Hola mundoo! Me di cuenta recién hoy que el domingo llegamos a los 40 comentarios *-* Gracias, me hacen feliz c: Así que lo prometido es deuda, y acá les tengo este capítulo que es más un entremedio caliente que otra cosa, por eso no le di tanta participación a los del distrito 4, más que nada por lo mismo, y porque cuesta un mundo hacerlo ya que en el libro Katniss es media yo-yo y nos cuesta saber de los personajes que no soy ella o Peeta :c

Fuera de eso, espero que les guste este capitulo... Eso, a leer

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Finnick Odair, probablemente era una de las personas con la cual más me había equivocado. La había juzgado mal.

Entró por la puerta, con un andar pausado y hasta aburrido. Media cerca del metro ochenta. Me sacaba una cabeza de altura probablemente. Traía su cabello cobrizo algo desordenado y sus ojos de un color verdoso fue lo que más me llamó la atención del Vencedor más joven de los Juegos del Hambre.

Andaba con una camisa blanca con los primeros botones desabrochados, un pantalón caqui parecida a los míos y unas sandalias masculinas de amarras. En su mano traía pequeños cubitos de azúcar, y en su boca traía más. Cuando nos vio a mí y a Katniss pegados en abrazo enarcó una ceja y mostró una sonrisa escéptica. Por acto reflejo, Katniss se acercó más a mí y pasó un brazo por mi cadera y acomodó su mano sobre el borde mi cinturón.

-Hola, chicos – su sonrisa era algo presumida, pero pese a eso, no me desagradó aunque no sabía si Katniss pensaba lo mismo que yo - ¿Quieren un azucarillo? – enarqué una ceja y negué mientras Katniss hacia lo mismo que yo.

-No, gracias, Ahhm, ¿Tu eres Finnick Odair? – sonaba ridícula mi pregunta ya que lo había visto cuando habíamos venido al distrito, aunque sólo de lejos. Haymitch decía que era porque Snow no quería que nos acercáramos a los Vencedores por miedo a una revolución. Finnick asintió y me ofreció su mano, la cual estreché con algo de fuerza.

-Ese mismo, ahora, yo seré su guía aquí por el distrito junto a otro Vencedor.- Finnick no pudo evitar mostrar un gesto de intriga cuando nos vio y luego cambió de expresión cuando habló de su compañero – Vencedora a decir verdad. – Katniss asintió y pasó una mano por sus cabellos en un gesto de nerviosismo que se estaba haciendo frecuente desde que Finnick entró en la habitación. – Así que, dejen sus cosas arriba y prepárense que irán a comer a mi hermosa casa, en una cena hecha por mí – lo último lo dijo con una pisca de galantería que Katniss ignoró.

Finnick nos sonrió y luego de echar un vistazo a la casa, se fue hasta el vestíbulo en donde se cruzó de brazos, se echó un azucarillo a la boca y esperó.

Sonreí cuando el vencedor se retiro y Katniss frunció el ceño algo molesta.

-¿Qué pasa, Preciosa? – sabía que era lo que le pasaba pero quería estar seguro ante todo, Katniss se soltó de mi abrazo, miró hacia el vestíbulo y luego refugió su cabeza en mi hombro.

-No me gusta estar rodeada por extraños, no sé como comportarme – asentí y besé su coronilla para después acercar su boca a la mía. Katniss cerró los ojos y yo cerré la distancia entre nuestros labios. Sabía que había gente esperándonos pero realmente necesitaba un beso que calmara sus nervios y los míos.

-Descuida, estamos en esto juntos – Katniss se separó con los ojos cerrados y suspiró casi con cansancio. Asintió y le di un beso de piquito para después tomar su mano entre las mías. Agarré mi sudadera y la coloqué sobre sus hombros y salimos hasta el vestíbulo donde Finnick Odair nos esperaba.

POV Katniss

Mi corazón latía desenfrenadamente en mi pecho y yo no era capaz de pararlo. Me sentía absolutamente nerviosa. Sentía que muchas emociones estaban dentro de mí y no sabía cual de ella era la que predominaba en mí. Si era el amor que sentía por Peeta, o era el miedo por Snow, o la incertidumbre al no saber si todo lo de la boda había funcionado.

Mis piernas eran casi gelatina, sentía que en cualquier momento me iría de bruces contra el suelo y no lo podría evitar. Jamás me había sentido tan aterrada por algo que no sabía si iba a pasar o no. Salvo tal vez cuando me vi frente a la primera cosecha de Prim.

Solté un suspiro mientras caminábamos por el borde la playa, camino hasta la casa de Finnick Odair. Ahí conoceríamos a la Vencedora que sería nuestra otra guía y que se encargaría de mañana levantarnos y llevarnos a la playa en donde le prometí a Peeta enseñarle a nadar.

Cuando mi Chico del Pan me vio suspirar, asintió a algo que Finnick le decía y me dio un apretón con su mano entrelazada a la mía. Lo miré por el rabillo del ojo y vi una sonrisa que hizo a mi corazón frenarse y calmarse. Dimos la vuelta en la última casa del sector de su Aldea de los Vencedores y entramos a una casa que estaba pintada de color azul mar por fuera. Con suaves toques de blanco que hacía parecer espuma.

-Bien, esta no es mi casa pero me la pasó metido aquí así que viene siendo casi lo mismo – Peeta sonrió por el cometario de Finnick y le comentó algo sobre nuestras casas en la Aldea del distrito 12. No escuche ni siquiera la mitad de la explicación y me reprendí mentalmente. Se suponía que tenía que actuar con felicidad. Estaba casada con el hombre al que amaba y no podía hacer más que pensar en lo que pasaría al llegar al distrito 12. Esa semana se veía tan larga que no sabía que hacer para que el sentimiento de terror se fuera de mí.

Finnick nos hizo un gesto para que ingresáramos a la casa, que estaba decorada con un aire algo antiguo. Parecía la típica casa de Vencedores pero por alguna razón, daba la sensación de ser algo más cálido que el resto. Esta Aldea de los Vencedores debía estar más llena que la nuestra, ya que el distrito 4 era un distrito de profesionales, así que en cualquier momento seriamos acompañados de buenos vecinos asesinos igual que nosotros. Nótese por favor mi sarcasmo.

Cuando pusimos el primer pie en la casa, nos salió a recibir una abuelita. Tendría tal vez unos 70 años o más. Con el cabello blanco de tantas canas que había en él. Sus ojos eran claros, casi como los de Peeta, y se encontraba casi toda desdentada. Su sonrisa pese a eso era una de las más amables que había visto. Se acercó hasta nosotros y le dijo algo a Finnick que no pude lograr entender.

-Si, ellos son Mags, los vencedores del distrito 12 – Finnick señaló a Peeta y luego a mí – él es Peeta y ella es su esposa Katniss – era la primera vez que me presentaban como la esposa de Peeta y una sensación de calor inundo mi pecho y me hizo querer besara mi chico del pan que aceptaba un sonoro beso de la ancianita llamada Mags. Se acercó de la misma manera a mí y repitió el gesto que había hecho con Peeta anteriormente.

Dijo un par de palabras que sinceramente no comprendí en su totalidad, pero que pude descifrar como que nos fuéramos a sentar ya que la mesa estaba servida. Peeta siguió a Finnick hasta el comedor, donde una chica de cabellos castaños cobrizos y ojos azules estaba terminando de colocar los cubiertos en los 5 lugares de la mesa.

Sus facciones eran delicadas y sus movimientos se parecían a los de una gacela. Sumamente finos. Me fijé en Peeta, quien no despegaba su mirada de Finnick y de la chica. Se sonrió a si mismo y luego jaló de mi mano para que nos sentáramos juntos en la pequeña mesa de la casa de Mags.

-Chicos, ella es Annie Cresta – era una vencedora pero no recordaba haberla visto ganar en estos últimos diez años. Tendría la misma edad de Finnick o tal vez uno o dos años menos. Su mirada cristalina se encontraba algo perdida pero parecía ser una persona amable. - Ann–e, ellos son Peeta y Katniss – la castaña sonrió y se acercó a nosotros, para tenderle la mano a Peeta, y luego a mí.

-Es un placer conocerlos – Peeta le sonrió y respondió con cordialidad para luego dar paso a su amabilidad habitual.

-El placer es nuestro Annie – la castaña asintió sonrojada y no pude evitar fruncir el ceño ante esto. Finnick se retiró para ir a ayudar a Mags en la cocina dejándonos a nosotros con Annie.

-No pude asistir a su boda, pero dicen que estuvo fantástica, ¿Cómo lo vivieron? – Era cierto, su mirada se encontraba algo perdida, casi como si en momentos su mente se fuera y luego volviera a retomar el tema de abrupto. Pese a eso, Peeta supo como llevar una conversación amena con ella mientras volvía Finnick y quien por lo que nos había dicho Annie, era su mentora y unas de las primeras vencedoras de los Juegos del Hambre. Hablar sobre ellos era tan traumante para ella como para nosotros, así que nos dedicamos a tener una conversación sobre lo que haríamos estos días y cómo recorreríamos el distrito.

Jamás se menciono la revolución ni tampoco la chispa que se estaba formando en los distritos.

POV Peeta

Sentía el ambiente algo pesado. Tal vez era mi imaginación pero lo sentía así. Sabía que Finnick tenía su mirada azul clavada en mí y en Katniss, y durante toda la cena fue así. Mientras hablamos sobre la boda, mientras hablamos sobre las cosas que podía ofrecernos el Capitolio. Mientras Finnick nos contaba historias sobre Haymitch haciendo el ridículo en Juegos anteriores.

Siempre sentí su mirada penetrar la mía. Y aunque sus ojos eran dignos de pintar, su mirar era pesado y penetrante, tanto que podía apreciar el sentimiento de duda que lo embargaba. No cambió cuando Annie se perdió ante la infinidad de sus pensamientos. No cambió cuando Mags sirvió el postre.

Sabía que a Finnick le carcomía la duda y estaba seguro que era por el mismo tema que me había comentando Haymitch. Pero no estaba seguro si era un tema que pudiese compartir con Katniss.

Amaba a esa chica pero solía cometer errores cuando estaba bajo presión. Y tal vez por lo mismo, Haymitch me comentó sobre lo del distrito 13 cuando estábamos despidiéndonos. Porque no era algo que Katniss debería saber.

Tomé fuertemente la mano de Katniss mientras caminábamos de regreso hasta la casa que usaríamos en el distrito 4. Sabía que ella podía sospechar algo y que tenía que hacer gala de mi don para actuar para que no se notara pero de alguna forma sentía que el nerviosismo de Finnick se debía a la misma causa que el nuestro. A que el Capitolio no se haya creído nuestra boda y las cosas se estén saliendo de control. Estaba asustado. Tenía miedo de perder a Katniss, de ver morir a mis amigos, a mis padres, a mis hermanos. De ver sufrir a la pequeña Prim.

Suspiré un par de veces y pasé mi brazo por el hombro de Katniss. Traía mi sudadera azul, así que por lo visto no parecía tener frío mientras caminábamos por el borde de la playa, con Finnick adelante de nosotros, mostrándonos las casas que ya estaban ocupadas.

-…Y esa de allá es de Oliver, quien ganó la edición 52- embocé una sonrisa ante la mirada de aburrimiento de Katniss, que cambio radicalmente cuando escuchó a Finnick decir que nadaríamos mañana.- No sé si alguno de los dos sepa nadar, pero de todas formas mañana les enseñara el mejor nadador que podría tener Panem, yo. Así que los quiero a ambos despiertos al medio día para comenzar con sus lecciones de natación...- Katniss embozó una leve sonrisa y sentí como se relajaba cuando escuchó a Finnick hablar sobre nadar.

-Pues yo ya sé nadar, al que debes enseñarle aquí es a otro - ¿Escuché bien? ¿Katniss estaba bromeando? La miré por el rabillo del ojo y parecía ser que a Finnick le parecía igual de extraño ya que rio y me codeó cuando noto mi incredulidad.

-Bien, algo me dice que no será fácil – de acuerdo, me sentía atacado. Katniss no rio pero estaba seguro que tenía ganas de hacerlo, así que la apegué a mí y le sonreí para después dar paso a defenderme de sus hirientes palabras si se podía decir así.

-De acuerdo, me siento atacado, esto es ridículo – Finnick rio y luego de darme un golpe amistoso en el hombro se apresuró a despedirse a ambos.

-Bien chicos, lo dejó. Si van a tener sexo por favor usen condón y no griten tan fuerte que tienen vecinos inocentes que duermen a su lado – Katniss mostró una cara digna de recordar y Finnick se fue luego de guiñarle el ojo. Mi chica en llamas estaba realmente en fuego y podía notarlo en sus mejillas rojas y en su ceño fruncido.

-Esto ya es el colmo, ¿Por qué todos se burlan de nuestra vida íntima? – tomé a Katniss de las caderas y la pegué a mi cuerpo, mientras susurraba en su oído. Había aprendido que entre más despacio y calmado le hablará a Katniss, mejor resultaban las cosas.

-Lo hacen para picarte amor. Si no te enfadaras tanto probablemente no dirían nada – Katniss no tomó muy bien mi genial consejo y frunció el ceño mientras entraba a la casa, casi cerrándome la puerta en las narices.

Genial, ahora estaba enfadada conmigo, debí haber seguido su enojo y apoyarla respecto a Finnick y a Haymitch. Pero como últimamente me gustaba más apoyar a los demás que a mi esposa. Bufé exasperado y seguí a Katniss escaleras arriba, dónde entraba de sopetón a la habitación que ambos compartíamos y se sacaba los zapatos con enojo.

-Kat, amor, ¿Quieres calmarte?- y pareciese ser que ignora cada una de mis palabras ya que entra hecha una furia al baño donde se saca las horquillas del cabello y se lo cepilla con fuerza.

- ¿Qué, Peeta? –me grita mientras me da la espalda y se echa agua en el rostro.

-Eres tú Katniss – Dios, no hay otra manera de explicarle esto, probablemente me gané una noche en el sofá o en el suelo pero es necesario.

-¿Soy yo el qué?-

- La razón por la que actúan así Finnick y Haymitch y los demás- Katniss se voltea y pienso que hago un avance hasta que veo que frunce más su ceño y me mira enfadada- Juegan contigo porque eres muy… ya sabes - no se me ocurre ninguna palabra que quiera acudir a mis labios y librarme de esta boba pelea en la que Finnick nos ha metido.

-No, no lo sé-Y aquí voy

-Eres muy inocente Katniss – no parece muy de acuerdo conmigo ya que sale del baño y se dirige a su maleta, de donde saca una polera mía y se va hasta el baño y me cierra, ahora si, la puerta en las narices. – Auch, Katniss –

-¡No lo soy! ¡Me he pasado el último año casi arrancándote la ropa cada vez que aparecía una cámara! – Golpe bajo. Eso era antes de que fuéramos pareja de verdad. Me recargó en la puerta del baño y espero hasta que deje de gritar y le hablo con voz calmada.

-Si, ya sé pero, para el Capitolio eres inocente, pero para mi eres perfecta así Katniss – pienso ilusamente que podré ganar con buenos argumentos, igual que cuando nos enseñaban a debatir en la escuela. – Sólo intentan picarte – y ahí esta la explosión de la bomba.

-¡No, se ríen de mí, igual que tú!- abre la puerta de la habitación, pasa a mi lado, empujando su hombro contra el mío y se sienta en la cama, con las piernas cruzadas sobre ella. Su cabello esta trenzado y esta algo húmedo en las puntas. Mi polera le queda grande, pero me deja ver sus deliciosas piernas al descubierto. Dios, se suponía que estaría ya besándola y acariciándola en ves de discutir.

-No, no es así. Katniss, no seas infantil, empezaste una pelea por algo que dijo Finnick, no yo –

Que alguien me de un manual de cómo tratar a Katniss Everdeen, porque así, sin ayuda, no puedo. Parece ser que decirle a una mujer que es infantil y que es melodramática es peor, ya que cuando quise darme cuenta, estaba con una almohada pegada a mi cara, una cobija y fuera de la habitación que debíamos compartir. El portazo que dio cuando me cerró la puerta en el rostro se escuchó probablemente en toda la Aldea de los Vencedores. Si sobrevivía la noche, mataría a Finnick Odair mañana por la mañana.

-Katniss, Katniss, amor, ábreme la puerta – y cómo si cerrarla no fuera poco, le echa llave cuando escucha mis reclamos. Dejó caer la almohada y la cobija al suelo y apoyo mi frente en la madera de la puerta. – Vamos Kat, déjame entrar a dormir - ¡Peeta idiota!

-¿Por qué no le vas a pedir cama a alguien menos inocente que yo, Peeta Mellark? – definitivamente esto no va bien así que recargó mi cuerpo contra la puerta y me dejó caer en el piso. Esto es ridículo. Nuestra segunda noche de casados y ya estoy durmiendo en el suelo.

No sé exactamente que más decirle, más que nada porque ahora que estamos casados no pienso darle en el gusto en cosas que sé que esta equivocada. Esta pelea no es fue mi culpa y… y… y mierda, estoy durmiendo en el piso. Debo ser muy, muy patético si estoy esperando que a mi esposa se le pasen los cincos minutos y tenga compasión de mi y me deje entrar. Pero con cada minuto que pasa, la esperanza de que Katniss me deje entrar a dormir se hace cada vez más escasa así que me pongo de pie y me propongo como meta encontrar una habitación con sábanas y frazadas para poder dormir.

Cosa que al parecer a nadie se le ocurrió.

¿Nadie pensó en que mi esposa tiene un carácter de los mil demonios y me podía dejar en el pasillo?

No, nadie lo hizo ya que no hay ni una frazada que me ayudé a capear el frío de las noches en el sector costero. Mi vestimenta tampoco ayuda ya que ando sólo con unos bermudas y una musculosa. Mi sudadera la traía Katniss. Gimo con frustración y paso por el frente la habitación sin escuchar nada.

No creo que se haya dormido tan rápido, aunque de todas formas no debería seguir tentando a mi suerte. Lo mejor es que se calmé e intentar hablar con ella en la mañana. Cuando haya testigos y no puedo matarme. Menos mal que dejó su arco en casa.

Bajo las escaleras con cansancio y me dejo caer en el sofá que hasta el momento me había parecido mullido. No lo es cuando tienes que dormir en él acostado. Suspiré y acomodé de mejor manera los cojines, pensando en ir a buscar la manta y la almohada que Katniss me lanzó. Algo dentro de mi, algo que se llama orgullo, y al que no suelo recurrir me dice que los deje ahí, que soy capaz de sobrevivir sin ellos. Que pasé noches de más frío en la Arena.

Y con ese absurdo pensamiento me quedó dormido.

POV Katniss

Son aproximadamente las 11 de la mañana cuando me despierto. Sinceramente no fue una de las mejores noches que he tenido y probablemente se deba a que estaba bastante molesta con todo lo que me dijo Peeta.

Estaba furiosa, probablemente aún lo estaba. Yo ya no era inocente. Se lo había demostrado a Peeta la noche anterior, pero parecía dispuesto a hacerme entender que todos me veían de esa manera y que se burlaban de mí a costa de mi pudor. Bufé mientras deslizaba mis piernas por las mantas. No fue una buena noche.

Me había despertado a cercano a las dos de la mañana, dispuesta a ir a buscar a Peeta cuando mis pesadillas se hicieron presentes y los brazos de mi chico del pan muy necesarios. Pero como estaba más que dispuesta a enseñarle que yo ya no era inocente, me tragué las ganas de llamarlo, me acobijé mejor y soñé con patitos y cosas así. Nada de eso evitó que me despertara pateando y más aterrada que nunca.

Me estiré, de la misma manera en que lo hace Buttercup, y me quité el sueño bostezando sonoramente. Caminé despacio hasta la puerta, sin hacer ruido y haciendo gala de mis pies de seda, abrí la puerta con cuidado. Frente a mí, estaba la almohada que le había lanzado a Peeta junto con la cobija. Pero de mi chico del pan no había rastros. Salí por completo y me paseé por el pasillo, buscando alguna puerta que estuviera entreabierta para poder ver a Peeta.

No había ninguna que estuviera así.

Cuando me di cuenta que no estaba en el segundo piso, descendí con cuidado por las escaleras que llevaban al vestíbulo, y de ahí a la sala principal. Y ahí era donde estaba Peeta. Contrayendo su largo cuerpo en una bolita, para caer en el estrecho sofá que no da a su altura. Su cabeza rubia esta apoyada sobre una torre de cojines y se encuentra vestido con la ropa del día anterior. Su musculosa de color blanco y las bermudas de color beige que usó cuando hacia calor.

Inevitablemente me siento mal. Peeta pasó toda la noche durmiendo en el sofá por mi comportamiento "infantil". Su ceño esta fruncido y debido a la palidez de la piel de Peeta, se notan unas ligeras ojeras que comienzan a salir. Acercó mi mano hasta sus brazos desnudos y se sienten helados bajo mi tacto.

Peeta se remueve incómodo y luego de darse vuelta y casi caerse del sofá, abre sus ojos azules que están algo brumosos por el sueño. Pestañea un par de veces, y luego frunce el ceño y se gira, quedando hacia adentro del sofá, con la cara oculta entre los cojines.

-Peeta – esta enfadado. Lo sé por como mantiene sus hombros arriba y evita que me arrime sobre él para poder verle el rostro – Peeta – se gira ahora, quedando completamente oculto contra la tela del sofá. – Peeta no me ignores – y pareciese ser que eso lo despierta de su letargo o sólo logra enfadarlo más ya que se gira y queda con la mirada azul clavada en el techo.

-No te estoy ignorando, no como tú me ignoraste a mí anoche – suelto un suspiro y Peeta se acomoda mejor en el sofá, quedando con las piernas cruzadas a lo indio. Su cabello rubio esta desordenado y tiene unas cuentas marcas en el rostro debido a la tela rugosa de los cojines. Su mirada se clava en mí y luego de lazar un suspiro, se rasca la nuca y cierra lo ojos, ahogando un bostezo que no tarda en llegar. - ¿Qué pasa ahora Katniss? – no suena enfadado, es más, sé que no esta enfadado, pero seguramente andará algo irritable durante el día y será sólo por mi culpa.

- Lo siento – y Peeta enarca ambas cejas y deja de rascarse la nuca. Yo bajo la mirada y juego con mis manos, pasándolas de aquí para allá contra un cojín, para luego tomarlo y jugar con él mientras Peeta suspira y se acerca hasta donde estoy yo.

-¿Por qué lo sientes? –

-Porque hice que durmieras aquí y ya rompí mis votos matrimoniales – MI chico del pan se sorprende y se sienta en el sofá donde estoy sentada, casi en el borde.

-¿Me fuiste infiel anoche con la almohada? – su voz suena regalona, como si estuviera lo suficientemente divertido como para bromear. Me recargo contra él, contra su pecho duro y dejó mis manos sobre sus muslos, mientras él me abraza por detrás, dejando su cabeza contra mi cuello desnudo.

-Sabes de lo que hablo – quería que mi voz sonara ruda pero lo único que conseguí es que sonara patética. Como si sufriera al hablar. Peeta sonríe contra mi cuello y deposita un suave beso en la curvatura de mi hombro, subiendo hasta mi nuca.

- Lo sé, pero creo que también fue mi culpa el que te enfadaras –

-¿Crees?, Fue un ataque de ridiculez mía – Peeta ríe contra mi cuello, y siento como unas ligeras mariposas empiezan a revolotear en mi estómago. Como un fuego pequeño se aviva dentro de mí y da paso a llamaradas que me recorren de la punta de los pies hasta el último de mis cabellos. Como de a poco las manos de Peeta se sienten frías contra mi cuerpo, porque esta tan caliente que todo me parecería así. – Peeta – mi voz suena raposa, como un gemido que sale desde lo más profundo de mi garganta.

Durante muchas horas ayer, pensé que luego de haber estado con Peeta, el fuego que sentía por él, se apaciguaría. Que lograría calmarlo de poco y que no estaría cada cinco minutos intentando tomar control de mí y de mi cuerpo, pero siento que no es verdad, que me estoy engañando a mi misma. Porque lo que siento por Peeta no se puede apagar, sólo puede arder más fuerte que antes. Y eso siento ahora, que no importa cuantas veces lo tenga contra mí, nunca serán suficientes para apagar este fuego dentro de mí.

Me giro, quedando entre el hueco que queda sus piernas, mientras sus manos se dirigen hasta mi cintura y la toman con delicadeza, haciéndome sentir muy frágil y delicada. Me hinco frente a su rostro y lo tomó entre mis manos, jalando sus cabellos rubios hacia mí, haciendo que nuestras lenguas se unan en una danza interminable que nos deja en llamas a los dos.

POV Peeta

Debe ser suerte, o tal vez karma o que sé yo.

Si fuera suerte, esta probablemente se ira en el resto de las vidas que me quedan por vivir. Uno no tiene tanta suerte en una vida y luego en la otra y en la otra, y en la siguiente. Probablemente yo haya sido una persona muy desdichada antes, que no conoció nunca el amor y es por eso que ahora tengo en mis brazos a la mujer que amo. Porque probablemente esto sea lo que la suerte me deparó cuando nací.

Si es karma, díganme a quien le debo esto. Porque ni yo mismo lo sé.

Probablemente sólo sea destino, o eso es lo que yo quiero creer.

Porque para mí no hay nada más que Katniss y probablemente nunca haya nada más que ella y el ferviente amor que le tengo. No hay nada más que yo desee en esta vida. Probablemente podría morir ahora y sería feliz si fuese con ella entre mis brazos y con sus labios pegados a los míos.

Eso es lo que pienso y eso es lo que me impulsa a mantenerme de pie, literalmente porque mis piernas en este momento son de gelatina. Bueno, una de ellas. La otra blanca siempre se mantendrá fija y no me hará caer más de lo necesario. Pese a eso, no estoy confiando mucho en ella y tampoco en mí para esta posición.

Y, ¡Dios santo, me volví un adolescente hormonado!

Cuando Nathan y Connor solían hablar de sexo y de cómo era el momento del orgasmo, pocas veces les creía. Es decir, estaba enamorado de una sola chica y probablemente si seguía con las ideas de querer estar sólo con ella, moriría virgen. Eso más de una vez me lo dijo Connor. Durante un tiempo, y hasta ayer por la noche, eso no me importaba en lo más mínimo. Siempre pensé que no se debía tener sexo con una chica para consolidar una relación y si tenia que esperar mi vida entera para que Katniss estuviese lista, lo haría. Realmente lo iba hacer.

Pero luego llegó Katniss, con sus piernas de infarto y esas curvas que me estaban volviendo loco y supe que no podría cumplir esa promesa mucho tiempo. Y es que Katniss tampoco ayudaba, no si me besaba así.

Y eso es lo que nos tenía así. A ambos desnudos, en la ducha del segundo piso, con las respiraciones erráticas, como si hubiera corrido una maratón y con el sudor y el agua corriendo por la piel. Y yo con un gran problema entre las piernas.

Mi lengua bajaba de a poco, recorriendo la piel de Katniss desde su lóbulo hasta su cuello níveo y luego volvía a subir hasta su boca, donde se encontraba con la mía y tenía una súbita encontrada en donde su lengua me dejaba sin sentido. Sus manos estaban aferradas a mi nuca, jalando mi cabello y besando mis labios, mientras emitía ligeros suspiros que hacían que el agua se evaporara contra mi piel caliente. Mis manos estaban a ambos lados de su cabeza, manteniendo una celda entre mi cuerpo y la pared.

Sus dedos viajaron lentamente, torturándome con cada centímetro de piel que recorría con sus uñas cuidadas. Sus dedos estaban fríos contra mi piel y yo solo podía gemir y respirar entrecortado contra su oído. Con una de mis manos, tomé su cintura y la acerqué lo más que podía hasta mí, haciendo que mi miembro se pegara contra su vientre bajo.

Estaba muy caliente y Katniss estaba igual. Con sus ojos grises brillantes y sus mejillas sonrosadas.

Mi cabeza daba miles de vueltas, incapaz de formar un pensamiento coherente de la situación. Estaba demasiado abrumado y eso Katniss lo pareció notar ya que con sus manos recorrió mis hombros, mi espalda, mi columna, bajaba de apoco hasta mi cintura y llegaba a mis caderas para después volver a subir, delineando cada vertebra con sus dedos finos.

- Kat – mi voz sonaba ronca, demasiado parecida a la de un gato, como un ronroneo. Katniss echo hacia atrás la cabeza, dándome una visión total de su cuello, de sus pechos, de su cintura y su vientre plano. Tomé su boca en un beso y con ambas manos, acaricie sus pechos desnudos, amasándolos, dándoles formas como lo hacia con el pan. Y luego mi lengua bajó, y beso cada parte de su torso. Sus botones, su borde y luego dejaba que el agua los endureciera para mí.

- Peeta – me arrodille frente a ella, con cuidado. Sabía que Katniss era sumamente pudorosa y si sabía lo que quería hacer me mataría de a poco con una flecha, no importa si lo disfrutaba o no. Pese a eso, hice un recorrido de prueba, deslizando mi lengua y dejando un camino de besos y chupones hasta su vientre, donde jugué con su ombligo y luego subí de nuevo. El rostro de Katniss era un poema. Estaba sumamente sonrojada, con las mejillas más rojas de lo que había visto, seguramente por el agua caliente y pues, a fin de cuentas, lo caliente de la situación.

Deje mi cabeza justo entre sus piernas, justo donde su feminidad se escondía por un pequeño manto de delgados cabellos castaños. Mi nariz se fue hasta que estuvo lo suficientemente cerca para oler el sexo de Katniss, quien pegó un respingón y me lanzo una mirada de prevención.

-Ni se te ocurra – y una sonrisa traviesa se formó en mi rostro. Ahora con más razón lo iba hacer. Últimamente llevarle la contra a Katniss terminaba en cosas buenas así que estaba seguro que esto le encantaría.

Con sutileza bajé la vista hasta su intimidad y metí un dedo en ella, sintiendo lo húmeda y caliente que estaba mi chica en llamas. Katniss gimió y sentí como colocaba una mano en mi nuca y la otra en la pared, casi sosteniéndose de ella.

.Siempre quise hacer esto, aunque siempre era con menos agua – más que nada lo decía porque esta caía por mi espalda y entraba de vez en cuando en mis oídos, bloqueándolos del sonido.

Cuando moví un dedo dentro de Katniss, suspiró y mantuvo los ojos cerrados, cuando yo lo único que quería era que los abriera y poder ver esos pozos plateados que tanto amaba. – Katniss, abre los ojos – y llevándome la contraria como siempre los cerró con aún más fuerza. Giré mi dedo dentro de ella y luego besé su monte de venus, logrando que Katniss gimiera mi nombre. Acerqué mi boca hasta su intimidad y con algo de cuidado, metí mi lengua entre sus pliegues, mientras que ella, sólo se movía como pez fuera del agua. Gimiendo y más que nada retándome porque gritaba mucho por un orgasmo. – Definitivamente esto te lo haré en una cama –

Katniss me miró con los ojos entrecerrados y me dio un largo beso en los labios que no pude negar. Mi lengua estaba buscando unirse a la suya como lo estaba haciendo hace días. Como de a poco, sus dientes atrapaban mis labios y los mordían y luego los volvían a besar.

Tomé a Katniss de la cintura, haciendo que pasara sus piernas alrededor de mis caderas.

Bien, ahora mi pierna no me podía fallar.

Besé sus parpados, sus mejillas, sus labios, su mentón, su frente, mientras agarraba su mano y entrelazaba nuestros dedos sobre su cabeza.

-Peeta, te necesito ahora – y su voz era todo lo que yo necesitaba para que mis modales se fueran al carajo y colocara mi miembro en su entrada, sin llegar a penetrarla. Katniss se movía contra mí, con sus caderas me incitaba por completo a que la penetrara con fuerza, pero se me estaba olvidando algo importante.

Preservativos

-Kat, amor, se nos olvida algo – Katniss abrió los ojos y frotó nuevamente sus caderas, haciendo que mi miembro entrara un par de centímetros en ella, sacándonos a ambos un gemido de satisfacción.

-Peeta, por favor, ahora no. Te necesito ahora ¡ya! - ¿Y quien soy yo para negarme a ella?

La penetré por completo, quedando completamente a su merced. Sus ojos estaban empañados, tal igual que los míos. Era una posición sumamente agotadora pero lograba sentir a Katniss al máximo, haciendo que sus paredes me apretaran con fuerza. Me volví a mover, despacio, ya que no sabía si le dolería si iba más rápido. Pero por el insistente movimiento que hacia con sus ceras, sabía que no era así. Que estaba más que lista y que necesitaba una liberación igual que yo. Coloqué una de mis manos en su cadera y aferré su cuerpo con fuerza. La eleve con fuerza y la volví a penetrar, gruñendo de a poco en su oído. Katniss clavo sus uñas en mi espalda, de manera dolorosa pero sumamente placentera, su boca estaba en mi hombro, besando y dejando marcas que probablemente no saldrían en muchos días.

Y yo sólo atinaba a entrar y a salir y mantenernos a ambos en equilibrio. Con Katniss contra mi cuerpo y la pared, y con un orgasmo a la vuelta de la esquina. Eso sentía. Y me encantaba.

Tomé una larga bocanada de aire y seguí con el rápido vaivén que se hacia exquisito con el agua corriendo entre nuestros cuerpos.

Probablemente la primera vez jamás se olvida, pero luego de eso, vienen unas aún más placenteras y eso lo averiguaría con Katniss.

-Peeta, más, más – sus mejillas estaban más rojas que un tomate, sus caballos estaban empapados y sus uñas se clavan en mi espalda, en mi nuca, en mis caderas y luego volvía a subir otra vez. Sus paredes se contraían cada vez más contra mi miembro, haciendo la fricción casi dolorosa. Hasta que sentí que Katniss perdía agarre y se desplomaba de a poco en mis brazos, con su frente recargada contra mi hombro. Mierda, ahora si que quería llegar.

Coloqué ambas manos en la pared, usándola como apoyo y la embestí una, dos tres, cuatro veces y en la quinta, sentí que alguien me agarraba las terminaciones nerviosas y las sacaba de mí. Que me tiraba dentro de un volcán y salía envuelto en fuego, con lava recorriéndome en las venas. Mi cabeza cayó contra el hombro de Katniss y luego de a poco, nos fuimos deslizando por la pared, en el mismo momento en que me venia dentro de ella. Suspire un par de veces, intentando que mi corazón dejara de patear tan fuerte dentro de mi pecho.

-¿Aún te parezco inocente? – no pude evitar reírme y mire a Katniss, quien tenia una ligera sonrisa en los labios. Acariciaba mi nuca y mis hombros desnudos y ardientes.

-No, ya no más – y probablemente eso no era cierto, pero jamás lo diría. Ya había tenido mi mala noche y mis buenos días.

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Bueno, eso fue todo.. Ya estoy escribiendo el otro capítulo que tendrá más acción que este... No el sentido de lemmons y cosas así, sino que avanzara en la historia. En el próximo capítulo, Peeta se enterara de la Revolución del Sinsajo y la existencia del Distrito 13 :O

No les digo nada más :D

Sé que Peeta es medio salido del personaje, más que nada porque siempre deseé, desde lo más profundo de mi corazón en que fuera más, como decirlo, que se tuviera más amor propio y que no se dejara herir tanto por Katniss. Pienso que Peeta pensaba en miles de cosas que no hacía por temor a herir a Katniss y eso lo dejaba mal así que se puede decir que le estoy dando un poc más de libertades ahora que estan casados y todo.

Otra cosa, probablemente ahora sólo escriba desde el POV de Peeta, más que nada porque encuentro muy díficil escribir desde Katniss, es por eso que sus POVS eran tan cortos y por eso costaba tanto que saliera el capítulo, pero como ahora escirbiré más Peeta que Katniss, los capítulos deberían salir más pronto.

Comenten y me dicen que les parecio este capítulo, si les molesta lo que estoy haciendo con Peeta y si les molesta que saqué los POVS de Katniss y cuando lleguen reviews.. (Una cantidad aceptable ya que he subido dos capítulos en menos de una semana ¬/¬) SUBIRE EL PROXIMO! si, me encuentro generosa y con mucho tiempo libre ;)

Eso, bye bye

Blue c: