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Accio

(Convocador)

El amanecer había llegado luego de una leve ventisca que había terminado por acumularse sobre la tienda de campaña. Hacía algunas horas que Hermione había terminado de acostar y arropar a Harry en la cama que había pertenecido a Ron, y para ello, había utilizado un hechizo de levitación para ayudarse. De esa forma se ahorró el esfuerzo y posiblemente hacerse daño al tratar de moverlo con su propia fuerza.

Miraba la varita quebrada de Harry mientras sopesaba la posible consecuencia de sus acciones. Realmente no tenía por qué haber consecuencias, pues al Señor Tenebroso no le afectaría el hecho de que Harry ya no contara con su varita, sino al contrario, le beneficiaría. La idea la hizo sonreír y un sentimiento de felicidad le llenó el alma.

Fragmentos de los sucesos de las últimas horas habían sido borrados de la mente de Harry, por lo que Hermione podía continuar con su plan, sin distracciones ni percances. Ahora la parte difícil era hacerse olvidar a si misma los intensos sentimientos que Harry y ella habían expresado en el último par de días. Definitivamente no sería fácil, pero debía tomar aquellos recuerdos y ocultarlos en algún sitio de su cerebro en el que se asegurara de que dichos sucesos no le provocarían más confusiones.

Ajustándose la bufanda para evitar congelarse, salió de la tienda y se dirigió al árbol que la noche anterior había cortado de tajo manifestando su rabieta. Con un movimiento armonioso de su varita, cortó otro pedazo del tronco y lo transformó en una cubeta de madera con la que pudo tomar agua del río que comenzaba a descongelarse.

Apresurándose a regresar a la calidez de la tienda, Hermione aceleró su paso sintiendo sus extremidades helarse mientras caminaba a grandes zancadas. Cuando entró se aseguró de cerrar bien la entrada y fue directamente a dejar el balde con agua helada sobre la mesa del comedor. Mientras se frotaba las manos frenéticamente para transmitirse algo de calor por entre la tela de los guantes, escuchó el crujir de la madera de la cama. De inmediato echó un vistazo. Harry se había girado hacia un lado quedando frente a ella y abriendo los ojos, le dirigió una mirada esperanzada. Al parecer le había provocado una bella sensación el verla parada junto a la cama, esperando por que él despertara. "Recuerda guardar tu distancia", se dijo a sí misma, poniéndose en cuclillas junto a la orilla de la cama, para quedar a la altura de la cabeza de Harry sobre la almohada.

Él la miró, y con aquella mirada Hermione tuvo que apartar la suya, pues el color de sus ojos amenazaba con hacerla caer de nuevo en el mismo juego.

-¿Cómo te sientes? –quiso preguntar con una seriedad que le fue imposible proyectar.

-Como si un hipogrifo me hubiera pateado la cabeza –respondió intentando enderezarse en la cama, mientras sonreía un poco ante su propio chiste. -¿Qué pasó? Creí que aún estaríamos en el Valle de Godric.

-¿No recuerdas lo que sucedió? -preguntó Hermione intentando sonar sorprendida.

-No. A decir verdad, siento como si tuviera lagunas mentales -dijo sobándose los hombros con una mueca de dolor.

-¿Recuerdas que estuvimos en tu antigua casa? -lo cuestionó Hermione un tanto temerosa, con la expectación de haber realizado con éxito el hechizo del olvido.

-Sí, lo recuerdo. Buscábamos la espada, pero luego no recuerdo nada, salvo despertar aquí.

Hermione sintió su corazón andar de nuevo. Sin saberlo, había aguantado la respiración, pero ahora sentía sus pulmones volver a funcionar. Queriendo darle credibilidad al relato previamente elaborado que estaba por contarle, suspiró con tristeza y se levantó para poder sentarse a los pies de Harry.

-Harry, lo que pasó fue que te caíste del techo de la casa. Supongo que estabas buscando la espada en la azotea porque querías estar completamente seguro de que no se encontraba allí. Yo estaba buscando en la planta baja cuando escuché el techo crujir y de pronto escuché que algo colapsó. Fui a buscarte y te encontré tirado inconsciente sobre escombro cerca del patio trasero. Al parecer la estructura estaba muy inestable.

-Con razón me duele tanto la espalda -bufó haciendo otra mueca de dolor.

Hermione lo miró comprensivamente. Sabía que el que le doliera la espalda había sido su culpa, pues cuando lanzó el hechizo sobre Harry, éste había caído duramente sobre una rama gruesa que sobresalía de entre la nieve.

-Supongo que no la encontramos, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza. Harry miró para otro lado, claramente desilusionado.

-Ron realmente se fue, ¿cierto?

Hermione notó pesar en su rostro y levemente asintió con la cabeza.

-Sí, se fue.

-Entonces mi memoria no está tan mal –dijo con mirada gacha.

-Probablemente te hayas golpeado un poco la cabeza, pero estarás bien -respondió rápidamente para evitar lugar a cuestionamientos.

-Sí, eso creo. Por cierto, ¿dónde pusiste mi varita Hermione?

La pregunta que había temido había llegado. Guardando la calma, abrió el primer cajón del pequeño buró junto a la cama y extrajo con delicadeza la varita partida en dos con gesto tímido.
Vio como Harry se quedaba boquiabierto. Había terror e incredulidad en sus ojos. En Hermione se despertaron sentimientos encontrados.

"No te engañes, solo quieres verlo derrotado", se recordó a sí misma. Harry tomó la varita de las manos de Hermione, con el mismo cuidado que se tendría al sostener un animal malherido, y la analizó.

-Debiste caer sobre ella con todo tu peso. Intenté repararla, pero las varitas...

-Gracias Hermione -la interrumpió tajantemente, con voz sombría.

Se sintió ofendida, pero sabía que había dado justo en el blanco. Había logrado debilitarlo un poco más.

-Dejaré que descanses -respondió tras un largo silencio.

Fortalecida y con ánimos renovados se dirigió al exterior de nuevo, con una sonrisa asomándose por sus labios. A partir de ese momento supo que podría continuar con su deber, y eso la alegró profundamente.

Esa mañana Hermione estaba sola dentro de la tienda de acampar, Harry se encontraba afuera haciendo guardia, y con su varita, lo cual le parecía muy molesto, junto con el relicario, lo que la mortificaba aún más ya que por más que lo intentó no pudo convencerlo de que le permitiera cuidarlo por la noche. "Para que puedas descansar más cómodamente", había dicho él, ya que unos momentos antes había olvidado mantener su papel de "tierna Hermione" y para disculparse culpo al horrocrux, ya que no le podía echar a Harry en cara su incompetencia.

-Acaba de amanecer y ya tengo hambre – dijo para sí misma con apenas un susurro –pero Harry está despierto y no podré desayunar como acostumbro. Le diré que duerma un rato, aprovecharé para comer algo y luego… -una sonrisa involuntaria se asomó al darse cuenta que de nuevo pasaría el día completo a solas con él.

-¡Hermione! ¡Hermione! -gritaba Harry. Su voz provenía de una distancia más lejana de la que debería.

-¿Está todo bien? –pregunto Hermione en cuanto salió de la tienda, con el corazón acelerado y sintiéndose un tanto exaltada.

-Está bien, de hecho está mejor que bien -dijo Harry mostrándole la espada de Gryffindor, pero cuando iba a preguntar cómo era que la había obtenido, Hermione entendió a qué se refería Harry, aunque se encontraba muy en desacuerdo con lo que a él le parecía "bien".

Ron se encontraba de pie a unos cuantos pasos detrás de Harry y Hermione no podía creerlo, no podía soportarlo, él no debía haber regresado, después de tanto trabajo que le había costado deshacerse de él.

-Hola –dijo Ron con una voz temblorosa.

-¿Cómo has llegado hasta aquí? –dijo Hermione sin poder creer lo que veía, se sintió molesta de verlo y al instante se percató de que Harry había podido notarlo, así que retomó un poco el control. – ¿No vez lo preocupados que estábamos por ti?

-Lo siento, pero creo que con esto lograrás perdonarme – dijo Ron mientras ponía en su mano un objeto desquebrajado con una cadena atada a él. –Es el guardapelo. ¡Lo he destruido!-

Ron le sonrió de oreja a oreja.

-No… no puedo creerlo –Hermione se sentía miserable, el horrocrux había sido destruido y en ese momento la furia podía sentirse viajando por sus venas a toda velocidad.

-¿Te encuentras bien Hermione? –preguntó Harry.

-Sí, ¿por qué lo dices? Claro que estoy bien –contestó ella de la manera más amable que pudo.

-Es que te has quedado pálida. Bueno, creo que yo también lo estaría si de repente me dijeran que un horrocrux ha sido destruido por fin. Y no fue algo fácil, Ron de verdad se mostró muy valiente al hacerlo.

-Sí, me hubieras visto. Ahí estaba el guardapelo frente a mí y cuando me dispuse a golpearlo con la espada…

-¡Basta Ron! -no podía seguir escuchando lo que le decía. –No me importa que lo hayas destruido, solo me alegra saber que estás bien -dijo en un tono más calmado. –Ve adentro para que te abrigues mejor, ambos deberían hacerlo, están empapados.

Ron inmediatamente la obedeció, sin embargo Harry antes de entrar en la tienda se detuvo mirándola.

-Yo sé que fue duro el que se haya ido, pero todo al final resulto bien y no deberías ser tan dura con él.

-¿Cómo fue que consiguió la espada? -le pregunto mirando hacia el horizonte.

-Fui yo quien encontró la espada, estaba aquí sentado cuando vi un patronus en forma de…

-La varita.

-¿Perdón? -respondió Harry un tanto confundido.

-Mi varita, tú la tienes. Dámela para que puedas ir adentro a ponerte ropa seca y puedas decirme todo después, cuando hayas descansado.

Harry extendió su brazo para devolverle su varita y entró a la tienda sin saber qué decir. Hermione se había quedado sola, que era lo que más deseaba en aquellos momentos. Comenzó a caminar de un lado a otro sin sentido. No podía entender en qué momento había cambiado todo.

-Estaba yo… descansando… cómodamente… en la tienda.

Al darse cuenta que hablaba en voz alta, decidió caminar más lejos de aquel lugar, pues sabía que eso era más fácil a bajar la voz.

-Ese maldito Weasley. Todo estaba bien, no debía haber regresado. En cuanto esto termine lo hare pagar por todos los problemas que me ha ocasionado y no volveré a ver esa tonta sonrisa de nuevo. Si tan solo Harry no me hubiera quitado el horrocrux antes de irme a dormir hubiera podido evitar esto, al ver la espada hubiese llamado a los mortífagos. Sí, podría haber pretendido que me lo quitaban, hubiera podido hacer cualquier cosa, en mis manos jamás hubieran podido dañar esa preciada parte de mi señor.

Continuaba caminando y pensando, mientras veía árboles, la nieve y ramas secas en el piso, cuando de pronto miró un conejo que pasaba frente a ella, pero no había otra cosa en su mente que no fuera el saber que ya no tendría la satisfacción de sostener entre sus manos aquel horrocrux que la hacía sentir que no estaba sola entre todo aquello. Con rabia fluyendo de su interior, sacó su varita y le apuntó furiosamente al pequeño animal que se detuvo de golpe para mirarla fijamente con ojos inocentes.

Las palabras Avada Kedavra flotaron en su mente, cuando de manera súbita la escena la hizo darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Sin darse cuenta, había apretado la quijada y su respiración se había acelerado considerablemente.

No, no podía hacer aquello.

Sintiéndose levemente avergonzada, hizo perdidizas las palabras amenazantes en su mente y comenzó a bajar su varita. El conejo, blanco como la nieve, se percató de que se le había perdonado la vida y de inmediato saltó lo más rápido que pudo hasta perderse entre la vegetación. Hermione soltó un suspiro audible que logró apaciguar su ira hasta cierto punto, desconcertada por el repentino arranque asesino que la tomó completamente desprevenida.

Al transcurrir el día lo hizo de manera lenta pues habían recibido una nevada ligera durante la mañana. Le llegó al turno a Hermione de hacer guardia fuera de la tienda al inicio de la tarde. Hacía bastante frío y antes de salir tuvo que ponerse un suéter y un abrigo para mantenerse caliente. Agradecida nuevamente de estar alejada de Harry y Ron, salió con paso decidido a sentarse a un par de metros de la tienda, a los pies de un árbol con una rama prominente que sobresalía por entre la nieve, junto a la fogata que ya se encontraba encendida.

A pesar de que había logrado descargar su ira de una manera poco usual para ella, aún se sentía molesta por la situación que había cambiado tan radicalmente en instantes. Intentando posicionar su mente en un lugar más sereno, abrió el libro que llevaba bajo el brazo y pasó las páginas hasta que dio con el lugar en el que se había quedado en la lectura.

"Vida y Mentiras de Albus Dumbledore".

Incluso el título le daba asco, sin mencionar la bizarra combinación de colores de dicho libro que seguramente había sido elegida por Rita Skeeter en persona. Los libros de biografías no eran de su completo agrado, mucho menos cuando del ex director de Hogwarts se trataba. Una de sus ansiedades era quedarse sin una lectura, por lo que había decidido llevarse antes de partir aquel libro que había aparecido tan misteriosamente en la puerta de la casa destruida de los Potter, a pesar de que Harry le había dicho que se deshiciera de él. De esa manera sus ojos podrían captar nuevas frases y párrafos de una lectura de la que probablemente podría burlarse.

Manteniendo el libro abierto sobre su regazo, su mente decidió ignorar las intenciones de lectura de Hermione, y continuó divagando. Después de mirar por un momento a su alrededor, se dio cuenta que ya no seguiría soportando por mucho tiempo más aquella situación. Aún no podía presentarse ante el Señor Tenebroso con Harry como premio. Debía seguir esperando ese momento en el que obtuviera un arma, el arma que le permitiría que esta vez asesinar a Harry no fuese un simple plan, sino un camino sin vueltas y sin salidas.

"Es hora de irnos de aquí", pensó con decisión. "Debo hacer lo que tenga en mis manos para ayudar a mi señor a terminar con esto lo más pronto posible", continuó reflexionando para sí misma, mientras que su mente decidió reanudar su lectura. Todo se había vuelto silencioso, a excepción del crepitar de la madera siendo consumida por el fuego frente a ella, y de cuando en cuando el rasgar del pasar de las hojas del libro cada que Hermione terminaba con una página. La verdad era que aquel libro era como una compilación de chismes al que le habían colocado una portada y le habían dado un formato vistoso. En ese momento centraba su atención en un capítulo aparentemente inservible a sus ojos; la historia de Dumbledore y su mejor amigo Grindelwald.

Por supuesto que Hermione sabía quién era Gellert Grindelwald, pero le sorprendió el saber que había sido mejor amigo de Dumbledore.

-Con que tú también tuviste tu momento oscuro, ¿verdad Dumby? –susurró para sí misma mientras sonreía pícaramente, para luego continuar leyendo.

Luego de pasar una hoja más, sus ojos se posaron rápidamente en lo que parecía una copia de página completa de una carta antigua. Pero lo que vio al final del escrito la dejó boquiabierta. Se trataba de la firma del mismo Albus Dumbledore, pero lo que era realmente sorprendente, era que el director había reemplazado la primera letra de su nombre por aquel símbolo que continuaba apareciéndosele una y otra vez, de manera que aún podía leerse el nombre de "Albus".

Aquello no podía ser cierto, estaba segura que no existía tal cosa como el destino o las coincidencias, así que con su mente ágil comenzó a buscarle una explicación a todas aquellas veces que el símbolo se había aparecido prácticamente frente a ella, como si hubieran estado esperándole.

-Te traje un poco de té –dijo Harry sobresaltándola y haciéndola cerrar el libro de golpe.

-Gracias, está congelante aquí fuera –respondió Hermione intentando poner su mente en blanco para poder hablar con él. Harry le extendió la pequeña tasa, la que Hermione tomó con ambas manos para poder calentarse.

-¿Sigues molesta con Ron? –deslizó la pregunta con precaución, mientras se sentaba a su lado, fingiendo calentarse las manos con el fuego de la fogata.

-Harry, nunca me molesté, solo estaba preocupada por él, es todo –soltó con naturaleza.

Aquella respuesta la había planeado desde el momento en que Harry la había mirado haciéndole saber que no había quedado conforme con lo que había pasado en el reencuentro de Ron con ella.

-Está bien, solo preguntaba. ¿Sigues leyendo eso? –preguntó con incredulidad, mirando con enojo el libro que descansaba en las piernas de Hermione.

-Sí.

-Hermione, sabes que Rita es una mentirosa, no deberías leerlo –molesto, Harry se levantó de golpe para darle la espalda, algo que ella encontró realmente irrespetuoso y elevando la voz, respondió.

-¿Y a ti quién te asegura que Dumbledore no fue una persona totalmente diferente a la que tú conociste? Dentro de toda esta mentira puede asomarse la verdad.

-¿Dudas de Dumbledore? –le espetó en la cara. Hermione no resistió el impulso y se levantó, tirando la taza sin querer, tomando el libro con fuerza.

-No, lo que digo es que él podría tener un lado que ninguno de nosotros conoce. Ni siquiera has leído lo que contiene y haces muy mal juzgando un libro por su portada.

"Como a mí", pensó de manera involuntaria.

-Claro, excelente. ¡Ahora resulta que tenía una doble vida! ¿Qué sigue? ¿Ron y tú son mortífagos y conspiran contra mí? ¡Por favor, Hermione! –contestó enfadado.

-¿Qué ocurre? ¿Todo bien? Escuché que hablaban de Dumbledore –dijo Ron saliendo de la tienda encogiéndose por el frío del exterior que le golpeaba, sonrojándole las mejillas y la nariz.

Harry y Hermione bajaron la guardia. Hermione miró a Ron un instante, sabía que no tendría caso crear un conflicto más para alimentar la llama de furia que aún no se extinguía en su interior.

-Quiero ir a ver a Xenophilius Lovegood –dijo Hermione de pronto, intentando calmar las aguas y soltando una de las ideas que se le acababan de ocurrir.

-¿Qué? –respondieron ambos con tanta sorpresa que incluso el enojo había abandonado a Harry.

-El símbolo que te enseñé sigue apareciéndose y no creo que sea una simple coincidencia. Lo he visto cuatro veces ya y me estoy cansando de no encontrarle un significado.

-¿Símbolo? ¿Cuál símbolo? –preguntó Ron tiritando de frío pero sin perder el interés.

Hermione deseaba que por una vez en su vida cerrara la boca y le permitiera hablar seriamente con Harry, así que lo ignoró.

-¿Pero por qué quieres ir con Lovegood? –preguntó Harry frunciendo el ceño.

-Lovegood traía un colgante en la boda de Bill y Fleur y era exactamente igual a ese símbolo, y voy a averiguar qué significa. Partiremos mañana temprano, así que vayan a descansar, aún me queda guardia por hacer –terminó Hermione tajantemente, volviendo a sentarse en su lugar previo, y abriendo el libro con aparente tranquilidad.

Harry y Ron la miraron extrañados por la decisión tan repentina de su amiga, pero sin querer discutir con ella, Ron obedeció y entró de nuevo a la tienda. Hermione fingió estar leyendo, pero se dio cuenta de que Harry continuaba parado en el mismo lugar, con expresión desconcertada.

-Ron fue el de la idea del té, por cierto –dijo Harry aún molesto, inclinándose para levantar la taza del suelo que se había llenado de nieve, para luego devolverse al interior de la tienda, siguiendo los pasos de su amigo.