Todos los personajes de "¡Oye Arnold!" pertenecen exclusivamente a Nickelodeon y a su creador Craig Bartlett, ninguno de los personajes me pertenece a mí, aclarado esto aquí vamos.

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Serendipia

Por Mimi chan

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II

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Hacía calor. En Hillwood, en verano, siempre hacía un calor endemoniado. Tenía una patina de sudor por todo el cuerpo, la breve brisa que entraba por la ventana no ayudaba en nada para refrescarla. Casi deseaba que fuera lunes y poder estar en la biblioteca con el agradable aire acondicionado y adelantando algo de su última novela. Aunque considerando lo actual, seguro podría estar en las playas de Fiji y con sendos cocos con ginebra y el argumento más audaz de su hiperactiva imaginación, aún así no estaría adelantando nada.

Había sabido desde el primer momento que eso sería un error, un gran, gran error. Había avanzado hacia ese momento con el conocimiento total de que su vida iba a convertirse en un caos instantáneo apenas y lo hiciera, pero… ¿Podría vivir su vida sabiendo que pudo hacerlo al menos una sola vez y lo había dejado pasar?

Arnold, había estado a su lado, taciturno y distraído y después sólo había dicho "quiero besarte".

Para ser sincera al principio había pensado que se lo había imaginado. Arnold en la oscuridad de una habitación cálida, pidiendo sus besos había vivido en su imaginación por años, pero sólo allí, escondido en la intimidad de sus fantasías más intimas, inaccesibles para nadie más. Le tomó todo lo largo de un minuto descubrir que no lo había imaginado y entonces, se congeló. No sabía si Arnold lo había notado en la oscuridad, pero de pronto, fue como si hubiera hecho un corto circuito y su cuerpo entero se bloqueara.

¡Quiere besarme! Casi brincó fuera de su piel. Sintió mil preguntas atoradas en su garganta, ¿Por qué quería besarla? ¿Por qué a ella? ¿No quería correr detrás de todas esas lindas chicas que lo adoraban porque era amable y lindo con ellas?, cualquiera de ellas estaría más que feliz de besarlo… pero no hizo ninguna pregunta, porque Arnold ya se lo había respondido desde un principio.

Quería besarla porque eso estaba mal. Porque ella no era ninguna de esas flamantes chicas que él llevaría orgulloso de su brazo en la calle y presentaría con suficiencia a sus abuelos. Ella era la chica que había sido tan rebelde que había abandonado a su familia, la chica que no sabía si llegaría a juntar el suficiente dinero para la matricula de la universidad a pesar de que trabajaba como loca, es decir podría ser que en toda su vida no saliera al mundo y se quedara en la pequeña e inocente Hillwood y él… él sólo sería alguien grande, él era la clase de personas que todos querían tener cerca porque era confiable e inteligente y… y…

Él quería besarla. Y ella quería besarlo a él. Porque ya no lo amaba, pero siempre había creído que besarlo sería una experiencia incomparable.

Sí, lo sabía, sólo era un beso, las personas se besan en todos lados a todas horas. En el mundo en ese preciso momento había millones de personas intercambiado toda clase de fluidos, no sólo besos pero…

"Bien" dijo para sí y dijo para él y sin pensarlo un sólo segundo más, antes de ocurrírsele toda clase de repercusiones, se había sentado en su regazo y lo había besado.

Besarlo no había sido una experiencia incomparable… ¡Maldición! besarlo había sido tocar el cielo con las manos, besarlo había sido el paraíso.

Él no era como todos los demás chicos que ya la habían besado antes. Con besos torpes y babosos que hizo que cortara por lo sano cualquier tipo de relación que pudo haber con cualquiera de ellos. Arnold la besó justo como quería ser besada. Entendiendo cada una de sus peticiones sin palabras. Fue uno de esos besos lánguidos y lentos llenos de suspiros y caricias, como se besan los amantes que no tienen prisas ni nada que demostrar, como se besan las personas que se besarán toda la vida, con pertenencia, con libertades.

Y se dio cuenta. Por mucho que se había querido convencer a si misma de lo contrario.

Ella aún lo amaba… o quizá sólo lo había empezado a amar de nuevo… o incluso que esta vez, lo amaba de verdad.

Y estaba aterrada por eso, mucho más asustada de lo que había estado incluso hacía un año, cuando había abandonado toda la seguridad de la casa de sus padres.

Desde que había conocido muy joven a la Dra. Bliss no había dejado nunca de ir con ella para pedir consejos. Alguna veces sólo un par de veces al año, otras hasta tres veces por semana.

Gracias a ella desde los 15 había entendido que su familia nunca cuidaría de ella. No era agradable entender que sus padres quizá nunca estuvieron listos para ser buenos padres. Había entendido que ni siquiera con Olga habían sido buenos. Siempre le habían exigido demasiado y ella había hecho todo lo posible por complacerlos.

La doctora le había hecho ver algo que dolía más que ninguna otra cosa. Era probable que Olga sufriera mucho más de lo que ella nunca lo haría. Porque ella había creado resistencia ante las cosas que había tenido que enfrentar a lo largo de su vida. Su hermana en cambio, se dejaba arrastrar y sufría por cualquier cosa mala que le ocurriera: desde romper con un novio, hasta sacar una mala calificación. ¿Qué pasaría cuando perdiera un trabajo, cuando no ganara un papel en una audición, cuando se enamorara y no fuera correspondida? ¿Qué haría cuando alguna desgracia mayor le ocurriera, como tener un grave accidente, o perder a alguien amado?

Olga estaba acostumbrada a que la gente la admirara y siempre le dijera que hacia las cosas bien. Por su bien y aunque a su hermana no le gustara, había empezado a hacer cosas que Olga no hacía bien y a Helga le salían de maravilla. La obligaba a cocinar con ella recetas japonesas que Phoebe le había enseñado con el tiempo y que su hermana simplemente no entendía, su hermana era una experta en la cocina francesa, eso sin duda, pero en la japonesa era una nulidad. La obligaba a ver películas de terror que su hermana detestaba, con la excusa de que si no las entendía y un papel como ese le llegaba no podría hacerlo. Su hermana se frustraba y lloraba desconsoladamente y Helga le decía que no tenía importancia. Es decir, estaba intentando acostumbrarla a ese tipo de experiencias desconocidas, para que al menos supiera que no pasaría nada si no lo lograba.

También lo había intentado con sus padres, pero eso había sido imposible. Había escondido o tirado todas las botellas que Miriam tenía escondidas en casa pero era por demás inútil, ella sólo salía y traía más. Había dejado de llevar comida a casa o de cocinar, para que su padre se diera cuenta de que su madre a veces no traía de la calle más que alcohol, pero él estaba tan concentrado en sus negocios que le era más fácil pedir una pizza que tratar de hablar con su madre.

Se había sentido sucia y traidora al documentar todas esas cosas y cuando había cumplido 16 había ido al juzgado y le había tomado todo un día entero que le firmaran la emancipación.

Había tenido que mostrar fotos de los peores momentos de su mamá después de una botella de vodka. Del estado lamentable que tenía su casa la mitad de las veces. El expediente médico que demostraba el estado de desnutrición que le habían diagnosticado desde los 13 y por el cual aún hoy tenía que seguir con vitaminas que le mandaba el gobierno en las cajas de víveres que le llegaban una vez al mes.

Habían querido darla en custodia de su hermana pero alegó, protestó y suplicó que sólo quería ser independiente, la Dra. Bliss le dio diferentes cartas que marcaban que era una persona lucida y con capacidades suficientes para vivir y mantenerse por sí misma, le hizo incluso un contrato de 6 meses de trabajo en su consultorio como recepcionista a pesar de que ella no tenía espacio para un trabajo así en su pequeño consultorio.

Al ver todos los antecedentes y dejar claro que ella no estaba planeando ningún tipo de demanda sino simplemente que le dieran el permiso que necesitaba, firmaron.

Regresó a casa, dejó una copia del acta en la mesa, subió por algunas de sus cosas, y salió de la casa, esa misma noche estaba viviendo en Sunset Arms.

Y esa misma noche decidió que ya no amaba a Arnold.

Y sí, lo había decidido más que entenderlo. Se convenció a si misma de que Arnold sólo había sido un ancla en esa niñez de soledad, él siempre estaba allí cuando ella estaba buscando un consejo, siempre parecía que se mantenía en su vida en segundo plano y ella no había tenido ninguna otra cosa en la que poder sostenerse, además él era sin duda el chico más dulce y divertido de todos los que había conocido.

Él significaba mucho para ella, pero ¿Era amor? El amor no debía llevar tanto de dependencia y obsesión en él, no podía ser persecutorio o tan celoso.

El amor tenía que ser otra cosa.

Una vez que le dijo de frente a ese chico que toda su vida la había obsesionado que no lo amaba, ciertamente todo había sido más fácil. Por primera vez conoció a Arnold por la persona que realmente era, lejos de las fantasías que había armado de él. Y él era tan… desesperantemente perfecto. Era tan fácil y tan cómodo estar a su alrededor, supo por fin cuál era su comida favorita, cuál era su banda de música predilecta, supo de la profundidad de la añoranza por sus padres, de la soledad que a veces sentía cuando sus abuelos se perdían en su propio mundo donde un adolecente no cabía, lo conoció de verdad por primera vez. Era tan amable con todo el mundo, aún con las personas que no lo merecían, que casi quería golpearlo.

Él era la única persona que aún la hacía sentir indefensa, le había prestado dinero más de una vez cuando no llegaba a final de mes, había sido quien le consiguiera el trabajo en la biblioteca gracias a la ayuda de su abuela que había trabajado allí hacía años, la invitaba a cenar todos los viernes en la noche para ayudarla con sus gastos sin decírselo directamente y los sábados se sentaban a ver películas de terror.

Ella misma había pensado que ser tan perfecto todo el tiempo tenía que ser aburrido pero por respeto y por amistad jamás se lo dijo, dejó que lo descubriera solo y al parecer ya había llegado ese momento.

Miró su reloj, marcaba ya las diez de la mañana, no podía estar escondida en su habitación toda la mañana, pero no sabía qué es lo que le esperaba fuera de ella.

Tenía hambre y hacía demasiado calor adentro. En el comedor por lo menos tenían un bonito ventilador de techo que al menos servía para refrescarse un poco. Se puso su vieja remera de béisbol y salió.

La casa estaba, como casi siempre los domingos, usualmente callada. La mayoría de las familias que vivían en la pensión siempre salían los domingos para pasar algún tiempo de calidad – un rito que le tomó algo de tiempo entender que muchas familias hacían – el comedor a esa hora seguro estaba vacío, pero seguro que encontraría cereal en la despensa y leche en el refrigerador. Cuando estuvo cerca de la cocina y olió el delicioso aroma del café, tuvo un presentimiento que se vio cumplido cuando entró en ella. Sí, Arnold estaba allí sentado en un taburete, viendo alguna cosa en el periódico y esperando que la cafetera terminara su trabajo.

— Buenos días, Arnold.

Saludó ella y entró con paso decidido acercándose a la alacena buscando el cereal.

— Buenos días, Helga – le regresó el saludo.

— Pensé que irías con tus abuelos a esa exposición de armas de la guerra civil – dijo sentándose en la encimera cerca de la que él estaba, con el cartón de maíz inflado y tomando copos del empaque.

— Desperté tarde y no quisieron esperarme – le explicó.

— Ya veo, estamos solos en casa entonces – dijo con coquetería – ¿No les preocupa dejar a dos adolescentes solos en casa?

— Sabes que no, confían en mí.

— No lo harían si supieran lo que me hiciste anoche – dijo con una sonrisa.

Por dentro ella de verdad creía que era la mejor estrategia, actuar natural, no darle más importancia de la que debería de tener, no hacerlo sentir incomodo con lo que había pasado, quizá si lo lograba las cosas serían igual que siempre.

— Helga…

— Si, Arnold.

— Estuve pensando toda la noche y…

— Alto.

Helga suspiró profundamente. Conocía tan bien a Arnold que sabía lo que le iba a decir, sobre todo si había tenido tiempo de pensarlo.

— Por favor, no me digas que te sientes responsable o culpable o algo por el estilo por lo que hicimos anoche – replicó.

— La verdad es que, creo que me aproveché de ti – reconoció el joven delante de ella.

— ¡Oh Arnold! – dijo con risas atoradas y casi atorándose con un copo de maíz – hablas como si lo "hubiéramos hecho"

Ella no pudo evitar sonreír más alto, no tanto porque la idea la divirtiera, si no porque ella misma se ponía nerviosa con el tema, al igual que él que tenía la cara completamente roja.

— Quizá no, pero igual no debí pedirte algo así.

— Arnold, me lo pediste y te dije que estaba bien – dijo bajando de la encimera y buscando tazas para el café que la maquina ya había acabado de hacer, además de tener la oportunidad de hablar sin que le viera la cara – sólo fue un beso sin importancia.

— No fue sólo un beso…

— Bueno – dijo risueña recordando – fueron muchos besos, pero sólo eso, besos.

Habiendo servido los cafés y puesto azúcar en ellos regresó con Arnold, su expresión facial era contrita; sí, esto es justo lo que no quería que pasara.

— De acuerdo, dime qué es lo que pensaste.

El chico la miró ahora solemnemente, casi odiaba ese semblante que ponía cada vez que aparecía el Arnold responsable y adulto, ¡Dios sólo tenían 17 años!

— Creo que abusé de tu confianza como mi amiga y que debería hacer lo correcto.

— Y ¿Eso sería?

— Que te pidiera ser mi novia – respondió con total seriedad.

Un escalofrío bajó por la espalda de la joven de largo cabello rubio. ¿Cuánto tiempo había soñado con eso? ¿Cuántas lagrimas había derramado por la desesperanza de ver cumplido ese deseo? si pudiera ver a la Helga de 11 años de frente y decirle que sólo debía esperar, que sus sueños se cumplirían, pero… ella ya no tenía 11 y sus sueños ya no eran los mismos.

— Yo no quiero ser tu novia Arnold – dijo con calma y seguridad.

— Lo sé, pero parecía correcto preguntar – dijo un poco decepcionado.

— Eso no significa que no haya disfrutado lo de anoche – dijo escondiéndose enseguida tras su taza de café, vio el sonrojo en la cara del chico regresar, después de tomar un sorbito de café, volvió a atacar – para ser todo un primerizo, besas muy bien.

— No soy un primerizo – dijo casi ofendido.

— Oh vamos, Arnold ¿Cuántas novias has tenido? Tres.

El chico se sonrojó de nuevo, era tan divertido verlo tan avergonzado, pero había descubierto cosas más divertidas respecto al chico con cabeza de balón. Dejó su taza vacía en la encimera y se acercó a él, se puso en medio de sus piernas abiertas mientras él seguía sentando en el taburete.

— Tú… — se mordió el labio antes de hablar – eres el chico que mejor me ha besado en mi vida.

— Y con cuántos chicos has salido – dijo por impulso – ¿tres?

— Te aseguro que he salido con más de tres chicos – dijo jugando con un botón de su eterna camisa de cuadros – pero te lo digo de nuevo, tú has sido quien me ha hecho sentir mejor.

— Aún así no quieres salir conmigo – dijo con cierto aire de reproche.

— Yo no dije eso – dijo sonriendo.

— Dijiste que no quieres ser mi novia – enfatizó Arnold.

— Lo que no significa que no quiera salir contigo.

Se ganó aquel seño fruncido que Arnold tenía cada vez que no entendía algo.

— Escucha, tú sólo me besaste porque es algo que deseabas, algo malo que no deberías hacer y estoy contenta con eso.

— No es así – se defendió el chico – te besé porque me gustas.

— Pero después sólo querías hacer lo correcto – dijo concentrada en lo que quería decirle - ¿No se supone que me habías besado sólo porqué era algo que egoístamente querías?

El chico bajó su cabeza, no había que responderle en realidad.

— Entonces no lo arruines sólo porque quieres hacer lo correcto Arnold… - su mano se recargó tranquilamente en su pecho - ¿Sabes que sería más divertido?

— ¿Qué?

La chica se tomó todo lo largo de 10 segundos en saber si se atrevería a algo así, si era una buena idea, si no podía salir todo mal para todos, si… oh lo estaba haciendo de nuevo, no quería pensar en ese millón de cosas ahora, no ahora.

— Podríamos ser… amigos con beneficios – dijo lentamente, vio los ojos del chico abrirse ampliamente muy sorprendido - podemos salir, pero sin tener que rendirnos cuentas, sin tener que hacer siempre lo correcto, entiendes, sólo divertirnos.

— No creo que sea… - empezó él.

— Exacto – lo interrumpió – Escucha, con la escuela y el trabajo yo no puedo tener una relación estable, ¿Qué chico aguantaría verme sólo un par de horas al día?, sobre todo cuando yo sólo quiero llegar a casa y tirarme un rato en mi cama con una caja de bombones y un buen libro. No quiero tener un novio, pero… - tragó saliva y lo confesó – de verdad me gustas mucho.

— Yo…

— No tienes porqué aceptar Arnold – dijo recargando su frente con la suya, su aliento con sabor a café la rodeó, un suave descarga eléctrica le viajó por el pecho – nada tiene que cambiar si no quieres, podemos seguir siendo los mismos amigos de siempre.

Él no respondió con palabras, sostuvo su cintura y la besó en los labios, con la misma habilidad y ternura que lo había hecho la noche anterior, con sus dos manos suaves, pero firmemente presionando su espalda, su beso sabía a café y calma y era delicioso.

— ¡Llegamos hombre pequeño! – pregonaron desde la puerta principal.

Su abuelo entró en la cocina con un bulto enorme de maíz y los vio allí tan tranquilos bebiendo café.

— Apenas despiertan chicos.

— Si abuelo – respondió el joven rubio sin dilación.

— Qué bien – dijo tan risueño y relajado como siempre - nos ayudarán a su abuela y a mí a preparar la comida, comeremos Pozole.

— ¿Pozole? – preguntaron los dos chicos intrigados.

En ese momento su abuela entró en la cocina con una amplia falda llena de lentejuelas y un sombrero mexicano.

— ¿5 de mayo? – preguntó el chico resignado.

— 5 de mayo – le confirmó su abuelo.

Arnold bajó del taburete y ayudó a su abuelo a poner el bulto de maíz en la mesa mientras Helga seguía sosteniendo junto a su boca la taza vacía.

Parecía que esto podría ser interesante.

Fin II

20 de Mayo de 2015

12:37 a.m.

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Nota de autora: hola de nuevo a todos, no pueden imaginar lo contenta que estoy con el recibimiento que he tenido a este maravilloso fandom, cuando me di tiempo de sentarme a leer sus mensajes y vi que me habían llegado siete no saben lo contenta que estaba considerando que es una serie que tiene tanto tiempo sin transmitirse que no sea en nick at night a las 4 de la madrugada - lo se de buena fuente, me he quedado despierta solo para verla XD - y todos los comentarios han sido maravillosos, de verdad mil gracias a todas las personas que han dedicado un momento de su tiempo a leer mi historia, un agradecimiento especial a: Tsubasa-chan, IramAkane, elisa20da, Princesa-grumos (me encanta tu nick),roomiih, CaptainK8th y Felicia(si el de AT! tendrá un espíritu parecido por sus reviews de verdad me hicieron la semana.

Bueno por el momento es todo, espero que disfruten la actualización y nos vemos pronto con el siguiente capitulo.

¿Me dejas un review antes de irte? Me harás mas feliz que si estuviera rodeada de gatitos peludos.

Tata

Mimi chan