9

Anapneo

(Parte 1/2)

(Permite tomar aire)

Era una playa hermosa. El cielo estaba nublado, pero esto solo enmarcaba la belleza de la misma. El viento acariciaba el cabello de Harry, Ron y Hermione, quienes se dirigían a una pequeña cabaña que se encontraba justo al borde de una colina, la única que pudiera existir a muchos kilómetros a la redonda y que poseía unas paredes muy peculiares a simple vista, incrustadas con conchas y cal.

Después de haber caminado un poco, llegaron a la puerta del lugar y Ron fue el primero en golpearla con su puño.

-¡Ron, hermano! –Bill había abierto la puerta y esbozó una gran sonrisa antes de abrazar a Ron, quien lo abrazo de vuelta con mucho gusto.

-¡Harry! ¡Hermione! Que gusto que también estén aquí. Pasen por favor -Todos comenzaron a sentarse en la mesa del comedor -Fleur salió a dar una vuelta. No es fácil vivir alejado de la gente tanto tiempo.

-Ni que lo digas –dijo Harry con una sonrisa.

-¿Y a qué se debe que estén ustedes aquí? Si se puede preguntar, claro está- Harry y Hermione voltearon a ver a Ron buscando la respuesta.

-Queríamos saber si te interesaría alojarnos un tiempo. Llevamos mucho tiempo sin un lugar fijo y creo que por ahora solo necesitamos descansar un par de días.

-Por supuesto, eso no es ningún problema –el comentario tan animado hizo que el trío se sonriera mutuamente –Sólo estamos Fleur y yo aquí y tenemos dos habitaciones más de sobra. Hay ocasiones que Remus y Tonks nos visitan, pero eso es todo.

-¿De verdad? ¿Cómo están? –preguntó Harry rápidamente.

-Bien, todos están bien. Dentro de lo que cabe –Bill soltó un suspiro que le hizo saber a Hermione que era todo lo que diría en ese momento –Pero no hay duda de que ustedes necesitan un buen descanso.

-Me has leído la mente. ¿Crees que podríamos pasar a dormir una siesta? –respondió Harry un tanto avergonzado –Es solo que ha sido un día muy pesado, en especial para Hermione que está un poco herida.

De inmediato Bill le lanzó una mirada de preocupación.

-Estoy bien, no fue nada grave, solo necesito un poco de reposo –se apresuró a responder antes de que preguntara la razón.

-Por supuesto, y no tienen que disculparse conmigo. Pueden sentirse como en su casa de ahora en delante. Les ayudaría a cargar sus maletas pero como veo que no tienen ninguna solo les mostrare sus habitaciones.

Subieron las escaleras de madera que rechinaban bajo sus pies conforme se apoyaban en ellas. Eran rectas y topaban en una pared, la cual tenía una puerta en cada muro con la que hacia esquina.

-La habitación de la izquierda será la de ustedes dos –dijo mirando a Harry y a Ron –Tiene una sola cama pero será lo bastante amplia para ambos. Y la habitación de la derecha será la tuya Hermione.

-Muchas gracias Bill -Ron ya se había lanzado sobre el colchón y Bill estaba bajando las escaleras cuando Hermione se dio cuenta antes de cerrar la puerta de su nueva habitación que Harry la estaba mirando y le sonreía. Ambos cerraron la puerta al mismo tiempo y se dedicaron a descansar.

El sonido que acalló los súbitos pensamientos de Hermione fue el ligero golpeteo de alguien llamando a la puerta. Había intentado dormir, aunque fuera dormitar un poco para descansar su adolorido cuerpo que no dejaba de sentirse resentido por los episodios vividos hacía tan solo un par de horas atrás. Se incorporó sobre la cama, acomodando su almohada para que le sirviera de respaldo.

-Adelante -respondió agradecida por tener algo en que desviar su mente.

Un instante después la perilla giró y la puerta fue abriéndose lentamente. Lo primero que vio fueron las cabezas de Ron y Harry, asomándose con precaución hacia el interior del cuarto. Hermione no pudo evitar sonreír ante aquella imagen que se le asemejaba a la de dos niños espiando en un lugar prohibido. Su sonrisa pareció tranquilizarlos.

-¿Cómo te sientes? -preguntó Harry de inmediato, cerrando la puerta tras de Ron y tomando asiento a los pies de Hermione.

Decir que se encontraba bien era lo último que respondería de manera sincera, pero no quería empeorar las cosas para sí misma.

-Bien, solo un poco cansada, es todo. ¿Cómo están ustedes? –dijo pasando su mirada de Harry a Ron, quienes tenían vestigios en sus rostros de la riña con los carroñeros.

-Mi nariz ha dejado de sangrar y esto no es nada –respondió Harry apuntando a una de sus mejillas donde tenía una pequeña herida que le había sangrado muy poco.

-Nada que una buena comida no pueda solucionar –le secundó Ron recargado en la pared con actitud despreocupada y soltando una sonrisa relajada, haciendo referencia a una herida más grande que la de su amigo, que se le había hecho sobre el puente de su nariz.

-Estamos muy bien de hecho -terminó Harry, dándole una mirada de complicidad a Ron. Hermione no tardó en desconcertarse. Tenía la sensación de que le ocultaban algo.

-¿A qué se refieren con eso?

-Digamos que dimos con una mina de oro mientras estuvimos en la casa de los Malfoy –respondió Ron en tono misterioso.

Justo antes de que Hermione pudiera pronunciar alguna palabra como respuesta, Harry sacó un objeto dorado de la bolsa de su sudadera.

Era una copa de oro.

En cuanto la vio, un estremecimiento desagradable la recorrió de pies a cabeza, haciéndola sentir frío. Aquel objeto no debía estar en manos de Harry, ni de nadie más. Había permanecido seguro en su habitación desde que su memoria no le fallaba.

En ese instante estaba frente a la copa de Helga Hufflepuff, la misma que le habían mandado a cuidar por ser un objeto de suma importancia para la familia, aunque nunca pudo encontrar la razón… hasta aquel día.

Sin tener control de ella misma, se llevó ambas manos a la boca sin poder creérselo, manteniendo la vista fija en la pequeña copa que parecía sonreírle con los destellos de luz provocados por el sol del atardecer sobre la cama de Hermione.

Aquello era un horrocrux, siempre lo había sido. Siempre había resguardado una parte del alma de su señor y jamás se había dado cuenta. No supo cómo sentirse. Pero podría decirse que eso era solo una parte de su preocupación.

Harry y Ron habían entrado a su habitación.

Sintió su sangre congelarse lentamente y por primera vez, un terror genuino la invadió recorriendo cada fibra de su ser. ¿Acaso alguno de los dos había descubierto que aquella habitación le pertenecía a ella hasta hacía solo algunos meses?

-¿Es un horrocrux? ¿Cómo lo encontraron? –soltó la pregunta sin reprimir su sorpresa, queriendo corroborar sus pensamientos.

-Así es. Es la copa de Hufflepuff. La encontramos en un lugar muy peculiar –respondió Harry con una sonrisa en el rostro.

-¿Peculiar?

-Era la habitación de una chica. Era bastante elegante a decir verdad. Había demasiados libros, creo que tú podrías haber vivido encerrada allí de por vida, Hermione –contestó Ron sarcásticamente.

Hermione ignoró el comentario e inconscientemente extendió las manos para tomar la copa de las manos del chico de la cicatriz, el cual se la dio sin cuestionar.

Aquella era la primera vez que la tocaba. Los ornamentos en relieve le dieron la sensación de algo delicado y especial. Conforme la giraba, pudo darse cuenta de un ligero cosquilleo que le recorría los dedos, idéntico al que sentía cuando tocaba el relicario de Salazar Slytherin que ahora estaba destruido.

-Lo peculiar de todo, es que no hay mujeres dentro de la familia de los Malfoy, a excepción de la mamá de Draco. Pero no me parece que ella tuviera necesidad de tener una habitación aparte –prosiguió Harry con cierta incertidumbre rondando por su mente.

-¿No creen que podría ser de Bellatrix? –respondió Hermione, intentando sonar igual de desconcertada que ellos.

-¿De Bellatrix? ¡Vamos, Hermione! Todos sabemos que ella vive en la cañería debajo de la casa –dijo Ron prontamente.

Harry soltó una carcajada que dejó muy en claro que aquello le había causado mucha risa. Hermione no pudo evitar imaginarse a Bellatrix durmiendo en la tubería a un lado de las ratas, lo que le provocó soltar una carcajada acompañando a Harry, que muy pronto contagió a Ron.

De pronto, los tres estaban riendo de manera tan natural como jamás lo hubieran previsto. Hermione pudo percibir que aquel lugar sería como un oasis en un desierto lleno de tribulación.

-Chicos –llamó a la puerta la voz de una mujer.

Ron acudió a abrir de inmediato. Lo primero que vio lo hizo sonrojarse ligeramente. Era Fleur quien lo saludó con una sonrisa.

-¡Cómo me alegua que estén todos aquí! Les he pegpaguado la cena. Los espeguamos abajo, Bill y yo los acompañaguemos si les paguece bien.

-Por supuesto Fleur, se los agradecemos mucho –se apresuró a responder Harry. Hermione aprovechó para salir de la cama.

-¿Comida?–dijo Ron con una sonrisa, al parecer era lo único que había escuchado su cerebro –¡Harry! ¿Hueles eso? Vamos abajo.

Ron bajo las escaleras corriendo casi atropellando a Fleur, a diferencia de Harry, quien le cedió el paso para tanto ella como Hermione para que bajaran primero.

Bill ya se encontraba sentado a la mesa y Fleur terminó de servir los platos para luego colocarlos frente a sus nuevos inquilinos. Hermione no estaba muy emocionada por probar aquella comida, que no se comparaba a sus cenas en Hogwarts o en la mansión Malfoy. Pero una vez que tuvo el plato servido frente a ella se percató de lo famélica que estaba.

Esa noche fue la más tranquila que cualquiera de los tres hubiese tenido en meses. Ron se había quedado platicando con Bill hasta altas horas de la madrugada y Fleur se había ido a acostar temprano. Harry se había entretenido en la bahía practicando su Expecto Patronum y jugando con él. Hermione en cambio, había subido un poco la colina y se había sentado sobre una roca ancha que le llegaba a la rodilla, a leer uno de sus libros de hechizos mientras veía a Harry juguetear a lo lejos. Sabía que todo estaría tranquilo por un tiempo, pero también sabía que entre más pasaran los días, su señor estaba más cerca de encontrar esa arma tan poderosa que de una vez por todas terminaría con la vida de Harry.

Su misión después de tanto tiempo, estaba cerca de ser completada.

Habían pasado ya casi dos semanas desde que llegaron a la cabaña. Los días habían sido en general tranquilos, salvo por aquella vez que Ron se había trepado a la balsa que tenían y una vez que se había adentrado en el mar había perdido los remos, por lo que Bill debió llegar hasta él nadando con una par de remos extras y lo trajo de vuelta a la orilla. Otro de los aspectos que habían cambiado era que Harry, al menos una o dos veces al día, se acercaba a Hermione con pretextos cada vez más absurdos, como preguntando el significado de alguna palabra en un libro. La última vez después de cenar, Hermione tenía una mancha muy pequeña al borde de su labio, por lo que Harry se acercó casi tanto como aquella vez en la tienda de acampar. Lo que Hermione no quería aceptar era que las escusas tontas de Harry comenzaban a parecer graciosas, casi lindas, y aunque Hermione se apartaba de él en la más mínima oportunidad que encontraba, de alguna manera la situación continuaba con una pequeña sonrisa que duraba apenas unos segundos, lo que tardaba en darse cuenta de ello y lograba apretar los labios para no hacerlo más.

Ese día la cabaña estaba vacía. O al menos eso parecía puesto que no podía escucharse nada desde la cocina, el desayunador o cualquier otro cuarto de la casa. Hermione comenzó a bajar las escaleras, pues de alguna manera que no podía explicarse a sí misma, sabía que algo estaba mal. Cuando entro a la sala vio que Ron se encontraba ahí, dándole la espalda. Después de todo si había alguien en casa.

-Ron, ¿qué haces ahí de pie? -Ron volteó a verla inmediatamente, pero una gran ira estaba reflejada en su rostro.

-Lo sé, Hermione. Lo sé todo ahora.

-No entiendo de que estás hablando, Ron.

-El otro día, cuando sin querer se mojó tu blusa cuando te golpeo una ola, lo oscuro de tu marca traspaso el pálido color de tu blusa rosa. ¡Vi la marca en tu costilla izquierda, Hermione! ¡La marca tenebrosa!

-Lo siento, Ron. Ahora que lo sabes no puedo permitir que esto salga de esta habitación –Hermione desenvainó su varita y le apunto directo a la cara – ¡Avada Ke…

-¡No!

-…davra!

-Ron. Por favor no. ¡Ron! ¿Porque lo has hecho, Hermione? ¡¿Porque nos has traicionado de esta manera?!

Harry sostenía a su amigo sin vida, reposando los hombros en sus piernas y la cabeza entre sus brazos. Su mirada llena de lágrimas se clavaba en sus ojos de forma penetrante.

-Harry… yo… tenía que hacerlo. No había otro camino.

-Todos deben saberlo –Harry se levantó y se dirigió a la puerta – ¡No podrás escapar!

-Con Dumbledore muerto y Lord Voldemort a mi lado, nada puede detenerme. Ni siquiera tu Potter –Hermione de nuevo había alzado la varita, sólo que esta vez apuntaba hacia Harry.

-Hermione, ¿qué haces? Detente Hermione. Hermione. ¡Hermione!

-Debo hacerlo –dijo Hermione pesadamente, de forma casi inentendible…

-Hermione, Hermione. ¿Estás bien? -esta vez la voz de Harry se escuchaba de forma clara.

Hermione se levantó con un sobresalto del sillón donde estaba acostada mientras Harry la miraba con curiosidad. Sentía su corazón latir de forma rápida, y sin poder evitarlo comenzó a tomar pequeñas bocanadas de aire, intentando recobrarse de lo que había sucedido dentro de su cabeza.

-Vaya pesadilla que has tenido, ¿eh? Te movías tanto que he preferido despertarte.

-Sí, gracias –dijo mirando el suelo con gesto serio.

-¿Y qué era eso tan terrible que estaba en tus sueños?

Por la forma en que ella lo miró, él se dio cuenta que prefería no revelar la respuesta. De pronto Bill se asomó en la habitación esbozando una gran sonrisa, por lo que Harry y Hermione dejaron de mirarse y ahora dirigían su atención hacia él.

-Estamos listos afuera. Cuando gusten acompañarnos -y se retiró de nuevo.

-¿De qué está hablando? –preguntó Hermione un tanto desconcertada.

-Tienes que verlo con tus propios ojos.

Harry había arrastrado a Hermione hasta la parte de afuera de la cabaña. A unos metros se encontraban Bill y Fleur junto a Ron, quien sostenía en sus manos un pequeño y redondo objeto entre colores rosas y naranjas. Hermione pudo ver que acerco su varita el objeto y le prendió fuego en un extremo. Habían pasado un par de segundos cuando el objeto había salido disparado hacia arriba haciendo pequeñas espirales. De pronto hubo una pequeña explosión y hermosas luces estallaron resplandecientes en lo alto, al principio solo fueron luces esparciéndose en el cielo, pero súbitamente habían adoptado la forma de un hermoso fénix que volaba suavemente.

-¡¿Pero qué están haciendo?! –le dijo Hermione a Harry con tono enfadado –Esto podrían verlo a lejos carroñeros o mortífagos, hay que detenerlos ahora.

Hermione ya había dado el primer paso hacia los hermanos Weasley cuando Harry la había tomado del brazo y al devolverla la había hecho girar y sin darse cuenta habían quedado frente a frente.

-No hay de qué preocuparse –dijo Harry con una sonrisa bastante despreocupada –Los han enviado Fred y George. Esta encantados para que no se puedan ver a más de 100 metros a la redonda. Estamos seguros aquí –entonces los dos miraron hacia las brillantes luces.

-Vamos, tienes que intentarlo –Harry comenzó a empujar a Hermione hasta donde se encontraba Ron.

Tomó uno de los cuetes, el cual era de un hermoso color verde brillante que jugaba dándole vueltas al cilindro combinado con un color rojo fuego, lo colocó en la mano izquierda de Hermione y le puso la varita en la otra mano.

-Debes saber el hechizo que se necesita.

Harry sobrepuso su mano derecha sobre la de Hermione, con la que sujetaba la varita y pronunció delicadamente, apenas con un susurro la palabra Incendio.

Al tiempo que Hermione sintió un ligero escalofrió recorrer su espalda y un cosquilleo sobre su cuello, el cohete salió disparado hacia enfrente emitiendo un brillante fuego azul, y comenzó a moverse rápidamente de un lado a otro sobre las olas que producía el mar. Hermione no pudo evitar reírse mientras veía aquella bailarina luz moverse sin parar de un lado a otro. Harry se alejó despacio de su lado y se sentó sobre la fría arena. Hermione prosiguió a imitarlo y Bill ya había tomado otro de los fuegos para hacerlo estallar también.

Todos estaban sentados platicando, riendo, disfrutando plenamente de la noche tan bella y asombrosa que presenciaban. Después de unos cuarenta minutos, comenzó a desvanecerse el fénix por fin. Hermione inmediatamente volteó a ver la sirena que se había formado con las luces azules que habían comenzado ella y Harry. La sirena continuaba saltando y sumergiéndose en el agua, mientras a su alrededor correteaba un unicornio, hecho con unos de los fuegos de Fleur. Una vez que la sirena se sumergió por última vez, Hermione dio las buenas noches a todos y se dirigió a su habitación. Cuando ya se encontraba acostada, cubierta por una delgada sabana, se quedó dormida con una bella sonrisa que dejaba saber a cualquiera que le hubiese visto, que aquella noche le había parecido una de las mejores que hubiera tenido.

Era una mañana de sábado cálido y deslumbrante. Habían pasado ya dos días desde que Hermione había tenido ese sueño tan revelador, el cual la había desconcertado por completo. Desde siempre había imaginado el gran orgullo que sentiría el Señor Tenebroso al ver que Hermione le entregaba a Harry Potter, que le ponía en sus manos a aquel que una noche lo había mandado al destierro. Siempre se había visto a sí misma como la superior a cualquier otro que no fuera su Lord, teniendo éxito en la tarea que se le había asignado pero… del otro lado ¿qué sería lo que ocurriría?, aquello nunca había sido su realidad, su conducta frente a sus "amigos" durante todo ese tiempo no había sido más que una obra de teatro para ella, pero ¿qué pasaría con los actores una vez que la obra diera fin? El haber tenido ese sueño le hizo ver que en su mundo sería una heroína, la mujer más valerosa entre todos los mortíferos.

Y, ¿qué sería ella desde el otro lado del escenario?

Se había levantado muy temprano, poniéndose un vestido que le había dejado Fleur, color verde que le quedaba ligeramente suelto de las costillas para abajo. Había tomado su varita, un libro viejo de hechizos y llevando el pequeño bote al mar, se había adentrado al agua en una parte de la playa que se encontraba no muy lejana a la cabaña, pero debido a una pequeña montaña no lograba verse desde ahí.

Entonces allá se encontraba ella, sumergida en sus pensamientos, sobre la balsa que bailaba suavemente de un lado a otro, dejándose llevar sin poner la más mínima oposición a lo que la marea quisiera hacer con él. De pronto, Hermione se dio cuenta que había algo extraño, había algo que hacia un ruido inusual debajo del bote. Se asomó hacia abajo por el lado derecho, pero no encontró nada. Cuando fue a ver hacia el lado izquierdo se percató de una sombra de color café que cada vez se hacía más grande y clara. Ella se agacho mucho más, hasta el punto en que su cara se encontraba a escasos quince centímetros de la superficie del agua, para cuando comprendió a que le pertenecía la sombra había sido demasiado tarde, la cara de Harry se había asomado a la superficie y con un simple "¡boo!" había logrado que Hermione callera hacia atrás dentro del bote. Harry no podía parar de reír mientras Hermione intentaba reincorporarse.

-¡¿Pero qué te ocurre Potter?! ¿Cómo es que me has encontrado?

-Te vi salir muy temprano de la casa y como por aquí no hay nada interesante me dio curiosidad saber a dónde podías dirigirte, así que te seguí. Una vez que te vi tan tranquila sobre el bote no me resistí a dejar mi camisa en la arena para luego asustarte.

-Pues lo has logrado, pude haberte lanzado un hechizo o algo peor.

-Tranquila Hermione, solo estaba jugando. Además, el agua esta deliciosa deberías bajarte y verlo por ti misma.

-No gracias –dijo de manera fría y cortante.

-Está bien, perdón. Me ayudarías a subir al bote -dijo después de escasos dos intentos de hacerlo por sí solo.

Hermione se puso de pie a la orilla del bote y le tendió la mano, una vez que Harry la hubo agarrado ella se agacho un poco, él se elevó con ayuda de su otro brazo sostenido en la madera sólida y cuando tuvo la oportunidad, tiro de Hermione con tanta fuerza que había logrado llevarla al agua. Ella emergió tomando tanto aire como pudo y Harry comenzó a reír.

-¿Pero qué te has creído? No puedes… ver… que yo… no tengo… más ropa… seca –mientras hablaba con sus manos le arrojaba agua a Harry en el rostro.

Harry sin embargo no dejaba de reír, por lo contrario comenzó a lanzarle a Hermione agua de vuelta. Ella entre más agua recibía más se enfadaba así que con gran esfuerzo intento lanzarle a Harry la mayor cantidad de agua que le permitieron sus fuerzas, él se había quedado mudo y solo la observaba esperando su reacción, por lo que de la nada, en sus labios comenzó a aparecer lentamente una sonrisa, y sin darse cuenta la sonrisa se había convertido en carcajada. Harry también comenzó a reír junto con ella y continuaron arrojándose agua mutuamente. Hermione, ya un poco cansada, comenzó a nadar hacia la orilla y Harry no dudo en seguirla, cuando sus pies estaban cerca de tocar la arena que le permitiría llegar a suelo firme, Harry la tomo del pie y la hizo retroceder. Ella, mientras continuaba jugando, se apoyó de los hombros de Harry y lo hizo quedar bajo el agua, por lo que él tomó fuerzas y sujetándola de la cintura había logrado escabullirse entre sus brazos, los cuales quedaron alrededor de su cuello. Hermione dudo por unos instantes en moverse, alejarse de ahí, pero no pudo hacerlo, no pudo siquiera dejar de sujetar a Harry.

Ambos habían dejado de reír, en cambio se miraban a los ojos sin decir una sola palabra, era como si todo su entorno hubiese desaparecido. Hermione bajó su mirada junto con su cara cuando pudo sentir por debajo de la superficie del agua cómo una de las manos de Harry se deslizaba hacia su espalda y la sujetaba con más fuerza, acercándola a él. En ese momento ambos comprendieron que no había escapatoria, lo que estaba por ocurrir era inminente. Hermione elevó de nuevo su mirada y pudo reflejarse en aquellos ojos verde azules que la miraban como nunca antes nadie lo había hecho, ambos comenzaron a acercarse despacio el uno al otro pero fue Hermione quien tuvo el impulso acelerado de ser quien llegara primero.

Ambos quedaron sumergidos en un beso como no había habido otro.

Cuando se separaron se sonrieron y comenzaron a tratar de alcanzar la orilla, el vestido que tenía puesto Hermione, ahora que estaba empapado era mucho más pesado y se le pegaba en las piernas, por lo que Harry se apresuró en ayudarla a salir del agua. Una vez afuera ambos rieron un poco más. Harry, después de abotonar su camisa, tomo su varita y con un hechizo Locomotor jaló el bote hacia ellos. Una vez que el bote llegó a la orilla, comenzaron a caminar sintiendo las olas cuando llegaban hasta donde pisaban sus pies, de vuelta rumbo a la cabaña.

Desde una colina que lograba asomarse a esa parte de la playa, después de haber permanecido ahí un par de minutos, Ron se retiró con las manos en sus bolsillos y la mirada gacha, dejando aquel lugar más solitario de lo que lo había encontrado.

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Anapneo

(Parte 2/2)

(Permite tomar aire)

Harry llevaba días diciéndole a Hermione que era hora de destruir el horrocrux de la copa y después de haber ideado tantas excusas y pretextos, por fin se le habían agotado, así que lo habían decidido.

Ese martes por la noche existiría un horrocrux menos.

La tarde era perfecta, el cielo estaba teñido de colores rosas, morados y naranjas. El sol se encontraba cerca de fundirse en el horizonte y los tres, junto con la copa, se encontraban en aquella parte de la playa donde estarían seguros. Bill y Fleur no los verían destrozar aquel objeto tan maligno y obscuro.

-Bueno, aquí estará bien –dijo Harry colocando la copa sobre la arena. Hermione saco la espada de su pequeña bolsa y se dirigió hacia Ron para que lo hiciera.

-No Hermione, estas equivocada. Ambos creemos que debes ser tú quien destruya el horrocrux –Harry asintió, mirándola emocionado.

-¿Qué? ¿De qué hablan? Yo no quiero hacerlo. Ustedes fueron los que la encontraron, debería ser uno de ustedes dos.

Hermione se sintió tambalear. Ya era suficiente con saber que una parte del alma de Lord Voldemort sería destruida sin que pudiera hacer algo al respecto pero, ¿tener que hacerlo ella misma?

-Debes hacerlo. Yo ya destruí el guardapelo y siendo sinceros tú eres la más valiente entre los tres –interrumpió Ron.

-Así que de verdad creemos que puedes hacerlo –en ese momento le dieron un poco de espacio, tanto Harry como Ron, para que no se sintiera presionada.

-Solo recuerda que el anillo le dio problemas a Dumbledore, al igual que el diario.

-Y qué decir de lo que sucedió con el relicario, me dio un buen susto –dijo Ron.

-Pero una vez que lo hayas hecho será como un gran logro para ti.

-Sí, Hermione –continuó Ron – Yo lo hice y te prometo que de alguna manera te sentirás más libre. Vamos, yo sé que puedes.

Hermione miró la copa y se acercó a ella. Recargo una de sus rodillas sobre la arena y miro por última vez a ambos. Justo antes de lastimar la copa con la espada se sintió muy nerviosa, como si su amo supiera lo que estaba haciéndole.

Estaba destruyendo una parte de él.

En el mismo instante en el que la espada tocó la copa, ésta se disparó con rapidez, dirigiéndose al mar y adentrándose en él. Hermione inmediatamente se puso de pie y comenzó a retroceder al igual que Harry y Ron, pues en el lugar donde la copa se había sumergido se comenzó a alzar una ola de aproximadamente cinco metros de altura en la que podía distinguirse levemente la cara de Voldemort. Los tres comenzaron a correr pero una vez que la gigantesca ola los alcanzo lo único que sucedió fue que terminaron tumbados en la arena, empapados de pies a cabeza. La sensación que sentía Hermione era muy distinta a lo que había sentido cuando supo lo del guardapelo. Ésta vez, como dijo Ron, de alguna manera se sentía un poco más libre.

Hermione se giró para quedar recostada en el suelo boca arriba y sin saber por qué, comenzó a reír al igual que Ron. Mirando el cielo intento pensar las tres primeras cosas que se le ocurrían para sentirse así. Tal vez era que por primera vez se había encontrado en una circunstancia de peligro y la adrenalina dominaba su cuerpo, o porque ya no tenía que pasar todo su tiempo intentando mantener protegido ese objeto o tal vez porque… no. No podía ser eso, lo que había pasado en esa playa la semana anterior no podía haberla hecho cambiar ni aunque fuera un poco. ¿O sí?

-Harry, ¿estás bien? –Ron se había percatado que Harry, lejos de reírse de la situación, se encontraba mal.

Continuaba tirado, con las rodillas tan flexionadas que casi tocaban su pecho.

-¿Qué ha pasado, Ron? ¿Qué le sucedió?

-No lo sé, se puso igual cuando destruí el guardapelo. Debe de ser su conexión con ya-sabes-quien. Tal vez a él le duele y Harry logra sentirlo.

-Ya estoy bien –Harry se levantó, tambaleándose un poco y comenzó a caminar hacia la cabaña.

-Espera Harry, te ayudo –inmediatamente se ofreció Ron, intentando pasar uno de sus brazos por sus hombros para poder cargarlo, pero Harry se zafó de manera grosera.

-¡NO! –en cuanto se escuchó a si mismo cambio su tono de voz –Estoy bien, solo necesito estar un rato solo.

Mientras Harry se retiraba Ron se sentó sobre la arena al lado de Hermione. Había sido un momento demasiado confuso para ella, y tener a Ron sentado al lado no daba espacio para acomodar su mente, por lo que deseo haber sido ella quien se retirara del lugar primero, y no Harry.

-Ron, tenemos que irnos nosotros también, quiero ponerme ropa seca. ¿Tú no? –dijo Hermione interrumpiendo aquel momento silencioso y sereno.

Encontrando una excusa, ella se alejó un poco, y se exprimió distraídamente el cabello empapado de agua al igual que su ropa, el cual llevaba peinado en una trenza que amenazaba con desbaratarse de un momento a otro. Cuando miro un tanto más allá pudo ver la copa semienterrada en la arena, como una concha de mar deseando ser levantada por algún coleccionista.

Caminó hasta donde la copa de Hufflepuff descansaba partida a la mitad con un efecto extraño de derretimiento en ella, como si hubiera sido expuesta a un calor infernal. Se inclinó para recogerla y en ese instante, escuchó la voz seca y apagada de Ron detrás de ella, más cerca de lo que imaginaba:

-Siempre fue él... ¿verdad?

Hermione se congeló en el acto, quedándose de cuclillas junto al horrocrux que había tenido intención de recoger. Un nudo se formó en su garganta. Sabía perfectamente a qué se refería.

-Era bastante obvio –soltó Ron en tono desilusionado. -Siempre lo supe, supe que terminarías queriéndolo a él... a Harry.

Ella se levantó y giró lentamente sobre sus pies para encarar a Ron quien se encontraba exactamente en el mismo lugar en el que lo había dejado segundos atrás. Una sensación extraña la invadió, se sentía fastidiada y sabía que no tenía por qué darle ningún tipo de explicación, pero a la vez no pudo evitar quedarse a desenredar todo aquello en vez de retirarse de allí como deseaba. En el fondo y tal vez sin saberlo, quería creer que si convencía a Ron de que no sentía nada por Harry esto sería verdad.

-Ron...

-No, no necesitas explicar nada. Lo sé... sé lo que ocurrió aquel extraño día en el que los vi desaparecer frente a mí en la enfermería y luego entrar por la puerta de la habitación en solo un instante... aquello que no quisieron contarme entonces, hace cuatro años. Harry me lo confesó todo antes de irme de la tienda de campaña, dijo que no podía ocultarme más que desde aquella aventura que tuvieron salvando a Sirius él comenzó a sentir algo muy fuerte por ti. Entonces le confesé que yo también me sentía de esa manera contigo, desde hace muchos años.

-¿Por eso te fuiste? ¿Por lo que Harry te contó? –preguntó Hermione con el corazón acelerado debido a la sorpresa del giro de la historia... ¿Ron la quería también? –Pero creí que...

-¿Que había sido por el horrocrux? Lo fue, pero lo que realmente hizo el relicario fue aumentar mi enojo hacia Harry porque él era el afortunado que te tendría al final. Yo me sentía inútil, no podía competir contra él, no contra mi mejor amigo. Así que decidí irme. Al final recapacité, y me juré que volvería para ayudarlos a ambos, olvidando todo lo que pasaba entre ustedes.

-Pero ese día... todo fue un encargo de Dumbledore, una misión que nos dejó a nosotros tres. No podías caminar, debíamos actuar rápido, lo único que hubiera conseguido llevándote sería solo lastimarte... fue por eso que solo Harry y yo fuimos.

-Te lo agradezco Hermione, pero por más explicaciones que me des yo sé que tú sentías algo por él desde entonces también. Desde aquél día me ignoraban un poco más, se sentaban juntos, hacían más cosas juntos. Con el paso del tiempo tú te volviste rebelde por el solo hecho de que Harry lo era también, por apoyarlo, por ser a quien acudiera primero para pedir ayuda. Me esforcé por llamar tu atención Hermione, demonios que lo intenté, pero creo que solo fui un imbécil que no supo tratarte como lo merecías.

Ambos guardaron silencio, mirándose el uno al otro. Todo eso no podía ser verdad, era increíble, no podía ser cierto. ¿Cómo era que Ron lo había notado pero ella misma no? Todos aquellos años su única intención de acercarse a él era en beneficio de su señor, pero en el último momento se hicieron tan cercanos que Hermione llegó a enamorarse del enemigo, del elegido, así sin darse cuenta. De pronto, él soltó una débil risa, como intentando quitarle peso a lo que acababa de decir.

-Sabes, la primera vez que te vi no podía dejar de pensar en ti. Cuando entraste por esa puerta de nuestro compartimento en el tren, preguntando por el sapo que Neville había perdido... fue allí cuando sin querer cambiaste mi vida. Y bendito sea el troll el que dejaron entrar en el castillo esa vez.

-Pues no sé de qué hablas. Entre Harry y yo no hay nada, y punto. Deben ser cosas tuyas.

-¿Cosas mías, eh? –respondió con una pícara sonrisa en sus labios, queriendo decir lo que había visto desde la colina que se erguía detrás de ambos, sin embargo prefirió callar. No tenía caso continuar con una conversación que nunca planeo tener –Vámonos, comienza a oscurecerse y como dijiste, ya quiero ponerme ropa seca.

Esa mañana la casa tenía un delicioso olor a pastel de calabaza que Fleur se encontraba preparando. Ron había intentado ayudar pero había causado una ligera explosión en la cocina con su varita por lo que ahora solo se dedicaba a observar sentado en la mesa, lo cual parecía extremadamente aburrido por su expresión. Bill se encontraba en la sala, escribiendo sobre la mesita de centro una carta, probablemente para sus padres cuando Hermione entro a la cabaña.

Las últimas dos semanas, Hermione había adoptado una nueva costumbre. En cuanto abría los ojos se ponían unos jeans, zapatos cómodos y alguna sudadera para enseguida salir a dar un paseo a solas por la playa. La mayoría de la veces se sentaba bajo la sombra de un árbol, uno de los pocos que habían, que estaba cerca de donde habían destruido la copa. Se quedaba ahí un momento y luego se dirigía de nuevo a la cabaña.

Aquello le gustaba mucho, pues las veces que había salido a caminar sola para acomodar su mente o practicar hechizos, había sido en el inmenso jardín de los Malfoy, en los alrededores del castillo de Hogwarts o en el bosque más recientemente, pero en aquel lugar había algo diferente. No sabía si era el vaivén de las olas, la brisa salada que acariciaba su rostro o la tierra que podía sentir con sus pies descalzos cuando tocaban la arena caliente pero algo era seguro, estar en aquel lugar la hacía sentir segura, pues al no tener la presencia de Harry o de su Señor, no había nada ni nadie por quien tuviera que fingir ser alguien que no era.

-¿La has pasado bien esta mañana? –dijo Ron, apenas ella puso un pie en la cocina.

-De maravilla, gracias por preguntar –respondió un poco desconcertada, pero amable.

-Debes estar muy cansada, vamos, siéntate –Ron retiró de la mesa una de las sillas para que Hermione descansara –Aparte Fleur ha preparado un desayuno delicioso.

-Así es –interrumpió ella mientras ponía los platos servidos en la mesa –¡Bill! ¡Ven a la mesa pogfavog!

-Delicioso, a comenzar –dijo Ron en cuanto vio en su plato un par de huevos con tocino, un platón con tostadas al centro de la mesa y su vaso rebosante de jugo de naranja –¿No es genial Hermione? No es que no apreciara tu comida antes pero…

-¿Dónde está Harry? –preguntó Bill.

-En la cama aún –dijo Ron con la boca llena –No ha podido dormir bien durante la noche.

-¿A qué te refieres, Ron? –preguntó Hermione temiendo la respuesta.

-Normalmente habla dormido, pero esta noche no dejo de retorcerse de un lado para otro –y se llevó otro bocado a la boca.

Hermione sabía perfectamente que las ocasiones en las que Harry se movía dormido de esa forma era porque alguien jugaba con su mente, lo cual solo podía significar una cosa: alguien estaba practicando Legeremancia con Harry, pero esta vez no era ella.

Pasado el mediodía, Hermione ya se encontraba junto a Harry y Ron en su cuarto. Los tres estaban sentados en el piso de madera para escuchar las nuevas noticias que Harry tenía para ellos.

-… fue ahí cuando lo vi. Ahí estaba quien-ustedes-saben, sosteniendo con regocijo una varita. No aprecié muy bien la forma de la varita, pero puedo estar seguro que era esa, la varita de sauco, no sé cómo, solo sé que lo sé.

-Harry, te he dicho que no lo dejes entrar –dijo Ron con un dejo de susto en su voz –¿Te imaginas si te ve?… si nos ve –dijo terminando con un chillido y llevándose una manta a la cara dejando solo sus ojos descubiertos.

-No Ron, esta vez pude hacer algo al respecto –la voz de Harry denotaba un poco de emoción –He logrado ver a través de él en esta ocasión.

-¿Y qué fue lo que viste? –preguntó Hermione sin pensar, sintiendo un leve cosquilleo en sus costillas.

-Era él, molesto cuando busco la copa en la vitrina y no la encontró. Después lo vi a él más joven y tenía en sus dedos una diadema, una diadema muy parecida a la que vimos en casa de Luna, y por ultimo sólo pude verlo a él con Nagini, pero eso no importa. Lo importante es que creo que la diadema la vi porque es otro horrocrux.

-¡Es genial, Harry! Ahora solo debemos encontrar la diadema, pero… ¿por dónde comenzamos? –Ron miro a Hermione buscando la respuesta.

-¿Qué? ¿Yo tengo que saberlo todo siempre?

-¿Entonces dices que no sabes?- pregunto Ron incrédulo y desairado.

-Hogwarts –dijo Hermione sin más –Si hay un lugar donde podríamos encontrar la diadema de Rowena Ravenclaw es en Hogwarts.

-¿Entonces volveremos a la escuela? –Harry no sabía si estaba emocionado o asustado.

-Así es, ya esperamos demasiado –Harry y Ron se miraron mutuamente por un segundo –Lo conveniente será irnos en tres días.

Una vez que Hermione volvió a su habitación, ahí recargada aún en la puerta comprendió dos cosas igualmente importantes. La primera, era que si Harry había visto la varita de sauco en manos del Señor Tenebroso era porque había llegado el momento de llevarlo a su encuentro, lo que la hizo mover su cabeza de un lado a otro intentando calmar su mente, y la segunda había dejado a Hermione atónita. De todas las veces que practicó Legeremancia con Harry, éste nunca había sido capaz de descubrir que había sido ella, y aún más de defenderse, y a pesar de que no había vuelto a hacerlo desde su quinto año en Hogwarts, supo que no volvería a ser seguro intentarlo de nuevo.

Ahora que Hermione sabía que Lord Voldemort había obtenido la varita de sauco, lo siguiente era dirigirse a Hogwarts, que era el lugar ideal donde podría llevar a Harry sin que este tuviera la más mínima idea de lo que ella le tenía preparado. No podía arriesgarse a llevarlo a la casa de los Malfoy, puesto que Harry siempre tenía la suerte de encontrar la manera de escabullirse de las manos de cualquiera que quisiera apresarlo, y si lo llevaba directamente ahí y lograba escaparse de nuevo esta vez no tendría forma de volver a su lado aparentando ser su amiga.

Hermione también estaba consciente de que la seguridad en el castillo y sus alrededores había aumentado significativamente, por lo que salió de la cabaña y se perdió entre las colinas que se encontraban a aproximadamente un kilómetro de allí, despareciendo y apareciendo a su voluntad. Una vez ahí, utilizando la marca que tenía sobre la costilla izquierda, llamó a quienes consideraba le serian de ayuda en aquella ocasión.

-¿Nos llamó, señorita Malfoy? –Alecto y Amycus Carrow estaban parados frente a ella, haciendo una breve reverencia con su cabeza ante la presencia de Hermione.

-Así es. Mañana temprano me dirigiré a Hogwarts y necesito que despejen uno de los pasadizos secretos que tiene el castillo para poder entrar a la escuela sin ser vista por absolutamente NADIE. No quiero toparme con ningún guardia, mortífago, dementor o cualquier cosa que hayan implementado para obstruir el paso. ¿Está claro?

-Pero no tiene por qué escurrirse dentro del castillo de esa forma milady, puede pasar por la puerta principal sin problema.

-¿Y por qué quiere ir al colegio, señorita? –Alecto había interrumpido a su hermano.

-¡Eso no les importa! –una vez que Hermione alzo la voz ambos agacharon la cabeza –¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones a mortífagos como ustedes?

-Lo sentimos mucho. Todo se arreglará para hacerse como usted ha dicho –Amycus hablaba despacio y cuidando sus palabras ahora, sin embargo Alecto, a pesar de sonreír lo hacía de manera obviamente forzada.

-¿Y cuál es el pasadizo que desea que sea abierto, señorita Malfoy? –mencionó Alecto con fingida amabilidad –Si me permite sugerir, el pasadizo que lleva desde Honeydukes me parece el indicado, y una vez que esté dentro del castillo, si lo que quiere es permanecer sin ser descubierta por alguien más, entrar por detrás de la estatua de la bruja jorobada le facilitara la situación.

-Sí, me parece bien. No lo olviden, esto no puede saberlo nadie, ¿entendido? NADIE. Y si esto funciona me encargare de decirle al Señor Tenebroso que me han sido de gran ayuda –En ese momento ambos sonrieron con naturalidad, viéndose el uno al otro como seña de complicidad.

-Así será milady. No tiene de que preocuparse –dijo Amycus.

-Pueden retirarse.

Acto seguido, ambos hermanos desaparecieron dejándola sola entre aquellas colinas.

Hermione se dirigió de nuevo a la cabaña. Tenía una sensación un tanto extraña, no lograba entender exactamente qué era o por qué la hacía sentirse así, sólo sabía que no era algo que quisiera continuar sintiendo por mucho tiempo.

Una vez que entro en la cabaña la primera cara que vio fue la de Harry, quien se veía aliviado de haberla visto.

-Hermione, ¿dónde estabas? Te busqué en tu habitación pero no te encontré ahí ni en el resto de la casa –Harry se veía obviamente interesado sobre dónde había estado y por qué no había avisado a alguien que saldría.

-Es la última tarde que pasaremos aquí y quería salir a explorar los alrededores por última vez. Desde mañana temprano me dedicare a arreglar nuestras cosas para marcharnos después del mediodía –Hermione se veía perdida, y fingiendo un interés absurdo en una concha de mar que tenía en las manos, había mencionado aquello sin mirar a Harry a los ojos.

Ron al escuchar voces en el recibidor se dirigió hacia allá, pues al igual que a Harry, le parecía extraño que Hermione no estuviera en casa ni en algún alrededor cercano. Una vez que los vio a ambos cerca de la entrada principal se recargó con el hombro en el marco de madera que daba a la sala y metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, como señal de que de alguna manera sentía que interrumpía.

-Hermione, qué bueno que has vuelto. Fleur me mandó a decirles que la cena ya está lista –la voz de Ron era seria y no elevaba la mirada desde el suelo a alguno de ellos por más de tres segundos.

-Gracias Ron, ya vamos –Harry contestó por los dos.

-No gracias. Lo siento, pero no me siento con mucha hambre, solo iré a la cama –Hermione miró a Ron, quien seguía en la misma posición. Éste asintió con la cabeza en señal de aprobación –Dile a Fleur que gracias de todos modos.

Hermione subió las escaleras y se dirigió a su habitación. Una vez dentro empujó la puerta a su espalda y ni siquiera se molestó en pasar el seguro. Se quitó la ropa que sentía ligeramente húmeda y se puso una playera cómoda que le quedaba apenas debajo del ombligo y una pantalonera de franela. Lo único que conservó puestos fueron sus calcetines. Alzó la sabana junto con la ligera cobija que tenía encima y se metió a la cama.

En cuanto puso su cabeza sobre la almohada los pensamientos comenzaron a pasar por su cabeza, uno tras otro sin poderlos detener. Sabía que al día siguiente todo por lo que había estado esperando desde que tenía uso de razón sucedería. En la siguiente noche ella estaría entregándole a su amo a Harry Potter de una vez por todas. Esto fue algo que siempre imaginó con una gran sonrisa en su rostro y era algo por lo que había trabajado durante muchos años y por fin estaba a punto de tener éxito, un logro que pocos podrían igualar. Pero entonces, ¿por qué no se sentía feliz? ¿Qué estaba pasando? Algo le provocaba un ligero dolor en su estómago al imaginarse ahora a Harry frente a Voldemort.

Ahora él tenía la varita de sauco.

Ésta vez él ganaría de una vez por todas.

-…reparo, serpensortia, tarantallegra… -Hermione pronunciaba estas palabras apenas con un susurro.

Había pasado ya una hora, mas no lograba conciliar el sueño. Estaba acostada con los ojos cerrados jugando al "abecedario". El "abecedario" era un juego que se había inventado cuando no lograba quedarse dormida pronto. El juego consistía en tomar un tema y comenzar a decir cosas o palabras relacionadas a ello por orden alfabético, y generalmente lograba dar resultado pues casi nunca llegaba a la "Z", pero en esta ocasión ya había jugado con nombres de criaturas mágicas y ahora estaba cerca de terminarlo con hechizos.

-"U".¿Qué hechizo comienza con esa let… -se interrumpió a si misma cuando escuchó la perilla de su puerta girar, para después oír el rechinar de su puerta al abrirse lentamente.

-Hermione, ¿estás despierta?

Al escuchar la voz de Ron, automáticamente actuó como si estuviese dormida

-Oh, creo que no, supongo que hará esto más fácil. Te he observado desde que teníamos once años, eres una de las personas más importantes que existen en mi vida –Ron se había sentado ya en un sillón que estaba muy cerca de la cama donde Hermione estaba recostada, quien le daba la espalda, así que Ron solo podía ver su cabello rizado caer desde su cabeza a la almohada y las puntas que caían sobre el colchón –Tengo mucho miedo sobre lo que pueda pasar mañana, esto no puede sorprenderte mucho puesto que sabes que siempre he sido el más miedoso de los tres y eso me ha hecho sentir muchas veces que sobro en todo esto, y siempre trato de hacer mi mayor esfuerzo pero no solo me refiero a eso. Desde aquella vez que tú y Harry liberaron a Sirius pude ver algo en la mirada de él, algo me hizo ver que mi mejor amigo en algún momento podría convertirse en alguien a quien pudiera envidiar profundamente. Trate de ignorarlo, de verdad que trate Hermione, pero entre más trataba de sacarte de mi mente más hermosa te veías cada mañana. Y después pasó lo del baile del torneo de los tres magos. Creí que de alguna manera Harry sabría lo que yo sentía por ti y ambos buscaríamos parejas por otro lado, pero no puedo olvidar lo que sentí aquella vez que bajé las escaleras para llegar a la sala común y ahí estaban ustedes dos. No había escuchado bien lo que él había dicho pero cuando dijiste "Si" con una sonrisa en tu rostro comprendí que irían juntos al baile…

"Si supieras que esa sonrisa fue fingida tal vez te sentirías mejor", pensó Hermione.

-Desde entonces me guarde dentro todo lo que sentía, e incluso una chica, ¿cómo se llamaba? Mmm… Lavender o algo así, se veía interesada en mí, pero simplemente no eras tú. Debo aceptar que en algunas ocasiones creí que terminarías eligiéndome a mí, pero después de lo que vi hace dos semanas… –"¿Qué fue lo que sucedió hace dos semanas?", Hermione no sabía a qué se refería Ron hasta que dijo lo siguiente –Ese beso fue lo que siempre imagine para mí. Mi corazón se partió como una copa de vidrio que cae desde una mesa muy alta. Sentí como mi corazón se detuvo por unos segundos, morí por unos segundos, un nudo en mi garganta no me permitió gritar como hubiera deseado, pero el único par de lágrimas que derrame esa tarde fueron las más sinceras de toda mi vida. Tienes que saber que de ningún modo dejaría que algo cambiara entre nosotros. Si como amigo me quieres como amigo me tendrás, de eso no hay duda, estaré junto a ti y a Harry hasta el día que muera, pero si pudiera devolver el tiempo, hubiera hecho cualquier cosa para que eso cambiara, me hubiera gustado que me hubieses elegido a mí, me gustaría que hubiésemos terminado juntos tú y yo. Pero las cosas no siempre terminan como uno quisiera, ¿cierto? –esto último lo dijo con una ligera risa, como riéndose de la sola idea –Gracias por escucharme Hermione, tal vez nunca vayas a saber todo esto, pero no pueden decir que no te lo dije.

Ron salió de la habitación, tan silencioso como había entrado. Si Hermione estaba batallando para dormir, ahora estaba segura que no lograría dormir en toda la noche. ¿Cómo era posible que Ron hubiera visto todo aquello que había pasado, pero ella no se hubiera dado cuenta?
Pero nada de eso importaba ya.
En veinticuatro horas la vida de los tres cambiaria y no había manera de arreglarlo.

Harry, Ron y Hermione estaban en la puerta de la cabaña, listos para salir. Hacia horas que Harry le había entregado a Hermione todas sus cosas; sus ropas dobladas (incluso los calcetines), sus libros apilados y todo en perfecto orden. En cambio Ron solo le había dejado sobre su cama una montaña de ropa, sucia y limpia revuelta, unas fotografías que le había dado Bill se encontraban sobre todo el barullo y obviamente no había libros, pero incluso hasta hacia cinco minutos antes de salir continuaba dándole a Hermione algunas cosas extras que había olvidado o perdido hasta ese día.

-Bueno chicos, me ha dado mucho gusto teneglos aquí todo este tiempo –Fleur le dio un abrazo a Harry, después otro a Ron y este no pudo evitar sonrojarse un poco, y por ultimo uno a Hermione, quien no pudo evitar sentirse incómoda ante la inesperada muestra de afecto.

Fleur volvió al lado de Bill, quien la abrazo por los hombros.

-Cuídense mucho, por favor, y en cuanto hayan encontrado lo que sea que estén buscando, saben que pueden volver aquí –todos sonrieron a Bill y salieron por la puerta.

Habían avanzado solo un par de metros. Hermione extendió sus manos para tomar a Harry y a Ron. Ambos se veían un tanto nerviosos.

-Entonces… –dijo Ron para calmarse a sí mismo y a los demás –…el plan es entrar al castillo, buscar y encontrar la diadema y salir de ahí. Después volveremos a algún bosque y Hermione nos preparara una de esas comidas con hongos, ¿cierto?

-Cierto, Ron –contestó Harry con una sonrisa.

Hermione miró sobre su hombro por última vez aquella playa que tanta tranquilidad le había regalado. El cielo estaba claro y despejado, como si fuera intencional para que el cálido sol que pegaba con rayos de luz en sus ojos pudiese darle una despedida esplendida. Miró a Ron, quien aún esperaba su respuesta.

-Así será, Ronald –miró fugazmente de nuevo la playa y en un santiamén, los tres había desaparecido.

Hola a todos! He aquí la segunda parte de este noveno capítulo, que esperamos disfruten de igual manera. Primero que nada queremos agradecerles nuevamente por que nos sigan y se tomen el tiempo para leer nuestro fic. Nos encanta leer sus reviews y nos encantaría seguir conociendo sus opiniones.

Más capítulos por venir! :)