Sé que me quieren matar. Yo también me quiero matar pero bueno, mis explicaciones y excusas comienzan así...Todo ocurrió cuando faltaba un mes para salir de clases, yo estaba en el comite de despedida de nuestros superiores, entonces tuvimos que organizar todo para el día en que se fueran. Después, vino el estreno de Sinsajo. Aún muero cuando recuerdo a Peeta retorciéndose en esa cama de hospital y me da rabia Snow y los productores y director que nos harán esperar otro año para ver a Peeta y a Finnick u-u Luego vinieron las pruebas de fin de semestre, donde tuve que estudiar y luego de eso, vino el esperado fin de semestre *-* Ya se acabó y voy por mi último año de enseñanza media c: Y esa es mi historia, el otro lado, el lado creativo, estaba algo complicado ya que antes escribía lemmons pero, los que han visto Naruto, saben que Sasuke Uchiha es todo lo contrario a Peeta Mellark, así que eso culpa el enorme retraso. Y bueno, mejor dejó de hacer tanto lío y los dejó con el capítulo. Lean abajo que tengo un regalo para ustedes ;)

Disclaimer: THG no me pertenece, tampoco la canción en la cual me inspiré esta vez, que se llama When you look me in the eyes de The Jonas Brothers xD Pero la trama es mía, bueno, eso creo, y sino estoy infringiendo derechos de autor (?


Cuando me miras a los ojos

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-Entonces, ¿Esta es la recepción?- Peeta enarcó una ceja y miró con algo de rareza el lugar. Jamás se imagino que el Capitolio tendría un lugar así y menos que su boda sería allí. El Capitolio estaba ubicado sobre un antiguo lugar llamado las Montañas Rocosas. Peeta pensaría que era un nombre ridículo en primera instancia, luego pensaría que es un muy mal lugar para construir, aunque viendo el Capitolio, sería muy sencillo cambiar de opinión respecto a eso. Su recepción era en las orillas del Capitolio, él cual estaba rodeado de agua, a decir verdad, parecía empotrado sobre un gran lago, en donde habían construido la ciudad, por lo que la vista era espectacular. Estaban sobre el lago, rodeados de verde, y con el cielo azul brillando encima de sus cabezas. Es en este tipo de momento en que deseaba tener sus pinturas y sus lienzos para poder inmortalizar semejante paisaje.

En el pasto había sillas y mesas decoradas con manteles blancos y flores de colores claros. Había adornos naturales colgados desde el cielo en pequeños arreglos. Lámparas de papel volaban una y otra vez desde el lugar y la gente miraba asombrada lo elegante y sobrio de la recepción. Peeta estaba más que complacido y todo se le debía a Portia y a Cinna. Si no fuera por sus estilistas probablemente estarían con grandes moños y rosas de distintos colores colgadas por aquí y allá, cortesía de Effie claro esta. La gente del Capitolio iba y venía y honestamente era lo único que desentonaba en aquel sitio, que parecía sacado de cuento de hadas. Jamás pensó que todo esto sería para ellos, para los trágicos amantes del distrito 12.

Tomó con algo de fuerza los dedos de Katniss, que de a poco iban soltando el agarre de los suyos, debido a, quería creer él, a los festejos y la decoración del lugar. Las mesas estaban cubiertas con manteles y un puñado de capitolinos que reían y bebían como si no hubiera mañana. Sus familias estaban sentadas en una mesa algo apartada, los padres, los padrinos, y los novios. En este caso, la mesa de Katniss y Peeta era ocupada por la totalidad de sus familias. Los Hawthorne estaban acomodados en otra mesa junto a la suya y con sus estilistas y su escolta y mentor. Peeta ahora iba vestido de una manera más informal, lo cual le gustaba bastante.

Por alguna extraña razón, Portia andaba obsesionada con el color blanco por lo que ahora traía un conjunto del mismo color. Camisa blanca con los primeros botones desabrochados y las mangas subidas hasta la altura del codo, sin corbata; con unos pantalones de vestir de color blanco y unos zapatos a juego. Katniss andaba con un vestido bastante más cómodo, sin todo el peso del anterior. Con tirantes finos que pendían de sus hombros, apretado a la altura de su pecho y su cintura estrecha y luego caía libremente hasta la altura de sus rodillas. Los zapatos también habían sido reemplazados por unos más cómodos que pudiera usar toda la noche sin temor a caerse de bruces frente a alguna cámara. Su cabello había sido dejado suelto, con una trenza cascada en su cabeza, con pequeñas ondas que enmarcaban su rostro.

Cuando cruzaron las puertas, fue imposible evitar a las personas con trajes extravagantes que deseaban saludarlos y desearles los mejor en su vida como esposos. Katniss sentía un especial rechazo hacia las personas del Capitolio, por lo que evitaba cruzarse con ellas y se mantenía oculta tras la fuerte espalda de su ahora marido. Miró como de a poco las personas se iban acomodando en las mesas, las cuales habían sido designadas con anterioridad por Effie y Cinna. Peeta tomó a Katniss de la mano y ambos se sentaron rodeados de sus hermanos y sus padres. Peeta miró de soslayo a Gale, quien mantenía fija su mirada en Katniss quien la evitaba de la mejor manera posible.

La música de fondo inundó la habitación de a poco, haciendo que muchos de a poco se relajaran. Los avoxes pasaban con grandes bandejas con comida fina, carne a la espada, filete y cosas que a Peeta jamás se le hubiese pasado por la cabeza probar. Estaba inusualmente distraído en Gale, quien lo atravesaba con la mirada cada vez que lo volteaba a ver. Casi podía sentir los miles de cuchillos que lo mataban y remataban cada vez que Gale posaba su gélida mirada en él. Pero fuera de eso, se sentía bastante mal y eso lo estaba destrozando de a poco. Cómo se hubiera sentido si esto fuera al revés. ¿Qué hubiese pasado si Katniss no lo hubiese elegido a él? A la vuelta de unos años, él estaría viendo como Katniss se casaba con Gale, de eso estaba seguro, aunque conociendo a Katniss Everdeen y su falta de entusiasmo ante la idea de un matrimonio, todo podía pasar.

Probablemente se hubiese dado contra una muralla en la iglesia, o hubiese irrumpido en ella para evitar que ella se casara. No, él no haría eso, no si con eso evitaba que Katniss fuese feliz. Él siempre había puesto los sentimientos de la Chica en Llamas primero que los de él mismo. Él hubiese sido feliz si Katniss lo era, ya sea con Gale o con él o con cualquier otro que pudiese amarla con su corazón. Estaba consiente de que Gale sentía cosas por ella, pero no estaba seguro de que en realidad fuese algo tan fuerte y tan abnegado como lo que él sentía por ella. Gale estaba dispuesto a hacer lo que fuera por ella, pero no la amaría por sobre todo como él. Peeta estaba dispuesto a dejar todo por ella, y él aceptaba a Katniss con sus traumas por los Juegos, con sus pesadillas, con sus malos modales, con sus ceños fruncidos. Peeta la amaba con todo lo que implicaba ella. Pero en especial, él amaba a lo que sería Katniss Everdeen, él amaría todo de ella, no importa cuanto cambiara, no importa cuanto pudiera sufrir por ella, para él, era imposible no amarla.

Cuando volteó a ver de nuevo a su mesa, Katniss lo miraba con el entrecejo fruncido, meditando cada una de las expresiones que ponía Peeta cuando se enfrascaba mucho en un pensamiento. Peeta la miró y le sonrió con cariño, para después enredar sus dedos por sobre la mesa, acariciando el dorso de su mano con tranquilidad. Katniss se acercó con disimulo a él y colocó su boca contra la oreja de Peeta, hablando en un susurro.

-¿Estás bien?-Peeta miró a los demás que reían en la mesa, Nathan y Connor enfrascados en una conversación con Prim y su padre hablando animadamente con la señora Everdeen. Asintió con precaución y luego le dio un piquito a Katniss que la pilló desprevenida, dejándola con las mejillas calientes y un rubor notable.

-Descuida, sólo estoy algo cansado, eso es todo - Katniss asintió en el mismo momento en que un avox llegaba con una bandeja y depositaba un plato cuadrado con carne y pequeñas papas cubiertas con una salsa frente a ella. Se liberó de la mano de Peeta y se dispuso a comer, mientras el rubio miraba con incertidumbre a las otras mesas. ¿Qué estaban haciendo allí? ¿Qué estaba haciendo, tratando de calmar a los distritos? Cuando él mismo pensaba en las miles de veces que había aborrecido al Capitolio por sus prácticas y la manera en que jugaban con ellos, como simples marionetas. Sabía muy dentro de si mismo que no debía estar haciendo esto, que la llama que Katniss y él habían logrado encender no duraría mucho tiempo encendida y que debían avivarla, no intentar apagarla a través de una boda. No quiero ser una pieza más en sus juegos. Suspiró y se limitó a comer con calma, ya que tenía el estómago hecho puño, sin ninguna intención de que comida pasase por allí. Prim reía junto a sus hermanos y a Katniss, quien de vez en cuando volteaba a ver que sucedía con él, que lo preocupaba lo suficiente para no reír de las bromas de Connor y la vez que Nathan quedó cubierto de huevos y harina frente a la chica que le gustaba.

Cuando llegaron al postre, Katniss no podía resistirlo más. Peeta estaba extraño y ella deseaba saber porqué. Tomó la mano de Peeta, quien comía una copa de helados con forma de diamantes muy bien apilados en una montaña de fruta cortadas en cuadros. Cuando estaba por echarse en la boca un pedazo de frutilla, Peeta miró a Katniss quien fruncía el ceño. Peeta la miró con cuidado y luego de dejar su tenedor en el plato, se armó de valor y colocó su cabeza en el hueco que quedaba entre el cuello níveo de Katniss y su hombro. Aspiro su sutil aroma a jazmines, a bosque y a libertad. Katniss se estremeció al sentir la respiración de Peeta en su cuello y miró al chico que mostraba una sonrisa algo forzada, quien besó su hombro desnudo y luego el borde de su boca.

-Descuida, no es nada, luego te cuento- Katniss asintió e intentó de mostrarse cariñosa con él, ya que Peeta estaba bastante distraído, lo suficiente para que lo demás lo notasen. Tomaba sus manos, jugaba con sus dedos, le daba de a pequeños bocados la fruta de su postre, acariciaba y ordenaba los mechones rubios de Peeta que se escapaban de vez en cuando de su peinado y luego le daba piquitos en la comisura de su boca con sabor a canela.

Cuando llegó el momento del baile, Peeta andaba ya bastante más tranquilo, lo suficiente como para tirar alguna típica broma de él o para reír de los comentarios sardónicos de Katniss. Intentaba que la culpa no lo invadiera y que las cosas marcharan bien, porque debían fingir siempre, porque debían mostrarle al mundo lo feliz que eran ambos al estar casados.

No recordaba haber bailado tanto en una sola noche, ni siquiera en su Gira de la Victoria había bailado de esa manera. Tenía Katniss entre sus brazos, meciéndose suavemente al compás de una típica canción del Capitolio. Su madre bailaba junto a su padre, mientras que su mentor y la escolta de su distrito se movían también. Katniss tenía puesta su cabeza en su pecho, sobre su corazón que latía a niveles extraordinarios y reía en cuanto Peeta se ponía nervioso. Sabía que lo estaba encubriendo a él y a su falta de interés en todo, sabía que se sentía algo pensativo y ella lo cubría de la misma manera en que él la tapaba cada vez que decía o soltaba algún comentario fuera de lugar. En algún momento hubo un cambio de parejas en la pista de baile y Katniss acabó en los brazos de su supuesto primo y Peeta bailando con Portia.

Frunció el ceño, pese a todo, Katniss parecía estar nerviosa de bailar con él y tampoco es como si la castaña fuera muy buena en sus dotes de bailarina, cosa que entre ambos se encargaban de arreglar. Suspiró y miró a Portia quien le sonreía con sinceridad. Debía relajarse, debía comportarse, estaban frente a las cámaras del Capitolio y pese a que Snow no estaba, sabía que debía estar vigilándolos desde donde estuviera ahora. Hizo un giro con Portia e intentó no mirar tanto a la pareja de castaños que bailaba de manera rígida en un extremo.

A Gale no se le daban bien este tipo de bailes, debido a que las danzas del distrito 12 eran sumamente distintas a estas. Pese a eso, Katniss lo guiaba por la pista de baile que había sido colocada sobre el césped del lugar. Con Peeta, bailar era sumamente sencillo, era un buen bailarín pese a su pierna y sabía como cubrir su poca capacidad para mover los pies de manera sincronizada para bailar. Estaba sumamente nerviosa, de una manera exagerada. No había vuelto a hablar con él desde el incidente con Peeta y tampoco deseaba a hacerlo ahora. Gale por su parte evitaba tener un contacto profundo con la castaña, más que nada porque su cerebro se empecinaría en revivir cada una de las imágenes de ese día, cada noche en sus pesadillas. El sutil aroma a bosque que desprendía Katniss lo tenía sumamente enloquecido y deseó no estar rodeados de cámaras y poder besarla como aquella vez en el bosque. Sus labios se habían sentido tan mágicos al contacto con los suyos y sería algo que lo perseguiría cada día de su jodida vida. Suspiró y miró a Katniss que desviaba la mirada, rezando porque la canción se terminara lo más pronto posible.

-Katniss, quería disculparme, ya sabes… por lo que pasó hace unos días- la castaña lo miró con el ceño fruncido y no pudo evitar recordar porque Gale era su mejor amigo. Siempre había estado allí para ella, siempre, jamás la había abandonado, ni siquiera cuando había vuelto de los Juegos, con el brazo de Peeta firmemente agarrado a su cintura.

-No creo que sea conmigo con quien tienes que disculparte - Gale bajo la cabeza y miró los ojos plateados de Katniss, tan parecidos y tan distintos a los de él.

-Él no me importa como tú, sabes que por mi estaría creando problemas en este mismo momento, pero no lo hago porque esto debe estar rodeado de Agentes de la Paz y lo que menos necesito es que nos lleven apresados - Katniss bufo y volteó a ver a Peeta que ahora bailaba con Prim. La tenía sujeta por la cintura, evitando que sus pies tocaran el suelo y la mecía mientras su hermanita reía en los brazos de su ahora esposo.

-Pues él si me importa y también me importa lo que pueda pasar si creen que esto es una farsa - el minero fijo su atención por donde Katniss llevaba la suya y luego de eso, la devolvió a la vencedora. No sabía cuanto de lo que sentía Katniss era una mentira y cuanto era verdad. Él creía que lo que sentía y lo que había entre ellos era real, pero ahora no estaba tan convencido. Todo lo que hacía Katniss lo confundía y la última jugada que había dado, la decisión de casarse en serio con el hijo del panadero lo dejó descolocado. Cuando la canción acabó, Katniss se soltó de los brazos de Gale y luego de dirigirle una última mirada, caminó hasta donde estaban su hermano y su esposo y se aferró a él como si la vida se le fuese en ello.

=o=

Eran cerca de las dos de la mañana cuando Effie llegó hasta ellos, que comían postres en una mesa, para anunciarles que debían retirarse del lugar. Peeta tenía algo de crema pastelera en los labios y algo en su mejilla, debido a las constantes protestas de Katniss de darle ella. La castaña frunció al ceño a su escolta, quien ya tenía una limusina afuera del lugar, lista para llevarlos al Edificio de Entrenamiento, donde sería su noche de bodas.

Katniss estaba roja como un tomate y deseó que Effie no hubiera dicho nada, así que con un sutil movimiento se puso de pie y acercó hasta su familia, para despedirse de su madre, de su patito y de sus supuestos primos. Abrazó con fuerza a Prim para luego darle un beso en la cabeza rubia y luego repitió el mismo procedimiento con sus primos. Posy le dio un beso mojado en la mejilla y Katniss embozó una sonrisa.

Peeta se acercó hasta sus padres y sus hermanos, quienes hablaban con sus estilistas y con su equipo de preparación. Abrazó con fuerza a su padre y luego de eso, golpeó con cariño las espaldas de sus hermanos mayores. Le dio un beso a su madre quien se veía algo más feliz que de costumbre y luego fue hasta su nueva familia y le dio un abrazo a Prim, a aquel dulce ser que era responsable de su felicidad.

Tomó la mano de Katniss y ambos caminaron por un camino de personas que gritaban sus nombres y les daban los mejores deseos para su nueva vida juntos. Se besaron ante las cámaras y luego se deslizaron en la costosa limusina que los llevaría a vivir la noche más placentera de sus vidas.

=o=

Cuando llegaron al lugar, la cabeza de Peeta retumbaba debido a sus propios latidos y las manos le sudaban de forma escandalosa, tanto que tenía que estar limpiándolas en sus pantalones blancos cada cinco minutos. Su garganta estaba completamente seca y sentía que en cualquier momento le daría un paro respiratorio. ¿Cuántas veces no había soñado con este momento? Y ahora estaba sumamente nervioso cuando se fuera a hacer realidad. Él jamás obligaría a Katniss a hacer nada de lo que después podría arrepentirse pero deseaba con toda su alma que ella lo amará lo suficiente como él a ella para hacer lo que se suponía hacían todas las parejas de recién casados. La puerta se abrió y ambos salieron tomados de las manos. La cabeza de Katniss no hacia más que pensar en los posibles formas de librarse de esto. Ella era sumamente reacia al contacto humano y a hora debía hacer uno de los más íntimos que existían. Sabía que Peeta no la obligaría a nada pero en lo más profundo de su ser, muy en el fondo a decir verdad, deseaba ser del Chico del pan de todas las maneras posibles. Su parte romántica estaba dejándose ver y no quería ni imaginar que pasaría si salía cien por ciento a la luz.

Subieron en completo silencio, mientras que los fotógrafos inmortalizaban el importante momento. Las puertas de vidrio les daban una total visión de los pisos de abajo que se hacían más y más pequeños a medida que subían por los pisos del Edificio de Entrenamiento.

Cuando las puertas de su piso se abrieron, les dejaron ver un lugar completamente distinto al cual dejaron antes de irse a la boda. Las paredes estaban adornadas con costosos arreglos de flores, que desprendían un aroma peculiar, no muy sobrecargado pero era posible oler los distintos tipos de flores, desde violetas hasta margaritas y manzanilla.

Había una ruma nada pequeña de regalos, que por lo que había dicho Effie, no era ni una tercera parte de los que habían recibido. Había velas pequeñas por todas partes que tiraban una fragancia cítrica al ambiente. Sobre la mesa de centro de vidrio había una fuente de metal y dentro una botella de champagne helada, acompañada por dos copas finas que tenían una cinta amarrada a la pata de cada una.

Sonaba una música sumamente relajante, bastante distinta a la que usualmente se escuchaba en el Capitolio. Violines, un arpa, tal vez un piano entre medio. Y como si todo esto no fuera una sutil invitación a una noche de sexo desenfrenado, los pétalos de rosas rojas abundaban en la estancia, haciendo un camino hasta la habitación de Peeta, la cual había sido elegida para la tarea.

La cabeza de Peeta era un mar de pensamientos, y algunos eran bastantes molestos para él. Estaba más que seguro que esto era idea de su mentor y en algo debieron haber contribuido sus estilistas. No sabía si gritarle a Portia o agradecerle. Peeta tomó la mano de Katniss y entrelazó sus dedos con los de ella, haciendo dibujos imaginarios en el dorso de su mano. No quería ponerla nerviosa, sabía que Katniss era sumamente reacia al contacto físico y a las personas en general, así que debía ir con calma y pues, esperar lo peor, que podría ser desde una discusión hasta dormir en el sofá. Guio a la castaña hasta el sillón de dos cuerpos que había en el lugar y se echó sobre él. Katniss suspiró y Peeta tomó el atrevimiento de colocar su cabeza en el regazo de ella, logrando que juegue con sus rizos rubios. El chico cerró los ojos azules y se concentró en el latido de su corazón y en como las manos de Katniss se metían por su cabellera y luego salían para repetir el procedimiento.

Estaba sumamente relajado, sentía que en cualquier momento se quedaría dormido. Era muy tarde y tenía sueño, y las caricias de Katniss no ayudaban en lo absoluto en su tarea de mantenerse despierto. Bostezó sonoramente y Katniss rio por lo bajo mientras se acercaba a él y ponía sus manos sobre el pecho del chico.

-No te vayas a quedar dormido en el sofá ¿eh?- Peeta abrió los ojos y se topó con los grises de Katniss, que brillaban por las luces de las velas reflejadas en ellos. Se veía preciosa, con el cabello tomado en una pequeña trenza, con los ojos delineados resaltando el plateado de su mirada. Realmente sentía que se le cortaba la respiración y que se le aceleraba el corazón de sólo mirarla. Sonrió de medio lado y tomó su rostro entre sus manos suaves y grandes, enmarcando el suave y sonrojado rostro de Katniss, que sólo puso inclinarse más y dejarse besar por los labios expertos de Peeta.

POV Peeta

Sus labios eran dulces, sabían casi a frutillas aunque sabía que hacer esa comparación con los labios de Katniss sería un total sacrilegio, porque el sabor de las frutillas jamás se le compararía a estos labios que me hacían subir al cielo un minuto y luego me dejaban en el más profundo de los infiernos. Katniss me hacia pecar de sólo pensar en ella. Pero era casi imposible que no pensara en ella, que no pensara en su cabello castaño que siempre traía en esa trenza. Que no pensara en sus ojos grises, que no pensara en su voz. Katniss era mi vida y ahora la misma también le pertenecía. Todo lo mío era de ella, mi cordura, mi locura, mi corazón, todo.

Su cabello caía sobre mi rostro y lograba que me hiciera cosquillas, mis manos estaban sobre sus mejillas, las cuales sentía caliente bajo mi tacto. Me erguí un poco y continúe con el beso, delineando los labios de Katniss y pidiendo permiso para entrar a su boca. Con algo de nerviosismo de ambos, deslice mi lengua dentro de su cavidad y sentí en mi paladar el sabor al champagne de la noche, al vino, al pastel de bodas que habíamos cortado ambos. Mi lengua quería obtener un completo dominio sobre la de ella, queriendo por una vez, ser más dominante que la Chica en Llamas. Estaba sumamente incómodo, con los codos apoyados a ambos lados de sus piernas cubiertas a medio muslo por el vestido corto que Cinna había decidido ponerle a mi "esposa". Y esa palabra retumbaba de manera abrupta en mi cabeza, dando vueltas para encontrarle un sentido razonable a todo lo que pasaba.

Estaba casado con Katniss Everdeen.

Los labios de Katniss se presionaron con más fuerza contra los míos, el aire de a poco se iba de mis pulmones, pero no quería soltar su boca. De a poco, fuimos cortando el beso, con pequeños piquitos que no se comparaban en nada a lo que habíamos compartido hace un momento. La cara de Katniss estaba roja como un tomate, con las mejillas arreboladas y la respiración entrecortada. Y, dios, soy un adolescente, con las hormonas alborotadas. No puedo negar que varias veces, durmiendo con Katniss en su habitación del tren, pensé y fantaseé sobre como sería hacerla mía, que se entregara de todas las formas posibles a mí. Creo que una o dos veces desperté con un serio problema en los pantalones que tuve que bajar pensando en mi maestra de Historia de Panem en tercer año.

Me giré hacia Katniss y ella recogió sus piernas en el sofá y yo copié su gesto, dejando las mías en posición de indio. Coloqué mis manos en su nuca y la otra en su cuello níveo y luego me acerqué hasta ella, hasta que nuestras bocas estuvieron a milímetros de tocarse y fundirse en un beso igual al anterior. Katniss cerró los ojos y yo hice lo mismo con los míos. Era una reacción que no podía evitar. Para mí, abrir los ojos durante un beso con Katniss era impensable y también imposible. No podía, simplemente, todo en mi me hacia querer cerrar los ojos y disfrutar del contacto de nuestros labios juntos. Al final, fue ella quien cerró las distancias entre nosotros y estampo su boca contra la mía.

De acuerdo, esto era nuevo. Jamás había sentido algo así en mi vida. Pequeños pulsos eléctricos recorrían mi columna vertebral y hacían que los vellos de nuca se erizaran. Las manos de Katniss pronto dejaron de estar en mis brazos y subieron hasta mi cabello y de ahí, se encargó de desordenarlo a su antojo, enredando sus dedos finos en mi cuello.

POV Katniss

¿Dónde había quedado la puritana Katniss Everdeen, aquella que no era capaz de ver un cuerpo desnudo en su vida? Pues bastante lejos y bien enterrada he de decir. Muy pocas veces había sentido felicidad en mi vida. La primera vez que cargué a mi Patito, cuando escuchaba a mi padre cantar en el bosque. Cuando cazaba en el bosque con Gale antes de los Juegos. Y ahora de forma más reciente, me sentía feliz con Peeta. No eran situaciones especificas en las que me sintiera así con él, pues él me hacia feliz. Todo en él me hacia sentir como la persona más afortunada del mundo, al tenerlo a mi lado, aunque una pequeña voz dentro de mí me decía que no merecía al Chico del Pan, que era demasiado bueno para mi y que realmente estaba con él por miedo. Pero otra me gritaba que no lo dejara ir y que no nos hiciera sufrir a ambos con una espera que realmente no valía la pena. Porque me era imposible dejar de pensar en él. Pensaba en él cuando estaba en el bosque, pensaba en él cuando veía un atardecer en el distrito 12, y veía su color favorito por todas partes. Veía el azul de sus ojos en el cielo azul, pero que jamás podría reflejar la pureza de Peeta. La abnegación de su alma y todas esas cosas buenas y las no tan buenas, que he de decir eran pocas, me hacían sentir cosas por él que jamás pensé en sentir. Sentía unas ganas inmensas de mantenerlo a salvo, de estar junto a él, de besarlo. De sentirlo junto a mí.

Los labios de Peeta se deslizaban con maestría sobre los míos y me hacían perder la cabeza. ¿Cuándo había tenido tanta hambre de él? ¿De todo lo que podría ofrecerme? En este preciso momento no lo sabía y tampoco tenía ganas de saberlo con certeza ahora. Mis manos se mantenían en sus rizos rubios, en su cuello suave. Las manos de él se fueron deslizando de mi rostro hasta llegar a mi cintura y de ahí me aferró, logrando que quedara medio acostada sobre él, con mi pecho presionando contra el suyo. Sus manos se volvieron a mi cabello y apartaron de él los pequeños mechones que se iban liberando de la trenza que me habían hecho mis estilistas antes de la recepción.

Coloqué mis manos en sus pectorales, duros como piedra y sentí como un pequeño fuego que vivía dentro de mí se fue acrecentando, se fue avivando. Y con ello, mi hambre de Peeta. Sentía como nuestras respiraciones se iban volviendo más erráticas y como de a poco empezaba a hacer más calor en la habitación del que había hace un rato. Las manos de Peeta se posaron en mis caderas y yo tomé el valor de pasar mis piernas y sentarme sobre su regazo. Peeta extendió las piernas, y yo puse las mías a cada lado de su cadera. Peeta profirió algo parecido a un ronroneo y a pesar de que odiaba a los gatos, en especial a Buttercup, este sonido no me desagradó. Me dejé caer contra sus caderas y ambos gemimos por el contacto que se estaba llevando en nuestra parte baja. Sentía que de a poco me deslizaba por su cuerpo, pero Peeta tomó mis piernas y afianzó su agarre en torno a ellas. Dejó mis labios de a poco, y besó mi cuello, dejando un camino de besos regados y esparcidos en él. Su aliento caliente estaba en mi oído y luego llegaba y besaba mi lóbulo, para después besar mi mentón, mis párpados y luego volver a atacar mi boca.

POV Peeta

La boca de Katniss realmente era algo que necesitaba tener, ese sabor dulce que desprendía todo de ella, esos labios que sólo me volvían más loco por tenerla. Tomé las hebras de su fino cabello y quite una de las horquillas que mantenía el cabello de Katniss en su lugar y luego, y otra, hasta una cascada de color castaño se esparció por su espalda. Su cabello me producía cosquillas, mientras que sus labios hacían un camino hasta mi manzana de Adán y luego subía hasta encontrarse con mis labios hambrientos otra vez. Y es como volver a respirar, es como haber estado bajo el agua durante mucho tiempo y siento que Katniss es mi aire. Ella jadea un par de veces por la intensidad del beso y yo aprovecho esto para recorrer con mis manos sus piernas suaves y dejarlas en sus caderas. Y pienso que me he obsesionado con ella. Jamás había sentido esa sensación en mi, de que no pudiera parar de besarla, no puedo detenerme porque Katniss es mi droga, y a medida que más la pruebo, más me gusta y deseo jamás volver a separarme de ella y de esta adicción. Mis manos viajan a su rostro y la vuelven a besar, y ya no sé cuantas veces he probado esos labios desde que empezó la noche. Katniss se alza sobre sus rodillas, sin despegar nuestros labios, mientras su pecho se pega al mío y ella me vuelve besar. Siento el latir rítmico de su corazón contra el mío, es una copia de lo que hace mi propio corazón. Su aliento se mezcla con el mío y ella me besa hasta que se queda sin aire, pero yo ya no soy capaz de parar. Mi boca se desplaza hacia abajo y dejó mis labios sobre su garganta donde siento su pulso desenfrenado y hago un pequeño chupón que sé que estará allí mañana. Katniss gime y eso me suena a gloria. Levanto la mirada hasta encontrarme con los grises de ella y sin hablar ambos sabemos que queremos y deseamos lo mismo. Katniss se pone pie de mi regazo y toma mi mano entre la suya y nos conduce a ambos hasta la habitación llena de pétalos rojos.

POV Katniss

Mi cuerpo se estremece sin control, cuando los labios de Peeta continúan con la labor en que estaban antes, en el sillón de la sala, pasea por la sensible piel de mi cuello, mientras me apartó de él para lograr tomar aire. Mi respiración es una serie de jadeos que es inconfundible y errática, que termina en un gemido y un pequeño grito cuando sus labios presionan un punto sobre mi clavícula desnuda. Su boca vuelve a la mía y siento como su lengua delinea mis labios, pidiendo permiso para ingresar con su lengua traviesa. Y amo todo en ese momento. Amo sus cabellos rubios, sus ojos azules, sus mejillas sonrojadas, y su olor a canela. Y siento un hambre voraz por él, y un calor que sólo se detendrá cuando este con él. Algo cambia en mí, lo sé y lo siento cuando tomo puñados del cabello rubio de Peeta y lo obligó a profundizar el beso. Lo deseo. Él me envuelve entre sus fuertes brazos y sus manos se deslizan por mis hombros, bajando las tiritas del vestido blanco mientras me vuelvo a separar de él, incapaz de continuar aguantando la respiración.

Jamás podría aburrirme de esto, tomó fuerza y valor y llevó mis manos a los omoplatos de Peeta y lo comienzo a recorrer con lentitud. Delineo sus hombros fuertes y anchos y bajo con suavidad hasta su espalda. Dios, cómo me gusta su espalda. Siento que se remueve cuando pasó mis dedos por su columna vertebral y llegó al lugar donde su espalda se convierte en su cintura y luego sus caderas, y la camisa comienza a estorbar. Rozó con mi pelvis el hueso de su cadera y ahora es él quien jadea y comienza a buscar aire con urgencia. Aprovecho ese momento y dejo besos esparcidos regados en su mandíbula, mientras desabrochó los botones superiores de su camisa blanca, hasta que se abre por completo y me muestra el abdomen duro y marcado de Peeta. Deslizó mis dedos por los músculos de su vientre y Peeta vuelve a emitir aquel sonido parecido a un ronroneo. Pasó mis manos por sus hombros y dejó que la camisa blanca caiga sobre la mullida cama y los labios de Peeta se encuentran con los míos otra vez.

POV Peeta

Las manos de Katniss se escabullen y pasan por mi estómago y luego sube por la pequeña línea de vellos que tengo desde el ombligo y que se pierde entre mis pantalones. Gimo, y no puedo evitar hacerlo. Siento demasiado calor y hasta respirar me cuesta trabajo. Katniss no debería estar tan relajada, es decir, ella es la que se muestra aprensiva ante la desnudez y esas cosas. Y tal vez, sólo tal vez, quiero ver como se retuerce por el placer, quiero apreciar toda la belleza de la que ahora es mi esposa. Sacó mis manos de su cintura y buscó el cierre que se encuentra en su espalda, y lo deslizó suavemente, casi con temor.

-¿Puedo?- Mi voz, no suena a mi voz, suena algo rasposo, y excitado. Katniss toma mi mano entre las suyas y me ayuda a bajar el cierre, hasta que llega a la altura de su espalda baja. Deslizo mis manos por sus hombros y quito los tirantes del vestido, lo paso por el cuerpo, quedando enredado entre las piernas de Katniss. Y cuando la miró por completo, siento que es demasiado para mi. Tomo su cintura y con algo de fuerza la dejo acostada, con mi cuerpo sobre el de ella. Sus manos están a cado lado de su cabeza, y su cabello castaño esta extendido sobre la almohada, con los ojos brillantes, iluminados sólo por la luz de la luna que entra por los grandes ventanales de mi habitación. Suspiro contra ella y siento como algunos mechones de mi cabello caen sobre mi frente.

Katniss me observa y algo apenada, mira hacia el lado, evitando mi escrutinio por su cuerpo semidesnudo. Esta hermosa y es sólo mía. Cinna le colocó un juego de encaje blanco. Ni muy atrevido ni muy tradicional. Es perfecto para ella. Deslizo mis manos por su cintura estrecha y me quedo asombrado al sentir la suavidad de su piel.

-Peeta, ¿Quieres... quieres dejar de verme así?- me sorprendo un poco, y luego enarco una ceja y la miro aún más fijo que antes. Katniss hace una bonita rabieta, logrando alivianar el momento, me rio y me acerco hasta sus labios, donde deposito pequeños y cortos besos.

-Te miro, porque eres hermosa y porque debo de ser el hombre más afortunado del mundo al tenerte- Katniss se sonroja con furia y luego de reírme, la beso profundo, sintiendo como sus manos viajan a mis hombros y suben hasta mi cabello, jalándome hacia ella. Me apoyo sobre mis codos y me dejo hacer por mi Chica en Llamas.

POV Katniss

Siento mucho fuego, y no es cualquiera, es un fuego abrasivo, que comienza en el nacimiento de mi cabello y que recorre mis brazos, mis piernas, mi pecho, y que se aloja entre mis muslos. Y de repente siento como Peeta baja con su boca, como de a poco se va deslizando por mi cuello, haciendo que se me erice la piel contra su aliento cálido, llega hasta el nacimiento de mis pechos y como acto reflejo, muevo mis brazos para cubrirlos. Mi ahora esposo, forma una sonrisa traviesa y toma con sus manos las mías, entrelazando nuestros dedos, guiándolas hasta dejarlas a ambos lados de mi cabeza. Peeta continua bajando de manera tormentosa, alternando entre lamidas y chupetones hasta llegar a mi vientre. Juega con mi ombligo y me siento aún más caliente, casi a punto de ser consumida por las llamas.

-Tranquila Preciosa...- su voz es sólo un susurro pero asiento y me dejo hacer por su boca. Los labios de Peeta trazan un camino hasta mi boca, en dónde un gemido muere en un beso. Suelta mis manos y por inercia estas se dirigen a su pantalón blanco, y juegan con su cierre. Sólo en este momento me doy cuenta del bulto que esta creciendo en sus pantalones y me cohíbo, porque yo no soy así. Porque todo esto es nuevo para mí, pero al sentir las descargas eléctricas que manda Peeta con sus manos me siento más valiente, me siento capaz de devolverle el placer que estoy sintiendo. Peeta gruñe por lo bajo y deslizo mis dedos hasta su cabellera rubia, y bajo, bajo hasta llegar al borde de su mandíbula, para pasar a sus hombros, a su espalda, a su abdomen duro. Gime mi nombre y me siento viva. Doy un par de lamidas a lo largo de su cuello y las manos de Peeta llegan hasta mi sostén. Me pide permiso, como siempre. Asiento con las mejillas sonrojadas y los dedos de Peeta viajan a mi espalda, logrando que me arquee, y de un sólo movimiento, es capaz de abrir el sostén, dejando mis pechos a la vista.

POV Peeta

Esto es demasiado para mí. Los pechos pequeños y redondos de Katniss se alzan hacia mi, dos pequeños montículos que terminan en un botón de color canela. Me acercó con cuidado, evitando los ojos de mi Chica en Llamas, evitando que el pánico se adueñe de mí y de ella. Paso mi nariz con delicadeza y huele a pino, a bosque, a Katniss.

Mis manos tiemblan, y se posan en su pecho desnudo, y casi como si fuera pan, los acaricio y ella se retuerce bajo mi tacto. Y la besó, y la acarició, y ella ruega para que mis pulmones tengan el suficiente aire para seguir besándola, para seguir uniendo mi boca a la suya. Porque sus llamas me consumen, porque un sólo beso hizo falta para que su fuego me abrazara y me hiciera parte de ella. Sus manos se deslizan a través de mi columna, marcando cada una de las vertebras de ella y gimo fuertemente en su oído.

Se detiene en el preciso momento en que comienzo a temblar y con voz ahogada suplico por más.

-No te detengas- mi voz suena como un gemido combinado con la protesta y el deseo-no sabes lo bien que se siente eso-. Katniss continúa y gimo con cuidado sobre su oído. Comienzo a besarla de nuevo, con calma, porque sé que tenemos todo el tiempo del mundo, porque la noche aún es joven y nosotros también.

Nada ni nadie podrá interrumpirnos esta noche.

Bajo, y dejó besos por su piel caliente, mientras Katniss se aferra a las sábanas con las manos hechas puño. Me detengo sobre sus pechos, y doy un ligero beso sobre uno de sus botones y Katniss se retuerce, tira su cabeza hacia atrás y gime entrecortado.

-Peeta-gime con la voz temblorosa- quiero más.

Y todas mis cadenas desaparecen.

POV Katniss

Siento una sustancia extraña que esta recorriendo mi cuerpo, es algo así como una lava, igual de ardiente, que me vuelve más valiente y más segura, osada. Y ya no siento vergüenza por exigir lo que quiero, lo que necesito y eso es mi Chico del Pan.

Quiero que esta noche no se guarde nada, que me entregue todo de él del mismo modo en que yo pienso hacerlo, en que pienso darle todo lo que es mío.

Nuestras respiraciones, ya no son eso. Son jadeos entrecortados y erráticos. Nuestros cuerpos, parcialmente desnudos, se han encuentran cubiertos por una fina y ligera capa de sudor que se va mezclando en cada roce que nos damos.

Mis manos ya son incapaces de separarse de su cuerpo y con las suyas ocurre lo mismo, busco cada espacio para que mi cuerpo se aferre más al de él, para que no exista una separación entre nosotros.

Cuando suelto mi petición en un gemido, Peeta me mira sorprendido, con los ojos azules volviéndose oscuros, empañados del mismo deseo que los míos. Porque lo que le pido es algo definitivo. Porque jamás seré capaz de dárselo a alguien más y él lo sabe.

-¿Estás- carraspea para esclarecerse la voz y vuelve a hablar- estás segura?- susurra.

-Si- Una brillante sonrisa se apodera de su rostro, mientras comienza un recorrido hasta el sur, desde mi oreja, bajando por mi cuello, hasta que me hace cosquillas con su respiración cuando pasa por mi clavícula. Sus labios continúan el descenso, pasando por mis senos, haciendo que mi espalda se curve y que mis manos aferren sus cabellos rubios.

Siento como los dedos de Peeta se dirigen a mis caderas y las aferran con fuerza, mientras continua con su recorrido y empieza a dejar besos por mis piernas, mis rodillas, mis pantorrillas, hasta llegar al tobillo y comienza nuevamente con la labor en ascenso. Y siento que ya es demasiado, se supone que ambos debemos disfrutar de esto. Tomó su cuello y lo besó, introduciendo mi lengua en su boca. Un sonido, grave y rasposo, casi como un gruñido, sale desde el fondo de su garganta. Lo empujó sobre su cuerpo, con una de mis manos en su pecho, mientras mis piernas pasan a través de su cintura. Mi cabello cae sobre su pecho desnudo y Peeta tiene las mejillas algo más brillantes que antes, pero sé que aún no supera mis sonrojos, y eso debe cambiar.

-Mi turno, panadero-

POV Peeta

Katniss me empuja con la palma de su mano y ejerce presión hacia un lado, haciéndonos rodar por la cama tamaño King, y me obliga a tumbarme de espaldas en la cama, con la cabeza entre las almohadas y ahora es ella quien esta sobre mí. Mi corazón late a una velocidad nada natural y puedo ver por su sonrisa traviesa que puede sentirlo a través de la palma de su mano.

-Mi turno, panadero- Mierda.

Siento como toda la sangre de mi cuerpo se agolpa en un solo lugar. Mi dureza presionando levemente contra su intimidad, aún resguardada por las bragas y mis pantalones blancos. Me ruborizo y la sonrisa de Katniss se ensancha, mientras besa mi mandíbula descolocada, baja hasta mi pulso, justo en mi garganta y miles de sensaciones se concentran en mi cuerpo. Su respiración me da cosquillas sobre el pecho, justo donde esta mi corazón. Katniss ríe y aún no sé que es lo que le parece tan chistoso. Cuando formulo la pregunta, ella ladea la cabeza y me mira con una ceja enarcada.

-Tu sonrojo, creo que voy ganando esta noche.-

Así que de eso se trataba. Quería comprobar cuanto es capaz de hacerme sonrojar. Probablemente sea mucho menos de lo que yo puedo hacerla. Katniss es más aprensiva ante todo y sé que un beso apasionado frente a su madre sería el detonante para un sonrojo digno de un tomate. Me calló mis palabras y cuando sus labios se deslizan a lo largo de mi pecho, haciendo el mismo camino que hice yo por su cuerpo. Sus dedos pasan sobre el único vello que en este momento me puede cubrir y luego evitó un escalofrío cuando sus labios cubren mi ombligo.

La siento sonreír cuando llega al borde de mis pantalones y sus dedos se deslizan sin dudar por el botón. Con un movimiento algo torpe, quito, un zapato y luego el otro. Katniss nota esto, y quita las calcetas de mi pie normal y el ortopédico y luego gimo cuando se desliza de vuelta a mi regazo. Sus dedos se enganchan en la cinturilla de mis pantalones, que ya no dan abasto. Sus ojos brillantes fijamente sobre los míos, deslizando las dos últimas prendas que cubren mi cuerpo. Mis pantalones y mi ropa interior han desaparecido, dejándola a ella en la delantera.

Nunca he sido aprensivo con la desnudez, Katniss, bueno, Katniss si. En nuestros primeros Juegos no era capaz de mirarme cuando estábamos en el río, pero ahora no veo nada de esa incomodidad inicial, sólo me mira como si fuera algo comestible, lo cual me aterra y a la vez me llena. Es algo extraño y hermoso.

POV Katniss

No se donde quedó mi antigua yo, pero tampoco deseo buscarla otra vez. Hemos pasado mucho a largo de este año y siento que esto, nosotros, es lo correcto, que lo que hacemos, ya no es sobrevivir, sino que vivimos por algo mejor, por algo que nos llene a ambos y eso es esta relación. Peeta ha hecho este cambio en mí. Sus mejillas están rojas, y su cuerpo totalmente desnudo brilla por el sudor. Su respiración es irregular y los mechones rubios se pegan a su frente perlada y me mira con deseo, el mismo que me recorre a mi por completo, pero con algo más. Algo que no ha cambiado nunca, y eso, es amor. Porque eso es lo que nos une de una forma u otra. No son los Juegos, no es el Capitolio, es lo que sentimos.

Le sonrió y con cautela, acercó mi mano hasta la parte baja de su cuerpo que ha quedado descubierta. Las yemas de mis dedos se deslizan con suavidad por sobre su longitud y escucho como un gruñido gutural sale de su garganta. Peeta deja caer su cabeza hacia atrás, abrumado por las sensaciones y eso me hace sentir poderosa. Yo estoy logrando esto en el Chico del Pan, yo y nadie más que yo lo hará.

Continúo con la misma acción, subiendo y bajando mi mano hasta que Peeta se alza sobre sus manos y atrapa mis labios con los suyos.

-Para- su frente se pega a la mía y sus ojos ya no son azules, son de un negro que me abruma, que me absorbe.

Toma mi cintura y con un sólo movimiento, vuelve a quedar sobre mi, dejando besos esparcidos a la altura de mis senos, mientras su dureza se presiona contra mi vientre bajo y lo escucho jadear.

Mi cabeza reposa sobre la almohada y veo el reflejo de las velas en sus ojos azules, en su cuerpo dorado y en su cabello. Él me mira como si este momento fuera a durar para siempre y luego, sé que es lo que él desea.

-Me gustaría congelar este momento, justo aquí, justo ahora y vivir en él por siempre.- me mira y con su nariz acaricia mis mejillas y luego me da un beso esquimal.- ¿Lo permites?-

-Lo permito- sus manos se dirigen a mis mejillas calientes mientras una súplica se forma en mi garganta.-Por favor-.

Peeta me mira, tal vez buscando una duda de inseguridad en mi voz, algo que nos haga detenernos, pero sé que no la encontrara, porque no hay dudas en mí. Quiero esto de la misma manera en que él lo quiere.

-¿Estás segura?- asiento, porque ya no soy capaz de hablar, estoy rodeada y sumergida en un vórtice de felicidad, que me impide decir algo. Peeta se mantiene quieto y luego asiente, inclinándose, deshaciéndose de mis bragas, la única prenda que me cubre y me mantiene oculta. Mi Chico del Pan me besa y se posiciona entre mis piernas con cuidado, tomando con una de sus manos mi cadera y la otra la deja a un lado de mi cabeza, manteniendo el peso sobre su codo. Sus ojos azules jamás dejan los míos cuando se introduce de a poco, centímetro a centímetro, en mi interior.

No es lo suficientemente rápido y quiero más de él. Mis piernas se envuelven alrededor de su cadera y se mueven para encontrar las suyas.

-Hey, tranquila,- su voz suena ahogada, susurrando en mi oído- no quiero hacerte daño.

Sus palabras cobran sentido cuando en un segundo, su dureza encuentra la barrera física que me convertía en una mujer virgen y de un solo empujón la atraviesa.

El dolor es agudo y durante un segundo siento un pitido en mis oídos. Siento como su espalda se contrae bajo mis manos y como su frente se humedece por el sudor cuando se esfuerza por mantenerse quieto, permitiendo que mi cuerpo se acostumbre a él. El reloj corre y Peeta se inclina hacia mi, besando mi boca y luego mi frente.

-¿Estás bien?- lo miró y me toma un segundo responder, con mis caderas alzándose, buscando un mayor contacto con las suyas. Asiento y tomó sus labios y beso su boca con calma, preparándome para el suave vaivén que inicia al mover sus caderas.

POV Peeta

Es lento, pausado y sumamente placentero. Es como un vórtice que me absorbe con cada embestida que doy en su cuerpo. Es casi como un dolor, pero es un dolor bueno, que se extiende a través de mi miembro y me incita a empujar más rápido. Mi mano busca por inercia la de Katniss y entrelazo nuestros dedos, mientras con su otra mano clava las uñas en mi espalda. Sus gemidos y mis gruñidos llenan de a poco la habitación, y cuando siento que me destruiré por completo, Katniss se aferra a mi, y siento una oleada de placer que me recorre desde el nacimiento de mi pelo hasta la punta de mis pies.

Sus ojos plateados se encuentran firmemente cerrados mientras entró y salgó de ella, mientras siento como sus paredes de a poco me van apretando con más fuerza. Cuanto placer puede darme esta mujer sin quemarme. Recuerdo cuando le dije que no la obligaría a sentir, y que prefería quemarme a no sentir nada jamás. Ahora entiendo cuanta verdad tenían aquellas palabras. Su fuego es capaz de absorberme, de fundirme y volverme uno con ella. Cuando siento que ambos llegaremos, suelto sus caderas y tomo sus manos que se encuentran clavadas en mi espalda y la miró.

-Abre los ojos- mi voz suena a una súplica y cuando abre los ojos y se encuentran con los míos, veo un sinfín de emociones que no soy capaz de explicar. Y son sus ojos lo que lanzan al vacío, y en medio de un gruñido me dejo ir dentro de ella. Katniss gime y sus manos sueltan las mías y se aferra a mi cuerpo como s la vida se le fuera en ello. Es un grito completamente placentero y sé que llegamos al orgasmo, juntos.

En cualquier momento me desplomaré. Con un movimiento algo rápido, me dejó caer a su lado en la cama y cierro los ojos, disfrutando los últimos segundo del orgasmo presente en mi.

Siento como Katniss se gira en la cama y pasa sus dedos por mi frente, ordenando mis cabellos. Tiene esa manía de hacerlo. Mi respiración y la suya aún son erráticas, pero abro los ojos y con una sonrisa de medio lado la atraigo hasta mí. Sus brazos se cierran en torno a mi pecho mientras los míos entorno a su cintura. Descansa la cabeza en mi pecho, justo a la altura del corazón.

Expiró y de a poco siento como Katniss se relaja entre mis brazos y de a poco se va quedando dormida. Y yo no puedo evitar ir por el mismo camino. Cansado, cierro los ojos y recargó mi mentón en la cabeza de Katniss.

Y recuerdo una imagen algo borrosa, en donde creo haber visto el paraíso entre sus brazos.

=o=

Y eso fue todo, dejen sus reviews a esta escritora que sólo escribe por ustedes

PD: Son unas pervertidas, todas querían contribuir con comentarios para ver a Peeta desnudo 7u7

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