Hola, nada que decir, sólo que les faltaron tres comentarios para llagera a los 60 y que hoy subo dos capitulos porque están listos los dos... Por favor no me maten y lean y dejen comentarios plis, se los agradezco infinitamente.
A leer...!
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POV Peeta
Siempre pensé que la taciturnidad era casi un problema en mí. Usualmente me gustaba perder el tiempo, como decía mamá, en dejarme llevar por las ideas locas que nacían igualmente en mi mente. Siempre fue así y a veces me ganaba sus buenos golpes y burlas de mis hermanos debido a lo mismo, el hecho de andar perdido en cavilaciones y sentimientos.
Aún es así y creo que los últimos acontecimientos en mi vida me han llevado a ser peor, a pensar y pensar en cosas que simplemente no son sanas para mí, que me van destrozando de a poco y que me llenan de ira y de recelo. No es para nada sano que la mayor parte del tiempo vea todo rojo debido al enojo o que mis emociones estén a flor de piel y sea casi imposible para mí ser consciente de algo más que mi propia burbuja que es mi casa.
Más que casa es un refugio, un lugar en el que no tengo miedo de ser juzgado, en donde las paredes no se cierran en torno a mí, en donde el piso no se resquebraja bajo mis pies y el techo no se derrumba sobre mi cabeza. Es un santuario, es un lugar donde no tengo miedo de lo que pueda pasar aunque eso sea ridículo en todas las extensiones de la palabra.
Un golpe, dos golpes, tres y luego un descanso. La madera cruje debido a los aporreos que recibe pero aún así nadie atiende la puerta. Y en este caso, ese nadie soy yo.
Es cerca de medio día, fines de invierno, fuertes nevadas han azotado al Distrito 12 durante la semana y deben de ser las últimas. La primavera ya debe estar por llegar pero el frío simplemente no quiere irse. Lo prefiero así. Me gustan más los ambientes helados que el calor del verano o los estornudos que me provocan la primavera.
Los golpes en la puerta de mi casa en la Aldea de los Vencedores vuelven a sonar pero no hago ni siquiera el intento de ponerme de pie. Sé quién es y sencillamente no quiero ver a esa persona, porque sé que si la veo no seré capaz de apartarla de mi lado. En lugar de caminar hacia la puerta, bajar las escaleras y abrir, me acomodo mejor en la butaca que hay en mi estudio y afirmo el cuaderno de dibujo que se cae constantemente de mis muslos.
Es una pésima posición para dibujar, los trazos quedan mal y ando constantemente afirmando el lápiz que rueda o la goma de borrar pero simplemente no quiero moverme del lugar.
-¡Peeta abre la puerta, sé que estás en casa!- por supuesto que lo sabe. Dónde estaría sino. Bufo por lo bajo y tiro el cuaderno sobre el escritorio del estudio y me pongo de pie. Paseo hasta la ventana y veo el patio de atrás, sin dejar de escuchar los gritos en la puerta, rezando a una fuerza divina para que se largue y no vuelva por hoy.
Tal vez la fuerza divina me escucha, o tal vez realmente se aburrió de estar parado afuera, con las mejillas congeladas y la nariz roja pero al cabo de unos minutos se deja de escuchar el ruido de la puerta siendo aporreada y los gritos. Suspiro, técnicamente aliviado, y me quedo en el estudio, moviendo lienzos que en la última semana, luego de haber vuelto al distrito 12, no he terminado. Me he visto sin ninguna inspiración para terminar las pinturas que hice antes de la boda y la muerte de Nathan y ahora ya no sé que hacer con tanto lienzo ocupado. Mis pinceles están la mayoría en sus cajas y otros están apoyados en una paleta que tiene colores verdes y cafés de distintas tonalidades. Los lápices numerados están regados sobre el escritorio y las hojas de algodón tiradas por el piso.
Realmente debo limpiar esto. Botar aquellas pinturas que sé que no terminaré y apilar las que algún día acabaré. Suspiro cansado y tomó dos cuadros entre mis manos, ambos de Nathan, la única persona que se me ha venido a la cabeza mientras tengo un pincel en mis manos, y los dejó sobre un mueble y luego sigo sacando lienzos y lienzos. Hay muchos que están recargados contra los muros, muchos de ellos de los Juegos y de Katniss, y otros que se hayan colgados o en sus respectivos atriles.
Es lo que hago a diario desde hace una semana, ir al estudio, destrozar un poco y luego arrepentirme y ordenarlo todo para volver a hacer lo mismo el día siguiente. Ocurre lo mismo con el resto de las cosas que llenan mi vida cotidiana.
Todo se ha vuelto igual desde que llegue al distrito y Katniss dice que es una fase, que prefiero seguir una rutina que estabilice mi vida y no afrontar los cambios que ocurren en ella. A veces simplemente la ignoro y asiento en los momentos que debo o no hacerlo. La mayor parte del tiempo mantengo mi cerebro desconectado de lo que pasa en el mundo y sé que a Katniss le molesta pero no hayo otra forma de continuar. Somos distintos y nuestras maneras de afrontar las pérdidas son completamente divergentes. Ella salió adelante por Prim. Yo aún no sé porque pelear. Me cuesta trabajo ponerme de pie por las mañanas y la mayor parte del tiempo me desvelo y no duermo. Las ojeras que comienzo a traer son preocupantes. Fuera de eso hay otro tema que le molesta y que suele ser disputa entre ambos.
Escucho la puerta de la entrada, el crujir de las llaves y los pasos algo más suaves de Katniss cuando llega. Luego el constante de sus pasos que se pierde probablemente en la cocina y luego como se dirigen sin dudar a las escaleras. Sube, sube y el sonido sólo se hace más fuerte. Luego viene el repiqueteo y al final como la puerta del estudio se abre con calma. En ella aparece la mujer que amo, con sus mejillas sonrosadas y la nariz roja por el frío. Su torso está cubierto por la chaqueta de su padre y hacia abajo ocupa unos vaqueros ajustados que realzan sus piernas duras y tonificadas. Botas altas y su usual trenza de lado.
-Hola, ¿Cómo te fue? - Katniss no responde mi saludo, de acuerdo, está enojada y mi cerebro ya sabe por qué. Se acerca con las manos en las caderas y pasos seguros hasta donde estoy sentado y quita el cuadro del distrito 4 de mis manos.
-Acabo de ver salir a Connor por el camino que lleva a la Aldea. Ni siquiera se dio cuenta que pasé a su lado. - su mirada está turbia, parece un mar en tempestad y eso nunca es buena señal, no cuando puedes ser objeto de su rabia. Si me hubiesen comentado que estar casado era tan difícil, probablemente hubiese esperado un poco más. -¿Otra vez no hablaste con él?- eso último sonó enfadado e internamente pensé que lo mejor hubiese sido mentir pero ella ya había visto a Connor y por tanto sabía la cara que probablemente llevaba mi hermano cuando decidí ignorarlo otro día más. En vez de mentir, me fui en seguida al grano. No valía la pena discutir con Katniss otra vez.
-¿Para qué preguntas si sabes la respuesta?- mi tono fue lo suficientemente esquivo como para que ella se enfadase aún más, así que me puse de pie y le di la espalda, evitando su mirada de reproche.
Ahí estaba el otro tema de discusión.
Mi familia
Simplemente no me acercaba a ellos. Desde el funeral de Nathan que no veía a mis padres y a Connor y a pesar de que él y mi padre venían todos los días a la Aldea de los Vencedores, yo simplemente no les abría la puerta. Y eso a Katniss le molestaba puesto que según ella no podía ignorar a los míos. Más cuando ellos no te daban la espalda. A Katniss su mamá le había dejado a su suerte luego de la muerte de su padre y eso a ella le molestaba en todos los sentidos. Aún tenía rencor en su interior hacia su madre. Y yo, que tenía una familia que deseaba salir adelante de un momento difícil junto a mí, la ignoraba.
-Debes hablar con tu familia, no puedes seguir pretendiendo que no existen -
¡Ja, que me viera hacerlo!
Por supuesto que podía y lo haría si con eso evitaba que ellos murieran. No dejaría que otra muerte azotara a mi familia y si para eso debía mantenerlos alejados de mí lo haría sin dudar.
-No puedes seguir ignorando a tu hermano, a tu padre, no es justo para ellos Peeta - no me di la vuelta. Su voz ya contenía reproche y no quería volver a discutir con ella por una decisión que ya estaba tomada para mí. Katniss no entendía lo que pasaba por mi cabeza y yo no me encontraba de ánimos para aclarárselo.
-No voy a discutir otra vez por lo mismo Katniss, es un hecho aunque no te guste y se acabó- me gire para ver sus ojos grises y me reproche el comportamiento que tenía con ella. La amaba, con todo mi corazón pero estaba tan enfadado con el mundo que simplemente no quería transmitirle mi enojo a ella. No quería liberar frustraciones de esa forma.
-No sé para que sigo con lo mismo si a ti no te importa - se dio la vuelta y se propuso salir de la habitación pero no podía, simplemente no quería que se fuese, quería un abrazo suyo, un beso suyo, no quería seguir discutiendo por cosas como estas. Prefería acariciar su cabello y besar su frente a que discutiéramos otra vez. Caminé y en tres zancadas la tenía pegada contra mi pecho y mis brazos rodeaban sus caderas y su cintura. Se intentó liberar aunque sin mucho esfuerzo y se quedó quieta en cuanto se dio cuenta que no la dejaría ir.
-Lo siento, no debo liberar mi mal humor en ti- acaricie su cintura y la giré para que quedara atrapada entre mis brazos sin poderse liberar. Esquivó mi mirada y yo besé su frente, sus párpados, sus mejillas y deposité un beso cerca de sus labios. - Te amo Preciosa, no quiero seguir discutiendo contigo por una decisión que ya esta tomada y que me gustaría que respetaras.
-La respeto pero no la comparto- sus brazos estaban inertes a sus costados y yo sólo quería un abrazo de ella. Que me dijera otra vez que me amaba. Ese sin duda era uno de los momentos más felices que tenía con ella. La primera vez que me había dicho que me amaba. Hace una semana y desde ese momento, me costaba horrores que lo volviera a decir.
-Lo sé Kat, y me gustaría que dejáramos de discutir por ello - Katniss subió la mirada y se concentró en mis ojos para volver a hablar.
- Encontraríamos otro motivo para discutir - sonreí de medio lado y besé sus labios con firmeza, delineando y abrazando cada parte de su boca. Sus labios se enredaron con los míos y nuestras lenguas se encontraron como usualmente lo hacían.
- Todas las parejas discuten y además ya sabes lo que dicen, el primer año es el peor - Katniss rio en mis brazos y deslizó los suyos por mi cintura y nos estrechamos mutuamente. De algún modo, el sólo hecho de sentirla entre mis brazos me relajaba, sentir su corazón desbocado era suficiente para mí.
-O-
Han pasado dos días desde la última vez que vino Connor a golpear la puerta cuando decido salir de casa e ir a la zona comercial. No me he pasado por el distrito desde hace casi tres semanas y mi rutina comienza a volverse simple y aburrida. En la mañana me levanto, hago pan que le llevo a Prim y la madre de Katniss, otro poco es para Haymitch y otro para la familia de Gale. Katniss usualmente les lleva cuando sabe que Gale está en las minas puesto que no quiere aún cruzarse con él. Yo creo que es inevitable que hable con él pero sería cínico de mi parte el decirle que arregle las cosas con Gale puesto que ni siquiera he visto a mi familia en tres semanas.
Luego de eso, Katniss y yo desayunamos y luego ella se va a cazar. Ahora que el Quemador está destruido, la carne la guarda para nosotros, su familia y la de Gale.
Mientras ella no está, yo me dedico a pintar y a destruir mi estudio y cuando llega almorzamos y dormimos en la tarde para luego cenar, ducharnos y dormir. Es una rutina de lo más simple y si no fuera porque sé que la gente del distrito está sufriendo, sería ideal para mí. Muchas veces me planteo la opción de encarar a Haymitch y que me diga que es todo lo que pasa respecto a la revolución. Es decir, le pidió a Finnick que me revelara lo que pasaba en los distritos y no es capaz de decirme que está pasando. Necesito saber a que me enfrento, necesito proteger a mi familia, a Katniss, pero eso no puedo lograrlo cuando soy un ignorante que no tiene idea de lo que ocurre a su alrededor. Me planteo hablar con él cuando vuelva de mi recorrido, que implicara ir hasta la estación, para ir a buscar las cajas, donde vienen las provisiones del mes para la familia de Katniss, Haymitch y nosotros.
Luego tal vez, vaya a la tienda de confites y compre dulces de menta. Después a casa.
Camino con lentitud por el camino que nos lleva fuera de la Aldea de los Vencedores y nos deja cerca del distrito. Mis pasos sobre la nieve son algo torpes y lo atribuyo a la falta de práctica y a la poca coordinación de mis piernas. Trastabillo un par de veces cuando alcanzo a ver la plaza del distrito, tan diferente a cuando nos fuimos, con su poste de azotes y una tarima en el centro. Intento ignorar la presión de mi pecho cuando pienso en Nathan, y sacudo mi cabeza intentando despejar su rostro ensangrentado de mi mente.
Algunas cabezas se voltean a verme cuando me voy acercando a la estación de trenes y probablemente sea porque aún está fresco en la memoria de todos, la muerte de mi hermano. Intento pasar e ignorarlas hasta que diviso la estación y veo el tren que está apostado en ella. Un hombre de mediana edad, probablemente del Capitolio, extrae las tres cajas que corresponden a los Vencedores. Son grandes y probablemente necesite ayuda para prefiero hacerlo solo y darme los tres viajes necesarios a estar en casa esperando a que Katniss llegue.
Cuando me acerco al hombre del Capitolio le digo mi nombre y firmo recibiendo las tres cajas en nombre de mi mentor y mi esposa. Tomo una entre mis brazos y me dispongo a salir cuando un chico, más o menos de la edad de Prim se ofrece a ayudarme. Tiene el cabello castaño, y la piel morena, igual que Katniss y toda la gente que vive en la Veta. Sonrío y acepto su ayuda a cambio de darle dinero por su ayuda. El chico acepta sin pensar y toma entre sus brazos la caja que parece llevárselo a él.
-¿Quieres ayuda? - el chico se endereza bajo el peso de la caja, y luego de dar tumbos y tumbos sonríe y niega para comenzar a caminar bajo mi mirada. Para hacerlo más rápido le digo que si quiere podemos ir cambiando cuando él se canse, pero está dispuesto a llevarla todo el camino.
-No, yo la estoy llevando. No me estaría ganando el dinero si no fuese así - sonrío y le doy la razón para empezar a caminar hasta la plaza donde me desvío y le digo que él siga adelante, que necesito ir a comprar un par de cosas a la zona comercial y él acepta. Es media tarde y la plaza del distrito se ve bastante abarrotada a estas horas.
Tal vez debí ir con él, eso es lo que dice mi consciencia. Que debía haber ayudado al chico o que simplemente aquel día no debí salir de casa. Debí haberme quedado bajo las sábanas sin nada que hacer más que intentar dormir. Pero me levante, me puse de pie y quise salir de mi hogar y eso me llevó a la plaza del distrito.
Había un tumulto excesivo de personas. Demasiadas a mi parecer, están apiladas y miran algo que está fijamente en el piso. Cuando llegó al borde de la multitud, es evidente que algo, algo malo, está sucediendo aquí. El problema es que la muchedumbre es demasiado espesa como para poder ver. Sintiendo un nudo demasiado grueso formándose en mi garganta, encuentro un cajón en una esquina y subo rápidamente a él. Me enderezo en mi altura y lo que veo me deja casi sin palabras, y me congelo en mi posición sin saber ciertamente que hacer.
Hasta que veo una cabeza castaña demasiado familiar para mí, con su chaqueta de caza y su usual trenza de costado en su hombro. Casi empujado por una fuerza inhumana bajo de un salto del cajón y comienzo a hacerme camino entre la multitud.
Puedo ver las expresiones de la gente conforme voy avanzando entre ellos. Miedo, enojo, frustración, tristeza.
A empujones me voy esforzando por llegar hacia el centro de todo. Llegar para sacar a Katniss de aquí, de algo que le puede causar un sinfín de daños que quiero evitar.
Siento el corazón latirme dolorosamente contra las costillas pero no me detengo. A pesar del dolor constante de mi pierna por el frío sigo y sigo.
Katniss está congelada en el frente de la muchedumbre, con las manos hechas puño a cada uno de sus costados. Está, literalmente, paralizada y yo a lo único que atino es a acercarme despacio para intentar detenerla si llega a hacer alguna locura que pueda poner en riesgo su vida. Y es cuando ya casi estoy a su lado que ella parece ser consciente de la escena completa que está frente a nosotros. Las muñecas de Gale, su mejor amigo, atadas a un poste de madera que ha sido usado últimamente por Thread, el nuevo Agente de la Paz en Jefe. Hay un pavo salvaje que cuelga sobre él con el cuello clavado en un gancho, y la chaqueta de cuerina gastada que usa Gale esta arrojada en el suelo y la camisa arrancada de cualquier manera.
Se ha derrumbado y está inconsciente, de rodillas debido a las ataduras que mantienen sus brazos por encima de su cabeza castaña. Es casi imposible evitar las arcadas que vienen a mí cuando veo su espalda convertida en un montón de trozos de carne ensangrentada.
Detrás de él está nuestro Agente de la Paz en Jefe, con un látigo largo y grueso que usa para azotar la espalda de Gale sin compasión.
Casi veo como Katniss termina de armar el rompecabezas en su mente, cuando el nuevo Agente levanta el brazo con el que tiene sujeto el látigo. Es imposible que llegue a tiempo a ella, no, no alcanzaré a frenarla.
-¡No!- grita Katniss y se lanza hacia adelante.
Miro en cámara lenta como el descenso del brazo continúa, como Katniss se lanza directamente hacia el látigo para proteger a Gale, levantando sus brazos en cruz para proteger tanto de él como sea posible. Y también veo que es casi imposible para mí detener un ataque a ella, a pesar de que es mi obligación, cuidar de ella, de velar por ella y me siento impotente cuando el látigo termina de caer sobre su rostro.
Soy consciente y puedo sentir el dolor cuando el látigo entra en contacto con el rostro moreno de Katniss. Su expresión es de dolor y creo que la mía debe de ser igual.
De un momento de otro comienzo a ver todo rojo y el mismo sentimiento de ira que tuve en ocasiones anteriores se apodera de mí cuando veo a Katniss, a mi esposa, caer de rodillas en la nieve, con una mano sobre su mejilla herida por el corte y la otra evitando que caiga y se derrumbe por completo.
Y las ganas de matar, la sed de sangre es casi inevitable. Es ese tipo de emoción que me llenó la primera semana luego de la muerte de Nathan, cuando estaba tan enojado con el mundo que podría haber sido capaz de asesinar a todos sin compasión. Ahora siento lo mismo, quiero matar al Agente de la Paz en Jefe, quiero azotar su rostro y que sienta que mismo dolor que está sintiendo Katniss.
Mis pasos me llevan hasta el inicio de la multitud y alcanzo a escuchar a Katniss gritar:
-¡Detente! ¡Lo vas a matar!
Veo como la mano de ella va hacia su hombro, buscando un carcaj lleno de flechas que no está ahí y él alza el brazo para azotarla de nuevo. Mi cuerpo se mueve por si solo y en un abrir y cerrar de ojos me encuentro entre Katniss y Thread, que me mira con un gesto de desprecio que me hierve la sangre. A pesar de eso, me mantengo sereno y evito hacer algo que pueda herir más a Katniss.
-¡Quítate del medio mocoso! - su voz es ronco y gruesa, desagradable de escuchar y con tintes de autoridad en ella. Katniss se acerca inconscientemente a mí y yo la cubro con mi cuerpo, sirviendo de pantalla para evitar que el cabrón haga algo en contra de ella y Gale.
-¡Acabas de golpearla! ¡No me moveré un sólo centímetro si vuelves a levantar ese látigo contra ella!
- ¡Un tercer castigo no me vendría mal! ¡Sal de aquí y llévate a esta chica si no quieres ser el próximo en ese poste!
No tengo miedo, o tal vez no por mí. Tengo miedo de que algo pueda pasarle a Katniss, de que esa herida sea peor de lo que pienso y ella este sufriendo por ello.
De un momento a otro veo de reojo una silueta que se mueve entre la multitud y se acerca con pasos tambaleantes a donde estamos.
-¡Espera!- grita Haymitch mientras avanza y se hace camino entre las personas que observan el espectáculo sumergidos entre sentimientos encontrados. Nuestro mentor tropieza con algo que está en el suelo… No, no es algo, es alguien… Reconozco el cabello rojo de Darius, uno de nuestros Agentes de Paz y veo el enorme chichón púrpura que sobresale de su cabeza. Aparte de eso hay algo de sangre seca que se apelmaza en su cabello rojizo y ondulado. Está inconsciente, pero veo como su pecho sube y baja con la respiración. ¿Habrá tratado de intervenir para ayudar a Gale antes de que Katniss se metiera?
Haymitch ignora el cuerpo en el suelo, clava sus ojos en mí y se levanta bruscamente, yendo hasta nuestro encuentro. Por instinto levanto a Katniss por los hombros y rodeo su espalda en un abrazo protector, evitando que su mejilla este en contacto con el frío viento o mi abrigo.
-¡Oh excelente!- dice Haymitch cuando llega hasta Katniss y la toma de la barbilla para ver su rostro- Tiene una sesión de fotos la semana que viene. ¿Qué se supone que le diga a su estilista?
De acuerdo, a decir verdad no me esperaba que saliera con algo como eso, tal vez una amenaza algo más intimidante pero entonces veo la chispa de reconocimiento en los ojos de Thread. Miro a Katniss y noto que es difícil reconocer a la chica tan bien arreglada que ha estado en la gira por los distritos en ella, o la hermosa y casi irreal novia que estuvo hace un mes en el Capitolio contrayendo nupcias. Su larga trenza está oculta dentro del abrigo, no lleva maquillaje y tiene la mitad del rostro inflamado por el golpe.
El Agente de Paz apoya el mango del látigo sobre su cadera y se dirige a Haymitch con tono brusco.
-Ha interrumpido el castigo de un delincuente confeso.- su voz asquerosa baja un par de notas y luego clava su vista en mí.- y este chico a interferido también.- su látigo es agitado y la sangre de Gale y Katniss salpica mi rostro.
-¡No me importa si hizo explotar el maldito Edificio de Justicia! ¡Mírele la mejilla! ¿Cree que estará lista para las cámaras en una semana?- ruge Haymitch y de pronto siento miedo ante su ira. Ese es mi mentor, él que está metido hasta el cuello por nosotros en una revolución de los distritos.
La voz de Thread sigue sonando glacial, pero algo de duda se traspasa en su voz:
-No es mi problema.
-¿No?- dice Haymitch con enfado- Bueno, pues lo va a ser, amigo. ¡Lo primero que haré cuando llegue a casa será llamar al Capitolio y averiguar quien le ha dado permiso para destrozarle la cara a mi preciosa vencedora!
-Es un cazador furtivo. No es asunto de la chica- Por supuesto que lo es suena en mi mente. Así que aferro los hombros de Katniss con aún más fuerza que antes y hablo con voz dura porque en cualquier momento saltaré a golpear a este tipo.
-Es su primo.- Thread me mira con odio y luego reconocimiento. Las ojeras que cargo deben de ser muchas en todo caso y eso provoca que me vea irreconocible - Y ella es mi esposa- digo con seguridad. Adelanto un paso y cubro a Haymitch y a Katniss con mi cuerpo y dejo nuestros rostros a pulgadas de distancias.- Así que si quieres llegar a él, tendrás que pasar sobre los tres.
Siento mi visión tornada de color rojo y Haymitch toma mi hombro, evitando que cometa una locura como golpear al Agente de la Paz en Jefe. Y en todo caso, ¿Qué hago exponiéndome a mi y a mi esposa por Gale quien me odia?
No, me repito, esto no es por Gale, es por Katniss, e incluso creo que tampoco es por ella, es por Nathan. Porque Katniss hizo lo que nadie hizo por mi hermano. Nadie lo defendió, nadie evitó que mataran a mi hermano mayor y por eso hago esto, porque Gale necesitaba a alguien que lo defendiese y esa fue Katniss, fui yo, y Haymitch.
Sé por la expresión en el rostro de Thread que hemos dados en el clavo. Somos las tres únicas personas en todo el distrito que realmente pueden hacer algo por todo esto aunque estoy seguro de que habrá repercusiones y me aterro de solo pensarlo. Connor, mamá, papá. Prim, la señora Everdeen, los Hawthorne. Cualquiera de ellos puede ser un nuevo blanco para Snow como lo fue Nathan en su momento.
Thread mira a su brigada de refuerzo. Pero cada uno de ellos son agentes conocidos que usualmente hacían tratos con Katniss y Gale en el Quemador. Personas que no están disfrutando el ver a Gale en el poste azotado.
Una mujer que es miembro del cuerpo de Agentes del 12 avanza tensa y dice:
-Creo que ya se ha dispensado el número de latigazos establecidos para un primer delito, señor. A no ser que se trate de una condena a muerte, en cuyo caso lo haríamos mediante un pelotón de fusilamiento.-
-¿Es el protocolo estándar por aquí? - pregunta él.
-Si, señor.- le responde ella y varios de los agentes asienten, dándole la razón a pesar de que nadie sepa que se hace en un casi así. Normalmente cuando Gale y Katniss aparecen con uno de esos pavos silvestres el protocolo estándar es hacer una subasta por los muslos, no azotar al cazador por transgredir la ley.
-Muy bien.- Thread me mira a mí, y luego deposita su mirar en Katniss.- Entonces saca a tu primo de aquí, niña. Y si despierta, recuérdale que la próxima vez que cace furtivamente en la propiedad del Capitolio, prepararé en persona ese pelotón de fusilamiento. – sonríe con sorna, extiende su dedo largo y calloso ante mí y me apunta con él - respecto a ti, mejor cuida esa lengua que tienes- enrolla el látigo a toda su longitud, salpicándonos de sangre en el proceso y luego se va con paso seguro y arrogante.
La mayor parte de los Agentes de Paz lo siguen viéndose algo temerosos. Los que usualmente rondaban por el Quemador se quedan y toman el cuerpo de Darius por brazos y piernas, llevándoselo lejos.
Katniss capta la mirada de la mujer que había hablado antes con Thread y articula un "gracias" antes de que se vaya. Ella no responde nada, pero estoy seguro de que lo entendió ya que asiente con firmeza.
-Gale- Katniss me mira suplicante y yo suelto el agarre firme que tenía sobre sus hombros y corre hacia la figura inmóvil de Gale. Toma entre sus manos torpemente los nudos que unen sus muñecas pero solo consigue hacer dañar sus dedos.
Saco la navaja pequeña que llevo en la parte exterior de la bota y me acerco hasta el pilar donde de un sólo corte tajo ambas cuerdas. Sin nada que lo amarre al poste, Gale se desploma en la nieve. Katniss lo toma con esfuerzos y deja su cabeza en su regazo. Y yo sólo intento que el dolor punzante de mi pecho no sea un impedimento para ayudar a Gale. Me repito que está herido pero siento que el corazón se me estruja cuando veo la preocupación reflejada en los ojos de Katniss.
-Hay que llevarlo con tu madre- la voz de Haymitch me saca del letargo en el que estaba y me hace volver a la realidad. Gale es Nathan y eso es lo único que suena en mi mente. -¿Sabes si tiene a otro azotado en casa?- Katniss niega con la cabeza y me pregunto a qué se refiere. Rebusco en mi memoria y me doy cuenta que desde hace tres semanas que Thread está en el distrito dando latigazos a diestra y siniestra a cada persona que se cruza en su camino.
Me acerco hasta una anciana que tiene un puesto de ropa y le ofrezco un par de las monedas de plata que traigo en el bolsillo a cambio de la tabla que emplea como mostrador.
-Simplemente no digan donde lo consiguieron- me dice con miedo mientras recoge rápidamente el resto de su mercancía.
Me doy una vuelta sobre mi propio eje y me veo que a estas alturas la plaza ha comenzado a vaciarse, todos demasiado aterrados por lo que pasa a diario en el distrito, el miedo le ha ganado a la compasión, a la valentía. Es ese sentimiento el que no permitió que nadie ayudase a mi hermano.
Ayudo a colocar a Gale boca abajo sobre la tabla y lo hago con el mayor cuidado que puedo, evitando que se golpee o algo. Miro a mí alrededor y solo quedan unos cuantos mineros, compañeros de Gale que nos ayudan a llevarlo hasta la antigua casa de Katniss.
Haymitch, un par de mineros que son como dos años mayor que Gale y yo lo levantamos del suelo.
Escucho como Katniss habla con una de las chicas de la Veta que se pasea por ahí. Se llama Leevy y estaba un curso por debajo del nuestro.
-¿Necesitas ayuda para volver? - Leevy pregunta aunque no se le ve muy entusiasmada. Me volteo ligeramente para mirar a Katniss y me doy cuenta de la inflamación de su rostro. Está rojo y además se le ha cerrado el ojo por culpa de la herida que tiene. Le costará ver por donde va y me veo tentado en pasarle mi lugar a algún minero para poder tomarla entre mis brazos y llevarla hasta casa.
-No - responde Katniss - Pero… ¿puedes traer a Hazelle? ¿Enviarla a la casa de mi madre?- pregunta ella mientras se quita el cabello de los ojos.
-Sí- dice Leevy volviéndose sobre los talones y echando a correr.
-¡Leevy!- grita Katniss- No lo dejes traer a los niños.
-No. Me quedaré con ellos yo misma- la escucho decir mientras empezamos a caminar.
-Gracias-susurra Katniss mientras se agacha para recoger la chaqueta gastada de Gale que sigue en el suelo, manchada de sangre, y corre hasta alcanzarnos.
-Ponte nieve en el ojo- ordena Haymitch por encima del hombro. Katniss se agacha con algo de precaución y recoge algo de nieve entre su mano y lo coloca contra su mejilla herida.
Los dos mineros, uno de ellos llamado Thom, que nos ayudan a Haymitch y a mí a llevar a Gale nos cuentan lo que pasó en la plaza. Gale llevaba un pavo que había cazado en el bosque, y lo mantenía lo suficientemente oculto debido a la cantidad de Agentes nuevos que llegaron al distrito pero en el camino se topó con Thread que estaba allanando las casas de la Veta para ver si escondían algo ilícito después del cierre del Quemador. Cuando el Agente de Paz en Jefe lo vio, fue casi imposible que se defendiera.
Thread arrestó a Gale de inmediato y dado que estaba ahí, recién llegando del bosque con un pavo muerto en sus manos era poco lo que podía decir.
El rumor se extendió igual de rápido que las veces anteriores que habían azotado a alguien. Gale fue llevado a la plaza y obligado a declararse culpable de su crimen y fue sentenciado a un azotamiento que se llevaría a cabo inmediatamente. Para cuando nosotros llegamos ya había sido azotado al menos cuarenta veces y se había desmayado poco antes de llegar a los treinta.
-Menos mal que solo llevaba el pavo encima- dice el otro sujeto- Si hubiera llevado su caza habitual, habría sido mucho peor. - miro hacia el lado donde Katniss camina con la cabeza gacha, con una mano apoyada contra la mejilla.
-Le dijo a Thread que se lo encontró vagando por la Veta- agrega Thom- Dijo que había cruzado la alambrada y que lo apuñaló con un palo. Todavía un crimen. Pero si hubiera sabido que había estado en el bosque con armas, lo habría matado seguro.
-¿Y Darius?- pregunto recordando el chichón en la cabeza del Agente de Paz que se encontraba tirado en el suelo. Ambos mineros me miran con curiosidad y luego voltean la vista al frente, volviendo a hablar.
-Intervino después de unos veinte latigazos diciendo que ya era suficiente. Solo que no lo hizo de manera elegante y oficial como Purnia. Agarró a Thread del brazo y él lo golpeó con la culata del látigo en la cabeza. Nada bueno le espera.- no, nada bueno viene con un hombre así, que ha golpeado a medio distrito en apenas un mes.
-No suena muy bien para ninguno de nosotros- dice Haymitch mientras me mira con un sentimiento que identifico como pena. Él recuerda a Nathan y cómo murió. Murió por ser el hermano de un vencedor y Gale fue azotado por ser el amigo de una vencedora.
Empieza a nevar en el distrito y siento que este es uno de los inviernos más fuertes y largos que hemos tenido, estamos en Abril y aún la primavera no quiere llegar. La nieve se vuelve mucho más gruesa cuando entramos a la Aldea de los Vencedores. Escucho a Katniss tropezar varias veces en el camino hasta su antigua casa, afirmándose en cada cosa que ve. Toca la puerta y en ella aparece la Señora Everdeen que ahoga un gritito cuando ve a su hija herida. A pesar de eso, se mantiene en calma y se hace a un lado dejándonos entrar con Gale a cuestas.
Hace semanas que no pisaba esta casa y me sorprendo del cambio que ha experimentado. En la cocina donde estaban los mesones largos para cocinar hay un sinfín de vendas colocadas al igual que frascos de cientos de colores distintos. Hay una tela blanca esterilizada que cubre el mesón y varias cosas que servirían para curar a alguien.
Según sus indicaciones colocamos cuidadosamente a Gale sobre el mesón y la madre de Katniss vierte agua caliente sobre un cuenco mientras le ordena a Prim que acerqué varias hierbas secas y frascos de cristal con sustancias en ellas.
Sus manos con dedos largos y finos desmenuzan las hojas, añaden unas cuantas gotas de los frascos que hay sobre otro mesón y lo junta todo dentro del cuenco. Empapa un trozo de tela en el líquido humeante y le pide a Prim que lo aplique en los bordes de la piel sangrante de Gale. La señora Everdeen mira a Katniss de reojo y en ese momento me recuerdo que mi esposa está herida. Mi cambio es drástico y en menos de un segundo estoy a su lado para ver cómo está.
-¿Te cortó el ojo?- pregunta su madre
-No- le asegura Katniss mientras me deja tomarla por los hombros- solo está cerrado por la hinchazón.
-Ponte más nieve en él- le ordena, pero mantiene su atención centrada en Gale. Viendo su espalda azotada
-¿Puedes salvarlo?- le pregunta Katniss con voz temblorosa. La aferró más a mi cuerpo, cuidando de no lastimarla, tratando de darle mi apoyo.
Ella no responde, se limita a escurrir la tela y a sostenerla en el aire para que se enfríe un poco.
-No te preocupes- le dice Haymitch mientras me mira a mi- Aún no ha muerto ningún azotado. Tu madre se ha encargado de sanarlos a todos. Tu primo no va a ser la excepción. - Katniss asiente y se da la vuelta, evitando ver el rostro lleno de dolor de Gale.
Con extremo cuidado la madre de Katniss comienza a intentar limpiar los trozos de carne mutilada de la espalda de Gale. Miro a Katniss y me doy cuenta que se pone de un tono pálido y algo verdoso. La nieve gotea de su guante y cae en el suelo formando un charco de agua a sus pies. Me acerco hasta la mesa donde está el botiquín de mi suegra, cojo uno de los trapos esterilizados y salgo afuera donde tomo un poco de nieve limpia y la envuelvo en el trozo de tela.
Me acerco hasta donde está Katniss, la sujeto delicadamente de los hombros y la llevo a una de las sillas que hay en el comedor. Mantengo el trozo de tela helado contra su rostro pero ella no me presta atención, su ojo sano está fijo en el trabajo de su madre… y en Gale.
Y es como si me dieran un golpe directo en el estómago. No soy capaz de evitar la ola de celos que acude a mí cuando soy consciente de que toda la preocupación de Katniss está en Gale. Surgen pensamientos ridículos como el querer ser yo el azotado que coge la mano de la Chica en Llamas y la llama en gemidos. Intento despabilarme, quitar todas esas inseguridades porque no puedo ser tan egoísta y pensar sólo en mí cuando Gale está sobre esa mesa sufriendo por los latigazos. Por el dolor que debe de sentir en estos momentos.
Pero nada de eso es suficiente. Nada de lo que me diga hace que los celos se vayan, que el dolor de ver a Katniss tan preocupada por él se esfume.
Haymitch les dice a los dos mineros que se marchen para evitar más problemas y saca de sus bolsillos unas cuantas monedas de plata antes de que crucen la puerta.
-No se sabe lo que pasará con su grupo-. Los mineros asienten, aceptan el dinero y se van entre la ventisca que azota al distrito. En ese mismo momento y casi chocando con los hombres llega Hazelle, la madre de Gale corriendo y sin aliento, cubierta por una delicada capa de nieve que cae sobre sus hombros. Mira a Katniss, a su madre, a Haymitch y a mí y luego centra toda su atención en su hijo moribundo que yace sobre la mesa.
Prim le acerca un pequeño taburete que coloca justo al lado de Gale, tomando su mano, apretándola entre las de ella, susurrando palabras tranquilizadoras en su oído. Dándole todo el apoyo que una madre debe darle a su hijo.
A medida que los minutos van pasando, la espalda de Gale se va limpiando cada vez más, dejando a la vista los músculos destrozados y la piel hecha jirones. La madre de Katniss aplica una pasta sobre su espalda, intentando salvar aquellas partes de piel que no fueron tan dañadas. Al final cubre todo con unas vendas delgadas que dejan ver el intrincado patrón de latigazos que está sobre la espalda de Gale. 40 latigazos que mutilaron la carne. Y me doy cuenta del dolor que debe de sentir Gale. Es decir, tiene la columna destrozada y en carne viva. Lo mejor es que esta inconsciente y no sienta de la manera más cruel el dolor que le están causando las heridas.
Katniss se remueve inquieta frente a mí y quito un poco de la presión que estoy haciendo en su mejilla. Pero jamás vuelve los ojos a mí. Siempre se mantiene atenta a las reacciones que pueda tener Gale, a sus gemidos de dolor o cuando se remueve entre sueños.
Su madre acaricia su cabello castaño y susurra palabras maternales que alguna vez ansíe escuchar de mi propia madre. Prim y la madre de Katniss revisan el botiquín en búsqueda de algún analgésico que parece no encontrar, lo cual es lógico si han curado a una buena parte del distrito en estas tres semanas.
Las oigo hablar en voz baja y al final toman la decisión de que ya que Gale ha comenzado a recuperar la consciencia pueden darle una poción de hierbas que puede tomar por la boca, eso se supone que puede bajar parte del dolor que siente y la fiebre que se le está generando debido a las heridas.
-Eso no bastará- dice Katniss con enojo mientras aparta mi mano de su rostro. Su familia voltea a verla y sé por la incomodidad que siento en la nuca que Haymitch me mira a mí- Eso no será suficiente,- repite ella- sé como se siente. Eso apenas acabaría con un dolor de cabeza. -
-Lo combinaremos con jarabe para dormir, Katniss, y se las arreglará. Las hierbas son para la inflamación…-empieza a explicar la señora Everdeen con calma. Calma que Katniss no comprende y explota con un grito.
-¡Solo dale ya la medicina!- le grita y todos en el cuarto nos sorprendemos por la actitud que está detrás de sus palabras- ¡Dásela! ¿Quién eres tú para decidir cuánto dolor puede soportar?- miro a Katniss por el rabillo del ojo y mis puños por inercia se cierran. Mis uñas se clavan dolorosamente en mis palmas pero no duele tanto como lo que Katniss provoca con sus actos y palabras. Debería sentirme tranquilo, seguro pero lo único que siento es miedo por perderla. Por perder lo único que me ata a la vida.
Al oír el grito de Katniss, Gale empieza a removerse sobre la mesa y hace el intento de mover su brazo tratando de alcanzarla. El movimiento brusco que hace provoca que sangre fresca moje sus vendajes y un gritito de dolor sale de su boca debido al esfuerzo que está haciendo.
-Llévensela fuera- dice la señora Everdeen. Haymitch me golpea levemente el hombro y yo salgo de mi letargo, soltando la presión de mis puños y tomando a Katniss de los hombros, intentando no hacerle daño a pesar de que lucha entre mis brazos de una manera en que jamás vi. Sus constantes golpes a mis costillas y las patadas que le da a Haymitch en las pantorrillas no son suficientes para evitar meterla a una de las habitaciones del primer piso. Entre los dos la sujetamos contra la cama hasta que deja de patalear. De a poco vamos soltando el agarre hasta que al final Haymitch es quien la sostiene hasta que se calma. Su contacto en estos momentos es casi como hierro ardiente en la piel. Es doloroso y fascinante a la vez.
Haymitch suspira y Katniss se toma la mejilla mientras agarra sus rodillas y las pega contra su pecho. Les doy a ambos la espalda mientras medito en las cosas que están pasando últimamente. Lo más probable es que nuestra boda sigue sin convencer a la gente de los distritos, lo que provocaría una ira en Snow y por lo tanto está desquitándose con gente que es importante para nosotros. Nathan y Gale son sólo el inicio. Además de eso, según lo que me dijo Finnick es que ha habido levantamientos en varios distritos lo que sólo reafirma mis teorías. Y da como resultado estar en el ojo del huracán.
Me doy la vuelta, recargándome en la pared y veo como Haymitch se sienta en un sillón en el rincón, mirando alternativamente entre Katniss y yo. Perdido en sus propios pensamientos de la misma manera en que nosotros dos. No sé realmente lo que estará pensando Katniss aunque por la cara que pone pienso que no quiero saberlo. No por el momento.
Después de un rato que se hace interminable en el silencio incómodo que se instaló entre los tres llega la señora Everdeen e intenta tratar la herida de Katniss. Limpia con delicadeza mientras que ella se limita a apretar los dientes y gemir en silencio. Por un momento pienso en ir a su lado y tomar su mano pero una fuerza invisible me hace mantenerme de la misma manera en la que estoy, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada de indiferencia que he tenido desde que entré en la habitación.
Haymitch después de un rato le cuenta lo que sucedió con Gale en la plaza a la señora Everdeen que sólo niega en silencio, ya acostumbrada a los castigos que se están realizando en el distrito y que han terminado con una cantidad numerosa de personas heridas en su cocina.
-¿Así que está volviendo a empezar?- pregunta ella- ¿Cómo antes?- no sé a lo que se refiere así que frunzo el ceño esperando que digan lo que está pasando. No recuerdo una época antes de Cray que era nuestro anterior Agente de la Paz en Jefe, pero ellos obviamente si lo hacen.
-Por lo que parece- le dice Haymitch- ¿Quién habría dicho que íbamos a sentir que se fuera el viejo Cray?- en eso creo que tiene razón. Cray, aunque no era muy querido en el distrito por el hecho de atraer a chicas a su cama por algunas monedas, ni andaba dando latigazos a diestra y siniestra. Ciertamente no era bueno pero era mejor que Thread.
La madre de Katniss me mira y luego a su hija que se ha recostado en la cama, en un limbo entre el sueño y la conciencia. Sé que sospecha lo que está pasando pero sé que es mejor mantener a la menos cantidad de gente informada sobre esto. Debemos proteger a personas y lo haremos a costa de nuestras vidas.
El timbre de la casa comienza a sonar con desespero y Katniss pega un salto de la cama y sale al pasillo mientras nosotros la seguimos.
-No pueden llevárselo- dice con voz ahogada mientras mira a su madre y a Haymitch, rehuyendo de mi mirada.
-Tal vez sea a ti a quien buscan- le responde Haymitch. Miro el enfrentamiento de miradas que se lleva entre ambos y sigo caminando pasando de los dos y me recargo cerca de la entrada, para poder ver quien es y reaccionar en caso de que fuese prudente. No podían llevarse a Gale, lo matarían de ser así.
-O a ti. –contrataca ella.
-No es mi casa- señala Haymitch- aunque ahora que lo pienso tampoco es la tuya- mi mentor me mira y Katniss clava su mirada en un punto detrás de mi cabeza- pero abriré la puerta.
-No, yo la abriré- dice la señora Everdeen en voz baja.
Haymitch y Katniss se colocan a su lado y entre todos abren la puerta dejando ver a la hija del alcalde, Madge. Está cubierta de nieve, su cabello rubio gotea y en sus manos trae una cajita de cartón que le extiende a Katniss.
-Usa esto con Gale- dice ella y Katniss levanta la tapa dejando ver seis frascos llenos con un líquido transparente- Son de mi madre. Dijo que podía llevármelos. Úsalos, por favor.-
Su voz suena implorante y me pregunto que clase de relación tiene con Gale para haber corrido semejante riesgo al venir en una tormenta, con toque de queda impuesto. Se da media vuelta y desaparece entre las calles de la aldea.
-Esa niña está loca- murmura Haymitch mientras seguimos a la señora Everdeen que camina con cierta prisa a la cocina.
Y como dijo Katniss que sea lo que sea que le hayan dado a Gale no es suficiente. Tiene los dientes apretados y su rostro hecho una mueca por el dolor. Su piel morena está cubierta por el sudor y los músculos de su espalda y cuerpo se encuentran contraídos por la fuerza que hace.
La madre de Katniss llena una jeringa con el líquido claro de uno de los frascos que trajo Madge y lo inyecta en el brazo de Gale. El efecto que se produce es inmediato. Su rostro se relaja y sus músculos dejan de estar en tensión.
-¿Qué es esa cosa?- pregunto mientras me acerco dos pasos al mesón.
-Es del Capitolio. Se llama morflina. –responde la señora Everdeen mientras revisa la temperatura de Gale y su respiración acompasada.
-No sabía que Madge conociera a Gale- digo en un susurro que Katniss por estar cerca mío alcanza a oír.
-Solíamos venderle fresas- dice ella enfadada. La miro de reojo y me doy cuenta de lo enojada que está. Y la ira que siento yo es casi instantánea. ¿Por qué se enfada tanto cuando se da a entender que Madge siente algo por Gale?
Siento una punzada de dolor justo en el pecho que me deja sin aire por un momento y hace que mi vista se vuelva roja en un instante. Me echo hacia atrás y veo como ella se acerca al mesón. Mi cabeza termina de procesar todo y de un momento a otro las piezas caen en su lugar.
Celos. Katniss está celosa por Gale. Ella siente algo por él.
-Deben de gustarle mucho- dice Haymitch en un tono irónico y me dedica una mirada triste que yo erradico en un parpadeo. No quiero su lástima. La de nadie.
-Es mi amiga- dice Katniss entre dientes mientras le manda una mirada envenenada a nuestro mentor. Haymitch se encoge de hombros y me mira. Katniss hace lo mismo pero vuelve la cabeza en cuanto se da cuenta del peso de sus palabras.
Pero no hace nada para remediarlo.
Gale está inconsciente y gracias a que se encuentra mejor las cosas se relajan en la casa de las Everdeen. Prim nos da de comer a todos algo de estofado y pan. La madre de Katniss le ofrece una habitación a Hazelle pero ella se niega ya que tiene que volver a casa para cuidar de sus otros hijos ya que estaban en este momento aún con Leevy.
Haymitch se ofrece para quedarse, lo cual es raro, pero la señora Everdeen lo envía a casa a descansar. A mí me mira y me dedica una sonrisa triste para ofrecerme una cama en el piso de arriba a lo que me niego alegando ir a dejar a Haymitch a su casa. Mi suegra se muestra comprensiva y me deja ir.
Veo a Katniss sentada en el mismo taburete que usaba Hazelle antes irse y sostiene la mano de Gale entre las suyas. Pareciera que el cielo se caería a su alrededor y a ella no le importaría en lo más mínimo. Mi mundo se está cayendo a pedazos y no sé cómo sentirme respecto a ello. Si enojado, decepcionado o triste. No sé ni siquiera que pensar.
Haymitch antes de salir le da una leve palmadita a Katniss en la espalda y ella parece salir de su letargo. Mira a nuestro mentor que le dedica una mirada significativa y luego sus ojos viajan a mí. Katniss parece entender la indirecta porque me voltea a ver. Sus ojos reflejan miles de cosas y ninguna de ellas me gusta. Culpa, tristeza. No quiero eso de ella. Quiero la mirada que me dedicaba hasta esta mañana, cuando se despertó entre mis brazos y yo era la persona más importante para ella.
Abre la boca para decir algo pero nada sale de ella. Tampoco sale nada de la mía. Tal vez así es mejor. Me giro sobre mis talones y salgo de la cocina, encontrándome con la mirada triste de Prim. Sus ojos azules tan parecidos a los míos. Me da un fuerte abrazo que no soy capaz de corresponder y cuando me suelta, abro la puerta y salgo a la tormenta.
Me controlo lo suficiente para quedar fuera del alcance de la casa de las Everdeen y echo a correr. Lo hago de la misma manera en que lo hice cuando me enteré de la muerte de Nathan. Como si mis piernas fueran de algún material liviano que me hace flotar sobre la nieve que cae en capas sobre el distrito.
¿Por qué el invierno no quiere irse? ¿Por qué cuando, hace una semana debería de haber llegado la primavera?
¿Por qué el distrito refleja todo lo que siento?
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Continua el otro :O
