17
Legeremens
(Leer mentes)
-Lo complicado ahora es saber la manera en que robaremos la varita. Lo he pensado mucho, pero ninguna conclusión es de mi agrado –dijo Hermione estando en la presencia de Ron y Draco, en la sala de menesteres.
-¿Quizás en la reunión de esta tarde? –preguntó Ron dudando de su misma pregunta mientras veía a Hermione caminando de un lado para otro frente a la jaula.
-Se nota que no sabes lo que es una reunión de mortífagos, Weasley –soltó Draco un tanto irritado por la falta de comprensión de Ron sobre la situación.
-Draco tiene razón, son por lo menos treinta mortífagos en el mismo lugar, sin contar la presencia del Señor Tenebroso. No saldríamos de allí con vida –reflexionó Hermione golpeando su varita contra la palma de la mano inconscientemente.
-Corrección… ustedes no saldrían con vida, yo estoy muy bien gracias –sonrió Ron, haciendo un intento por restar tensión al momento.
Draco de inmediato le dirigió una mirada de descontento que él captó al instante.
-Debemos ser muy cuidadosos para que Ya-Saben-Quien no se dé cuenta de que le falta la varita, y siendo sinceros, entre menos mortífagos se den cuenta será mejor para nosotros –respondió Draco, intentando adoptar una mejor posición dentro de su celda para continuar con la plática.
-Pero Hermione, ¿no dices que la varita es tuya por derecho? Solo necesitarías tomarla, no es necesario desarmarlo –dijo Ron en tono obvio, como si aquello nunca se le hubiera ocurrido a ella desde mucho antes.
-Ya veo porqué te moriste, al parecer no usabas tu cerebro muy seguido –contestó Draco sarcásticamente, girando su cabeza en señal de que lo ignoraba.
-Agradece que no puedo golpearte, porque ya te tendría en el suelo –Ron elevó un poco la voz, notablemente enfadado.
-Suficiente –ordenó Hermione con voz autoritaria, calmando los ánimos de ambos. –Por favor dejen de pelear un rato e intenten pensar con claridad, juntos debemos elaborar un plan inteligente lo más pronto posible.
Los dos la miraron un tanto avergonzados. Hermione continuaba caminando de un lado a otro, con su cabeza trabajando a velocidad vertiginosa.
-Quizás sea una buena idea hacerlo durante la noche, mientras esté durmiendo –respondió Ron con mayor seriedad. Hermione se giró para mirarlo y entonces vio algo que hizo que su corazón se detuviera un instante.
Sin detenerse a pensarlo alzó su varita apuntando hacia el mortífago que acababa de aparecer detrás de Ron, el cual ya comenzaba a alzar su varita para apuntarle de vuelta.
-¡Avada Kedavra! –gritó Hermione con lo cual de inmediato salió una ráfaga de luz verde que impactó al mortífago y lo lanzó hacia atrás. Chocando contra algunos objetos apilados sobre un baúl, causó un estruendo tan ruidoso como momentáneo hasta que finalmente el cuerpo inerte del hombre quedó en el suelo, con algunos objetos rotos a su alrededor.
-¡¿Pero qué te sucede?! –soltó Ron mirando su pecho traslúcido, indignado porque Hermione le hubiera lanzado aquella maldición.
Hermione lo veía con mirada perdida, la respiración rápida y con la varita aun apuntado hacia su cuerpo. Lo único que pasaba por su cabeza era el descuido atroz que acababa de cometer por no asegurarse de que se encontraran completamente solos. Vio a Ron dirigirle una mirada furiosa y voltearse a ver a Draco, quien miraba a las espaldas de Ron con impresión en cada facción de su rostro.
El fantasma decidió girarse y entonces saltó hacia atrás cuando vio con horror al hombre muerto que estaba tirado a solo un par de metros de él en una posición algo grotesca.
-Her…Hermione, ¿por qué lo…lo hiciste? –tartamudeó Ron con la mayor expresión de terror mudo que hubiera visto en su rostro jamás.
-Nos estaba escuchando. Se enteró de todo –afirmó Hermione guardando su varita con expresión vacante, sin inmutarse, sin lamentarse.
Pudo sentir los ojos de Ron como platos mirarla de pies a cabeza, con la boca ligeramente abierta, mientras Draco intentaba recobrar la compostura y miraba al suelo. Siendo sincera consigo misma, Hermione no sentía arrepentimiento, pues aquella iba a ser la única salida si querían llevar a cabo su plan maestro.
-Ya no es seguro que siga aquí, lo mejor será irme. Si mandaron a checarte es probable que alguien venga a comprobar cuando no lo vean regresar pronto –dijo Hermione con seriedad en su voz.
-¿Qué haremos con él? –preguntó Draco en voz baja, como si hubiera más mortífagos ocultos que pudieran oírlos.
Hermione lo miró un instante frunciendo el ceño. Entonces se le ocurrió la mejor idea posible. Caminó hasta quedar a un lado del mortífago, sacó su varita de nuevo y apuntándola hacia él, murmuró:
-Ibi Obiectum.
En cuanto blandió su varita, el cuerpo fue desvaneciéndose hasta que no hubo quedado nada en el suelo, como si allí jamás hubiera estado el hombre.
-¿Dónde está? –preguntó Ron. Hermione pudo percibir miedo en su voz.
-¿De verdad quieres saberlo? –respondió lanzándole una mirada penetrante. Ron pareció entender el sentido de la pregunta, así que no contestó.
-Yo sí quiero saber, Herm –Hermione se acercó a Draco y entre las rejas le susurró al oído.
-Digamos que decidió conocer al calamar gigante del lago negro en persona.
Ron solo pudo observar como Draco soltó una ligera risa con un dejo de burla y Hermione lo miraba como si fuera una niña de ocho años jugando a los secretos.
-Ya tengo que irme. Nos vemos después. Debemos seguir pensando, se nos debe de ocurrir algo bueno.
Hermione dio media vuelta, y sin despedirse más propiamente de ninguno de los dos, atravesó la habitación con paso decidido, hasta que se les perdió de vista y salió por la puerta de la sala de los menesteres.
Una vez en que atravesó la entrada de la casa de Slytherin, Hermione se dirigió directo a su guardarropa para vestirse de la manera más apropiada posible para presentarse ante los mortífagos de más alto rango así como para ver al Señor Tenebroso. Tomó un pantalón de piel y unos botines que le daban el toque de elegancia que buscaba, tomó uno de sus suéteres, alargado que se abotonaba por pares en la parte de enfrente y escogió un cinto que le caía con estilo sobre su cadera y ajustó sobre su cabeza un lazo negro en forma de diadema manteniendo su cabello rizado y alborotado hacia atrás, por último se detuvo frente al espejo para concluir con unos aretes cuya plata alargada sostenía al final una esmeralda en forma de gota que Lucius le había regalado en su 16º cumpleaños, pendientes que hacían juego con un exquisito anillo, todo elaborado por duendes.
Salió para encontrarse con su "familia".
La junta no era algo que la pusiera nerviosa, pues estaba más que acostumbrada, y con lo bien que practicaba la oclumancia no tendría ningún problema.
Cuando Hermione entró al gran comedor, todo era diferente, estaba bien arreglado para la ocasión, lo que lo hacía verse tétrico pero desbordante de elegancia. La mesa estaba cubierta con hermosa seda entre colores verdes y plata, en los grandes ventanales colgaban cortinas negras, suaves y pesadas con serpientes bordadas en sus dobleces laterales, en el piso sobre una alfombra tersa y negra se encontraba Nagini, como siempre retorciéndose en su comodidad y el techo estaba encantado para que pareciera una espléndida tarde nublada y con relámpagos que aluzaban fugazmente el lugar completo. Lord Voldemort ya se encontraba de pie, más cuando entró Hermione al salón, todos procedieron a imitarlo.
-Mi querida Hermione Malfoy, o ¿Eres Granger ahora? –mencionó esto último en tono sarcástico por lo que todos rieron, incluyéndola a ella.
-Mi Lord –respondió ella acercándose directamente a él que la esperaba con los brazos abiertos, por lo que la recibió con un frio y aún más incomodo abrazo de apenas un par de segundos.
-Te reservé un lugar, aquí justo a un lado de mi –a lo que ella respondió simplemente con una sonrisa educada y orgullosa.
-De acuerdo –comenzó Voldemort en voz elevada –He querido reunirlos hoy para celebrar la caída de Inglaterra. Como todos sabemos no todos los muggles fueron exterminados, la mayoría han logrado huir, y acepto con toda franqueza que no contábamos con algunas de las técnicas y armamentos que usaron, pero ya estamos cerca de tener al país completo y ha sido con la ayuda de sus fieles servicios. ¡Un país ha caído! –todos los mortífagos sonrieron entre sí –Pero aún quedan muchos más, y en cada uno de ellos seguimos encontrando magos y brujas que se unirán a nuestra causa cuando los saquemos de sus madrigueras y nuestro número continuara creciendo. Cada gota de sangre mágica se ha visto gratificada al ayudarnos a combatir, esto impulsara a nuestras fuerzas a seguir combatiendo tan excelentemente como lo han hecho hasta hoy. Las bajas que hemos tenido son considerablemente bajas y las tierras conquistadas cada día son más, no tenemos que hacer más que una tonta maniobra para asustar a docenas de esos muggles ignorantes –todos rieron y Bella aprovechó para tomar la palabra.
-Mi Señor, a pesar del espléndido trabajo que se ha mantenido hasta hoy, quisiera agregar que tener a la mayor cantidad de magos y brujas en servicio puede ayudar mucho, sobre todo si son reconocidos por su buen manejo de la magia –y dicho esto dio una mirada a Hermione con la que casi podía lanzarle un hechizo con sus propios ojos.
-A quien yo decida poner en donde es mi decisión, Bellatrix. Y si a Hermione es a quien haces referencia, te recuerdo que ella logro poner al niño en mis manos y dejarlo sin la más mínima salida, no solo eso, consiguió que él mismo se presentara ante mí presencia con la mayor disposición de morir ante mí. Fue por esto que aunque tú misma más de una vez te ofreciste a asesinarlo, fue a ella a quien le di el honor de hacerlo. Que por cierto mi querida, Hermione –pronuncio sus palabras ahora mirándola a ella –La manera en la ejecutaste el acto fue asombrosa, magnifica diría yo, podría decir que me hiciste dudar en que yo hubiera podido hacer un mejor trabajo –Hermione sonrió al tiempo que le lanzo una mirada burlona a Bella.
Al finalizar la junta el señor tenebroso fue el primero en levantarse de la mesa, no sin antes tocar con sus dedos a Hermione pidiéndole que se que quedara cuando todos se hubiesen ido. Uno a uno comenzaron a levantarse de la mesa y a retirarse, solo Bellatrix se percató de que Hermione no hacia ninguna seña de retirarse. Una vez que el silencio reino en el gran comedor, se escucharon claramente unos pasos procedidos del susurro de su pesada túnica negra.
-Hermione.
-Mi Señor –dijo ella al ponerse de pie.
-Te pedí que te quedaras, pues debes saber que mi estadía en el castillo no durará mucho. Partiré de nuevo mañana antes del mediodía, por lo que quería pedirte algo.
-Me será más que complaciente ayudarle en lo que esté en mis manos hacer –contesto ella con una sonrisa llena de convicción.
-En realidad es algo para ambos. En todo este tiempo no he sabido realmente como has pasado todos estos años, por lo que me gustaría me acompañases a cenar esta noche. Para hablar contigo por más de diez minutos, que es lo más larga que considero que ha sido cualquiera de nuestras conversaciones pasadas.
-Será todo un placer mi Lord.
-Te espero a las nueve en punto, en mi nuevo despacho. Imagino que aun recuerdas el camino – y salió del salón junto con Nagini dejando a Hermione sola al centro del lugar.
Sus pasos iban lo más rápido posible sin llamar la atención. Hermione mientras se dirigía hacia su casa tenía en su cabeza mil y un pensamientos pasando tan veloces como trenes a todo vapor, sabía que había llegado el momento de actuar. Era un "ahora o nunca". Una vez pasando la puerta de Slytherin, se dejó caer sobre el sofá de piel negro de la sala común y comenzó a atar ideas. Habían pasado unos minutos y se dirigió a un escritorio que tenía cerca, tomo una tiza y en un espacio amplio, se puso de rodillas sobre el piso y dibujo un triángulo donde perfectamente podían pararse tres personas dentro. Después atravesó el triángulo con una línea por la mitad y por último dibujo un círculo inscrito. Hermione había estudiado las reliquias con la poca información que encontró en los libros, ya que la mayoría de los escritores magos las tomaban como leyenda, y si algo comprendió es que el símbolo que las representaba muy seguramente le daría más posibilidades de tener éxito al intentar un hechizo tan poderoso.
Habiendo finalizado esto, se dirigió directamente al baúl que tenía bajo la cama, lo abrió y saco de su interior el mapa del merodeador, la capa de invisibilidad, la piedra de la resurrección y la varita del mortífago que hacía ya un par de horas atrás había dejado de pertenecerle. Tomó todo y ocultándolo dentro de su pequeña bolsa con el hechizo de expansión indetectable, se dirigió directo a la sala de menesteres en busca de Draco, no sin antes colocar la piedra en una de las puntas del símbolo en el piso.
La puerta apareció ante ella y entró, sin dejar rastro de que alguien hubiese podido estar ahí. Una vez dentro de la sala de menesteres sin perder un segundo se presentó frente a Draco, quien estaba sentado en el rincón tirando pequeñas piedritas para golpear uno de los barrotes en específico. De pronto, solo pudo escuchar la palabra Bombarda a lo lejos, y en un abrir y cerrar de ojos, una explosión derribó ese y varios de los barrotes que tenía a los lados.
-¡Hermione! –dijo Draco al momento en el que rápidamente se ponía de pie – ¿Que ha pasado en la junta? ¿Por qué…?
-Llegó el momento, Draco. Es hora de hacerlo.
-¿Estás hablando de…? –Draco no podía creer lo que estaba a punto de escuchar.
-Sí, es hora de tomar la varita y hacer un largo viaje. El Señor Tenebroso pasara la noche en el castillo, y no solo eso. Lo veré en aproximadamente una hora en el despacho de Dumb… de Él, y es ahí donde debo aprovechar el momento.
- ¿Cómo planeas hacerlo? Es decir, si están en la cena él estará junto a ti todo el tiempo, ¿Cómo lograras quitar…?
-Ibi Obiectum–Hermione lo interrumpió –El hechizo que creé para mover objetos de lugar. Al momento de comer reposará su varita en algún otro lugar, es un objeto muy valioso para él, no acostumbra sentarse a la mesa con su varita en mano, después de todo es muy poca la magia que utiliza cuando los elfos le aparecen la comida y lo que necesite. En algún momento pondré la varita en el bolsillo interno de mi suéter que cuenta con el hechizo de expansión indetectable y me iré de ahí.
-¿Entonces volverás por mí y aquí practicaremos el hechizo?
-No. No puede ser aquí, no sé bien con cuanto tiempo contaremos después de salir del despacho con la varita. Deberá ser en la casa de Slytherin, de esa manera, aunque Quien-tú-sabes llame a los demás mortífagos a detenerme ninguno se atreverá a entrar ahí, saben que el hechizo de la entrada los asesinaría de inmediato.
-¿Y cómo planeas que entre yo? Y más aún, ¿que llegue hasta allá, Herm?
Cuando Draco iba a la mitad de la oración, Hermione ya estaba sacando todo de su bolso.
-Escucha bien. Esto es lo que harás. Tomarás el mapa del merodeador y te cubrirás con la capa, solo por precaución al principio, pero es vital que la tengas puesta al momento de entrar por la puerta de Slytherin. Esta capa en especial, tiene el poder de repeler hechizos, incluso podría entrar a Gringotts con ella puesta y no sería detectada, así que es muy segura. Ron te seguirá todo el camino, así si algún mortífago se acerca mucho a ti, él puede distraerlo.
-Aún hay un detalle, Herm. ¿Qué sucede si necesito defenderme?
-¡Que tonta! Tienes razón, lo olvide por un momento. Aquí tienes –y Hermione le entregó la varita que traía en su bolso –Espera una media hora después de las nueve de la noche. Ron llegará en ese momento y ambos seguirán el plan. Si todo funciona bien Draco, podrás ver a tus padres en unas cuantas horas –Draco sonrió con gran esperanza.
-¿Pero qué ha pasado aquí? –dijo Ron en cuanto atravesó uno de los muros y pudo ver el desastre que había dejado la explosión.
-Será esta noche, Ron –le contestó Hermione, pues Draco miraba el suelo recordando todo lo que Hermione le acababa de decir.
-¿Pero cómo? –contestó este sin entender nada.
-Draco te explicara todo, hay algo más que deben recordar. En la sala común de Slytherin he dibujado un triángulo, es importante que me esperen dentro de él, pues para poder viajar debemos estar unidos por algo, y se me ocurrió que podía ser un triángulo dibujado en el piso. Draco –y este levanto la mirada –cuando llegues ahí coloca la capa en una de las puntas del triángulo, la piedra estará ya en otra de las puntas y una vez que estemos los tres dentro del circulo yo pronunciare el hechizo con la varita de sauco en la esquina sobrante.
De pronto había reinado el silencio. Ahí estaban los tres, cada uno inmerso en sus pensamientos situados frente al gran momento que estaban a punto de presenciar. Draco lo que más ansiaba era sentir los brazos de su madre abrasándolo y admirar la mirada que su padre le daba, siempre llena de orgullo por su hijo.
Ron solo podía pensar en su familia, los suaves y abrigadores suéteres que su madre le regalaba con tanto afecto en cada navidad. En su padre, siempre maravillado por los objetos muggles y por último en todos sus hermanos; Bill y lo afortunado que había sido de encontrar a Fleur. Charlie, fuerte y musculoso pero siempre llegaba a casa con alguna quemadura nueva propiciada por algún dragón. Percy siempre aspirando por llegar a ser alguien importante en el Ministerio. Fred y George, haciendo bromas y levantándole el ánimo a cualquiera que estuviera cerca de ellos. Ginny, su única hermana y por supuesto Harry, a quien veía como un hermano más, un hermano de cabello castaño en lugar de pelirrojo.
Hermione en cambio, leía sus mentes mediante Legeremancia sin que ninguno se diera cuenta y sintió un terrible vacío al saber que ella no tenía una familia a quien recordar de esa manera. Siempre se había sentido querida y protegida entre los Malfoy, pero no era lo mismo y ahora que se dedicaría a cambiar las cosas, era más que consiente que no volverían a verla de la misma manera nunca más, pero también recordó que esta vez todo sería diferente, esta vez tendría una familia en su vida.
-Es hora de irme –los interrumpió.
-Está bien –contestó Ron.
-Y recuerden bien todo lo que les he dicho. Draco, no lo olvides, debes cruzar la puerta cubierto con la capa, de preferencia úsala también todo el trayecto así si… si algo sale mal podrás huir, si algo sale mal, ni siquiera te preocupes por mí, no creo que pudieras llegar a hacer mucho considerando las circunstancias –a lo que Draco solo asintió con la cabeza, sabiendo perfectamente que nunca la dejaría sola.
Hermione se dio la media vuelta y avanzó hacia la puerta.
-¡Herm! –gritó Draco al tiempo que corría tras ella. Cuando Hermione se dio la vuelta solo pudo sentir el impacto que había recibido cuando Draco no pudo detenerse muy a tiempo para abrazarla. Hermione sintiendo una profunda ola de felicidad y tristeza alzó sus brazos y lo abrazó de vuelta y ambos soltaron un par de lágrimas.
Ron unicamente pudo observar la escena deseando poder abrasarla también y solo pudo apretar fuertemente sus manos al verlas frente a él, transparentes e insensibles, incapaces de poder hacer lo que Draco hacía en ese momento. Fue en ese momento que algo cambio para él.
Sabía ahora que es lo que tenía que hacer.
Hermione soltó a Draco. Miró a Ron, quien solo asintió con la cabeza dándole a entender que le deseaba lo mejor. Hermione se limpió sus lágrimas con su pulgar, se dio la media vuelta y salió con paso firme de ahí.
