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Obliviate

(Desmemorizante)

Hermione permaneció fuera de la tienda lo que restó de la noche, rogando porque Harry no fuera a aparecer preguntándole por qué se había alejado de él. Era un sensación inexplicable, el continuar sintiendo los labios de Harry sobre los suyos, con la suavidad necesaria para dejarle en la memoria la esencia de aquel momento.

En dos ocasiones, mientras estaba sentada en una roca lejana frente a una fogata donde ardía un fuego mágico, pudo alcanzar a ver a Harry asomarse por la entrada de la tienda de campaña, como para comprobar que aún estuviera allí. Hermione de inmediato lo entendió. Harry tenía miedo de que ella fuera a hacer lo mismo que Ron... abandonarlo.

Continuó luchando con su interior, pues aquel chico que ella siempre buscaba debilitar le había devuelto el favor. No podía sacarlo de sus pensamientos, era como si todo lo demás hubiera sido borrado de ella, dejándole el sentimiento lleno de placer de aquel beso. No podía concebir que Harry hubiera penetrado sus defensas mentales con tanta facilidad, derrumbando sus muros. Percibió que su poderosa fortaleza comenzaba a tener una fisura. Eso no le agradó.

Eran alrededor de las tres de la mañana cuando Harry se acercó a Hermione tímidamente para decirle que su turno de vigilancia había terminado. Ella solo asintió, evitando mirarlo a los ojos y con varita en mano paso de largo junto a él, adentrándose en la tienda.

Su primer instinto fue tirarse en la cama, exhausta por la tormenta de sus pensamientos. Gracias a ellos, sabía que no podría dormir a pesar de estar sumamente cansada. Deseaba enormemente que su cerebro tuviera un botón de apagado, pero bien sabía que nunca lo podría olvidar.

Olvidar.

La palabra se quedó marcada en el limbo de sus pensamientos, cuando de pronto le sobrevino una idea que la dejó helada.

-Obliviate... -susurró con sorpresa para ella misma en la oscuridad.

La idea le iluminó el rostro e hizo que su corazón diera un brinco.

"Podrías borrar la memoria de ambos", pensó. Eso terminaría con el problema, lo atacaría desde la raíz. Solo había un detalle que terminó por bajarle los ánimos. Era demasiado peligroso realizar el hechizo sobre sí misma. Nadie lo había logrado hasta el momento y no deseaba ser la primera. Si algo llegaba a salir mal, podría borrarse completamente la memoria. Pero aun así, su plan podía funcionar. Ya tenía la idea, lo que restaba era tener el momento perfecto, aunque eso no le sería muy difícil. Solo debía esperar a que Harry se quedara profundamente dormido, y entonces realizar sobre él el hechizo que aliviaría una de las cargas extras que Hermione se había ganado tan abruptamente.

-¿Hermione, estás despierta? –la llamó una voz demasiado familiar. Hermione se sentó en la cama lentamente, sabiendo que ya no había escapatoria.

Debía volver a hablarle tarde o temprano.

-¿Qué pasa, Harry? –respondió de la forma más educada posible, aparentando haberse dormido unos minutos.

-Siento mucho si te he despertado, pero hay algo que debes ver. ¿Puedo sentarme? –dijo Harry haciendo un ademán tímido, señalando la cama de Hermione.

-Sí, claro –con un poco de cansancio e incertidumbre, Hermione arregló las cobijas para hacerle lugar.

¿Acaso no iba a hablarle del beso?

-Estaba distrayéndome un poco con la snitch mientras pensaba en lo que dijiste de que poseen memoria táctil. Pero recordé que ésta no la atrapé con las manos, casi me la tragué –relató Harry cada vez más emocionado.

Para sorpresa de Hermione, él se llevó la snitch a la boca y le dio un ligero beso. Por más que quiso, no pudo evitar fijarse de nuevo en los labios de Harry mientras hacía aquello, hasta que apartó sus labios de la snitch y de pronto una inscripción apareció sobre la pequeña bola dorada. Con delicadeza, la puso entre las manos de Hermione, quien la tomó con precaución.

-"Me abro al cierre" –leyó.

Lo que la sorprendió fue la caligrafía tan limpia y los trazos alargados de la frase, los que de inmediato identificó como la escritura de Dumbledore.

-¿Qué crees que signifique? –se atrevió a preguntar Harry mostrándose tan desconcertado como Hermione.

-"Me abro al cierre"… sinceramente no tengo idea. No creo que sea un conjuro ni nada parecido. Realmente no le encuentro significado –respondió mirando con detenimiento la snitch, dándole vuelta entre sus dedos.

-Hermione… he estado pensado. Tenemos muchas dudas por resolver, como el paradero de la espada de Gryffindor, la ubicación de los demás horrocruxes y ahora esto. Me gustaría ir al Valle de Godric –soltó con precaución, intentando no exaltar a Hermione mientras le decía aquella revelación.

Su mente comenzó a trabajar nuevamente con rapidez. Harry mismo no podía estarse echando la soga al cuello más de lo que lo estaba haciendo en ese momento, pues aparecer de pronto en un lugar tan relacionado con él les causaría de seguro la muerte. Parecía que el peligro lo atraía, pero Hermione podía ver más allá de las verdaderas intenciones de Harry. Algo le decía que de aquella visita podía sacar verdadero provecho. Si llegaban a encontrar la espada en aquel lugar, que claramente era parte de la historia de la espada, entonces podría entregarla a su señor junto con Harry, y así sentirse satisfecha con su trabajo. Ron no estaba, y eso facilitaba mucho las cosas.

-Creo que es una buena idea, sobre todo considerando la conexión del lugar con la espada –contestó luego de descubrir que la partida estaba su favor.

-Gracias, Hermione.

Hermione le quiso devolver la snitch, pero de pronto ésta alzó sus alas y comenzó a flotar por encima de ellos zumbando, dando ligeras vueltas y rodeando sus cabezas, como si la pequeña bola dorada quisiera formar un lazo especial entre ellos. Harry la miró fijamente por un instante que a Hermione le pareció una eternidad, hasta que él se levantó de la cama y atrapando la snitch a escasos centímetros de su cara, le deseó a Hermione buenas noches para luego retirarse, de vuelta a su puesto de guardia.

Tuvo la impresión de que Harry estaba evitando hablar del beso tanto como ella mientras terminaban de guardar la tienda para partir al Valle de Godric. Con algo de sorpresa se dio cuenta de que en ese instante Harry se había convertido en un misterio para ella. ¿Acaso él no tenía sentimientos? A momentos estuvo tentada a introducirse en sus pensamientos, pero admitía que le atemorizaba lo que pudiera descubrir en ellos. El tema no dejaba de darle vueltas en la cabeza, pero prefirió ignorar la incomodidad que se había formado en el ambiente y continuar la travesía.

-¿Estás listo, Harry? -dijo Hermione extendiéndole la mano para que la tomara. Vio a Harry dudar, y evitando mirarla la tomó de la mano y juntos desaparecieron del lugar.

Aparecieron en una calle cubierta por la nieve que alguna nevada había dejado atrás. A los lados de la calle de piedra había casas de aspecto antiguo, hechas de madera. Luces que atravesaban las ventanas de la mayoría de ellas se reflejaban en la nieve, formando manchas rectangulares y cuadradas de tonalidades de color ámbar sobre el frio suelo, pues la noche manifestaba su presencia.

Hermione soltó rápidamente la mano de Harry para examinar la calle que poseía una quietud que la puso en estado de alerta. No se sentía tranquila. Era por esa misma razón que había sugerido a Harry que tomaran poción multijugos para no ser identificados, pero su respuesta había sido muy clara; él no estaba dispuesto a volver al lugar donde había nacido luciendo como otra persona. Era un testarudo, siempre lo había sido. Hermione esperó con todo su corazón no tener que hacer una fuga improvisada más gracias a la impertinencia de Harry.

Lentamente, comenzaron a caminar sin rumbo, observando las casas frente a las que avanzaban. Algunas se veían apagadas, otras muy iluminadas. A lo lejos, se podía escuchar gritos alegres, e incluso de celebración. ¿Qué era lo que celebraban?

Conforme caminaban, confirmaron que las calles estaban desiertas, salvo por la leve ventisca que se había desatado y el rugir del viento helado que les golpeaba la cara, sonrojándoles las mejillas y la nariz. En la distancia, Hermione divisó una iglesia y conforme se acercaron más, el sonido de una suave canción se comenzó a abrir paso entre la nieve, siendo llevada por el viento. Había algo mágico en la melodía, una vez que pudo escuchar las voces que la entonaban. Verdaderamente era angelical.

-¿Escuchas? –preguntó Harry en un susurro, con rostro embelesado, dando a entender que él también estaba escuchando.

-Sí. Es muy bello –contestó Hermione sintiendo una paz interior inexplicable, sin poder apartar su vista de la iglesia, que resplandecía gracias a sus enormes ventanales, decorados con piezas de cristal de diferentes colores que con la luz interior, daban un espectáculo digno de apreciar.

-Harry… creo que es Nochebuena –dijo ella, entendiendo que aquel canto eran villancicos y que los gritos alegres que habían escuchado antes era la expresión de regocijo ante aquella celebración llena de paz.

Hermione sintió una ola de soledad apoderarse de ella. Las navidades en casa de los Malfoy siempre habían sido despampanantes. Además del lujo, del enorme árbol navideño adornado con esferas mágicas de tonalidades verdosas y plateadas que tenían brillo propio, del tremendo banquete y de los regalos costosos, aquella fecha tan especial era una de las fechas favoritas de Hermione pues el ambiente familiar podía sentirse en cualquier rincón de la casa.

Ella y Draco solían encantar las esferas que sobraban del árbol para que flotaran a lo largo de la casa, brillando y dando la impresión de luces que viajaban lentamente de una habitación a otra. Lucius y Narcissa acostumbraban sentarse en la sala más grande de la mansión, y leerles cuentos de Beedle el Bardo junto a la chimenea cuando eran pequeños, mientras tomaban chocolate caliente y esperaban la llegada de los regalos, que solían aparecerse debajo del árbol a una hora concreta.

Perdida en sus pensamientos, comenzó a sentir que su garganta se cerraba. Le parecía increíble la facilidad con que las comodidades y la unidad familiar podían desvanecerse. Siempre fue consciente de que no era hija biológica de los Malfoy, pero haber convivido tanto con ellos, especialmente en fechas tan mágicas, le hacía sentirse afortunada.

-¿Crees que estén aquí, Hermione? –preguntó Harry viendo hacia un costado de la iglesia, en la que se continuaba escuchando la melodía. Al principio no entendió lo que le había querido decir, pero en cuanto prestó atención, lo comprendió.

Allí, a un lado de la iglesia se encontraba un cementerio. Filas incontables de lápidas decoraban el suelo blanquecino sobresaliendo de él, llenas de serenidad e inmutabilidad ante ellos. Hermione sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el ambiente frio que los rodeaba. Se percató de que las lápidas eran diversas en formas y tamaños. Entonces recordó que tenía que responderle a Harry, quien miraba las tumbas con expectación. Supo en qué estaba pensando, aún sin adentrarse en su mente.

-Sí Harry, yo creo que si –dijo con un hilo de voz. De inmediato, Harry caminó hacia el interior del cementerio, haciendo crujir la nieve bajo sus pies mientras se abría paso para revisar las primeras lápidas que se encontraban cerca.

Hermione lo siguió. Por alguna extraña razón quiso ayudarlo a buscar a sus padres, por lo que avanzó unas cuantas filas más y comenzó a leer las lápidas en busca del apellido "Potter". De manera automática, pasaba de una lápida a otra, echando un vistazo rápido para abarcar más. Unas filas más adelante, se topó con una tumba en la que la lápida era una placa sólida de roca de mármol puesta sobre ella. No podía leerla, pues la nieve había dejado cubierta las letras, así que poniéndose en cuclillas y extendiendo una mano, comenzó a limpiarla.

Lo que Hermione vio entonces la desconcertó por completo. El símbolo que había visto en el collar que portaba el padre de Luna en la boda de Bill y Fleur, y que también estaba dibujado en el libro de Beedle el Bardo estaba tallado en aquella lápida. Sin poder creer que fuera coincidencia, pasó sus dedos por el símbolo, sintiendo la piedra fría rosando sus dedos. ¿Cuáles eran las probabilidades de que aquel símbolo hubiera sido visto por ella en tres ocasiones ya? Era bastante extraño, pero aun así no pensaba compartir lo que había descubierto con Harry.

De golpe, recordó que venía con él y levantándose de nuevo comenzó a buscar en todas direcciones pues se había perdido de su vista. Estando a un segundo de gritar su nombre, lo encontró. Harry estaba parado de espaldas hacia ella a varios metros de distancia, con la mirada gacha, claramente viendo una lápida. Hermione se percató de que él no se movía.

Había encontrado a sus padres.

Se quedó quieta, allí donde había encontrado el símbolo, mirando a Harry, dándole espacio. En su interior sintió lástima, más no por Harry… si no por ella misma.

Hermione era huérfana. Eso lo tenía muy claro, pero jamás aquella verdad le había golpeado tan duro como en aquel instante en el que entendió la gravedad de su situación. Nadie le había contado nada de sus padres, ni siquiera los Malfoy. ¿Acaso sería por protección? No había otra razón, y Hermione quería creer que era justamente por ello.

De pronto sintió la enorme necesidad de saber qué había pasado con sus difuntos padres. Quería saber dónde era que estaban sepultados, si ese había sido el caso. Quería visitarlos, poder pararse frente a una lápida como Harry. Quería poder llorarles, contarles lo que había sido de ella desde el momento en que se habían ido de su lado involuntariamente. Quería poder llevarles flores, hacerles visitas regulares para que supieran que ella se encontraba bien y que jamás se olvidaría de ellos. Pero la realidad era que no existía nada de aquello. No conocía mucho de su pasado. No había familia con quien contar, solo el vago recuerdo de sus padres y una sensación de abandono que le partió el corazón al darse cuenta de que Harry era mucho más afortunado que ella en ese preciso momento.

Sus ojos se humedecieron con lágrimas de tristeza, y entonces se quebró. Comenzó a llorar sintiendo un enorme dolor que no supo explicar, pensando en todas las cosas que podría haber hecho con sus padres. Todas las cosas que su padre le enseñaría. Todos los momentos en los que podría haber confiado en su madre. Pero estaba sola… siempre lo estuvo.

Con pesar, quiso alejarse aún más de Harry, por lo que dando media vuelta se dirigió a la entrada del cementerio, donde la música y los coros que provenían de la iglesia ya se habían terminado. Decidió esperarlo bajo un árbol cercano. Los copos de nieve acariciaban el rostro de Hermione calmando sus sentimientos. Se apresuró a limpiarse las lágrimas de sus mejillas cuando escuchó el crujir de la nieve detrás de ella, pues supo que Harry se aproximaba.

-Ellos están allá atrás –musitó con voz ronca, parándose a un lado de ella. Hermione se aventuró a mirarlo entonces.

Los ojos de Harry estaban rojos y sus mejillas estaban encendidas y húmedas por haberse permitido llorar. Miraba al suelo, aún inmerso en sus propios pensamientos.

-Lo sé, quise darte algo de espacio –mintió, ignorando el inmenso nudo que aún no se desvanecía de su garganta.

-Gracias. Creo que debemos continuar –respondió limpiándose las lágrimas del rostro y reanudando la caminata, a lo que Hermione no tuvo otra opción más que seguirlo.

-Tengo el presentimiento de que la espada puede estar oculta en mi casa –dijo un poco más repuesto, cuando Hermione logró darle alcance.

-¿De verdad crees que Dumbledore la puso allí?

-Me enteré de que Dumbledore vivió aquí. Era fácil haber ocultado la espada, sobre todo si sabía que tarde o temprano yo querría volver a mi hogar –contestó con voz firme.

Hermione no pudo deducir si la teoría de ocultar la espada en una casa antigua, abandonada y seguramente destruida fuera la mejor.

Tras avanzar unas cuadras más, internándose en calles pequeñas de piedra, donde todo continuaba silencioso y tranquilo, redujeron el paso al pasar frente a una casa casi al final de la calle. Era una casa muy parecida a todas las demás, pero lo que llamaba la atención realmente era un gran agujero en la fachada principal, donde al parecer había contenido una recámara. Hermione supo que en aquel lugar, donde estaban los escombros y la casa había sufrido un colapso era donde el Señor Tenebroso había sido dañado, y se había visto forzado a desaparecer por la maldición que no surtió efecto sobre Harry.

Y allí estaba, parada junto al chico que hizo desaparecer a la única figura paternal a la que podía aspirar cuando había quedado huérfana. Se lo había arrebatado. A su vez, se encontraba al lado del chico que había perdido a sus padres… ambos lo habían perdido todo el mismo día, en el mismo momento, en el mismo instante. Darse cuenta de la avalancha de cosas que tenía en común con Harry le hizo volver a recordar el beso, y el hacerlo le sonrojó la cara.

Estaba demasiado confundida. Fue entonces que su mente quiso jugarle una broma pesada y una imagen de ella besando a Harry allí mismo reemplazó a la realidad. "¡No!", se gritó a sí misma, con lo que aquella visión desapareció.

-Hay que entrar –dijo Harry con decisión, por lo que se acercó a la cerca de fierro negra que limitaba el patio delantero con la acera.

Al tocarla, ocurrió algo que los sobresaltó a ambos. Un pequeño letrero de madera apareció a un lado del camino de entrada, con lo que parecían unas inscripciones en él. Aparentemente era algo inofensivo, pero Hermione no dudó en sacar su varita y tenerla preparada para cualquier cosa que pudiera surgir. Harry tuvo el mismo instinto, lo que la incomodó aún más. "Agrega eso a la lista de cosas en común", pensó con molestia.

Juntos, dirigieron sus miradas al letrero, y estando un poco más cerca, pudieron leer lo que estaba escrito:

En este lugar, la noche del 31 de octubre de 1981,

Lily y James Potter perdieron la vida.

Su hijo, Harry, es el único mago

que ha sobrevivido a la maldición asesina.

Esta casa, invisible para los muggles,

permanece en ruinas como monumento a los Potter

y como recordatorio de la violencia

que destrozó una familia.

Hermione sintió un dolor punzante en el estómago cuando comprendió el mensaje.

"…es el único mago que ha sobrevivido a la maldición asesina." Aquella frase le comprobó que Harry había tenido la culpa de haber hecho que Voldemort desapareciera. Luego se vio forzada a leer las demás oraciones que estaban escritas en los espacios sobrantes del letrero. Frases alentadoras, como "Larga vida a Harry", "Buena suerte Harry, donde quiera que estés", "Si lees esto, Harry, que sepas que estamos contigo", aparecían expresadas con diferentes palabras una y otra vez.

Un impulso de liquidar a Harry cruzó su mente cuando lo vio esbozar una sonrisa gracias a los mensajes que muchos visitantes habían dejado para él para demostrarle que no estaba solo. Conteniéndose de maldecirlo por la espalda, se percató de un paquete que descansaba en el suelo, junto a la base del letrero.

Sin decir nada a Harry, se inclinó para tomarlo. El paquete era de tamaño mediano y de forma rectangular, envuelto en papel café, con una nota sobre un pedazo de papel pegado sobre éste. A juzgar por la poca humedad y nieve que lo cubría, supo que hacía poco tiempo que había sido puesto allí.

-¿Qué es eso? –preguntó Harry mirando por encima del hombro de Hermione, intentando leer lo que había en el papel.

Harry, espero que algún día encuentres este paquete. Si lo haces, espero que este obsequio te haga comprender que no todos somos lo que parecemos. Todos tenemos un poco de maldad en nuestro interior, pero hagas lo que hagas, no desistas de tu camino. Siento que a Dumbledore le hubiera gustado que esto llegara a tus manos, como muestra de que está en nosotros mismos decidir si haremos el bien o el mal. Está escrito por Rita Skeeter, pero deberías prestar atención a datos que podrían serte útiles.

Feliz Navidad.

Con cariño, Bathilda.

Ambos se miraron con desconcierto. El nombre le era conocido a Hermione, pero se sentía tan abrumada por la situación que no pudo pensar en nada. Arrancando el papel que lo envolvía, descubrieron que el contenido del paquete era un libro. En la portada se leía "Vida y Mentiras de Albus Dumbledore", escrito con letras plateadas debajo de una fotografía de Dumbledore que se movía muy levemente. Arriba de la imagen, se leía el nombre de "Rita Skeeter" en letras estilizadas de color verde. El fondo rosa pastel, estaba adornado con márgenes verdes que daban una mala impresión al libro.

-Quizás debamos conservarlo –sugirió Hermione, ojeándolo por instinto.

-No, no pienso quedarme con eso. Tíralo –resopló Harry con enojo, encaminándose a la entrada de la casa, a la que entró sin esperar a Hermione.

Había sido una orden clara, lo que hizo enfurecer a Hermione, pues ella no iba a recibir órdenes de cualquiera, mucho menos de Harry. Sintiendo el coraje comenzar a circular por sus venas abrió su pequeña bolsa e introdujo allí el libro. Cuando se fueran de aquel lugar lo leería con detenimiento, le pasar a quien le pesara.

Teniendo que seguir a Harry una vez más, entró por la puerta principal con el cuidado suficiente de no tirarla, pues se sostenía precariamente sobre una de sus bisagras. Al hacerlo, se encontró en el recibidor, desde donde se podía accesar al segundo piso gracias a las escaleras de madera desgastada. Al otro lado se encontraba la entrada a la sala. Alzo su varita, y murmuró un Lumos con el que de inmediato una luz lo suficientemente potente resplandeció en la punta de su varita, iluminando el lugar, aunque Harry no se encontraba allí.

Luego de dieciséis años la casa estaba vacía, salvo por muebles grandes, como sillones, burós, mesas y candiles que claramente nadie había tenido la intención de llevarse. No había retratos, ni objetos pequeños, ni accesorios. Una gruesa capa de polvo cubría todo a su paso y el silencio reinaba, a excepción del sonido de las pisadas de ambos mientras avanzaban con lentitud recorriendo los cuartos de la casa. Una vez que lo alcanzó, Hermione pudo ver el asombro reflejado en el rostro de Harry al entrar en cada lugar, sin tocar nada pero analizándolo todo.

-Hay que dividirnos para buscar la espada. Yo iré a la parte de arriba –soltó Harry desganadamente. Esquivando a Hermione, se dirigió al recibidor para subir las escaleras.

Los pasos de Harry fueron perdiéndose hasta que dejó de escucharlos. En ese instante deseó aparecerse en otro lugar y dejarlo allí, para jamás tener que volver a verlo, pero de alguna forma supo que eso solo haría las cosas mucho más difíciles, así que comenzó a buscar. Pronto se dio cuenta de que no había nada excepcional en la casa de los Potter, al menos no en ese momento.

Se encontró caminando desganadamente, abriendo ocasionales cajones, mirando debajo de muebles de la cocina, sofás y libreros vacíos. Para ella solo era una casa abandonada más, sin significado alguno. Intentó sin éxito invocar la espada para ahorrarse trabajo, pero no sirvió de nada. Algo le dijo en su interior que la espada no estaba allí, por lo que luego de buscar en el armario debajo de las escaleras se dirigió a la planta superior para ver si Harry había encontrado algo que valiera la pena.

Los escalones crujían con cada paso que daba. De pronto le sobrevino el temor de que alguno fuera a quebrarse y la hiciera quedar atrapada, pero eso no sucedió. Al llegar, se introdujo por el pasillo que conducía a las demás habitaciones, mirando dentro de cada una de ellas, en busca de Harry. Al igual que en la planta baja, en los cuartos solo había camas y burós, ninguna decoración, ningún detalle. Quien hubiera sido el que se llevó todo había sido muy meticuloso para no dejar nada detrás.

Llegó a la última habitación, donde había una cuna, un par de burós pequeños y unas prendas de bebé tiradas en el piso que habían comenzado a ser comidos por polillas. Aquel cuarto era el que tenía el hueco que podía apreciarse desde afuera de la casa.

Había sido el cuarto de Harry, donde todo había ocurrido.

Gracias a la ausencia de gran parte del techo y de las paredes que protegían la recámara, la nieve había logrado introducirse, por lo que en vez de tener una capa de polvo, todo estaba cubierto por nieve, tan blanca que brillaba ante la luz azulosa de la varita de Hermione. Se detuvo en la puerta, desde donde pudo ver a Harry parado muy cerca de la orilla del hueco, mirando hacia el exterior.

-Aquí fue donde los mató –dijo Harry sin moverse, sintiendo la presencia de su amiga.

Hermione sintió su respiración acelerarse, exhalando aire caliente que al chocar con el frío entorno se convertía en vapor que viajaba hacia el cielo nocturno, para luego perderse con la leve ventisca que continuaba cayendo. No sabía que decir, sus sentimientos estaban encontrados y no quería ir a decir algo de lo que después pudiera arrepentirse.

Por mera intuición, Hermione caminó un poco más hacia el centro del cuarto, pues le daba mala espina que Harry estuviera tan cerca de aquel hueco por el que fácilmente podría tirarse y hacerse daño.

-La espada no está aquí. Me equivoqué –soltó con tono cansado. Presintiendo que Harry no planeaba hacer nada estúpido, se sentó en un baúl que estaba a un lado de la cuna luego de haberle quitado la nieve de encima, sintiendo sus piernas cansadas.

Sin dejar de prestar atención a las palabras de Harry, permaneció callada, mirando el suelo que se cubría una milésima más de nieve con cada segundo que transcurría.

-No puedo hacer nada bien. A veces me pregunto si realmente mis padres estarían orgullosos de mí. Quizás ellos ya no estén, quizás Ron tampoco, pero aún tengo algo que me mantiene fuerte.

Hermione de inmediato sintió su corazón latir con la fuerza suficiente para salírsele del pecho. Una corazonada le decía que estaba hablando de ella.

-La verdad es que sin ti yo jamás hubiera podido hacer nada. Hermione…

-Sé a dónde va todo esto Harry, y no, no quiero hablar de eso –soltó levantándose del baúl en el que estaba sentada.

-Hermione, por favor. Necesito saber lo que piensas –le imploró Harry acercándose a ella con precaución. Hermione solo se limitó a verlo, pidiéndole con la mirada que no continuara.

-Me has estado evitando, Hermione. Ya ni siquiera podemos hablar porque en cuanto me acerco a ti te vas y muy apenas me diriges la palabra.

-Harry, por favor no sigas. Tenemos que irnos de aquí.

-Sabes que es cierto. Necesito saber… qué es lo que sientes por mí –dijo Harry, acercándose cada vez más, dándole una mirada que la desbarataba con aquellos ojos que a la luz de su varita parecían brillar con intensidad, llenos de esperanza y tranquilidad.

-No puedo, no es correcto –negó con la cabeza, mientras se sentía retroceder, hasta que su espalda quedó contra uno de los muros que seguía en pie.

Para su sorpresa, Harry le sonrió cálidamente, mirándola con ojos expectantes, sin detener su caminar. Hermione sintió sus extremidades entumecerse, sin poder apartar la vista de aquel chico que era capaz de hacerle bajar la guardia de manera sorprendente.

-Esperé tanto tiempo para poder besarte, que siento que fue un sueño –respondió Harry, tomándola del rostro con ternura, haciendo que Hermione cerrara los ojos ante su cálido roce.

-Harry…

Intentó responder algo, pero ya era demasiado tarde. Su interior le pedía a gritos que lo besara de nuevo cuando Harry estuvo a escasos centímetros de ella insinuando un beso. Entonces una idea se coló en el resto de mente que aún razonaba.

Harry se acercó con lentitud a sus labios, sin querer presionarla, y entonces la besó. En ese instante Hermione le correspondió y aprovechó para tomar a Harry por el cuello de manera sutil y pensó en el siguiente lugar donde quería que ambos se aparecieran. Todo a su alrededor comenzó a girar aun sintiendo los labios de Harry sobre los suyos.

En cuanto se sintió pisar tierra firme de nuevo se apartó abruptamente de él y se alejó caminando a grandes zancadas. Se habían aparecido en el bosque, a la orilla de un río, que estaba totalmente congelado. Ya no se necesitaba la luz de las varitas, pues la luna brillaba en pleno cielo nocturno, dándoles la luz necesaria para continuar la discusión.

-¿Por qué lo hiciste? –gritó Harry desconcertado cuando comprendió que habían dejado atrás el Valle de Godric.

-No podíamos continuar allí –respondió Hermione con lágrimas en sus ojos.

-Hermione, ¿por qué no quieres que algo pase entre nosotros?

-¡No lo entiendes! ¡Yo no puedo quererte de esa forma! –respondió desesperada, sintiéndose débil.

-Pues es muy tarde… porque yo ya lo hago.

Al escuchar aquello, lágrimas salieron de los ojos de Hermione. Era lo más bello que alguien le hubiera dicho en su vida. Sin duda alguna superaba con creces que las personas la llamaran la bruja más inteligente de su edad.

No podía con todo aquello.

-Solo admite que tú también lo haces, Hermione –contestó Harry con voz tranquila, a metros de ella.

-No soy quien crees que soy, Harry. Nunca lo he sido. No puedo amarte, no me ruegues que lo haga. No me conoces –dijo entre sollozos.

-Claro que te conozco. Eres Hermione Granger, la bruja más inteligente, bella, astuta y valiente que jamás he conocido.

-Detente –advirtió Hermione levantando su varita y apuntándole al pecho. Harry la miró desconcertado.

Le dolió enormemente que a pesar de tantos años de amistad él no supiera la verdad sobre ella.

-No quiero hacerte daño, Hermione. Eso es lo último que quiero hacer y lo sabes –respondió Harry de manera sincera, con mirada triste.

-Tampoco yo Harry, pero esto se ha salido de control. ¡Desmaius!

Hermione alcanzó a ver la sorpresa en el rostro de Harry cuando la luz del hechizo le golpeó, dejándolo inconsciente, tirado boca arriba en el suelo cubierto de nieve, ramas y hojas. Más lágrimas salieron de sus ojos cuando se acercó para comprobar que Harry estaba noqueado. Se odio así misma por haber desmayado a Harry, pero no pudo pensar en una forma mejor de dar fin a la situación.

En ese instante, todo lo que había sentido tras el primer beso, su visita al cementerio y lo que acababa de pasar en la casa de los Potter le inundó el alma. Todos los sentimientos comenzaron a aflorar en ella. Dolor, pesar, alegría, tristeza, enojo… creía que explotaría. Jamás se había sentido tan impotente en su vida.

Lloró.

Lloró de rabia. Quería correr, gritar, patear algo con fuerza, hechizar a alguien. Se alejó de Harry para evitar hacerle más daño mientras caminaba intentando lidiar con sus sentimientos. De pronto no pudo resistirlo más. Soltó un grito mientras que con la varita hizo un movimiento abrupto hacia un árbol de tronco grueso un tanto lejano a ella que se cortó a la mitad con la intensidad del hechizo de Hermione. De inmediato, éste cayó al suelo haciendo un sonido sordo y pesado. Sin pensarlo, apuntó al tronco recién cortado y comenzó a lanzarle numerosos hechizos sin parar, uno tras otro, hasta que finalmente la madera comenzó a arder, provocando una llama de varios metros de altura.

Al ver la gran flama, comenzó a serenarse. Las lágrimas de enojo comenzaron a desaparecer. Hermione tuvo que exhalar e inhalar repetidas veces para tranquilizarse a sí misma, lo que le tomó unos instantes más. De pronto se sintió temblar. No supo si era por la intensidad del momento que había vivido o por el clima gélido de aquel día.

Había logrado apaciguarse, pero aún había algo que debía hacer. Volvió con fuerzas renovadas al lado de Harry, tomó su varita y le apuntó con ella. Pensó bien en lo que quería lograr, dándose un momento para acomodar sus pensamientos. Entonces, respirando profundamente susurró:

-Obliviate.

Podía sentir el poder del hechizo efectuarse cuando en su propia cabeza comenzaron a aparecer fragmentos de lo que habían vivido en el lapso de un día. Lo más curioso era ver lo que ella misma había vivido pero desde la perspectiva del mismo Harry, lo que lo hizo todo más difícil. Seleccionó lo que quería borrar de su mente, entonces las imágenes cesaron y el hechizo terminó, dejándole un leve dolor de cabeza. Acto seguido, contempló la varita de Harry entre sus manos y otra idea le vino de pronto.

Con decisión colocó la varita en el suelo sobre la nieve, se alejó unos pasos, y tras apuntarle con su propia varita dijo:

-Diffindo.

En ese instante, la varita de Harry se quebró en dos de manera instantánea. Hermione se acercó y la recogió. A pesar de que estaba partida a la mitad y la madera lucía astillada, el núcleo de pluma de fénix seguía uniendo ambos pedazos. Ya no había manera de repararla.

Harry se había quedado sin varita.