Todos los personajes de "¡Oye Arnold!" pertenecen exclusivamente a Nickelodeon y a su creador Craig Bartlett, ninguno de los personajes me pertenece a mí, aclarado esto aquí vamos.

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Serendipia

Por Mimi chan y Hana Hime

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III

Era oficial. Las buenas películas de terror se habían acabado. Estaban los dos en el video centro en la sección de películas de terror y cuando las opciones se resumían al refrito de "viernes XIII" y la última película de "Exterminador" estabas en un problema.

— Quizá, deberíamos cambiar de género – sugirió el chico.

— Quizá quieras ver películas románticas con Robert Pattinson – se burló Helga.

— No estoy tan desesperado.

Los dos chicos se carcajearon juntos, con la idea de ver aquella película que parecía encender el odio de todo el mundo.

Habían pasado dos semanas desde que habían empezado aquella cruzada de la mala reputación de Arnold. No es que hubieran hecho demasiadas cosas malas, en realidad lo que habían hecho era bastante infantil. El viernes por la noche pasado, después de cenar unos perritos en el parque se habían quedado hasta tarde vagando por el pueblo, habían tocado timbres y salido corriendo, habían puesto chicle en algunas puertas esperando que el calor del verano hiciera el trabajo cuando alguien quisiera abrirlas, lo peor que habían hecho en realidad era firmar una pared con pintura en aerosol un "HXA were here". Sí, lo sabían, eran cosas que harían niños de doce años, pero cuando Arnold había dicho que nunca había hecho una cosa así porque siempre le habían dicho que era vandalismo, Helga no pudo sino convencerlo bajo cualquier término, de que lo intentaran y había resultado ser increíblemente divertido.

Estar con Arnold siempre era divertido, pero con un Arnold que se portaba mal… especialmente cuando estaban solos… bueno…

— ¿Segura que no preferirías ir a la obra que te invitó tu hermana? – dijo el chico, revisando la contraportada de la nueva versión de "Carrie" – pensé que habría una fiesta después de eso.

— Oh preferiría ir a que me sacaran una muela. La obra no es mala pero ¡Dios!, las fiestas de actores son la cosa más aburrida del mundo, todo lo que tocan es jazz suave y se pasan discutiendo de Baudelaire o Whitman.

— Pensé que Baudelaire y Whitman te gustaban.

— Sí, pero no para hablar de ellos en una fiesta que se supone que debería ser para bailar hasta caer agotada, hace tanto que no voy a una que ya ni siquiera sé qué música se pone estos días.

El chico colocó la película que había estado revisando en su lugar y vio a la chica con curiosidad, ella estaba distraída con otra película.

Lo cierto es que él tampoco había ido a una fiesta en tanto tiempo que… probablemente la ultima había sido cuando todos iban juntos a la secundaria. Algunas amistades de habían enfriado, otras no habían ido a la misma preparatoria así que los círculos ya no eran los mismos… hacer unas llamadas, ir a la tienda por algunas golosinas, pedirle a Gerald que hiciera de DJ.

— Vamos – dijo tomando la mano de la chica y jalándola a la salida.

— Eh, espera – estiró la película y uno de los empleados la tomó de sus manos — ¿Qué pasa?

— Tenemos mucho que hacer.

— No tenemos nada que hacer, por eso estábamos buscando una película Arnold.

Caminaron a casa, mientras él le explicaba un plan. Mientras más planes le compartía más se animaba ella, ¿Cuándo había organizado Arnold una fiesta en casa? Aquella fiesta que había empezado en la azotea no contaba, se había armado sólo porque la gente que estaba saliendo de la casa de Rhonda tenía todo preparado. ¿Podría?

Claro que podría, sino ella se encargaría de que fuera posible.

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Te sorprendería saber la cantidad de gente que está libre los sábados por la noche y tiene ganas de divertirse. Prácticamente toda la pandilla dijo que sí. Todos estaban intrigados por la clase de fiesta que el buen Arnold podría ser capaz de organizar. Más si considerábamos que era una fiesta sin supervisión. Los abuelos habían tomado con gusto los boletos que Helga tenía para aquella obra de teatro y dijeron que quizá se quedarían en casa de unos viejos amigos en la cuidad. Y los inquilinos, algunos de los más jóvenes no estaban en casa y los demás, sorprendentemente, considerando quizá que Arnold nunca había hecho una cosa así, aceptaron encantados quedarse dentro de los apartamentos deseándoles diversión.

Así fueron llegando. Rhonda en su auto con una docena de pizzas del mejor sitio de la cuidad. Gerald que traía una caja llena de discos y una consola para mezclar, algo vieja pero de la que aseguró sabía todos los trucos. Phoebe llegó con una bandeja inmensa de sushi y unas cuantas botellas de sake, Harold con una pierna entera de jamón serrano. Uno tras otro fueron llegando con refrescos, sándwiches, incluso caramelos. Poco a poco el techo de Sunset Arms fue llenándose de gente y música, había casi tanta gente como en la vieja "Geeks Only" que todos recordaban con cariño.

Y aunque era realmente agradable encontrarse con toda la vieja banda después de tanto, había algo más que debería ser de esa fiesta. Helga nunca había perdido de vista el verdadero objetivo de la reunión, ayudar a Arnold a que todos dejaran de pensar en él como el chico perfecto, había pasado un buen rato viéndolo saludando a todo el mundo y escuchando con atención lo que sea que le platicaran, tan perfectamente educado como siempre.

Era hora.

Bajó de un salto de la barandilla donde había estado sentada y se acercó a Gerald que estaba realmente divertido haciendo mezclas de hip hop.

— Que hay, cabeza de cepillo – dijo a modo de saludo y estudiando los discos que tenía regados a un lado de él.

— Que hay, rubiecita.

Oh si, Gerald era uno de esos chicos que aún no aceptaba el hecho de que ella había cambiado de imagen, por algún motivo que no lograba comprender, él estaba enojado por eso. Con lo mucho que eso realmente le importaba.

— Por favor, dime que vas a tocar algo más que tu hip hop.

— ¿Qué tiene de malo?

— Nada – respondió enseguida – pero nadie está bailando.

Y era cierto todos estaban repartidos en diferentes grupos platicando. La música era buena, pero nadie realmente le estaba prestando atención.

— ¿Y qué? – dijo el chico – quieres que pongamos algo meloso a tu nuevo estilo, quizá Britney Spears. Además rubiecita no te imagino bailando.

— ¿Quieres apostar? – dijo con una amplia sonrisa – 10 dólares, dame tu mejor tiro.

— Es una apuesta.

Gerald detuvo la música y ella avanzó hasta la mitad de la azotea donde la gente no estaba reunida, lista para lo que fuera.

Guitarras empezaron a sonar en un sonido casi español.

Yo te miro y se me corta la respiración, cuanto tú me miras se me sube el corazón

Y en silencio tu mirada dice mil palabras, la noche en la que te suplico que no salga el sol

Gerald la miró socarrón, el chico de verdad creía que ella no sería capaz de bailar música latina. Y lo que le faltaba por ver. Le tomó sólo un minuto encontrar el ritmo indicado siguiéndolo con los hombros y sus caderas siguieron el movimiento, un vaivén que obedecía a la voz del cantante de una forma sensual. Si algo tenía de maravilloso la música latina es que se colaba por tu piel y hacía que desearas moverte. Muy pronto estaba siguiendo el ritmo de la música con todo el cuerpo, formando curvas sinuosas con su forma. Sintió la mirada de todos los que estaban a su alrededor, miró sobre su hombro, sí, Arnold también estaba mirando, le dedicó una sonrisa antes de dar un giro sobre sus pies y quedar frente a Phoebe.

Bailando tu cuerpo y el mío llenando el vacío subiendo y bajando

Le tendió las manos y aunque su mejor amiga lo dudó un momento, subió sus hombros y la tomó de las manos, caminaron juntas al centro de la improvisada pista y bailaron juntas moviendo las caderas y riendo divertidas. Pronto todos los demás estaban chiflando y aplaudiendo, animando el espectáculo. Sin más dilación Rhonda, Nadine e incluso la tímida Lila estaban bailando con ella, todas se lo estaban pasando tan bien que pronto muchos otros chicos estaban pidiéndolas como parejas.

Bailando, ese fuego por dentro me está enloqueciendo me va saturando

Gerald llegó y tomó por la cintura a Phoebe que un poco sonrojada se dejó llevar por aquel chico que siempre le había gustado, dejándola sola a merced de la música, ella cerró sus ojos y siguió moviéndose, hacía calor en medio de toda la gente que se había reunido a bailar junto a ella pero no importaba.

Bailar era un placer que no se puede explicar, quizá porque la especie humana había empezado a bailar en un símbolo de conexión con lo desconocido, el hombre había bailado desde tiempos inmemorables llamando a dioses y demonios, había creado melodías y ritmos para conectar con la fuerza interna, con el universo y aunque hoy servía mucho más para divertirse, aún seguía haciendo que tu cuerpo se liberara de las ataduras, que desearas el roce de otro cuerpo.

Con tu física y tu química también tu anatomía, la cerveza y el tequila y tu boca con la mía ya no puedo más.

Con esta melodía, tu color, tu fantasía con tu filosofía mi cabeza está vacía ya no puedo más.

Cuando pasó su mano alrededor de su cintura y la pegó contra su espalda aspiró profundamente, había estado deseando que lo hiciera no porque ella se lo pidiera sino porque él lo deseara. Sus dos caderas empezaron a moverse juntas y todo parecía magia.

Yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo una noche loca… Ay besar tu boca

Yo quiero estar contigo, vivir contigo bailar contigo, tener contigo una noche loca con tremenda loca

Sus brazos pasaron alrededor de su cintura y pudo recargarse en su hombro, éste aroma a madera fresca que siempre usaba en su loción de afeitado la rodeó.

— Música latina – dijo cerca de su oído – ¿En serio?

— Acabo de ganar 10 dólares Arnold, no te burles.

— No me estaba burlando.

La giró para quedar frente a frente y seguir bailando juntos, una de sus piernas entre la suya, enredado en su larga falda roja, con sus dos caderas juntas en un vaivén, girando juntos en su lugar, mirándose a los ojos.

Tú me miras y me llevas a otra dimensión tu latidos aceleran a mi corazón que ironía del destino no poder tocarte abrazarte y sentir la magia de tu olor.

Cuando tomó su mano y la hizo girar sobre su eje ella no pudo sino reír a carcajadas, él la detuvo para hacer que se doblara por la mitad, su largo cabello cayó en el piso, una dos y tres veces, escuchó a los chicos vitorear a su alrededor, la subió lentamente, sus caderas, pecho y frentes quedaron juntas, sintió su aliento dulce con olor a soda cerca, casi quiso saltar sobre él y besarlo.

— ¡Dios! – dijo nerviosa y casi sin aliento – ¿Dónde…?

— Vamos, si puedo bailar tango, desde luego puedo bailar flamenco.

— ¿Esto es flamenco?

— Eso creo,

Yo quiero estar contigo, vivir contigo bailar contigo, tener contigo una noche loca y besar tu boca

Yo quiero estar contigo, vivir contigo bailar contigo, tener contigo una noche loca con tremenda loca Oh bailando amor es que se me va el dolor.

La canción parecía eterna, pero realmente no se podía quejar, se estaba divirtiendo más que en cualquier otro baile en su vida, la sonrisa resplandeciente de él mientras la hacía bajar y subir y sus caderas se movían juntas, tan cerca, tan, tan cerca que podía sentir todo su calor.

Pero la música se acabó, sus narices se tocaban, las manos del chico alrededor de su cintura aún y las suyas sobre su pecho, qué íntimo y…

Todos empezaron a aplaudir, aclamar y chiflar en celebración en ese momento, pronto Gerald estaba sobre la cabeza de Arnold y frotaba sus nudillos en ella.

— Viejo eso fue tan fancy – rio con una carcajada.

— Tío que estaban sacando humo – dijo divertido Harold.

Ella sólo le sonrió y lo dejó con sus amigos, sabiamente no quería saber qué es lo que le iban a decir.

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La fiesta siguió en marcha por lo menos hasta la medianoche, todos comieron, bebieron y bailaron hasta que no pudieron más, cada uno salió de allí agradeciendo a Arnold la fiesta y haciéndole prometer que pronto haría otra. Pronto sólo las personas más cercanas del círculo se habían quedado allí: Phoebe, Rhonda, Gerald, Harold, Stinky, Sid y Lila que estaba dormida en las rodillas de Nadine, todos tomando jugo con vodka que Rhonda había colado de contrabando. Estaban todos sentados en el piso sobre una vieja cobija, escuchando música en un volumen bajo.

— Oh por favor, ya basta – reía a carcajadas Helga recargada en el hombro de Phoebe – Rhonda eres perversa.

— Es que no se rendía – dijo dando otro trago a su bebida – y cuando te haces mayor debes acudir a nuevas estrategias además de darle una paliza, aunque no me faltaban ganas.

— Yo aún le daría una paliza a cualquiera que quisiera fastidiarme – dijo orgullosa la rubia.

— Me alegra saber que tu encanto no acabó con tu cambio de look – dijo Harold – tu faldita se te ve bien, pero voy a extrañar a nuestro mejor brazo en el béisbol.

— ¡De que hablas! – lo retó la chica – yo soy Helga G. Pataki, soy capaz de lo que yo quiera.

— Sí, claro – agregó Gerald.

— Aún en faldita puedo patear la mierda fuera de ti Gerald – dijo retadora.

— Demuéstralo.

— Aún me debes 10 dólares, melenudo.

— Bien doble o nada, si aún puedes hacer un home run que sean 20

— Hecho.

Se levantó vaciando su bebida y se quitó los zapatos altos que tenía puestos.

— Y ¿Qué hacen aún allí?

— ¿Quieres hacerlo ahora? – dijo sorprendido el chico de color – son como las dos de la madrugada.

— Y qué, el viejo campo está abierto las 24 horas hasta donde yo sé y sólo está cruzando la calle, ahora, si tienes miedo…

Y de pronto todos los chicos habían salido de la casa de huéspedes armados con bates y pelotas, no sabían cómo jugarían con tan pocos, pero al parecer eso no era lo importante. Sólo Gerald, Sid, Stinky y Harold se habían animado a participar, las chicas se habían sentado en las gradas animando a Helga.

Arnold había tomado el lugar del cácher y por supuesto Helga en el bate, Gerald estaba lanzando, Harold estaba en el jardín y Sid y Stinky estaban cuidando las primeras bases.

— ¿Te he dicho alguna vez que estás loca, Helga?

— Muchas veces, Arnold – dijo sonriendo y lavándose las manos con arena y calculando el peso del bate – Hey Gerald, sé educado y no vayas a poner esa bola en mis pechos, duele.

— Oh por favor, cállate – gritó irritado — quiero olvidar que tienes pechos.

La chica se carcajeó divertida, íntimamente sospechaba que Gerald nunca aceptaría que se veía como una chica, sólo porque siempre la había apreciado como a un amigo, un chico; que hubiera "cambiado de género" era algo que quizá lo descolocaba.

— Hey Arnold – dijo estrangulando el bate – ¿Qué dices de un poco de ayuda?

— ¿Qué?— preguntó intrigado — ¿Quieres hacer trampa?

— ¿Nunca hiciste trampa en un juego? – le preguntó.

— No.

— Entonces con mayor razón – se burló — en serio, ¿Quieres llegar a adulto y decir que nunca hiciste trampa en un juego?

Arnold se acuclilló y sonrió para ella.

Todos tomaron su posición, Helga estaba lista para batear. Gerald lanzó una bola recta, Helga no abanicó esta vez.

— Arnold – dijo en voz baja la chica, -¿por qué no ensuciamos un poco la bola?

El chico arrastró la bola en el piso de tierra y la lanzó. Una bola cargada de tierra se haría más pesada y perdería velocidad.

— Hey Arnold – se quejó Gerald.

— Lo siento amigo – dijo sonriente – he perdido práctica, se me cayó.

Gerald se tomó un buen momento para sacarle toda la tierra a la bola y lanzó una bola alta, Helga abanicó pero no la golpeó.

— Helga…

— ¿Qué dices si la ensalivamos un poco? – dijo divertida.

— ¿Eso no es peor para ti? – dijo confundido, una bola ensalivada hacía justo lo contrario que una sucia, ésta ganaba más vuelo y se volvía errática.

— Eso, si el melenudo pudiera lanzar una ensalivada, nunca pudo hacerlo – le recordó la chica guiñándole un ojo.

Arnold lo hizo, lanzó un escupitajo limpio en la bola y la regresó.

— Oh, qué asco Arnold esto es repugnante, — dijo no queriendo tocar la bola, pero no tenían otra — no es justo que hagas trampa por tu chica.

— Oh cállate Gerald. – lo regañó la rubia que aún sostenía el bate y no lo perdía de vista — Yo no soy "la chica" del cabeza de balón, más bien sólo estamos deseando fastidiarte.

Gerald intentó lanzar de nuevo, pero la pelota resbaló de sus manos con la carcajada de todos a su alrededor, lanzó de nuevo pero la bola fue demasiado lenta y Helga pudo golpearla sin problema, la bola hizo un arco alto y largo, la chica soltó el bate enseguida y arremangándose la falda echó a correr. Harold corría tratando de alcanzar la bola. Helga pisó la primera base y viendo que Harold no tenía aún la bola corrió de nuevo.

— ¡Qué lento eres Harold, por Dios! – se quejó Gerald que deseaba moverse del montículo e ir él mismo por la bola.

— ¡Vamos Harold! – dijo la chica pisando la segunda base – Phoebe corre más rápido con tacos de aguja que tú.

Harold finalmente encontró la bola y se la lanzó a Sid en tercera, Helga se acercaba a él, barriéndose, una nube de polvo se levantó y no pudo verla, así que pisó tercera y siguió corriendo, Sid la lanzó al home donde estaba Arnold.

— No la dejes pasar, Arnold – le exigió Gerald.

La chica no se paró, pero Arnold estaba en posición para detenerla, Helga se barrió llevándose a Arnold entre las piernas con una carcajada, el polvo se levantó, y cuando éste se despejó, la chica estaba en el piso, con el cuerpo de Arnold encima y reían como un par de niños, los demás se acercaron para ver el resultado.

— ¿Y…? — exigió saber Gerald.

— Lo siento amigo – dijo Arnold mostrando las manos vacías – me tacleó y solté la bola, definitivamente hizo un home run.

— ¡Oh mierda!

Gerald tiró el guante al piso enojado, mientras las chicas festejaban la victoria de Helga.

— A que es más divertido cuando no siempre eres el chico bueno Arnold – dijo ella aún en el piso esperando que se quitara de encima.

Arnold no pudo si no reír realmente divertido, tuvo muchísimas ganas de besarla, pero diez minutos antes ella había pregonado delante de todos los demás que no había nada entre ellos, así que suponía no era una buena idea.

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Eran aproximadamente las 4 de la madrugada cuando Rhonda ofreció llevar a todo el mundo a casa dejando a los dos jóvenes juntos en la casa de huéspedes, sin la música o la gente la casa estaba callada y se sentía vacía.

— Ha sido muy divertido — Dijo Helga subiendo por las escaleras a un lado de Arnold – aunque tengo que admitir que ese home me ha llevado a mi límite.

— Pero ha sido genial – le respondió el chico con orgullo hinchándole el pecho — creo que nunca olvidaré esta noche. Ha sido la fiesta más divertida de mi vida.

— Y de la mía – admitió la chica – aunque mataría por un baño.

Juntos llegaron a la puerta del departamento de Helga.

— Debemos dormir un poco – dijo ella algo triste por la idea de que la noche finalmente terminara.

— Si, lo sé – dijo Arnold rodeando su cintura – gracias.

— Gracias ¿Por qué? – preguntó la chica – tú fuiste quien organizó la fiesta.

— Yo pude tener la idea, pero sin ti esto habría sido lo mismo de siempre.

La besó de nuevo, de la forma en que siempre la besaba y hacía que quisiera ensortijar los dedos de sus pies, tan lenta y dulcemente, tomándose todo el tiempo del mundo para explorar sus labios cariñosamente, siempre terminaba temblando y sin aliento cuando la besaba así y ésta no era la excepción.

— Arnold… — suspiró.

— Si… — dijo con un susurro el chico.

Helga no supo qué decir, sabía que quería decir, quería decirle que entrara con ella a su apartamento a pasar la noche, quería convencerse a sí misma que si él entraba no pasaría nada más que un montón de besos deliciosos, pero la verdad era otra, los sentimientos que tenía por él, eran fuertes, si se quedaban solos… no sabía hasta dónde quería llegar.

— Yo… — se mordió la lengua – buenas noches.

— Buenas noches.

Un último beso para las buenas noches y la dejó entrar a su habitación reprimiendo las ganas de pedirle que subiera al ático con él. Suspiró. Había mucho que limpiar en la azotea.

Fin III

23 de Mayo de 2015

3:28 a.m.

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Nota de autora: hola a todos de nuevo, casi no me paso hoy a publicar por que he tenido una semana de locos y ahora mismo estoy a punto de irme a planchar oreja de verdad exhausta, pero saben, hoy es mi cumpleaños y de alguna manera me gusta hacerme a mi misma como un regalo subir una historia este día y poder compartirla con todos mis maravillosos lectores - os he dicho que son los mejores - así si me llega algún mensaje hoy pues sera como un regalo extra de todos ustedes que están disfrutando esta historia conmigo.

Así que por favor no sean tímidos, salgan de las sombras y dejen algún mensajito, harán a una treintañera muy feliz.

me despido, nos vemos en el siguiente capitulo, un beso a todos

Tata

Mimi chan