Adivinen quién volvió! Ja, si, yo, con el rabo entre las piernas. Acabó de terminar este capítulo y lo subó enseguida antes de que tenga que hacer algo más. Les digo desde ahora que no abandonaré esta historia pero que me demoraré en subir capítulos. Espero poder subir por lo menos uno al mes, y lamento si te retraso pero voy en cuarto medio y más el preuniversitario y las clases de dibujo casi no tengo vida :c Bueno, eso, espero que les guste este capítulo que reescribí porque no me había gustado como quedó, espero que a ustedes si les guste. Nos leemos abajo.
El capítulo esta inspirado en la canción "Give Me Love" de Ed Sheeran
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POV Katniss
Cuando llego a la panadería, luego de hablar con Haymitch y con los pulmones ardiéndome por el esfuerzo de haber corrido desde la Aldea de los Vencedores hasta la zona comercial, me doy cuenta del tumulto que hay fuera de ella. Hay una cantidad numerosa de personas con rasgos típicos de los comerciantes, que se encuentran charlando entre ellos, cuchicheando y susurrando probablemente las razones por las cuales el mayor de los hermanos Mellark está muerto.
Veo a la madre de Peeta algo apartada, frotándose las manos contra el vestido sucio junto a dos comerciantes, limpiándose las lágrimas que caen por sus mejillas pálidas. Una duda se instala en mi mente, rápida y algo cruda cuando me pongo a analizarla bien y me pregunto si ella lloró por Peeta cuando estaba agonizando, cubierto de barro a las orillas de un río, o cuando la fiebre se lo llevaba a ratos cuando estábamos en la Arena. Si lloró por ese hijo que podía morir en cualquier momento atravesado por una espada o una lanza. Tal vez sus hermanos lloraron y su padre, pero me es imposible visualizar la imagen de la mujer que alguna vez golpeó a Peeta por salvarme la vida, por quemar aquellos dos panes que evitaron que mi familia pereciera por la falta de alimento, llorar por él. Puede que no le esté dando el crédito a una madre que ahora llora la muerte de uno de sus hijos pero me guardo los juicios y paso a su lado sin dedicarle otra mirada.
Sigo caminando, y subo la pequeña escalinata de madera que hay en la panadería, haciendo camino entre los comerciantes de cabellos claros y ojos brillantes. Veo a la amiga de Peeta, Delly Cartwright llorar junto a un niño muy parecido a ella, su hermano probablemente. Distingo a amigos de Peeta que lo rodeaban de la escuela y a otros que eran amigos de sus hermanos pero no encuentro al chico del pan. No soy capaz de encontrar entre el tumulto los ojos azules de mi esposo. Cuando soy capaz de entrar a la panadería, me asalta un miedo y una sensación de pánico que me recorre la espalda como un escalofrío. Camino por los estantes vacíos donde se amontona gente que habla entre sí, lamentando la muerte de un joven tan amable y correcto como lo era Nathan.
Me adentro hasta la parte de atrás de la panadería que es un pequeño living de donde nace una escalera que sube al segundo piso donde esta la vieja habitación de Peeta y sus hermanos y la de sus padres. Donde usualmente hay dos sillones de tela gastada y rota, ahora hay una mesa cubierta con una sábana blanca deshilachada y vieja y sobre ella, un cajón de madera del tamaño de una persona. La madera está desgastada y en bruto, de un color claro, y está cerrada con clavos en cada extremo. Siento un nudo en la garganta, esa sensación que me invade cada vez que alguien está sufriendo o en este caso muerto. Es una sensación terrible que pocas veces me gusta sentir y que a menudo la evitaba yendo al bosque cuando un enfermo o herido llegaba agonizante a mi cocina. La sensación no se va hasta que veo a Peeta de pie frente al cajón donde esta el cuerpo de Nathan, estático y sin ninguna intención de moverse. Hay rastros de lágrimas en sus mejillas pálidas, y su cabello está desordenado, como cuando lo jala producto de la desesperación o el enojo. Las vendas que envuelven sus manos están con un rastro de sangre y hay algo de nieve en sus pantalones y en su chaqueta. Prim está a su lado con una trenza igual a la mía y un abrigo grueso de color gris. Trae unos guantes y una bufanda cubre su cuello pálido. Acaricia levemente el antebrazo de Peeta pero mi chico del pan parece no reaccionar ante el gesto de mi hermana, que tiene el mismo gesto desolado que él, con sus mejillas húmedas y sus ojos claros rojos e hinchados por las lágrimas, tampoco reacciona ante la voz de mi madre, calmada y arrulladora en un gesto que desearía haber tenido cuando murió mi padre; y cuando me paro frente a él, tampoco se inmuta. Me centro en sus ojos porque es lo que más rebela los sentimientos de Peeta pero lo que veo no me gusta. Es un vacío en el chico del pan, un abismo gigante e intransitable que me hiela la sangre, sus ojos están sin vida y apagados y el azul que siempre me ha parecido tan claro ahora está turbio y nublado como el mar del 4 en tempestad.
-Katniss - Prim, que repara en mi presencia, se acerca hasta mí, abandonando el intento de hacer reaccionar a Peeta y pasa sus bracitos alrededor de mi cintura, refugiando su cabeza a la altura de mi pecho. La abrazo, sin ser consciente en totalidad de ello, ya que toda mi atención está en Peeta que no se mueve ni cambia su mirada.
-¿Cómo estás Patito? - Prim sube la mirada y veo los gruesos lagrimones que se empiezan a formar en sus ojos, siendo consiente del cariño que le toma Prim a las personas y cómo solía charlar con Nathan después de los Juegos cuando se pasaba por la panadería. Embozo un amago de sonrisa que estoy segura Prim no cree y le acaricio la coronilla, pasando mis dedos por su cabello rubio.
- Aún no me lo termino de creer - la voz de Prim suena cortada y sollozante. Está más que claro que le afectó la muerte de Nathan.
A todos nosotros. Puede que no haya sido una persona cercana al mayor de los hermanos Mellark pero está más que claro que soy cercana a Peeta y mi chico del pan está desolado. Por el rabillo del ojo, distingo a Connor, quien le habla en susurros y Peeta responde con cabeceos forzados. En algún punto, nuestras miradas chocan y me siento realmente ahogada en sus ojos azules. Peeta toma algo de impulso y sale de la habitación seguido de Connor y ambos se pierden hasta la parte de atrás de la panadería, saliendo por la puerta y cerrando tras de ellos.
POV Peeta
Hay mucha, mucha gente. Tal vez demasiada que no creo conocer y que si la conozco, tampoco me importa que esté aquí. Probablemente ya nada me importa en estos momentos salvo el cajón de madera astillada en donde descansa el cuerpo de mi hermano mayor. De vez en cuando siento los murmullos de las personas que se acercan hasta mí y me dan sus condolencias pero lo cierto es que no las creo y tampoco me son valiosas. Nada es ya valioso una vez que pierdes la vida de tu hermano.
Jamás antes sufrí una pérdida, jamás alguien que me importara se había ido de mi lado para nunca más volver, pero ahora entendía algo de la tristeza que tenía Katniss cuando perdió a su padre, ahora comprendía ese dolor que te apretaba el corazón. También comprendo el odio y la rabia que burbujea dentro de mí y amenaza con salir. Jamás me había sentido de esta manera, sintiendo que el enojo es algo tangible y que lo siento caliente recorriendo mis venas. No me importa de todos modos. Siento en mi antebrazo una caricia débil y tibia. Manos pequeñas y veo una cabeza rubia de reojo. Prim.
Katniss está también y quiero gritar, decirle que la necesito. Que necesito sus brazos rodeando mi cuello, sus labios acariciar los míos, su voz arrullándome y diciéndome que estaré a salvo como en aquella canción que cantó la noche anterior, pero sería mentirme, sería mentirnos porque no estamos a salvo, nunca lo estaremos.
Connor me habla, me dice que salgamos, que debe explicarme lo que ocurrió pero lo único que sé a ciencia cierta es que mi hermano está muerto, dentro de ese cajón. Inocente porque su único supuesto crimen era ser mi hermano. Hermano de un estúpido que pensó que jamás se volvería una pieza en los juegos del Capitolio. Pero eso era mentira. Fui una pieza desde el momento en que mi nombre salió de aquella urna de vidrio, desde que me obligaron a matar, a sobrevivir en una arena. Desde el momento en que me obligaron casarme con Katniss.
Salimos ambos al jardín de atrás, que era un pedazo de tierra, que se conectaba con la calle de atrás, con algo de pasto que estaba alto y te llegaba a las pantorrillas. Al fondo estaba el árbol en donde Katniss se había dispuesto a morir. Mi mente visualiza ese momento, recrea todo lo que sentí en aquel instante. Es un largo flujo de imágenes que siempre llega a mí en sueños, y que jamás he podido olvidar. Fue la primera conexión real que tuve con Katniss y fue la más memorable si puedo decir.
En esos momentos, ambos teníamos once años, éramos unos niños que a pesar de haber compartido la totalidad de vida escolar en el mismo grado, jamás habíamos cruzado palabra, pero me había fijado en ella desde el preciso momento en que mi padre me señaló a la hermosa niña de dos trenzas castañas que iba dando saltos el primer día de clases. Desde ese momento, ya estaba interesado en ella y fue su voz lo que me hizo amarla como un niño apasionado. Ese día de fines de invierno, estaba trabajando en el pan desde que llegué a casa luego de la escuela. Fue uno de esos días en donde el agua caía a grandes cantidades y empapaba el distrito desde la Veta hasta el sector comercial. Debido a la lluvia torrencial, no habíamos vendido una gran cantidad de pan ni de nada realmente. La gente parecía haberse ocultado con el fin del invierno y en casa las cosas no estaban ni la mitad de bien que esperaría el mundo al ver una familia como la nuestra.
Esa tarde, cuando mi madre llegó refunfuñando y tirando pestes sobre los habitantes de la Veta, algo se encendió dentro de mí, y brilló cuando el nombre de Katniss apareció en la conversación. La hija mayor de los Everdeen estaba rebuscando en la basura puesto que su padre había muerto hace poco en las minas y no tenían nada para comer. Y yo; yo podía ayudarla, podía mantener a la chica que amaba en pie un día más y jamás dudé en ese momento. Estaba decidido a ayudarla, incluso si eso me costaba el poco amor que me tenía mi madre. Dejé caer los panes de pasas en las brasas y los mantuve el tiempo suficiente para que mi madre los diera por perdidos.
Aún recuerdo el dolor que me recorrió la mejilla derecha, los dedos de mi madre fuertemente marcados casi con fuego en mi rostro. Sentía el golpe que me dio justo en el omóplato con el uslero, y sentía luego los que me dio con la escoba en la espalda. Pese a eso, no grité, no lloré frente a aquella que se hacia llamar mi madre. No valía la pena, Katniss si. Y fue por eso que decidí de todos modos quemar aquellas hogazas de pan.
Mi madre, gritando a todo lo que le daban los pulmones, me ordenó que le diera los panes al cerdo puesto que nadie querría comerlos luego de haberlos quemado. Salí, sintiendo el agua que caía en forma de llovizna sobre mi rostro caliente por los golpes. Y ella estaba allí, con su trenza castaña y la chaqueta de su padre cubriéndole los hombros delgados. Sabía que se estaba muriendo. Su cuerpo delgado estaba recostado sobre el árbol de manzanas que había fuera, con sus piernas fuertemente agarradas contra su pecho. Mis brazos se movieron por inercia, lanzando los panes lo más fuerte que podía, evitando que cayeran sobre el barro y la mugre, justo a sus pies. Sus ojos grises viajaron de mí hasta las hogazas de pan y luego otra vez a mí. Y supe que había hecho lo correcto, que había salvado a aquella niña que tanto quería a pesar de que ella no reparaba en mi presencia. Me di la vuelta en el preciso momento en que sus pasos ligeros se hicieron presentes y el grito de mi madre me sacó de mis pensamientos.
Un par de cachetadas, y luego de eso me mandó a dormir. Para ese entonces estaba adolorido, sentía el cuerpo sumamente pesado, con la espalda y los hombros molestándome en exceso. La cabeza me dolía por el frente y lo único que deseaba en esos momentos, era tirarme en mi cama y dormir toda la noche y el día siguiente. No recordaba una paliza como aquella. Los ojos me lloraban sin querer, mientras subía las escaleras hasta el segundo piso, caminando por el pasillo hasta llegar a nuestra habitación.
Mis hermanos no podían evitar mirarme, sabiendo de ante mano que los gritos de mi madre eran para mí. Sabía que mis hermanos harían hasta lo imposible por protegerme pero eso no se aplicaba mucho cuando era contra nuestra madre, puesto que los tres sufríamos lo mismo a diario. Todos en el distrito sabían que nuestra progenitora nos golpeaba cuando estaba enfadada con nosotros y que mi padre pocas veces se involucraba en las reprimendas. Nathan, con ya 15 años era el que menos daños sufría, al ser el mayor, pero eso no le ahorraba cachetadas cuando salía con sus amigos y no cumplía sus horas en la panadería. Connor aún sufría las palizas de nuestra madre, aunque esto usualmente terminaba con él dando portazos por toda la casa. Connor tenía 13, pero era bastante grande para su edad, así que de alguna manera u otra, intentaba hacerle frente a mamá. Pocas veces lo lograba.
Connor suspiró cuando entré en la habitación y me dejé caer contra la cama, sollozando contra la almohada y me quedé allí, quieto como una estatua, evitando que las lágrimas siguieran cayendo. Me dolía a montones el rostro pero sabía que ya no quedaba hielo puesto que la última nevada había sido hacia más de tres semanas. Esta era probablemente la última lluvia hasta el siguiente invierno. Pese a eso, Nathan entró a la habitación que compartíamos los tres y se sentó en la cama de Connor, con un pocillo con agua helada y un trapo.
-Hey, Peet, déjame ver eso- negué enérgicamente con la cabeza, sintiendo el dolor que me provocaba el roce con la almohada. Nathan suspiró sonoramente y tomó mi hombro con cuidado, logrando que me volteara y lo mirara detenidamente. Por la cara que puso Nathan, mi rostro no era el mejor y el dolor me hacia consciente de ello. Me senté en la cama con las piernas cruzadas y sorbí por la nariz al ver a mi hermano. Nathan me colocó su mano en la barbilla y me obligó a verlo a los ojos avellanas que poseía.
-¿Te duele mucho?- asentí desganado. No importaba si dolía, lo había hecho por una buena razón. - Entonces, dime, ¿Por qué quemaste ese pan?- Nathan me miró mientras me liberaba de su mano y desviaba la mirada hacia el lado- Tú puedes ser un millón de cosas Peet, pero torpe no eres- me sonrojé furiosamente como pocas veces lo hacia ante la mirada de Connor y Nathan. Suspiré y Connor me imitó y colocó el paño frío sobre mi mejilla.
-Auch- fue imposible que no me quejara, puesto que me dolía a montones. Connor retiró su mano de mi rostro y volvió a mojar el paño, el cual me entregó y yo coloqué mejor sobre el golpe. Dejó la fuente sobre la mesita de noche y se lanzó sobre su cama.
-Aún no respondes mi pregunta pequeñajo- me encogí de hombros y volteé a ver a mis hermanos que esperaban una respuesta. Mis hermanos eran probablemente los únicos que en ese entonces sabían de mi enamoramiento hacia Katniss así que no les parecería extraño y tampoco me juzgarían.
-Katniss- Connor enarcó una ceja y miró a Nathan quien hacia lo mismo. Katniss Everdeen era la chica de la que estaba enamorado desde los cinco años y para mis hermanos hablarles de ella, suspirar cuando pasaba o cuando la veía en la escuela era pan de cada día. De a poco, el error que había cometido cobraba sentido para ellos.- Estaba afuera, madre la corrió cuando vio que revisaba nuestros contenedores de basura. Se estaba muriendo de hambre, ella y su familia. No podía dejar que eso pasara- Connor suspiró y me miró a los ojos, sabiendo que mi convicción no era momentánea y que estaría dispuesto a volver a enfrentarme a una paliza de nuestra madre por ayudar a la hija de los Everdeen, quienes pertenecían a la Veta. Nathan se acercó y volvió a colocar el paño húmedo en el lugar donde mañana y probablemente una semana, estaría un moretón. En ese momento lo único que podía hacer era gemir ante el tacto frío del paño contra mi mejilla que se sentía caliente y adolorida. Aparte de eso, me dolía la espalda donde mi madre me había golpeado con la escoba, y el omóplato donde sentía el calor del uslero y donde seguramente tendría hematomas.
Cuando llegó el momento en donde las luces de la zona comercial se apagaba, yo ya estaba envuelto en una camiseta y unos pantalones de dormir, con una mejilla roja y un dolor en la espalda, pero nada de eso me quitaba la satisfacción y la alegría de saber que ella y su familia estaban bien, que gracias a unos cuantos golpes, ella comería y dormiría con el estómago lleno, que era más de lo que muchos de los habitantes del doce podían pedir.
Connor me sacó de mis pensamientos con una palabra. Se recargó en el árbol y yo me dejé caer a su lado, manteniendo mi pierna ortopédica siempre extendida. Mi hermano suspiró y comenzó a quitar el césped que se veía entre la nieve de pequeños puñados, evitando mirarme y yo a sus ojos. No podía, nada de mí podía admitirle a mi hermano que no era culpa de los Agentes de la Paz, sino que era culpa mía por intentar ayudar a una revolución que sabía traería daños. Era culpa mía y de Katniss.
- Cuando nosotros llegamos del Capitolio luego de la boda, y nos bajamos del tren, el caos ya estaba desatado en el distrito. - hizo una pausa y miró a las personas que entraban y salían de la panadería, hablando y murmurando entre ellos - Llegó un nuevo agente de la paz que, al parecer, le gusta la violencia. Los azotes se están llevando a cabo desde hace una semana y Nathan no fue el primero en aparecer muerto. Mataron a tres mineros que eran incitadores e incendiaron el Quemador hace unos días. Todo es un caos Peet - su voz se quebró en mi nombre y me abofeteé mentalmente mientras mis pensamientos se iban en Nathan.
¿Qué hacia yo vivo cuando mi hermano había muerto por una causa que él desconocía?
Nathan era inocente y tenía unas ganas de gritar que su asesinato era una injusticia, que no tenía ni un sentido. Pero era mi hermano y yo un Vencedor y a pesar de que por momentos pensé que haber ganado los Juegos nos traería cosas buenas puesto que todos habíamos atravesado la Cosecha y estábamos vivos, era una mentira que me decía a mi mismo y que pujaba por salir.
Ahora comprendía la soledad en la que Haymitch estaba acostumbrado y le encontré el sentido suficiente a vivir solo, sin nadie que te importe, puesto que así no hay forma de dañarte, no pueden quitarte nada cuando ya no tienes nada. Y eso quería ahora. Quería alejarme de mi familia, quería evitar que los mataran. Alejarme de las palabras y los consejos de mi padre, de sus abrazos. Alejarme de ahora mi único hermano, de sus sonrisas y de su comprensión. Y estaba dispuesto si eso significaba mantenerlos a salvo. Yo haría lo que fuese por mantenerlos con vida, por evitar que otra pérdida azotara a nuestra familia.
-Debo alejarme de ustedes, debo evitar la panadería, sería lo mejor - mi voz salió en un susurro imperceptible que Connor escuchó sólo porque estaba a mi lado. Su mirada se volvió confusa y enarcó las cejas en un gesto de desconcierto que los tres habíamos heredado de papá. - Los herirán, Nathan fue sólo el primero. No quiero que una noche lleguen diciéndome que tú o mamá o papá están muertos, no lo resistiría - mis ojos indudablemente se fueron nublando, y mi visión se fue tornando acuosa. Las lágrimas querían bajar pero yo ya no quería llorar. Sentía que si seguía de esta manera, ya no me quedaría más por derramar.
-¿Y darle más tristezas a papá? Él te necesita Peeta, y aunque mamá no lo demuestre, ella también te quiere cerca, nos haces falta y ahora más que nunca te necesitamos - mordí mi labio inferior con fuerza, evitando llorar y provocando que sangre saliera cuando la presión fue suficiente para romperlo. Me necesitaban. Si, claro, pensé con sarcasmo. Necesitan a un asesino entre ellos.
Nadie me necesita
Levanté la cabeza más que dispuesto a debatirle a Connor sobre lo que decía pero una sombra castaña que estaba parada en la puerta trasera me desconcentró.
Katniss estaba con las manos en los bolsillos, con su trenza desarmada en algunos tramos y las mejillas rojas del frío. Connor me dirigió una mirada algo extraña que no supe comprender y se puso de pie, quitando la nieve de sus pantalones mientras que yo me dejaba caer contra el tronco del árbol, aferrando mis piernas a mi cuerpo frío. Connor caminó despacio y cuando pasó junto a Katniss, le dirigió un asentimiento, se metió las manos a los bolsillos y se entró a la panadería.
Katniss se acercó de a poco, dando pasos seguros en la nieve, sus ojos plateados siempre clavados en mí, y aunque esa mirada me paralizaba la mayor parte del tiempo, ahora no surgió el mismo efecto, demostrando que estaba más que vacío.
-O-
La castaña se acercaba nerviosa, mordiéndose las mejillas por dentro, apretando los puños dentro de su chaqueta mientras observaba al joven rubio que le mandaba una mirada vacía a la nada.
Sus ojos azules estaban desenfocados, y su cuerpo grande estaba contraído. Sus piernas contra su pecho y sus brazos alrededor de ellas. Peeta bajó la cabeza cuando sintió a Katniss acercarse. No quería verse así de patético, sintiendo que su corazón se estrujaba y que en cualquier momento se moriría.
Cuando Katniss se sentó, puso su cabeza sobre el hombro de Peeta, temiendo que su contacto sería rechazado. Peeta sólo se quedó quieto, manteniendo su cabeza entre sus brazos.
-Debes pensar que me veo patético - soltó sin pensar. Katniss elevó su mirada y descubrió la rota y desolada de su marido. Esos ojos azules que siempre habían sido tibios y confortables, ahora eran vacíos y fríos. Y ella se culpaba por eso, porque resultaba que era más que lógico que la chispa no había sido contenida y Snow se estaba vengando de ellos y usó a Nathan en ese propósito, sin importarle que una familia se destruyera por esa muerte. Siendo honestos, estaba más que claro que a Snow no le importaba, después de todo, apoyaba los Juegos y le valía mejor a Peeta destrozado por la muerte de su hermano y a ella culpable por saber que era su culpa. Snow se lo advirtió y ella pensó que el golpe llegaría contra Gale, contra su propia familia pero jamás contra la familia de Peeta.
No pensó que Peeta tenía seres amados que pudiesen ser dañados, siempre pensó en él como un sólo individuo, cuando lo cierto es que él tenía una familia igual que ella. Tenía a sus hermanos, a sus padres y Peeta también tenía amigos. Amigos que podían morir como podía morir Gale.
-Miles de cosas pasan por mi mente pero jamás que eres patético - su voz sonó ruda, no siendo consciente del dolor que generaba en Peeta cuando hablaba de esta forma, pero estaba tan cabreada. Después de pensar y creer que podía ser feliz junto a él, ahora venía la muerte de su hermano y los destruía a ambos.
-Es mi culpa Katniss, yo lo provoqué - Katniss se acomodó para quedar de frente al chico y negó mientras deslizaba su mano por sus rizos rubios empapados. - Sabía que Snow no dudaría en matar a alguien cercano a nosotros pero no me detuve, seguí con esos estúpidos discursos sobre la libertad y la igualdad. - Peeta levantó su cabeza y la castaña distinguió las gruesas lágrimas que surcaban sus mejillas. - ¿Por qué no me detuve?- ya no era un niño, tenía que tomar sus acciones en serio. Sabía que sus palabras podían mover masas, lo había comprobado, ¿Por qué mierda no se detuvo? ¿Por qué pensó que estaría bajo su control sin problemas?- Fui un idiota, un completo idiota - Katniss se puso de pie, aturdida por el comportamiento de Peeta, quién se levantó y se tomaba el pelo rubio con desesperación. Daba vueltas como león enjaulado, furioso.
-Peeta tú no sabías que esto pasaría, no podías sospecharlo - intentó tomar su brazo pero el rubio se liberó sin esfuerzo y siguió despotricando contra si mismo.
-Lo sabía, sabía los alcances de Snow, Finnick me lo había dicho y yo creí que podría con ellos, que mantendría a mi familia a salvo pero no es cierto - gritó como nunca antes lo había hecho. Gritó por su hermano, por la injusticia del Capitolio, por su matrimonio arreglado. Gritó por esa sensación de angustia que crecía en su pecho sin darle tregua.
- Nadie podía saber que mataría a Nathan, ni siquiera Finnick. Y en todo caso, ¿Qué tiene que ver Finnick Odair en todo esto?- Katniss se llevó las manos a los costados y apretó los puños mientras la sangre se agolpaba en su cabeza y en sus oídos. Mordió su mejilla interna, no quería disculparse luego con él por algo dicho en un momento de ira. Peeta reaccionó mal pues la ira lo cegaba y se desquitó de la mejor manera que podía en momentos así; aporreando el árbol que vibraba con cada puñetazo dado al tronco, en donde los nudillos del chico del pan se impactaban una y otra vez mientras las lágrimas corrían sin parar por sus mejillas heladas.
-Peeta, detente. ¡Peeta, para, te estás haciendo daño!- de sus manos salía sangre sin control, y las astillas se clavaban sin piedad en sus puños y Peeta se preguntó si su hermano había sufrido cada disparo, si estuvo consciente luego de que las balas perforaran su cuerpo. Si se desangró hasta morir, esperando la ayuda de alguien que jamás llegó.
Sus rodillas cedieron sin poder evitarlo, mientras que su pierna ortopédica se azotaba en el suelo sin que él sintiera dolor, la otra sufrió el peso de Peeta al impactar con el césped y la nieve. Sollozó como un niño herido y Katniss lo refugió en su pecho, siendo fuerte por ambos, no importando el remordimiento que ella sentía pues Peeta la necesitaba, ahora más que nunca.
-O-
El funeral de Nathan fue ese mismo día, luego de el descargo desesperado de Peeta, quien se vendó las manos de forma rápida y desprolija, sin siquiera intentar detener el sangrado y las cubrió con guantes cuando llegó el momento de cargar la caja que tenía el cuerpo de su hermano mayor. Connor y su padre estaban en un lado mientras que Peeta y un amigo de Nathan tomaban el otro lado del cajón mientras eran seguidos de una procesión bastante más pequeña que la que había en su casa. Peeta evitaba ver a Katniss, avergonzado de su conducta minutos atrás. Había hecho una estupidez y se sentía como un tonto aunque el sentimiento era casi dejado de lado con toda la pena que sentía al dejar a su hermano en lo que era el cementerio del 12, un lugar de lápidas mal talladas y cruces torcidas y viejas. Connor había abierto una zanja en la mañana con gente del barrio comercial y se dirigieron a ese sitio, todos sumidos en un frío silencio, en donde sólo se escuchaban las respiraciones, los llantos y los pasos cansados de las personas.
Peeta no lloró en el funeral como el resto de su familia; su mente había sido desconectada de su cuerpo y sólo podía ver como las palas de tierra muerta eran echadas sobre la caja de madera en donde estaba el cuerpo de su hermano. Sentía las presencias de los demás que de a poco fueron menguando hasta quedar sólo su familia y Katniss quien se mantenía algo alejada junto a su mentor.
-Peeta ya es hora de irnos - su padre tocó su hombro helado y empapado por la nieve, pero su hijo no se movió. Permanecía estancado en el suelo cubierto de nieve que albergaba el cuerpo de Nathan en sus entrañas. - Peeta, vamos a casa, está empezando a helar hijo - el señor Mellark miraba preocupado a su estático hijo que apretaba sus manos heridas y temblaba por culpa del frío y la rabia.
-No se preocupe Señor Mellark, yo me lo llevaré a casa y revisaré sus manos. Le haré darse un baño y descansará toda la tarde - el señor asintió luego de ver que el menor de sus hijos no hacia el más mínimo movimiento y le dio un abrazo que Peeta no recibió, Connor le dio unas cuantas palmadas y su madre caminó sin siquiera dar una mirada atrás. Cuando la distancia con la familia Mellark fue mayor, Katniss se ganó al lado de Peeta y tomó su mano, entrelazando sus dedos, obligándolo a caminar, seguidos de Haymitch quien se había mantenido inusualmente callado desde que había llegado al entierro de Nathan.
Caminaban entre las personas que no se atrevían a cruzar palabras con los Vencedores del distrito y se mantenían apartados de su camino que los llevaba a su casa en la aldea, alejados de los demás.
Katniss evitaba mirar al chico del pan, no queriendo ver sus ojos azules vacíos y sin vida, esos ojos que había aprendido a querer con su vida. Mantenía su mirada fija en el camino, mirando de vez en cuando a Haymitch que se llevaba su botella de licor a los labios cuando daban unos cuantos pasos. Cuando llegaron a la aldea de los Vencedores, su ebrio mentor se despidió de Katniss, mirando a Peeta con pena y algo de vergüenza que no pudo ocultar de la Chica en Llamas. Katniss no pudo evitar extrañarse, la culpa de la muerte de Nathan no recaía en su mentor, sino en ella, en Snow pero jamás en Peeta o en Haymitch.
Katniss mantuvo aferrada fuertemente la mano de Peeta y lo jaló hasta su casa, la casa de ambos, aquella que se encontraba con las luces apagadas y con un aspecto escalofriante; cuando entró, la sensación de frío la embargó. Estaba bastante más helada que la panadería que mantenía su calor gracias a los hornos que estaban prendidos todos los días y a toda hora y más helada que su casa que usualmente estaba con la chimenea prendida cuando volvía de cazar en el bosque. Entró, dejando a Peeta tras de sí, y cerró la puerta, viendo la casa particularmente grande y fría que tenía Peeta. El sólo hecho de que no hayan estado por casi dos semanas hacia que la casa se viera helada y triste. Las murallas pintadas de un suave color perla, adornada con pinturas de Peeta nunca se habían visto más melancólicas.
Suspiró con resignación y se quitó el abrigo, la bufanda y los guantes y los dejó colgados en la puerta, en donde sólo había chaquetas de Peeta. El rubio se mantenía estático, en el mismo lugar en donde Katniss lo había dejado, con la mirada fija en el piso de madera flotante que se hallaba frente a él. La cazadora lo miró, preocupada por el mar de sensaciones que demostraba Peeta en sus ojos, y tomó su rostro entre sus manos heladas, logrando que Peeta enfocara nuevamente y la mirara sin sentimiento alguno. Delineó su mandíbula con sus dedos largos y finos, marcando sus pómulos rojos por el frío, siguiendo el camino hasta llegar a su nariz larga y redonda en la punta, hasta bajar a sus labios donde dejó sus manos y fijó su mirada.
-Iré a buscar gasas y alcohol, debo verte esas manos. - el susurro que salió de los labios de Katniss fue como maná para Peeta, quien algo aturdido por la situación, se recargó en las manos de la muchacha, buscando su contacto algo más cálido que el de él. Posó sus brazos en la cintura de ella, estrechándola con firmeza, temiendo el momento en que se separaran. Temiendo esa sensación que crecía como un globo dentro de pecho y se esparcía por sus entrañas, esa sensación de pérdida y pequeñez que le hacían parecer a un niño. Un niño que necesitaba la compañía del amor de su vida, que necesitaba esos brazos delgados que le brindaban amor y protección, necesitaba esos labios tibios que lo envolvían en un frenesí de emociones y suspiros, necesitaba a Katniss con su fuego interno, con esa rabia que ella sentía por el mundo, pero que de todas formas lo hacia sentir mejor que su propio odio hacia los demás.
-Quédate conmigo - la voz de Peeta sonó estrangulada y rasposa, herida, pero Katniss ignoró este detalle y asintió devolviéndole una mirada cálida que quería quemar el alma de Peeta para hacerla renacer en el chico que ella quería. El rubio se acercó a ella, golpeando con su aliento mentolado el rostro de Katniss, buscando su contacto, uniendo sus labios en un beso calmo y reconfortante para ambos, dejándose llevar por la sensación de paz que le producía Katniss al estar entre sus brazos. Una sensación que pocas veces podía sentir, esa sensación de saber que el mundo podía caerse a sus pies y a él no le importaría porque Katniss estaba entre sus brazos. La cazadora deslizó sus manos por el pecho duro de Peeta, cubierto por su chaqueta, y subió con calma por sus hombros hasta llegar a su cuello, donde se aferró con fuerza, buscando eliminar el espacio existente entre sus cuerpos. No existía, ese espacio era nulo pues sus cuerpos encajaban como perfectas piezas de un rompecabezas. El chico del pan apretó sus caderas con fuerza, no queriendo soltarla mientras que su boca jugaba con los labios dulces de Katniss, deslizando su lengua caliente, entreabriendo su cavidad para jugar en una danza interminable de alientos. Las manos de la castaña se aferraban al cabello rubio húmedo de Peeta, enredando sus dedos por las hebras finas del muchacho, que había alzado a Katniss, manteniendo su peso hasta hacer chocar su espalda contra la pared del recibidor. Sus piernas se enredaron en las caderas estrechas de Peeta, logrando un gemido ahogado en los besos de ambos cuando sus sexos se rozaron y calentaron la fría atmósfera del lugar. Los labios de Peeta dejaron a Katniss cuando sus pulmones no pudieron seguir aguantando la respiración forzada que hacia todos los intentos por ser recuperada. El chico del pan echaba su cuello hacia atrás, dando bocanadas con desesperación mientras la lengua de Katniss se fue deslizando por su pulso errático, por su garganta, y por su manzana de Adán, llegando hasta su mandíbula, que besaba y lamía como tanteando su sabor con sensualidad, llegando hasta su lóbulo que mordía sin descanso, haciendo que el chico gimiera quedadamente en el oído de la castaña, que besaba de vuelta su mandíbula cuadrada libre de vellos rubios e imperfecciones.
-Katniss, te necesito - su voz era sólo súplica, y a la cazadora le destrozó el alma por completo. Peeta estaba destrozado de una manera que hacer el amor no podía remediar pero le daría un relajo que ahora necesitaba. Esa liberación que a ambos les ofrecía el orgasmo, cuando sus cuerpos se complementaban y llenaban, cuando no había duda de lo que sentían en lo absoluto. La castaña asintió compungida y besó sus labios entreabiertos, ahogando sus propios gemidos en la boca de Peeta.
Tomó la mano tibia del chico del pan, entrelazando sus dedos con los largos de él y ambos subieron por las escaleras de la casa, llegando hasta la habitación de Peeta, la habitación que ahora sería de ambos. En su casa era usada por su madre y era el cuarto matrimonial del lugar. En ella había una cama de tamaño King, con un dosel de color blanco de plumas, con cojines de color azul y otros de tonos verdes. Había dos mesitas de noche, un placar de tamaño considerable y un escritorio a un costado. La habitación tenía unos cuantos cuadros y una ventana hasta el piso que ahora estaba cerrada por una gruesa cortina de color beige.
Peeta entró con suavidad, haciendo poco ruido lo que sorprendió a Katniss pues el chico del pan no era la persona más silenciosa del mundo; se sentó en el borde de la cama, hundiéndola debido a su peso y se quitó las botas de montura negra, todo con calma, casi disfrutando el momento, para después sacarse la chaqueta azul marino que cubría su bien formada espalda, húmeda por la nieve. Katniss se despabiló, agitando la cabeza para liberar los sentimientos algo deprimentes que se empezaban a formar en su cabeza. Fue hasta el baño, donde cogió el pequeño botiquín de primeros auxilios y regresó a la habitación, se subió felinamente a la cama, dejando sus botas en el suelo, y lo ayudó a quitarse el sweater blanco que resaltaba su piel blanca y la camiseta de color gris que cubría su trabajado cuerpo. Estaba helado, sus hombros y su espalda estaban congelados por el frío. La curación de sus manos la hizo de forma automática, en donde el chico ni siquiera se inmutó. Sólo temblaba aunque no sabía si era por la temperatura o el miedo. Pasó sus manos con sutileza, intentando trasmitir algo del calor que ella sentía en ese momento y que la llenaba cada vez que ambos se iban a amar. Que se apoderaban del cuerpo del otro y llegaban al nirvana en minutos. Acarició su cabello rubio y lacio de forma natural, el cariño que le tenía le hacia que fuera más fácil demostrar lo que sentía hacia él. Siguió con la caricia y luego continuó con su rostro marfileño, logrando que Peeta volteara la cabeza y se dejara querer por un momento. Quería creer por un momento que esto era real. Su mente no procesaba con normalidad, estaba en un trance aún fuerte por la muerte de su hermano y quería con desesperación una caricia que lo hiciera sentir querido y amado.
-Lamento todo lo que estás pasando, pero estaré a tu lado, no importa qué - Peeta asintió ante la voz de la chica y recargó su cabeza en el hombro de Katniss y suspiró, besando el cuello de la castaña, sintiendo como su piel se erizaba ante su toque delicado y sensual para después subir a sus labios, los cuales atrapó en un beso demandante en donde su lengua exploraba una y otra vez la cavidad de Katniss que gemía ante las caricias de su esposo. Peeta se sentó sobre sus rodillas y empujó a Katniss con delicadeza, quedando sobre ella, apoyado solamente por sus brazos duros y torneados. Sus respiraciones eran erráticas y se entremezclaban en el frío ambiente de la habitación aunque a ellos la temperatura no les incomodaba, no cuando su cuerpo estaba tan caliente de sólo tocarse y besarse. Peeta despeinó su cabello en un gesto casual y luego de mirar a Katniss buscó sus labios, sintiendo como sus terminaciones nerviosas que antes parecían muertas ahora resurgían y hacían que su piel se quemara y ardiera donde las manos de Katniss tocaban y acariciaban.
Deslizó su lengua por su cuello moreno, subiendo y bajando, dejando un camino húmedo y caliente por su piel, chupando y lamiendo por donde el pulso cálido y errante de Katniss viajaba mientras la castaña tironeaba de su cabello rubio y sedoso, suspirando cuando Peeta lengüeteaba y provocaba una marca roja en su piel morena. Pasó delicadamente sus manos vendadas por los costados de Katniss, como si ella fuera la que estuviera herida, cuidando de cada uno de sus movimientos, siendo consciente del mar de sensaciones que se producían en ambos cuerpos, de las emociones que ambos poseían; posó sus dedos fríos sobre la tersa extensión de su piel, marcando sus caderas y su cintura. Deslizó con cuidado la fina blusa de color blanco que contrastaba con la piel de Katniss y con una sonrisa traviesa, la fue corriendo hasta dejarla sobre su cintura, mostrando sólo su abdomen plano y sus caderas cubiertas por los vaqueros azul oscuro.
-Peeta - el gemido descontrolado de Katniss hacia que el chico del pan siguiera con su constante exploración que lo llevaba al ombligo de la castaña en donde introducía su lengua, y la giraba y lamía mientras Katniss se retorcía sobre la cama, con una mano apretando el dosel y la otra jalaba los cabellos rubios. Sus pies se contraían y buscaban un agarre que no encontraba. Sentía un volcán crecer de a poco en su cuerpo a la altura de su vientre y el constante jugueteo de Peeta en su ombligo, donde dejaba un camino de su caliente saliva le impedía pensar algo más que en sus manos y en sus ojos casi negros, brumados por el placer y la lujuria. Aún persistía aquella tristeza que ella sabía que no se iría, siempre viviría con ella pero eso no importaba, ahora estaban juntos, ella lo amaba, tal vez jamás se lo hubiese dicho pero ella amaba cada parte y faceta de Peeta. Amaba esa amabilidad y bondad infinita que existía dentro de él, esa pasión que ponía en las cosas que hacia. Amaba cuando se despertaba con sus manos fuertemente puestas en su cintura temiendo perderla. Amaba cada detalle que lo hacia imperfecto, esas inseguridades que mostraba cuando él era el mejor de ambos. Cuando se enfadaba porque las cosas le salían mal y esa conducta derrotista que tenía a veces. Ese pequeño orgullo que lo llevó a no hablarle durante meses porque ella lo había dañado.
Lo amaba, amaba a Peeta Mellark. Porque ella poseía demasiado fuego dentro de sí y ahora que pensaba y reconsideraba las cosas no entendía porque pudo haber dudado de lo que sentía por él, cuando desde el principio fue la esperanza que la mantuvo con vida. Peeta era su diente de león, era la convicción de que aún con todo lo malo que pasaba a su alrededor, aún podía existir paz y podría encontrar refugio si era entre sus brazos. Ella lo amaba, amaba esa imperfección de ambos y se lo demostraría cada día como lo hacia él, lo elegiría cada día de ahora en adelante. Lo amaría no sólo con su pensamiento, también con su cuerpo, le demostraría cuan necesarios eran sus besos para ella. La manera en que encajaban como dos piezas de rompecabezas cuando hacían el amor. La pasión que se encendía cuando se acariciaban, las llamas que provocaban cuando alcanzaban juntos el orgasmo.
Deslizó sus manos por el cabello de Peeta, pasando por su nuca donde jugaba con los rizos algo más largos, sabiendo que amaba cuando ella empezaba a bajar sus dedos con delicadeza por su espalda, el punto G de Peeta, que gruñía cuando marcaba cada una de sus vertebras y luego seguía bajando hasta llegar a la cintura donde se entretenía pasando sus uñas y luego las deslizaba con sutileza por sus costillas y sus abdominales marcados. Peeta respiraba entrecortado en su oído, mordiéndose la lengua para no gemir cuando Katniss mordía su lóbulo, lamía su cuello y dejaba un húmedo camino hasta su pecho caliente. Luego cambiaba la dirección de sus besos y los dirigía a duras penas hasta sus abdominales, los cuales delineaba con la lengua, besando cada parte de su torso, y jugando con el pequeño camino de vellos rubios que bajaban desde su ombligo hasta su miembro.
-Kat – Peeta mantuvo su peso en sus codos, cuidando de no aplastar a Katniss con su peso y se dejó hacer por la chica que lamía su pecho y subía hasta su mandíbula, o deslizaba sus dedos con una calma asfixiante por su columna desnuda. La cazadora llevó sus manos hasta la pretina de sus pantalones, jugando con la hebilla del cinturón y luego deslizando su mano hasta tocar la entrepierna de Peeta para después subir a acariciar sus oblicuos y su abdomen – Katniss, no hagas eso - y cómo la chica era lo más porfiada posible, volvió a pasar su mano en la entrepierna del muchacho que emitió un débil gemido que acalló devorando la boca de Katniss, jugando con sus dientes, iniciando una danza desenfrenada con la lengua de ella. De un solo movimiento, la chica tenía abierto el pantalón de Peeta y su mano se aventuraba por su miembro caliente y erguido, duro y largo. La muchacha lo tomó entre sus manos y lo deslizó de arriba abajo, cuidando sus movimientos, sabiendo que Peeta se desesperaba cuando acariciaba su intimidad. La cabeza rubia del chico quedó en el hueco que había entre el hombro de Katniss y su cuello y mordió cuando la cazadora apretó la punta y sus gemidos no querían quedarse en su garganta reseca. ¡Diablos, esa mujer lo traía loco! ¡La manera en que lo acariciaba íntimamente lo hacia perder todo raciocinio!
Las manos de la muchacha se detuvieron y con ambos bajó los pantalones y el bóxer que cubría la intimidad de Peeta y este en una patada estaba completamente desnudo, con una fina capa de sudor sobre su cuerpo marmoleño. La mano de Katniss siguió con la labor, disfrutando de los gruñidos de Peeta y sus gemidos entrecortados. Él por otra parte estaba frustrado, sus manos estaban a ambos costados de la cabeza de la Chica en Llamas sin poder moverse, sin poder reaccionar porque ella lo volvía loco con sus besos y sus caricias.
-Katniss – el último gemido fue mayor puesto que la castaña tomó algo de impulso y quedó sobre el hijo del panadero, justo sobre sus muslos, con su miembro erguido a todo su largo y un sonrojo en sus mejillas. Pese a eso sus ojos estaban completamente negros, dilatados como cada vez que se ponían calientes las cosas entre ambos. Katniss tomó algo de valor en su siguiente movimiento, jamás había llegado a tanto con Peeta de esta manera. Él lo había hecho ya un par de veces y una fue en la ducha en su luna de miel en el 4. Ella había llegado al orgasmo la siguiente vez con sólo sentir los dedos y la lengua de Peeta que se deslizaba entre sus pliegues con maestría. La tuvo durante más de media hora contra la cama retorciéndose de placer, intercambiando sus dedos por su lengua hasta que ella llegó al orgasmo en un sonoro grito que probablemente escuchó todo el distrito pesquero. Junto valor y se inclinó hasta que su nariz quedó de frente al miembro de Peeta y posó sus labios, dando un beso en la punta brillante por el líquido pre seminal. El cabeceo y el gemido no retenido por Peeta le hizo entender cuanto lo había disfrutado y excitado esa simple acción.
- Joder Kat, no hagas eso – y ella siendo tan obediente volvió a besar su miembro erguido, haciendo que Peeta moviera sus caderas involuntariamente en busca de contacto.
-¿No te gusta? – su voz fue inocente pero Peeta sabía que de inocencia ya no quedaba nada. La castaña lo miró por un segundo y él pudo ver el placer y algo parecido al amor en sus ojos plata, el sentimiento no pudo más que aturdirlo, dándole a Katniss la oportunidad de darle una lamida a su miembro, logrando que recostara su cabeza contra las almohadas y mordiera sus labios mientras la lengua de Katniss seguía algo insegura su recorrido por su miembro, lo besaba y le daba lamidas en la punta mientras sus manos acariciaban sus oblicuos y su ingle marcada.
-Mierda, Katniss – tomó una fuerte bocanada cuando sintió los dientes de Katniss en su miembro y gimió sin poder contenerse, sintiendo como su cuerpo se calentaba a niveles insospechados, mierda, ella ni siquiera estaba desnuda y él ya estaba sometido contra la cama gimiendo por su Chica en Llamas. Los dientes fueron reemplazados por sus manos y luego por caliente lengua, y sintió lo placentero y desesperante que era el sexo oral, cuando tocaban esos nervios y no lo dejaba liberarse y tocar el cielo. Suspiró cuando Katniss acarició su miembro y sacando fuerzas de no sabía donde, la dejó bajo su cuerpo y le quitó de sopetón la blusa de su cuerpo, dejando un sujetador negro que fue quitado con maestría de un sólo movimiento.
-Peeta - la boca del panadero se dirigió hacia los pechos rosas de Katniss, los cuales masajeó y lamió cual bebé, tironeando delicadamente de su botón, mordiendo cuando las manos de Katniss lo apretaban con fuerza por la nuca, y soplando cuando la castaña tiraba su cabeza hacia atrás gimiendo quedadamente por el placer. Tomó otro pecho entre sus manos, sin descuidar el otro y siguió acariciándolo y besándolo, chupándolo y dándole sonoros lengüetazos por toda su extensión. Con una mano fue bajando con calma, rozando el ombligo de la castaña y abrió los pantalones de ella, y metió su mano por los rizos de su entrepierna, dispuesto a jugar de la misma manera en que ella lo había hecho minutos atrás. – Peeta, no te detengas – el chico asintió y lamió su cuello níveo, dejando un chupetón en su clavícula y su mano se adentro hasta el centro de la chica que gimió cuando sintió el dedo anular del joven girando y mandando corrientes eléctricas a través de su columna hasta llegar a su nuca. Bajó los pantalones lo más que pudo con una mano y abrió sus pliegues con su mano e introdujo dos dedos, girándolos mientras simulaba la penetración, para luego sacarlos y volver a hundirlos hasta agarrar su clítoris y manosearlo a su antojo, haciendo que Katniss se revolviera sobre el edredón suspirando y dando grandes bocanadas para recuperar el aire perdido.
Pasó su mano por su cadera y deslizó las dos prendas que cubrían el cuerpo de su joven esposa y los quitó de sopetón, dejándola desnuda otra vez ante él. El cabello castaño de Katniss regado sobre la cama, sus manos en su cabello, sus pies resistiendo el impulso de liberarse, era una visión que para Peeta no tenía precio; él podría morir justo ahora y no se arrepentiría de nada respecto a ella porque todo lo había conducido a ser el único que la tocaba y le hacia ver estrellas cuando su miembro se adentraba en ella y la hacia gritar de placer.
Acarició sus piernas desnudas y del cajón de su mesita de noche sacó un preservativo, cosas que eran bastante caras en los distritos pero que él y Katniss se podían permitir y lo abrió con los dientes, deslizándolo por la punta de erguido pene hasta que estuvo completamente cubierto. Tomó las piernas de la cazadora y se ubicó entre ellas, dando un sonoro beso en sus labios antes de entrar de una estocada que les sacó un suspiro a ambos. Se mantuvo quieto, permitiendo que Katniss se acostumbrara a la intromisión, dando besos por su cuello hasta volver a sus labios. Cuando las caderas de Katniss comenzaron a buscar las suyas supo que podía moverse con libertad y comenzó con un rítmico vaivén entre sus cuerpos, sacando y luego volviendo a introducir su miembro hasta el fondo, sacando suspiros y gemidos en ambos. La cabeza de Katniss se encontraba recargada contra las almohadas, mientras que sus manos estaban en la espalda de Peeta, enterrando sus uñas sin piedad en su sudorosa carne. La lengua de Peeta se deslizo por el cuello de Katniss y besó sus pechos para recargarse en su cuello, el cual mordía y besaba para acallar sus sonoros gruñidos.
-Peeta, más rápido – las embestidas del chico no se hicieron esperar e incrementó el ritmo haciéndolo frenético, logrando que la cama sonara cuando era impactada contra la pared. Peeta apoyó sus manos en la cabecera de la cama y pujó más fuerte, gimiendo el nombre de Katniss que se retorcía de placer y enredaba sus piernas en las caderas de Peeta, buscando una penetración más profunda.
-Ah, Katniss – sus manos se deslizaron por las costillas de Peeta y se abrazó a su cuerpo perlado por el sudor y movió su ingle, gimiendo cuando el miembro de Peeta alcanzó sus nervios y los retorció con fuerza. Suspiraba y daba bocanadas cuando su interior apretaba con delicia el pene de Peeta y lo llevaba un paso más cerca del cielo. –Kat – el chico rubio se soltó del respaldo de la cama y tomó las caderas de Katniss, girándola para que quedara sentada sobre su miembro. La castaña alzó una ceja y respiró sobre la boca del panadero – Móntame - ¡Diablos, eso había sonado jodidamente sucio en boca de Peeta! – Muévete, yo te ayudare a marcar el ritmo – Katniss asintió y colocó ambas rodillas a cada costado de las caderas de Peeta y subió para luego caer sobre el miembro del chico que gimió debido a la intensidad del momento. Volvió a subir y descubrió que le gustaba más esta posición, le permitía tener el control de la situación y el contacto era completamente abrumador. Sentía como si la tomaran de los nervios y la jalaran sin compasión.
Las manos de Peeta estaban fuertemente en sus caderas y la ayudaban a marcar un ritmo que les gustaba a ambos. Peeta gemía contra su hombro y ella tironeaba de sus cabellos rubios húmedos por el sudor cuando alcanzaba un punto de placer nuevo. Las manos del chico comenzaron a ejercer más fuerza y la giraba en círculos, logrando que ambos emitan sonoros gemidos y gruñidos que llenaba por completo la habitación, haciendo que el momento fuera casi irreal.
-Peeta, ah, Peeta- los gemidos de Katniss le quitaban la razón, sentía como poco a poco su chica estaba llegando al orgasmo, como sus paredes lo estrujaban con fuerza, y lo apretaban de manera deliciosa. Sus manos poco a poco fueron perdiendo agarre en sus hombros rasguñados hasta que cayó sobre él en una embestida profunda que la llevó al orgasmo de forma magnánima. El joven suspiró cuando las paredes de Katniss se contrajeron debido al orgasmo y dejaron su miembro preso. ¡Sólo unas embestidas más!
La tomó fuertemente por las caderas y la subió, haciendo uso de su fuerza y la volvió a embestir hasta llegar hasta el fondo. Repitió la acción hasta sacarla casi por completo de su pene erguido y brillante y volvió a hundirla con fuerza, haciendo que Katniss gimiera el nombre del chico con lujuria.
-¡Peeta! – La volvió a sujetar y movió sus caderas buscando su liberación, la cual llegó cuando la boca de Katniss chupó su hombro, y subió hasta su cuello el cual mordió con fuerza. Gimió una sola vez, cuando el orgasmo golpeó su nuca y lo hizo desplomarse en la cama con Katniss aún unida a él. Su cuerpo erosionó de todas las formas posibles, salió de este mundo. Su cuerpo fue tomado y llevado al cielo una vez más gracias a Katniss. Suspiró y acarició con parsimonia el hombro de Katniss, aún intentando regular su errática respiración. Su pecho albergaba su alocado corazón y Katniss sonreía al escuchar el sonoro latido que producía el músculo.
-Te amo Preciosa – el beso de Peeta en su sien, la descolocó de maneras insospechadas para él, tal vez era eso o sus palabras pero se aferró con más fuerza a su cuerpo desnudo enredando sus piernas con las de él, sintiendo el frío de la pierna artificial de Peeta. Besó el lugar exacto donde el corazón de Peeta latía con desenfreno al igual que el suyo y murmuró contra su piel.
-Yo también – Peeta la miró confundido, no había entendido sus palabras debido a que lo había hecho contra su pecho caliente. Tomó uno de los mechones de Katniss que caía sobre su frente y lo colocó tras su oreja. Tenía frío, sus cuerpos calientes estaban contra el ambiente helado de la habitación así que se le formó piel de gallina.
-¿Qué cosa Kat? No te entendí – Katniss refugió su rostro entre la curvatura del hombro de Peeta, no dispuesta a repetir lo que Peeta no había logrado captar. El muchacho rio por la acción de la chica y puso su nariz sobre su cabeza y aspiró el aroma a bosque que desprendía Katniss y la abrazó con fuerza, no dispuesto a soltarla por un par de minutos más. Necesitaba ese contacto con su vida, necesitaba sentir ese cariño a toda costa. La castaña sacó su cabeza cuando el frío se hizo mucho y tembló involuntariamente, logrando que Peeta saliera de su letargo y la observara. – Iré al baño a quitarme el preservativo, cúbrete o pescarás un resfrío – Besó su frente húmeda y se separó a duras penas de la muchacha, que emitió un suspiro cuando el miembro de Peeta salió de su cuerpo. Caminó desnudo hasta el baño de la habitación y salió un par de segundos después, moviendo su cuello en un gesto que Katniss consideraba post sexo. Sacó los pantalones de su pijama y se los puso y le entregó su camiseta a Katniss quien se la deslizó por los hombros quedando cubierta sólo por la ropa de él. Peeta abrió la cama y deslizó las mantas sobre ambos cuando Katniss estuvo acoplada contra su cuerpo, enredando sus piernas entorno a las suyas y abrazándolo por la cintura y él por los hombros, aferrándola hacia sí. – Aún no me dices que es lo que habías dicho antes – Katniss suspiró y Peeta acarició su hombro para después entrelazar sus dedos con los de la castaña.
-No es nada, está bien – Peeta volteó a verla y enarcó una ceja en un gesto escéptico. La cazadora estaba roja como un tomate y su corazón resonaba contra el suyo pero según ella estaba bien. Peeta asintió con diversión y luego besó su coronilla. Katniss pensó unos cuantos minutos más cuando sus ojos comenzaron a cerrarse involuntariamente, pese a eso, seguía sintiendo las caricias de Peeta en su mano por lo que aún estaba despierto y empezaría al igual que las otras noches, sufriendo de pesadillas, ahora más que sabía lo de su hermano. Se irguió con calma y puso su mentón en el hombro de Peeta y comenzó a cantar la nana que había cantado noches atrás para hacer que Peeta se durmiese.
Just close your eyes/The sun is going down/You'll be alright/No one can hurt you now/Come morning light/You and I'll be safe and sound.
El chico agradeció el gesto y besó con calma los labios de Katniss, saboreando cada matiz de su boca dulce.
-Te amo – y Katniss no tuvo tanto miedo cuando respondió:
-Y yo a ti Peeta
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Bueno, y eso fue todo, salieron 14 páginas en Word así que está bien para mí. Espero que sigan mandando sus hermosos reviews, lleguemos a los 60 que así me inspiro más para escribir. Para el próximo capítulo no abra miel sobre hojuelas pues como van viendo Peeta se está conviertiendo en la voz que necesita la revolución y eso se hace a causa de sufrimiento y superación, pero la relación con Katniss se irá fortaleciendo con el transcurso de los días. Lleguen a los 60 y subo un capítulo del día después de los panes que hice como regalo que jamás entregue y se convirtió en un documento gigante en mi escritorio :D
Momento de agradecimientos:
Gente que agregó a Favoritos y Seguidores
Bel Potter, Brujita22, Elimoir, DarkAngel008, Isbel0079, Lenna0813, Edid Cullen, Lali Weasley, elisafox y carolblue.
Gente que escribió comentario :')
tita, LuciaEverdeen(Sé que quieres matarme pero tenme paciencia :'( ), Isbel0079 *-*, Lali Weasley, tita (Vamos Chile mierd*)
Y LES DEDICO ESTE CAPÍTULO A GirOnFire y a SaraCullenMasen que siempre, siempre comentan y ustedes chicas me hacen enormemente feliz, en serio, si alguna vez decidiera dejar esta historia, la terminaría y se las mandaría sólo porque las amo *-*
Bueno, eso es todo, nos leemos en unos días, semanas, meses no, porque no me demoraré tanto esta vez :D
Blue
