Gracias a todos los que me están leyendo. Les estoy realmente agradecida. A decir verdad creo que me he emocionado mucho y no puedo parar de escribir. Gracias a Debyom y a Kurayami Megami por los reviews! (Debido a que los otros capítulos los hice por el móvil no tuve oportunidad de revisar la ortografía. Pero ahora si lo hice~!)

Nuevamente, Declaro que no soy dueña de la serie de The Maze Runner ni de sus personajes, Todo le pertenece al escritor James Dashner. Solo me pertenece mi OC.


Capitulo 3.

"Hey, ¡Novato!"

Me encontraba con Alby, acababa de terminar de mostrarme el área de las Lapidas y nos dirigíamos hacía el Jardín, él había dicho que dejaría el Matadero para el final. El sol había salido pero no daba tanta luz todavía, diría que eran más de las 6, cuando alguien me llamó.

¿Cómo es que ahora respondo tan rápido al apodo 'novato'?

El moreno y yo volteamos y vimos al muchacho asiático corriendo hacia nosotros. Llevaba otra muda de ropa pero similar a la del día anterior, y encima tenía la misma mochila que se ataba en su pecho. Al acercarse se detuvo al lado de Alby, saludándolo con un movimiento de cabeza.

"Larcho. ¿Qué tal te va con el nuevo?" Alby se encogió de hombros, como si le dijera de una manera de 'no me quejo'. Tenía una sonrisa casi invisible a la llegada de Minho. Diría lo mismo sobre mí, pero no estaba segura que tan notorio era que tan feliz estaba a la llegada del muchacho.

Creo que si tuviera una cola como la de un perro la tendría meneando de un lado a otro.

Gracias a dios no soy un animal.

"Todo tranquilo, shank. Es mucho más relajante hacer de guía cuando no viene una avalancha de preguntas sin parar. ¿Ya salen a correr?" Dijo Alby. "Llegas en momento justo. Alex, Minho es un corredor. Normalmente los corredores se juntan en parejas y salen a investigar sus áreas respectivas, pero ya que Minho es el líder de los corredores el sale solo a investigar." Mis ojos se abrieron como platos.

¿Salía por si solo?

¿Allá?

Voltee a mirar al susodicho y él tenía una sonrisa de medio lado, de manera creída.

"Soy genial, lo sé." Levantó su mano y señalo con el dedo al muro que se encontraba detrás de él. "Qué dices, nuevo. ¿Vienes a vernos partir? Las puertas se abrirán pronto. Ayer como te fuiste a descansar temprano no lo pudiste ver." Hasta ese momento no me había percatado que las entradas al laberinto estaban cerradas. ¿Cómo es que se cierra? ¡El muro es pura piedra! La idea de que el muro se abriera y cerrara me parecía tan disparatada…

Tendría que verlo con mis propios ojos.

Volteé a mirar a Alby. El moreno asintió, dándome permiso. Le sonreí y voltee a mirar a Minho. "Bien, vamos larcho. Las puertas están a punto de abrirse."

Caminamos un par de metros hasta estar frente al muro, en la parte donde estaba la entrada abierta el día anterior. Minho comenzó a estirarse y miraba su reloj a la vez, mientras Alby y yo estábamos parados a su lado. El moreno se había quedado mirando fijamente el muro, moviendo su pie de arriba abajo; esperando a que se abra.

Minho se enderezó al terminar de estirarse y volteó en el momento justo cuando la puerta del muro comenzaba a deslizarse lentamente, mostrando de a poco lo que había al otro lado. El silencio de la mañana fue interrumpido por el ruido de crujidos y chirridos, y el piso temblaba levemente.

Estaba segura que mi boca estaría en el suelo si se pudiera. ¿Cómo no me desperté con tal escandalo anoche?

¡Esa cosa debe de pesar toneladas!

¿¡Cómo es que un muro de más de 100 metros podría deslizarse así!?

"Te van a entrar moscas en el hocico si no lo cierras, novato." Dijo Alby. Minho volteó a verme y soltó una carcajada. Sonrojada, cerré mi boca y miré nuevamente al muro. Ya se había abierto casi por completo.

"Bueno, esa es mi señal. Los veo luego, garlopos." Dijo Minho, antes de salir corriendo hacía el largo pasillo que daba al laberinto. Yo me quedé observando en dirección a donde él había ido.

¿Qué será ser un corredor?

De alguna manera sentía cierta curiosidad por salir y ver que más se podía encontrar allí. Esperaba con ansiedad que pronto me tocara aquel trabajo.

Un leve empuje en mi hombro hizo que me girara a ver a Alby, quien había puesto ambas manos en su cintura y tenía en su rostro una mueca de aburrimiento.

"Vamos nuevo, todavía faltan lugares por mirar."


"..Y aquí terminamos. Supongo habrás anotado las preguntas que tengas, ¿cierto? Apresúrate. Terminemos con esto."

Ya habíamos acabado la visita guiada y nos habíamos detenido en el patio que se hallaba en la finca. Me había sentado en el suelo debajo de la sombra de un árbol, tomando un descanso y a mi lado estaba Alby de pie, con su cara de estreñido de siempre. El sol se encontraba centrado en el cielo, quemando con sus fuertes rayos. Ya debía de ser medio día.

No sé por qué mierteros se hace el tan duro. Tuve que cerrar los ojos evitar rodarlos.

Y yo que pensaba que se estaba ablandando conmigo.

Abrí mi libreta y me fui a la quinta página, donde había anotado las preguntas que tenía planeada hacer. Les eché una hojeada más a la lista y se la pasé. Cuando la tomó, acercó la libreta a su rostro y vi como sus ojos se movían de lado a lado, leyendo cada línea. Dio un suspiro y me miró. Sacudió su cabeza y empezó a leer cada pregunta con su respuesta en voz alta.

"¿Qué significa larcho y garlopo? ¿En serio esa es tu primera pregunta?" Dijo incrédulo. Me encogí de hombros. Tenía curiosidad de saber que significaba desde ayer. Alby rodo los ojos y siguió.

"Aquí nos llamamos larchos entre todos. Y decimos garlopo por no decir mierda. ¿Captas?"

Cuando asentí la cabeza continuó.

"¿Quién nos mandó aquí? Los creadores. Así los llamamos. Ellos hicieron este laberinto, ellos hicieron a esos penitentes, ellos nos encerraron aquí. También son los que nos envían los suministros cada semana."

"¿Con qué razón lo hicieron? Ni idea. Nadie nos dijo nada al llegar aquí ni nos dejaron un maldito manual. Solo sabemos que tenemos que hallar una salida de este lugar."

"¿Cuánto tiempo llevo aquí? Pues ya van a ser dos años. Soy el que más tiempo tiene aquí, no vas a encontrar a nadie más así de viejo. Ya están muertos."

Ruego poder llegar con vida al día que salgamos de aquí.

"¿Qué apariencia tienes?" Se detuvo un segundo a mirarme. "Muchacho, ¿no te han mostrado los baños? Ahí tenemos un espejo. Te miras todo lo que quieres allí." Cerró la libreta y me la paso. Elevó sus brazos y los cruzó frente a su pecho. "Está aquí en la finca, a la espalda. Encontraras duchas y eso. Aquí termina la hora de las preguntas. Mañana te levantaras temprano e iras al matadero. Ya es una tradición hacer que los nuevos empiecen por ahí. Newt te vigilará en la semana para ver como avanzas y decidir a donde te mandamos."

Miró su reloj y se volteó.

"Por ahora puedes ir a darte una vuelta y comer luego. Mañana empieza lo duro."

Y el moreno se fue, dejándome sentada bajo la sombra de los árboles.

Decidí irme para los baños. La verdad es que me moría de ganas de ir a mear hace rato pero con la cara de pocos amigos de Alby ni quería preguntarle donde estaban. Me fui trotando hasta ahí. Al dar la vuelta al edificio note una puerta con un pequeño cartel al lado. Me acerqué y vi que tenía escrito "Baño" en él.

Espero esté limpio.

Cruzando los dedos, abrí la puerta. Rezando por no encontrar el piso o alguna tapa del inodoro mojada con orina.

¡Que por favor haya papel higiénico!

Extrañamente, cuando entre, el baño estaba limpio.

No brillando, pero limpio. Había una fila de cubículos al lado derecho del baño, otra fila de urinarios al fondo y a la izquierda estaba los lavaderos con espejos encima de ellos. Al fondo había una puerta abierta, y desde donde estaba podía ver que ahí era donde se encontraban las duchas.

Con mis manos sudando estiradas hacía delante, me acerqué con los ojos cerrados a los lavaderos. Una vez me aseguré que me encontraba frente a ellos, los abrí.

Podía ver mi rostro.

Parecía de unos 17 años aproximadamente.

Mi cara era redonda y mi barbilla un poco pronunciada. Mis mejillas estaban coloradas por el calor del sol, contrarrestando mi piel clara. Tenía cejas marrones gruesas pero definidas, y debajo de ellas habías dos grandes ojos marrones con largas pestañas que me miraban de vuelta. Mi nariz era recta y pequeña pero gordita en la punta. Mis labios no eran ni muy gruesos ni delgados, y tenían un tono pálido, casi morados.

Mi cabello era castaño.

Era más corto de lo que había pensado, con un abultado flequillo que cubría mi frente. Definitivamente parecía el corte de un muchacho. Cada mechón tendría unos dos o tres centímetros de largo.

Me alejé un poco del espejo para poder verme de cuerpo completo.

En serio parecía un chico.

Me di media vuelta y me metí a uno de los cubículos. Necesitaba usar el inodoro con urgencia.


Salí de los baños ya más fresca. Me había lavado el rostro que lo tenía grasiento del sudor y ya estaba aliviada luego de haber usado el inodoro.

Me fui en dirección a la cocina. Gracias al tour que me dio Alby me saltee el desayuno, así que me moría de hambre. Por suerte a esta hora ya todos habrían comido y nadie me molestaría.

La cocina no tenía un gran tamaño, pero si tenía de todo y estaba limpia también. Al no ver a nadie dentro de ahí, entré y me puse a husmear un poco pero sin tocar nada. Ayer había un gordito cocinando y no quería que se molestara si veía que había movido algo. Noté que había un horno, microondas y un lavaplatos, todos conectados a la corriente.

¿Había electricidad aquí?

"¿Qué haces en mi cocina, larcho?"

Voltee tan rápido que hasta mareo me dio.

En la puerta de la cocina estaba el gordito chef de anoche. Tenía su mandil blanco pero manchado de sangre y grasa encima y llevaba sus brazos cruzados encima de él. Sacudí rápido mi cabeza, haciéndole señas para que tratara de entender que no había tocado nada.

El gordito al ver mi cara aterrorizada soltó una risotada y entro relajado a la sala, acercándose al horno. "Así que tú eres el nuevo novato mudo. Ya debes de haber terminado de conocer los alrededores." Giró su cabeza lo suficiente para verme y asentí. Le señalé mi boca y luego mi barriga, luego crucé mis brazos en forma de equis para que supiera que no había comido nada. En sus ojos vi entendimiento y asintió su cabeza lentamente. "Ya veo, no has comido nada. Está bien, te prepararé algo de comer ya que falta todavía un par de horas para la cena."

Sentí que mis ojos brillaban ante la bondad del gordito y mandé la sonrisa más grande que tenía.

"Pero solo por esta vez, ¿me entiendes, nuevo? No pienses que esto se repetirá." Asentí de igual manera. Solo quería tener algo en la barriga lo más pronto posible. "Me llamo Sartén, por cierto. Tú cómo te llamas, larcho." Saqué mi libreta y le mostré la misma página que les mostré a Newt y a Minho ayer. El la leyó y movió su cabeza de vuelta mirando a la alacena.

"Espera un poco, novato Alex. Pronto sabrás que tan exquisita mi comida es. A ver si eres diferente a esos malagradecidos garlopos que siempre se quejan de lo que cocino."


"¿Y bien? ¿Qué tal estuvo?"

Acababa de terminar de comer. Sartén me había preparado algo simple, un omelette con verduras y un poco de arroz; pero que estuvo delicioso. Me tomé de un solo trago un vaso largo de agua y sobé mi barriga al terminar. Mire a Sartén y le mostré ambos de mis pulgares junto con una sonrisa.

"Buenísimo, ¿cierto? ¡Te lo dije!" Dijo riéndose, luego de haberle inflado más el ego. Asentí mi cabeza. "Me caes bien novato. Puedes acercarte cuando quieras a la cocina, pero eso no significa que te daré de comer siempre que vengas. Ahora, tengo que preparar las cosas para la cena. Sal a jugar a fuera." Le escribí un 'gracias' en mi libreta y se la mostré. "Si, sí. Ya vete."

Y salí hacía el patio de la finca.

Hacerse amigo de la gente de aquí no está tan complicado como pensé.

"¡Hey, mira! ¡Es el mudo!"

Tal vez no este del todo cierto.

Giré mi cabeza hacia la derecha y vi a un trío de chicos acercándose a mí. Eran un enano pelado, un flaco con nariz de águila y un moreno alto.

"Hey mudito, haciéndote amigo con los grandes, eh?" uno de ellos dijo, dándome un empujón en el hombro, haciendo que dé un paso atrás. Primero mi rostro se tornó en sorpresa por la agresividad pero luego mire al tipo con el ceño fruncido.

Los tres chicos me habían rodeado.

"Qué paso, niñita. ¿Te comió la lengua el ratón?" dijo otro en tono burlón. Recibí otro empujón pero este me mandó al suelo. La cólera se estaba apoderando de mí. Tenía mis puños apretados, que hasta mis nudillos de pusieron blancos.

Otro chico me pateó el estómago, haciendo que me quedara sin aire.

"Vamos, ¡responde!"

"Mira su cara de niña, me da asco el garlopo."

"Apuesto que así es como se está ganando a los otros."

"Qué asco. Es un marica."

Y eso fue suficiente.

Nadie me llama puta.

Elevé mi pierna y la encogí, al segundo la empuje con fuerza y mandé una patada a las piernas del moreno, mandándolo al suelo. Los otros tipos con la sorpresa se habían quedado congelados y tomé la oportunidad para pararme rápidamente y mandarle con el puño al narizón que me pateó en la cara, dándole directo en su fea nariz. El tipo gimió y se lanzó al piso con sus manos encima de ella. Voltee a ver al último tipo en pie. El enano miraba con ojos aterrados a sus amigos caídos y luego a mí. Al ver que estaba solo salió disparado del lugar, abandonando a sus compañeros.

Me sonreí y limpié mi nariz, sentía comezón ya que me había aspirado un poco de tierra de cuando me botaron al suelo. Alcé la vista y me percaté que se había formado un circulo de espectadores alrededor mío con los otros dos tipos. Mis ojos se abrieron como platos al ver que Newt y Alby estaban allí en primera fila.

Alby estaba con su cara dura como una piedra y su mirada fijada en mí, y a su lado estaba Newt con cara de querer reírse -pero se las aguantaba bien- y movía su cabeza de un lado a otro.

Estaba frita.