10

Confundus

(Desconcierto)

En cuanto sus pies tocaron tierra, Hermione abrió los ojos y corroboró el lugar donde habían aparecido; justo en la puerta de entrada de la tienda de Honeydukes, en el tan conocido pueblo de Hogsmeade. Por un instante que le pareció eterno permaneció quieta al lado de Harry y Ron, intentando detectar algún incentivo que le dijera que había mortífagos esperando en cada esquina para atacarlos. Luego de escuchar solamente el leve sonido de sus respiraciones pudo relajarse.

Los mortífagos habían cumplido su palabra. Le habían dejado la vía despejada.

Sin decir una palabra, Harry fue quien decidió tomar la iniciativa. Las palabras Alohomora salieron de entre sus labios al tiempo que hacía un suave movimiento con la varita que había sacado de entre sus ropas. Con esto, Hermione se había quedado completamente perpleja. La varita que Harry tenía ahora la había visto durante mucho tiempo en la mano de alguien más, no podía estar equivocada. Aquella varita era inconfundible para ella. Hermione estuvo a punto de preguntarle a Harry el por qué tenía la varita de Draco Malfoy, pero en el momento justo entre abrir la boca y decir las palabras decidió que debía buscar la manera de preguntar de una forma segura, así que decidió esperar un poco más.

Una vez que la puerta quedó entreabierta los tres pasaron al interior de la tienda, teniendo el debido cuidado de no hacer demasiado ruido, pues sabían que el matrimonio poseedor de la tienda vivía en la parte de arriba del lugar, si es que aún se encontraban ahí, pues todo aunque de forma muy ordenada, se veía claramente abandonado. Una ligera capa de polvo se había encargado durante meses, al parecer, de cubrir todas aquellas superficies que le fueron posibles, incluyendo el piso de cuadros blancos y negros y la máquina registradora.

-¿Qué ha pasado aquí? –preguntó Hermione sin poder encontrar una explicación a lo que veía, y fue Harry quien la secundó.

-Es como si nadie entrara ya a la tienda… nunca.

-Es muy extraño, de verdad da miedo –continuó Ron mientras con sus dedos quitaba el polvo de un gran contenedor cilíndrico de vidrio para ver los coloridos dulces en su interior.

-No importa –dijo Hermione tratando de quitarle importancia a algo que sabía, no descubriría quedándose ahí más tiempo –Tenemos que irnos.

Hermione comenzó a caminar con rumbo a las escaleras que los llevarían al sótano de la tienda. Sintió los pasos de Harry justo detrás de los suyos, sin embargo, miró hacia atrás un tanto molesta al darse cuenta que Ron se había quedado rezagado. Estaba parado frente a una vitrina, la cual tenía decenas de frascos con diferentes dulces y algunos de ellos estaban abiertos. Ron tenía su puño dentro de uno con pequeñas gomitas moradas cuando sintió la mirada de Hermione sobre él y giró su cabeza solo para ver cómo Hermione le lanzaba una mirada de desesperación.

-Son para el camino –contesto masticando algo que parecía chicloso –De todos modos parece que nadie los comerá después.

Hermione se dio la media vuelta para continuar su camino y Harry la siguió con una mueca que no dejaba duda las ganas que tenia de reírse en voz alta. Ron corrió un poco para alcanzarlos no sin antes tomar un par de chocolates más.

El túnel era oscuro, ya habían caminado por un largo rato mientras se guiaban con el hechizo Lumos que salía de la varita de Harry, y decir que Hermione se encontraba completamente confundida era decir poco.

La tienda abandonada. La varita nueva de Harry. Lo que le esperaba en el castillo.

Estaba totalmente sumergida en sus pensamientos, caminando detrás de Harry y delante de Ron, quien estaba destapando una rana de chocolate. Harry se detuvo en seco y Hermione topo con él sin querer y ambos voltearon completamente asustados al escuchar a Ron haber gritado "¡Bellatrix!"

-¿Dónde está Bella? –Hermione ya había sacado su varita y estaba lista para atacar.

-¿Cuál Bella? –dijo Ron sin entender nada, de forma muy relajada.

-¡Bellatrix Lestrange! Acabas de gritar su nombre.

-No dije "Bellatrix", dije Beatrix, Beatrix Bloxam. Me salió en el cromo de la rana de chocolate –por la forma en que Hermione lo miró nuevamente supo que necesitaba decir algo más para que ella no le causara algún tipo de dolor físico –Es que Fred me prometió cambiarme una de estas por la de "Andros el Invencible".

Hermione sintió una ola de coraje subir hasta su cabeza, pero repentinamente se dio cuenta de lo absurda que había sido la situación, y sin más, comenzó a reír, reír como no creyó poder hacerlo en aquellos momentos. Harry, quien la había visto confundido al principio, comenzó a reír con ella por lo que Ron también los acompaño en su pequeño momento de alegría.

Una vez que siguieron su camino, un poco más relajados, Ron notó algo que no pudo guardarse.

-Oye Hermione, ¿desde cuándo a Bellatrix le dices "Bella"?

Hermione solo continuó caminando, no se había dado cuenta hasta el momento en que Ron lo había mencionado.

-¿De qué hablas, Ron? Yo no dije eso –trató de sonar lo más obvia y convincente posible.

-Es verdad, Hermione. Yo también te escuche decirlo –mencionó Harry aún mirando al frente.

-No lo sé. No me di cuenta. Supongo que con el susto su nombre me pareció muy largo de mencionar y lo pronuncie de esa forma inconscientemente.

Harry bajó el ritmo al sentir que el pasadizo ahora estaba un poco empinado, por lo que terminó casi hombro con hombro junto a Hermione. Ella miró la varita que sostenía Harry y estando tan cerca de llegar, supuso que era mejor preguntárselo de una vez.

-Harry, ¿de dónde has sacado esa varita?

-Se la quité a Draco cuando estábamos en la mansión Malfoy.

-Pero, ¿por qué? –preguntó Hermione sin la más mínima preocupación de sentirse fuera de lugar.

-Todo fue muy rápido, y muy extraño también. Bellatrix te había hecho daño, lo supimos porque estabas tirada cerca de donde se encontraba ella. Lo que me pareció extraño fue que estaba combatiendo con hechizos fuertes en contra de la madre de Draco, pero cuando nosotros entramos a la habitación le molestó tanto que hubiéramos escapado que comenzó a atacarnos a Ron y a mí, y debo decir que las defensas que creó Ron repetidas veces contra ella fueron bastante buenas.

-¡Oye! –interrumpió Ron tratando de defenderse, Harry sólo continuó con la historia.

-Cuando de pronto vi que Draco entró con mucha prisa a la habitación. Supuse que nos atacaría, por lo que sin pensarlo lo desarmé usando un Expelliarmus y fue entonces que su varita cayó en mi mano. Pero si hubiera sabido lo que pasaría después, tal vez no lo hubiera hecho.

-¿De qué estás hablando?

-Cuando lo desarme, y Ron continuaba defendiéndonos de Bellatrix, la madre de Draco la atacó y la dejo petrificada en el suelo, habló de algo con Draco y por alguna extraña razón fue que nos sacó a todos de allí. ¿No te parece extraño?

Hermione no encontraba palabra alguna para contestar a Harry, por lo que sólo asintió con la cabeza cuando éste la miró a los ojos esperando cualquier respuesta.

Mientras ella iba caminando, miró hacia su alrededor, un túnel oscuro, antiguo, abandonado, pero lo más impórtante, con una sola salida. ¿Así era su vida? ¿Con una sola salida? Desde que podía recordar, había sido encaminada al regreso y triunfo del Señor Tenebroso, pero ahora se encontraba caminando junto a dos personas que la querían, que la consideraban su "amiga", concepto que ella nunca vio dentro de su relación con ambos.

Una vez que llegaran al final de aquel camino, sabía a ciencia cierta lo que estaba destinado a suceder. Ella, ascendiendo al lado de su señor, para crear un nuevo concepto de vida tanto en el mundo mágico como en el muggle, pero antes de llegar a eso el chico pelirrojo que caminaba detrás de ella, quien una noche en la que aparentaba estar dormida le había prometido estar con ella sin importar nada, quedaría completamente destruido, puesto que no importaba su sangre limpia debido a ser, junto a toda su familia, un traidor a la sangre. Y por otro lado, estaba Harry.

Harry.

Ese nombre retumbaba en su cabeza sin poderlo evitar. Siempre había sido para ella nada más que un objetivo, incluso aquella vez en la tienda de acampar logró devolver el orden en su cabeza, pero después de todo lo que había sucedido en el tiempo que se resguardaron en la cabaña de Bill, y sin entender muy bien cómo, algo grande había cambiado. Las tonterías de Ron ya no la mortificaban tanto, incluso algunas le parecían graciosas y en cuanto a Harry, nunca creyó que hubiese alguien capaz de mirarla de esa manera, de quererla de esa manera… de besarla de esa manera.

De pronto la verdad le dio en la cara. Eso era amor y amistad. Siempre sintió que al lado de Draco no necesitaba nada más, pues con él tenía todo el apoyo que necesitaba, y lo que sentía por él era una gran hermandad, pero estos dos términos eran tan diferentes. ¿Por qué tenía que haber descubierto todo esto cuando ya era demasiado tarde?

Pero, ¿era realmente demasiado tarde?

-¡Hey, miren! –dijo Ron señalando hacia el frente del camino –Ahí está la entrada.

Los tres se apresuraron hasta quedar escondidos detrás de la estatua de la bruja jorobada. Después de la manera en la que habían encontrado el pueblo de Hogsmeade, no había forma segura de saber cómo estaban las cosas dentro del castillo. Incluso Hermione no sabía realmente que tan fieles le serían los hermanos Carrow.

-Vamos, debemos movernos. No podemos seguir aquí mucho tiempo. Dense prisa y no hagan ruido.

En cuanto Hermione dijo esto, el miedo quedó reflejado en el rostro de Ron. Hermione fue la primera en salir del escondite y Harry junto a Ron la siguieron, con extrema cautela.

-¿Y a dónde vamos ahora? ¿Dónde buscamos primero? –preguntó Harry a Hermione mirando sagaz hacia sus alrededores.

-Necesito pensar –dijo Hermione en un tono un poco más alto de lo que había sido su intención.

En cuanto giraron en una esquina, pudo percibir a Alecto entre las sombras de una estatua. Los miraba fijamente, sin moverse. Hermione aminoró el paso para quedarse detrás de Harry y Ron. Aprovechó el acto para dirigirle una mirada penetrante. Alecto asintió con lentitud, dándole a entender a Hermione que lo que habían pactado seguía en pie. Ella asintió levemente hacia las sombras donde sabía que la miraba ese par de ojos de mortífago, como si con ello le agradeciera.

Esto le dio a Hermione un poco más de tranquilidad, ahora solo necesitaba llevar a Harry y a Ron a un lugar seguro, por lo menos hasta lograr decidir qué hacer con ellos. Había llegado la hora de entregar a Harry, al fin. Esta vez, no había manera de que pudiera escapar, pero saber que ya no podría escapar, ahora no le causaba la misma felicidad de antes.

-Harry, préstame el mapa del merodeador.

Harry inmediatamente obedeció a Hermione sin hacer preguntas. Lo sacó de su bolsillo y se lo entregó. Hermione lo desdoblo teniendo cuidado de que Harry y Ron no fueran a saber que había un mortífago o alguien más cerca y se fueran a asustar, pero una vez que comprobó que estaban solos, lo bajo un poco y ellos lo tomaron como una invitación para asomarse también.

-¡Miren! –dijo Harry –¡Ahí está Neville!

-¿Dónde? No lo veo –Hermione movía su vista de un lugar a otro hasta que Harry le indicó el lugar con su dedo –Harry, ahí no hay nada.

-¡Te juro que lo vi, Hermione! Ahí estaba. Tal vez se desapareció.

-No pudo haber desaparecido, no se puede hacer eso en el castillo, es impo…

-Debe estar en la sala de menesteres. No se ve en el mapa. Lo dijiste hace un año –dijo Ron mirando a Hermione completamente convencido de lo que decía.

-Si es cierto –contestó Hermione perpleja.

-Pues vamos.

Avanzaron un poco para quedar frente a un muro amplio. La idea de ir a la sala que viene y va era precisamente lo que necesitaba, un lugar tranquilo donde pudiera decidir cuál sería por fin su siguiente paso, pero para su mala suerte, después de que Harry había invocado la entrada con el pensamiento y habían entrado a la habitación que los guiaría hasta Neville, Hermione se dio cuenta que un lugar tranquilo, no era lo que había obtenido.

La sala que viene y va, estaba acondicionada con muchas camas que apenas dejaban espacio para caminar entre ellas y hamacas en todas direcciones, colgando de los lugares menos esperados. Había decenas de alumnos, al parecer refugiados de su propia escuela. En el momento en que todos se percataron de que aquel trio había entrado a la habitación, una secuencia de risas y aplausos retumbaron en cada centímetro de pared. Neville inmediatamente corrió hacia ellos y los abrazó a los tres a la vez, con toda la fuerza que soportaron sus débiles brazos.

-¡Neville! ¿Qué fue lo que te pasó? Te ves…

-Destruido, ¿no? –contestó Neville a Harry con una sonrisa mientras se rosaba con suavidad una cicatriz en su rostro –Esto no es nada, Seamus está peor. Pero, ¿cómo fue que lograron entrar al castillo?

-Por el pasadizo que llega a Honeydukes –dijo Harry como si aquello fuera demasiado sencillo y obvio.

-¿Cómo lograron eso? Todos los pasadizos han estado bloqueados desde hace mucho tiempo ya. Siempre vigilados por mortífagos o dementores.

Hermione sintió una gran ola de nervios al no saber cómo podrían responder a eso, pero para Harry aquello era muy sencillo.

-Creo que corrimos con suerte.

Mientras Harry sonreía al sentirse el hombre con más suerte de todo el mundo, Hermione se sintió tranquila al ver que se habían conformado con tan vaga respuesta.

-¿Dónde está Luna? –a Hermione le había parecido extraño que después de haber insistido tanto en acompañarlos, se hubiera quedado en casa después de todo.

-Su padre no le permitió volver al colegio. Quería tenerla segura en casa –Cho fue la única que supo contestar –Pero prometió que nos escribiría seguido, aun así tenemos poco más de un mes que no sabemos nada de ella.

-¡Cayó un relámpago! ¡Repito, cayó un relámpago!–se escuchaba que alguien decía a lo lejos.

-Gracias a todos –comenzó a decir Harry dirigiéndose a todos los alumnos que se encontraban ahí, quienes inmediatamente le prestaron súbita atención –Pero ahora necesito su ayuda. Tenemos que encontrar algo. Algo escondido aquí en el castillo. Nos puede ayudar a vencer a ya saben quién.

-Bien, y ¿qué es? –interrumpió Neville a nombre de todos.

-La diadema de Rowena Ravenclaw–al decir esto, la gran mayoría los miró con desconcierto.

-Bueno, y ¿dónde está? –preguntó ahora Dean.

-Eso no lo sabemos.

-¿La diadema? –intervino Cho –Pero lleva perdida siglos, no hay persona viva que la haya visto alguna vez.

De la nada, algunas de las personas que se habían acercado hasta rodearlos, abrieron paso a una chica pelirroja cuyos ojos brillaron en el momento en que vio a Harry. Hermione en cuanto se percató de la situación, pues siempre había sabido lo mucho que le había gustado Harry, se acercó a él y lo abrazo. Al chico de anteojos le pareció un poco extraño aquel acto, sin embargo se sintió feliz, y Hermione se sintió igual al ver a Ginny contenerse ante la presencia de Harry. Ginny se sintió incomoda instantáneamente, por lo que prefirió hablar de una vez.

-Snape lo sabe. Sabe que Harry está dentro del castillo.

En ese mismo instante, Hermione sintió como su sangre hervía mientras corría por sus venas a alta velocidad.

Los malditos de los Carrow le habían dicho todo a Snape.

Ahora que todos debían dirigirse al gran comedor, sabía que fuera cual fuera su decisión, debía tomarla pronto. Algo muy dentro de ella le dijo que debía permanecer al lado de Harry, continuar cuidándolo, y en el intento, darse un poco más de tiempo para convencerse a sí misma de lo correcto.

-Podemos ir con ellos, Harry. Así nos daremos cuenta de lo que trama Snape al llamarlos a todos –le dijo Hermione al oído.

-Tienes razón, vamos –respondió luego de unos segundos de silencio, antes de que Ron pudiera interferir.

Hermione sonrió, pensando que la idea no podría ser mala del todo.

Después de una marcha casi militar, todo el alumnado del colegio se encontraba en estrictas filas, alineadas según sus respectivas casas. El silencio reinaba el lugar. En los rincones, y pegados a las paredes, se encontraban la mayoría de los profesores y al frente de todos, teniendo a los lados a los hermanos Carrow, se encontraba el director de Hogwarts, Severus Snape.

-Muchos deben estar preguntándose por que los hice venir a esta hora –no podía escucharse nada más que la seria y dominante voz del nuevo director. –Me fue notificado que esta misma noche, Harry Potter ha entrado en el castillo. Y ahora, si cualquiera, estudiante o maestro pretendiera ayudar al señor Potter, será castigado de una manera consistente, con la severidad de su infracción. Y aún más, cualquiera que esté al tanto de estos eventos y que evite confesarlo ahora, será acreedor a un castigo igual.

Todos y cada uno de los estudiantes quedaron en un silencio aún más profundo, esquivando la fría mirada de Severus fijando sus vistas hacia el suelo. Al no obtener respuesta alguna, continuó sus amenazas mientras caminaba entre los pasillos que formaban las filas de estudiantes.

-Si alguien aquí, sabe algo de los movimientos de Potter de esta noche lo invito a que pase al frente. Ahora –esto último había terminado de helar las emociones de quienes lo escuchaban.

Snape supuso que nadie hablaría, por lo que hizo un ligero ademán de volver a su lugar, pero su intención fue abruptamente quebrantada en el momento en el que de entre los alumnos, Harry Potter salió para sorpresa de la mayoría de las personas que estaban ahí, incluyendo a los Carrow.

-Parece que a pesar de sus exhaustivas estrategias de defensa, aún tiene un pequeño problema de seguridad, profesor.

En ese instante, las grandes puertas del salón se abrieron para dar paso a los integrantes de la orden del fénix. Entre ellos, justo detrás de Kingsley que era quien encabezaba al grupo, estaba Hermione, quien no dudo ni por un instante en lanzar una mirada furtiva y llena de odio a los Carrow. Amicus se veía claramente sorprendido y asustado ante la reacción de Hermione. En cambio, Alecto sonreía de forma burlona al ver la situación que Hermione enfrentaba en ese momento.

-Y me temo que es bastante grande –entre más palabras salían de su boca, Harry parecía sentir más seguridad de lo que decía y el coraje comenzó a brotar en cada una de las letras que pronunciaba – ¡Qué agallas de tomar su lugar! ¡Dígales lo que pasó esa noche! ¡Él estaba mal, estaba débil y me pidió que lo llevara con usted! ¡Dígales cómo abandonó al hombre que confió en usted! Cuando usted se lo llevó, era para que lo ayudara, y en cambio lo siguiente que supe era… ¡ERA QUE ESTABA MUERTO!

El director ha muerto por causas naturales…

Esa declaración había sido la versión oficial sobre su inesperada muerte, por lo que todos estaban gravemente sorprendidos, todos excepto Draco y Hermione, que eran de las pocas personas que conocían la completa verdad sobre aquella noche.

Al no tener ninguna intención de dar explicaciones, Snape alzó su varita en contra de Harry, pero no obstante, la profesora McGonagall tomó el lugar de Harry en lo que sería una batalla intensa. Rayos de luz, que más que luz parecían llamas de fuego, comenzaron a atacar a Snape, quien sin el más mínimo intento de atacar, se contuvo a solo defenderse.

Fue en aquel momento que Hermione, en cuanto escuchó su voz sin que nadie más se percatara de aquello cruzó brevemente una mirada con él, puesto que por medio de la Legeremancia, le había hecho llegar su mensaje. Al ver como Severus retrocedía, los Carrow comenzaron a encaminarse hacia la salida. Para cuando Snape se transformó en un una nube espesa y negra, antes de que ambos dieran un paso más, Hermione lanzó un poderoso hechizo que sin duda, los había dejado inconscientes y fuera de combate. Ron la miró completamente sorprendido, Harry corrió hacia ella y la abrazó con un cariño desbordante.

Todos celebraban fervientemente pero de la nada, Harry, quien aún se encontraba en los brazos de Hermione, comenzó a desvanecerse. Era como si sus piernas hubieran olvidado que debían mantenerlo en pie. Hermione sabía que Harry estaba por escuchar la voz del Señor Tenebroso, y lo sabía porque ella comenzaba a sentir lo mismo al igual que todos los que se encontraban ahí. Desde uno de los rincones del salón los agudos gritos de una chica comenzaron a resonar provocando escalofríos a todos los presentes, y mientras esto sucedía, Hermione escuchó la gélida voz de su señor, proveniente de los confines más profundos de su propia mente:

"Hermione, sé que has logrado satisfactoriamente traer a Harry hasta aquí, pero ahora hay algunas personas que pueden… cómo decirlo… estorbar. Así que haré que todo sea más fácil para ti ahora, estamos muy cerca de lograr tener éxito de una vez por todas. Yo estoy aquí"

El siseo en cada sílaba le había congelado su ser, dejándola petrificada, mientras un segundo grito surgía desde el extremo opuesto de donde había salido el primero, y nuevamente comenzó a escuchar la voz del Señor Oscuro, pero esta vez, por las expresiones de pánico que tenían todos a su alrededor, supo que todos la escuchaban. Cada quien tenía aquella escalofriante voz retumbando con ecos dentro de su propia cabeza.

"Sé que muchos de ustedes querrán pelear, incluso algunos pensaran que pelear es sensato. Pero es una locura. Entréguenme a Harry Potter. Háganlo, y nadie saldrá lastimado. Denme a Harry Potter y dejaré a Hogwarts intacto. Denme a Harry Potter y todos serán recompensados. Tienen una hora."

Todos tenían sus miradas puestas sobre Harry. Pero cada rostro tenía una expresión distinta. La de algunos era de incertidumbre, otros de terror. Sin importar nada, después de aquella experiencia tan perturbante, una alumna con un poco de tela verde en su uniforme alzó la voz mientras señalaba a Harry.

-¡¿Qué están esperando?! ¡Que alguien lo atrape!

Sin la más mínima demora, Ron dio un paso para quedar delante de Harry, dejando lo suficientemente claro que no estaba dispuesto a entregar a su amigo. Otros prosiguieron a imitarlo. Hermione no entendió en ese momento de manera plena, qué era lo que llevaba a otros a dar frente por alguien con quien algunos solo habían cruzado uno saludo con él por las mañanas. Entonces recordó, al perecer, que hacía unos momentos atrás, ella había comprendido el significado de amistad, pero todos aquellos estudiantes que habían estado de una u otra forma con ella en el transcurso de sus años en Hogwarts, lo habían sabido desde siempre.

-¡Profesor Slughorn! –dijo la profesora McGonagall con voz demandante al profesor, quien se veía que lo que más deseaba era retirarse de ahí –Por favor, lleve a la señorita Parkinson y al resto de los estudiantes de Slytherin directo a los calabozos.

Harry se había acercado a la profesora, mientras Hermione buscaba a Draco entre la multitud que estaba siendo llevada en dirección a las mazmorras, y por fin sus ojos grises resaltaron entre todos los demás. Hermione se preocupó por él, pero con un ligero gesto le hizo saber que todo estaría bien. "Potter, que gusto verte", escuchó Hermione decir a la profesora y vio cómo Harry le devolvía el cumplido con una inocente sonrisa. Ahora Harry se dirigía hacia ella al igual que Ron.

-Tenemos que ir a la casa de Ravenclaw, debemos empezar a buscar allí.

-Harry, lo siento. Deberán ir sin mí –le dijo Hermione con la esperanza de que no le hiciera muchas preguntas que sabía, no podría responder –Hay algo que debo hacer antes.

Ron quiso preguntar de qué se trataba, pero antes de que saliera la primera silaba, él guardó silencio. Harry se desconcertó con la petición de Hermione, pero no había mucho tiempo para explicaciones por lo que no le pidió ninguna.

-Está bien. Tienes el mapa, ¿cierto? –Hermione afirmó con un rápido movimiento de cabeza –Perfecto, con él podrás encontrarnos cuando hayas terminado lo que sea que tengas que hacer, pero por favor, cuídate mucho.

Harry miró a Hermione de una manera que no necesito decir nada más, y Ron, que estaba mirándolos a ambos, bajó su mirada al piso por unos segundos y luego la levantó de nuevo con un poco de pesar.

Hermione se dio la media vuelta y Harry y Ron siguieron su camino, pero él, que tanto la quería, no pudo evitar mirar hacia atrás para verla una vez más.