Se les recomienda ser mayores de 12 para leer esta parte, pues, incluye violencia (más o menos) y lamento el retraso, así como este corto capitulo.
Poco antes de partir con el despertar del astro dorado, un par de jóvenes enamorados dormitaban cómodamente bajo el amparo de las miles de estrellas de diversos tamaños, debido a que querían recordar la última noche en tan divino lugar. Tigresa dormía plácidamente cuando su sueño es invadido por una escalofriante sombra, conocida como "la dama del manto oscuro", quien se encarga de velar por los recuerdos olvidados por la mente de los individuos.
Esta dama tiene otro nombre "huk-lia" cuyo significado es "la razón de la oscuridad", "huk-lia" se mete dentro del subconsciente de la felina depositándole un terrible recuerdo de su infancia, tras terminar su labor se desvanece en un puñado de niebla negra escarlata.
Recuerdo:
El olor de la muerte rondaba en los alrededores, no más de un par de metros de la entrada de un pequeño refugio podía distinguirse un cuerpo sin vida sobre la fría nieve; de repente una cachorra se dirige hacía el con una mirada de gran tristeza en sus ojos.
"Yanci", exclamó una asusta cría de tigre, "Yanci, despierta", decía mientras sacudía el frio cuerpo de una cachorra de no más de 2 años de edad, la cual yace sobre los arbustos manchados de su misma sangre.
"Tigresa, tu amiga no volverá más", le explicaba Natasha a su única hija.
"¡No es cierto!", lloraba por la pérdida de una gran amiga, "¡No puede ser cierto madre!", mientras se aferraba al pecho de su madre.
Natasha la arrullo hasta adormecerla, tras lo cual tomo la decisión más difícil de su vida, la alejaría de su lado para cuidar y enseñar al resto de su pueblo.
Fin del recuerdo
La joven felina despertó soltando un grito, su compañero le abrazo, pero ella no se calmaba, mientras una neblina les cubría para consolarlos; le costó mucho trabajo pero logro dormir a la agitada guerrera, más se preguntaba si lo que la atormentó fue un recuerdo cruel o una pesadilla.
Tal vez Po tendrá que esperar hasta la mañana siguiente para preguntarle, más no quiere presionarla, menos con los acontecimientos tan agitados ocurridos en tan poco tiempo.
