Todos los personajes la serie de Inuyasha pertenecen a la fantástica RuMiko Takahashi mientras que los personajes y libros de los Dark hunters® pertenecen a la genial Sherrilyn Kenyon ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean uno de ellos por media hora… que va 5 minutos v_v…. así que hago esto sin fin de lucro aclarado esto aquí vamos.
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Dark Hunter
Por Mimi chan
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Capitulo 7
Cosas claras.
Después de haber detenido la canción Inuyasha la había mirado de pies a cabeza y había salido de la habitación, Kagome se quedó allí en el banquillo un par de minutos que le parecieron realmente largos para poder calmarse, y una vez que estuvo calmada se sintió realmente molesta.
Seguramente solo había pensado que era una pequeña niña tonta que estaba llorando en su habitación de entrenamiento y la había ido a callar. Nunca lloraba, nunca tenía los suficientes sentimientos en el pecho para dedicarlos a las lágrimas, había llorado por su madre y su abuelo y los seguía llorando cuando el alma se lo exigía, y por ¡Kami sama! que ella iba a llorar todo lo que quisiera le gustara a él o no.
Se levantó de su lugar y decidió seguirlo, él chico estaba en su cocina olfateando las cosas que Sunshine le había llevado.
— No hay nada envenenado si te preocupa – dijo sentándose en la barra para mirarlo, mejor el desdén que él dolor – ¿Tienes hambre?
— ¿Por qué tendrías tú que alimentarme a mí?
— Porqué lo he hecho desde hace ya semanas supongo – dijo con indiferencia – pero sinceramente te agradecería que al menos me permitieras salir a comprar algo para preparar, nunca he sido fan de comer comida instantánea dos veces al día.
Los ojos del chico vislumbraron un poco de entusiasmo, y ella estuvo a punto de reír ¡Así que era de ese tipo! Era del tipo de hombre que se le conquistaba por el estomago.
— Solo con una condición – agregó Kagome e Inuyasha enseñó los dientes en guardia, pero ella no retrocedió – preparare algo, siempre y cuando tú me des un par de respuestas que necesito.
— ¿Por qué habría yo de darte esas respuestas?
— Por que… – y cruzó sus brazos sobre su pecho – ¿Vez a alguien más aquí que pueda prepararte un verdadero sukiyaki?
— ¿Sukiyaki dijiste?
— Si y da la casualidad que conozco en la cuidad un sitio abierto las 24 horas que vende unos cortes realmente buenos de carne kobe ¿Qué dices?
Él no le respondió con palabras pero las orejas sobre su cabeza cobraron vida propia, se crispaban inquietas como tantos cachorros que veían a el amo con el platón de comida.
— Más te vale que sea un sukiyaki condenadamente bueno.
— Va a ser el mejor que hayas probado.
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Bueno conseguir los ingredientes había sido sin duda… singular. Él había tomado su espada, su gabardina roja, la había puesto de nuevo en su espalda y le había pedido instrucciones para llegar, llegaron al centro comercial y ella tuvo que entrar sola, "mi trabajo es por la noche" había dicho y le había dicho que en 20 minutos estaría de regreso, saltó a la azotea más próxima y se perdió en la noche, ella entró en el centro comercial y compró todo lo que necesitaba, era una suerte que hubiera una cantidad interesante de culturas en Nueva Orleáns podías hallar cosas de casi todas las comidas del mundo, desde la mexicana hasta la francesa, incluida entre las singularidades la oriental, compró todo a prisa y en cuanto pagaba él se había plantado en la puerta, había entrado y le había dado una tarjeta de crédito al dependiente, sin decirle palabra, ella recogió lo comprado y él se lo quito de las manos, el dependiente lo hizo firmar el talón y él puso "Inuyasha Taisho" Kagome casi se quiso reír pero de nuevo no lo hizo. Taisho… su padre había sido Inu no Taisho después de todo.
Hecho todo la volvió a poner sobre su espalda y la llevó a casa de nuevo, entraron, llegaron a la cocina y él se sentó en la barra de nuevo para verla mientras ella cortaba y preparaba todo para el sukiyaki, el instinto le dijo a Kagome que no es que la viera por que quisiera aprender a hacerlo, eso era cosa de mujeres para ¿hombres? Como él, la vigilaba por que no confiaba en ella y quería estar seguro de que no fuera a ponerle mata ratas a la comida, el pensamiento la molesto pero lo ignoro.
No había encontrado el wong correcto pero si una cacerola de teflón que funcionaria y había comprado también una parrilla pequeña eléctrica, que tendría que funcionar.
— Thabita me había dicho que el dinero no era un problema en tu trabajo – dijo distraída mientras picaba los vegetales.
— Y no lo es – respondió sin mucha emoción sin dejar de mirar como trabajaba.
— Para ser una persona que no tiene ni siquiera televisión he de confesar que me sorprendió un poco verte con una tarjeta de crédito.
— Los bancos existen en China desde el siglo IX
— Tienes un punto – todo estaba listo – ¿Te parece bien que sea afuera? Hace una noche realmente linda como para cenar.
— Bien – más que entusiasta solo concedió.
La ayudó a acomodar las cosas necesarias para el platillo en civilizado silencio, ella no se quejó, cada momento que pudiera parar con él sin que él la estuviera martillando con su mirada era bienvenido, una vez todo listo y ordenado se sentaron frente a la fuente, de pronto él hizo algo raro, se golpeó el pecho pegándole un susto a ella.
— Sal de allí Myouga.
El chico perro levantó su mano y en ella tenía lo que parecía ser, si una pulga… una pulga muy fuera de lo corriente.
— Ya es hora de cenar amo Inuyasha, solo tomaba un pequeño trago antes, como aperitivo.
— Te he dicho que no hagas eso sin mi consentimiento.
— Oh, pero tenemos visitas – se arregló la ropa la pequeña pulga e hizo una inclinación – una joven humana. Mi nombre es Myouga y soy el sirviente del amo Inuyasha.
— Kagome Higurashi.
— Mucho gusto – la pulga brinco sobre el borde de uno de los recipientes de ingredientes – oh vamos a cenar sukiyaki, que alegría hace mucho tiempo que no comemos alto tan rico el amo Inuyasha y yo.
— Bien – se dirigió al chico que parecía impaciente – ¿Tienes algún otro invitado que vaya a llegar de pronto? ¿Un kitsune? ¿algún tipo de Youma?
El chico solo gruñó y está vez si que se rió, cuando él no hizo ningún otro tipo de advertencia supo que después de todo no era tan grave reírse un poco de él.
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Inuyasha ahora solo quería tenderse sobre su espalda y dormir, hacia mucho que no se sentía tan satisfecho. Condenada Miko había hecho el mejor sukiyaki que alguna vez había probado, y había de decir que había probado muchos, había ido a varios restaurantes japoneses cuando tenía la oportunidad pero ninguno había sido la mitad de bueno, las verduras habían sido bien escogidas, y bien troceadas, los filetes estaban tiernos y había sido solo lo exacto de soya y condimentos. Solo los japoneses sabían hacer su cocina como era debido y ella no había sido la excepción.
— No has oído decir que si te recuestas después de cenar te convertirás en una vaca lo amonestó la Miko – mientras sorbía un poco de te que había dejado para el final.
— Fhe – no se movió de su lugar, si no más bien estiró los brazos sobre su cabeza.
Casi se veía lindo así, solo casi, fuera de guardia con los ojos cerrados y pacifico, el Inuyasha que ella había conocido era energía pura, como el conejo de las famosas baterías americanas, sus fantasías con él casi nunca habían incluido que se sentara con ella en la mesa… una que otra vez la tendía en la mesa a ella y…
Ok, eso había sido fantasía, ahora tenía que manejarse con la verdad.
— Tenemos una conversación pendiente Inuyasha – dijo poniendo la taza de te en el suelo – no te atrevas a dormir.
— Eres molesta Miko – respondió pero aun así la ignoraba.
— Tengo un nombre recuerdas – rechinó los dientes, Miko, ¿Qué acaso no recordaba su nombre siquiera? No que va, lo recordaba pero lo hacia a propósito – mi nombre es Kagome.
— Lo que digas, Miko.
Kagome casi quiso atizarlo con la sartén de la carne, pero seguramente eso era lo que él estaba buscando.
— Tú no mataste a Kikyou ¿Cierto? – fue directa al grano.
— En cuantos idiomas quieres que te lo diga Miko – dijo levantándose y sentándose con las piernas cruzadas y mirándola con enojo – yo no la mate, es tan difícil para ti entenderlo.
— ¿Qué fue lo que paso entonces? ¿Tú lo sabes? – dijo con tranquilo y frió interés – quiero aclararlo para terminar con está absurda confusión que ha durado ya 500 años. – agrego en una nota más baja – Onegai (por favor)
Él chico la miró de reojo, con escepticismo, pero ella no renuncio, debía aclarar esto ahora. Había querido siempre que Inuyasha si fuera inocente de las cosas de las que su abuelo siempre lo había culpado, y ahora quizás después de todo lo era, necesitaba esa verdad.
— Yo quería la perla de Shikon – dijo sin mirarla a la cara si no más bien al estanque koi en su patio trasero – Kikyou era la guardiana de la perla, pero era fuerte, lo suficiente para detenerme cuando todavía estaba vivo, por eso la quería, para ser un youkai completo, pero Kikyou no se rendía, era muy fuerte, muy valiente, fue un humano que se distinguía de su especie.
Había orgullo en su voz, no podía ocultarlo, Inuyasha se había sentido orgulloso de Kikyou en algún momento, Kagome se preguntó que distancia había del orgullo al amor.
— Dijo una vez que lo que había humano en mi no le permitía matarme… nosotros nos acercamos con el tiempo, un día ella dijo que podía ser humano, que la perla me podía volver humano – un gruñido ascendió por su garganta – me mintió, me atacó, lo había dicho y hecho todo solo para que bajara la guardia y me mató.
— ¿Es todo? — preguntó
— Si – dijo en un gruñido.
— No puede ser todo – se negaba a creer que así fuera, ninguna sacerdotisa haría algo así, monjes, sacerdotes, todo ese tipo de gente tenía algo así como la ética por la vida eso debía haberla detenido.
— Pues lo es.
— Pues hay un enorme hueco en esa historia si me lo preguntas.
— Bien, pues no te lo estoy preguntando.
— Bien escucha chico perro, esto es lo que yo sé. Existe un diario de la hermana de Kikyou, una sacerdotisa llamada Kaede que es mi tatara… — gruñó molesta casi imitándolo — lo que sea, es mi ancestro, no, yo no lo leí, durante alguna guerra en Japón se perdió, pero según mi abuelo allí decía que tú habías atacado a Kikyou primero de muerte y habías ido después a la aldea donde estaba resguardada la perla y que Kikyou con su último aliento te había tratado de sellar en un árbol sagrado pero que algo había salido mal y te había matado. – lo miró directamente, sin retroceder, si le mentía lo sabría por sus ojos – ¿La lastimaste? Solo reconócelo, es algo que ya paso, pero yo quiero saberlo, ¿La heriste antes de que ella te atacara? hubiera sido normal si te estaban dentro de una pelea, querías la perla y…
— ¡No! – gruñó potentemente en dirección a ella – yo amaba a Kikyou ¿Cómo iba a lastimarla? La mentirosa fue ella que dijo lo mismo y me mató.
El silencio se estableció un momento. Kagome lo miró fijamente, parpadeó varias veces solo para comprobar que era él realmente él que estaba diciéndole eso, parpadeo aun más y si, era él, en carne y hueso, mirando el piso irritado, enojado consigo mismo seguramente porque no planeaba decirle algo como eso a una persona a la que no le confiaba ni su comida. Solo cuando el pez koi brincó en la poza el mutismo se rompió, él se levantó de su lugar y entró en la casa.
Kagome sintió un hielo empezar a derretirse dentro de su estomago. La amaba, lo había dicho, tan claro como el agua, la amaba y Kikyou le había dicho lo mismo, quizás, ellos dos se habían amado.
Kami sama, el aire la abandonó por completo y tuvo que ponerse una mano en el pecho con dolor, su corazón parecía haberse detenido de pronto y dejado su organismo sin gramo de oxigeno, le tomó lo que pareció un siglo volver a respirar ¿Por qué dolía de esa manera?
¿Cuál era la historia? ¿Cómo un hanyou se había enamorado de una sacerdotisa? Verla con ojos de hombre, porque era un hombre, había amado, eso lo dejaba más de su lado que del lado de los demonio perro, ellos ofrecen su fidelidad, defienden su territorio, escogen una pareja que es su compañera predestinada, la química, las feromonas, lo que sea, pero los humanos aman.
Se levantó a trompicones de su lugar y lo buscó dentro de la casa. Él estaba acomodándose su gabardina de nuevo.
— Todavía no terminamos de hablar – quiso detenerlo.
— Querías la verdad, allí está – dijo acomodándose las solapas del sobretodo – disfrútala Miko.
— No, todavía no están las cosas claras – dijo deteniéndolo de un brazo – alguien lastimó a Kikyou no te das cuenta, alguien hirió a Kikyou para que muriera y al parecer todos pensaron que fuiste tú, ¿Es que eso no te importa?
— Tú lo dijiste Miko – respondió fríamente – eso paso hace mucho tiempo, ya no importa.
— Si la amabas – lo enfrentó – debería importarte.
Él la miró con desprecio, podía decir muchas cosas de él, pero tenían que tener las pruebas en la mano para poder desmentirlo, nadie, en el mundo nadie, podía decir que él no había amado a Kikyou, mucho menos esa miko.
Kagome se sintió pequeña, había una ira incandescente en sus ojos, ¿O era dolor por recordarle un sentimiento que había querido ahogar?
— Estarás segura aquí – respondió a su afrenta como si no la hubiera escuchado aunque era obvio por su mirada que de hecho era todo lo contrario – no habrás la puerta a nadie, no invites a absolutamente a nadie a entrar, y no te muevas de aquí.
Diciendo esto salió de la casa y la dejó sola de nuevo.
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Cuando vio al hanyou salir de la casa se llevó una no muy agradable sorpresa.
Inuyasha… ese hibrido había estropeado todo la última vez con Kikyou, ¿Cómo era posible que siguiera vivo? Las criaturas como él había muerto todas en Japón después de lo que Tsukuyomi les había hecho. ¿Había escapado él también? ¿Una criatura tan insignificante como esa había tenido la suficiente fuerza para sobrevivir?
No se daba cuenta de que la perla de Shikon no era para una criatura tan irrisoria como él.
No, la perla de Shikon sería suya, la había buscado por 500 años, ni él ni nadie podría tenerla antes que él.
Cuando sintió la fuente mágica empezar a rodear la casa maldijo, maldita humana.
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En cuanto Inuyasha había salido de la casa y se había quedado sola y sin protección tuvo miedo, sintió que se cernía sobre ella una presencia oscura y ni tarda ni perezosa empezó a levantar una barrera de protección, no sabía si eran más daimons lo que le habían causado esa sensación de peligro pero no les daría la oportunidad. Se llevó una mano al vientre, la perla de Shikon, apostaba todas sus canicas a que quien la quisiera, no dudaría ni un minuto en matarla para poder tenerla y ciertamente si bien la vida no era perfecta le gustaba bastante y no iba a dejar que la tomaran tan fácil.
— Kagome sama… — la pequeña pulga como borracha se posó en su hombro – el campo…
— Lo siento Myouga jiji – Kagome la tomó en sus manos y provocó un pequeño conjuro para cubrir a la pulga de poder espiritual y lo ayudara a soportar el campo.
— Gracias – dijo más repuesto.
— Hay algo maligno allá afuera Myoga jiji – dijo mirando a la noche, se sentiría más tranquila si tuviera la habilidad de ver el campo de protección como algo físico, algo como una aurora boreal por ejemplo.
— Oh Kagome sama a través de 400 años con el amo Inuyasha he visto un montón de cosas malignas, pero ningún se ha atrevido a entrar a la casa de un Dark Hunter es como un tabú.
Kagome levantó una ceja, oh aquí teníamos un sirviente de 400 años que conocía todas las facetas de los Dark Hunter y de Inuyasha que ella quería saber.
— ¿Te gusta el sake Myouga jiji? – dijo con una sonrisa que debía parecer inocente – A mí se me ha antojado un montón un poco de sake tibio, ¿Qué dices?
— Suena como una buena idea.
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Sentía que la cabeza le iba a reventar, a pesar del tamaño de la pequeña pulga había necesitado de un montón de sake para ponerlo lo suficientemente ebrio y se le soltara la lengua.
Las leyendas habían dicho siempre que Inuyasha era uno de los hijos de Inu no Taisho, y él se lo había confirmado al usarlo como su apellido, pero ninguna leyenda decía quien había sido su madre, pero la pequeña pulga sí. Una princesa llamada Isayoi que lo había criado desde su nacimiento hasta una muy tierna edad cuando había muerto de vejes, la línea de tiempo de una criatura sobrenatural era profundamente diferente a la humana, envejecían con mucho más lentitud, la pequeña pulga le había dicho que Inuyasha había vivido 145 años antes de lo sucedido con Kikyou, era como si la edad de perro caminara al revés en él, ciertamente el lucía como un chico no mayor de 20 años.
Y no, la pulga no sabía tampoco que había pasado con Kikyou, él no estaba con Inuyasha en ese momento.
Después cuando lo había encontrado él ya era un Dark Hunter, 400 años viajando por diferentes lugares en el mundo cazando daimons, asesinando a esas amenazas, solo, la pulga le había dicho que todos los Dark Hunter cazaban solos por reglas que había impuesto la diosa que los había creado para que no se unieran y se convirtieran en una amenaza.
Había estado solo los últimos 500 años a excepción de la pequeña pulga que era su sirviente, sin más amigos, sin familia, sin patria, como un desterrado.
No le extrañaba nada ahora cuando Nick le había dicho que solo un loco hubiera hecho un pacto como ese, por muy valiosa que resultara la paga o la recompensa inmediata. Y aun así…
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— Ah, dudo mucho que realmente el amo Inuyasha hubiera vuelto para poder matar a la Kikyou sama.
Kagome se detuvo un momento cuando le servía una copa más.
— ¿Doshite? (¿Por qué?) – quiso disfrazar su curiosidad pero no creyó lograrlo en realidad, era demasiada.
— Vera Kagome sama – dijo la pulga mientras se bebía el sake – los seres sobrenaturales como Inuyasha sama y Inu no Taisho dono, están gobernados en gran parte por su instinto, los demonios perro dedican su fidelidad a una sola mujer que es su compañera para toda la vida. Mi señor Inu no Taisho por ejemplo, cuando era un hombre maduro después de una gran batalla se sintió muy preocupado por no tener descendencia, así que se unió a un youkai perro y así engendró a Sesshomaru sama. Pero mucho tiempo después conoció a Isayoi sama, y supo de inmediato que ella era la mujer que había estado esperando siempre, a pesar de que era solo una humana eso nunca le importó, se acercó a ella y la princesa se enamoró de él casi inmediatamente, así concibió a mi señor Inuyasha. Al igual que Inuyasha sama, creo que cuando conoció a Kikyou sama, supo que era la persona que él había estado esperando y la amó – la pulga suspiró profundamente – creo que incluso el día de hoy sigue amando a esa hermosa sacerdotisa, posiblemente si regresó de la muerte fue solo para volver a ver a Kikyou sama.
— ¿Honto ni…? (¿De verdad?) — dijo con pesar.
— Hai (si) Kagome sama, los demonios perro son reconocidos entre todos los youkai por su fidelidad, una vez que toman una compañera está es eterna.
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— Zutto… zutto. (para siempre… por siempre)
Quería sentirse realmente tonta, sabía que seguramente lo era, no es que Inuyasha alguna vez hubiera estado a su alcance, pero se sentía… se sentía tan celosa de Kikyou, tan llena de celos por una mujer que había muerto hacía 500 años. ¡Kami sama Lo había matado y él la seguía amando! Siempre la amaría como había dicho la pulga que lo conocía, la había amado durante quinientos años, y la seguiría amando mil. A cada momento Inuyasha se hacía más y más imposible para ella.
Se restregó con fuerza la cara, no iba a llorar, no se iba a comportar como la pobre y tonta princesa enamorada de los cuentos que está esperando que su príncipe encantado llegue y la tome en sus brazos para poderla hacer feliz, decididamente ella no era una princesa encantada y el arrogante y gruñón hanyou que la había dejado allí sola a que emborrachara a su escudero y estaba enamorado de un fantasma era un príncipe de cuantos de hadas.
Levantó el rostro y fue a su cuarto de entrenamiento, estaba segura de que había visto un arco y flechas en algún lado, si alguien estaba cazándola a ella o a la perla de Shikon no iba a quedarse simplemente a esperar, si la buscaban y la encontraban ella iba a estar preparada.
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— Quiero respuestas Acheron.
— Y ya te dije que no te diré más de lo que necesitas saber chico perro.
Inuyasha gruñó por enésima vez esa noche, había llegado a si puesto después de haber hablado con la sacerdotisa y patrullado, buena cosa que sus sentido sintieran a los daimons antes que su conciencia por que su conciencia estaba ciertamente muy lejos.
En que maldito momento había pensado que decirle a la Miko que había amado a Kikyou había sido una buena idea, había ocultado ese sentimiento de todos durante todos esos años, y en un arrebato por la filosa lengua de la sacerdotisa se lo había dicho.
¿Y Qué? De todos modos eso había pasado hacia una vida y no era más que historia antigua, pero lo había dejado pensando.
Él no había tocado a Kikyou, nunca lo hubiera hecho aunque su vida hubiera estado en juego, pero Kikyou había estado herida cuando lo había atacado, lo había visto, había olido la sangre en su cuerpo, pero en ese momento la traición lo superaba y no le había importado, pero si no era él quien la había lastimado mortalmente ¿Quién?
Tenía el presentimiento de que era la misma persona que ahora seguía a la sacerdotisa y controlaba esos bichos del infierno. ¿Qué clase de criatura podía controlar animales como esos? No tenía una maldita idea y ¿Por qué estaban siguiendo a la sacerdotisa? Si tenía un poder sorprendente pero había más personas además de ella lo que lo tenía, ¿Por qué solo seguirla a ella?
Cuando casi regresaba a casa encontró al líder de los Dark Hunter haciendo su propia cuota de patrulla, le había preguntado qué es lo que había logrado averiguar y el hombre se rehusó a decirle gran cosa.
— Escucha chico perro, estos bichos que encontraste han estado apareciendo en más daimons en toda la cuidad, los controlan y lo único que estos han dicho antes de volverse polvo ha sido "Encontrar a la sacerdotisa"
— Pero ¿Por qué?
No respondió, no esperaba que lo hiciera la mayor parte de las veces Acheron era peor que una tumba, no había manera de obtener información de él aunque se la quisieran sacar a palos, algo que ciertamente solo un loco se atrevería a intentar.
— Si has de enterarte no voy a ser yo quien te lo diga has de averiguarlo por ti mismo, yo solo puedo decirte que la protejas, existe un poder dentro de ella que has de proteger, yo tengo otras cosas que hacer además de estar dándote explicaciones.
— Vaya si estás son tus explicaciones no quiero enterarme cuando seas bizarro.
— Regresa a casa chico perro – dijo con expresión divertida – hasta que tengamos una clara idea de lo que está sucediendo te quiero como perro guardián de la cocinera.
Así lo dejo solo y desapareció como un fantasma en la noche, dentro de poco ni siquiera su aroma podía percibirse era como si se hubiera desvanecido en el aire.
Bien, regresaría a casa
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El olor picante y pesado de la barrera mágica lo molestó apenas y se acercaba a su casa, era lo suficientemente fuerte para poder atravesar la barrera sin demasiado problema, pero lo suficientemente sensible para que el aroma no saliera de su sistema por un par de días. Condenada Miko, él necesitaba todos sus sentido al 100% y ella se atrevía a levantar una barrera que los embotaría, no tenía suficiente con haber llenado toda su casa con su propio aroma ahora quería imponer su presencia a todo su alrededor, como si fuera suyo.
Cayó en su patio trasero y de pronto se sintió en medio de un D'javu, la sacerdotisa tenía un arco en sus manos y apuntaba directamente a él, hasta que no la vio en esa posición, completamente concentrada y con esa fiereza en su mirada de la que solo Kikyou había sido posible en una ocasión no se dio cuenta de cuan infinitamente parecidas eran. Como dos gotas de agua, diferentes pero como hechas del mismo material.
— ¡Quítate! – Exigió la Miko – no tengo suficiente control como para poder detenerla o cambiar su curso.
— ¿Es que no acaso estabas esperando por mí?
— Quítate.
Más rápido que un parpadeo Inuyasha estaba parado a su lado y ella soltó la flecha está voló por el aire y se incrustó en la pared, la flecha mágica hizo un hoyo negro en su pared y se desvaneció.
— ¡Qué demonios estás haciendo!
— No es evidente – respondió ella – estoy practicando.
— Eres una condenada Miko – replicó – ¿Qué debes entrenar?
— Nosotras nacemos teniendo la habilidad de hacer las cosas – dijo con molestia – no nacemos sabiéndolas hacer, jamás he hecho una flecha para exterminar, jamás había tenido esa necesidad – cargo una flecha más – ahora tengo algún tipo de bicho raro detrás de mí y simplemente no dejare atrapas así como así.
No lo dijo pero el mismo respeto que un día le había ofrecido a Kikyou se levanto por esta chica, era fuerte sí, pero eso no era lo único, tenía mucho más valor que muchas personas que había conocido. Vio la concentración en sus ojos y como la energía espiritual de la chica se enredaba alrededor de la flecha, la chica esperó, esperó hasta el momento justo en que estuvo completamente lista y la soltó. La flecha voló en el aire y se incrusto en la pared de nuevo, pero lejos de la marca anterior.
— ¡Maldición! – exclamó la Miko y pateó el piso – se supone que estoy apuntando al mismo lugar y una flecha le ha partido la cabeza y otra las… quiero que las dos den en el mismo lugar, pero es imposible.
— Para ti – agregó el hanyou.
— Eso no ayuda Inuyasha.
— Pero a mí me resulta muy divertido, Miko.
La chica lo volteó a ver con desprecio, disfrutaba burlándose de ella, y ella ciertamente no tenía el humor necesario para tolerarlo.
— ¿Han averiguado algo o tengo que seguir recluida en este museo?
— Nada, los bichos siguen apareciendo todos con la misma premisa "encontrar a la sacerdotisa" ¿imaginas de quien pueden estar hablando?
Un estremecimiento la recorrió y cerró los ojos, tenía miedo, sí, pero por nada en el mundo se lo dejaría ver a él "encontrar a la sacerdotisa" no podía ser más claro, había deseado que fuera algo incidental el ataque a su apartamento, que Inuyasha fuera quien los hubiera llevado allí detrás de él, pero ahora era claro que la buscaban a ella.
— Bien eso significa que debo seguir metida en este agujero – preparó una flecha mas – mi negocio quebrara si no hay nadie atendiéndolo – la ira y la magia la rodearon y la flecha en el arco — y tendré que seguir viendo tu expresión de fastidio cada vez que me miras
La flecha voló en el aire de nuevo, las olas de magia rompían el aire a su alrededor y se incrustó en la barda, en la misma marca que había hecho la primera.
— Mi vida no podía ser más perfecta.
Bajó el arco y entró de nuevo en la casa, el joven de cabello plateado entró en la casa detrás de ella, lo primero que vio fue que varias de sus botellas de sake estaban vacías y su escudero roncaba sobre la mesa del comedor.
— Ya es bastante tarde y aunque dormí realmente mucho estoy bastante cansada – dijo la chica dándole la espalda – me iré a dormir.
— Bien.
— Seria realmente mucho pedirte que me dieras las claves para las placas — dijo sin mayor emoción – solo sino te sientes realmente paranoico, créeme no está en mis planes freírte a la parrilla.
— Solo las de abajo.
— Bien, estaré abajo mientras es de día.
Cuando estaba subiendo las escaleras se detuvo, y lo volteó a ver.
Inuyasha se sintió repentinamente intimidado, la mirada de esa sacerdotisa, ¿Qué diantre estaría pensando para tener esa mirada tan triste?
— Lamento lo de Kikyou… — dijo sin detenerse, había estado friendo en su cabeza ese pensamiento – yo no sé lo que es que una persona que ames así, muera… pero… sí que es lo que es quererla toda tu vida sin poderla tener… hatashite… (en realidad…) – sonrió con tristeza – ie nanimo (no es nada).
Sin poder decir nada más subió las escaleras y entró en la habitación que había ocupado la noche anterior y se recostó con la intención de dormir, larga y profundamente solo dormir. Mientras el joven hanyou se quedó en el mismo lugar donde lo había dejado por algunos minutos sin nada más que poder oler su tristeza.
Fin capitulo 7
Original: Viernes 13 de junio de 2008
12:03 p.m.
Revisión: 12 de junio de 2015
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Nota de autora: Hola de nuevo, aquí esta el siguiente capitulo, como podemos ver cada capitulo nuestros protagonistas van sabiendo más y más cosas que iran aclarando lo que paso hace 500 años y nosotros con ellos,
Estoy de verdad agradecida por las personas que siguieron leyendo la historia, me ha puesto increíblemente feliz ver los reviews y todas las personas que han estado dando favorite y follow, son de verdad los mejores lectores del mundo. Un agradecimiento en especial como siempre a: AKKASE-RAINDA, SaKuRa-HiMe Shaoran-Kun, Samura G, Faby Sama y Marlene Vasquez, por sus reviews
Bueno espero estar de regreso pronto con la siguiente actualización, mientras espero que disfruten de este capitulo.
¿Me dejas un review antes de irte? Harías a una chica mas feliz que rodeada de conejitos
Tata
Mimi chan
