DESPERTAR

Por: Viento

Capítulo VI: Friends

-¡Me alegro tanto de que te encuentres bien Santana! –le dijo mientras la tomaba en un abrazo constrictor que hizo que le dolieran las costillas y las sintiera a punto de quebrarse.

-¡Entrenadora Beiste! –Le dio unos golpecitos en la espalda intentando que la liberara- ¡me va a partir en dos!

La mujer al darse cuenta soltó una risa apenada y bajo a la joven con cuidado hasta que sus pies tocaron el piso aun así la tomo del hombro y le dio un apretón cariñoso.

-¡Eres un maldito imbécil! –se escuchó gritar a alguien y una conmoción se inició en el lugar, Santana se giró y se dio cuenta de lo que sucedía sintiendo una oleada de satisfacción recorrerle el cuerpo al ver como Cole le daba un glorioso puñetazo a Rick Nelson en la cara probablemente rompiéndole la nariz y haciendo que un chorro de sangre le cubriera el rostro, a un lado uno de los hombres de blanco que los rescataron sujetaba a Charlie impidiéndole unirse a la golpiza en contra de "The stick" aunque nadie, ni siquiera su compañero de equipo o la Entrenadora Beiste se movía de su lugar para detenerlo.

-¡Casi haces que me maten y ni siquiera te importó! –reclamo furioso Cole zarandeándolo en el piso como si se tratara de un muñeco de trapo –¡si no hubiera sido por Santana sería comida de zombie!

-¡Esa es la supervivencia del más fuerte niño scout no me odies por ser más astuto que tú!

Al fin después de un segundo puñetazo justo en la boca la Capitana de las porristas tomo al chico del club de Astronomía y lo aparto hacia donde estaban las personas de blanco que hasta entonces, se percató, era el personal de la Cafetería.

-Gracias por ayudarnos Rose –escucho a Charlie hablar- estuvo muy cerca ahí atrás.

La mujer, Rose, era la cocinera y encargada de todo lo que tuviera que ver con la Cafetería, los otros dos hombres Marco, -su hermano y quien traía un mazo metálico como arma- y Mijail –quien los había ayudado a subir la barricada- eran sus ayudantes y encargados del abastecimiento y almacenamiento de todos los alimentos en la escuela.

-Me alegra haber podido ayudar Charles, no sabes todo lo que tuvimos que pasar para hacer esta pequeña barricada y mantenernos a salvo. –comento Rose con rostro entristecido y su hermano puso una mano sobre su hombro dándole ánimos.

-También fue una bendición que apareciera Shannon justo cuando todo comenzaba o no hubiéramos podido hacer nada para proteger a los chicos. -añadió mientras hacia una seña a sus ayudantes para indicarles que vigilaran la barricada y empezó a avanzar junto con la entrenadora Beiste hacia las puertas dobles que había al fondo del lugar.

Santana la observo durante un momento, insegura de si debía seguirla o quedarse donde estaba pero un par de manos en su espalda la obligaron a empezar a caminar, cuando miro por sobre el hombro Charlie le guiño el ojo -Conozco a Rose desde que empecé a trabajar aquí sé que nos dará una sorpresa agradable.

La joven no dijo nada más y siguió caminando frente al antiguo entrenador, pronto se les unió Cole que seguía cubierto de sangre pero le regalo una sonrisa sincera mientras sostenía las puertas para que ella pudiera pasar.

El lugar a donde llegaron no era otra cosa que la cocina principal donde la comida se preparaba diariamente para que los estudiantes almorzaran, la cual para sorpresa de la latina se veía de un blanco impecable, con las estufas y encimeras relucientes y los cacharros para cocinar perfectamente colocados en su lugar, sino fuera porque ella misma se había abierto paso por entre hordas de zombies come carne al ver aquel lugar pensaría que era un día normal como cualquier otro, lo único que delataba la difícil situación en que se encontraban era la absoluta falta de cuchillos, mazos y otros instrumentos culinarios que seguramente estaban sirviendo como armas.

Rose no se detuvo y siguió su camino hasta una puerta sencilla de metal donde antes de abrir toco dos veces guardo silencio y volvió a tocar una vez pero en esta ocasión con la palma de la mano causando un ruido seco que pareció rebotar por las paredes, entonces se escuchó un ruido como de algo tallando contra metal y la cocinera empujo la puerta con el hombro la cual se movió sin resistencia alguna.

La joven cruzó el umbral siguiendo a la mujer mayor y se encontró dentro de un almacén repleto de cajas y con paredes metálicas, al fondo se podía observar una gran cortina metálica de color rojo que seguramente servía para recibir los camiones que entregaban los alimentos y que en esos instantes estaba cubierta por repisas y cajas en un intento por mantener aquella sala segura.

-¿Rose? -hasta ese instante Santana no se había percatado del muchacho que estaba a un lado de la puerta y que seguramente había sido quien los dejará entrar.

-Hola Tyler ¿cómo están todos? -pregunto la aludida dándole un golpecito en el hombro al muchacho de cabello castaño claro y ojos verdes que la seguía mientras empezaba a moverse por el cuarto.

-Pues la mayoría están asustados, de hecho Amy se desmayó pero Elsa y las demás la están cuidando.

-Iré a revisar a las chicas -dijo la entrenadora Beiste alejándose hacia lo que parecía como una pared de cajas ubicada en una esquina de la bodega.

-¿Qué es esto Rose, cariño? -la cocinera principal hizo un gesto para que la siguieran. En la pared de la izquierda encontraron otra puerta metálica que la mujer no dudo en cruzar, ya adentro Charlie se quedó sorprendido mirando a su alrededor pues había al menos dos docenas de jóvenes entre chicas y chicos haciendo varias cosas por el lugar, desde revisando las cajas hasta anotando cosas en libretas.

-Cuando todo esto... Lo que sea que es "esto" -dibujo las comillas en el aire mientras tomaba asiento en un banquillo metálico- empezó, Marco, Mijail y yo estábamos haciendo la limpieza diaria de la cafetería, faltaban unas horas para empezar con el almuerzo y justamente habíamos recibido la entrega de víveres enlatados el día anterior, teníamos que continuar con la preparación de los alimentos, limpiar y ordenar todo en el almacén por lo que habíamos decidido llegar más temprano para adelantar algo de trabajo, así que aquí estábamos cuando Norman, el chico nuevo con aquel peinado tan extraño -aclaro para que Charlie lo ubicara- me llamó diciendo que el repartidor de congelados había llegado antes, incluso bromeo diciendo que seguramente se había caído de su cama pues nunca antes había llegado a tiempo...

Rose tomo aire, bajo el rostro y entrelazó sus dedos, la Latina escuchaba atentamente el relato y se percató de como los hombros de la mujer se hundían como si recordar lo que sucedió pusiera una enorme tristeza sobre ella- yo quería acabar con la limpieza así que le pedí que empezara a recibir la comida... -guardo silencio, con la vista clavada en algún punto del suelo y los ojos empañados por las lágrimas- e-el me dijo... Que no había problema, que él se encargaría y regresaría para ayudarnos a terminar, pero... Algo tenía el repartidor, se veía extraño... tan pálido y sus ojos parecían blancos... -la descripción le recordó a la porrista la primera vez que se encontrara con un infectado frente a frente, el horrendo semblante en que se convertía lo que en un momento anterior era una persona, el temor que ocasionaban y la desesperación que ella a duras penas había logrado superar.

-Los gritos empezaron un momento después y nosotros corrimos para intentar ayudar -intervino Marco quien apenas estuvo cerca de su hermana la rodeo con un brazo, pegándola contra su pecho- pero... ya era tarde, el hombre estaba sobre Norman mordiendo y arrancando todo lo posible... había tanta sangre...

Todos guardaron silencio, no necesitaban saber más pues era obvio el destino que otro de los ayudantes de la cocina había sufrido.

-Después de eso regresamos para intentar calmarnos, llamamos a la Policía varias veces pero jamás nos contestaron y lo siguiente que supimos fue que un montón de chicos entraban a la Cafetería, unos gritando, otros completamente enloquecidos intentando comerse a sus compañeros, empezamos a defender a los muchachos como podíamos cuando Shannon llegó con una pesa en la mano, partiendo cabezas a diestra y siniestra, nos ayudó a salvar a los estudiantes y a construir la barricada, gracias a ella seguimos con vida.

Marco asintió, apretando el abrazo que tenía sobre su hermana, Charlie se acercó también y puso una mano sobre el hombro de la mujer intentando consolarla, Santana se quedó quieta observando la interacción entre los adultos como si no quisiera interrumpir el momento y las palabras de aliento que le susurraban a la mujer.

-¡Santana!

Escucho el grito que le llamaba y antes siquiera de que se pudiera girar sintió como algo impactaba contra ella con suficiente fuerza para sacarle el aire de los pulmones y al siguiente momento unos brazos la rodearon y se vio recargada contra el pecho de alguien pues podía escuchar el latido acelerado de un corazón.

Durante un segundo se emocionó y su corazón latió con alegría pensando que talvez había encontrado a Brittany y que se encontraba sana y salva pero en cuanto sus brazos correspondieron el contacto y a su nariz llego el aroma de aquella persona desecho la idea. Ese no era el curvilíneo cuerpo de su novia y ese no era el aroma dulce que desprendía y al que admitía se había hecho adicta.

Al fin la figura misteriosa se separó de ella y se encontró de frente con un algo cansado y sucio, pero sonriente Mike Chang que la veía como si fuera la cosa más maravillosa que hubiera visto.

-¡Mike! -contesto emocionada y volvió a abrazarlo- ¡estoy tan contenta de verte!

El chico echó a reír mientras levantaba a la joven del piso y Santana no pudo sino contagiarse de su risa.

La capitana se sorprendió al sentirse tan contenta por encontrar a uno de sus compañeros, si bien Mike era uno de los pocos con que había formado una buena amistad gracias, nuevamente, a su novia y las múltiples ocasiones en que ambos se ponían a practicar baile, la latina había entendido que el muchacho con su afable carácter y amabilidad era una de esas pocas personas que merecían su confianza y amistad.

-¡No puedo creer que estés aquí! –repitió el muchacho asiático separándose de ella pero sin borrar la sonrisa de su rostro- Britt me dijo que estabas enferma y que no asistirías a la escuela.

La porrista abrió los ojos como platos y sujeto a su amigo por los brazos al escuchar lo que acaba de decir.

-¿Britt, viste a Brittany?

Mike asintió rápidamente y la miro extrañado –claro que sí, recuerda que tenemos las dos primeras clases juntos, incluso tú te sientas detrás de mí.

-Es verdad –susurró, pasándose una mano por el rostro y soltando un suspiro cansado –lo olvide un momento.

El bailarín la analizo un momento en silencio, vio el semblante pálido y cansado, el sudor que le perlaba la frente, el ligero color rojizo en sus pupilas y justo en ese instante un ataque de tos se volvió a hacer presente en la joven, era más que obvio que estaba enferma y se sentía bastante mal.

Mike la rodeo con un brazo y la dirigió a una de las esquinas más alejadas y solitarias del lugar, una que les daba suficiente privacidad puesto que contaba con una pequeña pared de estantes y una que otra caja que bloqueaba la vista de las personas que estuvieran cerca. Le pidió a Santana que se sentara y la latina casi se dejó caer al piso pero el chico actuó rápido y logro tomarla de un brazo y evitar el golpe.

-San, no te ves nada bien –comentó mientras la acomodaba sentada con la espalda recargada contra la pared- creo que deberías descansar.

De inmediato la porrista negó y dejo caer la cabeza contra la pared, cerrando los ojos durante un instante pues le ardían y tenía la vista nublada, a pesar de que sabía que Mike tenía razón no podía simplemente darse por vencida, tenía que encontrar a Brittany… de un modo o de otro.

-Estaré bien en cuanto logre encontrar a Britt –le respondió con voz ronca, sintió como el muchacho se sentaba a su lado y dejo descansar su cabeza contra su fuerte hombro- solo necesito cerrar los ojos un momento.

-Ok, pero me quedare aquí contigo.

-No intentes nada raro Chang –intento bromear para borrar la preocupación de su compañero, pero seguramente el tono de voz quebrado y apenas audible no le ayudaron a lograr su objetivo.

-Jamás me atrevería López –soltó una pequeña risa y movió ligeramente el hombro que servía de almohada a Santana- me gusta mi cuerpo completo tal y como esta.

-Ja… grac…

Sin poder siquiera terminar la palabra Santana se dejó llevar por el cansancio, la oscuridad acudió en un segundo y los sueños febriles y llenos de espeluznantes sombras que intentaban alcanzarla la atraparon y ella no tenía la suficiente fuerza para escapar, por lo que la jalaron más y más profundo hasta que la joven perdió todo rastro de conciencia.


Hola! ando de regreso, ya saben una disculpa por la tardanza pero ya ven que la vida se interpone en muchas cosas, en fin dejo este capitulo corto porque creo que así me funciona mejor ya que el siguiente sera desde otra perspectiva, ya lo verán pronto.

Un saludo y gracias por leer!