Lamento todas las demoras que pude tener, lo siento, pero este capítulo en general, no quería salir, me costó mucho hacer a Katniss con deseos y no deseos de casarse con Peeta, y esa debe ser una de las pocas excusas que tengo. No salió tan largo como yo quería y espero poder subir un capítulo pronto, espero que este les guste.

Disclaimer: La Saga de los Juegos del Hambre no me pertenece pero la historia sí c:


Tuyo hasta la eternidad

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-Ya no se te nota nada ese golpe ¿eh?-Portia rio a costa del ceño fruncido de Peeta, entrando a la habitación que estaba en su piso del Centro de Entrenamiento. Portia usualmente vestida a la moda, hoy usaba un conjunto de lo más sencillo a niveles capitolinos. Un vestido oscuro que resaltaba el color ojo de su cabello recién teñido y unas pestañas doradas que iban a juego con los accesorios que traía. Peeta por su parte estaba con un pantalón de buzo de color gris que se ajustaba en sus pantorrillas y quedaba suelto a la altura de los muslos. Traía puesta una musculosa de color azul que combinaba con sus ojos brillantes.

La habitación estaba llena de moños blancos y rosas del mismo color que hacían que al rubio le diera dolor de cabeza. Estaba sentado en su cama, con las manos afirmando su cabeza, que latía al mismo ritmo de su corazón desbocado. Estaba nervioso, absolutamente nervioso de todo lo que podía pasar durante ese día. Miró el reloj digital que estaba empotrado en una de las murallas de la habitación: 12.35 PM. En 5 horas más tenía que estar saliendo a la Iglesia, que estaba en el centro del Capitolio mismo, junto con sus padres y sus hermanos. El tren que los había traído desde el distrito minero también había servido para transportar a ambas familias, la del novio y la de la novia, al Capitolio, sólo por una noche, ya que apenas terminara la recepción, estarían partiendo rumbo a su hogar. Él y Katniss debían quedarse durante toda esa noche, y apenas despuntara el alba, partirían al distrito 4 donde sería su luna de miel. Una semana recorriendo la costa y el mar. No sonaba tan malo para Peeta.

Pese a eso, no podía evitar que su estómago se revolviera al pensar en los votos que estaría diciendo en 5 horas más. Levantó la vista hacia su estilista, quien tenía la mirada fija en él. Se armó de valor y se puso de pie, para caminar directo a la ducha de la habitación, donde debía bañarse para luego cortarle el cabello, afeitarlo, peinarlo y vestirlo para la ceremonia.

No estaba cansado, no tanto a decir verdad, pero tenía unas ojeras que lo volvían loco, a él y a su equipo de preparación. El día anterior había llegado al Capitolio, recibidos por el incansable público que sólo quería ver a los trágicos amantes en directo. Habían distraído lo suficiente a la multitud para que no vieran salir a las dos familias del tren, para luego ser llevados al mismo edificio, sólo que en otro piso. Pese a esto, y a que podía volver a compartir la habitación con Katniss, Effie los tenía sumamente vigilados, mirando cada paso que daban, y cada cosa que hacían. En especial si su intención era ir a la habitación del otro por la noche. Sus padres y sus hermanos estaban en el piso número 11, en donde eran atendidos por avoxes, cumpliendo cada capricho, por estúpido que fuese. Todos lo disfrutaban, en especial, Nathan y Connor. Se la pasaban pidiendo comida de aquí a allá, alegando que no podían salir a recorrer como ellos, y su única manera de evitar el aburrimiento era con comida y con películas antiguas que pasaban en la televisión.

Bufó al espejo y se recargó con ambos manos en el lavabo de cristal que tenía su baño. Los músculos de su espalda estaban tensos y se notaba a través de la polera del pijama que aún usaba. Su cara ya no estaba tan mal; tenía un leve raspón en donde antes estaba el corte hecho por el golpe de Gale. Su ojo ya no estaba morado y había leves marcas de moretones en la zona de sus costillas, las cuales casi habían sido ignoradas. Cuando llegó a casa junto con Katniss esa noche, fue a curarse las heridas, y cuando pasaron a la casa de Haymitch a avisar, estaba su mentor, con un bote de crema en sus manos.

En el trascurso de toda su escapada había llamado urgentemente a Effie, explicándole que Peeta se había golpeado la cara y que sería imposible quitarlo de aquí a la boda. Jamás pensó que con esto conseguiría a un grupo de Agentes de la Paz, traídos directamente desde el Capitolio, trayendo cremas desde el mismo. Había sido tan rápida que el aerodeslizador ni siquiera había tocado el Distrito. Luego de eso, Haymitch se había puesto como una autentica madre, retando fuertemente al rubio, mientras Katniss apretaba su mano. Fu una de las cosas más ridículas que él recordara, pero ahora valía la pena. Con la tecnología médica del Capitolio, y los cuidados de la madre de Katniss, ya no tenía nada. Exceptuando, sus costillas. Nadie le había preguntado qué pasó con sus costillas. Bufó a si mismo y se aproximó a la regadera.

Se quitó la camiseta y pasó sus dedos por las costillas magulladas, haciendo un gesto del dolor al presionar la tercera del lado derecho. Frunció el ceño al recordar a Gale y luego simplemente se calmó. Tenía que evitar pensar en esas cosas. Se terminó de desnudar y entró de sopetón a la regadera que enviaba chorros de agua helada a través de su cuerpo. Necesitaba despertarse, sentir que nada de esto era un sueño en donde despertaría solo en su cama, en la Aldea de los Vencedores.

El agua le recorría las patillas y bajaba enfriando su cabeza, evitando que pensamientos de rebelión y protestas se juntaran en ella. Este era un día importante, quizás el más importante de su vida y debía estar tranquilo, relajado, sin pensar en la mirada de plata de Gale que estaría sobre él toda la ceremonia. Porque sí, Gale y su familia también estaban allí. Parecía ser que el asunto de los primos había llegado bastante lejos y luego del beso con Gale, Snow quería darle un duro golpe a la Chica en Llamas, y qué mejor que su "primo" metido en todo aquello. Que contemplando su boda con el "oportunista".

Recargó su cabeza en la cerámica y dejó que los pensamientos se fueran con el agua. Debía estar bien, Katniss lo había escogido a él, a nadie más. Y eso era lo qué se repetía todo el día. Qué Katniss lo había elegido a él y que nada de lo que se estaba llevando a cabo era una obligación. Bueno, lo era en parte, pero ambos estarían felices con una boda y que a fin de cuentas, sólo era apurar hechos que terminarían ocurriendo de un modo u otro.

Con esto en la cabeza, salió de la ducha, se envolvió una toalla blanca en la cadera y salió con el pelo escurriendo en agua. Afuera estaba su equipo de preparación, con una sonrisa que no les cabía en el rostro. Peeta sólo embozó un gesto de sonrisa y su equipo de preparación comenzó a hacer su trabajo en medio de una constante charla sobre lo genial que sería su boda. Qué todos estaban esperando a ver cómo sería la recepción, ya que sólo Effie, Cinna y Portia estaban al tanto de cómo sería todo. Peeta rezaba desde lo profundo de su corazón que todo no fuera muy estrafalario, y que el criterio de los estilistas se haya sobrepuesto al de Effie. Comenzaron quitándole la barba pequeña que se le había acumulado durante los días en el distrito. Le echaron las cremas que evitara que creciera. Por alguna razón que Peeta desconocía, estaba de moda, el rasurado completo de cuerpo y aunque había batallado completamente con su equipo, no pudo hacerse valer y al final una depilación completa es lo que había obtenido. Decir que se sentía completamente expuesto era poco. Tampoco es cómo si se hubiera sentido muy cómodo con todo eso. Le había dolido a los mil demonios cuando sacaron su vello, en especial el de las piernas y el de los brazos. Todo eso lo habían hecho anoche, para que supuestamente se le pasara el dolor de aquí a su boda. Aún se estremecía cuando veía un poco de cera caliente cerca de él.

Le cortaron el cabello un poco, rebajando en las zonas de la nuca y las patillas. Le pusieron un mínimo de maquillaje, para evitar el brillo debido a las cámaras que estarían filmando todo. Cuando miró otra vez el reloj, vio que eran las 3 de la tarde. Cada vez faltaba menos. Lo mandaron a almorzar, en donde no le entró casi nada debido a los nervios que sentía por la inminente boda. Effie parloteaba de aquí para allá. Haymitch gruñía debido a la molesta corbata que apretaba su cuello. Y de su prometida… ni rastro.

La habían movido esa misma mañana al piso 5, dónde le estaban haciendo un tratamiento mucho peor que el de él. Agradeció mentalmente ser hombre y tomó algo de la pasta que estaba sobre su plato. Por lo que sabía, dos equipos de preparación estaban en los pisos de abajo, arreglando a la familia de Katniss, de Gale y a la suya, ya que era más que obvio que los enfocarían en más de una ocasión durante la ceremonia.

Cuando estuvo listo, lo vistieron de pies a cabeza. Le colocaron una camisa dorada de cuello, con detalles negros, con una extraña prenda, que se asemejaba a un sweater de color blanco de cuello tortuga sobre esta. Pantalones blancos, que tenían un pequeño broche que se amarraba a unas botas de color blanco altas. Un saco de color blanco, largo, que le llegaba hasta más debajo de la cadera. Tenía un extraño cuello y en su solapa había una cigarrera de color dorado. Cuando estuvo frente al espejo, no se reconoció. Jamás se imaginó casarse así, vestido de blanco, con ese estilo de vestir. Portia le entregó unos gemelos de oro, con detalles en negro que se colocó en la camisa y unos guantes de color blanco que metió dentro de uno de los bolsillos de su pantalón.

-Estás perfecto, Peeta. Jamás ha existido un novio más guapo que tú.- Él sabía que Portia era su estilista y que por lo tanto, ella había diseñado la ropa que estaba usando, pese a eso, estuvo en desacuerdo. Sentía que se veía ridículo con tantas preparaciones. En el distrito 12 se vestían de la manera más sencilla que podía haber. No importa si era una boda, un bautizo o un funeral, todos se vestían de la misma forma siempre.

Sus ojos azules resplandecían y su cabello rubio estaba naturalmente desordenado, dándole un aspecto de chico malo que le gustaba. Cuando volvió a mirar el reloj, ya eran las 4. Y su corazón dio un vuelco. En media hora más debía estar saliendo a la iglesia. Sólo en ese momento se dio cuenta que esto era su realidad y que en menos de 5 horas, estaría casado con la mujer a la que amaba.

Salió de su habitación y vio como decenas de avox llevaban ramos de flores, desde rosas de colores rojas hasta pequeños arreglos de flores de cerezos con pétalos rosas y hojas de color canela. Haymitch ya estaba listo, con un traje de color negro, camisa blanca y corbatín negro. Se veía bastante incómodo y bastante sobrio. Le impresionaba como lo rápido de su resaca se podía ir o volver.

-Ah, aquí viene el novio, ¿Cómo te sientes Chico? ¿Listo para soportar a Preciosa las 24 horas del día?- todo esto lo dijo con un gesto de burla en su cara que le molestó a Peeta, aunque estaba seguro que era por los nervios. Usualmente no se picaba por las bromas de su mentor pero ahora estaba con el estómago apretado, sin una sola pisca de humor en él.

-No es un sacrificio para mi Haymitch, no como lo debe ser para ti colocarte una humita.- Haymitch enarcó una ceja y rio por el comentario de Peeta, quien cruzó la habitación hasta el ascensor. Presionó el botón del ascensor y miró con urgencia como este subía por los pisos.

-¿Adónde crees que vas Peeta Mellark?- Portia. Su ceño estaba fruncido, y las manos estaban colocadas en sus caderas en forma de jarras. Peeta enarcó una ceja por el comportamiento de su estilista, y miró con algo de temor cuando esta cruzó la habitación hasta colocarse al lado de él y apretar el botón de cerrado del ascensor con prisa.- No puedes verla aún, es de mala suerte Peeta.-

¿Mala suerte? Él sólo quería ir a ver como estaban sus hermanos y Prim. Pero pareciese ser que Portia no pensaba lo mismo que él porque aún seguía con una expresión de enfado en su rostro.

-Iba a ver a mis hermanos Portia, no te preocupes, que Cinna tampoco me dejaría entrar a ver a Katniss.- La estilista se relajo, pero miró con sus cejas enarcadas al rubio. Asintió al rubio y luego miró al mentor del distrito 12 quien levantó los pulgares con burla y ambos, estilista y novio, entraron al elevador que los llevó hasta la planta en donde estaba su familia.

Cuando entró, sus hermanos estaban con trajes iguales. Ambos vestidos de azul marino, con una corbata un par de tonos más clara, con el cabello cortado y con el rostro libre de imperfecciones y cubierto por una ligera capa de maquillaje. Connor era al que mejor le venía el aspecto capitolino, con su cabello rubio y sus ojos avellana. Nathan, con su cabello castaño y ojos igual. Realmente esto era de otro planeta. Jamás se imaginó ver a sus hermanos tan arreglados, como si toda su vida hubieran vivido en el Capitolio. Su padre estaba sentado en el sillón, con un traje de color gris y una corbata de color negra. Las canas le venían a juego y sus ojos azules brillaban con anhelo y orgullo.

-Eh, te lo dije Connor, me veo mejor que el novio.- Peeta se acercó hasta sus hermanos y aceptó la burla. Nathan tomó a Peeta por el cuello y pasó con fuerza sus nudillos por su nuca. Peeta gimió y se libreó de la prisión para luego sentir el peso de Connor en su espalda. El rubio giró sobre sus talones y se zafó de su hermano quien reía junto al mayor. Portia se acercó a Peeta y luego de arreglar con sus delicados dedos el peinado de Peeta, se acercó a los hermanos de Peeta y los tomó por las solapas de la chaqueta y los atrajo a ella.

-Creo que se los dije antes chicos, nada de desordenar a su hermano, porque o sino yo misma me encargaré de hacerlos lucir a la mejor tendencia del Capitolio. ¿No es así Peeta?- el rubio se estremeció y recordó la depilación de cuerpo enteró y asintió con fuerza, mientras que sus hermanos y Portia reían. La madre de Peeta salió a los segundos de una habitación, luciendo un vestido de color perlado, que le llegaba dos dedos debajo de las rodillas. Traía el pelo castaño recogido en un elegante moño y los tonos perlados adornaban también su maquillaje. Sobre sus hombros iba un elegante pañuelo de color blanco que caía sobre sus brazos desnudos.

Peeta miró a su madre y vio lo bella que podía ser sin toda esa harina cubriendo su cara, sin el ceño fruncido que estaba en su frente casi siempre. Con los ojos brillantes y una sonrisa apenas perceptible. Realmente su familia podía pasar por una del Capitolio y ante esta idea, su cuerpo se estremeció. Pese a todo, sintió que jamás pertenecería al Capitolio, que jamás se sentiría a gusto con gente frívola que disfrutaba con ver morir a niños pequeños atravesados por lanzas y flechas.

Portia alabó al equipo de preparación de Peeta que salía tras la madre del rubio. Habían logrado que una familia de 4 integrantes, fueran el mejor exponente de familia capitolina. Peeta sonrió nervioso y luego de una pequeña charla con sus hermanos bajó otro piso para ver a la familia de Katniss y la de Gale. Estaba nervioso, las manos le sudaban a mares y estaba seguro que pronto su labio inferior sangraría de tanto que lo mordía. Cuando la puerta del ascensor se abrió encontró a la familia de Katniss junto a la de Gale, vestidos elegantemente, con tonos grises al igual que su padre, en el caso de Rory, de Vick y de Gale, mientras que la madre de Gale, Hazelle, vestía un vestido sobrio de color rosa palo, mientras que la pequeña Posy llevaba un vestido de color amarillo pastel, con un gran lazo en su pequeña cintura.

Gale le lanzó una fría mirada que Peeta ignoró mientras caminaba hasta donde estaba Prim, quien jugaba con los rizos castaños de Posy. El patito de Katniss traía un vestido de color turquesa, con pequeña pedrería colocada en el cinturón de ella. Su cabello rubio caía en su espalda suelto, con leves ondas y afirmado con horquillas pequeñas. La madre de Katniss usaba un vestido de color lavanda, con pedrería en el busto y el cabello rubio lo traía en un moño elaborado. Sutiles colores adornaban su maquillaje haciéndola bastante bella, o por lo menos, explicando porque su padre la amaba con locura en su juventud.

-¡Vaya Prim, estás preciosa!- la niña sonrió y se acercó a Peeta con las mejillas sonrosadas, y las manos tras su espalda en un gesto de nerviosismo.

-Tú también te ves muy bien Peeta, debes de ser el novio más guapo que tendrá alguna vez el Capitolio- el rubio rio y se acuclilló para quedar a la misma altura de Prim, sonriendo en el proceso.

-Pues debía de estar a la altura de tu hermana - Prim rio y le dio un breve abrazo a Peeta quien algo sorprendido aceptó el gesto, logrando relajarse. Prim con su dulzura lograba que su corazón fuera un poco más lento, logrando el efecto contrario que su hermana.

-Bien, ya va siendo hora de irnos, Sra. Everdeen se les llevará a toda la familia en una limusina que los dejará en la iglesia. Peeta, a tu familia los llevará otra igual y luego vendrá una carroza a buscarnos.- Portia, con una voz de mando, tomó las riendas del asunto y la familia de Katniss y Gale la siguieron a través del ascensor. Cuando Gale paso a su lado, empujó su hombro con algo de fuerza, logrando desestabilizar algo a Peeta, quien apretó los puños y se hizo a un lado. Prim le sonrió al rubio y luego le jaló el brazo para que volviera a quedar a su altura.

-Tranquilo, Katniss te eligió a ti y Gale respetará eso aunque le duela, además tú eres un gran chico Peeta y sé que lograrás hacer feliz a mi hermana.- el rubio miró a la chica y pudo ver todo por lo que peleaba Katniss en su vida. Mantener con vida a un ser tan inocente como ella, que sólo pensaba en el bien de su familia, y que quería poder luchar en su vida como su hermana. Se estaba volviendo una persona sumamente sabia, a pesar de tener sólo 13 años de edad. Peeta la rodeó con sus brazos y colocó su cabeza en el hombro de Prim y le agradeció por la palabras de aliento. Peeta se puso de pie y tomó la mano de Prim, para luego llevarla hasta el ascensor, donde la Sra. Everdeen le sonrió con comprensión de madre. Peeta apretó el botón ante la atenta mirada de Portia y las puertas se cerraron delante de sí.

-O-

El sutil movimiento que tenía el tren que usaban durante la Gira de la Victoria no se comparaba en nada a este, a esta turbulencia que sentía bajo sus pies. Estaba sentado algo incómodo en una carroza de estilo medieval, según lo que le había escuchado decir a Effie y Portia y su estómago se estaba dando por vencido, queriendo botar todo lo que había desayunado, lo cual no había sido mucho. Jamás había visto tampoco a unos caballos como aquellos, eran grandes, de color blanco con la crin de color dorado. Eran bastante más grandes a los que usaban los carruajes usaban para el desfile de tributos y que pudiese tirar de una carroza así de grande, con su peso, el de Effie y el de Portia en él. Por lo que sabía, Katniss llegaría en una carroza parecida a la suya, sólo que de color blanco, mientras que la suya era de color negro con detalles blancos. Según Effie se parecía a la de Cenicienta, aunque él no tenía ni la menor idea de que era eso.

Las calles del Capitolio estaban repletas, a más no poder, con gente en las aceras con grandes pañuelos y tirando arroz y pétalos de rosas cuando la carroza pasaba. La carroza iba abierta en el techo, por lo que los granos y los pétalos se enredaban en su cabello rubio o en su chaqueta.

La cantidad de autos que había también era asombrosa. Peeta jamás había visto tantos autos juntos en la calle, tantos que casi les era imposible avanzar, de no ser porque tenían una pista sólo para que pasaran ellos. Según lo que le decía Portia esto sólo se asemejaba a las festividades de Año Nuevo en el Capitolio, en donde todos disfrutaban de fuegos artificiales en el cielo y música y fiestas en la calle.

A los lejos podía distinguir la iglesia, que no era para nada a lo que él pensaba. Poco sabía de las religiones del Capitolio, ya que en los distritos no había mucha gente creyente, pero se suponía que antes de los Días Oscuros y antes de todo, en la civilización había distintas religiones, y la más grande era la cristiana, en donde la novia se casaba de blanco, mostrando la pureza de la mujer, en una iglesia como en la que él se casaría. Esta ceremonia sería distinta por lo que tenía entendido Peeta, ya que las religiones no eran muy normales en tampoco en el Capitolio. Serían unos votos que ya habían ensayado con Haymitch, en donde se prometerían amor eterno y fidelidad ante todo y luego el intercambio de los anillos.

Suspiró y se metió las manos entre los muslos, en un vano intento de mantenerlas quietas, antes de que a Portia le diera un ataque por su cabello despeinado, que era el único sitio en donde las mantenía ocupadas. La gente gritaba su nombre con el paso de la carroza, caminando a los costados, siguiendo cada uno de sus pasos. Las cámaras de televisión habían grabado su salida del Edificio de Entrenamiento y ahora esperaban atentos la llegada del novio a la Iglesia. De color blanco marfil, con una gran arquitectura, y de espacios exorbitantes.

Cuando la carroza se detuvo frente a los escalones de esta, Peeta sintió como el alma se le devolvía al cuerpo. Jamás había estado así de nervioso, ni siquiera cuando le pidió matrimonio, o cuando tuvo su primera entrevista con Caesar. Se colocó los guantes y bajo de la carroza con paso firme, sintiendo que en cualquier momento perdería el control sobre su pierna ortopédica y caería. Menos mal que no ocurrió, sino hubiese sido recordado como la peor caída de una boda en la historia de Panem.

La Iglesia estaba adornada con arreglos de flores por todas partes, sin ser sobrecargado eso sí. Había un sutil aroma a lavanda en el aire y se podían ver de todo tipo de flores, exceptuando las rosas, a pedido de Katniss. Había lazos de color blanco adornando la entrada y una alfombra roja que empezaba en los escalones. Había una cantidad de gente que él por supuesto no conocía, pero lo que más le llamó la atención fue ver el importante grupo de Vencedores que se apiñaba en la entrada. Reconocía algunas caras famosas entre el grupo, que era rodeado por las personas del Capitolio. Finnick Odair, su guía en el distrito 4. Johanna Mason, del distrito 7. Cashmere y Gloss, los hermanos del distrito 1. El vencedor del año anterior al suyo, del cual no recordaba su nombre.

Entró y subió los escalones con rapidez, hasta donde estaban sus hermanos, rodeados de jóvenes de Capitolio, con extravagantes vestidos. Definitivamente, los Vencedores y sus familias eran los más normales en todo esto. Estuvo cerca de diez minutos hablando con su hermano, en una conversación en donde no tenía mucho que aportar, cuando se escucharon los gritos de Effie y luego de las personas que estaban en la entrada de la iglesia, de que la novia venía llegando. La mayoría de las personas entraron con rapidez para poder tener un buen asiento en la ceremonia. Los Vencedores, en especial Finnick Odair, le sonrieron para luego entrar. Nathan tomó a Peeta del hombro y luego de soltarle una broma sobre su nerviosismo, lo obligó a entrar.

Adentro todo era parecido, había grandes ramos de flores en el altar, y columnas arregladas con cintas de color blanco. La alfombra roja llegaba hasta el altar, en donde estaba su hermano Connor y del otro lado, estaba Prim. Ahora entendía lo acordes que iban ambos. Por lo que tenía entendido, Posy tiraría pétalos de rosas a la entrada de Katniss y Vick, el hermano pequeño de Gale, llevaría los anillos.

¡Vaya participación de su contrincante!

Llegó hasta el borde el altar y vio a sus padres y a Nathan sentados en la primera fila, acompañados de la Sra. Everdeen, Hazelle, Rory y Gale, quien aún traía el ceño fruncido. La cantidad de gente era exorbitante, y él no conocía ni a la mitad de los que estaban allí. Veía a Claudius y a Caesar parados con micrófonos pequeños en la entrada de la iglesia, también veía a varios camarógrafos que se había escabullido pese las protestas de Effie de que sólo quería a algunas personas filmando tal evento.

Cuando la música de la marcha nupcial comenzó, su piel se puso de gallina y se le formó un nudo en la garganta que bajo hasta su estómago que se cerró de golpe. Por le pasillo venía la pequeña Posy tirando pétalos de color rosa a su paso y riendo de a poco. La gente se puso de pie y miró hacia las puertas de roble fino de la iglesia, por donde segundos después apareció la novia del brazo de su mentor.

Y en ese momento, a Peeta se le paró el corazón. Se le nubló la vista y sólo fue capaz de distinguir a su Chica en Llamas. Estaba más hermosa que cualquier otra ocasión. Tenía un vestido de color blanco, que caía a sus pies con una larguísima cola que se deslizaba a su paso. Tenía la espalda descubierta, con encajes en los hombros y sin mangas. El escote era en corte corazón, dejando a la vista su cuello de donde pendía una pequeña cadena fina con su Sinsajo en ella. Su cintura era abrazada por un cinturón de perlas, y luego la tela caía como nubes vaporosas sobre sus piernas. Había un halo que desprendía Katniss que hacía que se pareciese a un ángel caído del cielo. Su cabello estaba recogido en un elaborado moño con perlas en el cabello, que caía en su hombro derecho. No llevaba un velo sobre su rostro por lo que Peeta vio sus ojos grises, con un maquillaje que hacia resaltar el color natural de ellos.

Cuando llegó a su lado, Peeta estaba con un nudo en la garganta, que era imposible de quitar por más que tragara una y otra vez. Haymitch le sonrió a Peeta y le entregó la mano de Katniss con un gesto algo típico de él. Cuando sus dedos se encontraron, a través de los guantes de Peeta, sintió una corriente que lo sacudió y llevó al cielo un segundo. Le sonrió a Katniss y la ceremonia empezó.

El hombre que serviría de juez, pidió a todos que tomaran asiento y agradeció la presencia de todas las personas reunidas, que vivirían la unión de dos grandes vencedores del distrito 12. Peeta sumamente nervioso. Se había quitado los guantes y tomaba de la mano de Katniss con ímpetu, entrelazando sus dedos a cada palabra que decía el juez.

Katniss no estaba mejor que él, a decir verdad, estaba bastante peor, tenía pequeños temblores y corrientes que la sacudían y ver a Peeta, con sus ojos azules clavados en los de ella no ayudaba. ¡Qué rayos hacia ella parada cuando se había prometido que jamás se casaría o tendría hijos! Lo único que la mantenía firme ahí, era la suave mano de Peeta que se cerraba en torno a la suya, que acariciaba su dorso con su pulgar para mantenerla tranquila.

-…Llegados este momento, ¿Hay alguien que se interponga en la unión de esta pareja?- la iglesia entró en un profundo silencio, en donde Peeta podía escuchar el latido de su corazón y se preguntaba que pasaría si Gale se interpusiera ahora. ¿Qué pasaría con todo esto? Gale se preguntaba lo mismo. ¿Katniss dejaría a Peeta ante toda esa congregación que ansiaba ver el "y vivieron felices para siempre" de los trágicos amantes del distrito 12? No, no lo haría, le traería problemas tanto como a ella como a él y a sus familias. Peeta tampoco quedaría impune por ello.

El momento no llegó y el juez prosiguió para el alivio de todos los presentes, en especial de Katniss y Peeta.

Katniss suspiraba de vez en cuando y miraba de reojo a Peeta quien mantenía a cabeza al frente, cruzando sus miradas de vez en cuando y regresándola, con un rubor adorable en sus mejillas. Se veía absolutamente guapo con aquel traje blanco que usaba, que resaltaba su cabello rubio y sus ojos azules.

Se imaginó una vida junto a él toda la noche, como serían sus primeros años, que pasaría si tenían hijos, cómo los protegerían, pero ni eso logró que cambiara de parecer respecto a sus sentimientos por él. Siempre podían huir del distrito, cuando ya no estuvieran en el ojo de la tormenta y eso iba a hacer si con eso protegía a Prim y a Peeta.

Cuando llegó el momento de los votos, su corazón se apretó. ¿Cuántas veces había ensayado esa parte con Prim en casa? ¿Con su madre? Pero ahora las palabras parecían haberse borrado de su tormentosa mente. Ella era la que debía finalizar los votos.

Peeta tomó las manos de Katniss y habló con voz fuerte y clara y le recordó cuando le pidió matrimonio frente al país entero. Cómo se sintió con ello. Confundida y a la vez, feliz.

-Katniss Everdeen, me entrego a ti este día, para compartir mi vida contigo. Puedes confiar en mi amor, porque es real. Prometo serte un esposo fiel, compartir y apoyarte en tus esperanzas, sueños y metas. Cuando caigas, te levantaré, cuando llores te confortaré, cuando rías compartiré contigo tu gozo. Cuando el camino se haga difícil, prometo permanecer junto a ti y alentarte para que, a través de nuestra unión, podamos lograr más de lo que podríamos lograr solos. Prometo trabajar nuestro amor y siempre hacer de ti una prioridad en mi vida. Déjame ser el hombro en el que te apoyas, la roca sobre la que descansas, el compañero de tu vida. Todo lo que soy y todo lo que seré es tuyo desde este momento hasta la eternidad.-

Las lágrimas se hicieron presentes sin que ella las haya llamado y aunque no era una persona que llorara con facilidad, ahora lo hacia y no podía evitarlo. Recordó todos los momentos vívidos junto al chico del pan. Aquellos días en la Arena, cómo la protegió para que ella escapara de Cato, cómo la ayudó en las entrevistas. La manera en que él pedía por ella cuando moría a las orillas del río. Los besos que habían compartido juntos. La manera en que estaba dispuesto a dar su vida por ella. Cómo la perdonó por todo el daño que le hizo y cómo le dio la oportunidad de estar juntos y que todo fuera real. Las últimas semanas habían sido un sueño para ella, en donde Peeta estaba para entenderla, para reconfortarla, para amarla a pesar de todo.

-Peeta Mellark, te tomo como esposo. Ante estos testigos prometo amarte y cuidarte durante el resto de nuestras vidas. Te tomo con todas tus virtudes y tus defectos, del mismo modo en que me ofrezco a ti con todas mis virtudes y mis defectos. Te ayudaré cuando necesites ayuda, y te pediré ayuda cuando la necesite. Te elijo como la persona con la que compartir mi vida. Te aceptó desde el momento en que te volviste mi diente de león en la primavera, la esperanza de mi vida. Prometo jamás irme a la cama molesta contigo y vivir cada momento como si fuera el último de nuestras vidas. Todo lo que soy y todo lo que seré, es tuyo desde este momento hasta la eternidad.

El rubio sonrió y tomó el rostro de Katniss entre sus manos. Estaba sumamente consiente de que aún no debía besarla pero no podía evitarlo luego de escuchar esas palabras. La amaba con toda su alma y la amaría todo lo que le quedaba de vida. Sus labios estaban algo salados debido a las lágrimas de Katniss pero pese a eso, le provocaron un hambre que no podía saciar. Besó ligeramente su labio superior para después delinear con su lengua en inferior. Katniss puso sus manos en los antebrazos de Peeta y suspiró cuando su lengua se encontró con la de él. Fue un beso corto que fue aplaudido por la audiencia, quien estaba en su apogeo de felicidad. Se separaron y se sonrieron, Peeta con más ganas.

-De acuerdo,-el ministro prosiguió la ceremonia con algo de entusiasmo propio del Capitolio- ahora, sigamos. Peeta Mellark, ¿Tomas a Katniss Everdeen como tu esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las tristezas, en la salud y en la enfermedad, y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?-

Peeta sonrió y tomó las manos de Katniss entre las suyas.

— Si, acepto —

-Y tú, Katniss Everdeen, ¿Tomas Peeta Mellark como tu esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las tristezas, en la salud y en la enfermedad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?-

Dudó, fue breve, pero dudo, una sola cruzada de miradas con la de Gale hizo que su mente trabajara a mil por hora y sus pensamientos más oscuros surgieran. Esos que le decían que el Capitolio quería esto, no ella. Pensó en Gale, en sus ojos grises, en sus labios delgados, en sus fuertes brazos que la protegían. Pero también pensó en el fuego que lo consumía por dentro y luego miró a Peeta. Miró esos ojos azules que luchaban día a día por ella, que la amaban, no importa cuanto cambiara, y supo que daría la vida por él, de la misma forma en que él la daría por ella.

— Si, acepto —

Peeta respiró con tranquilidad cuando vio los ojos felices de Katniss y luego Vick, pasó con los anillos. Eran de titanio, de color negro, con detalles en oro blanco en los bordes. El de Katniss tenía pequeñas piedras, diamantes del tamaño de gotas de lluvia, mientras que el de Peeta era más simple, una banda de titanio con bordes. Ambos tenían el nombre de la pareja grabados en el interior y la fecha del día. Peeta tomó el de Katniss y luego su mano izquierda con delicadeza.

-Katniss, recibe este anillo, como muestra de mi alianza, mi amor y mi fidelidad a ti -colocó el anillo en su dedo anular, justo encima del de compromiso. Luego de eso, se llevó la mano de Katniss a los labios y depositó un beso sobre el anillo. Katniss se sonrojó y tomó el anillo de Peeta.

-Peeta, recibe este anillo, como muestra de mi alianza, mi amor y mi fidelidad a ti - deslizo el anillo por el dedo anular de Peeta y repitió el gesto de besar su mano para luego dejarla sobre su mejilla caliente.

-Por el poder que me confiere el país de Panem y el Capitolio mismo, yo los declaró marido y mujer, puede besar a la novia.- Peeta tomó el rostro de Katniss y la besó. Y el mundo se esfumó para ambos. Estaban casados. Completa y absolutamente casados y ya nada los podría separar. Los labios de Peeta se sentían suaves contra los de Katniss, quien emitió un leve grito cuando Peeta la tomó por la cintura y la giró en el aire. Fueron aplaudidos por una multitud rebosante de felicidad mientras ambos sólo se miraban a los ojos, fijos sin nada más que pensar que ellos mismos.

Katniss sintió las manos se su patito aferrarla fuertemente mientras lloraba y reía de felicidad. Katniss se agachó y miró fijamente a los ojos azules de su hermana menor y le besó la mejilla izquierda.

-Gracias, Patito, gracias por todo.- Prim asintió y enredó sus delgados brazos entorno al cuello de su hermana y luego rio. Peeta fue abrazado por sus hermanos, Nathan quien lo despeinaba y Connor quien le golpeaba la espalda a modo de saludo. Peeta reía, Katniss mostraba una sonrisa que hace tiempo no se veía en ella. Todo bajo la atenta mirada del Presidente Corolianus Snow que miraba desde los pilares más escondidos de la iglesia.

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Espero que les haya gustado este capítulo, a mi me emocionó escribir los votos de ambos :')

Dejen sus hermosos comentarios que me dan ganas de seguir esta historia. Gracias a los que comentan y a los que agregan a favoritos y seguidores c:

¡Lleguemos a los 30 comentarios! Y podrán tener a Peeta desnudo en este fic :D (No es chiste, como les dije pienso hacer un lemmon en el proximo capitulo donde sera la recepcion y la luna de miel en el distrito 4)

Ven como ya salió Finnick *-* Cosita, jamás debió morir TT-TT

Saludos a todos (Faltan días para Sinsajo, aquí en Chile se estrena el 20 y ya tengo mi entrada lista :D )

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