Todos los personajes de la serie de Kaitou Saint Tail pertenecen a la genial Megumi Tachikawa ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojitos de Daiki v_v…. aclarado esto aquí vamos.
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The Way
Por Mimi chan
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Capitulo 3
— ¿Puedes ayudarme con esto?
Meimi se acercó a él. Por un momento la vio con sospecha, no era la clase de chicas que pedía ayuda para nada, no al menos a él, pero cuando la vio con la larga pila de libros en los brazos y que la biblioteca estaba vacía entendió que le pidiera ayuda a él.
— ¿Qué puedo hacer por ti Haneoka?
— Debo poner estos libros en la gaveta de arriba, pero me asusta que la escalera se pueda mover, no está exactamente muy bajo que digamos.
— Puedo ponerlos por ti.
— Solo ayúdame si – dijo un poco altanera, como siempre – sé que lo que hago, solo quiero un poco de ayuda, pero si te molesta…
— No he dicho eso.
Sin darle tiempo de discutir más se levantó de su asiento y la siguió a donde ella le pidió. La chica subió con cuidado las escaleras sin querer abandonar los libros, ese era el principal problema, era tan terca que se negaba a haber el trabajo poco a poco y quería hacerlo todo al mismo tiempo.
Pero descubrió un problema cuando ella subió las escaleras y él se quedo abajo.
Bien, no precisamente un problema, pero lo sería solo si ella se daba cuenta lo que estaba haciendo.
El uniforme de verano era un uniforme diseñado justamente para el clima caluroso de Japón, ellos podían usar sus camisas sin mangas incluso había profesores que se apiadaban de ellos y los dejaban ir sin sus corbatas. Para las chicas era algo similar, las faldas cortas y ligeras, las cheserillas cortas y aunque para ellas si era obligatorio ir con el moño, algunos profesores las dejaban ir con calcetas cortas o solo enrollarlas en sus tobillos.
Y ese día había sido uno especialmente caluroso, por lo que ella iba con las medias solo atoradas de cualquier modo en los tobillos y la falda corta, más arriba de la rodilla, cuando ella levantaba su brazo para acomodar un nuevo libro su falda se levantaba solo un poco más, solo lo suficiente para darse cuenta de la orilla de una tierna ropa interior color de rosa, solo un delicado encaje de color rosado que cubría… cubría…
Tenía las mejillas calientes así que su sonrojo debería ser obvio, pero, ¿Qué chico en su lugar no tendría ese brillante sonrojo? Ella tenía una piel… la piel de una chica: lisa, tierna, delicada. Sus piernas eran lo bastante largas para que fueran… perfectas, había una pequeña curva detrás de sus rodillas y los hilos de sus venas se podían ver a través de su piel color avellana, ¿cómo se sentiría?, esa pequeña extensión de piel, estaba lo bastante cerca para saber que olía como a leche tibia, ¿tendría la misma textura?
Volteó a ver cómo iba con su trabajo y se dio cuenta de que lo estaba mirando con una semi sonrisa. Fue tanta su impresión que sin soltar la escalera dio un par de pasos atrás llevándola con él, perdió el equilibrio y él hizo lo posible por sostenerla, por suerte lo logro, dejando que su cuerpo entero descansara sobre el suyo,
— Yo…
Pero ella solo sonrió y acercó su boca a la suya y puso sus labios rosas y delicados sobre los suyos y…
La alarma de su reloj lo despertó, casi brincó en su cama del susto, miró a su alrededor desconcertado por un par de segundos y enseguida se dio cuenta de que había sido un sueño.
— Hey Daiki – se asomó su padre por la puerta – puedes apagar la alarma, estoy al teléfono.
Su padre lo miró un momento y con un ligero sonrojo se retrajo un poco.
— Bien, te dejo solo.
Le tomo 10 segundos enteros a Daiki saber porque su padre había reaccionado así, no era muy fan de dejarlo holgazanear en la cama, pero cuando él mismo se dio cuenta que los pantalones de la pijama le quedaban incómodos… bueno… solo pudo salir corriendo al baño para darse una ducha bien fría.
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No fue fácil ir por ella a su casa después de su sueño. No sabía cómo mirarla a la cara después de haber hecho esas cosas con ella en sus sueños, no es como si le hubiera faltado al respeto ¿o sí? Es decir él no podía controlar lo que hacía su mente mientras dormía o las reacciones que tendría su cuerpo.
Pero cuando la vio delante de su puerta con el mismo uniforme de verano que la había visto en su sueño se dio cuenta que no podía controlar tampoco las reacciones de su cuerpo cuando estaba despierto, sintió que el estomago se le contraía en un puño y una cierta picazón en las manos. Ella era tan bonita, sin una pizca de maquillaje que otras chicas en el colegio ya usaban, bueno siempre que las hermanas no las atraparan, ella era solo tan bonita sin ningún artificio, su cabello como una llama de fuego cayendo por su espalda y sus hombros y sus ojos color zafiro con una piel que parecía avellanas tostadas, lucia como una de aquellas chicas que solo se veían en televisión.
— Buenos días – lo saludó ella entusiasta – decidí salir un poco antes para no hacerte esperar.
— Te habría esperado.
— Lo sé. – dijo sonrojada – nos vamos.
Ella se puso a su lado y sosteniendo su mochila en sus manos camino a su lado.
Platicaron de cualquier cosa mientras caminaban juntos al colegio, de la tarea de matemáticas, de lo que cada uno había desayunado, una de esas conversaciones en las que solo es importante compartir algo, sin importar lo insignificante que parezca.
— ¿Pasa algo malo?
Daiki volteo a ver a su novia que lo miraba con curiosidad.
— No.
— ¿Estás seguro?
— ¿Por qué lo preguntas?
— Tengo el suficiente tiempo de conocerte para saber cuando algo te preocupa – dijo un poco sonrojada – bueno, tenemos muy, muy poco saliendo, pero hemos sido amigos por mucho tiempo, tú tienes esa misma expresión en la que pareces encerrado dentro de ti discutiendo contigo mismo.
— ¿En serio?
— Si.
Daiki solo atinó a sonreír, ¿Por qué nunca había notado lo mucho que ella ponía atención? Es decir lo que acaba de decir no es algo que se descubriera fácilmente.
— ¿Te importo verdad? – dijo un poco pagado de sí mismo.
— Por supuesto que me importas – dijo enojada – las personas a las que quieres desde luego que te importan.
La frase flotó un momento entre los dos. Pareciera obvio que dos chicos que son novios se quieren ¿cierto?, pero verbalizar algo como eso no es exactamente fácil. Daiki no supo que responder. Ella le gustaba muchísimo, y si, ella también le importaba, es decir siempre que la había visto en problemas había intentado ayudarla, y cuando ella era feliz él ciertamente también era feliz, no puedes sentir eso por alguien a quien no quieres.
Era un poco escalofriante, pero si, él también la quería.
Contento con el nuevo descubrimiento la tomó de la mano y caminó a su lado más contento de lo que había estado en mucho tiempo.
— Daiki… — dijo con un evidente sonrojo, no había pretendido decírselo solo así.
— Si, Meimi – dijo con una amplia sonrisa – yo también te quiero.
Y esta vez fue ella la que no pudo evitar dejar de sonreír, sino fuera cierto Daiki no lo diría, él no era esa clase de chico. Él creía en la justicia, en la verdad, él no decía mentiras, después de todo ese tiempo conociéndolo sabia eso de él. Había parecido mucho más complicado en un principio, pero al parecer no lo era.
Llegaron al colegio aún de la mano, y aunque atrajeron la mirada de todos no se soltaron hasta llegar al aula.
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— Oye ¿sabes que esta semana la compañía Kaleido está en la cuidad?
— Oh por favor no me lo recuerdes – dijo ella con un suspiro lastimero.
Como era solo lógico se habían sentado juntos a tomar el almuerzo en el aula, las miradas a su alrededor aún resultaban un poco incomodas pero se sentían tan bien juntos que la mayoría ni siquiera las notaban.
— ¿Te gustaría verlos?
— Claro que me gustaría – le dio un trago a su jugo en caja – pero desde hace semanas las entradas están agotadas, habría dado cualquier cosa por poder tener una entrada, van a venir con "la bella durmiente" y es solo el espectáculo de la gira, nunca lo volverán hacer seguro.
— Meimi – dijo y obtuvo su atención – te estoy invitando
— ¿Qué? ¿Cómo?
— La compañía mando como cortesía algunos boletos a la policía que los apoyara en la seguridad, los sortearon y papá ganó dos, pero no le interesa en lo más mínimo el espectáculo.
— Pero podría venderlos, son boletos muy caros.
— Por el momento no necesita el dinero extra así que pensando que quizá te gustaría ir se los pedí, te he visto en clase de deporte y se te da tan bien lo de gimnasia, que no se pensé que quizá.
La chica soltó un sonoro grito y saltó sobre su regazo en un abrazo, el joven detective solo recibió con alegría su gesto esperando que ninguno de los profesores entrara en ese momento o los mandaría de nuevo a detención.
— Eres el mejor novio del mundo – dijo ella eufórica – de veras te quiero.
Allí frente a todo el mundo, o por lo menos de la clase, todos se dieron cuenta al fin que aparentemente esto sí que iba en serio.
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Dio un salto más sintiendo la libertad del aire azotando contra su cuerpo, mientras más alto más frio entibiándose mientras alcanzaba el piso. Como siempre él iba detrás de ella.
— Pretendes atraparme así – dijo divertida mirándolo de reojo – tienes que esforzarte más que esto Asuka jr.
Y de pronto estaba rodando por una pendiente, y no solo ella, él estaba a su alrededor, caían juntos rodando por el pasto fresco, ella reía divertida y él estaba haciendo lo mismo, rodaron por lo que pareció una eternidad hasta caer a un templete de hierba, un centenar de luciérnagas volaron a su alrededor iluminando la noche por un momento.
— Te tengo.
— Si – dijo sonriente – me tienes
Y la besó.
Con uno de esos besos que te despegaba los pies del piso y que ponían tu corazón a latir. Sostenía su rostro con sus manos y la besaba con una dulzura que la desarmaba, sentía sus huesos pesados y solo se quedo en su lugar sin poderse mover, pero no lo necesitaba, ¡Dios sentía que el mundo giraba a su alrededor y que todo a su alrededor podía perder su gravedad y flotar al infinito mientras ellos dos estaban allí compartiendo ese beso.
Se separó solo un poco de ella y recargó su frente en la suya, respiró su mismo aire, sintió su peso sobre ella, sus manos cálidas sobre sus mejillas y no deseo nada más en el mundo.
— Te quiero – dijo en voz baja solo para ella – te quiero.
— Te quiero.
Las pequeñas luciérnagas amarillas aún bailaban a su alrededor mientras volvían a su beso. Sus manos recorriendo la extensión de su espalda mientras sus besos escapaban de su boca y recorrían su mandíbula, bajando con calma a su cuello buscando espacio en medio del cuello de su traje, la sensación era adorable, tan dulce y tan deliciosa que calentaba su sangre. Sus piernas enredadas en medio de las de él, la presión de su vientre contra ella, empujando, empujando…
— Daiki…
Abrió sus ojos y lleno sus pulmones de aire, miró el techo por un largo momento. Se quedo allí por un momento con una mano en la boca ocultando para nadie en particular una amplia sonrisa, disfrutando inocentemente de la sensación de su cuerpo, pesado, relajado, cálido, la misma sensación pacifica y mansa que tenía en todo su cuerpo, su pecho que llenaba y vaciaba con respiraciones profundas y una pesadez en su vientre bajo, no quería moverse, no quería perderse de nada.
Había soñado tantas veces con Daiki de esa manera que era algo casi natural pero esta vez… esta vez su mente no tenía que imaginar solo como se sentían sus besos o sus manos, no era solo llenar los huecos de lo que podría sentirse, esta vez en su memoria esos recuerdos estaban bien resguardados y podría acceder a ellos cada vez que quisiera y al parecer su mente mientras soñaba los recordaba con mayor precisión, casi podía sentir su manos cálidas en su rostro y sus labios hinchados por ser besados por los suyos, esa sensación ardiente en su cuello y si… también en medio de sus piernas.
Escuchado a su mamá en la cocina y sabiendo que su papá estaba de viaje hasta el día siguiente se atrevió a poner una mano entre sus piernas… un latido, un suave latido palpitaba entre sus piernas… que sensación tan curiosa.
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Su corazón latía fuerte, fuerte, fuerte, aunque sonara extraño no podía definirlo con otra palabra o con decirla solo una vez. Desde que había conocido al espectáculo kaleido cuando era niña y su madre la llevó a una presentación lo amaba, quizá aquel momento cuando era niña y vio a los acróbatas en su acto envidio lo que podían hacer, quizá esa había sido la intención de su madre después de todo y lo había logrado muy bien. Al día siguiente ya estaba apuntada en clases de gimnasia en el estadio de la comunidad.
Sostenía sus propias manos con fuerza mientras la compañía representaba en el aire "la bella durmiente", apretándolas contra su pecho cada vez que veía a los artistas ejecutar un nuevo movimiento audaz y lleno de gracia… soñaba con la idea de estar en ese escenario y poder volar como lo hacían ellos, lo que era más sabia que podía hacerlo, ella tenía movimientos tan buenos o mejores que lo que tenían los acróbatas de la compañía, solo que por supuesto no creía poder llegar a una audición con un currículo como el suyo.
Sentía la mirada de Daiki sobre ella a su lado pero quizá por primera vez en mucho tiempo no quería perderse de nada ni por que Daiki la estuviera mirando con una expresión dulce pero socarrona.
Y si, Daiki es justo lo que estaba haciendo para ser sincero el espectáculo era increíble sin duda, pero el que estaba ocurriendo a su lado era mucho más interesante nunca había visto esa expresión en el rostro de… nadie. Completamente extasiada como si pudiera sentir que el corazón se le saldría del pecho y con ojos tan brillantes… era algo difícil de ignorar no es algo que se viera todos los días en ningún lugar, Meimi era… era un arcoíris no era un espectáculo imposible pero si poco común lo bastante para querer detenerte a verlo cada vez. En su experiencia las personas siempre intentan esconder sus verdaderos sentimientos, solo porque aparentemente mostrarlos se había vuelto algo incomodo socialmente, por algo que ni siquiera él podía entender pero que aparentemente tampoco podía escapar mostrar tus emociones ante los demás era incomodo, para la mayoría pero no para ella, Meimi parecía no poder siquiera esconder lo que la emocionaba, la enojaba o la hacía feliz. Ahora mismo ella parecía no poder ser más feliz o estar más hermosa con sus ojos brillantes y sus mejillas arreboladas, se mordía los labios aguantando la emoción, cuando ella se puso de pie en un momento álgido de la historia mientras peleaban con un dragón un pensamiento menos santo asalto su cabeza, sus labios rosados y húmedos, la extensión de sus piernas casi a la altura de sus ojos justo como la había soñado solo que esta vez era real. Su estomago dio una vuelta ansiosa cuando las dos memorias saltaron a su mente al mismo tiempo, esa misma ansiedad en las puntas de sus dedos, alejó su vista de sus piernas y buscó su rostro ella estaba absorta por completo en el clímax de la historia el príncipe rescatando a la princesa. No quería tener malos pensamientos sobre ella, pero es que ella era tan hermosa.
La función termino y las luces se apagaron antes de pensarlo un minuto más la jalo contra él y ella cayó sentada en su regazo, y la besó de nuevo, ella solo se sentó derecha y tranquila en sus brazos acaricio su cuello y respondió a su beso mientras él rodeaba su cintura, el beso duro todo lo que las luces me mantuvieron apagadas solo algunos segundos. Cuando se encendieron casi no deseaba soltarla sus ojos estaban nublados y sus labios húmedos y rosas pero todo mundo se levantó para un último aplauso a los artistas y ellos los imitaron.
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Las luces del espectáculo kaleido habían quedado muy atrás, ambos chicos caminaban juntos rumbo a la casa de la joven pelirroja, ella no dejaba de decirle cada detalle que la había atrapado de aquella obra, sobre el talento de los protagonistas, sobre la maravillosa historia y la música que seguía sonando en su cabeza, Daiki la escucha con atención y afecto.
Pronto llegaron al portal de la casa de la chica, la luz de la habitación de sus padres seguía encendida.
— Lo he pasado muy bien Daiki, muchas gracias.
— Me alegra que te hayas divertido.
— No solo me divertí, me hizo muy feliz.
— Vamos entra a tu casa o voy a querer besarte aquí y creo que tu papá nos está vigilando desde la ventana.
La chica se sonrojo y volteo a ver la ventana de sus padres, efectivamente una sombra se movió hacia atrás enseguida, rio divertida.
— Bueno, entonces hasta mañana.
— Hasta mañana.
Meimi entro a su casa sin más dilación mientras él caminaba a su casa sonriente, con la imagen de la sonrisa de ja joven pelirroja fija en su recuerdo. Un espectáculo de trapecistas no era su idea de diversión pero bien había valido la pena por ver la alegría de ella.
Fin capitulo 3
Nota de autora: Chicas, mil gracias, no esperaba que nadie notara este fic en realidad, lo escribo por un reto personal, por esta cosquilla de que he hecho un millón de cosas con estos personajes, los he hecho amantes, enemigos, aliados, he hechos que sean dulces, crueles, amigos, enemigos, he hecho crossovers y cada vez que pienso que he hecho todo lo que podía con ellos encuentro una idea nueva y empiezo a escribirla y la subo quizá por habito, y ver que todavía quedan allí algunas personas que lo leen y que me dejan un mensaje no saben lo mucho que me emociona, en verdad mil gracias, en especial a Lerinne y Setsukachoi, me sorprendieron y goce muchisimo sus reviews, casi quiero poner aqui el meme de Bardock con un "Subes un fic que piensas que nadie va a leer... te llegan hasta reviews" SON LAS MEJORES
Tata
Mimi chan
