HISTORIA TRAS EL FANFIC

EXTRACTO DEL FANFIC

Hermione caminaba entre los pasillos de la gran mansión, Draco se había ido hacía horas con sus padres a Hogsmeade, y ella se había quedado en casa, ya que por obvias razones nunca había podido compartir con ellos ese tipo de experiencias. No podía ser vista con ellos.

Una vuelta a la izquierda y otra a la derecha. Caminaba a prisa con su vestido nuevo para llegar a la biblioteca, pero un poco antes de llegar, no pudo evitar su curiosidad. Aquella puerta que siempre había estado cerrada bajo llave se encontraba entreabierta. Nunca le habían dicho qué se encontraba dentro o qué podía asomarse, pero tampoco le habían dicho que no podía entrar ahí. Una vez dentro, parada frente a una mesa, un hermoso libro llamo su atención y dado a que ya había leído la gran mayoría de los que estaban en la biblioteca, le pareció interesante leer uno nuevo, más las voces de los Malfoy se escucharon a lo lejos.

Decidió tomarlo.

Lo leería cuando estuviera en el colegio y lo devolvería a su lugar en cuanto lo hubiera terminado…

Hermione estaba ahora en Hogwarts, a unos días de haber comenzado su segundo año y completamente decepcionada, pues el libro que le prometía nuevas enseñanzas no contenía nada, solo una página en blanco tras otra…

Habían pasado meses desde que tenía ese libro, lo miraba desde su cama una noche mientras éste reposaba sobre su mesita de al lado, pero era como si éste también la estuviera observando a ella, vigilando siempre cada uno de sus movimientos. Se sentía completamente confundida. ¿Por qué no lograba recordar lo que había hecho aquella tarde? ¿Qué había pasado? ¿Acaso ella había escrito ese mensaje en las paredes?...

Corría. Corría desenfrenadamente por el castillo hasta salir al patio. Había un pequeño cuarto que nadie usaba, y Hermione esperaba que Draco la viera ahí, tal y como se lo había pedido en la nota que metió en su libro durante la clase de pociones…

Ahí estaban los dos, uno parado frente al otro. Ella le explicaba a él que aquel libro que tenía en las manos le asustaba, había algo en él y ahora no sabía qué hacer, lo había tomado sin permiso de nadie y ahora no había nadie a quien devolvérselo. ¿Cómo podrían deshacerse de él? Draco por primera vez no quería recurrir a su padre, pues Hermione le pidió que no lo hiciera, por lo que pensó que sólo había una persona a quien podía acudir en ese tipo de situaciones, y afortunadamente esa persona se encontraba ahí en el castillo. Era el único profesor de toda la escuela con quien simpatizaba y seguramente podría ayudarles…

Esa misma noche ambos se habían dirigido a la mazmorra y ahora se encontraban tocando a la puerta del despacho del profesor. Una vez dentro de aquella habitación lúgubre y poco iluminada, los chicos le explicaron todo. Severus no comprendía muy bien cómo funcionaba aquel libro, y lo poco que Hermione intentaba explicarle no resolvía mucho, pero el profesor prometió encargarse de todo…

Ahora ambos estaban en uno de los jardines del castillo de nuevo.

-¿Juras no decir nunca nada a nadie sobre esto? –preguntaba Hermione a Draco, ahora aliviada.

-Lo juro…

Ambos eran muy pequeños, pero había notado en ellos un auténtico miedo cuando habían puesto en las manos del hombre un libro muy peculiar. Le habían relatado que ese libro, más específicamente un diario, poseía magia muy oscura y que había sido el causante de los acontecimientos lamentables dentro del castillo de Hogwarts; las personas petrificadas y los anuncios escalofriantes en las paredes. Declarándose culpables y con lágrimas en los ojos le pidieron que no le contara aquello a nadie, por lo que la única opción que tuvo fue la de aceptar el diario y destruirlo. Todo quedaría entre ellos tres.

Estando en su despacho, se quedó sentado frente a su escritorio, analizando el diario de cubierta negra de piel que contenía nada más que hojas en blanco y esquinas adornadas con detalles dorados. Intentó revelar su contenido mediante magia, pero fue en vano. El diario estaba vacío. Fue entonces cuando lo giró para ver la cubierta posterior y se percató de algo que había pasado por alto en el primer instante que lo revisó.

Grabado en letras doradas, en la parte inferior de la tapa, estaba impreso un nombre sobre un pequeño recuadro de piel negra. Un nombre que todos habían escuchado alguna vez en sus vidas. Un nombre que ahora pertenecía a alguien innombrable…

TOM SORVOLO RIDDLE

-No puede ser –dijo en un susurro, sintiendo su corazón acelerarse.

Por instinto, dejó el diario prontamente sobre el escritorio como si de algo repugnante se tratara. Con ceño fruncido clavó su mirada en él, y entonces se levantó de golpe, tomando el diario con sumo cuidado para luego guardarlo dentro de su túnica negra.

Sabía lo que tenía que hacer a continuación.

Saliendo de su despacho en la mitad de la noche, apresuró su paso sigiloso por los pasillos vacíos, iluminados por la luz de la luna que hacía que todo se viera más sombrío en aquella ocasión. Como cada día de su existencia, los flashazos de un pasado lejano inundaron su mente, recordándole sentimientos que siempre había intentado ocultar. Ignorándolos por completo, continuó su camino hacia el despacho de Dumbledore sin detenerse. Debía mostrarle lo que los dos pequeños habían dejado a su cuidado.

Luego de pronunciar la contraseña a la gárgola que protegía la entrada, subió dejando que la escalera lo llevara hacia la puerta principal. Sin darle tiempo a llamar a ella, la puerta se abrió, dejando ver a un Dumbledore sereno y despreocupado, enfrascado en una lectura. Sin contratiempos, le enseñó el diario y le relató absolutamente todo lo que ambos niños le habían dicho aquella noche.

Con rostro tranquilo e inmutable, lo tomó y realizó sobre él diversos hechizos que no dejaron a lugar que se trataba de algo siniestro, de proporciones mayores a las que cualquiera de las dos hubiera podido imaginar.

Intentaron destruirlo, claro fue, pero el diario se resistía de una manera inusual. Aquella incertidumbre creó que ambos buscaran una alternativa, investigando sobre posibles formas mágicas para terminar con él. Utilizaron diversas pociones y hechizos antiguos, pero nada funcionó, hasta que por alguna razón decidieron probar con veneno de basilisco. El efecto sobre el diario fue inmediato. Ante el toque del veneno con la cubierta ésta comenzó a tornarse grisácea, por lo que sintieron el triunfo. Pero necesitaban algo con mayor potencia.

Tomando la espada de Godric Gryffindor que descansaba en una vitrina en uno de los muros del despacho de Dumbledore, vertieron sobre la hoja de la espada el veneno restante, creyendo que así la hoja lo absorbería y la haría más poderosa. Entonces, con un firme movimiento, dejaron caer la espada sobre el diario, haciéndole un profundo corte que hizo que éste se partiera en dos con un fuerte estremecimiento. Humo negro proveniente del diario inundó el despacho, el cual luego de desaparecer lentamente dejó ver que una sustancia muy parecida a la sangre salía de entre las páginas rotas.

-Que esto quede entre nosotros, Severus –dijo Dumbledore con rostro tan preocupado como el de él.

Aquello había sido demasiado extraño. Por supuesto que no lo compartiría con nadie.

INFLUENCIA EN EL FUTURO

Al no haber crecido con los Malfoy, Hermione no tuvo relación alguna con el diario de Tom Riddle, pero aun así, este logró llegar al colegio.

Hermione desconoce totalmente quién es el que poseedor del diario. Ella cree conveniente usar la poción multijugos para que los tres investiguen si Draco sabe algo. Hermione no podía acudir directamente a él pues habían tenido una discusión, y él ya no estaba dispuesto a ayudarla en ese momento.

La primera vez, Hermione no llegó a conocer a la criatura que vivía en la cámara de los secretos, ni la ubicación de la misma.

EXTRACTO DE LA PELICULA (versión fanfic)

-Quien-tú-sabes estuvo muy cerca de regresar el año pasado, muy cerca. Mis padres no paraban de comentarlo.

-Lo sé, Draco, lo sé. Afortunadamente lo detuvimos a tiempo.

-Tú lo detuviste a tiempo –recalcó –Sin ti no son nada Herm, lo sabes. Y sabes tan bien como yo que lo que sucede en este momento es obra del diario –resopló el niño de cabellos plateados y tez albina, que la miraba con reproche.

-Es algo maligno. Sin duda algo terrorífico –asintió Hermione sin evitar poner un gesto de repulsión, cruzando sus pequeños brazos en señal de protección.

-Ellos no podrán hacer nada, pero nosotros sí. Déjalos Hermione. Nosotros dos podríamos terminar con esto antes de que pase a mayores –imploró Draco con entusiasmo.

-No. No voy a dejarlos.

-Pero Herm, somos los únicos que saben la verdad sobre el diario. Tú podrías controlarlo, comunicarte con él y terminar con esto.

-Jamás supe cómo fue que pude comunicarme con él, y si alguna vez lo supe sinceramente ya no lo recuerdo. Ahora sabemos relativamente muy poco. No es igual que antes. No sabemos quién lo tiene, ni mucho menos cuál es su poder real.

-Aun así ellos solamente te estorbarán. Los conoces bien, esos idiotas…

-Modera tus palabras, Draco –lo interrumpió claramente molesta –Harry y Ron son mis mejores amigos. No los dejaré, pase lo que pase. Esta es mi segunda oportunidad, no la echaré a perder, mucho menos ahora que el misterio es más grande que la vez pasada. Sé que lograran hacerlo. Lograremos hacerlo.

Draco movía su cabeza de un lado al otro, negándose a aceptar la decisión de Hermione.

-Sabes lo mucho que te quiero, Draco. Pero debo dejar que las cosas fluyan de la manera más natural posible. Es lo mejor para todos.

-Sólo quiero ayudarte, Herm. No quiero que mis recuerdos sean en vano.

-Y no lo serán. Recuerda por qué volvimos, nunca lo olvides. Ayúdame manteniéndote alejado de esto. Los ataques son solo a hijos de padres muggles, yo estaré bien.

-Se llaman sangres sucias, Herm, y si no quieres que te ayude, ¡bien! Jamás me pidas ayuda, ¿escuchaste? ¡Jamás! –Draco dio la media vuelta y con rabia visible en su joven rostro, corrió a toda prisa por los pasillos hasta llegar a la sala común de Slytherin, donde pretendió olvidarse de lo mucho que quería a su hermana y lo mucho que la odiaba por no querer unírsele…

Su mirada de culpabilidad se reflejaba en el espejo que Hermione había portado hacía unas semanas atrás como precaución contra el basilisco, el cual estaba observando en aquel momento. Impotente, lo dejó en la mesita de noche a un lado de la cama en la que Hermione yacía petrificada, en la sala de enfermería.

Al mirarla, no pudo evitar lágrimas formarse en sus ojos una vez más. Recordaba cada una de las palabras de la discusión que había terminado por alejarlos más uno del otro, y se sentía como un idiota por haber dicho todas aquellas tonterías que al fin y al cabo habían terminado hiriéndola. Pero algo era cierto, la extrañaba demasiado y temía por ella.

La enfermera decía que pronto podrían crear una cura gracias a las mandrágoras que crecían en el colegio, pero no había fecha exacta. Mientras tanto, Draco se prometió visitarla cada noche, por el tiempo que ella permaneciera en ese estado.

Aquella era la noche dieciocho.

Quería que despertara de una vez, pedirle perdón por todas las cosas malvadas que le había dicho. No podía ayudarla, no en aquel estado. No tenía idea de cómo ayudar a Harry y Ron, y sinceramente, aunque la tuviera no lo haría por nadie más que por Hermione. Al pensar en ese par, una furia se apoderó de él, pues las únicas personas que podían cuidarla eran unos completos inútiles y la habían dejado andar sola por el castillo cuando el ataque había ocurrido. Pero siendo realista, ellos eran los únicos que podían detener los ataques ahora y no dejar que alguien más sintiera lo que él sentía en aquellos momentos. Debía tener fe en que lo harían.

-Descansa, Herm. Nos vemos mañana –le susurró Draco con afecto, levantándose de la silla junto a la cama donde había permanecido cerca de una hora –Te quiero.

Aquello fue lo último que pudo decir antes de salir con paso precavido de la enfermería, ideando la forma de visitarla al día siguiente sin ser visto.