidado para luego guardarlo dentro de su túnica negra.
Sabía lo que tenía que hacer a continuación.
Saliendo de su despacho en la mitad de la noche, apresuró su paso sigiloso por los pasillos vacíos, iluminados por la luz de la luna que hacía que todo se viera más sombrío en aquella ocasión. Como cada día de su existencia, los flashazos de un pasado lejano inundaron su mente, recordándole sentimientos que siempre había intentado ocultar. Ignorándolos por completo, continuó su camino hacia el despacho de Dumbledore sin detenerse. Debía mostrarle lo que los dos pequeños habían dejado a su cuidado.
Luego de pronunciar la contraseña a la gárgola que protegía la entrada, subió dejando que la escalera lo llevara hacia la puerta principal. Sin darle tiempo a llamar a ella, la puerta se abrió, dejando ver a un Dumbledore sereno y despreocupado, enfrascado en una lectura. Sin contratiempos, le enseñó el diario y le relató absolutamente todo lo que ambos niños le habían dicho aquella noche.
Con rostro tranquilo e inmutable, lo tomó y realizó sobre él diversos hechizos que no dejaron a lugar que se trataba de algo siniestro, de proporciones mayores a las que cualquiera de las dos hubiera podido imaginar.
Intentaron destruirlo, claro fue, pero el diario se resistía de una manera inusual. Aquella incertidumbre creó que ambos buscaran una alternativa, investigando sobre posibles formas mágicas para terminar con él. Utilizaron diversas pociones y hechizos antiguos, pero nada funcionó, hasta que por alguna razón decidieron probar con veneno de basilisco. El efecto sobre el diario fue inmediato. Ante el toque del veneno con la cubierta ésta comenzó a tornarse grisácea, por lo que sintieron el triunfo. Pero necesitaban algo con mayor potencia.
Tomando la espada de Godric Gryffindor que descansaba en una vitrina en uno de los muros del despacho de Dumbledore, vertieron sobre la hoja de la espada el veneno restante, creyendo que así la hoja lo absorbería y la haría más poderosa. Entonces, con un firme movimiento, dejaron caer la espada sobre el diario, haciéndole un profundo corte que hizo que éste se partiera en dos con un fuerte estremecimiento. Humo negro proveniente del diario inundó el despacho, el cual luego de desaparecer lentamente dejó ver que una sustancia muy parecida a la sangre salía de entre las páginas rotas.
-Que esto quede entre nosotros –dijo Dumbledore con rostro tan preocupado como el de él.
Aquello había sido demasiado extraño. Por supuesto que no lo compartiría con nadie.
…
Harry terminó de explicar a Ron y Hermione la historia que Dumbledore le había relatado del diario de Tom Riddle, y de cómo había logrado destruirlo, por lo que le había heredado la espada con el fin de destruir los horrocruxes, una historia que al llegar a los oídos de Hermione la había hecho temblar ligeramente.
Tanto los horrocruxes, como la espada, se habían tornado temas recurrentes de conversación que ninguno de los tres podía dar fin. No sabían dónde estaba la espada, no sabían dónde seguir buscando los horrocruxes. Aquellos temas de diálogo se volvían interminables y agotadores.
Decidiendo dejarlo por la paz, aquel día cada quien había tomado sus lugares habituales de descanso; Ron dormido en su cama, Harry en su puesto de vigía y Hermione leyendo los cuentos de Beedle el Bardo, en un intento de distraerse.
-Hermione, ¿tú podrías cortarme el cabello? –resopló Harry entrando a la tienda luego de haber hecho guardia durante la tarde hasta que el sol había caído por completo. Intentaba desesperadamente acomodarse el cabello reburujado que el fuerte viento le había dejado y que le tapaba la vista.
Hermione sintió una punzada de molestia. Le desagradaba tanto que la interrumpieran mientras leía, sobre todo con aquella lectura, los cuentos de Beedle el Bardo. Había estado analizando un extraño símbolo que ya había visto en algún lado; un triángulo enmarcando un círculo, con una línea que los atravesaba. Sin poder ignorar el comentario de Harry lo miró, dejando a un lado el libro.
-Creo que esto ya ha llegado a un nivel extremo –dijo el chico dejándose el cabello en paz, guardando su varita en la bolsa de sus jeans.
-Me parece que sí –sonrió Hermione con naturalidad. Incluso en esa situación no pudo evitar reírse por lo bajo al ver el tremendo desarreglo del cabello de Harry. Parecía que se hubiera peleado con un gato –Bueno, me parece que podría intentar arreglarlo.
Viéndola sacar su varita, Harry tomó una silla cercana y la acomodó en el centro de la tienda y esperanzado, se sentó en ella. Hermione se paró detrás de él, y viendo que en aquella posición no podría tener una vista clara del total de su cabellera se puso de cuclillas, con lo que ella quedó a la altura de su cabeza. Por alguna razón, le pareció que su cabello olía a vainilla cuando intentó acomodarlo. Sorpresivamente un escalofrío recorrió su cuerpo, y sintió que los vellos de los brazos se le erizaban, algo que la desconcertó.
-Sé que eres buena en encantamientos, pero por favor no me dejes el cabello a ras, no quiero parecer soldado –dijo Harry con una risa un tanto nerviosa. Hermione puso su mente en perspectiva de nuevo.
-No puedo garantizar nada, Harry, pero haré lo mejor que pueda –ambos rieron. –Solo relájate, estas en buenas manos.
Hermione comenzó a cortar en los lugares que le parecía que había mayor cantidad de cabello, y lo hacía con un simple toque en su varita. Con facilidad y con mayor fluidez de lo que ella hubiera previsto comenzaron a caer mechones de cabello al suelo de la tienda. De cierta forma era algo relajante, lo que hizo que su mente se liberara y una sonrisa gustosa cruzara sus labios.
Súbitamente, las precarias luces que los candelabros brindaban dentro de la tienda se apagaron. Harry y Hermione se miraron desconcertados entre la oscuridad en silencio. La lluvia podía escucharse golpear la tienda en el exterior, algo que acrecentó la incertidumbre cuando una figura acompañada de una voz profunda y seca que apareció en la entrada de la tienda los sobresaltó.
-¿No creen que estamos perdiendo el tiempo? –dijo Ron quedamente accionando el desiluminador y devolviendo las luces a sus respectivos lugares.
Ambos lo miraron fijamente, sin decir una palabra. ¿Qué rayos era lo que estaba haciendo? Hermione comenzaba a tener un presentimiento… un buen presentimiento.
-Sí, sigo aquí. Pero ustedes continúen, no me dejen echarles a perder la diversión –respondió con rostro desencajado y palpable sarcasmo.
Hermione pudo percibir que Harry comenzaba a molestarse con él.
-¿Qué es lo que pasa?
-¿Qué pasa? Nada. Nada según tú.
-Si tienes algo que decir no seas tímido. Escúpelo –soltó Harry notablemente disgustado, dispuesto a iniciar una discusión.
Hermione no podía moverse, sintió que su corazón se aceleraba y su respiración se agitaba.
-Está bien, lo escupiré. Solo no esperes que esté agradecido porque tenemos otra maldita cosa de la que no sabemos nada en absoluto –respondió elevando cada vez más la voz, mirando a Harry con penetrantes y enrojecidos ojos.
-Creí que sabías en lo que te estabas metiendo.
-Sí, yo también lo creí.
Las palabras comenzaban a sonar selectivas en un intento de causar dolor. Hermione solo podía mirar la escena, contemplar la expresión endiablada que Ron comenzaba a tomar y el estado a la defensiva en el rostro de Harry que le decía que de alguna manera habían querido aquella pelea desde hacía tiempo. Entonces un escalofrío de emoción la llenó por completo y hubiera dado lo que fuera por poder esbozar libremente la sonrisa que sus labios estaban reprimiendo. Harry se levantó despreocupadamente del asiento y caminó precipitadamente hacia Ron.
-Lo siento, pero realmente no comprendo qué parte de esto no está a la altura de tus expectativas –Harry y Ron ya se encontraban cara a cara y Hermione sintió una necesidad absurda de levantarse también y ponerse cerca de ellos. No quería darse el lujo de perderse algo así, y aparentando miedo, se acercó con lentitud. – ¿Creías que íbamos a quedarnos en hoteles de cinco estrellas? ¿Encontrar un horrocrux un día sí y otro no? ¿Creías que estarías de vuelta con tu mamá para navidad?
-Creí que después de todo este tiempo ya habríamos logrado algo. Creí que sabías lo que hacías, que Dumbledore te había dicho algo que valiera la pena. ¡Creí que tenías un plan! –aquellas palabras resonaron en la tienda. Con placer saboreó las palabras de Ron en su cerebro. Todas aquellas cosas que ella misma había metido en la cabeza de aquel pelirrojo como un cáncer, envenenándolo lentamente, con el fin de hacerlo dudar de su mejor amigo, de darle razones para enfadarse con él, de discutir… y finalmente estaba rindiendo frutos.
-Les he dicho todo lo que Dumbledore me dijo a mí y si no te has dado cuenta ya encontramos un horrocrux –intentó defenderse Harry. Se podía sentir su tensión y la tristeza que cayó sobre él cuando sopesó aquellas palabras que claramente le habían herido.
-Sí y estamos tan cerca de destruirlo como de encontrar los demás, ¿verdad? –espetó Ron sarcásticamente, con una expresión que ya no era la suya.
Las ganas de burlarse de Harry llenaron la garganta de Hermione, quien suprimió una carcajada con un gran esfuerzo. En ese instante sintió que debía intervenir de alguna forma, y ocurriéndosele una idea, actuó de manera que Harry creyera que ella quería detenerlos antes de que la situación se hiciera mayor, y se dirigió a Ron.
-Ron, por favor quítate… -Hermione buscó el horrocrux que él llevaba colgado en el cuello y logró sacarlo de entre los suéteres que llevaba puestos, pero justo antes de que ella intentara algo más, Ron apartó las manos de Hermione violentamente sin dejar de mirar a Harry. Hermione quiso sonreír una vez más.
Todo aquello la divertía. Deseó orillarlo a que continuara con aquella conducta, lo que la llevó a dirigirse a él nuevamente, fingiendo preocupación y miedo, algo que siempre se le dio muy bien.
-Por favor quítate el horrocrux, dices todo eso porque lo has llevado puesto todo el día.
Al decir aquello, Hermione recordó con deleite cómo había engañado a Ron para que usara el relicario más tiempo del que los tres habían pactado, fingiendo no sentirse en condiciones para portarlo cuando llegó su turno de cargarlo. Así Ron cayó en la trampa y en un intento por ser cordial con Hermione, se había ofrecido a llevarlo por ella.
Ron de inmediato volvió a apartar de manera grosera las manos de Hermione de su pecho, sin haber escuchado lo que ella le decía. Al parecer Ron no había terminado con aquella discusión aún, lo que la alegró, brindándole un cosquilleo de excitación en todo el cuerpo.
-¿Sabes por qué escucho la radio todo el día? Para asegurarme de no escuchar el nombre de Ginny, el de Fred, el de George o el de mamá…
-¿Te crees que yo no la escucho también? ¡¿Crees que no sé lo que se siente?!
-¡No, no sabes lo que se siente! ¡Tus padres están muertos! ¡Tú no tienes familia! –gritó Ron de regreso. Harry de inmediato se abalanzó sobre él y lo tomó del cuello, a lo que Ron respondió haciendo lo mismo.
Hermione intervino instantáneamente. A pesar de que quería a Harry derrotado no podía permitir que le hicieran daño de aquella forma tan mundana y muggle, así que tomando a Ron del hombro con todas sus fuerzas intentó separarlo antes de que fuera a herirlo.
-¡Basta! ¡Basta! –gritó con la mejor voz quebrada que pudo interpretar.
Ambos se separaron resoplando por la agitación, mirándose como si quisieran matarse el uno al otro.
-¡Está bien! ¡Vete entonces! –gritó Harry a voz en cuello.
Los tres se miraron en silencio, mientras Hermione sentía una satisfacción enorme, lo que hizo que su corazón palpitara aún con mayor fuerza… no podía creer que lo acabara de echar de la tienda, y al parecer su amigo tampoco. Con una última mirada de odio, Ron se quitó con furia el relicario y lo aventó al piso, girándose para tomar del suelo su mochila y ponérsela al hombro.
-Ron -dijo Hermione en un susurro que hizo que él se detuviera antes de salir de la tienda.
Sabía muy bien que no tenía razón para llamarlo, solo quería verlo por última vez para poder atesorar aquel momento en su mente… el momento en que Ronald Weasley, el traidor a la sangre, terminaba por convertirse en un completo cobarde.
-¿Y tú? ¿Vienes o te quedas? –soltó jadeado, elevando la voz para asegurarse de que Harry lo escuchara también.
Hermione enmudeció de la sorpresa. Miró de Ron a Harry y viceversa. Quiso reírse en su cara y decirle que él no era importante para ella, que no valía nada, explicarle que ni en un millón de años iría detrás de él solo para dejar a su presa abandonada. Pero eso estaba fuera del tema de discusión, y quedándose en silencio fingió indecisión.
-Está bien, lo entiendo… los vi la otra noche –respondió Ron por Hermione con tristeza.
Estando parada allí entre ambos, no podía creer que la conversación hubiera cambiado tan radicalmente. Una parte de ella se sonrojó sin razón aparente, mientras miraba a Ron cabizbajo y enfurecido.
-Ron, eso… eso no fue nada –respondió solo por tener algo qué decir. Era cierto, no había estado a solas con Harry a propósito, pero aun así no entendió por qué Ron lo había tomado tan personal.
Mirándolos por última vez a ambos, Ron se abrió paso entre la tela que cubría la entrada y salió con paso decidido de la tienda. Hermione no dudó en ir tras él. Aquello había sido algo que había maquinado y planeado desde hacía meses y no quería perderse ni un solo detalle. Pensaba seguir a Ron, hacerse del rogar solo para que su actuar pareciera un poco más humano, y exonerarse ante Harry para quedar libre de toda culpa.
-Ron, ¿a dónde vas? –le preguntó con rubor en sus mejillas, disfrutándolo todo. Dando grandes zancadas hacia fuera de la tienda en el bosque, alcanzó a percibir la silueta de Ron caminando con paso firme entre la lluvia. –Por favor, regresa.
Hermione le dio alcance, y lo tomó del brazo, del que él se zafó con un movimiento firme. Él la miró un instante y musitó un "adiós" apenas audible entre la fuerte lluvia que los había empapado a los dos. Sin más, Ron giró sobre sí mismo y desapareció, dejando a Hermione sola en la oscuridad, siendo bañada completamente por la lluvia. Se quedó callada, sin mover un solo músculo mientras una enorme sonrisa se extendía por su rostro, como la expresión de una niña traviesa a quien no le hubieran descubierto su última travesura.
-¡Ron! –gritó con fuerza, solo para comprobar que aquella carga extra se había marchado para no regresar jamás. Con los ojos cerrados elevó su rostro hacia el cielo entre risas de satisfacción, permitiendo que la lluvia acariciara su piel. Su plan de deshacerse del que desde el principio supo que era el más débil de los tres había resultado justo como quería; dejando a Harry más vulnerable de lo que ya era, destruyéndolo poco a poco sin que se diera cuenta y así, cuando menos se lo esperara, dar la estocada final de la que él jamás se recuperaría… su propia muerte.
A la mañana siguiente Hermione despertó con el primer rayo del alba que cruzó el cielo. Despabilándose un poco estiró los brazos y sin querer esbozó una sonrisa traviesa, pues los sucesos del día anterior continuaban frescos en su memoria. Se quedó mirando el techo de la tienda, aspiró hondo y soltó un suspiro audible. Algo le decía en su interior que aquel sería un excelente día.
Haciendo a un lado las cobijas, salió despreocupadamente de la que era su cama. Intentando no hacer demasiado ruido fue a la habitación contigua a revisar en el estado en el que se encontraba Harry. Aunque no pudo percibir mucho por estar acostado en la cama alta de la litera, por su respiración pesada pudo verificar que estaba profundamente dormido. Silenciosamente, regresó a su litera y, tomando su varita de debajo de la almohada, la agitó levemente para que su cama se hiciera sola. A su pensar, la magia era para usarse, presumirla y mostrarla, y no para ocultarse cada que uno quisiera poner en práctica sus conocimientos, pues eso era lo que diferenciaba a los magos de los sucios muggles.
Desafortunadamente, no podía hacer lo mismo para con la comida. Una de las leyes mágicas era que no se podía aparecer comida de la nada.
Pero podía robarla.
Con ese pensamiento presente se dirigió a la mesa donde la noche anterior había comenzado la pelea entre Harry y Ron. Sintiéndose en un extremo buen humor se sentó, y permitiendo que sus pensamientos viajaran kilómetros, visualizó con claridad la cocina donde había preparado meriendas y banquetes incontables veces en sus vacaciones, donde había pasado horas sintiéndose dentro de una familia, donde podía ser ella misma. En ese momento, la cocina de la casa de los Malfoy se materializó frente a Hermione gracias al poder de sus recuerdos. Con los ojos cerrados recordó la ubicación de las alacenas, y con ellas, la ubicación de la despensa entera. Consiguiendo una concentración total, levantó su varita en el aire y realizó un movimiento fluido y delicado con el cual apareció comida en la mesa frente a ella al instante.
Abrió los ojos y sonrió. Había logrado aparecer un vaso con leche, panes, mantequilla, unos huevos y algo de jugo de naranja. Con otro movimiento rápido de la varita consiguió tostar los panes y agregarles mantequilla, cocinar los huevos y servirlos en un plato que apareció de uno de los muebles donde guardaban los pocos utensilios de cocina que venían con la tienda de campaña. En un santiamén tuvo un desayuno completo frente a ella. Tomó unos cubiertos y estando a punto de llevarse a la boca el primer bocado pensó en Harry. Si no quería que la viera desayunando tan abundantemente debía apurarse a terminárselo y después ir al bosque a conseguir algunos hongos o especias que pudieran servir para prepararle algo.
"Al menos ya no tendré al inútil de Ron quejándose de la comida que preparo", pensó Hermione mientras le daba un buen trago al jugo de naranja. La sola idea la llenó de orgullo, y terminándose el desayuno hizo desaparecer todo con un último movimiento de su varita.
Quedando satisfecha, se dirigió a su cama de nuevo, donde tomó su pequeña bolsa y se la colocó con la correa cruzando su pecho. Tomó sus botas que permanecían a los pies de la cama, se las puso y agarrando su cabello en una cola de caballo, salió decididamente de la tienda para luego dirigirse al bosque.
Unos cuantos rayos más del sol aclaraban ahora el panorama. El lago junto al que se habían asentado brillaba gracias a leves ondas que llegaban a la orilla y encallaban en las piedras de río que abundaban en el lugar. Al otro lado del lago, un vasto bosque se alzaba a la vista, del que se desprendía ese olor a césped que tanto le gustaba a Hermione. Algunas copas de los árboles más altos pasaban a ser iluminados por el amanecer, y los pinos, junto con las montañas colindantes, comenzaban a cobrar vida.
Con un sentimiento de tranquilidad, Hermione se adentró en el bosque, donde el sonido de los pájaros que despertaban a la par de sus pisadas la recibían en aquel lugar con su canto peculiar. Disfrutando de aquello, su mente comenzó a considerar lo que seguiría a continuación. Sin duda todo cambiaría. Ahora tendría la oportunidad de engañar a Harry en cualquier momento sin preocuparse por terceros, podría llevarlo ante Lord Voldemort de inmediato. Pero tenía que planear el momento y la ocasión, pues no podía simplemente aparecerse delante de su señor. Él ahora se encontraba en una travesía para encontrar una varita que pudiera matar a Harry sin que esta misma se le revelara en el acto, y probablemente no lo encontraría fácilmente.
-Excelente… hongos –dijo en voz alta deteniéndose luego de haberse alejado una distancia considerable de "el elegido". Se hincó a los pies de un árbol y arrancó de tajo los más grandes y blanquecinos, asegurándose de que no fueran venenosos.
Habiendo escogido suficientes como para prepararle comidas regulares a Harry por los próximos dos días, regresó despreocupadamente a la tienda, que permanecía callada pues él permanecía dormido. Llegando directamente al fregadero, dejó los hongos y comenzó a mover ollas y sartenes de un lado a otro de la manera más ruidosa que pudo, para despertar al bello durmiente que al parecer le daba un comino quedarse dormido el día entero.
Al cabo de un rato, comenzó a escuchar ruidos que provenían del cuarto contiguo, donde Harry dormía. Supo entonces que había despertado finalmente.
-Hola –dijo una voz detrás de ella. Hermione muy apenas se giró, pretendiendo poner más atención a lo que tenía cocinando en el sartén que al chico con la cicatriz en forma de rayo que acababa de aparecer.
-Hola –respondió sin emoción en su voz. Por el rabillo del ojo se percató que Harry no sabía muy bien que hacer. Se rascaba la nuca mientras parecía decidir qué decir a continuación.
-¿Tienes hambre? –preguntó Hermione, evitando que él iniciara la conversación.
-Eh, sí, sí. Mucha.
Harry se dirigió lentamente a la mesa y se sentó con mirada pensativa, viendo el lugar vacío frente a él.
Hermione sintió un pinchazo de gusto. Era claro que le había comenzado a afectar que el lugar que Ron ocupaba a la mesa todos los días estuviera ahora vacío. Con un último movimiento de varita, Hermione terminó su guisado especial de hongos, lo colocó en un plato y lo puso frente a Harry en la mesa. Dejó el sartén y se dirigió a la mesa donde ponían la tetera con té de hojas de yerbabuena que ella había conseguido a lo largo de su larga travesía en busca de los horrocruxes. Llenó una taza y se la paso a Harry.
-Gracias, Hermione –dijo Harry intentando sonreírle.
Mientras andaba en la cocina, notó cómo Harry la miraba precavidamente, intentando analizar el estado en el que ella se encontraba. Hermione mantuvo su gesto serio e incomunicativo, para que él no sospechara que le alegraba el hecho de que Ronald se hubiera ido.
-¿Tú no comerás nada?
-No, he comido más temprano. Me toca hacer guardia y creo que también es mi turno con el horrocrux –contestó fingiendo no tener ánimos.
La verdad era que ella disfrutaba portar el guardapelo. Se sentía privilegiada y más poderosa de lo que ya era al poder proteger una parte del alma de su señor. El llevarlo puesto alrededor del cuello le recordaba cuál era su misión, y cuál era su rol en el propósito de Voldemort de hacer del mundo mágico y el muggle un lugar mejor al someterlos a todos por igual.
-Oh, si –Harry reaccionó a las palabras de Hermione, se levantó y se quitó el horrocrux del cuello con dificultad.
Viéndolo exhalar un suspiro de alivio se lo extendió a Hermione, quien lo tomó firmemente, cerrando un puño alrededor del relicario. Pudo sentirlo helado contra la palma de su mano. No podía resistir las ganas de colocárselo, pero dudo en hacerlo tan rápidamente frente a Harry, así que solo lo mantuvo apretado en su mano, tomando de la mesa su varita, para luego guardársela dentro de los jeans.
-Había estado pensando que será mejor irnos cuanto antes. Llevamos demasiados días en este lugar y corremos el riesgo de que nos encuentren –dijo Hermione con tono monótono, como si aquello fuera algo rutinario.
Harry abrió la boca para responder algo, pero la volvió a cerrar, aparentemente sin saber qué decir.
Sin permitirle responder, Hermione salió de la tienda, dejando sólo a Harry, comiendo el precario desayuno que logró prepararle, y sintió una brisa fresca golpear su rostro. Sin esperar un segundo más, tomó el relicario y pasó la cadena alrededor de su cuello, el cual le hizo un cosquilleo al sentirla rosar su piel desnuda. Un sentimiento de comodidad la llenó por completo y, ligeramente sonrosada gracias a la satisfacción de sus logros, se dirigió a la orilla del lago.
Fijando su vista en el bello horizonte, acarició el relicario distraídamente. Dejó que este bailara entre sus dedos, sintiendo su fría temperatura, tocándolo con ambas manos. Con un dedo siguió la línea de pequeñas esmeraldas incrustadas, trazando la "S" de Salazar Slytherin sobre el horrocrux. Aquel bello objeto que sostenía entre sus manos era tan preciado para ella como para Voldemort, por lo que sentía admiración por él. Sus labios se torcieron en una sonrisa sarcástica al pensar que una parte del alma del Señor Tenebroso descansaba junto a su corazón.
Liberó su mente, para que se despejara y pensara en aquello que más le placiera. Por alguna razón, ésta eligió recordar unos días atrás, cuando Ron se había parado justo donde ella estaba en aquel momento y había comenzado a lanzar rocas al lago para hacer que estas brincaran en el agua antes de hundirse por completo en el fondo. Sin detenerse a pensarlo se inclinó y decidió hacer lo mismo, tomando una roca y lanzándola hacia el lago. Se sorprendió al comprobar que lo que Ron hacía era mucho más complicado de lo que parecía.
La determinación se apoderó de ella y comenzó a intentarlo de diferentes formas, todas ellas sin éxito. Con las manos descansando en sus caderas, se detuvo a pensar de manera más racional, analizando aquello que deseaba hacer y qué era lo que debía hacer para lograrlo. Soltó una leve risa cuando se dio cuenta de la manera tan infantil en la que se estaba distrayendo, pero no le importó. Entonces, la viva imagen de Ron lanzando rocas le vino a la cabeza y supo cómo debía de lanzarlas para que estas lograran dar brincos sobre el agua.
Se agachó para tomar una más del suelo, inclinó un poco su cuerpo y con un movimiento fluido y rígido de su cadera, brazo y muñeca, logró que la piedra disparada de su mano brincara dos veces antes de caer pesadamente al fondo. Estuvo a un instante de celebrar su victoria, cuando escuchó pisadas inconfundibles detrás de ella sobre el suelo de rocas. De la nada apareció Harry, quien llevaba las manos dentro de los bolsillos y se le notaba cabizbajo. Hermione lo miró hasta que llegó a su lado, y reprimiéndose a sí misma de sonreírle, habló con tranquilidad.
-¿Terminaste el desayuno?
-Sí, estaba delicioso. Gracias –respondió con amabilidad. El silencio llenó el ambiente, y Hermione se sintió incómoda. –Hermione, ¿en verdad te quieres ir?
Aquella pregunta sonó como si la hubiera estado reprimiendo e ideando en su cabeza desde el momento en que Hermione no le permitió responder.
-Harry llevamos mucho tiempo aquí. Podrían descubrirnos si nos quedamos más tiempo. Lo mejor es movernos hacia las montañas, conozco un lugar aislado donde será imposible que nos encuentren –respondió secamente y con impaciencia. Notaba la expresión de Harry inconforme y se preparó para su respuesta.
-Es que estaba pensando, ¿qué tal si Ron…
-¿Si Ron regresara? –lo interrumpió con incredulidad. – Ron no va a regresar Harry, lo sabes. Él decidió irse y nosotros deberíamos hacer lo mismo.
Hermione se giró y comenzó a caminar de vuelta a la tienda, molesta porque Harry se lo estaba haciendo todo más difícil de lo que ella había planeado, y justo antes de entrar a la tienda exclamó en voz alta dándole una última mirada severa:
-¡Nos vamos en media hora!
Sin detenerse a esperarlo, Hermione comenzó a guardar las posesiones sueltas en su bolsa encantada, asegurándose de no perder la organización que tenía dentro de ella. Minutos después Harry entró a la tienda sin dirigirle palabra alguna. Fue directamente a su litera y con algo de ropa en las manos lo vio dirigirse al baño, donde seguramente se cambiaría. Para evitar perder tiempo, Hermione sacó ropa de uno de sus cajones y se cambió allí mismo, a un lado de su cama en la que tiró la ropa sucia y se apresuró a vestirse antes de que Harry pudiera verla.
En cuanto Hermione hubo terminado de ponerse ropa limpia, Harry salió del baño y volvió a su cuarto. Yendo al baño, Hermione se lavó los dientes, se acomodó mejor el cabello en la cola de caballo, se perfumó y salió para encontrarse con Harry, quien ya se veía un poco más repuesto, con la mochila al hombro.
-¿Listo? –preguntó Hermione terminando de abotonar su saco y poniéndose la bolsa atravesada. Harry asintió.
Ambos salieron de la tienda y Hermione la deshizo con magia, para luego ponerla de vuelta en el interior de su bolsa. Haciendo el procedimiento de rutina, verificaron que no quedaran rastros de su estadía.
Parándose justo donde había estado la tienda momentos antes, Harry extendió la mano para que Hermione la tomara. Complacida de que él tomara la iniciativa de desaparecerse, tomó su mano. Para su sorpresa, la mano de Harry envolvió la suya con gentileza. Era cálida y suave, y no pudiendo ignorar esto Hermione bajó su vista hacia las manos entrelazadas, las que le parecía que embonaban a la perfección.
-Vámonos, Hermione –dijo Harry con voz sutil y cariñosa, que solo empeoró el estado de ensueño en el que había caído súbitamente, pero que de alguna forma fue suficiente para que se diera cuenta de que debía poner en acción su mente para lograr aparecerse en su siguiente lugar de campamento.
Con decisión, cerró los ojos y pensó en la montaña a la que había ido a escalar una vez con Draco, haciendo caso omiso de Lucius y Narcissa de que podrían lastimarse. Sintiendo un enorme tirón en el estómago tuvo la sensación de que sus pies se levantaban del piso por un momento, mientras su cabeza era apretada por fuerzas invisibles que dejaron sus pensamientos revueltos. Estaba bastante acostumbrada a aparecerse, pero ese instante de sorpresa en el que sus pies dejaban el suelo siempre le aceleraba el corazón.
Sus pies volvieron a tocar tierra, y abriendo los ojos se dio cuenta de que ya estaban sobre la montaña que ella había visualizado. Harry le soltó la mano y con paso dudoso caminó un poco hasta que decidió sentarse, mirando hacia el horizonte, recargando los codos sobre las piernas y viéndose los pies.
Hermione no pudo evitar sentirse mal. Aquella visión que tenía frente a ella era de un chico que había perdido a un mejor amigo, a un hermano, con la incertidumbre de que no sabía si lo volvería a ver. De pronto recordó a Draco, y un suspiro de desaliento se escapó de sus labios. No sabía que lo extrañaba hasta que vio la triste imagen de Harry añorar a su mejor amigo, del que ni siquiera se había despedido. Al menos Hermione pudo despedirse de aquel chico de tez albina y cabello blanco con el que había formado un lazo de hermandad. Un pequeño sentimiento de lástima se asomó en el carácter de Hermione, quien de inmediato sacudió su cabeza y recorrió a Harry en un círculo murmurando los hechizos protectores con su varita en mano.
El resto de la mañana y la tarde transcurrieron sin mucha actividad. Harry y Hermione comieron juntos más hongos cocinados, acordaron las vigilancias y los turnos para portar el guardapelo. Hermione permaneció dentro de la tienda, ya entrada la tarde, pues era el turno de Harry de hacer guardia, lo que le dio un momento de tranquilidad para continuar leyendo el libro de Beedle el Bardo y olvidarse un poco del ambiente pesado, pero sobre todo de sus pensamientos, que amenazaban con traerle de vuelta el recuerdo de los Malfoy si se lo permitía.
Estaba sentada en el par de escalones que separaban la estancia de la tienda de campaña del comedor, cuando se dio cuenta de que llevaba más de una hora sentada en aquel lugar luego de verificar su reloj de pulso. Sintiendo los ojos cansados, cerró el libro y lo colocó sobre la pequeña mesa que estaba junto a ella, a un lado de la lámpara de gas que le había ayudado a Hermione a leer.
Permaneció sentada mirando la pared de tela de la tienda sin fijarse en un punto concreto. Tomó el relicario que descansaba entre sus ropas, colgando de su cuello y comenzó a darle vueltas en ambas manos. Podía sentir como si éste tuviera dentro un corazón que estuviera latiendo.
Su mente amenazó con divagar de nuevo, pero ella rápidamente lo detectó. Su vista cambió de dirección y se posó sobre un objeto que descansaba debajo de la mesa. Hermione frunció el ceño y se agachó un poco más para tomarlo. Al sacarlo a la luz reconoció que era la radio que Ron usaba siempre para sacarlos de quicio, siempre escuchando las noticias, noche y día con la esperanza de escuchar algo que le fuera familiar. No se detuvo a pensar mucho cuando ya sus dedos habían accionado el botón de encendido y la radio comenzó a crepitar en busca de una señal en el aire.
Hermione giró uno de los botones hasta que encontró una estación en la que se empezó a reproducir una extraña y adormilada canción que por alguna razón le agradó. Dejó la radio sobre la mesa, moviendo un poco su libro, entreteniéndose escuchando la letra. De pronto, Harry entró a la tienda caminando sigilosamente, como si no quisiera despertar a alguien que estuviera dormido. Hermione lo vio y no pudo evitar sonreír al verlo caminar tan extrañamente sin razón aparente, y pudo ver como el semblante del chico cambiaba en ese instante.
Lo vio sonreír.
-Creí que estarías dormida –soltó excusándose por su comportamiento. Caminando con naturalidad acercó una silla que puso a una distancia considerable de Hermione y se sentó encarándola.
-No. Acabo de encontrar la radio de… -Hermione se detuvo súbitamente. Se percató de que Harry asentía con la cabeza mirando distraídamente al piso. –Me pareció una buena idea tener algo de ambientación –concluyó cambiando el sentido de la oración.
Harry asintió una vez más, con otra sonrisa en sus labios.
-¿Quién canta? –preguntó unos segundos después, tras escuchar la voz delicada y seductora de la cantante.
-Ni idea. Jamás la había escuchado –respondió Hermione con una risa despreocupada. Harry la miró por un instante.
Hermione sintió la mirada intensa de Harry sobre ella y prefirió buscar otro punto en su entorno para fijar la suya. Para su sorpresa, Harry se levantó bruscamente de la silla y se paró junto a ella.
-Vamos, levántate. Sé que llevas mucho tiempo sentada, no te haría mal estirarte un poco.
Hermione no sabía si molestarse o reírse ante la propuesta, pero sus piernas fueron imposibles de levantarla de ese lugar.
-¿De qué hablas? –contestó Hermione con una leve sonrisa.
-Levántate y lo sabrás –repitió Harry, ahora extendiéndole una mano para que la tomara. Ella volvió a reír y decidiendo seguirle el juego tomó su mano y sintió cómo la jalaba hacia él con fuerza para ayudarla a ponerse en pie.
Sin aviso, Harry la acercó a él y con ambas manos buscó la cadena del horrocrux alrededor de su cuello. Aquello la tomó totalmente desprevenida. En cuanto los dedos de Harry tocaron su cuello sintió cómo el vello de todo el cuerpo se le erizaba a su roce. Una sensación que Hermione no pudo identificar llenó su estómago, y sus ojos se posaron en el cabello de Harry, tan desarreglado y oscuro que por un momento se perdió en él. Admirando lo bien que le sentaba la poca barba que le había crecido en cuestión de días, se percató del peso que se había retirado de su pecho, y entonces vio a Harry retirar por completo el relicario de ella y aventarlo a la cama que estaba próxima al lugar.
En otras circunstancias hubiera enfurecido a Hermione el que Harry tratara tan mal un pedazo del alma de Voldemort, pero en ese momento no le importaban las circunstancias. Llevándola al centro de la tienda, le sonrió, y de pronto Harry comenzó a moverse de lado a lado sutilmente. Entonces Hermione captó la idea y soltó una carcajada que no desalentó a Harry de hacer que ella bailara también.
De pronto, sin pensarlo, ambos estaban bailando sin ton ni son al ritmo de la misma canción que ninguno de los dos había escuchado antes. Siendo realista consigo misma, la música no guiaba los pasos de ninguno de los dos, lo que lo hacía aún más gracioso e inútil para ella. Por alguna razón, Hermione no podía dejar de sonreír, mientras los dos intentaban bailar a algún ritmo juntos, que claramente no tenía nada que ver con la canción que resonaba extrañamente dentro de la pequeña tienda de campaña. Tuvo una extraña sensación de relajación y júbilo que llegaba a su cuerpo en grandes olas al ver a Harry sonreír al igual que ella, girando tontamente, en un intento de mantenerla en ese estado de felicidad.
Ambos rieron a carcajadas cuando Harry pisó a Hermione sin querer. Sin importarles en absoluto, continuaron bailando hasta que de pronto la música fue disminuyendo, claramente llegando a su fin. Sin darse cuenta, Hermione se había tirado a abrazarlo, sonriendo aún, mientras se detenían lentamente con la canción que se redujo a un susurro hasta que todo quedó en silencio. Respirando pesadamente por la danza improvisada, se separaron un poco para verse cara a cara, con la alegría dominando sus rostros.
Las sonrisas fueron desvaneciéndose de sus labios, de la misma forma que la música había desaparecido de la radio. Hermione sintió cómo su corazón se aceleró al mirar aquellos ojos verde azules de Harry, tan coloridos, tan profundos. Se dio cuenta de que nunca los había visto de tan cerca, ni con tanto detenimiento…y hacerlo en aquel momento le nubló la mente, borró de ella todo razonamiento. A través de aquellos anteojos sumamente limpios, notó que aquellos ojos le correspondían la mirada más intensamente de lo que ella hubo esperado. Hermione sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza… algo andaba mal con ella. De pronto se percató de la cercanía de sus rostros, que notó que era demasiada, incorrecta y afortunadamente exagerada…
El ambiente se volvió pesado, sorpresivamente lento y todo se congeló. Con un movimiento delicado, Harry la tomó gentilmente del rostro y con una lentitud premeditada acercó sus labios a los de Hermione.
Y la besó.
Hermione no opuso resistencia. Sintió la calidez de los labios de Harry y la suavidad con la que estos tocaban los suyos… y se dejó llevar. Ella le devolvió el beso, y de pronto, sintió los labios de Harry separarse de los suyos, para quedarse suspendidos a unos milímetros de su boca. Hermione sintió de pronto una sensación de temor, al presentir que él quería que el beso terminara, y entonces ella terminó por acercar sus labios a los de él, tan intensamente que ambos se engancharon en un beso profundo, cálido y apasionado.
Hermione puso sus manos detrás del cuello de Harry, para evitar que fuera a separar sus labios de ella otra vez, mientras sentía que las manos de él se posaban en su cintura y entonces, una alarma se encendió dentro de la mente de Hermione, y una vocecita dentro de su cabeza le gritó: "¡aléjate de él!".
Hermione separó sus labios de los de Harry, lo miró a los ojos una vez más y entendió lo que acababa de pasar. Sin decir palabra se separó lentamente de él, sintiendo su corazón y sus sentidos abrumados, agachó la mirada y dando la media vuelta salió con paso decidido de la tienda, dejando a Harry confundido, exactamente en el lugar donde se habían besado.
Una vez fuera de la tienda, Hermione caminó a grandes zancadas unos metros hasta detenerse abruptamente. Veía sin ver, sentía su sangre ser bombeada con intensidad absurda por todo su cuerpo. Agitada, intento respirar todo el aire puro que podían contener sus pulmones. Se percató de que sus manos temblaban y se abrazó a sí misma para tratar de evitarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas de incertidumbre. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué había dejado que aquello pasara? No podía ser cierto. Ella había tenido oportunidad de alejarse de él, pero no lo hizo. Al contrario, había correspondido al beso con el miedo de que él no le correspondiera de vuelta. Una parte en su más profundo ser deseaba que aquello pasara, y esa parte lo había disfrutado al máximo.
No sabía lo que le sucedía, había perdido toda la razón, pero lo que sí sabía era que ya no había vuelta atrás, ya no podía remediar nada de lo que había pasado allí dentro.
Había besado a Harry Potter, y no había manera de cambiarlo.
