Hola, hola, hola (^-^)/ Muchas gracias a todos por sus hermosos comentarios y sus ganas de que continue este fic xD Realmente yo también tengo muchas ganas de seguir con esta historia, así que si todos estamos de acuerdo, lo continuaré hasta Sinsajo :D Tengo bastantes ideas para el tema del Vasallaje y el de la Guerra en si, les prometo que les encantará, pese a todo, espero que me lleguen comentarios con ideas y sugerencias sobre que podemos plantear en todo este tema c: Este capitulo es algo largo, a decir verdad, cuando escribo, no escribo por capitulos, sólo escribo, escribo y sigo escribiendo hasta que digo, hey ya son 7 páginas de word, con eso es suficiente por hoy n_n Espero que les guste, en el próximo capítulo, que estaré subiendo tal vez el próximo domingo, será sobre la boda de Katniss y Peeta, con un posible LEMON por ahí... ¬/¬ De acuerdo, no es posible, es un hecho xD Eso, disfruten del capitulo hermosos lectores *-*
Disclaimer: Los Juegos del Hambre no me pertenecen, de ser así, jamás hubiese dejado morir a Cato :'( Tampoco al hermoso de Finnick
Un Lugar para Nosotros
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Sus pasos eran ligeros sobre la hierba, muy ligeros, casi imperceptibles, sus botas de caza se mantenían a ras de suelo; la hierba y el sonido del viento en la pradera hacía que el ruido se perdiera entre los árboles.
Estaba recargado contra el tronco de un árbol, sobre el césped húmedo, con una manta algo gruesa en el pasto y con un block de dibujos sobre sus piernas. Tenía a su lado unos lápices curiosos que eran de óleo, con colores brillantes y vivos. Sus ojos azules iban desde el papel hasta el paisaje cubierto de nieve, casi derritiéndose, con los cielos grises, con pequeños rayos asomándose entre las nubes claras.
Su nariz estaba roja, cómo siempre que estaba mucho rato afuera y sus dedos se encontraban en las puntas algo morados por el frío invernal. Una leve capa de hielo estaba extendida por sobre sus hombros y su cabello rubio y unas leves gotas caían a su frente. Pese a todo, la sonrisa de su rostro no se podía borrar. Y durante ese momento, Katniss se sintió feliz, porque sabía que la causa de felicidad de Peeta era debido a ella. Siguió avanzando por el bosque y se detuvo junto a él, mirando por sobre su hombro. Al principio se sorprendió, ya que pensó que estaría pintando el distrito después de una larga semana de nevadas, pero lo que vio fue algo más bonito y con mayor significado que unas casas esparcidas por allí. Eran ellos, junto a la chimenea de su casa, ambos cubiertos con una manta por los hombros, con tazas de chocolate caliente a sus pies y cojines a su alrededor. De eso, ya eran tres días. No recordaba haberse reído tanto en una sola tarde, pero con Peeta lo había logrado. Estuvieron toda la tarde, con Peeta durmiendo sobre sus piernas o dibujando a Buttercup, o a Prim, mientras comían dulces de menta acostados en la alfombra de su living.
Con una sonrisa en sus labios, colocó sus manos sobre los ojos de Peeta y esperó. Sabía que estaba sonriendo y su suposición se vio confirmada cuando lo escuchó responder.
-¿Katniss? Si no es así, estoy en problemas, aquí podría haber osos asesinos, no de los que te tapan los ojos y eso.- la castaña rio ante el buen humor de su prometido y le besó los labios con ternura. Peeta sonrió y acercó a la joven hasta que cayó sobre su regazo en donde se acomodó y se quedó ahí, escuchando los latidos de su corazón desbocado.
-¿Qué haces aquí? Pensé que estarías con tu padre en la panadería - Katniss sacó un mechón rubio que cayó sobre la frente pálida de Peeta y lo acomodó hacia atrás. El joven vencedor sonrió ante el gesto y acarició su cintura con el pulgar. –Además, si estás aquí, lo más lógico es que dibujes el paisaje y no te andes arriesgando a pasar la cerca sólo para estar tendido sobre la nieve.- el rubio rio ante las quejas y regaños de la castaña y luego agregó.
-Me gusta estar aquí, el aire es más puro y no hay olor a carbón en el aire.- sabía a lo que se refería, a ella también le gustaba estar en el bosque por lo mismo, y como estaban en día de semana, era casi imposible que se encontraran con Gale, así que la chica estaba relajada, dormitando en los brazos del Mellark.
-Pues agarraremos una neumonía si seguimos aquí.-el joven rio y tomó sus cosas mientras Katniss se ponía de pie y se sacudía la nieve de los pantalones.
El cielo estaba muy nublado y aunque haya dejado de nevar, el día estaba más que dispuesto a ponerse a llover. Peeta colocó todo dentro de un pequeño morral que deslizó por su hombro y luego le ofreció la mano a Katniss, quién entrelazo sus dedos con los de él. Caminaron sin prisas por los bosques, pasando entre los árboles, por los matorrales y por las rocas.
Los pies de Peeta seguían siendo igual de pesados que antes, pero eso Katniss ya no le molestaba, no mientras no estuviera cazando. Cuando llegaron a las orillas de la alambrada, Katniss agudizó el oído para ver si la cerca estaba electrificada. Al no escuchar el zumbido, se relajó y pasó por su lugar de siempre seguida de Peeta que reía ante un recuerdo de sus hermanos peleando en la panadería. Katniss sólo lo observaba y sonreía con tranquilidad. Él era capaz de entregarle paz y confort. Sentirse realmente en paz, aunque eso estuviera mal decirlo.
Caminaron de la mano a través del distrito y se detuvieron en frente de la panadería, donde Peeta dejó sus cosas de dibujo y tomó dos pasteles de queso y salió, mientras Katniss se despedía del señor Mellark. Se sentaron uno al lado del otro y comieron entre bromas y risas. La mayor parte del tiempo, se besaban, charlaban, caminaban de la mano, cocinaban e incluso Katniss le intentó enseñar a cazar. Fue todo un desastre el igual que ella en repostería pero pese a todo, la relación iba viento en popa. Esa semana había sido la mejor de su vida. Y en cinco días más, estaría partiendo hacia el Capitolio para casarse con él.
No negaba que aún sentía miedo hacia la idea de estar casada, de vivir junto a Peeta, de estar toda la vida juntos, eso la aterraba, al igual que la idea de tener hijos. Pero tampoco podía ponerse a pensar en eso, en menos de un mes, estaría casada y aplicando todas las leyes y cosas que venían con la unión de esto. Aún no quería ni siquiera imaginar su primera noche juntos, estaba más que segura que sería un fiasco en todo eso.
Sabía que hijos podrían venir, que todo podía cambiar si seguía con esa decisión, pero no quería pensar en los días que había pasado sin Peeta. No quería volver a sentir ese miedo por las noches al no tener sus brazos rodeándola, no quería volver a ignorarlo si se veían en el distrito. No quería verlo demacrado, rondando las calles de la zona comercial como alma en pena, porque si ambos se separaban ahora todo sería un fiasco. Ella se sumergiría en la peor de las depresiones y ni que decir de Peeta.
Porque ahora, juntos, todo estaba bien.
-O-
Dejó caer su cabeza contra la almohada de su cama y se giró hacia la pared gris de su casa en la Veta.
El día estaba nublado, había nevado hace poco en el distrito y el frío estaba azotando a todos los ciudadanos del distrito minero.
Gale Hawthorne no era la excepción.
Sentía sus majillas frías, a pesar de que estaba vestido con una chaqueta de cuerina de su padre. Con un viejo sweater que le había tejido su madre y una camiseta de algodón algo gastado. Tenía una bufanda amarrada en el cuello y unos jeans que estaba usando en aquel único día libre que tenía.
Domingo, a sólo tres días para que Katniss se fuera del distrito y se casará con el hijo menor del panadero. Frunció los labios ante el recuerdo de verlos juntos, a Peeta con el brazo sobre los hombros estrechos de Katniss, quien mantenía su mano entrelazada con la del chico. Reían, ambos, con las mejillas sonrosadas y sonrisas bobas que eran imposibles de olvidar.
Se tomó la cara entre las manos y miró el gris techo de su casa. ¿Qué tenía él para ofrecerle en todo caso? Él no era un vencedor, no podía darle las riquezas que tenía Peeta al ser un ganador de los Juegos del Hambre. Lo único que tenía era su trabajo como minero y su habilidad con las trampas y la caza. Con él todo lo que obtendría serían más dolores y momentos tristes, pero pese a todo eso, sabía que Katniss podía llegar a ser feliz con él. Que saldrían adelante, con sus hermanos y que de un modo u otro ellos se salvarían de las Cosechas cada año y que cuando ya no quedará ninguno, podían trabajar en vivir por ellos, por obtener lo que querían.
Sabía perfectamente bien que él no era como Peeta, para nada, no había nada en común entre ellos, sólo el profundo amor por Katniss y las ganas de mantenerla a salvo.
Peeta había nacido en la zona comercial, por lo que jamás tuvo que pasar hambre como ellos, jamás se vio implicado en un crudo invierno en donde sus hermanos no tenían que comer, o donde tenían que ver a sus madres trabajar para poder mantener a sus hijos. Él no lo había vivido y ese era un punto que tenía a favor con Katniss.
Él sabía todo lo que ella había sufrido y la había ayudado a mantener a su familia con vida. Se habían ayudado mutuamente, hasta que el nombre de Prim salió en la Cosecha. Supo desde ese instante que las cosas cambiarían. Que Katniss se ofrecería como voluntaria. Él debió hacer lo mismo, debió haberse ofrecido como tributo en lugar de Mellark. Así la hubiera podido mantener con vida. Respecto al cambio de reglas, estaba seguro que algo podrían haber hecho para que los dejarán vivir a los dos, el chico rubio no era el único con planes.
Pero no lo hizo, se quedó y vio como poco a poco, el hijo del panadero se iba ganando el cariño y el aprecio de Katniss, aunque él estaba seguro que había un lazo aún más fuerte que los unía a ambos, algo que estaba por sobre él. Pensó que ella moriría, al verla arriesgarse tanto por alguien a quien apenas conocía, Katniss Everdeen no era el tipo de chica que actuaría así por cualquier persona.
Pero lo hizo.
Lo hizo y ambos lograron sobrevivir, y él pensó que eso estaba bien, que podía vivir sabiendo que la chica de trenza había sobrevivido aunque en el camino se haya enamorado de alguien más. Todo cambio cuando los vio entrar a la estación. Él no se caracterizaba por ser alguien atento a las emociones y gestos de los demás, pero pudo notar como Peeta ya no tomaba la cintura de Katniss y como le dirigía miradas tristes. Lo supo luego, varios días después, cuando no los vio junto nunca más en el distrito y gracias a eso, la esperanza brilló dentro de él.
Sabía que no todo estaba perdido con Katniss, así que cuando la vio el domingo para cazar, actuó normal, de la misma manera en que actuó Katniss. Sabía que debía actuar, que debía hacerle saber a la castaña de sus sentimientos. Y algo dentro de él se alegraba al no verlos juntos, al ver el menor de los Mellark rondar por la Aldea de los Vencedores con la mirada baja y las manos metidas dentro de los bolsillos. Porque estaba destruido por un amor que jamás sería correspondido, porque de la misma manera en que él le pertenecía a Katniss, ella le pertenecía a él.
Pasaron los meses, seis a decir verdad, en donde todo era miel sobre hojuelas, en donde su relación con Katniss se había afianzado, en donde volvía a ser la chica que salía a cazar cada día después de la escuela. Pero llegó la Gira de la Victoria, y él tenía por seguro que ellos volverían a hablarse, a besarse, a tomarse de las manos, porque eso era lo que todos querían ver. Confiaba en Katniss, en que tal vez, sólo tal vez, ella sentía lo mismo que por él y que de alguna manera u otra, volvería intacta, sin las huellas de una gira junto a él.
¡Qué inocente fue!
Cuando se trasmitió por cadena nacional su pedida de mano, supo que algo no andaba bien. ¡Dios, no se habían hablado en meses y ahora se casaban!
Fue un ingenuo, porque luego, cuando llegó y ella le dijo que huyeran, él creyó que lo amaba, de la misma manera en que él la amaba a ella. Sabía que no quería casarse por obligación y menos con el hijo del panadero, pero no, no era eso. Era algo más grande, algo que él esperaba con ansias. Los inicios de una revolución, eso era lo que los trágicos amantes habían provocado. Katniss con sus actos, Peeta con sus palabras. Estaban desatando el caos en los distritos y Gale quería pelear. Y ahí se dio cuenta que su amor por Katniss no era suficiente como para dejar el Distrito 12 e irse muy, muy lejos. No fue suficiente. Así que cuando ella apareció con Peeta besándose en la puerta de la casa de él, con un vestido de novia puesto, no pudo menos que abofetearse.
¿Cuántos kilómetros llevarían de haber huido juntos? ¿De haber escuchado sus palabras?
Ahora no podría saberlo, Katniss estaba en el ojo del huracán, con gente viniendo cada día para la gran boda del año. ¿Entonces que podía hacer? ¿Pelear contra Peeta por ella?
Sabía que podía ganar, que a pesar del lazo que los unía a ellos, él y Katniss tenían una conexión aún más fuerte, una en la vida real y no en los Juegos. Porque a pesar de que doliera admitirlo, los Juegos habían terminado para ellos y debían seguir adelante. Y él ayudaría a Katniss a seguir, incluso si debía llevársela a rastras del distrito, lo haría si con eso evitaba el error más grande que su amiga podía estar cometiendo.
Casarse con aquel panadero era un error, ella no deseaba casarse, lo veía en su mirada preocupada, en sus profundos ojos plateados que pedían ser rescatados.
Se puso de pie de un salto, se colocó las botas de cuero negro gastadas que tenía y luego de despedirse de sus hermanos, corrió hasta la zona comercial. Primero debía saber donde estaba Katniss. Podía estar en su casa en la Aldea de los Vencedores, o podía estar en la de él. Podría estar en la de su borracho mentor o en el bosque cazando. Comprando en el Quemador, o en la panadería de los Mellark. Aspiró el frío aire del invierno y miró por los alrededores de la plaza, buscando una trenza castaña entre la multitud. No fue lo que vio primero, pero logró distinguir una cabellera rubia que se alzaba por el distrito.
En el distrito doce, no había mucha gente con los cabellos rubios. A decir verdad, Gale no conocía a muchos, a parte de Prim, de la señora Everdeen y la familia Mellark. E incluso en la familia de Peeta, no todos eran rubios, sólo el padre de él y uno de sus hermanos.
Se acercó de a poco, evitando a las personas que compraban en el sector, y se alzó en puntillas para ver si su vista no le estaba mintiendo. Y no era así. De pie, junto a la entrada de la panadería estaba Peeta Mellark, con su habitual sonrisa de lado, con los cabellos rubios peinados hacia atrás, con leves rastros de nieve en él. Pantalones negros, botas de color marrón y una chaqueta de color azul oscuro cubría su ancha espalda. Guantes de cuero, parecidos a los que Katniss quería obsequiarle a él, antes de que discutieran por la boda arreglada de ella. Charlaba animadamente con un chico de la escuela. Tendría la misma edad de él. De cabellos negros y mirada parda. Lo reconocía levemente, era uno de los tantos amigos que rodeaban al menor de los Mellark en la escuela. Miró a su alrededor, buscando a Katniss entre la gente.
No estaba, Peeta estaba solo con su amigo.
Eso le daba el suficiente tiempo para hablar con ella. Y para hablar con su prometido.
Se acercó a paso firme a donde estaba el joven rubio, con las manos metidas en sus bolsillos, y una sonrisa bobalicona en el rostro esculpido.
No supo que fue lo que lo motivo, pero de un momento a otro, tenía su puño derecho estampado en la bonita mejilla del chico del pan. Peeta reaccionó al segundo. No sabía con exactitud como fue, ya que ese tipo de reacciones se las había visto a Katniss. La forma de moverse y la forma de evitar el peligro. Era algo que se les quedaba de los Juegos, una reacción involuntaria frente a una situación de riesgo inminente. Se lo quitó de encima de un movimiento y se puso a una distancia considerable, bajo las atentas miradas de los que pasaban por allí.
-¿Qué rayos te pasa Gale?- la mejilla de Peeta sangraba, tenía un corte hecho por la fuerza de sus nudillos y la sangre corría levemente por su cara. Algo dentro de Gale se activo, ese deseo incontrolable que tenía por hacer sufrir al chico que le había arrebatado a la castaña.
-¿Cómo que qué rayos me pasa? ¿Qué mierda te pasa a ti Mellark?- la ira brotaba de sus venas y lo incitaba a darle otro golpe más a ese rostro, para que nadie lo reconociera.- ¿Una boda? ¿No se te ocurrió una mejor manera de atar a Katniss a ti?-
Peeta se contuvo, sabía que Gale estaba enojado, que tenía rabia y que quería descargarse contra él. ¡Dios! ¿Cuántas veces quiso él hacer lo mismo cuando los veía a ambos riendo en el distrito? Estaba enfadado porque Katniss lo había escogido, había elegido tener una vida con él, darse una oportunidad a lo que sea que tuvieran.
-Yo no estoy atando a Katniss a mi, y por si no lo sabías, ella fue la que propuso que nos casáramos- Gale se acercó hasta él, y envió un derechazo que consiguió desestabilizar a Peeta. Golpeó de nuevo, esta vez contra sus costillas y lo envió al piso donde Peeta le mandó un certero golpe en la nariz, que hizo que el joven Hawthorne gruñera con fuerza debido al dolor. Un golpe más, otro de vuelta. El amigo de Peeta intentaba a duras penas separar a los jóvenes que se reñían frente a la panadería. La gente que pasaba miraba con impresión como Peeta Mellark y Gale Hawthorne se reñían a golpes por algo, o más bien. Por alguien. Porque aparte de Katniss, ni un otro problema podía existir entre los dos. La actual vendedora era la manzana de la discordia de ambos jóvenes. En ese momento salió Connor junto con Nathan y separaron entre los dos a Peeta y a Gale, que sangraban dramáticamente. Peeta se calmó en cuanto sintió los brazos de su hermano en torno a él. Gale demoró algo más, lo suficiente para que Peeta deseara golpearlo otra vez.
-Entiende esto, ella no te ama, sólo lo hace por miedo. Y de esta manera, escúchame bien Mellark, ¡Jamás te amará! ¡Jamás!- Se zafó del agarre de Nathan y caminó con torpeza entre la gente, evitando a la multitud que se había arremolinado para ver que pasaba. Peeta gritó exasperado apenas Gale dejó de ser visible. Y es que en el fondo, él le encontraba razón, y no podía evitar sentirse como el idiota que era. Como el absurdo perdedor de todo esto.
-O-
-¡¿Qué rayos te paso en la cara Gale?!-el aludido tenía sobre el pómulo izquierdo un pedazo de tela que servía como una venda, empapada en sangre. De su labio inferior salía sangre y su ceja derecha estaba rota. Aparte de eso, tenía varios rasguños y uno que otro moretón por el cuerpo. Pese a eso, decidió ir a la casa de las Everdeen a que revisaran su pómulo, y en especial su nariz que no paraba de sangrar. Katniss, cuando lo vio en su puerta se sorprendió, aunque no tanto como el verlo cubierto de sangre. Gale no era una persona conflictiva que se anduviera peleando con medio mundo, así que lo deja pasar a la casa, donde el calor de la chimenea lo recibió.
-Nada, una pelea sin importancia - Katniss enarcó una ceja y lo deja en la sala de estar en cuanto vio la mueca que hacía Gale al moverse. Definitivamente necesitaba ayuda. Llamó a su madre, quien salió del estudio con Prim a sus espaldas. En cuanto vieron a Gale, se acercaron, Prim trajo vendas y antiséptico, para tratar los cortes y golpes del chico.
La señora Everdeen partió viendo su nariz, que era el que peor se veía. Gale tan sólo hacía muecas de vez en cuando, bajo la atenta mirada de Katniss que lo regañaba mentalmente. Después siguió con su labio y con su ceja. Luego de eso pasó hasta su mejilla, en donde luego de aplicar antiséptico, la herida dejó de sangrar. Prim iba a buscar más agua y alcohol para terminar de limpiar las heridas cuando un golpe en la puerta principal los sacó a todos de su letargo. La señora Everdeen se puso de pie y se limpió las manos en su delantal para luego abrir la puerta.
En ella estaba Haymitch, con una barba de varios días, y el ceño fruncido. Tenía puesto un abrigo algo gastado, y en su mano, había una botella de metal, probablemente llena de alcohol. Junto a él, estaba uno de los hermanos de Peeta, a quién Katniss reconoció como Connor, quien era el más apegado a su prometido. Estaba con las manos en los bolsillos, con una chaqueta de color caqui puesta. Su expresión de infinito odio hacia Gale se incrementó en cuanto lo vio ponerse de pie en el salón. Katniss, en cuanto los vio, corrió hacia la puerta, estrellando al muchacho sin querer en el camino. Gale bufó y miró de mala forma a Connor, quien simplemente le devolvió la mirada envenenada desde la puerta entre abierta.
-¿Qué pasó? ¿Esta bien Peeta?- su voz sonó estrangulada. No era normal que Connor se anduviera paseando en la Aldea de los Vencedores. Algo le debía haber pasado a Peeta. Esta no era una mera visita para ver a su futura cuñada, y ella lo sabía. Dentro de todo, no se llevaba muy bien con sus hermanos, más que nada se debía a lo mucho que había sufrido Peeta durante los meses antes de la Gira de la Victoria.
-Eso te queríamos preguntar Preciosa, ¿No esta el Chico aquí?- Katniss negó con la cabeza y Haymitch bufó exasperado. Tomó un sorbo de alcohol de la botella en sus manos y luego la guardó ante la mirada de escrutinio de la Chica en Llamas. No le estaban dando información valiosa y su preocupación por su chico del pan aumentaba cada vez más.
-No, no ha venido, ¿Ocurrió algo?- Connor miró al supuesto primo y al ver que el joven castaño no tenía ni las más mínimas intenciones de hablar, respondió.
-¿Por qué no se lo preguntas a tu primo?- Katniss dirigió la mirada plateada a Gale y luego se dio la vuelta al escuchar el portazo que dejó Connor al salir de su casa. Haymitch dijo algo sobre el humor de los chicos hoy en día y luego de eso, salió tras el muchacho, prometiéndole a Katniss avisar si encontraban a Peeta. Apenas su mentor se vio fuera, se acercó con lentitud a Gale.
-Te lo preguntaré otra vez Gale, ¿Con quién te peleaste?- El chico supo que no tenía escapatoria, que en algún momento la castaña se iba a enterar, así que mejor que fuera por él y no por el idiota de su prometido.
-Con tu novio, con él fue. Es por eso que su hermano salió así- Katniss deseó en ese momento tener una flecha y un arco a mano para poder lanzársela a Gale. Su mirada era de infinita calma, casi como si no importara el haberse puesto a golpear a su novio, tal vez frente a cuanta gente. Gale sabía a la perfección que debía mostrar un perfil bajo y pese a esto, se ponía a pelear con uno de los Vencedores del distrito.
-¡¿Y a ti qué mierda te pasa?! ¡¿Por qué andas golpeando a Peeta?!- se acercó a él y golpeó su pecho con sus puños, mientras le gritaba. Prim y su madre se retiraron y dejaron al par de amigos solos en la cálida instancia, en donde la ira de Katniss estaba contenida mientras insultaba a su mejor amigo.
-¿Por qué mierda tú lo defiendes?, ¿Por qué te vas a casar con él? ¡No lo amas Katniss, él no es como tú o como yo!-
-¡¿Y a mi que me importa si no es como tú?!- con su dedo golpeó el duro pecho del Hawthorne y luego de ponerse la chaqueta de su padre, que estaba colgada en el perchero, se dirigió a él.- Peeta es mil veces mejor que tú y que yo, y si yo me voy a casar con él es mi decisión, no la tuya. Peeta me entiende, Peeta me ama por lo que soy, no por lo que era antes de los Juegos. Yo cambié Gale, cambié y no puedo hacer nada para evitarlo. Pese a eso, él me sigue amando con mis defectos y con mis errores, mientras que tú sólo quieres que vuelva la vieja Katniss.- Gale bajo la mirada y se acercó hasta donde estaba Katniss y en dos pasos la tuvo contra la pared, encerrada entre sus brazos.- Déjame ir, suéltame.-
- Tú no lo amas. No lo amas y no lo harás, ¿Sabes por qué? Porque te están obligando a hacerlo, porque no son tus ideas, son las del Capitolio que quieren ver un final feliz entre sus vencedores.- Katniss miró a Gale, roja de furia, veía pequeños puntitos que entorpecían su visión. Se colocó frente a él y lo encaró y a pesar de su altura, Gale sintió un escalofrío al ver la reacción de la castaña.
-Escúchame bien Hawthorne, tú te vuelves a acercar a Peeta y yo que te clavo una flecha en el ojo. Las decisiones que yo tomo, son mías, no del Capitolio, y si elegí a Peeta antes que a ti, no fue por culpa de ellos, fue por la tuya- Gale bajo uno de sus brazos y Katniss salió de entre la pared, dirigiéndose hacia la puerta. –Ahora te pediré que en cuanto mi madre terminé de curarte, te retires de mi casa y que no vuelvas a entrar aquí, a menos que sea para disculparte con mi prometido.- dicho esto, salió ella primero y luego de eso cerró la puerta tras de si. Y Gale sólo se sintió un poco más vacío que de costumbre.
Caminó a través de las distintas partes del distrito, con el frío viento azotando sus mejillas y su nariz roja, esperando ver en algún lugar la cabeza rubia de Peeta. Eran cerca de las seis de la tarde y ya se estaba haciendo de noche en el distrito minero. Muchas de las personas se empezaban a meter en sus casas, en el confort del fuego y la calidez de una chimenea. Katniss suspiró y se pensó otra vez todos los lugares que había visitado durante esas dos horas que llevaba buscando a Peeta.
Había ido a su casa en la Aldea de los Vencedores, a la panadería en donde Nathan le había dicho que no había aparecido, que luego de su discusión y posterior pelea con Gale, se había ido rápido de allí. Al principio, él y Connor habían decidido dejarlo solo un rato, pero luego cuando lo fueron a buscar a su casa, este no estaba. Habían ido a casa de Haymitch, a su propia casa y no aparecía. Revisaron la zona comercial, el sector de la plaza y el Edificio de Justicia, la Veta, que aunque era improbable, nada perdían con ver. Fueron a casa de sus dos amigos más cercanos y tampoco estaba. Fueron a la tienda de Delly Cartwright y tampoco apareció. No le quedaban lugares donde buscar, llegaba la noche y Peeta no aparecía. No sabía como se encontraba, por lo que había visto en Gale, la pelea había sido bastante pareja, pues el castaño tenía golpes por doquier y sabía que Peeta se defendería y más si había sido Gale quien había empezado el enfrentamiento.
Sintió pequeñas gotas correr por su cabeza, rodeándole las sienes y cayendo por sus mejillas heladas. Levantó la cabeza hacia el cielo y vio como una lluvia se empezaba a desatar sobre el distrito 12. No tenía mucho tiempo, su madre se pondría como loca si no llegaba a la hora y estaba más que segura que si pescaba un resfrío, ni ella ni Peeta podrían decir sus votos. Tomó una bocanada de aire y corrió por las calles casi vacías, mirando a todos lados, buscando los ojos azules de su novio. ¿Qué rayos le habrá dicho Gale, para que Peeta reaccionara de esa manera? Peeta era lo suficientemente maduro como para no tomarse los insultos en serio, y más si venían de Gale. Tendría que haber sido algo sobre ella, estaba segura, algo que lo hiciera dudar sobre su decisión de casarse.
Se detuvo durante un momento a pensar. No tenía sentido que buscará como loca si no sabía a donde ir. Peeta no era como ella. No se desaparecía por horas sin dar una explicación. Tenía que estar en un lugar en dónde a nadie se le ocurriría buscar, tal vez, sólo tal vez si quería que fuese ella, sería un lugar de ambos, algo que significara algo para ellos. Tomó aire por los pulmones y pensó. Peeta no tenía un lugar secreto, salvo su estudio en casa, aquella habitación llena de pinturas sobre los Juegos y ella. Pero hay no estaba. Tampoco estaba en la panadería, que era donde le había dado pan y la había salvado.
Un lugar más reciente debía ser. Y sólo hasta ese segundo, se acordó.
El Bosque
Ella se lo había enseñado porque para ella significaba algo especial, algo que valía la pena. Le encantaba ese lugar. Le gustaba sentirse libre y por la misma razón se lo había mostrado a Peeta; para que él también se sintiera libre en aquel distrito con olor a carbón y miseria. Corrió a todo lo que daban sus piernas hasta la cerca electrificada que rodeaba el distrito y pasó a través de ella con cautela. Debía estar atenta, la pradera era grande y el bosque aún más y él podía estar en cualquier sitio. No tomó su arco, sólo caminó con lentitud entre las hierbas, bajo la espesa lluvia que le estaba calando los huesos. Sus pulmones estaban ardiendo, las respiraciones eran cada vez más erráticas a medida que avanzaba. Se detuvo un momento y se calmó.
Estaba asustada, tenía miedo. Sabía que el bosque era peligroso durante la noche. Y Peeta estaba solo y desarmado. Además de eso, era sumamente ruidoso y cualquier animal podía atacarlo en cualquier momento. Tomó una bocanada de aire y agudizó sus oídos. No sentía nada, absolutamente nada. Era como si el bosque se lo hubiera tragado. ¿Por qué cuando debía buscarlo era tan silencioso?
Caminó unos cuantas decenas de kilómetros más, prestando atención al viento, a como se mecía la hierba, la lluvia cayendo sobre el suelo. A los árboles. Peeta no era bueno trepando, todo lo contrario, era sumamente patoso en esos temas, no podía estar encaramado y menos con una pierna artificial. Llegó hasta una zona algo amplia, cerca del lago en donde nadaba con su padre. Estaba iluminado por la luna llena que se dejaba entre ver por las grandes nubes de lluvia. Grandes gotas se azotaban contra el agua, provocando un sonido sumamente relajante. Se quitó el agua que caía sobre su frente y miró con atención bajo los árboles, escaneando con lentitud.
Y justo, bajo un frondoso árbol, estaba él. Con su abrigo azul y sus pantalones negros. Con las botas cubiertas de lodo y césped. Su cabello caía desordenado sobre su frente, con pequeñas gotas que escurrían hasta su mentón. Estaba sentado con la espalda recargada contra el tronco del árbol. Con las piernas flexionadas contra si, casi refugiándose de la noche y de los miedos que lo arroyaban. Se acercó de a poco hasta él. Peeta tenía la cabeza baja y no podía ver su rostro, sólo podía ver su perfil contra la luna.
Katniss suspiró en cuanto lo vio, sintiendo un alivio que la sacudió con fuerza. No estaba herido, bueno, no más de lo que se esperaba debido a la pelea. Tenía un moretón en su pómulo derecho, y un corte en el otro. Su ojo derecho estaba algo más oscuro y en su labio había sangre seca. Se detuvo frente a él, a unos cuantos pasos. Se veía frágil e indefenso ahí, mojado por la lluvia y golpeado como un perrito.
Peeta alzó la cabeza y a Katniss se le cortó la respiración en cuanto vio sus ojos hinchados. Había estado llorando. Y una pequeña voz le decía que odiaba cada vez más a Gale, porque había sido él quien había borrado la sonrisa que tanto amaba de Peeta. Se dejó caer frente a él y tomó su rostro entre sus manos. Peeta sólo la miró algo ido, como si todo eso fuera un vil sueño del que no quería ser despertado. Katniss se recargó en el árbol y tomó la cabeza de Peeta y la dejó sobre su pecho, en dónde el chico se refugió. Con cuidado pasó los brazos a través de la cintura de la cazadora y la acercó aún más hasta él, donde debido a la oscuridad ya no se podía ver donde quedaba un cuerpo y empezaba el otro.
-¿Qué estás haciendo aquí? Estaba preocupada por ti.- Peeta sólo gruñó contra el hueco que quedaba entre el hombro y el cuello de Katniss y la miró desde abajo. Sus ojos azules brillaban como pequeños faroles incandescentes, mostrando un sinfín de emociones que tenían abrumada a Katniss. Acarició su rubio cabello y comenzó a tararear una nana algo vieja que conocía y que su padre solía cantarles antes de ir a dormir. De a poco Peeta se fue relajando y suspiró cuando la chica besó su coronilla mojada.
-Lo siento, no quería que te preocuparas por mí.- Katniss asintió y levantó el mentón de Peeta para luego besar sus labios. Decir que seguían asombrándole los arrebatos de la chica era poco, pese a eso, cerró los ojos y disfrutó el contacto de sus labios húmedos contra los de él. Pasó sus manos por los cabellos mojados de la chica y la atrajo hasta sentarla en su regazo. Las manos traviesas de Katniss bajaron desde su nuca hasta el inicio del cierre de la chaqueta, bajándolo de a poco. El beso se hacía cada vez más demandante, llegando a los extremos en donde Peeta no podía separar su boca de la de Katniss, quien sólo sentía una inusual hambre por el sabor de canela que tenían los labios del chico del pan. Se separaron en cuanto la necesidad de respirar se hizo latente. Katniss dejó pequeños besos regados sobre el rostro de Peeta, prestando una total atención en las partes heridas del muchacho, quien sólo suspiraba ante el suave contacto.
-Esto es para que todas las cosas estúpidas que pudo haberte dicho Gale se borren.- Peeta bajo la cabeza ante la mención del minero. La chica sólo quería abofetearse mentalmente por haber sacado a colación algo de lo que definitivamente Peeta no quería hablar. –Peeta, mírame, por favor.- el rubio clavó sus ojos azules en los de Katniss y luego desvió la mirada.
-Es sólo que siento que esto es un sueño Katniss, tú y yo, no puede ser verdad y lo que dijo Gale tal vez sólo lo reafirme.- la castaña frunció los labios y levantó la mirada de Peeta otra vez.
-Pues soy real Peeta y si estoy aquí es porque realmente me preocupo por ti.-
-Lo sé, es sólo que tal vez él tenga razón.- Katniss se puso de pie, esto ya no le estaba gustando. Definitivamente no quería que Peeta dudara así de lo que ella sentía por él. Sabía que aunque no le había dicho que lo amaba, él podía entenderlo de esa manera, después de todo, ella lo eligió antes que a Gale. Sobrepuso todo para estar con él, para que el matrimonio funcionara de una manera u otra. Se plantó frente a Peeta con las manos en las caderas y habló.
-Lo que sea que te haya dicho Gale no es verdad, por favor Peeta, ¿Qué tengo que hacer para que veas que te elegí a ti y no a él?- Peeta la miró con los ojos abiertos y luego negó con frustración. Katniss no entendía y no lo haría. Ella no sabía lo que él había pasado cuando todo se supo. Cuando se enteró de que todo lo vivido en la arena era mentira.
-Nada, pero tampoco puedo olvidar lo que me dijo, porque tal vez sea verdad, que tú me elegiste sólo por miedo, sólo porque… porque querías proteger a tu familia.- su voz sonaba ahogada, casi estrangulada. Katniss lo miró y supo a que venía todo, y que en parte también era su culpa. Si jamás le decía a Peeta lo que sentía, él nunca lo adivinaría. Porque una vez él ya había dado por sentado sus sentimientos y al final todo resulto ser una estrategia. ¿Qué podía ser distinto ahora?
-Sabes que no soy como tú, que no valgo la pena, y que en esto de las palabras soy un total fracaso.- Peeta la miró desde donde estaba sentado y luego cuando la sintió acuclillarse frente a él.- Sé que no puedo esperar que creas en mí después de todo el daño que te hice y que tal vez yo no sean ni la mitad de buena de lo que tú puedes ser en las relaciones, pero sólo te pido que creas en lo que siento ahora.- su voz temblaba, jamás la había escuchado así, estaba más nerviosa de lo que había estado cuando la entrevistaron en el Capitolio durante los Juegos.- No te puedo prometer que te amé tanto como tú me amas a mi, pero si lo intentaré. Intentaré darte un beso cada mañana, intentaré estar cada momento, tanto bueno o malo junto a ti, sólo por favor, cree en mí, como yo lo hago en ti.-
Peeta la besó, no esperó que continuara, no podía en definitiva. Sólo eso necesitaba escuchar de ella. Sólo unas cuantas palabras que le dejarán en claro que no era un juego otra vez, que no era otra estrategia para ver cuanto tiempo lograban estar con vida. Ahora significaba tanto como para él. Significaba esperanza, significaba un cambio y significaba salir adelante con sus heridas. Significaba todo para él. Tomó su rostro pequeño entre sus manos y la atrajo hacia él. Delineó con cuidado sus labios, prestando una total atención al superior. Katniss enredó los dedos en la melena rubia de Peeta y saboreó la esencia que desprendía. Aspiró el embriagante aroma que desprendía su chico del pan, ese olor a bosque, a canela y a madera que tanto le gustaba. Mordió con cuidado uno de sus labios e introdujo su lengua a la boca del panadero, en donde sus lenguas se enrollaban y abrazaban con fuerza. Se separó levemente de ella y le besó repetidamente los labios, los párpados, la frente, las mejillas, para después volver a atacar esa boca que lo llevaba hasta el cielo.
-Creo en ti Katniss,- besó su frente y la miró a esos ojos grises que lo habían enamorado desde el primer día, cuando la oyó cantar en la clase de música.- ahora lo hago.-
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Espero que les haya gustado el capítulo, si les gusto dejen reviews, si no les gusto, también dejenlos. Los nombres de los hermanos de Peeta son obviamente falsos ya que a Suzanne Collins no le importó mucho la familia de Peeta, tampoco la madre y el padre de Katniss es por eso que no tienen nombre xD Pero por si acaso, Connor es el nombre del hermano de Josh Hutcherson quien encarna a Peeta en la adaptación cinematográfica que tanto espero ^-^ Nate, es un nombre que simplemente me gusta xD Eso, dejen sus hermosos y sensuales reviews, que cada vez que leo me dan ganas de llorar.
Momento de saludos:rabbit6811 por ser mi primer comentario en este fic, a Cynthia Mellark por haber sido el segundo (? A Guest, a Nati, a Chcluz, a Emybax, a Valeria Luis, a Coraline, a Katnisspeetax100pre y a Caro por comentar este fic y darme las energías y los ánimos de escibir esta historia y a todos los que leen y no comentan pero que siguen la historia y agregan a favoritos, besos emabarrados. PD: eso de leer y comenatr... No se preocupen, yo también lo hago, en especial desde mi celular :D
Amor para ustedes y abrazos de osos pandas para todos,
Blue
