18

Ibi Obiectum

(Transportación)

Hermione iba recorriendo los pasillos, siguiendo instintivamente aquel camino que había recorrido tantas veces en busca de su director tiempo atrás. Mientras caminaba, seguía repasando su plan en la mente, de pronto recordó la carta que se encontraba sobre la chimenea de la sala común de Slytherin.

No podía permitirse viajar sin aquella carta. No debía olvidar tomarla.

Había llegado al tercer piso sin pensarlo, como si alguien la hubiera dirigido hasta allá con los ojos vendados, y no se dio cuenta hasta que de pronto se detuvo ante la presencia de la voluminosa gárgola alada que ahora esperaba que Hermione dijera la contraseña. Voldemort se la había mencionado antes de salir del gran comedor, pero decir aquello le costaba mucho trabajo, no por ser palabras complicadas sino por lo que ellas le recordaban. Cada una de las letras seguramente le rasparían su garganta, pero sabía que no podía verse afectada por algo tan insignificante como aquello, pues lo que le esperaba seria por mucho, algo realmente difícil.

-El niño… el niño ha muerto.

Una vez dicha la contraseña, las escaleras de caracol quedaron descubiertas por lo que ella se apresuró a subir uno de los peraltes y otro después de ese hasta presentarse en la puerta del señor tenebroso, teniendo un ligero flashback de cuando aquel anciano abría la puerta con una amabilidad desbordante y su barba blanca y reluciente debajo de aquella nariz retorcida.

-Hermione, has llegado justo a tiempo, como era de esperarse de ti, pero pasa, pasa. No te quedes ahí de pie.

En cuanto Hermione atravesó la puerta se percató que era algo completamente diferente, era una habitación grande con una chimenea que en aquel momento estaba apagada. Si no hubiese llegado por si misma nunca hubiera descubierto que era el mismo lugar. Todo se había vuelto demasiado sombrío puesto que aquello que hacía de aquel lugar el despacho de Dumbledore se había ido, salvo por las grandes estanterías que aún se encontraban repletas de libros viejos ahora empolvados. Todos los cuadros habían sido removidos, debido que a Voldemort nunca le había gustado ser observado desde las paredes desde que era un estudiante en el castillo y algunos de los muebles y ornamentos habían sido cubiertos con sabanas o se habían ido, dando como resultado un gran cuarto en el que dominaba un sentimiento de abandono.

El señor tenebroso se dirigió hacia una hermosa mesilla, sobre la cual reposaba un objeto que Hermione inmediatamente reconoció. El objeto que sería el poseedor de su objetivo. Era una madera muy elaborada con delicados ángulos curvos que remataban en sus bordes, y de ella como firmes pero delgados árboles en un bosque, se erguían don varas de plata, supuso ella por su brillante color, y de estas dependían unos ganchos del mismo material, sobre los cuales con una delicadeza propia del señor tenebroso, él mismo, colocó su varita.

-Hermosos pendientes los que llevas puestos esta noche –dijo Lord Voldemort justo antes de darle la espalda.

-Muchas gracias –hasta ese momento las cosas iban como ella esperaba. Ahora solo debía de encontrar el momento para poder pronunciar el hechizo que llevaría a la varita, a su varita, al bolsillo de su verdadera dueña.

Después de haberse sentado a la mesa y esta estuviese servida, Lord Voldemort comenzó a hablar.

-Debo decir, mi querida Hermione, que desde que eras pequeña supe que serias una bruja poderosa, y siempre me ha alegrado saber que contaba con tu gran ingenio y perspicacia. Pero debes saber también que existió el momento en el que dude de ti.

-La verdad es que no comprendo a que situación hace referencia, mi señor.

-Sí. Hace algunos años, tú estabas aquí en Hogwarts, en tu primer año si no me equivoco. Yo trate de robar un objeto, era una piedra muy especial…

-La piedra filosofal –Hermione lo había interrumpido, pero a este lejos de molestarse le causó gran regocijo saber que ella siempre le seguía las ideas, cual fiel pluma escribe lo que su dueño desea.

-Correcto, entonces creo que ahora has de comprender quien fue la persona que no me permitió llegar hasta dicho objeto.

-Así es. Debe comprender mi Lord que yo solo estaba consciente de que había alguien tratando de robar la piedra, yo solo intente llegar a ella antes que cualquier otro para entregársela a usted de alguna manera, y sin saber, el profesor Snape trataba de hacer lo mismo.

-Sí, el me dio una respuesta… muy parecida a la tuya a decir verdad. Severus, uno de mis más leales mortífagos. Imagino que eres consciente sobre qué fue lo que sucedió con él.

-Sí, estoy al tanto de todo. No creo que le sorprenda mucho mi Señor.

-No, por supuesto que no. Pero entonces dime, ¿cómo fue que Dumbledore decidió deshacerse de la piedra?

-Antes de que cualquiera de nosotros pudiese llegar a ella, Harry –en el momento en que ella pronunció aquel nombre, Voldemort extendió su mano y fue cerrando el puño dedo por dedo, comenzando desde el meñique hasta tener un puño completamente apretado, para luego volver a relajar su mano- creyó que era directamente usted quien quería llegar a ella. Creo que fue una de las pocas veces en las que pensó sensatamente. Yo quería usarlo, puesto que sabía lo allegado que era el niño a Dumbledore, y así averiguar cómo llegar a la piedra mi señor, pero todo se salió de control cuando él se fue directamente con el director y le mencionó sus ideas.

-Sí, sí. Desde ahí ya conozco la historia –Hermione lo miraba un poco dudosa –mentiría si dijera que estuvo bien, pero unos cuantos años de espera no son nada para todo lo que se ha logrado hasta hoy.

-No puedo estar más de acuerdo señor. Es solo que ese chico de alguna manera siempre lograba escabullirse como agua entre las piedras de un rio. Cuando tenía un plan completa y perfectamente estructurado, de alguna forma siempre lograba escapar frente a nuestros ojos.

-Mi querida Hermione, aprecio todo lo que hiciste. Comprendo que Potter haya sido una tremenda carga para ti, sobre todo porque hubo ocasiones en que parecía que estabas a punto de lograr entregarlo a mí y todo falló... como cuando afirmaste que Harry sería mío en el instante en que quisieran trasladarlo a un lugar seguro al cumplir los 17 años.

-Sobre eso. Creo que nunca le dije cuanto lo sentía mi Lord. El plan era ideal, pero nunca pude saber quien propuso hacer lo de la poción multijugos, era algo con lo que nunca conté y para cuando me entere de esa parte del plan, fue muy tarde para poder ponerme en contacto con cualquier otro mortífago.

-Es verdad. La "orden" –dijo aquella palabra con el desprecio que sentía por ella enmarañado en cada una de sus letras –Al que le decían "el elegido", nunca hubiese logrado nada sin aquellos que lo rodeaban y protegían. Pero debo agradecer que permaneciera vivo hasta el día que pude volver con su sangre para cobrar mi venganza.

-Harry Potter era un tonto. No hubiera podido sobrevivir ni el primer año sin mí, mi Lord. –Hermione sonreía con convincente satisfacción.

-Por lo que veo, tuviste muchas oportunidades de dejarlo sin vida, ¿Puedo conocer tus razones para no hacerlo?

-Debo admitir, mi Señor, que intentar asesinarlo con un simple hechizo fue más que tentador desde el principio, pero aceptare la realidad de que temí por mí misma. Si el más grande y poderoso mago que hubiera conocido se desvaneció en el intento ¿Que probabilidades tenía yo de tener éxito? –Voldemort la observaba con atención a cada palabra que ella decía –Existieron un sinnúmero de situaciones en las que pude haber intervenido para ayudar más a los mortífagos con la tarea de capturarlo, pero siempre estuve consiente en que si el más mínimo error sucedía ya no podría seguir a su lado para vigilarlo.

-Tengo entendido que atravesaron varias experiencias peligrosas –Voldemort quien hasta ese momento se había visto atento con su cuerpo hacia adelante, ahora procedió a recargarse con sutileza en el respaldo de su silla – ¿Porque no solo lo dejaste morir?

-Eso es evidente. Si ese niño fue quien lo alejo, también podía ser el mismo quien pudiera traerlo de vuelta en algún momento, lo cual sucedió –al decir esto último ambos sonrieron con complicidad – y no podía dejar algo de tan gran importancia al azar.

-Inteligente, mi querida Hermione. Si debiera escoger una palabra para describirte seria esa. Y debo añadir que tu excelente uso de la magia, guiada por tal talento nos ha ayudado mucho. Sí. Siendo una pequeña niña lo reconocí enseguida, y debo señalar que comprendí que mis intuiciones habían sido acertadas durante aquel verano, cuando volví a verte después de tantos años.

-Lo recuerdo bien. Tengo una marca en mi costilla izquierda, hecha precisamente aquel verano, que no me permite olvidar quien soy en realidad –una vez dicho esto, Hermione elevo el rostro con notable orgullo.

-Fue ese valor tuyo, de pedirme directamente a mí que se te hiciera parte de nosotros de forma definitiva, lo que me dio la confianza de asignarte aquella tarea tan complicada.

-Entrar en los pensamientos de Harry. Manipular su mente me había resultado tan sencillo. Pero desgraciadamente de alguna forma logró librarse de todo aquello, y peor aún, comenzó a defenderse de la Legeremancia. Pero eso no importa, puesto que siempre fui lo suficientemente buena, como para que supiera que todo aquel tiempo había sido yo quien estaba jugando a retorcer su frágil mente.

-Precisamente de eso hablo. A pesar de tu edad, me has sido más útil que cualquiera de los otros. No logro entender porque Draco no pudo igualarte nunca. Tardó un año más que tú en hacerse la marca. Debo concederle que la tarea asignada a su persona fue realizada con éxito, pero de igual modo duró más tiempo de lo esperado para que tuviera éxito.

Hermione sabía muy bien a qué tarea estaba haciendo referencia. Draco y ella no habían tenido mucho contacto en su último año que compartieron en Hogwarts. Su sexto año. Ella había podido notar por su actitud que estaba sucediéndole algo, algo que no le dijo hasta que el profesor Dumbledore había muerto…

Después de que aquello había ocurrido, esa misma noche inmediatamente después de zafarse de Ron y Harry, Hermione corría desenfrenada en dirección al cobertizo, aquel que los había resguardado a Draco y a ella del mundo entero tantas veces atrás. En cuanto abrió la puerta lo vio ahí, sentado en el suelo, recargado en la pared casi debajo de la ventana por donde la luz de la luna atravesaba rodeando las delgadas maderas que sostenían los vidrios.

-Me dirigí hacia aquí lo más rápido que pude hacerlo –dijo Hermione casi sin aliento, muy agitada.

-No fui yo Herm, te juro que no fui yo –sus palabras eran entrecortadas y las lágrimas brotaban de sus ojos tan continuas que era inútil limpiarlas de una en una.

-Draco, ¿qué ha sucedido? –Hermione se sentó junto a él tomando casi su misma posición.

-Cuando me hice la marca, mi primer orden fue la de asesinar a Dumbledore, negarme no era una opción, por lo que todo el año estuve esperando el momento para enfrentar a Dumbledore, pero sabiendo que sería imposible ganar ante el profesor aplazaba la tarea con tantos pretextos como pude inventar. Pero esta noche vi por el pasillo al profesor Snape, sujetando a Dumbledore mientras ambos se dirigían desde la torre de astronomía hacia el despacho del director. Ellos no me vieron pero entendí que con el profesor Snape de mi lado y el director tan débil, era el momento de actuar. El año escolar casi terminaba y no encontraría una mejor situación que aquella para lograrlo.

-Pero el profesor Dumbledore está muerto ahora. Entonces tu…

-¡YO NO HICE NADA! –Draco había alzado la voz a Hermione tal vez por primera vez en su vida, quien no hizo más que bajar la mirada –Perdóname. Es solo que, ahora todos creerán que fui yo, pero tú debes saber la verdad, nadie más que tú y el profesor Snape –Draco ahora, estando más tranquilo pudo proseguir con su historia –Estaba decidido, ese era el momento de actuar. Cuando entré al despacho, Dumbledore estaba sentado en una silla dándome la espalda, lo único que podía ver era su cabello blanco por arriba del respaldo y su mano derecha sosteniendo su varita, por lo que antes de que se percatara de mi presencia le lancé un Expelliarmus, pero en cuanto la varita del profesor voló en el aire Severus salió del otro lado del despacho.

-Entonces fue él quien lo mató –aseguró Hermione, creyendo haber descifrado el misterio.

-Te equivocas –ella inmediatamente lo miro con gran desconcierto –Severus me explicó ahí frente al profesor que él estaba envenenado, y que había sufrido algo que lo había afectado, por lo que no le quedaba mucho tiempo de vida.

-Por lo que él murió ahí mismo y ahora solo deben asegurarse de que el-que-no-debe-ser-nombrado crea que has sido tú –Hermione entendió la situación a la perfección. Draco solo asintió con la cabeza, y ambos quedaron envueltos en un tranquilo silencio…

Después de los segundos que en la cabeza de Hermione habían sido mucho más que eso, se sentía como si hubiera aparecido mediante magia sentada en la pesada silla, sintiendo los mismos efectos de confusión y un ligero mareo. Miro al rincón donde seguramente había estado la silla del director aquella noche, para luego continuar con la plática que la había interrumpido.

-… duró más de lo esperado para que tuviera éxito.

-Mas debe aceptar que aquella tarea no fue sencilla mi Lord, incluso yo me pude dar cuenta que aquel año Dumbledore se encontraba fuera del castillo por mucho tiempo, casi nadie lo lograba ver y cuando estaba presente solo era por pocos instantes –Hermione no pudo evitar defender a Draco aunque fuese más que inútil.

-De acuerdo, de alguna forma él es cómo tú hermano, y debes saber que solo por eso ahora él se encuentra mejor que bien. ¿Sabes dónde se encuentra actualmente? –esta pregunta la había hecho con el fin de no llegar a cometer un error antes de preceder.

-No. No lo sé. No se ha puesto en contacto conmigo desde hace mucho tiempo, y los mortífagos del castillo nunca lo han mencionado.

-Draco se encuentra… cumpliendo algunas obligaciones que se le han asignado –Hermione pensó que la palabra que buscaba no era "obligaciones" sino "condena" –Sí, me temo que la valentía no es algo que sea muy propio de él. Debo decir que aun así se encuentra al frente de la batalla, y si por alguna razón llegase a morir en la guerra que estamos presentando, habrá sido porque él así lo decidió.

Hermione no podía creer la naturalidad con la que le estaba mintiendo. ¿Cuántas veces le había mentido de la misma manera y ella nunca lo había sabido?

-Supongo que todo dependerá de él entonces. Volver a casa, me refiero.

-Así es, pero mejor continuemos hablando de ti. Dime, ¿existió alguna ocasión en la que Harry se acercó a darse cuenta de quien eras realmente?

-Ninguna que yo… –Hermione se pauso a si misma por un momento y Voldemort hizo expresión de que continuara hablando, alzando el rostro y mirándole fijo a los ojos. Ella se aclaró la garganta y continúo –Me corrijo, Mi Lord. Hubo una ocasión, pero me deshice de aquello que le haría saber a Potter la verdad.

-Explícame por favor.

-Un elfo señor. Uno de los de la mansión, obedecía órdenes directas del señor Malfoy, pero también recibía algunas de mis órdenes. Conocía perfectamente quien era yo, y cuando me encontraba cursando mi quinto año, Harry en una ocasión había mencionado algo sobre un elfo que quería advertirle algo, pero él mismo no entendía que, decía que el elfo ya estaba desobedeciendo ordenes al visitarlo, mas no podía traicionar a su amo directamente.

-¿Y en ese momento no supiste que era tu propio elfo?

-Me avergüenzo de decirle que no. No hasta una noche que Harry estaba solo en la sala común, me dirigía hacia allá y logre escucharlos antes de entrar. El elfo estaba muy cerca de decirle todo por lo que hice un ruido para que se retirara de ahí y entre antes de que fuera tarde.

-Ya veo. ¿Qué sucedió después? –Voldemort estaba intrigado en la historia como si fuera un cuento para la hora de dormir.

-Esa misma noche, me dirigí a las orillas de bosque prohibido, le mande llamar al elfo y este apareció.

-Perdona mi interrupción pero, las apariciones están prohibidas por todo el castillo y sus alrededores, ¿cómo fue que el elfo solo apareció?

-Los elfos tienen la facilidad de aparecerse casi en cualquier parte mi Señor, no importa que este se encuentre protegido con magia poderosa –Lord Voldemort no se sentía cómodo al ver como alguien tan joven le explicaba algo tan absurdo y con tanta facilidad, pero sin demostrar aquella incomodidad, continuó mirando a Hermione esperando oír el resto –En fin, el elfo apareció frente a mí, por el miedo reflejado en sus grandes ojos me di cuenta que sabía por qué lo había llamado, empezó a excusarse y hablar sin parar, pero no podía correr el riesgo y el rayo verde que salió de mi varita soluciono el problema –dijo esto con pesar, mas trato de imitar a Bellatrix, haciendo una voz burlona en sus últimas palabras para no verse débil.

-Supongo que fue la primera vez que tomaste una vida ajena. Solo era un elfo- dijo restándole importancia- tenia nombre, yo supongo.

-Dobby señor, mi primer víctima de Avada Kedavra se llamaba Dobby.

-Dobby –rio como si hubiese sido una broma intencional –Bueno, hay que volver a temas más interesantes. ¿Has aprendido algo nuevo entre los libros que tienes ahora?

Hermione inmediatamente descubrió que debía de hacer –Ibi Obiectum–pronunció aquellas palabras al tiempo que su corazón latía con gran fuerza, por debajo de la mesa hizo un movimiento con su varita y sin mirar la mesilla, esperó que su hechizo hubiese funcionado.

-¿Perdón? –preguntó Lord Voldemort un tanto confundido.

-Encontré esas palabras en uno de los libros, y me pregunté si usted podría saber su significado –Hermione sabía que era imposible que él reconociera un hechizo que ella misma había inventado.

-No. Me temo, mi querida Hermione que no lo sé –Hermione sabía perfectamente que a su señor no le gustaba quedarse sin respuesta para cualquier pregunta, por lo que consideró su incomodidad muy oportuna para retirarse, sabía que por la manera en que lo había hecho sentir con aquello último, seguramente la dejaría ir sin entretenerla mucho.

-Me siento un tanto molesta al no tener el conocimiento de algo tan absurdo, y haberlo demostrado frente a usted. Si me permite, creo que ha llegado la hora de retirarme, así seguramente por la mañana tendré la respuesta para antes de que se retire del castillo.

Hermione se levantó de la mesa, haciendo rechinar las patas de su silla contra el piso y Lord Voldemort procedió a imitarla.

-Permíteme llevarte a la puerta mi querida.

-No tengo ningún problema en salir sola, señor. Muchas gracias por todo, ha sido una velada completamente grata.

Ambos hicieron una ligera reverencia entre sí. El señor tenebroso procedió a sentarse en su silla nuevamente mientras que Hermione caminaba por un costado de él hacia la puerta. Podía sentir sus rodillas débiles, a punto de caer contra el suelo y su corazón sentía que podría escucharse a metros de distancia, por lo que colocó su mano izquierda sobre su pecho, temiendo ridículamente que Voldemort pudiese oírlo.

-¡Hermione! –En cuanto pasó la mesilla, estando tan cerca de la puerta se quedó helada, incluso dejó de escuchar su corazón al escuchar a su señor llamarla. Se giró lentamente hasta quedar mirando al sentido contrario al que sabía, debía seguir caminando.

-¿Si, mi señor? –contestó con tal naturalidad que no creía posible.

-Mañana encuéntrame antes de que haya partido. Hay algo que quiero concederte.

-Así será mi Lord –Hermione sonrío ante la tensión que acababa de liberar.

Pasó su mano por su oreja desnuda para aparentar mayor naturalidad, lo cual no importaba, pues su amo se encontraba dándole la espalda. Salió con pasos ligeramente más rápidos de los que estaba acostumbrada a dar dándole nula importancia a lo que este quisiera decirle al día siguiente, pues para ese momento ella se encontraría muy lejos de ahí.

Ahora debía bajar tres pisos, llegar a las mazmorras y adentrarse a la casa de Slytherin. Aquello parecía estar por mucho, más lejos que nunca antes. No podía aparecerse y no podía viajar como mortífaga, puesto que lo último que deseaba era llamar la atención.

También con la llegada del señor tenebroso habían llegado al castillo mortífagos con él, por lo que se encontraba con ellos frente a frente más seguido de lo que estaba acostumbrada, acababa de bajar apenas un piso y ya había contado más de cinco mortífagos quienes al verla, todos decían lo mismo, "buenas noches señorita Malfoy".

Cada paso que daba, le daba la sensación de llevarla a estar más lejos. Tener que medir la velocidad con la que avanzaba era mucho más cansado que si corriera como tanto deseaba hacerlo. "ocho…, nueve…" Hermione mientras se movía por el segundo piso, a punto de descender uno más, seguía contando los mortífagos que se encontraba en el camino…

Voldemort estaba aún en su silla, por la manera en la que había logrado conversar con ella, estaba más que seguro de su decisión. Al día siguiente le diría a Hermione lo que le concedería. Si, él estaba listo para hacer aquello y definitivamente ella también lo estaba. Hermione podría conseguir mediante la vida de la persona que ella deseara, su propio horrocrux…

Por fin, los pies de Hermione habían tocado definitivamente la planta baja, solo debía descender un poco más hasta llegar a las mazmorras. "doce…, trece…"…

Pero no importaba cuanta confianza había ganado Hermione ante su señor, una vez que el horrocrux estuviese listo, quien se encargaría de guardarlo sería el mismo. Era la única forma de no sentirse de alguna manera, desprotegido. A pesar de las perdidas, no había vuelto a hacerse de nuevos horrocruxes para sí mismo, el aun no encontraba un objeto lo suficientemente valioso para ser digno de tener una parte de su tan preciada alma, a Hermione le daría tiempo, un máximo de dos meses consideraba el tiempo suficiente para que ella le presentara aquel objeto que elegiría para ayudarle a ser más poderosa, no más que él mismo, pero sí que cualquier otro mortífago…

-¡La contraseña para entrar a la sala común me quitara tiempo! –después de decir aquello para sí misma, Hermione rio ligeramente al saber lo tonta que había sido, debido a que solo ella y su señor eran capases de atravesar aquella puerta que le daba acceso a la sala común, ya no había la necesidad de poner contraseña.

-Buenas noches, señorita Malfoy –dijeron al unísono un par de mortífagos que caminaban en sentido contrario a ella, aun les faltaban unos metros para alcanzarse, por lo que ella debió adoptar una compleción seria, lo que fuera por qué no la detectaran nerviosa…

"Será el primer horrocrux que produzca la varita más poderosa que haya existido". Para Lord Voldemort cualquier cosa que le recordara que nadie más que el portaba ahora aquella varita tan poderosa, lo hacía sentirse cada vez más orgulloso. Nunca volvería a existir mago alguno que pudiera ganarle mientras aquella varita estuviera en sus manos, con un deseo casi tangible por sentir la madera con sus manos de nuevo, se levantó de la silla y se dirigió hacia la mesilla…

Hermione continuó caminando, para el momento en que los tres se encontraron a la misma altura del pasillo, ambos abrieron paso, recargándose cada uno hacia un extremo, y de esta forma ella pudo pasar entre ambos sin dificultad, pero su hombro rozó el brazo del mortífago que tenía a su derecha y esto le produjo un escalofrío. Se sacudió ligeramente y dio un paso más, dando un paso a la vez como si caminara sobre la cuerda floja. "Que Ron y Draco ya estén ahí por favor, que Ron y Draco ya estén ahí" se repetía a sí misma mirando cómo se movían sus pies, con una voz muy baja, pero llena de esperanza envuelta en incertidumbre. Para cuando volvió a alzar su vista el mortífago número dieciséis ya estaba a la vista cuando los dos anteriores no habían llegado a más de seis metros de ella. Al igual que con los demás pensó en sostenerle la mirada, pero algo había cambiado, en su costilla había un tatuaje que le decía que algo no estaba bien…

Voldemort se había levantado de la mesa, dirigiéndose directamente a la mesilla, sin embargo no había llegado a ella aún para cuando se percató súbitamente de que la varita no estaba, considero apenas por dos segundo haberla colocado en algún lugar, pero casi de inmediato algo en el suelo, tirado sin la más mínima intención al lado de una de las patas de la mesa aquella, había llamado toda su atención. Lentamente y con sus pensamientos llenos de un odio tan profundo que no había sentido nunca, se agachó a recoger una piedra preciosa, una esmeralda en forma de gota, la cual junto a su soporte de plata formaban un pendiente "hermoso" como él mismo lo había llamado esa noche…

En cuanto Hermione sintió el gran ardor sobre su costilla, por el gesto que hizo involuntariamente el mortífago que tenía frente a ella, se percató de que aquel también lo había sentido sobre su tatuaje. Sus ojos se llenaron de miedo, no podía estar pasando, aun le faltaba un tramo más para llegar a la puerta que sin duda seria su salvación.

"¡ATRAPENLA!".

De todos lados, y al mismo tiempo de ningún lugar, la voz de Lord Voldemort retumbó en cada rincón del castillo y sus alrededores. La voz parecía salir desde los mismos pensamientos de Hermione, por lo que taparse sus oídos no sirvió de nada. Sin darle la espalda al mortífago que tenía frente a ella, se giró solo un poco, solo para saber que los dos mortífagos que habían pasado a su lado ahora se habían vuelto hacia ella.

Inmediatamente lanzó un Expelliarmus al sujeto que estaba solo, esquivando al mismo tiempo dos rayos que habían salido de las varitas de los mortífagos que estaban tras ella. Comenzó a correr, pero al momento que paso por donde estaba el mortífago al que había desarmado, este la sujetó por un brazo, haciéndola girar lo suficiente para ver a uno de los mortífagos lanzarle un hechizo más. Hermione reaccionó justo a tiempo para agacharse un poco, por lo que aquel hechizo golpeó con fuerza a quien la tenía atrapada del brazo, dejándola libre. Hermione inmediatamente se desvaneció transformándose en una nube de humo, ya no había necesidad de aparentar. Ambos mortífagos procedieron a imitarle, por lo que solo se podían ver tres sombras viajando a gran velocidad.

En la sala común, Draco se encontraba dentro del triángulo dibujado con tiza en el suelo sujetando el mapa del merodeador para seguirle los pasos a Hermione, y tal y como ella le había dicho, había colocado la capa de invisibilidad en una de las dos esquinas que habían quedado libres, y la piedra de la resurrección continuaba donde Hermione la había dejado antes de salir. Sin poder creer lo que Ron le estaba diciendo, por primera y única vez en su vida, Draco pudo verlo con otros ojos, pero cuando con pesar bajo su mirada vio algo que definitivamente sabía que no era nada bueno.

-¡Ron, algo ha pasado! ¡Mira!- Draco puso en manos de Ron el mapa, señalándole a lo que refería.

-¡Es Hermione!, se mueve demasiado rápido.

-Sí, pero no es eso lo que me preocupa –y colocó el extremo de su dedo índice a varios centímetros más hacia la derecha, cerca de donde se dibujaba la dirección.

-Draco, tengo miedo –y ambos se miraron temerosos a los ojos, Voldemort se dirigía hacia ellos.

Del otro lado de la puerta, Hermione se aproximaba aun convertida en humo, con ambos mortífagos tras ella. En cuanto se percató que la puerta para acceder a la sala común estaba cerca, se materializo de nuevo, corrió un poco más, pero de la nada habían salido otros tres mortífagos, quienes obstruían la entrada a la casa de Slytherin. Sin pensarlo, lanzó un Desmaius al mortífago que estaba al centro y corrió directamente hacia él. Mientras esto ocurría miró fugazmente hacia atrás y uno de los mortífagos que estaban tras ella había abandonado su forma nebulosa y el otro estaba a punto de hacer lo mismo, esquivó un hechizo que este le había lanzado pero quien se encontraba a la izquierda de la puerta elevó su varita, Hermione estaba ya demasiado cerca de él como para esquivarlo, por lo que un poderoso Expelliarmus fue suficiente para lanzarlo por los aires. Corrió aun con más fuerza, pero a escasos centímetros de la entrada, el mortífago que había permanecido ahí, al lado de la puerta, la sujeto con fuerza del suéter, ella tiró con fuerza por lo que juntos atravesaron la entrada.

Ron y Draco miraron como Hermione había aparecido por fin, cayendo pesadamente sobre el suelo y con el mortífago sobre ella.

Había caído muerto.

-¡Hermione!- gritó Draco, quien corrió inmediatamente para ayudarla.

Por lo que se podía ver, cada vez había más mortífagos del otro lado de la entrada.

-¡Vamos chicos! ¡Tenemos que irnos! ¡AHORA! –Hermione se levantó con ayuda de Draco y ambos corrieron hacia el triángulo, mientras Ron pasaba su mirada de ellos al mapa del merodeador, observando con miedo la cantidad de mortífagos que se encontraban afuera lanzando hechizos que no podían penetrar la entrada y la gran velocidad con la que lord Voldemort se dirigía hacia ellos.

-¡Vamos Ron! ¡¿QUÉ ESPERAS?! –una vez que Draco y Hermione se pararon dentro del triángulo Hermione desesperada sacaba la varita de sauco.

-Él no irá con nosotros Herm –sin poder creer lo que Draco le decía, Hermione paso su vista de él a Ron nuevamente.

-¿Qué está diciendo? ¡Vamos Ron! Vámonos ya por favor –esto último más que como una orden, lo había dicho en tono de súplica, con gran desesperación reflejada en su mirada.

-Draco tiene razón Hermione. Yo me quedaré aquí, no quiero recordar todo esto, las muertes, el sufrimiento, ser un fantasma, tu traición –aquello le dolía a Hermione más de lo que pudiera suponerse –Tienes una nueva oportunidad, hazlo todo bien esta vez. Tal vez ahora puedan derrotar a Voldemort y quién sabe, tal vez… tal vez ahora podamos terminar juntos.

Esto último lo dijo mirando al piso, pues claramente sus mejillas pálidas, de alguna forma, sintió que se habían enrojecido.

Con el dolor estrangulando su alma, Hermione se puso en el único extremo del triángulo que había sin reliquia, con la varita en mano y mirando a Ron quien se encontraba dándole la espala a la puerta, comenzó a decir aquel hechizo, que nunca creyó, lo diría con tanto pesar:

Tempus hodie, peregrinari et redit

Tempus novissime redit et indúcat.

Una ráfaga de viento, que no provenía de ningún lugar, comenzó a envolverlos como un torbellino. Draco tomó a Hermione de las manos con fuerza, y cuando ella giró el rostro para ver a Ron por última vez, vio como Lord Voldemort había llegado hasta ese lugar, corriendo a espaldas de Ron para alcanzarlos, mientras él, con las manos en sus fantasmales bolsillos, la despedía con una sonrisa que le hacía entender que todo estaría bien.