Hola, ando en mi racha creativa así que les dejó un nuevo capítulo. Gracias a las hermosas 5 personas que cometaron el capítulo anterior 1313. Y a las que van agregando a favoritos y a seguidores. Gracias, ustedes dan el coraje para seguir con esta locura. Les digo algo? Ya escribí el último capítulo del fic, falta casi todo En Llamas y Sinsajo pero ya hice el último. Espero que les guste en su momento :3 Bueno, les dejó el capítulo, nos leemos abajo.

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POV Katniss

Es de mañana, deben ser cerca de las 10. Mi cuerpo se siente cansado, casi como si hubiese corrido una maratón el día anterior. Se siente como el peor o mejor día de caza con Gale. Tal vez eso haya sido. Presas demasiado grandes, caminos demasiado largos. Pero reparo en algo que antes no había sentido, o que en realidad no había escuchado. Es algo constante, tranquilo, es el latir de un corazón. Y yo puedo recordar y memorizar este latido mejor que el mío.

Peeta

Abro un ojo primero, y luego el otro para volver a cerrarlos al sentir la luz llegar directo a la cama. Justo en mis ojos. Mascullo algo que ni siquiera yo entiendo y oculto la cabeza en el hueco que queda entre el hombro de Peeta y su cuello níveo. Su respiración es pausada, tranquila. Con cuidado alzo la cabeza y miro al joven que descansa a mi lado.

Su cabello rubio esta desordenado, cayendo por su frente dorada. Sus ojos están cerrados y las mejillas las tiene algo más rosadas que de costumbre. Las largas pestañas rubias invisibles dejan sobras sobre sus pómulos. Me deslizo con cuidado, evitando que los fuertes brazos de Peeta me suelten. Quedo a sólo unos centímetros de su rostro y sus labios delgados. Y tengo unas ganas de besarlo como hace sólo unas horas.

Me sonrojo hasta niveles insospechados, y agradezco el que Peeta aún duerma. Anoche. Anoche no era yo, era una versión distinta de mí, de lo que sentía y quería hacer. Pero me gusto. Me gusto sentir los labios de Peeta en mi piel, sus gruñidos, su espalda bajo mis manos. Me sonrojo otra vez y siento una ligera incomodidad entre las piernas, tal vez todo me iba a pasar la factura.

Alcanzo uno de sus mechones rubios y lo acomodo por su frente, ahí donde la luz del sol no ha llegado a su piel dorada. Deslizo mis dedos a través del puente de su nariz fina, bajando por sus mejillas tersas, su mandíbula cuadrada que se encuentra libre de vello facial y vuelvo a subir hasta llegar a sus labios.

-No te detengas, eso se siente bien- su voz aún suena adormilada y me siento pillada cuando abre sus ojos azules y los clava en los míos. La sonrisa que se forma en su rostro se extiende hasta sus ojos y yo sólo bufo y giro el rostro para que no vea el rubor que nace de a poco en mis mejillas.- Buenos días mi amor- y mis defensas se destruyen otra vez, al igual que ayer. Jamás me había sentido tan indefensa en un sólo día. Pero Peeta lo lograba tan sólo con una oración.

-Buenos días- Peeta sonríe y lanza un bostezo al cielo, mientras sus brazos se alzan sobre su cabeza. Cierra los ojos y con una mano me atrae más a él, pegando mi cuerpo desnudo al suyo.

-¿Cómo amaneciste? ¿No te duele nada?- aparte del cansancio, y el dolor en mi parte baja, me siento de maravilla, mejor de lo que me he sentido en muchos meses.

-Descuida estoy bien, fuiste cuidadoso- me sonrojo y Peeta lo nota. Sus mejillas también se encuentran rosadas y baja la mirada hasta posarla en la mía. Su mano baja por mi brazo y termina en mis dedos, luego sube otra vez hasta posarla en mi hombro. Suspiro levemente y mi Chico del Pan sonríe. Baja un poco su cuerpo hasta dejarlo a la misma altura del mío, quedando frente a frente en la cama.

-Anoche fue una de los mejores noches de mi vida junto a ti.- Sonrío y paso mis dedos por sus mechones rubios, y Peeta me abraza a su cuerpo, quedando pegados otra vez.

-¿Junto a mí?- Peeta ríe y mete su cabeza entre mi hombro y mi cuello y la deja ahí, recargada mientras yo paso mi mano por su cabello.

-Pues tengo una lista y cada noche que paso junto a ti esta en ella- mi chico del pan debe de ser uno de los mejores poetas románticos que tiene Panem. - Te quedaste callada, ¿Crees que soy raro, cierto? Dios, esto es raro, olvida lo que dije hace un momento- río y Peeta levanta la cabeza y me mira hasta que se une a mi risa.

-Si, fue raro, pero lindo- mi Chico del Pan se gira por la cama y queda sobre mí, con sólo una sábana cubriendo su hombría. Deslizo mi mirada desde su ombligo hasta sus ojos y Peeta ríe aún más fuerte que antes.

-¿Cómo es posible que sigas sonrojándote cada vez más, Kat?- Enarco una ceja y bufo mientras que Peeta apoya sus brazos a cada lado de mi cabeza y besa mi cuello causándome cosquillas. Me río y Peeta se queda sobre mi pecho desnudo, justo sobre mi corazón.

-No es cierto, ¿y qué es eso de Kat?-

-Diminutivo amor, ahora… antes de que las agarres contra mí por usar un apodo cariñoso contigo, ¿quieres desayuno?- y cómo mi cuerpo me traiciona últimamente, mi estomago gruñe como respuesta.

-Suena genial "cielo"- remarcó el "apodo cariñoso" que no pienso usar de nuevo y mi ahora esposo se pone de pie con una sonrisa traviesa en su rostro. La sábana se desliza por las caderas de Peeta dejándolo desnudo frente a mi. Mi Chico del Pan se parte de la risa cuando ve mi rubor y yo sólo atino a lanzarle una almohada que esquiva con facilidad. Se acerca hasta su armario y saca unos pantalones de algodón de color negro y unos bóxer del mismo color y se lo coloca con tranquilidad.

-Llamaré para que nos traigan el desayuno, ¿Por qué no te sacas algo de mi armario mientras me lavó los dientes?- asiento y luego de lazarme una sonrisa, Peeta se mete en el baño de su habitación. Me puse de pie con la sábana blanca aún alrededor de mi cuerpo. Afirmé el agarre en torno a ella y me acerqué hasta el armario de roble de su habitación. Tenía unas cuentas camisetas en él y camisas pulcramente planchadas colgadas. Pantalones de vestir, de algodón, unos jeans más al fondo y dos chaquetas de tela. Una sudadera olvidada atrás. Tomé mi ropa interior del piso y me coloqué mis bragas y una camiseta de color gris de Peeta.

Caminé hacia el baño, era más que seguro que estaba hecha un desastre. Peeta estaba con un cepillo de color azul en su mano, cepillándose los dientes, y con la otra, se estaba arreglando el cabello rubio, que estaba más corto de lo usual, pero haciendo que se viera igual de guapo que de costumbre. Cuando me vio por el espejo, se atragantó con la pasta de dientes y la escupió dramáticamente sobre el lavabo. Enarcó una ceja y se giró hasta encararme.

-Vas a matar a la persona que llegué con el desayuno- tomé un cepillo de dientes que estaba sobre el lavabo y coloqué dentífrico sobre las cerdas. Peeta me tomó de la cintura y se colocó tras de mi, frente al espejo. Recargó su cabeza sobre mi hombro, agachándose un poco para tener mejor acceso a él. –Fuera de eso, te ves jodidamente sexy- reí por su piropo y cepillé mis dientes mientras él nos veía en el reflejo.

-¿Jodidamente sexy?- Peeta enarcó una ceja, al no entender que quería decirle, así que escupí el dentífrico sobre el lavabo y volví a hablar. Cuando entendió me giró sobre mi misma y me dio un beso en la frente.

Y ahí iba otro sonrojo mañanero

POV Peeta

Sonrojar a Katniss probablemente era uno de mis nuevos pasatiempos favoritos. Se encontraba con el cabello mojado, con un suave vestido de color azul cielo y unos zapatos a juego. Cinna estaba terminando de maquillarla, y de echarle unas cremas para mantener su cabello con forma luego de que se secara. Y aquí estaba yo, haciéndola sonrojar al decir que se veía hermosa de color azul. Me lo reprochó y luego hizo un infantil puchero que borré cuando besé su ceño fruncido. Katniss volvió a sonrojarse y yo me reí para mis adentros. Cómo amaba a esta mujer. Me senté a su lado mientras esperábamos a Effie, que había ido a buscar unos avox que llevaran nuestras maletas hasta el auto, para irnos a la estación y luego al Distrito 4.

Podía decir que me encontraba emocionado, sería una semana que aprovecharía al máximo para estar con la mujer que amo, para mimarla, acariciarla y hacerle el amor las veces necesarias o hasta que quedáramos agotados y sin poder movernos. Entrelazo sus dedos con los míos y beso el dorso de su mano ante la atenta mirada de nuestro mentor que esta sentado frente nuestro, con un vaso de licor en su mano. Hace un gesto de asco cuando por inercia Katniss se pega a mí, mientras toma un libro y lo ojea con rapidez, y yo río al ver la mueca de nuestro mentor, casi como si hubiera comido un limón agrio.

-¿Por qué pones esa cara Haymitch?- Katniss regresa su atención hasta nosotros y deja el libro sobre la mesa, soltando mi mano en el proceso.

-Tú y preciosa dan asco, superan mi límite de cosas adorables y estarán liberando miel estos días. Gracias a Dios, no seré yo quien los aguante- frunzo el ceño, ya que pensaba que Haymitch iría con nosotros, pero al parecer eso no será así.

-Si no eres tú, ¿Quién será?- nuestro mentor no puede ocultar su disconformidad y toma otro sorbo de su vaso casi vacío.

- Finnick Odair - recuerdo a Finnick. Es el vencedor más joven en la historia de los Juegos del Hambre. Ganó cuando tenía 14 años, así que ahora debía estar por los 23, 24 años. Y era lo que toda chica quería. Finnick era uno de los vencedores más queridos del Capitolio, y a pesar de haber ganado hace años, seguía siendo el favorito del público.

-Fantástico- y el disgusto de la voz de Katniss no se puede ocultar. Sé cuanto le molesta estar rodeada de desconocidos. Desconocidos que lo único que quieren ver es el teatro de los trágicos amantes. Haymitch ríe y el ascensor de nuestra planta se detiene. A los pocos segundos se abre dejando ver a Effie con una peluca de color verde fosforecente y un traje a juego.

-Ya es hora, dense prisa, el tren parte en 15 minutos- los tres nos ponemos de pie y yo tomo la mano de Katniss entre la mía al caminar hacia el ascensor. Haymitch tiene una bolsa y con gesto despreocupado, me la entrega cuando vamos descendiendo.

-¿Qué es esto?- dentro de la bolsa de papel de color blanco hay una caja de color azul marino con letras que no alcanzo a distinguir. Haymitch ríe estridentemente y Katniss me arrebata la bolsa de las manos.

-Es para que no tengamos a mini preciosas o mini chicos corriendo por la Aldea antes de tiempo- enarcó una ceja y mi cerebro termina de procesar la información.

Preservativos

Katniss hace el mismo razonamiento que yo, ya que enrojece a niveles extremos y suelta la bolsa con enfado en el piso del elevador. Apenas llegamos al piso 1, Katniss sale disparada de él, completamente furiosa con nuestro mentor. Corró tras de ella antes de que salga del edificio y la tomo por la cintura, aferrándola a mi cuerpo. Katniss se retuerce en mis brazos hasta que se da cuenta que no la soltaré y se da por vencida, dándose vuelta para enfrentarme.

-Es un metiche- sonrió ya que no esta tan enfadada como yo pensé. Esta avergonzada. La pegó a mi cuerpo y ella descansa sus manos en mis bisceps.

-Tranquila, apenas lleguemos al distrito 4 no podrá seguir molestando. Recomiendo quedarnos en nuestro cuarto lo que resta de día hasta llegar allí e ignorar a Haymitch- Katniss emboza una ligera sonrisa y yo beso su ceño fruncido. - Descuida, no te volverá a molestar si demuestras que no te afectan sus comentarios sobre nuestra vida sexual- mi esposa se enfada y me da un zape en la nuca y yo me quejo.- Auch-

-¿Cómo lo dices tan a la ligera?- enarcó una ceja y miro sobre el hombro de Katniss, para ver a Effie entrar en fase colapso al ver cuanto nos demoramos.

-Soy menos aprensivo que tú Kat- frunce el ceño pero se deja besar en cuanto mis labios cubren los suyos. La suelto ligeramente y oigo como se queja. Sonrío y entrelazo nuestros dedos para subirnos a la limusina, aún con la bolsa en mis manos.

-O-

El viaje al distrito cuatro es tal cual le había comentado a Katniss. Apenas nos despedimos de los paparazzi, nos metemos en su habitación, la cual ha sido preparada para ambos. Parece ser que estar casados significa dormir siempre juntos y eso la gente del Capitolio lo comprende a la perfección. Katniss se deja caer sobre la cama con los brazos abiertos y los ojos cerrados. Sus tacos caen al piso y su vestido se sube hasta medio muslo logrando que mis hormonas se alboroten más de la cuenta.

Agito la cabeza y me concentro en el pasar de los árboles antes que en la mujer que descansa sobre la cama. Me quito la corbata que parece estar apretando mi cuello algo más de la cuenta y miro hacia afuera. Estamos en pleno invierno aún, a punto de acabar el mes de enero. Así que no es probable que disfrutemos del hermoso clima que se puede ver por la televisión. Cuando vinimos la última vez hace un mes atrás, había una fuerte neblina costera que provocó que el mar casi no de viese nada. Pese a eso, Effie y Portia me han dicho que por la información meteorológica que tienen, esta semana y la próxima, el distrito 4 contará con un excelente clima y por lo tanto de la playa. Katniss sabe nadar por lo que me contó en una de nuestras excursiones al lago. Prometió enseñarme cuando el clima fuese mejor así que le cobraré la palabra.

Como por invocación, Katniss abre los ojos y me mira desde la cama. Le sonrió y me acercó hasta ella hasta quedar yo al lado de la cama y ella mirándome con esos ojos grises que amo. Me acuclillo a su lado y toco su cabello y ella deja de tener el ceño fruncido.

-Entonces Kat, ¿Te quieres duchar conmigo?- Katniss se sonroja y me golpea con un cojín en la cabeza. Me río y se lo lanzo de vuelta- Tomaré eso como un no-

-Esta demás decir que estás en lo correcto Peet- sonrió ante el apodo. Estuvo cerca de media hora en la mañana buscando un apodo cariñoso que no fuera lo suficientemente cursi para ella y terminó por quitarle la ultima letra a mi nombre. No me molestaba, al contrario, amaba que saliera de sus labios. Algunas veces mis hermanos me decían así. Ahora con menos frecuencia que antes pero seguía gustándome y más si era Katniss quien lo decía.

-De acuerdo, entonces me cambiaré de ropa solamente. No quiero llegar de traje.- me quité la chaqueta de color gris que andaba trayendo y luego quité mi camisa, dejando mi torso al descubierto. Estaba temperado en el vagón así que no había una gran necesidad para que me colocará ropa, pero Katniss parecía pensar lo contrario. Se puso de pie mientras yo me sentaba en nuestra cama y me quitaba los zapatos de color negro. Salió por la puerta, dejándola abierta, aún con los pies descalzos.

A los pocos segundos volvió Katniss con una camiseta de color blanco, una musculosa, y trajo una sudadera de color azul eléctrico, y me las arrojó con las mejillas sonrojadas. Me reí internamente y mi esposa se volvió a retirar de la habitación.

Me coloqué la camiseta y luego la sudadera justo cuando ella volvía con unos pantalones de color caqui cortos a la rodilla. Tomé algo de valor y me acerqué a ella con precaución. Aún estaba algo tensa por culpa de Haymitch y la bolsa que ahora descansaba en una de mis maletas.

La agarré por los hombros y la pegé a mi cuerpo, besando su mejilla en el proceso.

-Gracias, que atenta- lo último salió con algo más de sárcasmo del que quería decir y mi Chica en Llamas frunció el ceño. - Es en serio, preciosa, gracias- aligeró algo su expresión y paso sus manos por mi cuello y luego por mi nuca.

-De nada- enredó sus dedos en mi cabello de una manera tan familiar que me cortó la respiración y ella lo notó, pero no dijo nada al respecto. Coloqué mi boca sobre su frente ya que sin tacos quedaba más bajita que yo, casi por una cabeza. Yo no era especialmente alto, pero Katniss era bajita. Era perfecto estar así. - Entonces, ¿Qué es lo que haremos estando en el cuatro?- Portia me había dicho todas las cosas que podríamos hacer estando allí, las cuales no eran muchas ya que no teníamos permitido recorrer el distrito en su totalidad.

Estaríamos hospedados en una de las casas de la Aldea de los Vencedores del distrito cuatro, las cuales estaban a la orilla de la playa. Ahí podríamos disfrutar del puerto, de la playa, de cenas preparadas a partir de productos del mar y cosas de ese estilo. Gracias a que varios Vencedores vivían allí, podríamos practicar algo que ellos hacían de vez en cuando llamado surf, él cual era un deporte que se practicaba en el agua. Portia, por alguna razón había incluido tintes y cosas de ese estilo entre mis cosas, al igual que cuadernos y lápices de dibujo. Una cámara digital y bastantes bermudas para nadar.

Según Portia, podía dedicarme a trabajar con arena, ya que era sumamente moldeable y podría teñirla para hacer esculturas. Yo no me creía de tanta paciencia, menos con el mar delante mío y Katniss a un lado. Obviamente no le dije tal cosa, pero estaba seguro que mi estilista lo pensaba así también.

-Nadar, surfear, pasar tiempo juntos, comer- al parecer todas le parecían buenas ideas ya que no protesto cuando se lo plantee. Con cada una de ellas, iba acercando mi boca a la suya, la cual sonrió al notar mi movimiento. Terminé por cerrar la distancia entre ambos con un beso. Y parecía ser que ahora todos los besos que compartíamos juntos eran especiales. Ahora que sabía que Katniss sentía algo especial por mí, todos sus besos me sabían a maná. Tomé su rostro entre mis manos y ella enredó sus dedos en mi nuca. Sentía que las distancias eran demasiado para nosotros, necesitaba sentirla cerca, lo más cerca de mi. Abrazarla fuertemente y jamás dejarla ir, y eso fue lo que hice. Pasé mis brazos por su cintura y la acerqué más a mí, tanto que no distingía dónde empezaba su cuerpo y terminaba el mío. Katniss abrió su boca y aproveché para que nuestras lenguas se juntaran otra vez. Delineé su boca, acaricié sus labios. Y Katniss hizo lo mismo conmigo. Sentí como sus dientes apretaban mi labio en un gesto que ella hacia siempre con los suyos. Y me encantó. Estaba por tomarla ahí mismo, en esa cama que me invitaba a hacerla mía otra vez.

Cuando la puerta de nuestra habitación se abrió de golpe, bueno, más abierta de lo que estaba, Katniss y yo nos separamos abruptamente, golpeándonos en el proceso. Haymitch estaba en la puerta con un gesto de burla que al parecer nos cabreaba a ambos.

-Definitivamente eso es lo menos romántico que he visto en mi vida.- Katniss frunció el ceño y caminó descalza hasta la puerta, con el claro objetivo de cerrarla en sus narices. Haymitch conociendo ya a Katniss, entró y se sentó en nuestra cama, bebiendo de un vaso lo que parecía ser vodka negro.

-No sé si entendiste la indirecta pero eso era un véte- nuestro mentor se carcajeó y luego de eso, bufó al ver como Katniss de cruzaba de brazos y cerraba la puerta. Haymitch se puso serio y eso no fue un buen augurio para nosotros. Me acerqué hasta él y lo miré con una ceja enarcada.

-¿No funcionó?- era un pensamiento que había tenido esta mañana, y esperaba que me hubiera equivocado. Sabía que podría no haber funcionado, que nuestra manera de calmar a los distritos tal vez no fuera la mejor, pero ambos esperábamos que diera resultado.

Haymitch pareció algo tenso en cuanto escuchó mi pregunta y luego, se puso de pie, dejando el vaso sobre la mesita de noche.

-Aún no lo podemos saber con exactitud, pero les llegara un regalo a su casa en la Aldea de los Vencedores.- nuestro mentor se paseó por la habitación y fijo su mirada en Katniss.- Hoy llegó una carta de disculpa del presidente Snow, disculpándose por su inasistencia a la boda, pero que enviría un regalo para ambos al distrito doce- me puse tenso. ¿Un regalo? Para él hasta una bomba que volara la Aldea de los Vencedores era buen regalo.

Me giré hacia Katniss, quien se abrazaba a sí misma, con los ojos brillosos y la mirada perdida. Me acerqué a ella en dos zancadas y la acuné entre mis brazos y la atrajé hacia mí. Apretó su rostro contra mi pecho y se mantuvo allí.

-Pese a eso- continuó Haymitch al notar el nerviosismo de Katniss- deben relajarse estos días. No habrá cámaras en el distrito 4, sólo ustedes y los Vencedores.- Haymitch me miró significativamente y supe que luego tendría una charla con él, algo que nos involucraba a mí y a Katniss, pero que no podría saber ella. - Cuando lleguen al distrito veremos cómo se ha tomado su matrimonio en los distritos y qué haremos en caso de que, ya saben, no haya funcionado- Katniss salió de mi pecho y asintió a Haymitch.

Nuestro mentor tomó su vaso y con aire capitolino, típico de Effie, nos avisó que el almuerzo estaba listo. Ambos asentimos y cerró la puerta cuando salió.

-¿Estás bien?- Katniss me miró y luego asintió. Pasé mis brazos por su cintura y la levanté en vuelo, obligándola a que pasara sus brazos por mi cuello.

-Peeta- su cabeza quedaba a la misma altura que la mía, mieentras se aferraba a mí mientras caminaba con ella entre mis brazos.

-Descuida, saldremos de esta, o por lo menos, estaremos juntos en esto- Katniss me miró distinto. Casi cómo si intentara creer en cada una de mis palabras. Asintió con algo de torpeza, y la besé despacio, respirando el momento. La mantuve en el aire y luego tomé sus piernas, logrando que las enredara en mi cintura, haciendo que nuestros sexos se rozaran. Katniss gimió en mi boca y aproveché a meter mi lengua, delineando sus labios.

Las piernas de Katniss me abrazaban con fuerza y sentía una corriente eléctrica que me recorría por completo y se quedaba en mi vientre y en mi entrepierna. Gruñi cuando sentí los labios de Katniss alrededor de mi cuello, justo donde mi pulso desenfrenado se hacia presente.

-Ah, Kat- mi cabello rubio estaba bastante despeinado. Tomé las caderas de Katniss, y la empotré contra la pared del vagón y besé su cuello desnudo, y tomé su nuca, profundizando en sus labios, en su boca que me sabía a gloria.

-Peeta, cariño, esta servida la comida- Portia. Katniss me miró cuando soltó mi boca y sonrió. Sus manos fueron a mi cabello y lo ordenó como de costumbre. Tomé sus piernas y las coloqué de regreso en el suelo, mientras arreglaba su cabello. Suspiré en su cuello y mi castaña favorita rió.

-No te salvarás de esta Preciosa- Katniss tomó mi cuello y me atrajo hasta ella. Amaba esos arrebatos de Katniss, cuando lograba que me sintiera especial para ella.

-No busco salvarme-

-O-

Estaba caliente, aunque yo culpaba al clima y no a mis hormonas. Eran las 7 y algo de la tarde y en el distrito 4 había un sol radiante y un calor abrasador. Bueno, no tan abrasador, pero yo lo sentía como si fueran 40 grados de temperatura. Tenía el cuello empapado de sudor, al igual que mi frente, y tenía la camiseta pegada por culpa del calor. Me había puesto los pantalones cortos que Katniss me había dado pero seguía sintiendo mucho calor.

Y todo era por culpa del tren y la falla en el sistema de aire acondicionado. Estábamos por llegar ya. El tren iba a entrar a la estación en menos de media hora pero no aguantaría tanto calor y menos con Katniss así. Entre ella y Cinna se empecinaban en sorprenderme. Su vestido había sido reemplazado por uno semi transparente de color blanco que me dejaba ver su traje de baño de color blanco también, con detalles en negro.

Estaba tendida en la cama, con el cabello trenzado y un poco de brillo de labios que pedía a gritos ser sacado de la mejor manera que podía haber y era a besos.

-Me estás provocando Katniss Everdeen- "Everdeen" porque según ella era anticuado cambiarse el apellido por el mío, aunque ante la justicia y todo eso, era una Mellark. Lo cual era estupendo para mí.

Katniss se giró por la cama, logrando que el vestido se subiera hasta su cadera, dejando sus piernas torneadas y bronceadas a la vista. Se me hizo agua la boca y quise por una vez que mi lado adolescente desenfrenado tomara el control de la situación. Pasé mi lengua por mis labios y Katniss sonrió. Me puse de pie del sillón en el que estaba y me senté en la cama. Mi hermosa Chica en Llamas gateó hasta mí y se sentó en mi regazo, dejando sus piernas a cada lado de mis caderas.

-Yo no hago nada- tomé su nuca y no la dejé terminar. La besé, pegándola a mi cuerpo caliente, deseando que sintiera el mismo calor abrasador que yo. Deslizó sus manos por mi cuello y luego por mi cabello. Se separó cuando un movimiento nos descolocó. -Ya llegamos- asentí de mala gana. Lo único que quería hacer era besarla hasta que no me quedaran labios y parecía ser que todos querían evitarlo. -Peeta no seas berrinchudo - besó mi frente y luego mi ceño fruncido.

-No, además todo parece interrumpirnos- Kat sonrió y me dio un piquito rápido, justo antes de que Cinna hiciera acto de presencia en la habitación.

- Chicos, ya llegamos, es la hora de las cámaras- ambos nos pusimos de pie, entrelacé mis dedos con los de Katniss, agarre mi sudadera azul y salimos al pasillo. Ahí estaba Effie, Haymitch y Portia, y la puerta que daba hacia afuera ya estaba lista.

-¿Esta noche?- Katniss apretó mis dedos y asintió para luego besar la comisura de mis labios, antes de que las cámaras aparecieran sobre nosotros.

Apenas pisamos el suelo de la estación, una lluvia de flash nos iluminó. Agarré la cintura de Katniss atrayéndola hacia mí. Pasamos a través de la estación, seguidos de los camarógrafos y los reporteros. La mayoría nos preguntaba si nos gustó la recepción, y la ceremonia civil. Asentíamos, nos reíamos y nos grababan. Cuando estabamos por salir ya, en un auto del distrito, Haymitch se nos acercó. Esto era raro ya que no se despedía de nosotros con regularidad.

Se acercó a Katniss y le dio un par de palmadas en el hombro, diciéndole algo al oído. Katniss se puso tensa y asintió, para luego mostrar una de sus sonrisas fingidas. Luego le preguntaría cual era el problema.

Cuando se acercó a mí, me dio un abrazo e intentó ocultar su boca tras mi hombro.

-Mantente alerta, y pregúntale a Finnick cómo esta el clima en el distrito trece- ¿Distrito 13? ¿De qué esta hablando?

Me alejé de él y le di dos palmadas en la espalda, para luego tomar la mano de Katniss y pegarla a mí otra vez.

Tendría que saber de qué distrito 13 me estaba hablando Haymitch.

-O-

La casa en la que se hospedarían era gigante, muy parecida a la que tenían en el distrito. Estaba adornada con conchas de mar, con redes y todo en tonos azules. Por dentro era muy parecida a nuestras casas. La sala y la cocina estaban en el mismo sitio que la mía y la de Katniss, así que probablemente todo sería igual. Katniss pasó su vista por los muebles, por la alfombra y luego se dejo caer en un sillon cerca de la chimenea.

-Es lo mismo que en el distrito, pudimos habernos quedado allí- cruzo sus brazos sobre su pecho, mostrando su gesto de abatimiento. Me acerque hasta ella, mientras los funcionarios del Capitolio se encargaban de dejar nuestras maletas en el segundo piso.

-Descuida, todo estara bien- la abrace contra mi, pegandola a mi cuerpo. Katniss asintio y se separo cuando escucho abrirse la puerta principal de la casa.

Por ella entró el vencedor de los 65 Juegos del Hambre.

Finnick Odair

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Personalmente me gusto escribir este capítulo :3 Me gusta su relación y algo me dice que me odiaran cuando pues, ejem, decida separarlos y cosas asi :D Es para darle drama...

Buena noticia c: Tengo listo el siguiente capítulo, así que si llegamos a los 40 comentarios lo subo apenas se completen los 5 reviews que faltan ^^ Creo que faltan esos (?

Bueno, eso, ponganse las pilas, que yo me las puse este viernes, a las 1 de la mañana en Chile :D

Besos, para ustedes :D