Hola! End of Me está hecho con el propósito de que más gente conozca nuestra versión y es indescriptible el ver cuantos de ustedes están dedicando parte de su tiempo para leerlo y más aún dejando sus comentarios. Les agradecemos mucho por seguirnos y nos comprometemos a darles a cambio la mejor historia que podríamos escribir, llena de emoción y sorpresas. Gracias!
6
Desmaius
(Pérdida del conocimiento)
Scabbior analizó la reja y se acercó solo para asegurarse de que estaba cerrada con magia. De pronto, una figura se apareció delante de ellos, del otro lado de la inmensa reja negra ornamentada.
-¿Qué quieres, Scabbior? –escupió Bellatrix, acercándose para verlos mejor.
-Traigo a Potter y sus amigos –respondió arrastrando a Harry y pegándole la cara al frio metal de manera agresiva.
De inmediato, los ojos de Bellatrix se abrieron tanto que daban la impresión de no tener párpados al ver la cicatriz en forma de rayo en la frente del chico. Hermione solo podía guardar silencio. Sabía que dentro de aquella casa todo mundo conocía que ella era una mortífaga, les gustara o no. A partir de allí Hermione se encontraría a salvo, pero no podía decir lo mismo de Harry.
Entonces, los ojos de Bellatrix se fijaron en Hermione. Le sonrió de forma despiadada, como si le diera gusto que estuviera en aquel estado, tan indefensa, tan inocente y herida. Levemente asintió con la cabeza, como dándole la bienvenida después de tantos meses de estar fuera de casa. Aquello no le hizo gracia, así que Hermione no hizo intento de responder de ninguna forma. Se sentía demasiado harta de la situación.
Bellatrix sobresaltó a todos cuando alzó su varita y, haciendo un movimiento con ella, hizo que la pesada reja se evaporara en el aire, permitiéndoles la entrada. Con una reverencia demasiado teatral les invitó a pasar. Los carroñeros de inmediato siguieron la orden de Scabbior de avanzar. Llevaron a Harry, Ron y Hermione a empujones hasta la entrada de la mansión siguiendo a Bellatrix; un par de enormes puertas de roble negro que se abrieron en cuanto sintieron la presencia de la bruja.
Entraron al vestíbulo, y de inmediato a la estancia principal, que era una habitación enorme con una chimenea que en aquel momento lucía abandonada. Por alguna razón, Hermione esperaba ver aquel sillón enorme en el que Draco y ella se quedaban a conversar sobre cosas sin importancia hasta altas horas de la madrugada, disfrutando de un postre exótico y arropándose en los crudos inviernos. Nada de eso estaba allí, ni siquiera aquella mesa de caoba que una vez habían quebrado accidentalmente de pequeños mientras jugaban con una snitch de juguete, montados sobre pequeñas escobas voladoras… nada. Las pinturas y ornamentos ostentosos a los que Hermione nunca había prestado real atención se habían ido, dando como resultado un gran cuarto en el que dominaba un sentimiento de soledad y frialdad, lo cual la entristeció.
Volvió a la realidad cuando Scabbior la empujó para que subiera las escaleras al final de la habitación, la cual había atravesado sin apenas darse cuenta de ello. Los tres subieron en fila acompañados de un mortífago que muy apenas los soltaba para que pudieran caminar. Harry iba a la cabeza, mientras que Hermione era la última. Sabía a dónde se dirigían; al comedor. Una vez allí lo que vio hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas por un instante.
Lucius y Narcissa estaban parados en la esquina más alejada del enorme cuarto en aquel momento vacío en el que habían tenido todas las comidas en familia desde que ella podía recordar. Miraban con sorpresa a Harry, pero en cuanto los ojos de ambos se posaron en Hermione, el rostro de Lucius reflejó enojo al percatarse de cómo estaba siendo tratada. Pudo percibir que quería correr a su encuentro, pero Narcissa de inmediato le apretó con fuerza el brazo, lo que le hizo retroceder, volviendo al lado de su esposa. Los dos miraron a Hermione con ternura, claramente aliviados por que se encontrara bien.
-¿Ese es…
-He aquí, ¡el señor Harry Potter! –soltó Bellatrix, interrumpiendo a Lucius y haciendo un ademán de presentador de circo, soltando una carcajada triunfante que hizo eco en la habitación. –El bebito Potter.
-Esto es excelente, Bella –dijo Narcissa sorprendida con una sonrisa de satisfacción. -¿Crees que el señor tenebroso esté complacido?
-Creo que estará más que complacido Cissy –respondió Bellatrix dándole a Hermione una sonrisa maliciosa.
"Yo no lo traje aquí si eso es lo que crees, tonta", pensó Hermione respondiendo a la mirada de la mortífaga.
-Vaya vaya. Así que por fin el conejo ha caído en la trampa. Lástima que tu nariz esté en tan mal estado, Potter –dijo Lucius, acercándose a él con aire arrogante para verle mejor.
Harry no hablaba, solo le regresaba la mirada con valentía. Hermione sentía sus brazos adoloridos por el agarre de Scabbior, pero sabía que no la tendría de aquella forma por mucho más tiempo.
-Y es simplemente impresionante que hayas capturado a los otros dos también.
-No se olvide, señor Malfoy, que nosotros somos quienes los capturamos –se apresuró a decir Scabbior, elevando notablemente la voz.
-¡Tú no te atrevas a hablarme así en mi propia casa! –gritó Lucius en respuesta. El salón se quedó en silencio.
-Tranquilo, querido. Me parece el momento apropiado para llamar al señor tenebroso, pero antes, podríamos obtener mayor información de la chica –dijo Narcissa, intentando alejar a su esposo de Scabbior.
-Tienes mucha razón Cissy. ¡Colagusano! Lleva a nuestros invitados a las mazmorras. Déjenos a solas para una charla de chica a chica –respondió Bellatrix mirando de cerca a Hermione, para luego alejarse a otro punto de la habitación, mientras los chicos eran arrastrados del lugar.
Repetidamente Hermione escuchó su nombre de la voz de Harry y Ron, lo que le hizo sentir especial. En un instante, Harry y Ron desaparecieron junto con Pettigrew por las escaleras que conducían a las mazmorras de la mansión Malfoy. Cuando Hermione calculó que sería imposible que la escucharan gritar, soltó un alarido de impotencia que asustó a la mayoría de los carroñeros que se habían quedado a cobrar la recompensa.
-¡Quítame tus asquerosas manos de encima, estúpido! –gritó Hermione zafándose satisfactoriamente de los firmes brazos de Scabbior.
Sintiendo el odio correr por sus venas, Hermione extendió una mano hacia el carroñero que le había quitado su varita y con un encantamiento que no tuvo la necesidad de pronunciar se la arrancó de las manos y fue a parar a la mano derecha de Hermione.
Sin contratiempos, apuntó con su varita a la cara de Scabbior. Al verlo acercarse un paso más a ella, Hermione bajó su varita hasta apuntar a sus piernas y dando un latigazo en el aire hizo retroceder a Scabbior con un grito de dolor mientras se sobaba el tobillo derecho. La bota negra que calzaba comenzó a humedecerse y se manchó de un líquido muy oscuro que todos se dieron cuenta era la misma sangre del carroñero.
-¡Atrápenla! –soltó Scabbior entre dientes con una mueca de dolor.
Hermione hizo un firme movimiento de varita, con el que petrificó al único carroñero que se había lanzado sobre ella a la orden de Scabbior. Éste cayó como una tabla en el piso, haciendo un extraño sonido que reverberó en toda la habitación. De inmediato, los demás carroñeros retrocedieron para alejarse lo más posible de Hermione, formando un grupito de hombres asustados que al parecer estaban a punto de mojarse los pantalones.
Complacida por el efecto que había causado, se acercó lentamente a Scabbior con decisión y una ligera sonrisa fría en los labios. Había permanecido sentado en el suelo, agarrándose la pierna justamente en el área del impacto del hechizo, cuando se percató de que la bruja se acercaba a él y entonces sus ojos se abrieron como platos, llenos de temor ante la imagen de aquella chica inocente que de pronto había adoptado un aire malévolo.
Hermione lo vio retroceder para intentar alejarse de ella, pero lo único que consiguió fue lastimarse más a sí mismo. Con solo mirarlo, podía percibirse en Scabbior la respiración acelerada, mudo de la impresión. Eso la divertía; sentir que era superior a él, sentirse más fuerte y con ello menos vulnerable. Aquellos sentimientos explotaron en su interior como dinamita al combinarse con la furia y la rabia que sentía por que alguien tan insignificante, tan vulgar y tan por debajo de su pureza se hubiera atrevido a tocarla e incluso a maltratarla.
Una parte de ella le dio la sugerencia de olvidarlo, de darse cuenta de que estaba rodeada por Lucius y Narcissa, con quienes se sentía dentro de una familia y de quienes no había sabido en mucho tiempo. Pero su parte racional estaba decidida a hacer pagar al asqueroso carroñero por lo que había hecho, que aprendiera la lección de no volver a tocarla nunca más, bajo ninguna circunstancia. En esos instantes era cuando Hermione era más peligrosa, pues si su raciocinio la motivaba a comportarse de aquel modo, no había manera de detenerla. Los mortífagos lo sabían, y no se atrevían a pararla.
Nadie intervendría.
Mirando fijamente a Scabbior se puso de cuclillas, junto a él para poder continuar viéndolo a los ojos. Hermione comenzó a subirse la blusa por un costado hasta que el tatuaje de la marca tenebrosa pudo verse sobre sus costillas.
-¿Ves esto, Scabbior? –preguntó con delicadeza, pasando un dedo sobre la tinta negra. El carroñero clavó su mirada en el tatuaje, y asintió con la cabeza rápidamente.
-S…sí.
-De acuerdo… y, ¿qué me dices de esto? ¿Sabes qué es? –volvió a preguntar Hermione de manera fría, subiéndose la manga de su saco, dejando ver una mancha irregular de un color verde olivo con unas ligeras pigmentaciones de morado en los bordes. Lo tocó ella misma y una oleada de dolor se extendió desde su brazo al resto de su cuerpo.
-Es… un… un moretón, creo –contestó el carroñero de la manera más gentil que pudo, tragando saliva de manera nerviosa y comenzando a sudar.
-Exactamente, es un moretón. Y te lo debo a ti, gracias a la manera en que me tomaste tan firmemente para que no escapara –respondió Hermione analizando el rostro aterrado de Scabbior mientras intentaba regresarle la mirada.
-Esto de aquí, es una cortada –continuó apuntando a una herida que se había abierto sobre su mejilla derecha y que aún sangraba. -¿Y sabes cuál es la manera más simple de hacerse una?
En ese instante Hermione se levantó, con ganas de caminar para contener sus actos un poco más, saboreando cada instante de miedo del carroñero que la había herido. Como si su cerebro buscara más razones para estar enfadada, recordó a Harry y sintió un odio profundo circular por sus venas. Pudo sentir la impotencia apoderarse de ella pues en cada instante Potter lograba escapar, lograba desbaratar sus planes con la misma facilidad que la que tiene un castillo de arena de colapsarse con las olas del mar. Todo aquello la enfurecía hasta el grado de sentir ganas de soltar una rabieta. Pero su control iba más allá de lo normal, estaba tan desarrollado que era casi innato en ella el pretender estar bien todo el tiempo, el pretender ser alguien que no era y vivir en las sombras.
Se sentía cansada. Cansada de estar detrás de un simple chico de quien lo sabía todo y a la vez demasiado. Aquel era el momento oportuno para ser ella misma después de tanto tiempo. Tenía la oportunidad de descargar su ira, sus frustraciones y sus pesares sin que nadie la reprendiera por ello. Se giró súbitamente hacia Scabbior y agitando la varita ferozmente hacia su rostro le propinó una cortada que atravesó todo el rostro del carroñero. Éste gritó de dolor mientras se tapaba el rostro con ambas manos. Al instante, sus dedos se llenaron de sangre al intentar contener la herida profunda que Hermione le había causado.
-¡Por favor, alguien deténgala! Se los suplico –soltó Scabbior con lágrimas en los ojos, retorciéndose de dolor.
Hermione sintió su ira elevarse a un nivel inimaginable. La voz del carroñero la incomodó en demasía. El hecho de que suplicara hacía que se lo mereciera aún más.
-¡Avada Kedavra!
La luz verde que salió de la varita de Hermione le dio de lleno a Scabbior, haciéndolo caer de espaldas sobre el piso, que de inmediato comenzó a mancharse de sangre que continuaba saliendo de la herida transversal de su rostro.
Esa era la segunda vez que asesinaba. Bien dicen que las primeras veces no se olvidan, y para ella la primera vez no era la excepción. Recordaba con claridad cómo le había quitado la vida a Dobby, el elfo doméstico de los Malfoy cuando tenía quince años, por considerarlo una verdadera amenaza para uno de sus secretos más profundos.
Lo que le hizo recordar el cuerpo pequeño, delgaducho y sin vida del elfo fue que en esta ocasión, al pronunciar la maldición imperdonable había sentido un cosquilleo muy fuerte recorrer su cuerpo. Sintió como si parte de su frustración e ira se hubieran ido junto con el hechizo, lo que le devolvió cierta tranquilidad y le brindó alivio, una sensación que no tuvo cuando asesinó a Dobby. Aquella ocasión lo había hecho por la necesidad de eliminarlo, más que por el deseo de hacerlo.
Bajó la varita lentamente, respirando con rapidez, percatándose de que todos los carroñeros la miraban con auténtico horror en sus rostros, mientras que los Malfoy, acompañados de Bellatrix tenían una expresión inmutable. Tenía la sensación de que pensaban que aquello había sido lo correcto tanto como ella lo sentía.
Sintió de pronto que sus piernas no podían sostenerla ni un instante más, lo que la condujo a un sillón cercano para evitar derrumbarse. Sorprendida, no podía dejar de ver el cuerpo de Scabbior que yacía tumbado boca arriba, sin vida.
La verdad la golpeó. Había asesinado. Había cometido un crimen y nadie se lo estaba reprochando. No había regaños, ni arrepentimiento. Le llevó un segundo darse cuenta de que no estaba respirando e inhaló de manera ruidosa, soltando un suspiro tembloroso.
-La pequeña Hermione sabe cómo jugar –dijo Bellatrix riendo mientras se acercaba a ella para darle una palmada amistosa en la espalda. Hermione ni siquiera pudo prestar atención completa al comentario.
Al recordar que Lucius y Narcissa estaban parados a mitad del salón, recobró el temple y corrió hacia ellos dándoles un gran abrazo que respondieron de inmediato.
-Hermione, no sabes cuánto gusto nos da saber que estas bien –le dijo Lucius con alegría al oído.
-Querida, te extrañamos demasiado –completó Narcissa con lágrimas en los ojos, mirándola con orgullo.
-También los extrañé mucho. ¿Dónde está Draco? –preguntó Hermione con alegría, esperando que se apareciera en algún lugar de la habitación.
-Pero qué patético reencuentro familiar –interrumpió Bellatrix mirando el cuerpo inerte de Scabbior tirado en el suelo. –No veo el caso de estar perdiendo el tiempo con cosas melosas cuando tenemos a Potter justo donde siempre quisimos tenerlo. Debemos llamar al Señor Tenebroso ahora.
-¡No! Harry aún no está listo –respondió Hermione tajantemente, alejándose de los Malfoy para hacerle frente.
-No será acaso que quieres al inútil Potter para ti sola, ¿o sí, querida? –respondió Bellatrix con un gesto burlesco, intentando sacar a Hermione de sus casillas.
-¿Cómo te atreves? Conozco los planes que el Señor Tenebroso tiene para él y no dejaré que eches a perder siete años de mi vida en un instante solo para captar su atención por un momento, porque claramente te ves desesperada por ello –dijo Hermione sintiendo su corazón acelerarse y su sangre correr con mayor intensidad por sus venas.
La varita temblaba ligeramente en la mano que había comenzado a sudar mientras la apretaba con fuerza.
-Tú ni siquiera deberías de tener la aprobación del Señor Tenebroso. ¡No eres más que una huérfana, y ésta es tu familia sólo porque les has dado lástima!
Las palabras de Bellatrix hirieron a Hermione de una forma en que no creía que podía ser herida. Temblando del enojo, levantó su varita y gritó uno de los maleficios imperdonables hacia ella, pero fue lo suficientemente rápida para protegerse de él, lo que inició que ambas comenzaran un duelo.
Hermione sentía su mente borrosa mientras continuaba soltando maleficios hirientes contra la mortífaga que solo se protegía y soltaba risas desafiantes.
-¡Aléjate de ella! –gritó Narcissa con su varita en alto.
-Tú… ¿Cómo es que pudiste aceptarla en la familia? Es de un antiguo linaje de sangre pura, pero eso no la hace mejor bruja. ¿Es acaso porque la consideras la hija que nunca pudiste concebir, Cissy? -soltó Bellatrix con una carcajada desquiciada, aun lanzando maleficios contra Hermione, quien los esquivaba por muy poco.
-¡Jamás les hables así! –gritó Hermione lanzándole un Desmaius que rebotó en uno de los escudos que Bellatrix había formado con su varita, dándole de lleno a Lucius, quien cayó inconsciente en el frío suelo de mármol.
-¡NO!
El grito de Hermione resonó a lo largo y ancho de la habitación, con un eco que permaneció extrañamente en el ambiente. Sin contenerse, se volteó a ver el cuerpo de Lucius cuando se percató de que había bajado la guardia. En ese instante, vio venir hacia ella una luz que provenía de la varita de Bellatrix que le impactó de lleno en el pecho.
No supo decir si el color de dicha luz había sido azul… o verde.
Lo único que sintió fue que sus músculos se acalambraron, y lentamente fue perdiendo la noción del espacio y del tiempo. Lentamente se sintió caer mientras sus ojos se cerraban por sí solos.
-¡Hermione!
Aquello fue lo último que alcanzó a escuchar antes de que sus sentidos la abandonaran por completo. Fue una voz de hombre, y de alguna forma supo que le pertenecía a Draco.
Entonces, todo se volvió oscuridad.
