12

Avada Kedavra

(Muerte)

Sus pies se movían sobre el suelo con gran rapidez, dando zancadas inconscientes para llegar a un punto donde pudiera sentirse a salvo aunque fuera por lo menos unos segundos y después continuar corriendo, lo cual era una completa insensatez.

Esconderse y sentir miedo era algo innecesario para ella.

A pesar de que Hermione sabía que este momento llegaría a su tiempo, era una situación un tanto confusa para ella, ya que mientras corría se percató de que la varita en su mano nunca había resultado ser tan poco útil desde que entró en la tienda de Ollivander's para comprarla. Era como si se encontrara bajo un poderoso Protego y no existiera nada ni nadie que pudiera lastimarla dentro de esa batalla sin piedad.

Por un lado tenia a todos aquellos compañeros con los que había compartido más de seis años un techo, una mesa o un simple saludo y en su contraparte se encontraban los mortífagos, entre quienes se había criado y por temor a su amo, el padre de la magia oscura, no se atreverían a hacerle daño a un solo cabello que le perteneciera, más sin embargo, no se atrevía a ordenarle a sus pies que dejaran de moverse.

Buscaba a Harry desesperadamente, tal y como le había dicho el profesor Snape. Miraba las caras que se encontraban a su alrededor tratando de detectar unos ojos verde azules detrás de unos anteojos redondos, debajo de una cicatriz en forma de rayo. Continuaba moviéndose con rapidez hasta que algo pesado se interpuso entre su paso y su camino y la hizo caer con gran pesadez sobre el suelo. Apoyando sus manos sobre el suelo de piedra frío y áspero, se incorporó hasta quedar sentada buscando instintivamente aquello que la había hecho tropezar. Para su sorpresa, lo que encontró en ese lugar no tenía cabida en su mente.

-Pero… él estaba luchando en la parte de arriba –elevó la mirada para ver la ventana que se encontraba en lo alto e imaginó inmediatamente cómo había sido su caída después de que algún hechizo impactara en el pecho del profesor Lupin.

No podía detenerse a hacer por él lo que ya había hecho por Ron, no podía detener su andar cada vez que encontrara a alguien sin esperanza y sin vida tirado sobre el suelo, pero sin más, recargó el dorso de su mano sobre su frente y lentamente cerró los ojos del profesor que al igual que muchos otros había logrado engañar durante tantos años.

Una vez dentro del castillo comenzó a recorrer los pasillos que ahora parecían ser un lugar muy distinto a lo que siempre había sido Hogwarts para ella. Iba mirando fugazmente hacia el interior de cada vano que se iba poniendo a su alcance, e incluso debió retroceder sobre sus pasos al comprender que aquel bulto recargado entre el suelo y una columna que fue lo suficientemente gruesa alguna vez para esconderse detrás, pero que ahora se encontraba en gran parte destruida, podía ser la razón de su búsqueda.

Se acercó lentamente a Harry, quien se encontraba encogido, sujetando sus rodillas como si estas le dieran cierta certeza de que podía volver a su cuerpo si se lo proponía. Hermione sabía perfectamente lo que sucedía, Harry se encontraba en la mente del Señor Tenebroso una vez más.

-Es la serpiente… -dijo Harry quien ya sabía de alguna manera que ella se encontraba ahí. -…y ella es el último, es el último horrocrux.

Fue en ese instante que Hermione lo comprendió, ahora todo tenía sentido de una manera cruelmente retorcida.

-Tú sabes dónde está, ¿cierto? –Harry la miró un tanto desconcertado. –Ahora cierra los ojos Harry, vuelve a su mente y dime a dónde tenemos que ir.

Ambos avanzaban a paso apresurado momentos después, dirigiéndose hacia la casa de los botes, mientras Hermione se preguntaba qué pasaría ahora que Harry y Lord Voldemort estaban a punto de encontrarse, cuestionándose cómo sería su papel en todo eso. Su mente estaba completamente fuera de lugar cuando, estando cerca de llegar, la mano de Harry la detuvo con gran fuerza del brazo, haciéndola girar y quedar por completo de frente a él, dándole la espalda al destino que le aguardaba.

-¡Ron! –dijo Harry tan repentinamente que sacó a Hermione de sus tormentosos pensamientos para situarla en otros de igual magnitud. –Ron fue por ti. Cuando te fuiste le pedí que se fuera contigo para que no estuvieras sola.

Hermione esquivó la mirada de Harry por unos segundos y luego volvió su mirada de nuevo a él.

-Lo vi –dijo sin más.

-¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Está bien?

-Ahora se encuentra con el profesor Lupin.

Hermione sabía lo que estaba a punto de suceder y no podía concebir que Harry perdiera algo tan importante en esos momentos, por lo que consideró oportuno permitirle sentir esa escasa sensación de tranquilidad antes de continuar.

Y surtió efecto.

Harry la miró con ojos tranquilos, por primera vez en mucho tiempo y asintió con la cabeza, instándola a continuar. Hermione soltó un suspiro entre cortado y le siguió.

Encontrándose ambos a unos pasos de la puerta, una voz muy familiar le recordó de pronto que Voldemort no se encontraba sólo, pues Snape estaba con él, detalle que había olvidado hasta ese momento por lo que decidió proceder con cautela y en silencio mientras que Harry hizo lo mismo. Antes de entrar debía saber qué era lo que sucedía dentro, así que se esforzó por escuchar. Desafortunadamente, solo captaba algunas palabras claras entre lo que parecía solo ruido y letras interrumpidas por otras.

De pronto, algunas de las palabras que resaltaron dentro de la conversación que se mantenía entre ambos magos fueron "varita" y "lealtad". Sin embargo, la frase completa que terminó con toda duda retumbó en sus oídos como si la hubieran dicho especialmente para ella.

-Tú asesinaste a Dumbledore, Severus –pronunció Voldemort con una voz tan fría como determinante a anunciar lo que estaba a punto de acontecer en unos instantes.

-Mi señor…

De pronto, un fuerte golpe resonó en el duro ventanal, el cual solo provocó que el cuerpo de Severus cayera más lentamente en el suelo de lo que debió ser, interrumpió sus palabras.

-Nagini… mátalo.

La crueldad en aquella voz la heló por completo y después de unos golpes más todo quedó en absoluto silencio.

Harry y Hermione se quedaron tan paralizados como si les hubieran apuntado con una varita antes de pronunciar las palabras Petrificus Totalus. Ambos se levantaron y lo único que pudo haberse escuchado en ese momento eran sus corazones palpitando a una velocidad que iba desacorde con la lentitud con la que sentían que estaba pasando todo aquello.

Caminaron hasta atravesar la puerta moviendo los pies como si estos estuvieran incrustados en pesadas rocas. Una vez dentro, Harry fue el primero en reaccionar al dirigirse hacia el profesor Snape, mientras que Hermione temblaba de pies a cabeza.

Si eso le había hecho Lord Voldemort a Severus, su más fiel sirviente… ¿sería capaz de hacer algo semejante con aquella que consideraba su hija?

Harry detectó las zonas en que lo había atacado la serpiente, siguiendo las manchas de sangre sobre el cuerpo de Snape, he inmediatamente dirigió su mano al cuello del profesor ya que era de donde la sangre brotaba con más fuerza, acto que llevo a ambos a clavar su mirada el uno en el otro.

-Tómalas –dijo Snape con sus lágrimas rodando sobre sus mejillas. –Tómalas, por favor.

-Dame algo. ¡Pronto! ¡Un frasco, lo que sea! –le dijo Harry a Hermione antes de darse cuenta que ella lo miraba ya con un pequeño frasco en la mano, el cual tenía gran parecido a todos aquellos que había usado durante años en las clases de pociones.

Harry tomó el frasco y lo llevó con delicadeza para colocar dentro algunas de las lágrimas de aquel hombre que continuaba sin apartar la vista de sus ojos.

-Llévalas al pensadero –le dijo Severus a Harry con lo que le quedaba de aliento. –Mírame.

Inmediatamente Harry llevó su mirada hacia él.

-Tienes los ojos de tu madre –acto seguido, Severus Snape se desvaneció ante ambos.

El cuerpo de Ron ya se encontraba en el gran comedor junto a todos los demás cuerpos sin vida que aquella batalla había dejado hasta ese momento. Hermione les había indicado dónde lo había puesto para que descansara mientras tenían la oportunidad de llorarle de forma correcta. Lo habían colocado sobre una manta de azul raído y habían puesto su cabeza sobre una almohada que se encontraba sucia para levantarle un poco la cabeza. Toda su familia estaba allí, hincada junto a él. Fred y George estaban sentados junto a su cabeza, acariciándole el cabello mientras su madre lloraba desconsoladamente sobre el hombro del señor Weasley. Percy estaba sentado sobre una gran pila de rocas creada por un derrumbe, mirando a Ron con rostro inexpresivo y ojos petrificados, llorando silenciosamente. Ginny sollozaba sobre el cuerpo de Ron abrazada a él, esperando que de esa manera él fuera a despertar y que todo fuera una broma de mal gusto. Charlie y Bill, por otro lado, estaban hincados junto al cuerpo inerte de su hermano más pequeño, llorando mientras apretaban con fuerza sus varitas y susurraban lamentos en silencio.

Finalmente los gemelos lograron apartar a Ginny de Ron, como una invitación a que Hermione pudiera acercarse a él. Ella estaba parada a los pies de su mejor amigo que ahora ya había pasado a mejor vida. En aquel instante la verdad la golpeó, como si le hubieran lanzado una roca que le hubiese golpeado en el estómago con tremenda fuerza; en ese momento pudo contemplar a Ron, tan callado y sereno como jamás lo había visto. Siempre había roncado, siempre estaba hablando en sueños o moviéndose impacientemente sobre el lugar donde se había recostado… pero esta vez ya no. Y como Hermione bien sabía, no lo haría jamás.

Hermione sintió una impotencia tal que rompió a llorar como nunca lo había hecho antes. Su varita cayó al piso impactando sobre el suelo de roca del gran comedor, y sin más, se tiró a abrazar a aquel pelirrojo que había hecho de sus días brutalmente desesperantes, inquietantes… y la mayoría de las veces graciosos y despreocupados. Se aferró con fuerza a su pecho, el cual sintió que ya estaba frío. Su ropa estaba cubierta de tierra, mugre y cenizas. Su rostro sin rasguños estaba sucio e inexpresivo, el cual Hermione tomó con ambas manos cariñosamente y lo miró detenidamente. Al verlo, no pudo evitar recordar aquel momento en el que ella entró a propósito al compartimento donde Harry y él acababan de hacerse amigos. Y lloró aún con más fuerza.

En aquella ocasión Hermione le había dicho a Ron que se limpiara un lado de su nariz, donde tenía mugre, y solo lo había hecho para molestarlo. En esta ocasión, llorando sobre él, notó que tenía suciedad exactamente en el mismo punto que siete años atrás. Sintió como su corazón se destrozó por completo. La culpa la invadió, un sentimiento horrendo que comenzó a carcomerle el alma y partió su ser en pedazos.

Había sido su culpa que Ron muriera.

Ella era la que le había mentido todos aquellos años, era ella quien lo había hecho menos y menospreciado la mayor parte del tiempo… era de ella de quien huía en el horrendo momento en que sin previo aviso cayó sin vida en uno de los pasillos del castillo que había sido el hogar de ambos por tanto tiempo. Entonces el tiempo se detuvo y Hermione no pudo más que continuar llorando sobre él mientras besaba con cariño su frente y se aferraba a su brazo derecho. Quiso huir, correr hasta más no poder, gritar al cielo todo lo que había hecho durante tantos años, pero la parte de su cerebro que aún continuaba razonando le dijo que esperara, que tuviera paciencia y continuara jugando bien sus cartas. No debía echarlo a perder, no ahora.

Con el rostro inundado en lágrimas, levantó la vista y alcanzó a ver a Harry mirando directamente hacia ella, secándose las lágrimas, a unos metros de distancia. Sin mirarla fijamente se dio la media vuelta, y comenzó a caminar a grandes zancadas hacia la entrada del salón, para luego salir de allí, desapareciendo por el pasillo.

Con dificultad y sintiendo las extremidades entumecidas Hermione se levantó, con la intención de ir tras él, mientras los Weasley continuaban llorando desconsoladamente. Pasó junto a su varita y con torpeza se agachó para recogerla. En el momento en que se incorporó, sintió un intenso ardor en su costado izquierdo que le recorrió el cuerpo entero, amenazando con hacerle doblarse de dolor, y por un segundo se sintió paralizada, hasta que el ardor cedió tan rápido como había llegado.

El Señor Tenebroso la estaba llamando.

Instintivamente se acarició la costilla izquierda y mirando por una última vez a Ron, se dispuso a ir a donde sabía que su señor estaría esperando.

Hermione caminaba desganadamente pero con paso decidido hacia el bosque prohibido. Muchas cosas pasaban por su cabeza mientras contemplaba la quietud del ambiente y el silencio sepulcral que existía en el patio principal que se encontraba destruido, derrumbado. Agradeció no haberse topado con cuerpos a lo largo de su camino, pues estaba segura de no haberlo podido soportar.

Mirando hacia atrás, se aseguró de que nadie la siguiera mientras continuaba caminando hacia un futuro incierto. ¿Para qué la querría Voldemort en su presencia? Parte de ella sabía la razón… era momento en que todo debía terminar. Pero, ¿y si Snape le mencionó algo de la plática que ambos sostuvieron antes de su desafortunada muerte? Si era así probablemente no era buena idea ir a su encuentro. Pero por otro lado, debía permanecer en su estado, un estado de sigilo y determinación, el mismo estado que había mantenido en toda su estadía en Hogwarts y que ahora había resultado en la casi captura del mismo Harry Potter, algo en lo que había trabajado día y noche incansablemente desde los primeros días de su vida. Pero de ese punto ya no había marcha atrás, el destino era algo incierto y se dijo a sí misma que afrontaría con valor lo que éste le deparara.

Pasando a una distancia considerable del sauce boxeador tuvo una ráfaga de recuerdos que le inundaron la mente; Harry y ella corriendo detrás de Ron para intentar salvarlo de aquel perro negro espectral que resultó ser Sirius Black en persona, la transformación de Lupin en hombre lobo gracias a la luna llena, y el recuerdo de haber cuidado a Ron a los pies de aquel inmenso árbol tras tener una enorme mordida de perro en su pierna derecha. Todo eso se sentía como si hubiera sucedido en una vida pasada. Un ayer muy lejano que de alguna manera deseaba haber vivido de otra forma.

Finalmente se adentró en el bosque prohibido sin titubear ni detenerse. Mientras caminaba para internarse más, los enormes árboles le iban tapando la luz de la luna que en ciertas partes se filtraba para iluminar su camino, así que sin pronunciar palabra alguna elevó su varita y una luz blanquiazul se encendió en la punta de esta, permitiéndole ver por donde pisaba.

Ella podría haber llegado instantáneamente al claro donde todos los mortífagos se encontrarían ya reunidos al lado de Voldemort, pues ella sabía cómo vaporizarse en el aire, convertirse en una nube de neblina y viajar a gran velocidad como los demás mortífagos, pero no quiso hacerlo en ese momento.

Quería tiempo para pensar.

La luz de su varita y el crujido de las ramas debajo de sus pies delataban a Hermione desde una gran distancia, lo que hizo que un grupo de mortífagos aparecieran a su lado de la nada y la apuntaran amenazadoramente con sus varitas, encerrándola en un círculo amplio. Hermione se detuvo con rostro inexpresivo.

-¡Esperen! Es la señorita Malfoy –soltó uno de los mortífagos bajando su varita inmediatamente y haciéndole una reverencia. Todos los demás lo imitaron.

-¡Baja la voz! Alguien podría escucharte –lo reprendió con furia.

-Disculpe nuestra falta de visión, creíamos que era el chico Potter –dijo otro luego de incorporarse y acercarse más a ella. -Nuestro Señor Tenebroso la espera, mi lady.

-Lo sé, por eso he venido –respondió Hermione con voz ronca. No había hablado en largo rato e intentaba que su voz no sonara a la de alguien que había estado llorando descontroladamente.

-Si nos lo permite la llevaremos con él –ella asintió con la cabeza y sin más, el grupo de mortífagos hizo una formación protectora alrededor de Hermione y reanudaron su andar.

Unos instantes después llegaron a un claro amplio, donde estaba una gran cantidad de mortífagos charlando entre ellos en voces bajas y Voldemort contemplaba su varita, mientras Bellatrix, parada a un lado suyo, lo miraba con admiración. Al ver a Hermione, Voldemort sonrió de forma maliciosa y se acercó a ella con delicadeza.

-Mi querida Hermione –dijo en tono silbante, con voz queda y firme.

Hermione sintió un escalofrío que le recorrió la espina.

-Mi señor –respondió con una sonrisa de satisfacción. Hacía mucho tiempo que no se encontraba frente a su presencia.

Sabía que era una excelente actriz, pues nadie había sospechado ni ligeramente sus verdaderas intenciones y en aquel momento pensaba continuar con el juego en el que la habían colocado de anfitriona sin siquiera preguntárselo.

-Cuanto placer me da el volverte a ver después de tanto tiempo. Cada vez eres más hermosa y más peligrosa… pero por supuesto eso ya lo sabes, querida mía –Voldemort le acarició una mejilla.

Sus dedos eran más rasposos y fríos de lo que ella esperaba, pero aun así pretendió que había disfrutado aquella muestra tenue de cariño. Hermione notó que Bellatrix la miraba con ojos asesinos.

-¿Requiere de mis servicios, mi señor? –preguntó Hermione con delicadeza.

-En realidad querida mía, solo quería que estuvieras junto a mí en este momento tan importante para ambos. Potter no tarda en venir, estoy seguro, y cuando lo haga será su fin. Y me encantaría que pudieras mirarlo estando en primera fila del espectáculo –respondió con voz fría, tomándola del hombro y encaminándola a donde los demás mortífagos se encontraban mirándolos atentamente.

Una punzada de horror, miedo y dolor se centró en la entrada de su estómago, haciéndole difícil seguirle la corriente, pero aun así no dudo en continuar.

-El momento ha llegado y todos presenciaremos cómo termina… cómo se reunirá finalmente con su madre impura –habló dirigido a todos los mortífagos del lugar, los cuales soltaron gritos de orgullo y apoyo a aquel hombre que era su líder.

Hermione no pudo evitar sentir un nudo en la garganta, mientras contenía las lágrimas de impotencia en sus ojos. Pero a pesar de ello, sonrió burlonamente para que todos la vieran.

-Hermione, por favor ve hacia allá y quédate oculta entre mis sirvientes, no queremos echarle a perder tan dichosa sorpresa a nuestro querido Harry, ¿o sí? –terminó Voldemort dirigido hacia Hermione en voz baja, a quien no le quedó otra opción más que mirar sus penetrantes ojos y negar con la cabeza.

-Por supuesto que no mi señor, todo debe ser una grata sorpresa –ella le sonrió tan naturalmente como pudo y se dirigió a donde los mortífagos, quienes la recibieron con una sonrisa mientras le abrían camino casi con una reverencia.

Hermione aprovechó aquello para alejarse un poco de ellos y recargarse detrás de un árbol, donde comenzó a temblar ligeramente de pies a cabeza. Con ambos brazos se abrazó el estómago, esperando que la ansiedad y la impotencia pasaran de largo. Harry estaba a punto de llegar, eso también lo sabía ella. Voldemort lo asesinaría y entonces todo terminaría. Pero recordando las palabras de Snape, Harry debía morir. Ese era su destino, pero aun así no podía creerlo.

Le dolía en el alma, pues se había equivocado al haberse enamorado de él, y ahora lo vería morir frente a sus ojos, sin nada que ella pudiera hacer.

-¡Traigan a Hagrid! Quiero que esté presente en esto también –la voz de Voldemort resonó por el bosque, y de inmediato los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas una vez más al escuchar a Hagrid forcejear contra los mortífagos que de seguro lo llevaban atado. Ella no se atrevía a mirar.

-¡Suéltame desgraciada alimaña!

-¡Calla!

Hermione pudo escuchar como un grito desgarrador de dolor llenaba el aire. Hagrid había sido castigado por hablar demasiado.

-La única razón por la que sigues vivo es porque tengo grandes planes para ti. Quiero que lo veas morir justo frente a tus ojos –dijo una voz fría, como con un siseo.

-¡No, a Harry no! –respondió Hagrid sollozando ruidosamente. -Él no vendrá, seguiremos peleando y tú morirás.

-¡Qué ingenuo eres al poner toda tu fe en un simple niño que ha sobrevivido a base de mentiras y a costa de la vida de los demás! –gritó Voldemort con voz tenebrosa.

Nadie respondió. Lo siguiente que escuchó Hermione fueron los sollozos de Hagrid que cada vez se apagaban más, hasta que el silencio se hizo presente. Nadie se atrevía a moverse o a hablar.

-No hay señal de él, mi señor –dijo de pronto un mortífago que había regresado de una de las vigilancias apostadas en las orillas del bosque.

Hermione se aventuró a mirar por un lado del árbol, viendo como Voldemort se tornaba inexpresivo y silencioso. Caminó un poco más hacia el centro del claro, con Bellatrix siguiéndolo de cerca.

-Creí que vendría –dijo él con en un susurro. Sin más, dio la media vuelta todavía pensativo, cuando de pronto todos escucharon algo que los sobresaltó… alguien venía caminando desde el otro lado del bosque.

La figura era inconfundible.

Se trataba de Harry mismo, llegando a su destino.

Todos se miraron boquiabiertos, con expresiones de asombro e incredulidad. Voldemort que se encontraba de espaldas fue girándose lentamente, hasta quedar cara a cara con el chico que venía caminando decididamente a encararlo también.

Hermione sintió su corazón latir aceleradamente, formándole un nudo inmenso en la garganta. "Vete de aquí, por lo que más quieras", pensó para sí, sin atreverse a usar la Legeremancia para hacérselo saber mientras veía como Harry se quedaba parado valerosamente a unos metros del Señor Tenebroso, con la varita a un lado suyo y ojos llorosos.

-¿Harry? ¡No! ¿Qué estás haciendo aquí? –gritó Hagrid con desesperación.

-¡Silencio! –gritó uno de los mortífagos más cercanos a él. El silencio se hizo presente de nuevo.

Hermione podía notar que Harry respiraba acelerada y pesadamente, pero aun así no apartaba su mirada de la de su enemigo. Era claro que sabía que moriría aquella noche, sus ojos lo decían todo.

-Harry Potter… el niño que vivió, viene a morir –dijo Voldemort despreocupadamente, como si aquello no valiera nada para él. Harry continuó sin decir una palabra. –Es curioso cómo todo lo que has hecho y dejado de hacer te ha traído aquí.

-Si vas a matarme hazlo de una vez –soltó Harry en tono seco, claramente tragando saliva y con sudor bajando por sus sienes. Él le sonrió.

-Algo que siempre he admirado es tu coraje para enfrentarme aun siendo un niño.

Hermione salió un poco más de detrás del árbol para ver a Harry mejor, lo que los mortífagos interpretaron como si quisiera dar a conocer que se encontraba allí.

-Her… ¿Hermione? ¿Qué haces aquí? –preguntó Harry con la voz quebrada, tras verla con la cabeza gacha entre la multitud de mortífagos.

Ella no tuvo más remedio que dar pasos inseguros para salir de entre ellos y quedarse a cierta distancia de Voldemort, detrás de él.

-Vino porque se lo pedí –respondió Voldemort con placer, al ver que lo que él deseaba, se estaba cumpliendo.

Parecía que a Harry y a Hagrid les habían robado la voz, pues ambos la miraban llenos de sorpresa.

-Hermione, ¿de qué está hablando? ¿Qué es lo que te ha hecho? –gritó Harry con impotencia, pasando su mirada de Voldemort a ella, sin comprender nada.

Hermione solo pudo quedarse allí, mirándolo, observando como aquel chico del que se había enamorado se hacía pedazos frente a ella. No podía decir nada, no había palabras que explicaran la traición tan grande que había cometido desde el primer día que lo conoció.

-Hay muchas cosas a las que les debes agradecer el estar frente a mí en este momento, pero sobre todas las cosas, deberías de agradecérselo a ella Harry… ella es quien te ha traído a mí. Gracias a ella morirás a manos mías la noche de hoy.

-Sé que es mentira. ¡Eres un mentiroso, siempre lo has sido! ¡Dime qué le has hecho! Hermione, ¡corre! –gritó con lo que pareció toda la fuerza de sus pulmones.

Hermione decidió no moverse, quedarse quieta mientras su rostro se tornaba sobrio… no había nada que ella pudiera hacer ya. Estaba destrozada por dentro, tenía ganas de huir y llevarlo con ella. Quería salvarlo y pedirle perdón por todas las cosas y situaciones que ella había maquinado para llevarlo hasta ese momento. Explicarle lo mucho que lo quería, que a pesar de que su amistad hubiera sido una falsedad, su amor por él había sido verdadero.

-Dime que no es cierto Hermione… -soltó Harry sin aliento al comprender que algo andaba mal. Lágrimas bajaban de sus ojos sin poder dar crédito de lo que Voldemort había dicho y de lo que ella estaba haciendo.

-Es verdad. Mi objetivo siempre fuiste tú.

-Hermione…

-Mi deber era entregarte al Señor Tenebroso y lo he hecho. Desde el primer día en que nos conocimos fue con el propósito de acercarme a ti y fingir que era tu amiga para analizarte, saber de qué forma te podría acercar más a tu muerte –dijo Hermione seria, con un tono de voz que no parecía el de ella. De alguna manera había logrado bloquear todo sentimiento y actuar, actuar para que todo pareciera real.

-No, no es cierto…

-Todo lo que hice por ti fue para traerte a este momento. Salvarte innumerables veces, estar detrás de ti siempre que lo necesitabas, hacer pociones o encantamientos para fines supuestamente benéficos. El Señor Tenebroso me recompensará por todo lo que he hecho.

-¡¿Por qué?! –gritó Harry desgarradoramente. Su dolor lo llevó a ponerse de rodillas en el frio suelo de tierra. -¿Me has traicionado desde el principio? ¡Eras mi mejor amiga!

-Ese era el plan. Ganarte para poder manipularte en silencio –contestó Hermione con una fría sonrisa. Sentía que estaba a punto de desmayarse, las fuerzas se le agotaban, no podía continuar viéndolo sufrir de aquella manera.

Voldemort solo veía la escena, alimentándose del profundo dolor de Harry y la satisfacción en el rostro de Hermione.

-Ahora que lo sabes todo Harry, me gustaría decirte cuál será la sorpresa final –Voldemort caminó alrededor de Harry, quien continuaba de rodillas en el suelo, viendo a Hermione lleno de odio. –Ella fue quien ayudó a que llegaras a este punto, y me parece apropiado que ella sea quien termine con esto.

El estómago de Hermione se revolvió grotescamente. Sintió ganas de vomitar. Aquello superaba cualquier cosa que hubiera imaginado, y al parecer para Harry también era algo que no podría soportar. Ambos se miraron. Ella deseó no ver en los ojos del que había sido su mejor amigo tanto odio como aquel. De pronto Voldemort tomó a Harry del cabello y le jaló la cabeza hacia atrás. Él soltó un quejido de dolor.

-¿Quieres tener el privilegio, querida? –preguntó Voldemort con mirada penetrante, algo hizo que Hermione se congelara. En ese instante una idea le atravesó la cabeza, y era que quizá si lograba ganar más tiempo podría encontrar la manera de salir de aquella situación con Harry vivo.

Decididamente levantó su varita, y mirándolo fijamente a los ojos gritó:

Expelliarmus!

La varita salió despedida de la mano de Harry hacia la oscuridad de forma inmediata. Ante la primera acción de Hermione, Voldemort rió con ganas. Al parecer le había resultado bastante humillante dejarlo desarmado. Hermione supo que iba por buen camino, y apuntando firmemente su varita a Harry de nuevo, gritó otro hechizo con su alma llena de dolor.

Crucio!

Harry comenzó a retorcerse de dolor, se contraía y temblaba mientras gritaba desgarradoramente. Por los ojos de Hermione comenzaron a bajar lágrimas, pero contrario a lo que quería, no pudo pensar con claridad. Al notar que Harry se convulsionaba peligrosamente sobre el suelo apartó su varita y él dejó de moverse. Voldemort soltó otra risa despiadada que resonó en todo el bosque.

-Bien hecho, querida. Pero esta vez no estaría nada mal un poco más de intensidad.

Hermione estaba a punto de quebrarse, no podía soportarlo, pero debía hacerlo. Juntando las fuerzas que le sobraban le sonrió plácidamente a Voldemort y apuntó de nuevo su varita a Harry. "Por favor, perdóname".

Al gritar la maldición Harry comenzó a gritar de dolor nuevamente, moviéndose de un lado a otro intentando sanar el dolor. Mientras se retorcía, Harry alcanzó a pronunciar el nombre de Hermione, y ella cesó.

Al ver a Harry tendido en el suelo sin poder moverse, no pudo evitar sentirse débil. No por la magnitud de la maldición que había realizado, si no por tener que hacerlo sufrir. Quería llorar con todas sus fuerzas, ir a abrazarlo y susurrarle que todo estaría bien, pero nadie podía sospechar que sus intenciones ya no eran las mismas de antes.

-He… her… -Hermione sabía que Harry intentaba decir su nombre, lo que hizo que su corazón y su razón terminaran por destrozarse.

-Hazlo ahora, Hermione –le dijo Voldemort con sutileza al oído. –Y hazlo con creatividad, eres la mejor para encantamientos.

Hermione tembló de pies a cabeza, a tal grado que casi no podía sostener su varita. Tragando saliva y sin ninguna salida apuntó su varita directo a Harry, quien la miraba fijamente, suplicándole, rogándole que no lo hiciera. Entonces Hermione tuvo una idea.

Mirándolo a los ojos, intentó poner imágenes en su mente por medio de la Legeremencia.

Imágenes de ellos riendo, abrazándose, librándose de peligros y de todos los momentos felices que ella pudo recordar viajaron lentamente, poniéndose en la mente de Harry mientras ella hacía un enorme esfuerzo por hacerle entender que lo quería mucho más que a un amigo. Los ojos del chico la miraron llenos de lágrimas y una leve sonrisa se asomó por sus labios resecos, dándole a entender que la perdonaba, que perdonaba todo lo que había pasado, las mentiras y los engaños. Lo que habían vivido juntos había pesado más que todo lo que estaba pasando en ese momento.

Lentamente, Hermione lo hizo levitar hasta colocarlo varios metros sobre el suelo mientras todos miraban ansiosos y asombrados lo que ocurriría después. Entonces ocurrió algo que no supo si era solamente obra de sus alucinaciones… Harry le devolvió imágenes de ambos riendo despreocupadamente junto a Ron.

Aquello la tomó por sorpresa, pero le hizo darse cuenta de algo sumamente importante… supo que el corazón de Harry era demasiado grande para dejar que Voldemort ganase. Harry estaba allí por una razón y esa razón era que estaba dispuesto a morir por todos los demás. "Encontraré la manera de detener esto Harry, lo juro", pensó con todas sus fuerzas para hacerle llegar ese mensaje, ponerlo en su mente y que entonces él pudiera descansar en paz sabiendo que a pesar de todos los errores que había cometido, ella se encargaría de arreglarlo. Lo haría, aunque fuera lo último que hiciera. "Te amo"

Avada Kedavra! –gritó Hermione.

Entonces, el hechizo golpeó a Harry de lleno, impulsándolo con fuerza y haciéndolo estrellarse en un árbol detrás de él, para luego caer desde las alturas como un muñeco de trapo e impactar sobre la fría tierra del bosque. Los ojos de Harry se apagaron y toda vida se fue de ellos.

El tiempo se congeló. Hermione no podía respirar. Estaba en shock. Harry no se movía, y sabía que no lo haría nunca más. En silencio, Voldemort se acercó a Harry, se inclinó y tocó su pulso. Con satisfacción en su rostro lo giró para ponerlo boca arriba y con una sonrisa maquiavélica pronunció:

-¡Murió!

Hermione no pudo más y se soltó a llorar, mientras todos los mortífagos gritaban de júbilo y se felicitaban unos a otros. Hagrid y ella eran los únicos que parecían lamentar la muerte del niño que vivió.