Todos los personajes la serie de Inuyasha pertenecen a la fantástica RuMiko Takahashi mientras que los personajes y libros de los Dark hunters® pertenecen a la genial Sherrilyn Kenyon ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean uno de ellos por media hora… que va 5 minutos v_v…. así que hago esto sin fin de lucro aclarado esto aquí vamos.

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Dark Hunter

Por Mimi chan

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Capitulo 8:

Una visita desde casa

[Hola Kagome chan, me alegra saludarte de nuevo, han pasado ya varios días desde que platicamos. Esto… ¿Recuerdas que antes de irte me preguntaste por que no iba contigo? Bueno lo he estado pensando y me he estado cuestionando si no era tan mala idea, bien espero que te encuentres bien, ojala y me devuelvas la llamada, saludos]

[Hola Kagome chan, de nuevo soy yo… veras el último mensaje, realmente lo he estado pensando y me dije "bueno si mi querida amiga me invita porque no" devuélveme la llamada y lo discutiremos bien, saludos.]

[Hola de nuevo amiga, debes estar muy ocupada, pero realmente me gustaría que me devolvieras la llamada sabes, estoy armando mis maletas he decidido que iré a América, llámame por favor.]

[Este, Kagome chan… estoy saliendo justo ahora de casa rumbo al aeropuerto, sé que es una visita muy repentina pero realmente te agradecería que me dieras asilo por algunos días, no te molestare más, llego está noche al aeropuerto de Orleáns, podrías por favor recogerme no conozco a nadie y más y realmente cuento contigo, nos vemos pronto.]

El joven de cabello plateado y ojos feroces estaba parado en el dintel de su puerta como un enorme lobo de montaña con clara intención de no dejarla pasar por ella.

— ¿En qué idioma quieres que te diga que no puedes salir de esta casa Miko? – le gruñó más que hablarle.

— Aun si me lo dijeras en zwajili no me importa – dijo la chica metiendo su cartera y el teléfono celular que le había dado Nick en una bolsa de mano – es mi mejor amiga, no conoce a nadie más en este continente y no pienso dejarla por allí sola.

— Pues no pienso andar por allí como tu guía turístico – faltaba más tenía que cuidar el cuello de la sacerdotisa y ella quería hacer una reunión de pijamas.

— No te estoy pidiendo que me acompañes – dijo con impaciencia – puedo cuidar perfectamente de mi misma.

— Ja – se burló de ella – ¿Por eso estás aquí metida? ¿Cierto?

— Créeme – dijo mirándolo a sus profundos y casi atemorizantes ojos negros – si me dejaran seguir mi vida como yo quisiera, este sería el último lugar sobre la tierra en donde estaría.

Diciendo esto, se acomodó un abrigo sobre los hombros y salió de la habitación pasando bajo su brazo que tenía extendido donde siendo tan pequeña cabía bien, el chico la vio un momento irse y luego gruñó algo que prefirió no entender y la siguió

— Voy a tomar un taxi – dijo en la puerta – muy diferente a ti, mi amiga es una persona perfectamente civilizada, la idea de andar dando saltos en la espalda de alguien no le haría gracia.

— Te seguiré – respondió acomodando su espada en la cadera.

— Como quieras.

Sin decir más salió de la casa, avanzó una calle bajo su atenta mirada y paro el primer taxi que encontró y le pidió que la llevara al aeropuerto.

Ese día en algún momento se acordó que no había checado los mensajes de su máquina contestadora, así que marcó a su casa, accionó la maquina y escuchó los mensajes, no había más que varios mensajes de su mejor amiga Sango desde Japón.

Sango Hamasaki había sido su mejor amiga desde la secundaria, la conocía desde que había cumplido los 13 años y habían sido inseparables, por el motivo de que tenían más en común que ninguna persona en el mundo que hubiera conocido antes.

Sango era descendiente de una familia, cuyos ancestros habían sido todos exterminadores de monstruos, ese era el motivo por el cual sabía lo que era un Taiji ya, sino nunca lo hubiera averiguado por sí misma. Así mientras el abuelo le enseñaba a ella a hacer conjuros para purificar, a Sango le habían enseñado toda su vida las diferentes y escabrosas lecciones de cómo exterminar con todo tipo de criaturas sobrenaturales, que iban desde hacer fogatas con pimienta hasta crear armas con huesos de animales.

Además igual que ella Sango era hija única, su madre había muerto después de dar a luz a su pequeño hermano Kohaku que había muerto solo un poco después igual que su madre, y había quedado bajo el cuidado de su padre. Así que a menudo las pláticas entre las dos rodeaban entre las extrañas costumbres que habían enseñado ese día su padre y su abuelo para variar.

Era la única persona que le había dolido realmente dejar cuando había salido de Japón, incluso le había ofrecido que fueran juntas, pero Sango se había rehusado argumentando que su padre era la única familia que tenía y que si lo dejaba se sentiría muy solo y no se lo perdonaría nunca.

Eso era lo que hacía realmente extraña su llegada a América, quizás había pasado algo malo con su padre, ¿Si había muerto igual que su abuelo? No, no era probable, su padre era mucho más joven que el abuelo y tenía muy buena salud, pero si no era eso, es que algo malo había pasado seguramente y eso le preocupaba.

Sango había sido la única persona a la que le había contado todo de su vida, las cosas buenas malas, las pequeñas y las grandes, las tontas y las serias y ella había hecho lo mismo, cada vez que tenía un problema acudía con ella para que la ayudara, Kagome hacía lo mismo en realidad, pero había sido tan extraña la situación en la que se había quedado inmersa los últimos días que lo había olvidado.

Una partecita de ella misma estaba realmente alegre de que Sango fuera a verla, tenía tanto que contarle pero la otra tenía miedo, Sango era un alma blanca, transparente, valiente, según lo que le habían dicho un bocadillo finísimo para seres como los daimons, ¿Y si acudiendo a ella la ponía el peligro? No, Sango era muy buena peleando, una de las cosas que le había envidiado siempre, Sango era bellísima, con sus profundos ojos chocolates, una cabellera larga y estilizada, su rostro ovalado y su cuerpo de sirena, Kami, había sido así desde que tenía como 14 años, había llamado la atención de todos, sin excepción alguna, de todos los chicos que la conocían, pero muy pocos habían tenido la valentía de hablarle, en una ocasión uno de ellos había tratado se propasarse con ella y lo había atizado tan fuerte que lo había mandado al hospital.

La advertencia en sus ojos oscuros y enojados ese día había sido clara para todos "lo mismo pasara con el siguiente imbécil que lo intente"

El hombre que se quedara con ella iba a tener que ser muy precavido, pues así como era un pan de Dios, era también una tinaja con hiel cuando quería, tenía un carácter que si la encontrabas en un mal momento… bien, tu no querías encontrarla en un mal momento.

Su vuelo debía llegar a las 8 de la noche, sí llegaba puntual por supuesto, ojala fuera así porque tenía muchos deseos de verla.

Justo a las 8 de la noche llegó a la entrada del aeropuerto, el taxi se detuvo y ella bajó, Inuyasha la estaba esperando en la entrada.

— Tardaste – solo dijo.

— Estoy a tiempo – le respondió sin más.

La joven sacerdotisa entró a la sala y checó los horarios, si, ya había llegado, justo en ese momento estaban bajando las personas del avión en la sala 7, corrió a la sala para esperar a su amiga. Espero solo muy poco, rápidamente la encontró entre los viajeros, que hicieran un tipo de corona a su alrededor como si fuera una especie de modelo de pasarela ayudaba mucho.

No los culpaba, aun después de viajar cerca de 10 horas, tener que vérselas con el desfase de horario los seguros cambios de vuelo para llegar hasta Orleáns y la horrorosa comida del avión aun seguía viéndose como si hubiera estado en un salón de belleza con un impecable traje chino color negro que acentuaba perfectamente cada línea de su cuerpo, unas zapatillas negras y altas y su rostro nítido, sin más maquillaje que unas sombras color rojo en sus parpados. Solo Sango podía lucir tan bien después de una experiencia así.

— Sango chan – llamó a su amiga agitando la mano – aquí estoy, aquí.

Su amiga la vio y corrió hasta donde estaba ella y la abrazó con alegría, la chica la abrazó de la misma manera, Kami, la había extrañado tanto.

— Kagome chan, que gusto verte – se separo de ella – estaba un poco asustada, no sabía si habías escuchado mis mensajes.

— Lo siento mucho amiga es que… — ni por dónde empezar a explicarle, más en ese lugar atestado de gente – bueno han pasado cosas que han puesto mi mundo de cabeza últimamente, ya te contare, pero me alegra tanto verte.

— A mi también amiga.

— Pero ¿Qué haces aquí? – preguntó con curiosidad – No es que me queje, pero temía que algo malo hubiera pasado.

— No… — dudó por un momento – bueno, casi nada malo ha pasado.

— ¿Tu papá está bien?

— Eso espero… – suspiró profundamente – aunque pondrá un grito en el cielo cuando descubra que me fui de casa. Pero luego te platicare eso, realmente ahora mismo agradecería un montón un poco de comida real y una cama, el desfase del avión me ha dejado molida.

— Bien iremos a mi piso, prepare un montón de takayoki y platicaremos de todo esto.

— Te recuerdo que no puedes volver a casa aun Miko – dijo una voz cerca de ella.

Kagome quiso rechinar los dientes al escuchar al mandón y molesto hanyou detrás de ella, pero fue cuando recordó algo importante.

— Kami sama… — Sango susurró asombrada – no es posible.

— Sango chan…

— Pero, si es el mismo – dijo mirándolo de arriba abajo con la boca abierta – bueno luce diferente pero es el mismo chico del papiro, ¿No es así Kagome? Del que tú dijiste que estabas enam…

— ¡SANGO!

La chica de larga cabellera cerró la boca, el hanyou la miró con una ceja levantada, algo había dejado sin decir la mujer y él quería saber que era.

— ¿Qué era…? – le preguntó Inuyasha…

— Eso es algo que no te interesa Inuyasha – le respondió Kagome por su amiga cortándolo de tajo.

— Inuyasha, pero si se llama igual – Sango parpadeó un par de veces, sacudió su cabeza y lo miró de nuevo – pero es imposible.

— Bienvenida a mi mundo amiga – le respondió Kagome – toda clase de cosas extrañas han estado pasando últimamente. Vamos por tu equipaje bien.

— Vamos.

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Si las personas fueran realmente observadoras hubieran podido ver a la persona parada en un poste alto de luz con una enorme parca de piel de mandril mirando un taxi que se había detenido frente al aeropuerto.

Solo un segundo era necesario, un solo minuto de bajar la guardia para poder atacar, y se lo habían dado ya, no lo iba a desaprovechar.

El extraño esbozó una sonrisa confiada y hermosa, abrió su palma y salió de ella una avispa.

— Avisa a todas las demás.

La avispa voló en la oscuridad de la noche y se alejó de su amo, solo era cuestión de esperar.

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Cuando Kagome vio todo el equipaje de Sango se llevó una muy fuerte impresión, eran cerca de 10 maletas y un paquete en la aduana que tardarían un par de días en mandarle porque era muy grande, el chico que las acompañaba había tomado las maletas y las había acomodado como podía en un portaequipaje y lo había sacado para parar al primer taxi que había visto, Sango no le sacaba la mirada de encima en ningún momento.

— Si no fuera un mal chiste – le dijo en voz baja en un oído – diría que la gabardina que trae puesta está hecha con su haori de rata de fuego, la prenda indestructible, ¿recuerdas la historia Kagome chan?

Lo miró con atención, ahora que se lo mencionaba de nuevo Sango lo recordaba, en el pergamino Inuyasha vestía un haori color rojo, que se supone era una prenda especial que era más resistente que cualquier tipo de armadura.

¿Sería? Inuyasha nunca iba a ningún lado sin esa gabardina, lo había notado, no le podía proteger mucho por el frente por que nunca se lo cerraba pero por detrás era otro asunto. ¿Tan confiado era Inuyasha como para dejar su frente desprotegido sabiendo que nada lo sorprendería y tan desconfiado para no dejar su espalda descubierta por un ataque a traición?

Inuyasha metió las maletas en la cajuela del auto y la cerró, para voltearlas a ver con sus insoldables y profundos ojos negros.

— ¿Van a subir o seguirán cuchicheando allí sobre mi ropa?

Las dos chicas se sonrojaron, Sango no lo sabía pero Kagome si que sabía cuan bueno era su oído, subieron dócilmente al automóvil en la parte de atrás, él fue adelante con el conductor.

— Llévenos a… — le dijo Kagome al conductor.

— Yo le diré a donde – la interrumpió Inuyasha – haga caminar este aparato.

El conductor hizo avanzar el taxi.

— Sabes la dirección de mi casa – lo enfrentó Kagome, la molestaba mucho que le diera ordenes – ¿Cierto?

— Ya te dije que no puedes volver a tu casa – le respondió.

— Sango no se ira a quedar a ningún hotel o algo por el estilo, ya te lo dije, no conoce a nadie en este lugar.

— Van a quedarse las dos en mi casa, hay suficiente espacio – dijo sin mirarla – gracias por agregar más problemas a mi existencia Miko.

— Mira tú, grandísimo…

En ese momento un estremecimiento la recorrió, algo oscuro y malo, miró el espejo frente a ella y miró a Inuyasha, este pareció detectar la alarma en su mirada.

— Vaya por esa salida – le dijo al conductor apuntando a la primera salida de la cuidad que había visto.

El conductor lo hizo, en ese momento ambos se dieron cuenta de que eran seguidos por dos automóviles negros, y algunas motocicletas.

Kuso (mierda) – gruño él – Hidoi na (esto está mal) te lo dije miko, no debí dejarte salir de noche, eres como un maldito anuncio de neon.

Doushitano? (¿Qué es lo que pasa?) – preguntó la chica a un lado de Kagome

Okaru Sekai (el fin del mundo) – dijo con una sonrisa perversa Inuyasha.

— ¡Inuyasha! – gritó la sacerdotisa – eso realmente no ayuda en nada.

— Podría detenerse – dijo de pronto Inuyasha al conductor y este se detuvo – gracias.

En un movimiento rápido abrió la puerta del taxista y empujó al conductor, se pasó al lado del conductor y arrancó con velocidad el auto.

— ¡Te has robado el auto! – le gritó Kagome como primera reacción.

— Fhe – gruñó – pretendías que el taxista nos ayudara a escapar y para colmo exponer su vida.

— Bueno no, pero podías haber sido un poco más amable.

— Realmente Miko, no hay tiempo para ser sutil – dijo mirando el espejo, los autos que los seguían se acercaban cada vez más – además que pretendías que le dijera "hey podrías bajar de tu taxi por que unos vampiros chupa alma nos están persiguiendo y debemos huir.

¡Kyuketsuki! (Vampiros chupa almas) – exclamo sobresaltada Sango sosteniéndose de las orillas del asiento – ¿Escuche bien?

Mou taku (honestamente) Inuyasha realmente eso no ayuda en nada.

— No, lo que no ayuda en nada es que no trajiste ni una maldita flecha de la casa y tendré que hacerme cargo yo solo, mantenerlas lejos del camino y si algo les pasa Acheron me pateara el trasero.

— Ja – se burlo de él Kagome con una risa nerviosa – eso me alegraría especialmente con las botas que usa.

— Realmente Kagome – dijo de pronto Sango – yo apoyo a quien nos quiere fuera del peligro.

— Al menos una de las dos tiene un poco de sentido común.

Cuando él metió más el acelerador Kagome se sostuvo de el asiento de adelante con las dos manos, Sango hacia lo mismo solo un poco más asustada, dadas las circunstancias era sorprendente que no hubiera empezado a gritar.

— Sabes conducir esto ¿Verdad? – dijo Kagome molesta mientras el tomaba una curva como un maniático – no quiero terminar estampada en un poste.

— Que no quiera un automóvil no significa que no sepa conducir Miko.

Pero el problema era no que él no supiera conducir, sino que los autos que los seguían debían ser más rápidos que los simples taxis, uno de los motociclistas se les acercó lo suficiente y empezó a disparar.

— ¡Abajo!

Gritó Inuyasha y las dos chicas se inclinaron en sus asientos huyendo de las balas, una de ellas paso rozando la espalda de Kagome y dolió como el infierno.

— Quédense aquí.

En ese momento Inuyasha metió el freno del auto y este derrapó por la acera algunos metros y golpeó uno de los costados con un buzón que cayó al piso, sin más dilación salió del auto, los demás autos que los seguían se detuvieron cerca y empezaron a bajar todos los hermosos hombres rubios, eran bastantes, debían ser como 8 motoristas y como otros 15 de los dos autos que los habían seguido, Kagome se asomó para tratar de ver igual que Sango, Kagome pudo ver a uno no muy lejos de ellas con la avispa pegada en la nuca.

— Como moscas tienen que venir todos juntos cierto – dijo Inuyasha mientras los enfrentaba.

— Capturar a la sacerdotisa – fue lo único que respondió uno de ellos y se abalanzaron contra Inuyasha.

— Solo si yo lo permito – dijo desenvainando su colmillo que se lleno de brillos como diamantes — ¡Kongosoha! (lanza de diamantes)

De la espada se desprendieron muchas puntas filosas de cristal que impactaron de lleno en el pecho de dos daimons y se hicieron brillante polvo, después Inuyasha avanzó contra los demás, uno a uno fue golpeándolos con su espada, y apenas los tocaba estos se rompían como si fueran de papel se hacían ese polvo brillante que él viento empujaba.

— Esto es… — empezó a decir Sango.

— … asombroso, lo sé. – terminó Kagome estando segura de que eso es lo que diría.

Uno de los daimons había llegado a la puerta del taxi y la había abierto las dos chicas lo miraron asustadas.

— Capturar a la sacerdotisa.

Tomó uno de los tobillos de Kagome y la jaló para sacarla del auto, la chica gritó asustada, Sango asentó una patada al brazo, el ruido del hueso al romperse del daimon se escuchó enseguida y este soltó a la sacerdotisa que se metió de nuevo al auto.

— Gracias Sango.

— Agradece luego es mejor que salgamos de aquí.

— ¡Que no salgan del maldito auto! – gritó Inuyasha al escuchar a la chica.

— Ok aquí nos quedamos – le respondió irritada Kagome – pero quieres venir a matar a este que con el brazo roto no será suficiente.

Inuyasha enterró una de sus manos en el pecho de uno de los daimons que se desvaneció pero dejo su mano llena de una espesa sangre demasiado oscura para ser normal.

— ¡Abajo! – las chicas se agacharon — ¡Ketsosou! (garras de sangre)

Pequeñas lanzas de sangre pasaron sobre su cabeza y se impactaron contra el daimon del otro lado que cayó al piso casi muerto. Exterminar a los demás daimons no le tomo demasiado tiempo con su espada, pronto no quedaba ninguno.

Inuyasha fue al auto y paso aun lado del daimon que medio moría y enterró la punta de su espada en su pecho, el daimon se desintegró enseguida.

— Sango, ¿Cierto? – dijo dirigiéndose a su amiga que asintió con la cabeza – Agradable conocer a una mujer que puede defenderse a sí misma – dijo con una media sonrisa y luego con más reproche a la sacerdotisa – agradece a tu amiga tu vida miko, se la deberás de hoy en adelante.

— Puedo defenderme a mi misma Inuyasha – dijo molesta – no tenía con que, es diferente.

— Fhe – dijo con el mayor tono sarcástico que había usado con ella – crees que ellos se andarán con consideraciones y dirán "hoy está ocupada, la mataremos otro día"

¡Urameshiya! (te odio) – gruño molesta

— No realmente – dijo casi divertido – veamos si todavía podemos hacer moverse a este cacharro y vayamos a casa.

La chica se acomodó en su asiento y él subió al lado del conductor de nuevo, al auto arrancó sin mayor dificultad.

— Así que ¿Esto es en lo que estás metida Kagome? – dijo de pronto su amiga.

— Así parece.

— Realmente… creo que no es tan malo como de lo que estoy huyendo.

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Apenas llegando a casa Inuyasha las había dejado con todas sus maletas en otra habitación, y había salido, diciendo que un tenía que cumplir su patrullaje.

Una vez solas Kagome había hecho te ligero y había preparado algunas sopas instantáneas, el humor no la ayudaba para cocinar en ese momento.

— ¿Quien empieza primero? – dijo mientras le entregaba su taza de té.

— Oh por favor empieza tú Kagome chan – dijo la chica con entusiasmo – ¿Cómo es posible que ÉL sea real?

— Realmente yo tampoco termino de entenderlo – dijo tomando un largo trago de té – pero supongo que debo empezar desde un principio. Pero antes, debes jurarme que nunca le contaras esto a nadie, ¿Estamos?

— Siempre nos hemos guardado secretos Kagome – dijo con tranquilidad a su mejor amiga.

— Bien, veras cuando llegue aquí y abrí mi restaurante hubo un cliente que empezó ir muy a menudo, se llama Acheron…

Habló, y le contó todo, al menos todo lo que ella sabía, que debía reconocer no era realmente mucho. Habló sobre los daimons, los Dark Hunter y de Inuyasha sin entrar en grandes detalles, lo más preocupante era sin duda que anduvieran buscando su cabeza.

— Es irónico no crees — dijo con una media sonrisa la sacerdotisa – le debo mi vida ahora a el demonio que se supone debía exterminar.

— Realmente irónico… oye y – dijo en un tono más confidente –… bueno cuando éramos más jóvenes tú parecías, bien… realmente recuerdo que hablabas con mucho entusiasmo de…

— Lo sé – desvió su mirada.

— ¿Todavía estás enamorada de él? – le dijo suavemente como si las paredes pudieran escucharla.

— Sango yo no estaba enamorada de él – respondió alarmada Kagome, como si temiera que en cualquier momento Inuyasha saldría de algún rincón y se reiría en su cara – solo era un dibujo en un papel.

— Oh por favor Kagome, vi a todas mis amigas enamoradas de una u otra cosa – dijo como si fuera la cosa más normal – estrellas de cine, personajes de anime, jugadores de fútbol americano, actores de telenovelas, tú eras simplemente la más singular, tú escogiste un demonio en un papiro antiguo.

Solo Sango podía reaccionar con tanta tranquilidad ante algo tan extraño, la había atrapado tantas ocasiones "hablando con Inuyasha" que ocultarle que estaba enamorada de él, habría sido imposible.

— Inuyasha es todo lo contrario a lo que yo invente de él – dijo desalentada – créeme es la otra cara de la moneda, es arrogante, grosero, sarcástico, molesto…

— Pero – dijo con una sonrisa divertida – sigue teniendo ese pelo, esas manos, ese rostro, y ese cuerpo… Kami, que hay pocos hombres en el mundo que tengan un trasero tan bonito.

— ¡Sango!

— ¡Que quieres! Cuando hizo esa técnica con las lanzas de diamante su gabardina se movió lo suficiente para poder mirar.

— ¡Estaban intentando matarnos y tú estás viendo su trasero! – dijo con incredulidad.

— ¡Hey! – se defendió – Podía ser la última cosa bonita que viera en mi vida.

— Sinceramente amiga, ki ga chigau (estás loca) – dijo terminado su té y cambiando de tema – pero ahora dime, ¿Qué haces aquí?, ¿Por qué estás huyendo de tu casa?

¡Ikenaii! (Oh no) – se puso tensa solo de recordar – yo sí que estoy huyendo de un destino peor que la muerte.

— ¿Por qué lo dices? – pregunto con curiosidad.

— Mi padre me ha hecho la peor cosa en todo el mundo, jamás se lo perdonare – el entrecejo de Kagome se extendió aun más – ¿Recuerdas a Miroku Hanasaki?

— Como olvidarlo – dijo con un resoplido.

Miroku había sido el peor de todos los casanovas en el instituto, no había habido chica, ninguna chica que él conociera que no hubiera intentado algo con ella, había salido con la mitad de las chicas de todo el instituto sin importar si eran mayores o menores, feas o bonitas, altas, delgadas, bajas, pesadas, japonesas, chinas, tailandesas, no había discriminado a ninguna y había sido especialmente persistente con Sango, había estado siguiéndola desde la secundaria y toda la preparatoria, pero Sango siempre lo había despreciado. Su amiga era como ella, quería un chico… ok, quizás ella había pedido demasiado, pero todo lo que realmente deseaba Sango era un chico fiel, solo eso, fiel y a esa edad un chico fiel era como encontrar una brizna de paja en un cerro de agujas, completamente doloroso, molesto e inútil.

Y Miroku Hanasaki a pesar de que tenía unos preciosos ojos azules, un rostro realmente agradable una sonrisa que decía "Ah que te diviertes mucho conmigo" y un físico… bien no era nada mal parecido, era la última persona en todo el mundo en la que Sango hubiera puesto sus ojos.

— Mi padre… — apretó los puños fuerte – mi padre me comprometió con él.

— ¡QUE! – casi escupió el té que tenía en la boca.

— Ya conoces las estúpidas tradiciones de mi familia – dijo la chica de ojos castaños realmente molesta – bien, está es la peor de todas. La familia de Miroku es algo así como un clan entero de monjes budistas desde hace generaciones, se supone que en la antigüedad los cazadores de demonios de mi familia y está secta de monjes especifica tenían algún tipo de arreglo. Existe una especie de maldición en la familia de Miroku, que dice que todo varón de la familia a más tardar a los 21 años debe casarse para tener un descendiente si no la maldición lo mataría.

— Eso es estúpido – respondió enseguida Kagome.

— No sé de que rayos se trate esa maldición, no me quede lo suficiente para averiguarlo, el asunto es que los Hamásaki prometieron a los Hanasaki ayudar a controlar está maldición, lo que significa yo, para mi mayor desgracia, siendo hija única, YO debo "ayudar a controlar" la maldición de Miroku.

— No puedo creerlo.

— ¡Y el muy maldito lo sabía! – dijo golpeando la mesa con furia – me lo dijo solo ayer, que si había sido tan persistente conmigo era solo para "probar lo que ya era suyo", te juro que quise matarlo en ese momento.

— El miserable – Kagome se sentía tan molesta como su amiga, Miroku era un cínico de lo peor – por eso iba por allí siempre diciendo "¿Te gustaría tener un hijo conmigo?"

— El hijo de mala… – apretó el puño y frunció fuertemente los labios para no decir lo que estaba en la punta de su lengua – leche. Su madre no puede tener la culpa, dijo que si había picado tantas flores, era porque sabía que tendría que casarse muy joven y quería aprovechar el tiempo.

Ano bakana yatsu (ese idiota).

— Por eso vine aquí – respiro profundo para calmarse – saque todos mis ahorros del banco y subí al primer vuelo que pude encontrar a aquí, realmente primero prefiero que me chupe el alma una de esas cosas que te está persiguiendo que tener que casarme con Miroku, al menos está sería una muerte rápida, con ese pervertido sufriría toda mi vida.

— Pues que puedo decir – dijo la chica sosteniendo la mano de su amiga – si salgo con vida de este asunto, puedes quedarte conmigo todo el tiempo que quieras, sabes muy bien que eres como una hermana para mi y desde un principio deseaba que vinieras conmigo.

— Gracias Kagome chan – dijo con una sonrisa y agregó – solo espero que ese hentai no sea lo suficientemente listo para imaginar que vine aquí.

— No te preocupes, si viene te prometo que engatusare a Inuyasha con algo rico de comer y correrá de nuevo a Japón – dijo guiñándole un ojo.

— ¿Es lo mejor que puede hacer?

— Oh pero nunca dije que regresaría completo – dijo con una sonrisa cómplice.

Las dos chicas más relajadas se echaron a reír por varios minutos.

— Realmente estoy muerta – dijo Sango cuando pararon de reír — dormiré hasta las 6 de la tarde.

— Te apoyo amiga, vayamos a dormir pues.

Así las dos chicas levantaron los trastos sucios, los pusieron en el lavabo y se retiraron a dormir.

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El hombre con la gran parca de piel de mandril recogió uno de sus valiosos insectos del piso, la avispa del infierno muerta solo agito sus alas por reflejo en sus manos.

Maldito hanyou, ¿Por qué tenía que meterse de nuevo en su camino? ¿Como demonios se había vuelto tan fuerte? No tenía lógica, un hibrido no debía ser capaz de acabar con tantas de estás criaturas al mismo tiempo, cierto que no eran tan poderosas pero eran muchos. Un maldito hanyou como él no debía tener tantos poderes o armás tan peligrosas.

Ya había esperado demásiado para poder obtener la perla de Shikon, él no se entrometería de nuevo, debía encontrar criaturas más poderosas, para poder ir ras la sacerdotisa.

La próxima vez no saldría tan bien librada.

Fin capitulo 8

Domingo 15 de Junio de 2008

1:41 a.m.

Revisión: 4 de julio de 2015

Urameshiya: un dato curioso de esta frase "Urameshiya" puede traducirse como "te odio" o "que tristeza" si que cuando él le responde le está dando a entender que simplemente no le provoca pena su muerte.

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Nota de autora: hola a todos de nuevo, casi no me paso hoy a publicar por que he tenido una semana de locos y ahora mismo estoy a punto de irme a planchar oreja de verdad exhausta, pero saben, hoy es mi cumpleaños y de alguna manera me gusta hacerme a mi misma como un regalo subir una historia este día y poder compartirla con todos mis maravillosos lectores - os he dicho que son los mejores - así si me llega algún mensaje hoy pues sera como un regalo extra de todos ustedes que están disfrutando esta historia conmigo.

Así que por favor no sean tímidos, salgan de las sombras y dejen algún mensajito, harán a una treintañera muy feliz.

me despido, nos vemos en el siguiente capitulo, un beso a todos

Tata

Mimi chan