Sé que quieren matarme, yo también quiero hacerlo pero ustedes no comentaron mucho y yo no me motivo si no comentan, no es que quiera echarles la culpa en esto pero si, es así, son mitad responsables (? No, no es cierto, soy culpable por no tener internet y no tener tiempo pero descuiden ahora intentaré subir más seguido, es más próximo domingo tendré capítulo, lo juro por mi entradita para el concierto de Imagine Dragons del próximo domingo (? Bueno, no tuve tiempo de revisar faltas de ortografía aunque antes ya se me han pasado unas cuantas, espero que comenten, incluso si es para insultarme porque no subí en dos meses :D
Nos leemos abajo
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POV Peeta
Aún quedaban minutos para el medio día pero tenía sueño y estaba cansado después de la reconciliación matutina y el tic-tac del reloj hacia que cayera en un letargo irrefrenable. Tenía algo adolorida las piernas. Bueno, la única que tenía y la espalda me ardía. Ahí donde las uñas de Katniss se habían clavado con fuerza cuando la penetraba contra la muralla del baño. Sacudí mi cabeza, alejando los pensamientos que comenzaban a formarse en mi cabeza. Pensamientos que no podía llevar a cabo ahora y que hacia que mi parte baja doliera ante la presión de unos bermudas de color rojo desgastado. Fuera de eso, estaba de maravilla, sentado en el living, con Katniss entre mis piernas, comiendo una tostada con mermelada de arándanos rojos mientras yo tomaba mi té sin ázucar.
Dejé la taza sobre la bandeja que estaba arriba del sofá, balanceada sobre los cojines que no usábamos y mis manos de manera automática, se fueron hasta la cintura de Katniss y mi cabeza hacia la curvatura de su cuello, ahí donde una pequeña marca de dientes que había hecho hace poco y que si Katniss la viese en este momento, empezaría una batalla campal. Mi castaña dejó caer su cuerpo contra el mío, pegando su espalda a mi pecho. Y suspiró. También tenía sueño pero estaba de buen humor y ciertamenta nada enfadada conmigo. No la había escuchado anoche gritar pero sabía que había tenido pesadillas al igual que el resto de las noches anteriores a esa.
Dejó su cabeza justo sobre mi hombro, dejando un camino hacia sus labios rosados.
- Kat - mi voz sonó como un susurro y mi esposa murmuró, dando a entender que escuchaba lo que le decía. Pero yo no quería hablar, por primera vez, no quería expresar lo que sentía con palabras, quería hacerlo con acciones, como ella lo hacia. Así que la besé y mi mundo se detuvo como de costumbre. Siempre que besaba a Katniss era igual, era un mar de sensaciones que me invitaba a navegar en él. Que me sumergía en el fondo del océano y me ahogaba por momentos. Era mi aire. Mi hambre parecía ser no saciada porque por momentos, me desesperaba no besarla. No sentir sus labios carnosos sobre los míos, no abrazar su lengua y danzar junto a ella. No sentir ese fuego que me recorría por completo y se instalaba en mi parte baja. Esa corriente eléctrica en mi columna vertebral.
Con cuidado delineé sus labios con mi lengua, deslizándola mientras sentía el sabor del arándano en mi paladar. El sabor dulzón que me invitaba a probar más de sus labios que abrazaban los míos y cedían gustosos a mis peticiones. Deslicé mis manos, rozando la parte de afuera de sus pechos y las devolví a su cintura cuando su gemido murió en mi boca.
- Peeta - sus manos ágiles fueron a mi cabello, aferrándose a él mientras acariciaba mi cabeza y mi frente, despeinando mis cabellos algo más cortos de lo usual. Mis manos bajaron, pasando por su cadera y luego por sus muslos cubiertos por unos shorts de mezclilla oscuro que se pegaban a sus piernas. - Peeta, Finnick esta por llegar - le costó más de la cuenta completar una oración ya que cada vez que una palabra salía de sus labios, los míos la acallaban. Dejé mis manos sobre sus rodillas y le di un piquito para dejar mi cabeza en su hombro desnudo.
-Es usted muy hábil matando momentos, señora Mellark - Un color rojo cubrió el cuello y luego las mejillas de Katniss. Demasiado rápido sacó sus manos de mi cabello y las colocó sobre las mías en sus rodillas, dándole un apretón.
- Fue sin querer - apartó la mirada plateada de la mía y colocó su cabeza otra vez en mi hombro, respirando mientras yo besaba su coronilla y su sien.
Un par de minutos nos duró el silencio ya que, como había dicho Katniss, Finnick Odair llegó. Vestía igual de informal que ayer, con la diferencia de que ahora usaba un traje de baño de color verde.
-Hola tórtolos - la voz armoniosa de Finnick nos sacó a ambos del letargo, logrando que Katniss frunciera el ceño como de costumbre.
- ¿Podrías tocar antes de entrar?- la voz de Katniss sonaba molesta y luego cruzó sus brazos sobre su pecho, mientras miraba hacia otro lado.
-¿Por qué? ¿Estaban ocupados? - y todo indicaba que no estaba precisamente insinuando de que estábamos converzando. Katniss se sonrojó furiosamente y se levantó del lugar entre mis piernas para ir hacia la cocina. Sonreí cuando estuve fuera de su campo visual y Finnick me imitó.
- Lamento si interrumpí algo - y yo reí mientras le asentía a Finnick quién metió sus manos dentro de los bolsillos de manera casual, sonriendo de medio lado en el proceso, gesto que probablemente volvía locas a las chicas.
-Descuida, no estábamos haciendo nada que no pudieras ver - me puse de pie y le sonreí a Finnick quien me dio una palmada en el hombro, mientras miraba hacia la cocina, justo por donde se había ido Katniss. - No te preocupes, iré por ella -
-Sería genial ya que Annie nos espera en la playa - asentí al vencedor del Distrito 4 y pasé a su lado, mientras me pasaba las manos por el cabello algo húmedo. Katniss estaba en la cocina, la cual era igual a la de nuestra casa salvo por el tipo de muebles que había en ella. Mientras que en el distrito 4 se le daba preferencia a las cubiertas blancas y azules, en casa eran negras o caobas. Estaba sentada en uno de los mesones de la cocina americana y mordía distraídamente una manzana verde.
Cuando me vio, frunció el ceño y sus ojos plateados mostraron reproche, pese a que la intromisión de Finnick no había sido mi culpa en ningún aspecto. Me acerqué hasta ella mientras mi cerebro inconsientemente me mostraba imágenes de mis fantasías sexuales más enterradas y sepultadas en mi mente de adolescente. Fantasías que protagonizabamos mi esposa y yo, en la cocina, sobre el mesón o el comedor diario.
Rodeé a Katniss y levanté ambas manos en señal de paz y rendición mientras me posicionaba frente a ella, con sus rodillas pegadas a mi abdomen. Sonreí ladinamente y tomé sus piernas, haciendo un hueco donde metí mi cuerpo.
-Entonces, ¿Nos vamos? - Katniss gruñó y el ceño se le frunció, marcando su frente. Deslicé mis manos por sus mejillas y las pasé por su ceño, eliminando la expresión. Katniss acercó la manzana hasta mi boca y le di un mordisco que la descolocó. Sonreí y tomé su cintura para después oler su cuello y su hombro, dejando pequeños besos en el recorrido. Deslicé mis manos, acariciando su piel tersa y las coloqué justo debajo de sus muslos, casi llegando a su trasero, mientras aplicaba algo de fuerza, logrando levantarla del mesón.
Katniss enrolló sus piernas alrededor de mi cintura y protestó cuando comencé a caminar con ella aún sobre mi.
-Peeta, suéltame, puedo caminar sola - sus protestas poco me valían cuando sus manos se aferraban más fuerte a mi nuca y reía despacio en mi oído, como pocas veces lo había hecho.
-No es que no puedas, es que no quieres preciosa - Katniss gruñó y aproveché su enojo para cruzar la cocina en tres zancadas y dejarla justo en la puerta, donde Finnick nos esperaba y miraba algo curioso, como si la situación fuese extraña a más no poder.
Solté las piernas de Katniss con cuidado, mientras ella las colocaba de nuevo en el suelo y fruncía el ceño otra vez. Finnick pareció salir del letargo en el que estaba y nos miró una vez más antes de sacudir su cabeza y regresar su expresión burlesca a su rostro.
-Bien, después de este entremedio, ¿Nos vamos? - yo asentí y Katniss bufó para ir a la sala, volviendo con un bolso pequeño de color turquesa donde minutos antes del desayuno había guardado nuestras toallas, bloqueador solar y unas botellas de agua helada.
-Si, ahora si vamos -
-O-
La playa del distrito 4 era toda una maravilla. De aguas azules y arena blanca en un sector que les correspondía a los Vencedores. Del otro lado había un pequeño puerto con botes de madera rustica en donde la gente practicaba la pesca artesanal. Había bastante movimiento en el puerto a pesar de que era después del medio día, pero las voces de los pescadores quedaban acalladas por el ruido de las olas de agua salada que rompían contra los roqueríos que estaban en el borde de la playa. El viento y el sonido de las aves costeras hacían de este un momento único. Hace poco más de un mes, habíamos venido al distrito 4 por nuestra Gira de la Victoria y nuestro recorrido había sido más que expedito.
No habíamos visitado el mar y tampoco pudimos fraternizar con el resto de los Vencedores de ningún distrito. E incluso ahora me parecía extraño que el presidente Snow haya dejado que nos conocieramos con otros Vencedores, después de todo, no éramos bienvenidos ni allí ni en ningún sitio.
En el Capitolio éramos considerados Vencedores, pero de uno de los distritos más pobres de Panem. Y aunque vinieramos del dos o del uno, jamás nos recibirían ya que no pertenecíamos al Capitolio y a sus excentricidades. Éramos la moda, éramos aquellos enamorados que habían ganado los Juegos, pero ¿Cuánto duraría? ¿Cuánto tiempo seríamos lo que el Capitolio quería ver? El modelo de tributo perfecto que cuando pasase de moda, seríamos rechazados por aquellos que supuestamente nos querían y amaban.
Y en los Distritos, incluso en el 12, éramos considerados asesinos y era verdad. Nuestras manos estaban teñidas de sangre por tributos que habían muerto para que nosotros regresaramos a casa. No importa que les hayamos dado comida, no importaba que hayamos vuelto a casa con vida, éramos los que éramos y a parte de Haymitch, nadie nos comprendía. Entre Vencedores nos entendíamos. Y los Vencedores como nosotros, no teníamos un hogar.
Mi lugar ya no era en la panadería, era en mi casa en la Aldea de los Vencedores donde vivía solo. Y ni siquiera era capaz de considerar a este lugar mi hogar, no cuando la mayoría de mis amigos me dio la espalda, no cuando mis padres me dieron por muerto. No podía simplemente seguir considerándolos una familia porque no era así. Mi familia era Katniss y Haymitch y me había tomado seis meses en averiguarlo. Cuando las pesadillas venían a mí en las noches, cuando el miedo me envolvía y me impedía moverme, cuando me tomaba semanas en salir de casa y nadie me iba a visitar. Cuando la tristeza por perder a Katniss me hería en lo profundo del alma y mis lágrimas se secaban solas con el viento. Fue en ese momento que descubrí que había perdido a mi familia, que me estaba costando, más de lo que quería admitir, acercarme otra vez a ellos. Cómo si el Peeta anterior hubiese muerto y yo tomara su lugar después de los Juegos. Tal vez así fue. No me sentía a gusto con mis hermanos, volver a fraternizar con Connor y con Nathan había sido muy difícil y aún me costaba poder entablar conversaciones con ellos cuando antes eran horas y horas de charla.
Cuando salí de mis vacilaciones, Katniss estaba a mi lado, con su blusa puesta y sus shorts de mezclilla. Con su cabello castaño suelto al viento. Y su mirada tal vez menos perdida que la mía.
POV Katniss
Cuando llegamos a la playa del distrito 4, recordé el lago que estaba en el bosque de nuestro hogar. El lugar especial de mi padre, el único lugar que le enseñé a Peeta en mi santuario. Aunque este sitio tenía bastante más agua que el lago, y sobre todo, no había árboles ni animales salvajes a los alrededores.
Peeta estaba con las manos en los bolsillos de unos bermudas de color rojo desgastado, una camisa de color negro que le llegaba hasta los codos y zapatillas de color beige que había dejado en mi bolso cuando la arena se le metió entre los dedos de los pies. Su mirada estaba perdida en el horizonte, sobre las olas de color azul que reventaban a nuestros pies. Los ojos que usualmente estaban brillantes y risueños, ahora estaban serios y algo nublados, como si el cielo se hubiese oscurecido cuando antes brillaba por el sol.
Caminé hasta él mientras Finnick nos miraba sobre el hombro y luego me sonrió casi con fraternidad y amistad, como si nos conociecemos de toda la vida, cuando eso estaba a años luz de ser verdad.
Peeta estaba ido y cuando me notó ir hacia él, se despabiló y sacudió su cabeza rubia, desordenando su cabello. Se acercó hasta mi, bajando la mirada y jugando con la arena que estaba a sus pies. Cuando estuvo ya a sólo unos pasos de mi, retomó una sonrisa que no le llegó a sus ojos azules y que sólo aumentó mi preocupación por él. Tomó mis caderas en un gesto de posesión que comenzaba a gustarme y dejé mis manos justo en sus pectorales duros que se sentían a través de la camisa negra. Suavicé mi mirada y Peeta me aferró a si mismo, dejando su cabeza en el hueco entre mi cuello y mi hombro.
-¿Estás bien?- Peeta elevó la cabeza y pareció pensarsela un par de segundos antes de asentir y darme un beso justo en la frente, acomodando mi cabello que se volaba producto del viento.
-Descuida, ya se me pasó - deslizó las manos de mi cadera a mi cintura y luego se acercó haciendo que su aliento me embriagara los sentidos y me hiciera cerrar los ojos ante la proximidad de su boca. Cerré la distancia entre ambos, encajando mis labios con los suyos, en un puzzle perfecto. Mis manos dejaron sus pectorales y recorrieron sus hombros anchos, para luego ponerlas sobre su cabello rubio suave. Cuando el aire se me fue de los pulmones, separé mi boca y sentí mis mejillas sumamente calientes y rojas. Peeta sonrió y junto nuestras narices en un beso esquimal. -Entonces preciosa, ¿Me enseñaras a nadar? - sonreí levemente cuando noté que Peeta volvía a su habitual ánimo y quería que hiciesemos cosas juntos como antes de la boda. Asentí y Peeta se separó de mi para quitarse la camisa negra en un movimiento, dejando su esculpido torso frente a mi. Un escalofrío lo recorrió por completo cuando una ráfaga de viento costero le azotó la espalda. Y yo reí cuando me tomó en volandas y me acercó al mar.
POV Peeta
Cuando ya llevó más de tres horas en el agua, siento que las piernas ya me están fallando, que estoy demasiado cansado, además de un hambre gigantesca que siento y que me obliga ir hasta la orilla, donde esta Annie con fruta, agua y refrescos para nosotros. Me esta costando aprender a nadar debido a la fuerza de las olas del mar y la manera que tiene de arrastrarme cuando intento comenzar a dar brazadas en el agua. Varias veces el agua ha entrado en mis pulmones y me ha obligado mantener los pies sobre la arena del fondo del mar. Katniss también esta algo inconforme debido a la fuerza de las olas y a que ella aprendió a nadar en un lago, en donde el agua es tranquila y calma.
Lo primero que hice fue aprender a flotar lo cual no fue tan difícil a decir verdad, sólo movimiento constante de piernas y mantener la cabeza en la superficie. A pesar de que me falta una pierna, fue bastante sencillo debido a lo ligero del material, lo que me permitía moverlas con mayor rapidez. Lo complicado empezó cuando tuve que aprender a dar brazadas en el óceano que me arrastraba a mar adentro, como si quisiera devorarme con sus fauces azules.
-¿Cómo te esta llendo?- la voz dulce de Annie me preguntó cuando salí del agua, escurriendo y con gotas saladas cayendo de mi cabello y mi cuerpo. Me senté sobre una toalla de color naranjo claro y dejé mi cabeza apoyada sobre ella, sintiendo el líquido lleno de sal correr por mis brazos y mi torso hasta que cayó a la toalla. Suspiré e intenté recobrar el aliento antes de hablar.
-Bien, aunque es muy cansador - Annie pareció perderse en el horizonte y sonrió a si misma, y luego de unos segundos, me miró y me habló en voz baja casi como un susurro.
-Es difícil pero cuando aprendes a flotar todo se hace más fácil. Cuando termine la semana serás un experto nadador.- sonreí y me senté en la toalla, cogiendo de un pequeño culler una botella de agua mineral traída desde el Capitolio. Sólo a ellos les gustaba el agua con gas cuando en los distritos teníamos agua pura y sin químicos. -¿Quieres comer algo?- asentí ante su pregunta y me entregó un sandwish con fiambre y queso. Saqué algo de arena que tenía en mis manos y observé como Katniss comenzaba a acostumbrarse al ritmo del mar y daba brazadas certeras en el agua. Finnick estaba algo apartado de ella, disfrutando del mar como si fuese parte de él.
Di dos mordidas al pan, sintiendo como de a poco, el queso y el jamón pasaba por mi garganta y llegaba hasta mi estómago vacío. El viento me pegaba en la nuca y secaba mi pelo que comenzaba a resecarse por la sal del mar y se pegaba a mi frente donde lo tenía más largo. Mis pies estaban llenos de arena y aunque era una sensación relajante también era incómodo el sentir pequeños granitos entre mis dedos o pegados a mis pantorillas.
No sabía exactamente que hora era y tampoco estaba muy preocupado, es decir, tenía todo el tiempo del mundo para estar sentado allí y disfrutar del mar y la brisa. Mi mente había sido despejada y quería que permaneciera así la mayor parte del tiempo. El día estaba radiante y quería sentirme igual. No había nada como la playa. Me puse de pie, sintiendo como la arena se había pegado a mis pantorrillas mojadas y como tenía algo en el cabello. También sentía un ardor en la piel producto de la insolación que me estaba dando, aumentada por la brisa y el reflejo del agua. Caminé lentamente, tanteando el camino de vuelta hacia el mar. Las olas mojaron mis pies descalzos a medida que avanzaba más profundo a mar adentro. Me tomé mi tiempo, aprovechando cada paso que pudiese dar. Cuando estuve con el agua hasta los codos, Katniss sintió mi presencia y como una clase de criatura marina, se deslizó entre las olas hasta mi.
Su cabello castaño estaba empapado en su trenza de lado y goteaba agua salada desde las puntas. Sus mejillas estaban coloreadas debido al sol y sus hombros se habían tostado, marcando la delgada línea de la parte superior de su bikini negro con detalles azules. Se veía realmente apetecible de aquella manera. Tanto que mis hormonas se alborotaban en mi mente.
-Te ves hermosa con ese bikini - mi lengua se movió y mis labios pronuciaron palabras que hicieron que Katniss se sonrojara furiosamente e intentara taparse inutilmente con sus pequeñas manos. Tomé su cintura y la acerqué hasta mi cuerpo, logrando que nuestros torsos se tocaran, mandando corrientes por mi columna, y que mi piel se erizara ante su contacto. - No hagas eso, te ves realmente hermosa así - Katniss desvió la mirada y asintió quedadamente mientras miraba hacia donde estaban Annie y Finnick, quien ya había salido del agua.
- Tú también te ves guapo - sonreí de medio lado, estrechándola contra mi cuerpo, queriendo que nuetras células se unieran y jamás se separaran. Katniss deslizó sus manos por mis pectorales y luego subió por mis hombros hasta dejarlas en mi nuca, donde jugó con mi cabello.
-Pues gracias, señora Mellark por el cumplido - Katniss frunció el ceño y aproveché ese momento para robarle un piquito en sus labios rojos. Se sonrojó y yo reí, y probablemente esa era la rutina más perfecta que pudiese existir para mí. Bajé mis manos hasta sus caderas cuando sentí que mi cuerpo subía de a poco de temperatura, y acerqué mi boca a la suya, sintiendo su aliento cálido pegar en mi rostro. Katniss cerró las distancias entre nuestras bocas en un beso demandante que nos hacia a ambos suspirar. Que hacia que mi cuerpo se estremeciese por las cálidas y deliciosas caricias que daban los labios de Katniss a los míos.
Su lengua, como pocas veces la había conocido, se deslizó por mis labios y luego buscó un rendijo por donde entrar a pelear con la mía. Entreabrí los labios, sintiendo el sabor de Katniss en el paladar, maravillándome por las emociones que me despertaba cuando me tocaba.
Mis manos la aferraron con fuerzas y sus piernas, ayudadas por un salto, se enredaron en mi cadera, logrando que nuestras pelvis se rozaran, sacándonos suspiros y gemidos a ambos. Cuando el aire fue necesario y mis pulmones ardieron, me separé de mi esposa, con pequeños besos y aún con sus piernas en torno a mí, con sus brazos en mi cuello y su aliento en mi boca.
-¿Aquí?- la voz de Katniss sonaba sensual y cargada de deseo al igual que debía estar la mía. Miré a esos ojos de tormenta que tanto amaba y luego eché un vistazo rápido a la orilla en donde Finnick y Annie jugaban un juego con una pelota algo grande, pasándola por sobre una red ubicada algo alta. No tenían ni la más mínima noción de lo que Katniss y yo deseabamos hacer, así que volteé y capturé los labios de mi chica en llamas con necesidad y aferré sus piernas con fuerza, deslizando mis antebrazos por la parte de atrás de sus cremosos muslos.
-Kat, Kat- mi voz era entrecortada por los labios de Katniss que me impedían hablar y me dejaban volando por los aires. Pasó sus delicadas manos por mis hombros, por mis brazos y luego fue bajando por mi pecho hasta llegar a mi abdomen plano, donde se entretuvo con la pretina del traje de baño rojo que traía puesto. Mis pies se aferraron con fuerza a la arena que estaba bajo nuestro y mis manos fueron a la espalda de Katniss, dudando en quitar las amarras de la parte superior de su traje de baño. Mis dedos húmedos y arrugados se pegaban a a su columna y de un segundo a otro, el nudo estaba abierto, dejando los pechos de Katniss a mi disposición. Me di la vuelta con Katniss en mi cadera, evitando que algo se viera desde la orilla y besé su cuello, lamí y mordisqueé su oreja y su lóbulo, y dejé un camino de besos regados por su pecho, deteniéndome sobre uno y dando besos sobre la tela de la prenda suelta.
POV Katniss
Las manos de Peeta se aferraban a mi cintura, a mi cadera y sus besos me sacaban más de un suspiro. Mis manos estaban casi quietas e inmobiles en su espalda trabajada, en su cintura estrecha.
Deslicé mis manos lentamente por su cadera, dejando sus bermudas más abajo, mientras que el agua que impactaba en nuestros cuerpos se hacia cada vez más placentero, el vaivén de las olas le daba un toque de erotismo que no creí necesitar. Los labios de Peeta se deslizaron por mis pechos y luego de hacer a un lado la prenda, atrapó uno de mis botones entre sus dientes, dando una certera lamida que logró hacerme gemir en su oído. Amaba la forma en que Peeta me sacaba del mundo y me convertía en algo que le pertenecía por completo. Deslicé mis manos por su nuca, insitándolo a continuar con la labor excepcional que hacia su lengua mientras sus dedos trazaban suaves caricias en mi espalda desnuda. El agua permitía que mi peso fuera menor, lo que hacia que Peeta no se esforzara en mantener el equilibrio de su cuerpo y el mío. Su pierna ortopédica estaba por la labor y en ningún momento hubo indicios de que nos cayeramos. Peeta dejó mis pechos y comenzó a atacar mi cuello, y solté un sonoro gemido, más parecido a un grito cuando deslizó su lengua por mi cuello caliente y mis hombros desnudos.
-No sabes cuánto te deseo- la voz de Peeta era ronca, y sensual, animal en cierto modo, logrando que mi cuerpo se calentacé aún más por sus palabras. Lo deseaba, ambos nos deseabamos en la misma medida, ambos nos habíamos dado cuenta que el fuego no podía ser apagado, sólo controlado por momentos.
Bajé de sus caderas, sabiendo que volvería en unos minutos más a ellas. Deslicé mis manos por su pecho, por su abdomen marcado, delineando cada uno de los músculos, arrastrando mis dedos y sonriendo cuando los gemidos de Peeta se hacían más audibles y graves. Llegué con los mismos movimientos, dudando a ratos cuando no sabía si seguir a mi instinto o a mi cabeza, y siempre ganaba el primero.
-Katniss- Peeta gruñó en mi oído y bajó su cabeza hasta la unión de mis pechos, dando lamidas y besos mojados, intentando que me detuviera. Pasé mis manos y jugué con la pretina de sus bermudas de baño, hasta abrirlas, en donde un camino de bellos rubios bajaba hasta su entrepierna. Abracé sus caderas con mis manos y me armé de valor y sin pensarlo, introduje una mano en sus pantalones, donde su miembro ya estaba erecto. Suspiré y pasé mi mano por la zona caliente y Peeta gimió.
Y no fue un gemido leve, sino que competía con los míos cuando llegaba al orgasmo. Tomé su erección en mi mano, acariciándola sin demasiada rudeza, manteniendo mis nervios calmados. Seguí con el mismo movimiento, impresionándome de la forma en que podía hacer gemir a Peeta, en cómo podía tener un control de él. El agua nos mecía de a poco, arrastrándonos de a poco a lugares más profundos.
Peeta levantó su cabeza de mi pecho y sus ojos azules, casi negros me helaron. Detuve mi mano y Peeta tomó mis manos y las colocó detrás de su nuca, y de un salto me hizo rodearle las caderas con las piernas. Deslizó la parte de abajo de mi bikini, y sacó su miembro de sus bermudas. Nuestros sexos bajo el agua se encontraron y Peeta de una sóla estocada entró en mi, sacándome un suspiro de satisfacción al tenerlo tan adentro, tocando cada una de mis terminaciones nerviosas.
POV Peeta
Sentirme dentro de Katniss era el paraíso, sentir como sus paredes me estrujaban fuertemente y apretaban mi miembro cuando nuestras caderas se rozaban. Pasé mis manos bajo sus muslos y ayudado por el mar, comencé un vaiven delicioso que nos hizo gruñir a ambos. Katniss clavó sus uñas en mi espalda, y comenzó a mecerse, haciendo que mi miembro caliente saliera y tuviera contacto con la fría agua del mar, logrando sensaciones completamente nuevas y placenteras.
-Peeta, más, más- sus labios estaban resecos y sus ojos brillantes por el deseo, por unas ganas de llegar al cielo otra vez. Saqué mi miembro un par de veces más, dando lamidas a todo lo que me daba de Katniss, su cuello, sus hombros desnudos, sus pechos. Katniss gritó cuando giró su cadera y rozamos un punto nervioso que la hizo llegar al orgasmo unos minutos después. Sus uñas dejaron de clavarse en la piel caliente de mi espalda, sus paredes estrechas dejaron de apretarme y me vine dentro de ella, mientras sus labios acallaban mis gruñidos, muriendo en mi garganta.
-Cada vez que hacemos el amor, es mucho mejor que la anterior - Katniss recarga su cabeza justo en mi pecho, donde el latido de mi corazón esta descontrolado, mirntras sus manos viajan a mi nuca caliente y acarician mi cabello con tranquilidad. La amo, amo a Katniss Everdeen.- Te amo, preciosa - Katniss levanta la cabeza y sus ojos plata ya no parecen una tormenta, son sólo ojos calmados, mar tranquilo, o cielo nublado que por fin esta en calma.
-Te quiero - Y eso, por el momento es suficiente para mí.
-O-
Son cerca de las siete de la tarde cuando encuentro a Finnick en la orilla de la playa, con una cuerda entre sus dedos largos y ágiles, dedos que casi no deberían estar allí, dedos que son de un artista, aunque una voz dentro de mi cabeza me pregunta que tanto de verdad será esto al estar frente al Vencedor más joven de los Juegos del Hambre. Su cabello bronce esta desordenado y algo opaco debido a la sal del mar y al viento que corre. Esta con una camisa naranja, de un color algo desgastado que me parece calmo, casi llegando al tono que me gusta del atardecer.
Me dejo caer a su lado en la arena, dejando que la camisa blanca vuele por mi cuerpo y flecto las piernas, dejándolas a la altura de mi mentón y extiendo los brazos sobre mis rodillas. Hay una manzana verde en mi mano a la cual le doy un sonoro mordisco que capta la atención de Finnick, quien había estado mirando hacia donde Annie le enseña a Katniss tejer una red con cuerdas pequeñas. El ceño de Kat esta fruncido y tiene un semblante concentrado así que sé que no notara si me alejo un par de minutos con el Vencedor del Distrito 4. Pese a eso, no sé como abordar el tema, que en cierto modo he tenido presente desde que pisamos el distrito cuatro hace menos de 48 horas. Froto mis palmas contra mis rodillas y luego miro a lo lejos, fijándome en el horizonte que de a poco se va tornando naranja, con leves matices rosas y otros tonos más al cielo de colores grises, azules y morados.
-¿Qué les ha parecido el distrito?- la voz de Finnick me saca de mis cavilaciones e intento concentrarme en la pregunta, dudando en seguir a terrenos más complicados pero a la vez esclarecedores. No sé si debo confiar en el ser más querido del Capitolio, no sé si debo confiar en él y hacerlo parte de mi misión que es cuidar a Katniss por sobre todo. - El clima al ser invierno esta algo tormentoso pero se puede disfrutar de buenos días pese a eso. -asiento cansinamente y paso mi mano tras mi nuca y hablo con una voz que siento que no me pertenece, que no es mía, es decir, no suelo tener una voz tan carente de emociones cuando hablo.
-Si, el clima esta extraño, sobre todo en el Distrito 13 - la reacción no es inmediata, es más pienso que debería de repetir el comentario hasta que noto que Finnick ha dejado de hacer nudos y ahora da vueltas la cuerda entre sus dedos, casi dudando sobre su siguiente movimiento. Sonrié de medio lado y un miedo irracional se hace parte de mí, y miles de suposiciones comienzan a florecer en mi mente, dejándome sin aliento y algo ido hasta que Finnick me habla con una voz algo extraña, llena de una seriedad que no lo había visto usar.
- Hmp, Haymitch es un idiota - no puedo decir que este en contra del comentario pero me gustaría saber a que viene. Finnick simplemente vuelve a anudar, mirando a Katniss y luego manteniendo su vista azul verdoso en Annie y en su cabello rojizo. - No se suponía que tenía que decirte, no aún - Finnick se pone de pie y parece dispuesto a irse hasta que me hace el gesto de seguirlo. De un salto algo dudoso debido a la arena y a mi pierna ortopédica, me pongo de pie y sacudó mis vermudas y la camisa para seguir a Finnick quien camina a paso lento por la playa, mirando de vez en cuando a las chicas y a las olas que comienzan a subir.
-¿Vas a contarme de que va todo esto? ¿A qué se refería Haymitch con el distrito 13?- Finnick me mira de reojo y meto las manos en los bolsillos de mis pantalones y camino algo más atrás, esperando el momento en que suelte lo que sea que debe decir.
-No se suponía que lo supiesen - vuelve a repetir y se pasa una mano por los cabellos bronces y me mira con un gesto que no sé comprender - ¿Qué sabes del distrito 13?- pienso que es una pregunta ridícula ya que todos sabemos lo que le pasó a ese distrito y lo que le pasó a los demás que formaron parte de la Rebelión.
- Lanzaron bombas nucleares sobre el distrito 13 y los destruyeron por completo - Finnick parece algo contrariado y se sienta cuando estamos lo suficientemente lejos de las chicas para que nos escuchen.
-En eso te equivocas, el distrito 13 no fue destruído, no por completo - toma algo de la blanca arena y la deja caer de a poco de su mano mientras mira fijamente al suelo - Aún existe - mi expresión en este momento debe ser de sorpresa ya que Finnick me da el tiempo para procesar la información. El distrito 13 existe, el distrito 13 existe. No fue destruido por el Capitolio, están vivos. Y si es así, ¿Por qué no actuaron jamás? ¿Por qué si las personas morían en los Juegos del Hambre año tras año? De pronto una furia roja crece dentro de mí y se adueña de mi ser. Setenta y cinco años y ellos nunca fueron capaces de levantarse, estuvieron escondidos, viendo como nosotros, los 12 distritos de Panem, éramos castigados por revoluciones anteriores a nosotros.
-¿Por qué me estás diciendo esto? ¿Por qué es importante? ¿Por qué ahora?- Finnick parece tener pensamientos contrariados ya que hace un gesto bastante desagradable cuando vuelve a hablar.
-Están escondidos del mundo, preparándose para atacar al Capitolio, planeando desde las sombras - El vencedor del distrito 4 saca su cuerda y vuelve a hacer nudos con ella, haciendo unos tan intrincados que mis ojos no son capaces de observar. - Y el porqué, son ustedes, tú y Katniss - ¿Yo? ¿Katniss? ¿Qué tenemos que ver en todo esto? Nosotros sólo somos vencedores al igual que el resto de los 73 que han habido durante la historia.
-¿Qué tenemos que ver Katniss y yo en esto? Nosotros no teníamos idea de la existencia del 13 hasta ahora, Katniss no lo sabe - mi voz suena temblorosa y algo enojada. Sé por donde nos estamos llendo pero no quiero llegar a ese punto. Se suponía que casarnos era la manera para calmar a los distritos, para evitar las revueltas, pero por cómo habla Finnick, tal parece que nada funcionó.
-Porque ustedes desafiaron al Capitolio. Porque jamás antes se había visto alguien que quisise morir por amor como tú, o que tuviera tanto coraje como Katniss. Ustedes con sus actos fueron capaces de prender una chispa en los demás -
-Me estás dando el crédito por algo que no hice, fue Katniss quien los inspiró- Katniss nos salvó, Katniss fue quien desafió al Capitolio, Katniss es... Katniss es todo, pero ella no es capaz de ver el efecto que ejerce sobre los demás.
-Pues todo lo que dijiste en tus discursos no te fue Katniss quien lo dijo -bajó la cabeza, dejando que el aire helado de la costa me pegué en la nuca y me despabilé- lo que están ocasionando ambos en los distritos es algo sin precedentes, es algo que no se ha visto jamás, ustedes se están convirtiendo en la chispa de la revolución. Katniss es el símbolo y tú eres la voz. Esta, es la revolución Peeta y el distrito 13 esta listo para pelear cuando el momento llegué. - sacudó mi cabeza, intentando sacar los pensamientos que inundan mi cabeza, sabiendo lo que significa que nuestra boda no haya funcionado. Snow debe estar enfadado, y el regalo que nos dejó en la Aldea de los Vencedores puede o no ser una bomba.
-Esto no puede pasar, tenemos que frenarlo - Finnick mira como tomo mi cabeza entre mis manos e intento alejar los malos pensamientos de mí. Es algo que solía hacer cuando las pesadillas venían a mí, sólo tenía que repetirme que ya nada era real, pero esto si lo es, es real, estamos en peligro otra vez, y no sólo Katniss y yo, también nuestras familias y toda persona que Snow pueda considerar querida. Algo se enciende dentro de mí, y una duda invade mi cabeza en cuanto comienzo a pensar en lo que pasara en unos meses más. - ¿Qué pasa con el Vasallaje? - Finnick parece pensárselo y luego devuelve su vista, analizando las palabras que suelta.
- ¿Conociste a Plutarch Heavensbee?- asiento taciturno porque el nuevo Vigilante en Jefe no me agrada más que el anterior, Seneca Crane. - Es un espía del Distrito 13. Es originario del Capitolio que se aburrió de la barbarie a la que están sometidos los distritos. Lleva trabajando junto al 13 desde hace 5 años -
-¿Un espía del Capitolio?- mi voz debe de haber sonado más pesada de lo que creo ya que Finnick suelta una risa sardónica y me mira con una ceja enarcada.
-Yo también reaccioné así cuando me dijeron. Pero es verdad, y están ideando una manera para que los Vencedores que apoyamos la causa nos unamos al 13 en el inicio de la revolución - miro buscando el consuelo que no llega desde el mar y el atardecer anaranjado que se esta llevando a cabo frente a mis ojos - Sé que estás en una situación difícil, eres un Vencedor y pocos saben que uno jamás deja de pelear aunque haya salido de la arena así que quiero preguntarte algo - desvio mi mirada de la de Finnick porque siento que podría ahorgarme en sus ojos que ahora parecen un mar en tempestad - ¿Estarías dispuesto a unirte a la revolución?-
No lo sé, realmente no lo sé. Toda mi vida quise que los Juegos nunca se hicieran pero ahora que tengo la oportunidad de pararlos, tengo miedo. Estoy aterrado de una manera que pocas veces recuerdo. Sé que unirme a una causa rebelde significa la muerte en este país, significa ir en contra del Capitolio, quien tiene el poder para destruirnos con un movimiento de mano, sé que aunque en el Capitolio nos amen, jamás Snow permitiría una insurreción, no si con eso se arriesga la seguridad política del país. Soy consiente del cambio que hemos provocado con Katniss y también soy consiente de las repercuciones que nos traerían si se llegan a enterar o en el peor de los casos, si fallamos y el 13 cae. Si ellos son destruídos, todos los Vencedores que los apoyamos, seremos ejecutados, torturados y nuestras familias seguirían el mismo camino. Pero mis dudas van más allá de mí y de mi familia. Mis dudas están en Katniss. Sé lo furiosa que debe de estar con el Capitolio pero pese a eso, jamás pondría en peligro la vida de Prim por una revolución. Pero pese a eso, es una pregunta dirigida a mí, así que mis labios se mueven mientras proceso las palabras que suelto sin más.
-No lo sé, siempre he pensado en la forma en que el Capitolio nos castiga por crímenes que no son nuestros, que todas las personas que vivieron los Días Oscuros están muertas, pero no sé si me involucraría en una guerra. ¿Qué quedaría de nosotros? Ya somos pocos y ahora quieren aniquilarse mutuamente. Si esta guerra la gana el lado rebelde, ¿Quienes quedarán para disfrutar la libertad de Panem? Respecto a Katniss, no lo hará, no si con eso Prim esta en peligro -
-Eso lo entiendo, ustedes aún tiene mucho que perder - Finnick mira la arena humeda y la subida de marea, y medita, perdido en sus propios pensamientos. Miro a Katniss a lo lejos, tan bella como las sirenas de los mitos del distrito 4. Su cabello castaño ondea al viento y puedo distingir a lo lejos una sonrisa que cubre su hermoso rostro.
-¿Amas a Katniss?- la pregunta me toma por sorpresa, ya que pensaba que Finnick no seguiría hablando al haber rechazado indirectamente la revolución. Me deslizo incómodo y paso mis manos por mi cabello rubio y miró a Finnick que retuerce cuerda entre sus manos sin mirar, desviando sus ojos entre la playa y yo.
-Desde siempre - suelto un rato después, cuando me doy cuenta que él probablemente sea uno de los pocos que no me juzgará por amarla - y probablemente nunca deje de amarla - Finnick asiente, conforme con la respuesta y vuelve su atención a las olas que mueren frente a nosotros, cubriéndonos con su rocío helado.
-¿Ella te ama a ti? - embozo una sonrisa triste, pensativa, porque es algo que ni yo mismo sé responder porque Katniss jamás me lo ha dicho, y yo ya dejé de dar por sentado cosas que no son para evitarme el sufrimiento propio.
-No lo sé - mi respuesta parece no ser lo suficiente para Finnick así que tomo aire y reordeno mis ideas para explicarme mejor - jamás me lo ha dicho y aunque nos casamos voluntariamente, siempre estará en mí la duda de que si lo hizo porque me quería o porque tenía miedo - Finnick me mira con un gesto que no sé comprender y suelto un suspiro, más que nada contrariado por el tema al que hemos llegado.
- Katniss es compleja y a la vez muy fácil de leer - suelto una risa porque creo que tiene razón. Sus acciones siempre tienen un porque que uno no sabe en el momento, sino que mucho tiempo después. - Pero se nota que te quiere, la forma en que siempre te esta mirando, uno es capaz de darse cuenta con sólo mirarlos un rato. Su dinámica de pareja es muy distinta que en cámaras. Ella te quiere, aunque tal vez no lo sabe - miro a Finnick, tan distinto del joven mujeriego que tenía estereotipado en mi cabeza. Finnick es una persona completamente distinta de lo que se piensa y probablemente me tome tiempo conocerla pero quiero hacerlo, quiero tener un amigo que comprenda lo que yo, y que no me juzgue por lo que hice para mantener a mi esposa con vida.
-¿Por qué me dices esto?- Finnick parece sorprendido por la pregunta, ya que abre sus ojos azul verdoso para luego soltar una risa contenida y luego voltear a mirarme otra vez.
-Porque me agradas, eres de la clase de personas que es sumamente honesta y leal, y no lo sé, ambos me caen bien - miro a Annie, y luego pienso en Mags y en el hecho de que no conozco a la familia de Finnick, porque jamás se ha visto. Y creo que mi vida no llegara a ser ni la mitad de solitaria que la de él. Solo, con riquezas y pocas personas que lo aman. - espero caerte bien porque no soy alguien muy querido aquí -
- Me agradas, así que descuida, tienes a alguien a quien le cae bien el verdadero Finnick Odair - el vencedor me mira con una sonrisa en su rostro y luego fija su mirada en el cielo para ponerse de pie luego de suspirar un par de veces.
-Vamos, se nos hace tarde para cenar - sonrío y Finnick me ofrece una mano para ponerme de pie y seguirlo por la arena, consciente de que la amistad entre Vencedores es más peligrosa pero más leal que ninguna otra porque eso somos, Vencedores, supervivientes que sólo entre nosotros nos entendemos, sólo entre nosotros somos capaces de conocernos.
Porque jamás seremos bienvenidos en otra parte más que en nosotros mismos.
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Y eso fue todo ._. Espero que les guste y comenten por favor, que no me motivo para escribir :/
Saludos
Blue *-*
