Volví ^^ Llegamos a los 66 comentarios *-* Chicos, los amo, a todos. Bueno, este capítulo sufrió modificaciones más que nada porque varios estaban encabronados con Katniss, créanme, yo cuando leí En Llamas me sentí igual cuando elige a Gale, así que de cierta forma quiero que presten atención a lo que dice en un momento Katniss porque es algo así como mi venganza personal. Bueno, hay varias cosas que quiero decirles pero esperaré a que lean el capítulo para decirles.
Nos leemos abajo ;)
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POV Peeta
Las casas de la zona comercial están cubiertas por un grueso manto de nieve y hielo pero ese no es mi destino. No, necesito sentirla cerca, necesito algo que me haga aferrarme a Katniss y nada de lo que esté en el distrito me recuerda a ella.
Sigo corriendo hasta que llego a la alambrada y paso por el usual hueco que usa Katniss para salir al bosque a cazar. Cuando llego a la pradera aumento la velocidad y paso entre árboles y matorrales. Corro hasta que la pierna me duele y me hace perder el equilibrio con cada zancada que doy. Corro hasta que los pulmones me queman y me piden que los deje descansar. No lo hago y corro hasta que la boca se me seca y siento ese típico saborcito a sangre, y la nariz me duele de tanto aire helado que circula por ella. Sigo corriendo hasta que me da un calambre en el costado y aún así continuo, evitando piedras y quebradas para llegar hasta lo más profundo del bosque. Ahí donde no cae nieve por lo denso de la vegetación y me dejo caer contra el césped. Mis pulmones protestan por la falta de oxígeno y me duele el muñón debido al esfuerzo que hice al correr. Pequeños copos caen sobre mi rostro pero yo los ignoro de la misma manera en que ignoro las ganas que tengo de llorar. No puedo seguir haciéndolo. No puedo porque sé que di todo de mí para estar con Katniss, porque me siento tan malditamente destrozado que ya no sé como seguir adelante. Es demasiado tarde para llorar y estoy demasiado roto como para seguir.
No sé que estoy haciendo, peleando y peleando cuando he perdido hace tanto tiempo. ¿Por qué me sigo poniendo de pie? ¿Por qué cuando he caído mil veces me levante mil y una vez más? ¿Por qué?
¿Por qué amar a Katniss duele tanto?
Tal vez si no me hubiera enamorado de ella mi vida hubiese sido más sencilla.
Pero Katniss era eso que yo más amaba. Era por lo que rezaba cada noche, para que estuviésemos juntos, para que ella se enamorara de mí con el mismo fervor que yo de ella. Era mi anclaje, ella era mi mundo y gracias a Katniss el cielo no se veía tan lejano cuando estaba a su lado.
Si yo la amaba con tantas ganas, ¿Por qué ella no podía amarme igual?
¿Por qué el amor no es correspondido?
Tenía miles de preguntas en mi cabeza que me provocaron una jaqueca terrible. Me puse de pie y me recosté contra uno de los gruesos troncos de un roble mientras intentaba darle calor a mis extremidades entumecidas. Salía una gran cantidad de vapor de mi cuerpo, sabía que no era bueno porque eso significaba que iba perdiendo calor pero no me quería mover. No quería volver a la soledad de nuestra casa en donde Katniss no estaría porque se hallaba junto a Gale, velando sus sueños y no los míos. Era un pensamiento tan egoísta que me enrabie conmigo mismo, este no era el Peeta que yo solía ser. No lo era pero tampoco podía erradicarlo, el nuevo Peeta estaba aburrido de ser el amable, el bueno que no siente envidia o celos de nadie, ese no era un humano, era casi una máquina.
La nieve caía y caía y yo miraba como se iba posando en el césped mientras mis ojos se cerraban. No debía dormirme, si lo hacia mi temperatura sería mucho menor y me provocaría una hipotermia. Miro el reloj que Portia me había regalado y noto que ya era media noche. El tiempo había pasado muy rápido. Siento que el cansancio de todo el día me comienza a pasar factura, así que estoy cerca de otra hora bajo la nieve cuando hago mi camino de regreso por el bosque, voy dando pequeños pasos, ralentizando lo que más puedo la vuelta a casa. Paso por los matorrales y luego llego a la pradera que se encuentra completamente cubierta de nieve, con la luna ocultada tras las nubes. Camino hasta llegar a la alambrada y cuando siento que la corriente fue quitada me deslizo por ella, llegando hasta la Veta. Todas las casas están a oscuras y no sé si es por lo tarde o por la falta de electricidad en el distrito. Sigo mi procesión y llego hasta la zona comercial. Las luces de antigua casa están apagadas excepto las del segundo piso, las que dan al cuarto que compartíamos Nathan, Connor y yo y que ahora usa sólo mi hermano mayor.
Me parece extraño y me siento tentado a ir a ver que pasa pero me ahorro el mal rato y sigo hasta que llego a la Aldea de los Vencedores. No se ven luces en ninguna de las tres casas. Katniss aún debe de estar en la casa de su madre.
Llego hasta la puerta y saco las llaves de mi bolsillo. Son las dos de la mañana, así que tengo un par de horas para dormir antes de que salga el sol. Apenas meto la llave en la cerradura me doy cuenta que está abierta. No abierta de cuando revientan las chapas y entran a las casas, más bien del abierto porque se me olvido poner llave cuando salí a la estación. Me doy cuenta que las tres cajas están apiladas en mi entrada y que le debo dinero al niño de la Veta que me ayudo. Mañana por la mañana tendré que ir y buscar su casa para pagarle por su ayuda.
Entro y cierro tras de mí, sintiendo la tibieza de la casa.
¿Tibieza? No deje la chimenea prendida, eso sería como prenderle fuego a la casa. Camino con el mayor sigilo que puedo y miro hacia el living y lo que veo no sé si me deja asombrado o… o… No, sólo me deja asombrado.
Katniss estaba acostada con las rodillas contra el pecho, durmiendo en el sofá de tres cuerpos que tenemos en nuestra casa. Su cabello se haya revuelto y tiene la mejilla aún inflamada por el golpe. Pese a eso, es igual de hermosa que el resto de las veces, a decir verdad, yo la veo aún más bella. Tiene una frazada sobre su cuerpo pero aún así se ve que tiene frío. Me acerco con cuidado de no despertarla y me gano a su lado, sintiendo su respiración acompasada. Saco mis manos congeladas de dentro del abrigo y remuevo su cabello de su rostro, sintiendo como ronronea cuando mis dedos helados la acarician por sobre su chaqueta.
No puedo dejarla durmiendo aquí, así que me quito el abrigo húmedo y lo tiro al suelo para después deslizar suavemente mis brazos por su espalda y el otro bajo sus piernas.
Al parecer no fui lo suficientemente cuidadoso porque Katniss se remueve y abre sus ojos cuando ya está acomodada entre mis brazos. Sus ojos se ven brumosos y algo tristes. Se clavan en mi rostro y siento como sus manos cálidas se deslizan por mi pecho y suben hasta mis labios.
-Están morados – es verdad. Los siento resquebrajados y helados, debe ser por el frio que hace afuera. Asiento y camino con ella entre mis brazos hasta llegar al vestíbulo donde subo las escaleras con cuidado y la llevo hasta nuestra habitación. Durante todo el camino ninguno de los dos dice nada pero ambos sabemos que tenemos que hablar sobre lo que pasó hoy. Cuando llegamos, abro la puerta de una patada y dejo a Katniss sobre la cama con cuidado. Tomo los pantalones y la camiseta que sirven de pijama y me dispongo a salir cuando siento las manos de Katniss rodear mi espalda y entrelazarse en mi cintura.
-No te vayas, por favor – su voz tiene mucho de suplica y durante algunos momentos me siento tentado a decirle que si, que me quedaré con ella siempre pero antes de eso, debemos aclarar muchas cosas.
-Ahora no Katniss – mi Chica en Llamas baja la cabeza y siento como su agarre va perdiendo fuerza hasta sus brazos caen de mi cuerpo y quedan inertes. Tomo su mentón entre mis manos y la obligo a levantar la mirada y veo como sus ojos se van cristalizando de a poco, las lágrimas no derramadas que luchan por salir. Mi boca se mueve y suelta una oración que esperaba se quedara en mi cabeza – Pensé que te quedarías esta noche con Gale – Katniss tuerce los ojos de una manera en que me encanta y toma mis manos y las besa por el dorso.
-Apenas te fuiste te seguí. Vine a casa pero no estabas. Me preocupe mucho por ti. Fui a casa de Haymitch pero no estabas allí. Pensé que estarías en la casa de tus padres pero luego recordé que hace semanas que no hablas con ellos y no me quedaban opciones – su voz se va debilitando a medida que habla y siento que en cualquier momento se pondrá a llorar.
-Estaba en el bosque – Katniss me mira y enarca una ceja con curiosidad. Tengo que ser más especifico así que continuo hablando - Pasé la alambrada y estuvo un rato afuera – Katniss desliza sus dedos finos bajo mis ojeras y sigue con el recorrido por mi rostro.
-Estás helado, te resfriaras – suspiro y miro a nuestras manos unidas sobre mi rostro. ¿Por qué es tan fácil caer rendido ante ella? Asiento y Katniss aprovecha ese momento para deslizar sus manos por mi cuello y atraerme hacia ella. Nuestras respiraciones chocan constantemente y me saca un pequeño quejido cuando nuestros labios hacen contacto y nos sumergimos en un beso lento y pausado. Su lengua se desliza con suavidad por mi boca y se encuentra con la mía. Mis terminaciones nerviosas cobran vida y toman a Katniss de la cintura con fuerza, evitando que nuestros cuerpos se separen. Las manos de mi Chica en Llamas se enredan en mi cabello que tironea con suavidad. Nuestras respiraciones cuando nos separamos son completamente erráticas. Juntamos las frentes y tengo la necesidad creciente de hacerla mía.
-Katniss, ¿Qué fue lo que pasó hoy? – levanta su mirada y puedo ver culpa en sus ojos grises, un sentimiento que de a poco va creciendo. Coloca sus manos en mis hombros y luego toma mi mano y ambos nos sentamos en nuestra cama, uno al lado del otro.
-Yo, estaba preocupada por Gale – enarco una ceja y la miro significativamente porque sabe que no es eso de lo que hablo. Suspira y se acomoda el cabello castaño que escapa de su trenza y luego me mira otra vez – Estoy confundida Peeta – y no sé si ella lo escucha pero yo sí, eso que sonó era mi corazón rompiéndose en miles de pedazos.
Bajo la cabeza e intento que lo que me dijo no me afecte pero es casi imposible que no lo haga. La amo.
-Lo noté – mi voz sale en un susurro y Katniss mira hacia otro lado cuando continua hablando.
-No sé que es lo que siento por Gale. Si te soy sincera me dolió mucho verlo en aquella mesa sin poder hacer nada para ayudarlo. – Asiento y busco su mirada plateada pero pareciese ser que ella no quiere verme a los ojos – No sé que sentir Peeta, sé que te hago daño con mis dudas pero… -no quiero continúe hablando así que coloco mis dedos sobre sus labios y evito que siga diciendo cosas que me dolerán luego. Sé lo que debo hacer porque de otra forma nos terminaremos destrozando con el paso de los días.
-Lo mejor es que nos demos un tiempo Katniss – bajo mis manos de su rostro y las dejo a cada lado de mi cuerpo, evitando que se formen en un abrazo a su alrededor. – No podemos estar juntos cuando dudas de lo que sientes – Sé que tal vez le estoy pasando mucho carga a Katniss pero quiero que entienda que mis sentimientos por ella son fuertes y que nada ni nadie harían que cambiara por nada del mundo. – Creo que te dije una vez que no podía amar por los dos Katniss y ahora te lo vuelvo a decir. No puedo solamente seguir y pensar que en cualquier minuto cambiaras y te irás y quedaré destrozado sin saber que hacer. En este momento lo que menos tengo es cordura y no puedo cargar con tus miedos y los míos, no ahora – Katniss asiente y puedo ver como el mar de sus ojos se vuelve brumoso y tormentoso.
-Te entiendo y lamento haberte orillado a esto – bufo porque ella no me obligó a hacer nada. – Yo… será mejor que vuelva a vivir a casa de mi madre – asiento y evito su mirada mientras que me pongo de pie y le doy la espalda. – Peeta, -miro sobre mi hombro y veo a Katniss poniéndose de pie – nosotros, nosotros vamos a… - se pone nerviosa y comienza a pasar sus manos por su cabello y de alguna forma u otra termino entiendo lo que quiere decir.
-Cuando estés segura de tus sentimientos por mí volveremos a estar juntos Katniss, no dudes de eso – ella parece entenderlo y en dos zancadas esta contra mi pecho, rodeando mi cuello en un abrazo cálido y reconfortante. Le respondo porque sé que extrañaré a horrores sus abrazos en torno a mi pecho cada mañana, o sus besos inesperados o sus sonrisas repentinas. La amo pero no puedo forzar nuestra relación o la terminaremos matando. – Jamás olvides que te amo – ella asiente y beso su coronilla y respiro cada aroma que emana de su cabello.
Ojalá que la decisión que estoy tomando ahora no nos termine dañando mañana.
POV Katniss
Han pasado 10 días desde que dejé la casa que compartíamos con Peeta y he vuelto a la que compartía con mi madre y Prim. Decir que han sido días duros y difíciles sería poco. Jamás imaginé que estar tiempo separada de mi Chico del Pan sería tan complicado y me haría tanto daño. Pero es un daño justificado, yo lo lastimé primero mostrándome indecisa sobre lo que sentía por él. Pensando que sentía algo más profundo por Gal cuando me he dado cuenta de que no es así. Que necesito a Peeta como el aire para respirar.
Cada mañana me levanto esperando sentir sus brazos alrededor mío, acariciando mi frente y mi espalda para despertarme con un beso de buenos días que nos llevaría a hacer el amor en la mañana. Extrañar el olor a pan caliente que desprendía la cocina cuando me levantaba y rodeaba su cintura por la espada y descansaba mi cabeza sobre su hombro. O cuando nos bañábamos y en las tardes jugábamos en la nieve. Cuando pasábamos las tardes frente a la chimenea acariciándonos y él dibujando. Jamás me di cuenta de lo mucho que amaba a Peeta hasta que me pidió un tiempo, nos dio un tiempo para evitar que la relación que tenemos se quiebre cuando nos fuéramos capaces de decirnos lo que sentíamos. Comprendo cada una de sus acciones pero eso no evita que me sienta miserable y algo más irritable. Me paso los días encerrada en casa puesto que cuatro días después de que azotaran a Gale electrificaron la alambrada las 24 horas del día. Lo que me deja sin nada que hacer aparte de recorrer el distrito, estar con Prim luego de que vuelve del colegio y ver televisión, aunque lo ultimo no lo hago muy a menudo puesto que siempre están repitiendo nuestros juegos y lo que menos quiero es ver escenas de nosotros dos juntos. No cuando no puedo tener a Peeta a m lado.
No lo he visto desde que me fui de casa y aunque uno pensaría que lo vería siempre porque somos vecinos lo cierto es que no lo he pillado ni una sola vez. De vez en cuando veo las luces del estudio prendidas a unas altas horas de la noche y otras siento en la mañana en olor a pan horneado. Fuera de eso, no he tenido el valor para ir y decirle lo que siento a pesar de que lo extraño. No sé aún a ciencia cierta si siento algo por Gale y hasta que no tenga definido lo que siento por él no puedo decirle que si a Peeta y volver a casa.
Camino con lentitud por la Aldea de los Vencedores, la nieve por fin se ha ido y se ha empezado a derretir formando pozas de agua en algunas partes. Además de eso ha subido considerablemente la temperatura así que uso una chaqueta que me trajo Cinna que es considerablemente más delgadas que las que tenía antes. Es larga y me llega hasta medio muslo. De color beige y con una lazo que define mi cintura. Ando además con jeans y unos botines de color café. Cuando llego a la puerta de la casa de Haymitch me doy cuenta enseguida lo mucho que ha hecho Hazelle trabajando en esta casa. Le ha barrido hasta la más ligera mota de polvo de los suelos. Está limpio, y no hay cosas regadas por el piso, además que el olor a deshechos humanos ya no está.
Haymitch está recostado en su sillón con una petaca de licor en las manos. Él también se ve considerablemente bien, con ropa limpia y afeitado.
Dejo las dos botellas de licor blanco sobre la mesita que está a un costado y mi mentor lo agradece. Ripper, quien es la que vende licor en el distrito ha recién hecho a andar el negocio. Los Agentes de la Paz habían botado todos sus suministros y la habían metido a la cárcel; gracias a que Peeta y yo teníamos algo de licor en casa pudimos mantenerlo en pie durante este mes.
-Vaya, vaya miren a quién tenemos aquí – frunzo el ceño y me siento en una silla mientras Haymitch bebe con urgencia de su petaca. – Cada día te ves peor Preciosa, tú y el Chico son unos idiotas – miro a mi mentor y lo escruto con mayor atención.
-¿Peeta estuvo aquí? – él me mira con una sonrisa burlona en los labios y luego de volver a beber, contesta.
-Si, se pasea cada dos días para traer pan – bajo la vista e intento no darle importancia.- Se ve igual de mal que tú Preciosa – juego con la punta de mi trenza y me mantengo porque necesito saber si me extraña tanto como yo a él. – Aunque ayer andaba muy bien acompañado - ¿Bien acompañado? Levanto la cabeza de un golpe brusco que hace que me duela el cuello y miro a Haymitch que se ríe hacia adentro, casi como las hienas. Se sigue riendo un buen rato hasta que me coloco de pie y camino a la entrada, no quiero seguir siendo su objeto de burla y mucho menos a costa de algo que nos concierne a Peeta y a mí – Tal vez se dio cuenta que es más sencillo estar lejos de ti, ya sabes lo que creo, ni viviendo cien vidas te llegarías a merecer a ese muchacho. – Y sé que tiene razón, que no importa lo mucho que me ame Peeta, en algún momento se cansará de mis temores e inseguridades pero no puedo evitar sentir como lava burbujea dentro de mí, por pensarlo con una desconocida que disfrutará de su compañía, de sus abrazos protectores, de sus labios dulces, de su entrega y amor. Cualquier chica estaría dispuesta a estar con Peeta, es un vencedor, tiene la vida asegurada y yo, que estoy casada con él no soy capaz de ver todo lo que está dispuesto a ofrecerme. Y no puedo evitar sentirme como la mala persona que soy cuando me doy cuenta de esto.
-O-
Pasan dos días luego de la última visita a Haymitch que soy capaz de ver a mi Chico del Pan. Sale temprano de nuestra casa, vestido con unos pantalones ligeros de algodón de color negro, una camiseta blanca y una sudadera azul que va a tono con sus ojos. Su cabello brilla ante los rayos del sol que caen sobre él y de un segundo a otro Peeta se coloca a correr, no lo hace de una forma desesperada, como aquella vez luego de la muerte de Nathan, sino que lo hace con constancia y calma, más como un deporte. Sale de la Aldea de los Vencedores y se pierde por el camino que lleva al distrito. Jamás se da cuenta que lo miro por la ventana del segundo piso. Aún no hablamos y mis pesadillas y la tristeza que llevo dentro han aumentando con el paso de los días.
Casi dos semanas y no soy capaz de seguir así, porque cuando Gale ya estuvo bien no había nada que me confundiera, porque cuando lo vi un par de veces por la Veta no sentí nada de lo que siento ahora cuando veo a Peeta a lo lejos. Porque cuando despertaba entumecida del miedo no eran sus brazos los que necesitaba, eran los de mi esposo. Porque los celos que sentí por Gale no son nada comparados con los celos que sentí cuando lo vi con Delly Cartwright paseando feliz por la zona comercial.
Fue esa misma tarde que fui a casa de Haymitch. Luego de salir enojada conmigo misma me dirigí hacia la plaza de la ciudad, necesitaba despejar mi mente y días antes habíamos hablado con Prim de cruzar a su cabra así que me dirigí hacia la escombrera donde vivía el señor de las cabras. Iba demasiado enfrascada en mis pensamientos pero eso no evitó que viera por el rabillo del ojo dos cabezas rubias que sobresalían entre el resto del distrito.
Delly lo traía del brazo, es decir, su brazo estaba enrollado con el de él, y a Peeta no le molestaba en lo absoluto, es más estaba riendo de algo que ella iba diciendo, no, no diciendo, casi iba susurrando en su oído. ¿Por qué iba con sus labios pegados a la oreja de él? ¿Acaso Peeta había quedado sordo en los días que no nos habíamos visto que ahora necesitaba que le hablaran cerca? Las manos de ella se paseaban constantemente por su brazo, tocando sus bíceps y riendo como las tontas niñas comerciantes que le hacían ojitos a todo lo que pudiese tener pantalones. Pestañeaba rápido y clavaba sus ojos en los azules de Peeta y reían, reían, reían sin parar. Cómo si todo fuese un chiste.
Los seguí, si, no creo que haya sido mi movimiento más inteligente pero lo hice, me iba escondiendo detrás de los locales, en los callejones y tras las personas pero iba pendiente de cada movimiento que hacia ella. ¿Por qué toqueteaba a Peeta de esa forma? Él estaba casado, ¿es que acaso no había límites para ella? Siguieron andando un par de cuadras más cuando llegaron a casa de ella, la zapatería del distrito. Es una casa sencilla, de dos pisos al igual que casi todas las casas de la zona comercial, en donde el primer piso es la tienda y el segundo la casa de la familia. Delly se frota las manos con nerviosismo, de vez en cuando pestañea algo más rápido y le sonríe tontamente a Peeta quien ríe cuando ella dice algo que debe ser gracioso para ambos. ¿Por qué me siento tan enojada? ¿Por qué cuando sé que Delly es una buena amiga de Peeta? La única que siguió siéndolo luego de los Juegos, la única que aún se mantuvo incondicionalmente a su lado. Creo que dos o tres amigos más de Peeta no le dieron la espalda pero todos aquellos de los que se rodeaba cuando estábamos en la escuela lo hicieron a un lado, asombrados por lo que uno hace dentro de los Juegos para sobrevivir.
Luego de una charla de casi diez minutos Peeta hace un gesto de despedida con su mano y se dispone a irse hasta que Delly lo alcanza y le da un beso en la mejilla para después meterse en su casa luego de ello. Peeta sonríe y luego se da la vuelta y sigue caminando con normalidad. Pateando piedritas con las manos en los bolsillos.
En ese momento lo único que pude pensar fue tener un arco en mis manos para separarlos de alguna forma que terminaría siendo con una flecha en el ojo de Delly Cartwright. Yo pensaba que lo que había sentido por Gale hacia dos semanas cuando estaba tirado sobre una mesa y Madge llegó fueron celos. Cuando todos dieron a entender que ella sentía algo por él. Ahora me doy cuenta que no fue ni la mitad de lo que sentí ahora cuando una amiga de la infancia que sé que Peeta quiere se acercó y le dio un beso en la mejilla. Esas mejillas eran mías, esos labios lo eran. Sus abrazos, sus besos, sus caricias. Esa risa que le salía desde adentro y que terminaba siendo música cuando sus ojos se iluminaban y sus pestañas doradas revoloteaban. Él era mío en cada momento, en cada respiración, en cada gruñido que salía de su boca cuando hacíamos el amor.
Peeta era mío y yo era suya. Cualquier otra cosa resultaba impensable. ¿Por qué tuve que separarme de Peeta para darme cuenta de que lo amaba? Porque soy egoísta, porque pensé mucho tiempo en lo que le podría molestar o herir a Gale y no pensé en lo que podría estar sintiendo Peeta. Porque tuve miedo mucho tiempo pero acaso vivir sin él me quitaría esos miedos. De tener hijos y que fuesen enviados a la Cosecha. Nada evitaría eso pero con Peeta las cosas eran mejores, me sentía más viva a su lado. Y no tenía que perderlo para darme cuenta de ello.
Es por eso que luego de verlo salir a correr decido ir a hablar con él, aclarar las dudas que puedan existir y decirle todo lo que siento por él. Es cerca de medio día cuando pienso que Peeta ya debe de haber llegado de su corrida cuando me levanto. Me ducho y me coloco ropa cómoda. Un par de jeans, unos botines y un abrigo delgado. Me hago mi trenza de lado y bajo las escaleras de dos en dos hasta el primer piso donde mi madre sirve el almuerzo para ambas.
-Iré a hablar con Peeta mamá, volveré en un rato – mi madre se seca las manos en el delantal que usa y me sonríe de esa forma en que lo hacen las madres cuando comprenden a la perfección lo que ocurre. Yo también ahora comprendo todo lo que paso, no la justifico pero al menos ya la entiendo. No sé si podría vivir sin Peeta otro día más y sé que es lo mismo que ella sentía por mi padre.
-De acuerdo, te dejaré el almuerzo guardado de todas formas – asiento con rapidez y salgo de la casa cerrando tras de mí. No sé si Peeta ha regresado pero aún tengo mis llaves así que de cualquier forma hablaremos hoy. Camino con nerviosismo hasta nuestra casa, mordiéndome las mejillas y practicando mentalmente lo que le diré a Peeta cuando lo vea. Lo malo es que ninguna de las cosas que me digo suena tan bien cuando las analizo. "Peeta me he dado cuenta que no amaba a Gale y todo se debió a que sentía celos por él pero ahora los siento por ti" es lo más normal que sale de mi mente.
Me paro frente a nuestra puerta y respiro antes de tocar tres veces con los nudillos. Suspiro un par de veces y escucho los sonidos de alguien bajando las escaleras. Pasos ligeros que se acercan a la puerta y luego cómo ésta se abre a los segundos. Y quien aparece delante de mí, no es Peeta.
Es Delly, cubierta de harina tanto en su cabello rubio como en sus mejillas redondas. Sus ojos claros brillan debido a la luz que se les refleja y me doy cuenta que es bonita. Es una chica que podría tener a varios tras de ella sin ningún problema. Es decir, es amable, tierna, comprensiva, carismática y buena persona Todo lo que a mí me falta, lo tiene ella.
Me escanea durante un segundo y me sonríe como si fuese su mejor amiga. Delly es así, es gentil con todos, incluso conmigo. Yo por otro lado, no.
-Hola Katniss, ¿Cómo estás? – me meto las manos dentro de la chaqueta y evito que se me salga algún comentario sarcástico digno de Haymitch y me mantengo firme.
-Bien – por cortesía, una debería de preguntar si la otra persona está bien pero yo no lo hago. No soy cortes, no soy Delly Cartwright. - ¿Está Peeta? – Delly parece despabilarse y luego de reír, vuelve a hablar.
-Si, claro, ¿Vienes a arreglar las cosas con Peeta? Porque eso está bien y creo que… - mi paciencia es poca, eso todos lo saben pero ahora me encuentro aún más enojada así que me comporto en contra de todas las normas de etiqueta que Effie quiere que aprenda y respondo de forma cortante.
-Te pregunté si estaba Peeta Delly – ella no parece detectar mi tono cortante porque sigue sonriendo.
-Si, dame un minuto y…- luego de eso se escuchan los pasos fuertes de Peeta por el pasillo que lleva a la cocina y en unos segundos aparece mi Chico del Pan. Lleva unos vaqueros oscuros, una camiseta blanca con las mangas negras y usa unas zapatillas anchas. Su cabello dorado está cubierto con harina y sus mejillas de masa pegajosa. Su mirada en un inicio es de desconcierto pero luego vuelve a ser cálida y gentil.
-Vine a ver por que tardabas tanto – le dice a Delly y luego clava sus ojos azules en mí – Hola Katniss – abro la boca un par de veces, boqueando como un pez fuera del agua y bajo la cabeza avergonzada.
-Hola Peeta – Delly se echa unos pasos hacia atrás y yo frunzo el ceño al verla aún aquí. ¿Acaso no se puede manchar y dejarnos solos? – Quería hablar contigo pero veo que estás ocupado, será mejor que regrese después – hago el gesto de irme pero Peeta toma mi antebrazo con algo de fuerza. Mira la unión de nuestros cuerpos y se echa hacia tras luego de unos segundos, casi como si contacto le quemara.
-Yo, no, es decir si pero – está nervioso ya que no es capaz de hilar una oración. Lo miro a él y luego reparo la vista en Delly y termino por irme. Camino unos cuantos pasos y me quedo quieta, queriendo decir algún comentario hiriente que le haga saber cómo me siento. Lo frustrada y enojada que estoy pero bajo la cabeza, apretó los dientes y me trago las palabras y sigo mi camino. Estoy tentada en mirar hacia atrás porque aún no escucho la puerta cerrarse pero no lo hago y continúo con la vista al frente. Aún cuando estoy parada frente a la casa de Haymitch no escucho la puerta cerrarse y cuando ingreso a ésta, tampoco lo hago.
-O-
Prim vuelve del colegio bastante nerviosa. Deja su mochila en el camino a la sala y me mira con sus ojos azules brillando.
-Los profesores dijeron que había programa televisivo obligatorio – dice apenas me ve sentada en el living. Se sienta a mi lado y me cuenta que los maestros les dijeron antes de irse que hoy había una transmisión desde el Capitolio y que todos debían verla. Dice que la mayoría de sus compañeros se pusieron bastante nerviosos ya que es bien sabido que este año es el Vasallaje de los Veinticinco y que por tanto puede tener algo que ver con ello.
-Tranquila Patito, tranquila – digo cuando sus manos comienzan a temblar y la brazo contra mí. Estoy más nerviosa que ella porque si vuelve a salir su nombre en la Cosecha este año, no podré ofrecerme voluntaria para ir en su lugar.
Nos reunimos a eso de las siete y media frente al televisor, con los nervios hechos trizas y la mayoría de mis uñas destrozadas. La televisión se enciende por si sola y las tres nos sentamos en el sillón cuando escuchamos el himno de Panem sonar en lo que se ve es la Avenida de los Tributos.
Caesar Flickerman está vestido en tonalidades púrpuras este año y cada cosa que usa va a juego. Esta parado en lo que parece ser un pequeño escenario y hacia atrás se ve el gran símbolo de Panem, con el águila del Capitolio.
Hace una pequeña introducción sobre lo que son los Juegos del Hambre para el país y luego habla sobre lo que es el Vasallaje.
-Efectivamente este año se celebra el setenta y cinco aniversario de los Juegos del Hambre ¡y eso significa que ha llegado el momento del Vasallaje de los Veinticinco!
-¿Qué es lo que harán?- pregunta Prim mientras se acerca inconscientemente a mí. – Aún faltan meses – y es verdad. Faltan unos pocos días para que termine Abril y los Juegos se realizan en Junio.
Ambas nos volvemos hacia nuestra madre que parece distante y solemne, como si recordara el pasado.
-Debe ser la lectura de la tarjeta –
Suena el himno y la garganta se me contrae de asco cuando veo al Presidente Snow subir al escenario. Está igual que la última vez que lo vi en el Capitolio. Vistiendo un elegante traje de color negro y una rosa demasiado prefecta y blanca en la solapa de la chaqueta. Detrás de é, camina un joven de más o menos 15 años, vestido con un traje blanco que sostiene una sencilla caja de madera oscura sobre sus manos. Termina el himno y el Presidente Snow hace callar a la multitud con un solo movimiento de mano. Comienza a hablar para recordarnos a todos los Días Oscuros en los que nacieron los Juegos del Hambre. Cuando se elaboraron las reglas de los juegos,, se determinó que cada veinticinco años se conmemoraría el aniversario con algo llamado el Vasallaje de los Veinticinco. Sería una versión ampliada de los juegos en donde se recordaría a los muertos en la rebelión de los distritos.
El Presidente Snow con una sonrisa nos habla sobre lo que pasó en los anteriores Vasallajes.
—En el veinticinco aniversario, como recordatorio a los rebeldes de que sus hijos morían por culpa de su propia violencia, todos los distritos tuvieron que celebrar elecciones y votar a los tributos que los representarían. - Me pregunto qué sentirían al elegir a los niños que iban a la arena, me imagino siendo elegida por mis compañeros de clases, por mis antiguos vecinos de la Veta y la piel se me pone la piel de gallina de sólo pensarlo. Creo que es peor ver que te traicionan tus propios vecinos que ver cómo sacan tu nombre de la urna de la Cosecha.
—En el cincuenta aniversario —sigue diciendo el presidente—, como recordatorio de que murieron dos rebeldes por cada ciudadano del Capitolio, todos los distritos enviaron el doble de tributos de lo acostumbrado. - Me imagino ahora enfrentándome a cuarenta y siete enemigos, en vez de a veintitrés. Peores probabilidades, menos esperanza y, al final, más niños muertos. Ése fue el año de la victoria de Haymitch...
—Tenía una amiga que fue ese año —dice mi madre en voz baja—. Maysilee Donner. Sus padres eran los dueños de la tienda de golosinas. Después de aquello me dieron el pájaro cantor de su hija, un canario. Prim y yo nos miramos. Es la primera vez que oímos hablar de Maysilee Donner, quizá porque mi madre era consciente de que no nos habría gustado saber cómo murió.
—Y ahora llegamos a nuestro tercer Vasallaje de los Veinticinco —dice el presidente. El niño de blanco da un paso adelante y sostiene en alto la caja mientras él la abre. Vemos las ordenadas filas de sobres amarillentos en vertical. El que diseñó el sistema de Vasallajes se había preparado para varios siglos de Juegos del Hambre. El presidente extrae un sobre marcado claramente con un 75, mete el dedo bajo la solapa y saca un cuadradito de papel. Sin vacilación, casi con sorna, lee—
- En el setenta y cinco aniversario, como recordatorio a los rebeldes de que ni siquiera sus miembros más fuertes son rivales para el poder del Capitolio, los tributos elegidos saldrán del grupo existente de vencedores de cada distrito.
Mi madre deja escapar un chillido ahogado y Prim se tapa la cara con las manos, pero yo me siento como la gente que veo en el televisor, en la multitud, algo desconcertada. ¿Qué quiere decir? ¿El grupo de los vencedores?
Entonces lo entiendo, entiendo lo que quiere decir, al menos para mí: el Distrito 12 sólo tiene tres vencedores entre los que elegir, Haymitch, Peeta y yo. Y pareciese ser que todas las piezas caen en su lugar en ese momento. Entiendo todo y más. Comprendo que mi matrimonio con Peeta no sirvió para nada, que ni a pesar de nuestros esfuerzos pudimos convencer a la gente de los distritos.
Siento el agarre de Prim en mi antebrazo pero eso no me detiene y me coloco de pie y doy zancadas largas hasta la puerta. Y corro, coro demasiado rápido, como si me estuviesen persiguiendo en cada tramo que corro. Mis piernas acostumbradas a la actividad física me llevan asta la alambrada es en ese momento que oigo la electricidad que la atraviesa. Y es casi como un golpe en las narices, estoy atrapada, completamente atrapada porque tengo que volver a la Arena, tengo que volver a los Juegos. Después de pasar un año entero completo intentado que se fueran aquellas memorias, ahora me regresan para matarme.
Me doy media vuelta y corro otra vez de vuelta a la Aldea de los Vencedores mientras lagrimas escurren por mis mejillas. Siento el líquido salado que se va congelando debido al viento fresco que corre en el distrito. Tropiezo un par de veces en la entrada y en un momento me encuentro frente nuestra casa, aquel lugar que se supone es nuestro refugio del mundo, de las miradas culpables de los demás. Aporreo la puerta con tanta fuerza que temo dañarme las manos en el proceso. Y grito su nombre una y otra vez hasta que me quedo sin voz y no salen más que gemidos heridos de mi boca.
-¡Peeta! ¡Peeta! – me derrumbo frente a nuestra entrada porque se cae el cielo y no está mi Chico del Pan para reconfortarme con sus abrazos. Porque tendré que volver al infierno por culpa de las revueltas que se están dando en los distritos. Porque jamás podré tener una vida tranquila con Peeta, porque hasta eso me han arrebatado. Las lágrimas caen sin control y comienzo a hacer esos gemidos de animal herido que tanto detesto.
De un momento a otro siento los brazos cálidos de alguien que me rodea el cuerpo y en un solo movimiento me veo envuelta en ellos. El olor a canela, a madera y con un toque cítrico me da la paz necesaria que necesito y aferro mis brazos por su cuello y enredo mis dedos en su cabello.
-Tranquila Kat, aquí estoy –
POV Peeta
Son el recuerdo de sus gritos desgarradores lo único que me mantiene de pie en estos momentos porque lo único que quiero es derrumbarme y llorar mientras pienso en lo injusta que es la vida. Porque así es, porque somos peones en su juego y hasta este momento no me di cuenta.
Katniss yace sentada en mi regazo, con las manos entrelazadas en mi cuello y su cabeza metida entre el hueco que queda con mi hombro. Su respiración es tranquila de vez en cuando y otras suelta un quejido lastimera que me hace abrazarla más fuerte contra mi cuerpo mientras dejo besos en su cabello húmedo. Estamos todos sentados en el living de las Everdeen y por todos realmente hablo de todos. Haymitch, Prim, la señora Everdeen, Connor, mi padre y… Gale.
Prim está sentada con la cabeza apoyada contra el hombro de la señora Everdeen quien habla con mi padre y Connor. Gale, pues él está mirándome como si pudiese matarme con ello. No creo que funcione, yo he intentado matar con miradas y no sirve.
El vasallaje, otra vez volver a la arena. Porque no es una opción, volveré a ese lugar para proteger a Katniss incluso si es a costa de mi propia vida. Lo cual es lógico, porque no volverán a caer en el truco de las bayas, no dejaran que haya dos vencedores esta vez. Katniss se remueve y suspira contra mi cuello, causándome un escalofrío en todo el cuerpo. Extrañaba tanto su cuerpo contra el mío, la calidez de sus manos, su olor, todo de ella lo extrañaba.
De un momento a otro Haymitch se pone de pie y me mira con un gesto cansado. Las cosas ya están habladas entre nosotros dos, yo vuelvo si o si, él tiene que hallar la manera de sacar a Katniss del ojo del huracán luego de que haya ganado los Juegos. Tiene que, se supone que Katniss es el símbolo de la revolución, no pueden dejar que se hunda después del vasallaje así que confío en que mi mentor hará todo lo necesario para mantenerla con vida. Me la debe, en nuestros primeros juegos eligió a Katniss, ahora tiene que volver a hacerlo y la deuda estará saldada.
-Bueno, yo me voy a casa – Katniss se remueve en mi regazo cuando escucha la voz de Haymitch pero no sale de su escondite. – No hay nada que podamos hacer así que no tenemos que seguir lamentándonos aquí, iré a beber un poco más – me da una última mirada y luego de asentir sale dando un portazo.
Mi padre se pone de pie y Connor lo sigue. Me da una mirada triste y luego unas cuantas palmaditas en la espalda – Nosotros también nos vamos, ya es tarde – asiento y le sonrió como puedo a mi familia. Me destroza el alma esto, tener que volver y darle la pena a mi padre de la pérdida de otro hijo. He arreglado las cosas con ellos o por lo menos con mi hermano y mi padre. Mi madre siempre será un punto errante en mi vida. Y ahora pienso que fue lo mejor, no puedo alejar a mi familia en un momento así, cuando lo único que quiero es la sonrisa cálida de Connor y el abrazo de mi padre.
-Los veo mañana, me daré una vuelta durante el día – Connor asiente y luego de despedirse de Prim y de la señora Everdeen sale chocando el hombro de Gale. Niego ante la conducta infantil de mi hermano y le doy una última sonrisa a mi padre que se despide de todos y se van. Gale me lanza una ultima mirada y prosigue al igual que todos, yéndose mientras que la señora Everdeen le pregunta por su espalda. Él asiente ante alguna cosa que dice y se va luego de gritarle una despedida a Katniss.
Cuando la puerta se cierra, la señora Everdeen se pierde en la cocina y Prim se sienta en la butaca que está frente a nosotros y acaricia a su gato Buttercup. Katniss sale luego de un rato, con los ojos rojos e hinchados y las marcas de mi chaqueta grabadas en su rostro. Quito un mechón salvaje que se sale de su trenza y lo coloco tras de su oreja y luego acaricio su mejilla con delicadeza. Ella se aferra a mi contacto, mirándome con una intensidad gigantesca.
-¿Estas mejor? – ella asiente y recarga su cabeza en mi hombro mientras le sonríe a Prim, quien le devuelve el gesto. Nuestras manos por inercia se encuentran y nuestros dedos se entrelazan mandando chispas de electricidad a mi columna vertebral. El silencio es cómodo y me veo tentado a iniciar una conversación para aligerar el ambiente pero la entrada de la señora Everdeen con una bandeja de té y galletas nos saca a todos de nuestros pensamientos.
Las tres Everdeen están destrozadas, se nota por los ojos llorosos de Prim y los temblores en las manos de mi suegra. Sé que esto las lastima porque su hija volverá a la arena que le ha provocado pesadillas y lágrimas durante todos estos meses.
Acaricio el cabello de Katniss y rechazo amablemente la taza de té que me ofrece la señora Everdeen. Por el contrario acepto las galletas que como con dificultad por el nudo en la garganta que siento en estos momentos. Ahora entiendo lo que dijo Haymitch, que quieren matar la revolución y eso se hace matando al símbolo de ésta. Katniss, ella es el blanco y los vencedores porque son aquellos que más apego tiene con el pueblo, son los que pueden hacerlos levantarse en contra del Capitolio en cualquier momento. Haymitch piensa que las cosechas estarán arregladas, que colocaran los nombres de aquellos vencedores que más les causen problemas. Hay varios como Finnick, Johanna Mason, quien es una vencedora del distrito 7, y otros nombres más que suenan mucho son los que tienen más posibilidades de salir sorteados.
-Tal vez ni siquiera tengas que ofrecerte de voluntario – el comentario me parecía fuera de lugar cuando me dijo hace una hora atrás pero sé a lo que se refiere. Tal vez a mí también me quieran muerto.
Luego de varios minutos en los que la conversación fluía solo entre la señora Everdeen y Prim, se incorpora un silencio inquietante que rompen cuando me dicen que se irán a dormir. Está más que claro que nos quieren dar espacio para hablar así que asiento y Katniss también. Les da las buenas noches a su madre y a Prim, quienes suben las escaleras y sus pasos se pierden en el segundo piso.
Sigo acariciando su cabello castaño, haciendo pequeños nudos con las puntas de este, mientras que Katniss juega con mis dedos. Ninguno quiere perder esta conexión. Ninguno quiere hablar de la realidad y de lo que eso puede significar.
-No quiero volver – la voz de Katniss suena rasposa debido al llanto anterior, la aclara y vuelve a hablar – no saldré viva de esta – niego porque no puede ponerse en esa posición, no puede ser la derrotista de este grupo.
-Saldrás y volverás a casa Katniss, yo iré contigo, no te dejaré – su mirada plateada se posa en mí y luego desvía la mirada cuando se da cuenta de lo que significa que vaya con ella a la arena. Significa que estoy asumiendo mi muerte para que ella viva.
-No quiero Peeta, no quiero, ¿de qué serviría? – niego porque son muchas las razones que hay para que salga de esa arena. Su familia es una de ellas.
-Serviría Katniss, tienes a tu familia, ellas te necesitan aquí, no soportarían perderte – ella parece ser que no escucha lo que digo porque mueve la cabeza de un lado a otro, negando frenéticamente todo lo que digo.
- Tampoco soportaría que murieras Peeta, no quiero que mueras por mí, no lo soportaría – abro la boca pero Katniss coloca un dedos obre ella, impidiéndome hablar. – Hoy día fui a casa porque quería arreglar las cosas pero estabas con Delly y yo… - si, se fue, de una manera algo caprichosa y enojada pero lo cierto es que yo también quería arreglar las cosas con ella, solo que Delly me hizo reaccionar algo tarde cuando me pateo por dejarla ir.
- Te fuiste –
-Estabas ocupado, no quería interrumpir – baja la cabeza y detecto algo de enojo en su última frase.
-Delly casi me mata de una patada cuando deje que te fueras – acaricio su rostro y hago que levante la mirada – Ella no detecto tu tono sarcástico pero yo si, ¿Qué fue lo que pasó? – Katniss niega y noto que sus mejillas se calientan bajo mis manos. – Katniss, dime – pero ella vuelve a negar y se queda callada varios minutos.
-Puede que no me haya gustado verte con ella – suelta mientras rehúye mi mirada y yo enarco las cejas ¿Por qué no le gusta verme con mi mejor amiga?
-¿Y por que no te gusta? Delly es casi mi hermana, nos conocemos desde pequeños –
- Pensé que, ya sabes… - no, realmente no sé porque Katniss a veces es demasiado confusa – que ella te gustaba. Es amable, es linda, carismática, no frunce el ceño a cada segundo y es mucho más simpática de lo que podría llegar a ser yo. Es cariñosa y te conoce de toda la vida – enarco una ceja porque eso me suena conocido. Ese tono en realidad, me parece familiar porque llevo años viviendo con él. ¿Celos? ¿En serio? ¿Después de que le dije que la amaba y le pedí matrimonio en televisión nacional?
-¿Y que con ello Katniss? – Tomo su rostro con mis dos manos y la miro con todo lo que siento porque quiero que entienda cada palabra que le diré – Delly no eres tú. Si, es gentil, tiene mejores modales de los que podrías a llegar a tener tú. Tenemos cientos de cosas en común y la quiero mucho, pero no la amo por el simple hecho de que no eres tú. Porque no tiene esa intensidad de tu mirada, porque no posea la misma fortaleza que tú, creo que ya te lo he dicho pero no sabes el efecto que produces en los demás Kat, en cada persona que te rodea. Yo te amo, amo cada cualidad y cada defecto que te hace única. Amo que seas testaruda, que seas mañosa por las mañanas y que seas espontánea cuando me besas de improvisto o me abrazas. Y eso no cambiara por nadie Preciosa, ¿de acuerdo? – Katniss asiente y luego me toma el rostro de la misma forma en lo que acabo de hacer yo.
-Sabes que no soy buena con las palabras, lo siento, no es mi fuerte – sonrió porque soy consciente de eso, pero también amo eso porque lo que no demuestra con palabras lo hace con acciones – pero quiero que sepas que lamento lo que pasó hace días. Fui una tonta y no me di cuenta que te estaba haciendo daño con mis acciones. Si, me confundí pero me di cuenta que lo que pude llegar a sentir por Gale no es ni la mitad de fuerte que lo que siento por ti – no niega que siente algo por él, no sé si eso es bueno o malo, pero asume que lo que siente por mí es más fuerte - Aún no entiendo como alguien tan bueno como tú se pudo haber enamorado de alguien como yo.- dice mientras baja la mirada y continúa – Pero quiero que sepas que te elijo, y te prometo que te elegiré siempre. Eres lo único bueno que tengo y lo único que ha sido realmente mío – tomo su rostro y hago que me miré otra vez porque necesito saber la veracidad de sus palabras – Por favor, no te alejes de mí, que me morirá si no estás conmigo – y eso debe ser lo más parecido a un "te amo" de Katniss, y ambos me han sonado igual de honestos.
-También te amo Katniss – ella me mira con asombro y luego acerca su rostro hasta el mío, hasta que nuestras respiraciones chocan y se entremezclan haciendo que me maree por lo adictivo que me resulta. Toma mis cabellos y en un segundo nuestros labios están chocando en una danza caliente y hermosa. Nuestras lenguas se encuentran y se acarician como siempre. Mis manos toman las caderas de Katniss y la traigo a mi cuerpo, evitando que exista espacio entre nuestros cuerpos. Cuando no nos queda aire, pego su frente con la mía y ella me da un ligero beso en la punta de la nariz mientras sonríe.
-Te amo Peeta–
-Lo sé, Preciosa, lo sé – la abrazo contra mi pecho y ella respira suavemente contra él.
Nuestro mundo se está cayendo a pedazos, de eso ambos estamos conscientes pero ahora yo también soy consciente de que me ama, de que la amo y que lo que sea que nos tenga preparado Snow y los Vigilantes y la Revolución lo afrontaremos juntos. Nos protegeremos el uno al otro, porque eso es lo que hacemos.
Mantenernos sanos y a salvo.
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Lo primero, espero que les haya gustado el capítulo porque en cierta forma me gustó escribirlo. Segundo, alguien por ahí, no diré quien fue me dijo que quería a una Katniss sumisa y que le cargaba la historia por la manera en que se comportaba Katniss. Vaya, lo siento, y existen mil y una razones para decirte que no, no haré a Katniss sumisa. Esto no son Cincuenta Sombras de Grey, son Los Juegos del Hambre y Katniss es fuerte y bastante dominante a mi parecer. No puedo simplemente dejar que por algo que escribí modificar a un personaje como este. Fuera de eso, Katniss es casi igaul en el libro, salvo porque no estaba en una relación con Peeta pero se comporta de la misma forma en esta parte de la historia. Lo siento y si dejas de leer, pues bueno, será ;)
Tercero, ¿Fueron a ver Sinsajo? Literalmente lloré cuando salí de la sala, fue como si una parte de mi vida se fuese con esa saga. Amé cada parte que interpretó Josh Hutcherson, la manera en que nos mostraba a un Peeta herido y luego el epílogo fue sencillamente genial. Creo que lo único que me quedó con gusto a poco fue la parte del "¿Real o no Real?" Creo que estaban demasiado grandes mis expectativas.
Bueno, quiero darles las gracias a las personas que comentaron este capítulo y darle un agradecimiento especial a:
TaisV: Chica, pensamos igual, de verás. Creo que Collins no le dio la importancia que se merecía a Peeta a pesar de que es un personaje bastante versatil en todo sentido. Peeta pudo haber sido la voz de la revolución pero Collins se centró demasiado en el personaje de Katniss a pesar de que tenía gran material al lado. Peeta es fuerte y no de la manera común sino que es él es fuerte emocionalmente, él sale adelante pese a todo y no se queda estancado como Katniss en el libro luego de la muerte de Prim. Creo que tienes razón en varias cosas de las que escribiste pero sobre todo en que él fue el primero en desafiar al Capitolio, cuando busca la forma de salvar a Katniss y no a él mismo. Pues, si, si hay Vasallaje con los Vencedores, necesitamos una chispa grande. Gracias, estaré pendiente y ojalá que sigas leyendo esta historia.
Ruzu Chronicles Azalea: No mandes al carajo a Katniss (? No, mándala si quieres, que yo la mandé en todo el segundo libro al demonio, descuida, luego de esto ya no hay más sufrimiento para el panadero de parte de Katniss :D De los demás si pero de ella no -.-'
Lenna0813: Hola grandota *-* Lamento si perdiste el hilo de la historia no lo harás durante esta semana porque pienso actualizar el miércoles de la próxima semana. En Chile se da la Prueba de Selección Universitaria el lunes y martes así que luego de eso, debo esperar resultados pero ya no tengo clases ni nada así que tengo tiempo para escribir, por fin! Si, Peeta sufre muchopor Katniss pero de aquí en adelante no habrán más problemas entre ambos, lo prometo, las cosas ya están estables y aunque Gale estará metido siempre ya no habrán discusiones ni nada por el estilo entre ambos. Y si, ni viviendo cien vidas Katniss merecería a Peeta pero al final se quedan juntos y para ambos fue lo mejor porque repararn sus heridas mutuamente. Sigue leyendo y deja reviews :O
Shizu Uchiha: Yeah, many emotions.. (? Eh, Peeta is a beautiful men and ... well, you know, it's easy write about him. Thanks you (inglés desgastado, mucho tiempo separada de mis raíces :D )
Sole713: Gracias, soy buena expresando angustias, creo, es un don BlJajaja, no, en serio, me gusta expresar la desesperación de las personas porque es complejo y muy dificil de explicar. Es nuestro instinto más básico, y creo que todos la sentimos en algún momento. Gracias por leer Sole .lll.
Y gracias a todos los Guest que aparecieron por ahí, se les agradece que manden reviews yo soy pésima mandando comentarios, sólo si una historia me encanta la comento para que la escritora o escritor se motive así que eso me demuestra que les gusta y que lo hacen para dar apoyo.
Gracias por sus hijos y gracias por el pan .lll.
Blue
