Todos los personajes de la serie de Kaitou Saint Tail pertenecen a la genial Megumi Tachikawa, ninguno de los personajes me pertenece a mí aunque lo que daría por poder tener aunque sea los ojitos de Daiki v_v…. aclarado esto, aquí vamos.
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The Way
Por Mimi chan
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Capítulo 2
Su mano estaba firmemente apoyada en su cuello, justo en esa pequeña extensión que separaba al nacimiento de su cabello de su espalda. Una pequeña e inocente extensión de piel, una pequeña e ínfima prolongación de piel que tenía un poder desconocido hasta ese momento; el poder de hacer temblar todo su cuerpo, de desatar una llamarada de calor a través de toda su piel, de activar cada escalofrió conocido hasta ese momento. Sus dedos delgados y finos acariciaban con casi ociosidad ese lugar, haciendo que se sintiera como dentro de un balón de helio; ligera y volando hasta alturas insospechadas con el potencial de explotar en cualquier instante.
Su otra mano en su espalda, firme y amplia cubriendo casi toda la parte baja de la misma. ¿Tenía él manos tan grandes? ¿Tenía ella su espalda tan pequeña?
Y de pronto todos los gritos de su inteligencia y conciencia fueron silenciados cuando su boca estuvo sobre la suya. Nada, no había nada más en el mundo a partir del beso de Daiki, salvo una amalgama de sensaciones de las que estaban hechas los besos de película: la suave textura de sus labios finos y carnosos, la sensación erótica y maravillosa de su busto atrapado contra su pecho, una mano cerrándose contra la tela de su cheserilla escolar, la otra subiendo hasta su pelo, atrayéndola más, tratando de poseerla aún más en ese beso dulce y violentamente excitante. Ella sólo cerró sus manos en las solapas de su saco, no sabía qué más hacer con ellas salvo tratar de sostenerse mientras el mundo giraba a su alrededor y rogaba en silencio que esto no terminara nunca y…
Prácticamente saltó en su cama, abrió los ojos amplios viendo el techo blanco de su habitación mientras sentía que su corazón latía sin control. "Un sueño, sólo es un sueño" se dijo a sí misma mientras se llevaba las manos al pecho. Miró a su alrededor, Ruby estaba profundamente dormido en una de las orillas de la cama, su pequeño cuerpo se inflaba y desinflaba en una respiración acompasada; el reloj al lado de su cama marcaba las seis de la mañana. Bien, al menos esta noche había dormido más.
Se levantó de su lecho, sus padres no despertarían sino hasta dentro de media hora, así que bajó tranquila y silenciosamente a la cocina por un vaso de agua.
Había sido un fin de semana de locura. No había logrado pasar más de 5 minutos sin pensar en por qué Daiki había hecho lo que había hecho el pasado viernes en la escuela.
Que la hubiera besado de nuevo en detención no había ayudado en nada para aclarar sus ideas y más aún cómo la había besado, no sabía qué tanta experiencia tendría Daiki, casi podía apostar que ninguna. Por la forma en la que había huido de Lina desde que había empezado a perseguirlo casi podía apostar que su experiencia para tratar con chicas era nula pero… ¡Dios! Besaba como si ese fuera su trabajo. La segunda vez en la sala de detención había sido... el primer beso que le había dado había sido algo así como un impulso, algo que no había podido evitar hacer, pero el segundo… la forma como la sostuvo cerca, cómo presionó sus labios contra los suyos con gentileza, disfrutando el contacto, invitando, seduciendo, haciendo imposible la retirada, derritiendo sus huesos, haciéndola masilla en sus manos.
Cuando habían escuchado a la hermana regresar por el pasillo, la había puesto en un lugar a su lado, la había tratado como a una muñeca de trapo, porque francamente así se sentía. Cuando la hermana entró al salón, los había visto con mala cara, pero al final les había dicho que podían ir a casa y que lo que había pasado no se podía volver a repetir en la escuela. Daiki tomó su mochila y de nuevo salió corriendo del aula.
Durante todo el fin de semana ella había querido levantar el teléfono y hablar con él, pero la verdad fuera dicha no había encontrado el valor. No ayudaba el hecho de que cuando llegó a su casa sus padres la habían castigado por haber hecho algo así en la escuela – bien, lo del castigo había sido cosa de su papá, su mamá en realidad había intentado todo el fin de semana averiguar quién había sido el chico, pero no se lo había dicho, no al menos hasta estar segura de qué rayos estaba pasando.
Pero ahora era lunes, en un par de horas vería a Daiki en el colegio y podría hablar claramente con él, no dejaría que la besara de nuevo, al menos no hasta que tuviera claro que el chico no se estaba burlando de ella, había perdido una apuesta, estaba siendo víctima de un hechizo vudú o alguna cosa peor.
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Meimi tuvo que parpadear varias veces para convencerse que no estaba alucinando. Allí de pie en el portal de su casa estaba Asuka Jr, recargado relajadamente en la pared a un lado de la puerta, sonriente y alegre.
— Buenos días – saludó con entusiasmo – hoy sales a tiempo, qué sorpresa.
— ¿Qué haces aquí?
— Vengo a acompañarte a la escuela.
— ¿Por qué?
— ¿Por qué no?
— Porque nunca lo has hecho antes – se defendió.
— Que no lo haya hecho antes no significa que no pueda hacerlo ahora.
— Asuka Jr…
— Buenos días – salió su mamá al portal de la casa cuando vio seguramente que ella no estaba yendo a ningún lado – oh, ¿Vino alguien a acompañarte a clases?
— Buenos días, Haneoka sama – saludó educadamente el chico de ojos negros – soy Asuka Jr. Daiki.
— Oh si – dijo su mamá sonriente, había sido su primera opción cuando había tratado de adivinar quién era el novio de su hija – te recuerdo Asuka kun, qué bueno que vienes por Meimi, nunca me quedo tranquila cuando se va sola al colegio.
— Yo… tratare de venir más a menudo ahora.
— Pero vayan, vayan, se les hará tarde si se quedan aquí platicando en el portal, pueden platicar en el camino.
Su madre literalmente los empujó para caminar lejos de la casa, aún más, se quedó en la puerta de la misma mientras caminaban hasta donde los perdió de vista.
— Explícame…
— Es la segunda vez que me has hecho esa misma demanda Meimi.
— Bueno – dijo tragando saliva, la había llamado sólo por su nombre y se había escuchado tan bien – en ninguna de las dos veces me has explicado.
— ¿No te lo dejé claro la última vez?
— No – dijo yendo un paso lejos de él – y no vuelvas a besarme.
— Te quejas como si no te hubiera gustado ¿no te gustó?
— Yo no dije eso.
— Entonces sí te gustó.
— Daiki, me estás asustando.
— Me encanta cómo suena mi nombre viniendo de ti.
Y siguió caminando como quien no quiere la cosa. Esto no estaba yendo a ningún lado.
— Daiki, con palabras simples y sencillas, podrías decirme por qué…
Daiki se detuvo y la volteó a ver, lo vio perder su pose segura y confiada, ella debía tener una expresión parecida a la de él seguro.
— Yo creí que era claro que nos gustábamos.
— ¿Qué?
— Ya sabes, todas esas cosas que hacíamos juntos, los juegos y peleas. Pero cuando vi lo que estaba pasando con Tanaka, pensé que había mal interpretado todo, pero… me sigues gustando, así que decidí jugarme todas mis cartas, quería saber si yo te gustaba y la forma más directa que se me ocurrió fue… besándote.
— Me besaste por sorpresa.
— La primera vez sí, por eso volví a besarte, quería saber si la primera vez me respondiste sólo por sorpresa, pero la segunda, te di tiempo para, no sé, abofetearme, tirarme algo encima lo que fuera, pero no lo hiciste.
— Qué… ¿qué es lo que quieres Daiki?
— Pensé que estábamos oficialmente saliendo.
— Daiki, estás haciendo todo al revés – dijo cada vez más desconcertada – sabes, los chicos primero preguntan si quieres salir con ellos, después… no sé, tienen citas y si todo sale bien, se besan y todo lo demás, no puedes hacer todo al revés.
— Pero ha salido bien.
— No puedes tratarme como a un caso policial Daiki. Yo sé, que tú juntas la evidencia de un hecho y después sólo asumes los hechos, pero no es así cuando tienes… una… novia. Porque ¿quieres que seamos novios? ¿no?
Daiki se vio realmente sorprendido, ella… tenía razón, él la estaba tratando como si fuera…
— Maldición, tienes razón – dijo apenado – Meimi…
— Daiki… me gustas, en serio que sí me gustas, pero… — Dios, nunca antes había deseado más que Seira no la hubiera metido en todo el asunto de St. Tail.
— Si te gusto y me gustas por qué deberíamos evitar que pase – dijo él acercándose a ella, acariciando con la punta de sus dedos su mejilla, la comisura de sus labios, de una forma tan suave, tan sensual que era como el diablo haciendo un trato por su alma – dame una oportunidad, hare lo que tú quieras.
"Di no Meimi, recuerda todos los motivos por los que no deberías decirle que si, será complicado y deshonesto y está mal." Pero él ya tenía sus manos rodeando su rostro y sus labios sobre los suyos, suave y lentamente, él no estaba jugando limpio.
— Daiki… no es justo.
— No lo hago a propósito – y no lo hacía, era sólo que sentía su aroma cerca, la textura de su piel era una invitación imposible de resistir, en realidad la había besado sin pensarlo, únicamente guiado por el instinto – di que si, por favor.
— Si.
Él sonrió más feliz de lo que lo había visto, tomó su mano y caminaron juntos a la escuela.
Dios, en la que se estaba metiendo, pero sintiendo la mano de Daiki envolviendo la suya, viendo los ojos color esmeralda más brillantes mirando delante de su camino y con esa sonrisa encantadora… sólo sabía que valdría la pena.
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Meimi se dejó caer agotada en su cama, y es que había sido un día de locos. Si le hubieran dicho que ser novia de Daiki iba a ser tan complicado, no lo habría creído nunca. Por supuesto toda la gente que no se había enterado el viernes de lo que había pasado, ahora lunes por la mañana estaba más que enterada, es más, algunos habían completado la historia con jugosos detalles, que no sonaban tan mal, pero que no habían pasado. Los profesores estaban ciertamente muy enojados por todo el alboroto que este chisme había creado y todas y cada una de las hermanas los miraba con mala cara y no les habían permitido cruzar palabra uno con el otro toda la mañana. Haberlos visto llegar juntos no había ayudado a aplacar un poco el calor de las murmuraciones.
Había habido personas sinceramente felices por ellos, sus amigas no habían dejado de acosarla con preguntas del cómo, cuándo, dónde y cuánto.
Pero por supuesto había quien no estaba tan feliz, Lina la había mirado toda la mañana con una mezcla de resignación y furia asesina – en serio, no estaba exagerando – que la ponía un poco nerviosa, Manato… oh mejor no hablar de Manato, ella en realidad nunca había querido lastimarlo, lo apreciaba en realidad nunca había sido si no más que atento con ella, y si había empezado a ser algo, bien en realidad muy insistente, era inofensivo, se veía dolido, verdaderamente dolido, no lo había visto nunca así, ni siquiera cuando había empezado a pasar mucho tiempo con Yuta, quizá intuía que lo que pasaba con Yuta no era en serio, o quién sabe, el caso es que ahora se veía verdaderamente triste. Yuta, él solo la miraba con cierta incomoda resignación.
Pero… cuando en medio de la clase, las preguntas, las miradas asesinas y todo lo demás volteaba a ver a Daiki y él aun tenía esa mirada llena de esmeralda pulida y su sonrisa, casi se olvidaba de todo lo demás.
Probablemente estaba cometiendo un grave error, pero es que un error nunca se había sentido tan bien. Daiki no la había vuelto a besar, quizá porque había quedado en el aire que hasta que los dos no hicieran las cosas bien, no lo haría de nuevo – maldita fuera su decencia – pero no hacia ninguna falta, en el descanso la había tomado de la mano para ir juntos a comprar algo de almorzar, y sólo sentir su mano más grande sosteniendo la suya, como distraídamente su pulgar rozaba la superficie de su pulgar era…
Tenían sólo 14 años, ¿Cómo es que estuvieran sintiendo todo esto? Porque sabía que ella no era la única que lo sentía, el beso que le había dado de camino a la escuela se lo había dicho, Seira le había dicho más de una vez que toda esa agresividad entre los dos sólo era causada por lo que llamaban "tensión sexual reprimida", es decir dos personas que se atraen sexualmente sin que esto sea consciente, en su caso se había ido escapando en pequeñas dosis de violencia, pero ahora que era una atracción expresa… ahora que los dos eran conscientes de lo fuerte que era, de lo maravillosa que se sentía en realidad, cómo poder negarle su curso natural. No, no es que estuviera pensando en tener sexo con él, eran demasiado jóvenes para algo así, pero… cómo evitar desear el cosquilleo instantáneo que cualquiera de sus caricias le producía, por más inocente que el contacto fuera; cómo luchar con la sensación de su pecho apretándose y llenándose de anticipación cuando la miraba, no como solía mirarla todo el mundo, como sólo él podía mirarla, nunca había sentido algo así, y Daiki no era el primer chico que se sentía atraído por ella, pero sin duda era el primer chico por el que ella se sentía atraída. Y luego estaba el cielo, sus besos sin duda alguna eran su versión del cielo donde nada malo existía y todo se sentía bien, donde cualquier preocupación o angustia o inseguridad se desvanecía del todo y sólo era una ridícula masa de moldear que se calentaba con su tacto y se convertía en arte. ¿Cómo tocabas el cielo y te negabas a regresar después?
Y si sus besos se sentían así, cómo se sentiría que él… él…
¡No! No llevaría sus pensamientos por ese lugar, era un sitio demasiado peligroso de visitar ahora.
Llamaron a su puerta, su mamá entró enseguida con el teléfono en sus manos.
— Hija, tienes alguien al teléfono.
— ¿Es Seira? – dijo casi con miedo, lo último que necesitaba ahora era tener que ponerse su traje y salir a saltar por los techos de la cuidad.
— No – dijo divertida su mamá – es el chico que vino en la mañana por ti.
— ¿Asuka Jr.?
— Si – dijo dándole el teléfono – hija, yo sé que estar enamorada es hermoso, pero no creo que sea muy buena idea que sigan demostrando eso en el colegio, no quisiera que te dejaran en detención de nuevo.
Meimi no respondió nada, no tenía ningún sentido, la intuición de su mamá le daba 5 vueltas a cualquiera de sus explicaciones, sólo se sonrojó y agachó la cabeza avergonzada mientras su mamá dejaba la habitación.
— Bueno.
— Tu mamá tiene razón, no volveremos a hacer algo así en el colegio, no quiero que tu expediente de estudiante tenga alguna marca de mala conducta.
— No es de buena educación escuchar mi conversación con mi mamá – dijo más sonrojada si es posible.
— No haber puesto el altavoz entonces.
Meimi miró el teléfono y sí, tenía puesto el altavoz, quizá su mamá estaba del otro lado de la puerta deseando escuchar. Casi acosada lo apagó y atendió la llamada.
— ¿Por qué me llamas?
— Porque quería escuchar tu voz
Meimi se sonrojó de nuevo, Dios, cómo la desconcertaba que Daiki dijera cosas así, pero al mismo tiempo, tenía a su corazón latiendo lo doble de rápido.
— Nos hemos visto hace sólo media hora.
— No me importa – dijo el chico del otro lado de la línea – llegué a casa, dejé mi mochila, me acosté en mi cama y sólo quería escuchar tu voz otra vez.
¿Qué se supone que respondes a una cosa así? Que ella también lo había empezado a echar de menos apenas y se habían despedido a unas calles de su casa donde él cambiaba de rumbo, que la hacía feliz escuchar su voz por el teléfono, que la emocionaba pensar que él la extrañaba.
— Yo también te extrañaba – dijo sin pensarlo demasiado y recostándose de nuevo en su cama cerrando sus ojos para poder disfrutar más de su voz.
— ¿En serio?
— Creo que sí.
Y como la mayoría del los enamorados hacen pasaron largo rato en el teléfono y sorprendentemente se dieron cuenta de que se conocían más de lo que habían atrevido en un principio a creer.
Ambos conocían a la familia del otro, el detective Asuka era conocido en toda la ciudad en realidad y el padre de Meimi había tenido más de un gran espectáculo de magia en la ciudad en donde la mayoría de las veces su madre y ella habían estado en primera fila.
Ninguno de los dos había tenido hermanos, la madre de Daiki se había divorciado hacia mucho de su padre más que nada porque no había podido soportar la presión de ser la esposa de un policía, vivía en Kioto y se veían por lo menos dos o tres veces al año, él había sido muy pequeño cuando todo aquello había pasado. Mientras que a sus padres solo la naturaleza no les había dado otro hijo.
Tenían gustos muy similares para la comida o los dulces, habían coincidido bastantes veces en los mismos restaurantes o dulcerías para que eso quedara demostrado.
Sabían sus puntos flacos con respecto a las materias en la escuela, ella era pésima para las matemáticas mientras que a Daiki le costaba cantidad las clases de lenguas.
Sus grupos de amigos habían coincidido más de una vez, Seika era lo bastante grande para no tener que coincidir en los mismos parques o espectáculos pero lo habían hecho más de una vez, hablando sobre todo ese tipo de cosas llegaron a esas curiosas conclusiones, durante los dos años de instituto ellos a pesar de lo que pudiera verse desde fuera eran parecido. Claro sin contar todas las noches que sin Daiki saberlo habían pasado juntos.
Pero a pesar de todo mientras más hablaban, Meimi sentía que más se conocían, eran pocas las ocasiones que habían hablado tranquilamente más de treinta minutos y ahora llevaban más de tres horas. Quizá más que lo que él estaban diciéndole si no más bien su voz, la forma en la que fluctuaba su voz, debía decir que ya le había pasado más de una vez en el pasado, ella solo disfrutaba escuchándolo hablar, en ocasiones incluso no sabía que es lo que estaba diciéndole solo sentía su voz, no, no solo la escuchaba sino más bien la sentía, casi como algo físico, dependiendo siempre de lo que estuviera diciendo todo lo expresaba en su voz: cálida, suave, o intensa y emocionada. Cuando hablaba de ella, bien de St. Tail, su voz se tornaba casi apasionada y aquello se sentía como nada que hubiera sentido antes, como un abrazo inesperado que llega desde tu espalda y te envuelve cálidamente recorre tu estomago y aprieta sobre tu estomago envolviéndote en una tibieza infinita.
Meimi salió de su ensueño cuando suavemente tocaron a su puerta, su madre entro enseguida.
— Ya es hora de la cena querida – dijo sonriente – me gustaría poder dejarte un rato más al teléfono pero tu papa ha empezado a preguntar por ti.
— Ya bajo mamá.
Con la misma discreción su mamá salió de la habitación.
— Debo bajar a cenar Daiki.
— Sí, yo debería estar preparando la cena también – dijo con una sonrisa Daiki – papá no tarda en llegar y si no está la cena en la mesa se pone como un polvorín
— Nos vemos mañana en el colegio entonces.
— Si, pasare por ti a tu casa.
— No tienes porque hacerlo
— Quiero hacerlo, hasta mañana.
— Hasta mañana.
Ambos colgaron el teléfono, faltaban solo un par de horas para volver a verse y las horas parecían tan largas.
Aunque quizá esa noche no lo serian tanto.
Fin capitulo 2
Sábado 14 de junio de 2014
2:41 a.m.
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Nota de autora: hola a todos de nuevo, casi no me paso hoy a publicar por que he tenido una semana de locos y ahora mismo estoy a punto de irme a planchar oreja de verdad exhausta, pero saben, hoy es mi cumpleaños y de alguna manera me gusta hacerme a mi misma como un regalo subir una historia este día y poder compartirla con todos mis maravillosos lectores - os he dicho que son los mejores - así si me llega algún mensaje hoy pues sera como un regalo extra de todos ustedes que están disfrutando esta historia conmigo.
Así que por favor no sean tímidos, salgan de las sombras y dejen algún mensajito, harán a una treintañera muy feliz.
me despido, nos vemos en el siguiente capitulo, un beso a todos
Tata
Mimi chan
