Gracias a todos los que me leen~! En serio chicos. Demoré un poco ya que he estado saliendo bastante estos últimos días y no me alcanzaba el tiempo para colgar el nuevo capitulo, disculpen.
Nuevamente, Declaro que no soy dueña de la serie de The Maze Runner ni de sus personajes, Todo le pertenece al escritor James Dashner. Solo me pertenece mi OC.
Capitulo 4
Creo que no le caía tan mal a Alby como lo pensaba.
¿Por qué?
Alby me perdonó.
Bueno, no perdonó.
Me dejó pasar esta vez sin el castigo debido a que había sido en defensa personal. Al parecer él y Newt habían estado conversando mientras vigilaban el área asegurándose de que todos trabajaran, cuando Newt vio el círculo que se había formado y se acercaron a ver qué pasaba. Y llegaron en el momento en el que me patearon en la barriga.
Pero si dejó bien en claro que si volvía a suceder sí recibiría un castigo.
A los chicos que me golpearon los pondrán en el 'cuarto oscuro'-la cárcel de aquí- por dos días. Yo estaba satisfecha. Me habían dejado sin castigo, ¡Y sin quedarme con las ganas de golpear a esas mierdas!
¿Mencioné que bien se sintió golpearlos? Sentí que el estrés que se había acumulado desde que llegué desaparecía casi por completo.
Eso sí, me preguntaba '¿dónde demonios había aprendido a pelear antes de llegar ahí?'
Newt me celebró por el hecho de haberme defendido. Dijo que ahora que demostré que podía dar unos buenos golpes nadie se metería de nuevo conmigo, pero que no le tomé de costumbre a recurrir a los puños, si no terminaría en el cuarto oscuro también.
La noche de ese día decidí cenar en la cocina.
Y déjenme decirles que me sentí genial. De hecho, por varias cosas.
La cocina estaba igual de ruidosa que la noche anterior. Cuando entré, me encaminé directamente a la ya corta fila para recibir mi plato, y todos enmudecieron. Nadie habló nada, pero sí podía sentir sus miradas sobre mí.
Y empezaron los murmullos.
Pero esta vez fueron diferentes. Ya no hablaban sobre mi rostro femenino o de mi mudez, si no de la manera en que pelee temprano.
Los había sorprendido.
Algunos decían que había resultado ser agresiva, y otros comentaban de qué me había visto genial defendiéndome de los abusivos. Algunos simplemente no hablaban, solo miraban con rostros de miedo, parecía que pensaban que si decían algo malo y yo lo esuchaba me iría hacía ellos y les daría con el puño en la cara como lo hice con el otro tipo.
Y me sentí genial.
No es que esté de acuerdo con el uso de la violencia y de que me tuvieran terror o algo por el estilo, pero parece que era la manera más rápida para que me dejaran en paz.
Me tocó mi turno en la cola y me detuve frente a Sartén. Él me esbozó una sonrisa y me pasó un plato de espaguetis rojos "Lo hiciste bien, novato." me dijo "Ahora muévete, le toca al siguiente" y soltó una carcajada. Me sonreí y me salí de la cola con mi plato caliente en manos. Giré mi cabeza, buscando donde podría sentarme hasta que vi una mesa vacía hacía el fondo. Fui hasta ahí y me senté sola. Deseaba que Newt estuviera para acompañarme.
'¿Por qué no está con Newt?' se preguntaran.
Al parecer se iba a realizar una "asamblea" temprano, donde se juntarían todos los Encargados. Y eso ya fue hace una hora aproximadamente.
Para cuando comencé a comer cada quien andaba en lo suyo. Los demás chicos en sus mesas ya hablaban de otros temas, tales como lo duro que había sido el trabajo ese día y cosas que les sucedieron. Yo sólo me dedique a mirar mi plato, comiendo despacio; hasta que por el rabillo de mi ojo vi que alguien se acercaba a mi mesa y se sentaba al frente mío. Puso su plato encima de la superficie de esta y empezó a comer.
Extrañada, alcé la cabeza y vi que era Minho.
Él ya tenía su cabeza metida en el plato, devorándoselo en minutos. En ningún momento levantó su cabeza a mirarme hasta que terminó. Estaba con toda la boca embarrada de salsa de tomate. Cuando vi su rostro mandé un fuerte soplido de mi nariz y solté un sonido gutural- lo más parecido que tenía a una risa- más aun cuando puso cara de sorpresa al verme reír tanto. Sentía que me ahogaba. No me detuve hasta después de un par de minutos.
"Te golpearía en la cara si pudiera, larcho. Nadie se ríe de mí." Fue lo primero que me dijo " Pero ya que veo que estás de humor no te arruinaré tu noche de victoria. Escuché que eres el nuevo guerrero kung-fu y te bajaste a tres bravucones" Fueron dos, pero bueno. Le asentí y él se río. "No eres tan débil como pareces." levantó su mano y se la pasó encima de su boca, limpiándosela, no dejando rastro del desastre que había tenía encima. "El castigo de Alby me parece muy simple, yo en su lugar los hubiera botado a esos tres mierteros por el acantilado." Me encogí de hombros. La verdad ya me daba igual lo que les pasase a esos tipos, yo estaba contenta con haberlos golpeado y para mí eso era suficiente.
Esperen, ¿dijo acantilado?
"¿Qué tal el resto de la visita?, Alby no es el mejor guía del mundo que digamos." Le asentí una vez más mientras buscaba en mi bolsillo la pequeña libreta, la cual descubrí había olvidado en alguna parte. Levanté una mano y me golpee la frente con mi palma.
En la pelea se me debe de haber caído.
"¿Qué pasó?" Me preguntó Minho. Le hice un dibujo al aire de un rectángulo y luego hice gesto de escribir "¿Tu libreta? ¿No está?" Le asentí. "En serio, lo único que tienes para comunicarte y lo pierdes. Bien hecho, novato" Le rodé los ojos y me puse de pie. Él me imitó y me preguntó "¿A dónde vas?" luego recordó que no podía responderle y estiró su mano, dejando su palma arriba. Miré su mano y luego su cara con el ceño fruncido. Minho soltó un suspiro y agitó su mano "Escribe en mi mano con tu dedo, maldita sea." hice un gesto de 'ooh' y miré su mano nuevamente.
Tocaría su mano.
Mis manos estaban sudorosas y sentía que se ponían más húmedas de los nervios de que se percatara y dijera algo de ellas. Sacudí mi cabeza y solté un suspiro. Eso no importaba ahora. Levanté ambas manos, con una le sostenía la suya y con la otra escribí encima de ella.
"Oh, ¿vas a buscarla? ¿Dónde?"
Y le escribí nuevamente, diciéndole que iría al lugar de la pelea.
"Ya veo. Vamos entonces" y mi corazón se aceleró. ¿Porque tenía que ser tan amable conmigo?
Te maldigo, Minho.
Estar a solas con el chico que te gusta dando una caminata bajo el cielo nocturno es todo lo que una chica normal vería como romántico.
Y yo lo haría, créanme, aun soy una chica.
Pero las cosas cambian cuando se trata de Minho.
El tipo no paraba de soltar eructos, causados por la velocidad con la que comió su cena, quejándose, diciendo que todo era la culpa de sartén y su 'horrible' comida.
Quería tomar su cara y estrellársela contra el suelo para que se callara.
Él había empezado a burlarse de mí por lo que me tocaría trabajar a primera hora mañana en el matadero. "¡Te apuesto el almuerzo de mañana a que no aguantaras ni una hora en ese lugar!" Dijo. Yo rodé los ojos y luego lo fulmine con mi mirada. "¿No te atreves? Gallina." Voltee mi cuerpo por completo para mirarle bien. Él me devolvía el gesto, con rostro de ingenuo. Suspiré y le tendí la mano. Él se sonrío y tomó su mano con la mía y la estrechó, dándole una leve sacudida "Trato hecho. No hay vuelta atrás." Me giré y rodé los ojos de nuevo, continuando con la búsqueda de mi libreta "Ya hasta lo puedo sabor-UGH" un fuerte *PLAT* sonó y voltee rápidamente mi cabeza, buscando con mis ojos a mi acompañante.
Y míralo ahí.
Tendido en el suelo,
Con su cara estrellada en el piso.
Ese dicho de "Ten cuidado con lo que deseas" al parecer es verdad, huh?
Sentí una risa burbujear en mi pecho al ver que Minho tenía la cara llena de tierra hasta que salió de mi boca, sonando como si me estuviera quedando sin aire. Él me miraba con furia y vergüenza desde el suelo.
Ya cuando mi risa se calmó un poco, me acerqué y me incliné un poco, estirándole la mano para ayudarlo a ponerse de pie.
Y el maldito garlopo me jaló el brazo cuando a la vez giró su cuerpo, trayéndome al piso, haciendo que cayera encima de su pecho. Y ahí sí se soltó la risotada, y mientras él reía, yo trataba de calmar mi corazón, rezando a que él no lo vaya a sentir.
Paró de reírse y nos quedamos tendidos en el suelo unos segundos, hasta que hizo un sonido de aclararse la garganta y se intentó levantar. Tomé esa como mi señal para salirme de encima de él y pararme desesperadamente.
Y luego continuamos buscando la bendita libreta.
*Una Semana Después*
La última semana que ha pasado fue una muy exhaustiva.
Tal y como lo tenía planeado Alby, probé en cada día un trabajo diferente.
Ninguno me agradó...y en todos apestaba.
Ah, sobre la apuesta con Minho?
El larcho ganó.
Solo diré que duré 20 minutos dentro del matadero y luego terminé frente a un inodoro en los baños.
Ese día Minho y Newt no paraban de burlarse de mí.
Hoy era mi último día de prueba y me tocaba con los corredores.
La verdad es que Alby me dijo que normalmente para escoger a un corredor toma un poco más de tiempo, pero como soy bien "inútil" dijo que podría intentarlo.
Lindo, ¿cierto? Por eso amo a Alby.
"Talla, ¿novato?"
Y por eso me encuentro dentro de la finca junto a Minho. Estábamos frente a una caja llena de zapatos de todas las tallas. Minho había mencionado que los creadores mandan de vez en cuando un par de ellos nuevos junto con las demás cosas de la caja.
Eran 5 y algo, El cielo todavía estaba oscuro pero ya se podía ver ligeramente los rayos del sol asomándose.
Miré a un lado, pensando y luego miré a mis pies. Me agaché y me saqué una de mis zapatillas. Miré por dentro de ella y encontré el número de mi talla. La volteé y se la mostré.
"38? ¡Tienes la pata de una miertera hormiga!" Dijo burlón "Bueno, déjame ver que encuentro, no estoy muy seguro que tengamos talla para enanos" Se agachó y comenzó a rebuscar al fondo de la caja, sacando y sacando zapatos hasta que escuché un 'Ah!' y se levantó. "En serio, hasta los más chicos en el área tienen la pata más grande que tú." dijo mientras me pasaba las zapatillas. Eran un par nuevo, sin ninguna muestra de uso.
Creo que hablaba en serio.
Me agaché, me cambié los viejos zapatos que tenía y me puse los nuevos. Estaban bastante cómodos. Levanté mi cabeza y le alcé mi pulgar en señal de que estaban perfectos. Minho sonrío y asintió. "Bien. Que suerte que tienes. El uso es solo para los corredores y los encargados." Se volteó y se acercó a un estante donde había una fila de relojes digitales. Tomo uno y me lo lanzó. "Ten esto siempre puesto. Es vital que lo tengas cuando estas allí afuera." Se movió a otro estante más y yo mientras me ajustaba el reloj en mi muñeca izquierda. Una mochila se apareció frente a mí y alcé la vista. Minho tenía su brazo extendido, esperando a que la tomara. La agarre y me puse de cuclillas, abrí la mochila y me puse a inspeccionar que había dentro.
"Ahí encontraras una botella de agua, algo de comida, unos pantalones cortos, camisetas y entre otras cosas." mientras decía todo esto me aseguraba que los objetos mencionados se encontraran ahí. Minho se movió por un segundo y volvió al instante. "Toma esto." Lo miré y me lanzó algo blanco. Fruncí el ceño y lo levanté, estirándolo con ambas manos.
Eran unos calzoncillos.
Sentí mis mejillas sonrojarse pero traté de mantener mi cara sin ninguna expresión.
"Son calzones de corredor. Los usamos para mantenernos... bien sujetos. Tú me entiendes." Dijo algo incómodo. Lo miré y miré de nuevo los calzoncillos. Sin hacer más los refundí en la mochila. Cerré todo y me paré. Di un par saltos, probando las zapatillas, corroborando su suavidad. Me puse mi mochila, ajustándola para que no quede muy suelta y voltee a mirar a Minho, que ya estaba acomodando su mochila. Levantó su vista y me hizo un gesto con su cabeza.
"¿Listo?"
Asentí.
"Vamos. Tenemos que desayunar antes de salir."
Y salimos juntos. En el tiempo que pasamos dentro el sol se asomaba más y más. Caminamos un par de metros hasta que Minho me detuvo.
"Tengo que volver, me he olvidado de algo. Ve adelantándote, larcho." Le asentí y seguí con mi camino hacia la cocina. En el camino veía como algunos de los residentes ya estaban despiertos. Los que pasaban cerca de mí me saludaban con un '¡Hola novato!', otros se seguían de largo.
En el transcurso de la semana logré llevarme mejor con la mayoría de los residentes al pasar tiempo con ellos en los trabajos.
Claro que no siempre a todos les vas a agradar (En especial a aquellos muchachos a los que les había dado una paliza hace un par de días).
Llegué a la cocina y me encontré con Sartén preparando el desayuno para más tarde. Él alzó su cabeza desde donde estaba cocinando y me hizo un gesto con su cabeza. "Buenos días, novato. Ya sales con Minho?" Dijo. Le asentí sonriéndole.
La verdad es que no podía seguir esperando a intentar trabajar con los corredores. Toda la semana me la he pasado ansiosa por este día.
"No la vayas a malograr esta vez, eh? Si no, ¡te quedarás de fregón!" Dijo riéndose. Me rasqué la nuca y le asentí, sonriéndome nerviosa. No quería terminar de fregón.
Créanme. No es bonito.
Se mandó una carcajada y siguió cocinando mientras hablaba. "Allí en la mesa hay unos refrescos y emparedados. Toma uno y come. No hay nada mejor que empezar el día con una barriga llena." Me sonreí y camine hacía dicha mesa. Tal y como él había dicho, habían platos de emparedados acompañados con tocino al lado y vasos de jugo encima de él. Tomé un sándwich y lo comencé a comer mientras miraba alrededor de la finca, dejando de lado el tocino ya que no era de mi agrado.
Y así lo vi entrar a Minho en toda su gloria.
"Garlopo." Le dijo a Sartén. Él le miró nada sorprendido y le respondió con un 'Se dice buenos días. Mañana te juro que no te doy ni una miga, Minho' Minho le rodó los ojos y camino hacía mi -o a la mesa, mejor dicho- y tomo un emparedado. Yo ya había terminado el mío y estaba a punto de hacer lo mismo con mi vaso de refresco. Se comió el sándwich de un solo bocado y de igual manera lo hizo con su jugo. Soltó un eructo y se acercó hacia donde estaban las frutas, tomando dos manzanas.
"¡Oye!" Le gritó Sartén. Minho lo ignoró y camino de vuelta y me paso una de las manzanas.
"Vámonos. Ya van a abrir las puertas." Le asentí y caminamos en dirección hacia la puerta oeste. Todavía se encontraba cerrada. Mientras esperábamos, Minho se puso a estirarse -parecía que era una rutina que hacía antes de salir a correr- y me dediqué a hacer lo mismo.
Hasta que escuchamos el ruido similar al de todos los días anteriores.
Las puertas se abrían.
"¿Listo?" Me dijo. Lo miré y vi que el también hacia lo mismo conmigo, con su rostro serio y labios apretados. Le asentí y él lo repitió.
"Vamos."
Y nos adentramos al laberinto.
