Hola mundo! No entraré en muchos detalles y es más que nada para colgar el capítulo desde la tablet. Sólo darles las gracias por los 90 comentarios y los 13.000 views. Se agradece desde el fondo chicos, gracias. Bueno, por muchos, muchos motivos no me extendere y sólo agradecer a las personas que comentaron el capítulo anterior, que serían:
Lucy Mellark (Juro responder tus comentarios preciosa, lo prometo, pero ahora mi tablet no me deja escribir mucho antes de borrar todo)
Taisv ( Amo tus reviews y te responderé lo antes posible )
Francisca 8934
Atlas
Betsagrecia
¡A leer!
POV Peeta
Me despierto a eso de las tres de la mañana de sobre salto. Mi cabeza está recargada sobre la de Katniss y mis brazos rodean su cintura aferrándola con fuerza contra mi cuerpo. Ella está completamente dormida, con sus manos hechas puños a un lado de su rostro que está tranquilo y relajado. Me giro, intentando no despertarla, suelto su cuerpo de forma delicada y me siento en la cama con los codos reposando sobre mis rodillas y me froto el cabello que está algo húmedo por la pesadilla que acabo de tener. No quiero recordarla y menos analizarla. Es decir, cada recuerdo de esa pesadilla hace que quiera vomitar. Pero es imposible olvidar esos ojos azules tan iguales a los míos. En el sueño, me veía a mi mismo en los brazos de Katniss, pero había algo inquietante que era la diferencia de estatura que existía entre ambos. Yo estaba literalmente en sus brazos porque era pequeño, de un metro tal vez. Tenía exactamente la misma contextura que cuando tenía tres o cuatro años. Rizos rubios, cara redonda aunque habían cosas que no eran mías como la forma de la nariz más respingada y los labios más carnosos. Y lloraba, llamando a Katniss pero ella sólo me arrullaba y cantaba la canción del Valle. Pero yo no paraba de llorar, no importa cuantas veces Katniss besara mi cabeza, yo simplemente lloraba. Pero hubo un momento en que deje de llorar y comencé a asfixiarme pero Katniss no se daba cuenta y seguía moviéndome para arrullarme a pesar de que sentía como el aire dejaba mis pulmones y dolían por culpa de la falta del aire. Los ojos me lloraban y en un momento deje de escuchar la voz de mi esposa y sólo escuche mi propia voz llamándome y diciéndome que todo estaría bien. En un momento todo a mi alrededor gira; Katniss está dando vueltas como lo hizo en su entrevista en los Juegos del año pasado. Y cuando lo hace los dos nos quemamos por completo, veo como lo único que queda de ambos es piel calcinada y el fuego nos consume. Lo único que logró terminar de ver son mis ojos azules.
Sacudí la cabeza con vehemencia e intenté que el desconcierto no me paralizara. Quería borrar esas memorias de mi mente pero no funcionaba de ninguna forma.
Miré a Katniss quien dormía plácidamente y me puse de pie para salir de la habitación. Necesitaba despejar mi mente de alguna forma. Agarré una camiseta del placard y me dispuse a salir de la habitación evitando hacer ruido. Camino despacio hasta donde está la habitación de Haymitch y golpeo tres veces con los nudillos, sin recibir respuesta, para después entrar a donde duerme mi mentor. Está sentado en la cama con una botella de licor en sus manos y me mira de forma burlona, casi mofándose de mí.
-Vaya, al fin Preciosa te ha dejado salir de la cama, ¿eh, Chico? - hago un gesto de indiferencia con la boca y me dejo caer en la punta de la cama, más que nada hastiado por su actitud. Así que decido empezar a hablar antes de que la poca paciencia que tengo se esfume.
-¿Qué haremos? - Haymitch se coloca de pie, divertido por el tono que ocupo para dirigirme a él y se acerca a su mini bar para tomar otra botella de alcohol y abrirla contra el borde de un mueble. La sonrisa maliciosa no se borra de sus labios y su mirada al contrario es más burlesca. Pero aún así recupera la compostura y se endereza en su metro ochenta para comenzar a andar hacia la puerta.
-Vamos a caminar Chico - su tono tiene un rastro de varias emociones así que no opongo resistencia y ambos salimos de la habitación. Caminamos en silencio por el pasillo hasta llegar al último vagón del tren. Entramos y cerramos la puerta detrás de nosotros, mirando alternativamente entre la ventana y el compartimiento. Mi mentor parece tomar una decisión ya que se acerca a la ventana, haciéndome una seña con la mano para que me acerque a él. Abre las ventanas con rapidez y el viento sopla con fuerza evitando que se escuche algo. Cuando estoy al lado de Haymitch me explica por qué lo de la ventana.
- Es para evitar que los micrófonos que están por el tren nos escuchen - dice en un murmullo que me cuesta oír a pesar de estar a su lado. Asiento a su lado y enarco las cejas, esperando que empiece a hablar. Haymitch suspira y habla despacio, tanto que tengo que estar demasiado atento a lo que dice. - Se están haciendo planes para sacar a los Vencedores de la Arena, pero a pesar de eso, se harán todas las maniobras necesarias para evitar que vayan a los Juegos. Tenemos el factor del amor que le profesan los capitalinos a sus Vencedores así que necesito que lo usen como detonante. Tienes un don con las palabras - dice y me mira con seriedad - Úsalo para detener los Juegos o para formar un caos antes de ellos. - asiento y me meto la manos heladas a los bolsillos del pantalón de algodón.
Claro, tiene lógica lo que dice Haymitch, los Vencedores son amados en el Capitolio, y por tanto puede que lloren bastante la muerte de algunos cuantos. De Finnick, y la de Katniss es un posible detonante. Pero a pesar de eso, no sé como un puñado de asesinos trastornados podrá evitar el Vasallaje.
-¿Qué pasa si eso no funciona? - Haymitch suspira y habla hacia afuera, hacia el viento poderoso que sopla desde afuera del tren. No nos podemos quedar solamente con la idea de detener los Juegos porque es improbable que Snow vaya a cancelarlos cuando lo único que quiere es matar a los Vencedores que podrían rebelarse contra el sistema.
-Pues, ahí la cosa es más difícil - y con esa oración se plantea contarme el plan más descabellado que he escuchado.
POV Katniss
Deben ser cerca de las 3 de la mañana cuando despierto con los brazos congelados y sin sentir el cuerpo de mi esposo a mi lado. El efecto que me produce la ausencia de Peeta es casi instantánea porque me coloco de pie en un segundo y empiezo a recorrer la habitación, buscando algún indicio de mi Chico del pan. Pero Peeta no está en la habitación, ni tampoco la camiseta que usa para dormir.
Me coloco la bata de dormir de seda rosa y me la amarro a la cintura para salir al pasillo del tren. Hace algo de frío nocturno y los vellos de mi piel se erizan al paso del viento helado. Mis pies de terciopelo se deslizan por el piso del vagón, buscando sus cabellos rubios y sus ojos azules.
Cuando llego al vagón principal, encuentro a Peeta con las piernas cruzadas sobre el sillón de color escarlata en donde está sentado. Su mirada azul está perdida en la pared del frente, su ceño esta fruncido y su boca torcida en un gesto de concentración. No me nota llegar hasta que estoy frente a él, y sus ojos me miran curiosos cuando se posan en mí.
-¿Qué haces despierta Kat? - yo me siento sobre su regazo y deslizo mis manos por sus brazos descubiertos, acariciando el fino vello rubio que tiene, casi invisible por su tono tan claro.
-Me desperté y no estabas a mi lado - Peeta coloca su cabeza bajo mi mentón y respira de forma audible en mi cuello, lanzando ondas calientes por mi cuerpo. Acaricia a su vez también mi cintura y mis caderas, siendo cuidadoso pero siempre con un aire ausente en su mirada. - ¿Estás bien Peeta? - él levanta la cabeza y me mira a los ojos. Sé que dirá una mentira para no preocuparme ya que la sonrisa que emboza no llega a sus ojos claros.
-Estoy bien, sólo algo nervioso por lo de esta noche - dice y vuelve a dejar la cabeza en mi pecho. Lo dejo pasar ya que de todas formas puede que este mal por el desfile de tributos. Asiento y acaricio sus cabellos rubios de la nuca, y su espalda dura.
-Estaremos bien - y se siente como una promesa.
-O-
Habiendo pasado por la preparación con Flavius, Venia y Octavia numerosas veces, debería ser simplemente una vieja rutina pero realmente jamás me imaginé el ciclón emocional que sería mi equipo de preparación. Y el de Peeta, que a penas lo ven se arrojan a él y comienzan a sollozar con exageración. Mi esposo sólo atina a pasar su mano por la espalda de la única mujer de su equipo de preparación y decirle que todo estaría bien. Es cómico ya que no serán ellos los que entrarán a la Arena otra vez. En mi caso, es lo mismo. En algún punto durante la preparación, cada uno de ellos rompe en lágrimas por lo menos dos veces, y Octavia se puede decir que mantiene un llanto continuado toda la mañana. Y a diferencia de Peeta, yo soy un desastre consolando personas, más si las llegó a considerar unas pequeñas mascotas que van tras de mí siempre. Resulta que han terminado por sentirse muy unidos a mí, y la idea de mi regreso a la arena los ha deshecho. Combina eso con el hecho de que perdiéndome a mí perderán su ticket a todo tipo de grandes eventos sociales, como lo fue mi boda en algún momento, y todo el asunto se les hace insoportable.
Pero tomando en cuenta que tanto Peeta como yo somos los que entran a la Arena y debemos consolarlos, pues, lo hace algo molesto. Ser fuerte por personas como ellos que se han preocupado siempre por cosas superficiales. Yo debo ser fuerte pero por Peeta y por mi familia. Es interesante, sin embargo, cuando pienso en lo que ha pasado con la gente del Capitolio. Peeta mencionó el hecho de que a las personas del Capitolio no le gustaba que los vencedores tuvieran que volver a luchar. Yo no le creí mucho en todo caso, pienso que a penas vean algo de sangre y las alianzas formándose se les olvidará la pena. Pero es una revelación que los capitalinos estén tan encariñados con los Vencedores. Peeta decía que en nuestro caso, habían sido testigos de como el romance crecía y luego la boda. Que para ellos era casi sentirse parte de la historia de los trágicos amantes.
Verdaderamente ellos no tienen problema en ver a niños asesinados cada año pero sabían demasiado sobre los vencedores, especialmente sobre los que han sido celebridades durante años. Ellos recién se dieron cuenta que somos humanos, que tenemos vidas, familias, amigos y que por tanto nuestras muertes tienen una repercusión.
Para cuando aparece Cinna, estoy irritable y exhausta por haber reconfortado a mi equipo de preparación, especialmente porque sus lágrimas constantes me están recordando aquellas que sin duda se están vertiendo en casa. Por mí madre, por Prim, por Connor, por el padre de Peeta. Por Gale y Magde. Quedándome allí en mi fino albornoz con mi piel y mi corazón doloridos, sé que no puedo soportar ni una mirada más de lástima.
Así que en cuanto entra mi estilista por la puerta espeto:
― Te juro que si lloras, te mataré aquí y ahora. Cinna sólo sonríe ante la mala broma.
― ¿Has tenido una mañana húmeda, Chica en Llamas?―
- Podrías escurrirme y saldrían lágrimas de mí ― respondo y al instante siento a Cinna que me rodea el hombro con los brazos y me lleva hasta una mesita en mi habitación donde hay comida. - Así que te pediría que no lloraras tú también -
― No te preocupes. Siempre canalizo mis emociones hacia mi trabajo. Así no le hago daño a nadie más que a mí mismo.
― No puedo pasar por eso otra vez. ― Lo advierto - Tengo suficiente con Peeta - Cinna enarca una ceja y me mira con curiosidad.
- Peeta es algo terco respecto al Vasallaje - digo mientras juego con un hilillo que cuelga de mi bata - Esta decidido a dar su vida por mí - Cinna comprende y se mantiene siempre comprensivo a lo que le digo - No entiende que no podría decirle adiós jamás -
-Tal vez Peeta tampoco pueda y por eso es que es capaz de dar su vida por ti - le asiento a mi estilista y él da por zanjado el tema cuando decido darle la razón y permanecer callada.
La comida me hace sentir un poco mejor. Faisán con una selección de gelatinas del color de joyas, y versiones diminutas de verduras reales nadando en mantequilla, y puré de patata con perejil. Como postre sumergimos trozos de fruta en una pota de chocolate fundido, y Cinna tiene que ordenar una segunda pota porque empiezo a comer el chocolate con una cuchara. ― Así que, ¿qué llevaremos para las ceremonias de apertura? ― Pregunto finalmente cuando rebaño la segunda pota hasta que está limpia. ― ¿Linternas en la cabeza o fuego? ―Sé que el paseo en carruaje requerirá que Peeta y yo vayamos vestidos en algo relacionado con el carbón. El año pasado fue así y sacamos aplausos por nuestros atuendos.
―Algo en esa línea - dice Cinna y yo quedo con la duda.
Cuando es hora de ponerme el disfraz para las ceremonias de apertura, mi equipo de preparación aparece pero Cinna los manda fuera, diciendo que han hecho un trabajo tan espectacular por la mañana, que no queda nada que hacer. Se lo agradezco en silencio y pienso en Peeta que debe estar pasando un día igual que el mío. Extrañandonos mutuamente.
Se van a recuperarse, dejándome en las manos de Cinna. Él me recoge el pelo primero, en el estilo trenzado que le enseñó mi madre, y que se parece algo al peinado que usé el día de mi boda para después proceder con mi maquillaje. El año pasado usó poco para que la audiencia me reconociera cuando aterrizara en la arena. Pero ahora mi cara está casi cubierta por los realces dramáticos y las sombras oscuras. Altas cejas arqueadas, pómulos afilados, ojos ardientes, labios de un profundo púrpura. Nada que ver con el suave maquillaje que estuve usando durante la Gira o la boda.
Al principio el disfraz engaña, pareciendo simple, sólo un mono ajustado sin mangas que me cubre desde el cuello hacia abajo. Me coloca en la cabeza una media corona como la que recibí como vencedora, pero esta está hecha de un pesado metal negro, parecido al titanio que llevo en la mano. Le pregunto a mi estilista si existe algún inconveniente con que use mi anillo de matrimonio y niega para después explicar.
-Eso es lo que queremos reflejar Katniss, a dos jóvenes amantes que recién se han casado y que vuelven a la Arena para demostrar que pueden permanecer unidos y salir con vida. -
-Gracias Cinna - digo y paso mi mano por mis labios, imitando el beso que Peeta le da a mis nudillos cuando ve el anillo en mi dedo anular. Él asiente y prosigue acomodando la corona.
Después ajusta la luz en la habitación para imitar el crepúsculo y presiona un botón en la tela junto a mi muñeca. Miro abajo fascinada mientras mi conjunto llega a la vida lentamente, primero con una débil luz dorada pero gradualmente transformándose en el rojo anaranjado del carbón ardiente. Parezco como si hubiera sido cubierta en brasas al rojo vivo. Los colores vienen y se van, cambian y se funden, exactamente de la misma forma que el carbón.
―¿Cómo hiciste esto? ― Digo maravillada.
―Portia y yo nos hemos pasado muchas horas viendo fuegos. ―Dice Cinna como explicación.
―Ahora mírate - Me gira hacia un espejo para que pueda ver el efecto completo.
No veo a una chica, ni siquiera a una mujer, sino a un ser que no es de este mundo que parece vivir en el volcán. La corona negra, que ahora parece roja incandescente, forma extrañas sombras en mi rostro dramáticamente maquillado.
Katniss, la chica en llamas. Ha dejado atrás sus llamas titilantes y vestidos enjoyados y suaves trajes de la luz de una vela. Es tan mortal como el mismo fuego. Ese fuego con el que Peeta y yo nos sentimos identificados, con el que ambos prometimos quemarnos si con eso nos amábamos
―Creo... que esto es exactamente lo que necesitaba para enfrentarme a los otros y proteger a Peeta ―Digo.
―Sí, creo que tus días de pintalabios rosa y reverencias han quedado atrás ― Dice Cinna. Toca otra vez el botón en mi muñeca, extinguiendo mi luz.
― No gastemos tu paquete de energía. Cuando estés en el carro esta vez, no saludes, no sonrías. Sólo quiero que mires siempre al frente o a Peeta, como si toda la audiencia no mereciera tu atención-
―Por fin algo en lo que seré buena - digo y hago a mi estilista sonreír.
Cinna tiene unas cuantas cosas más a las que atender, así que decido dirigirme al piso de abajo del Centro de Renovación, que aloja el inmenso lugar de reunión para los tributos y sus carruajes antes de las ceremonias de apertura.
Tengo la esperanza de encontrar a Peeta y a Haymitch, pero aún no han llegado. Sé que estará igual de guapo que siempre pero no puedo evitar imaginarlo con el disfraz puesto y una mirada letal en su rostro.
Al contrario que el año pasado, cuando todos los tributos estaban físicamente pegados a sus carruajes, la escena es muy social. Los vencedores, tanto los tributos de este año como sus mentores, están esparcidos en pequeños grupos, hablando. Por supuesto, todos ellos se conocen y yo sólo conozco a Finnick y a Mags a quienes tampoco veo en el rápido escaneo que hago del área. No soy una persona sociable, esa parte de la pareja la tiene Peeta por lo que me limito a acariciarle el cuello a uno de mis caballos intentando pasar desapercibida.
No funciona pues siento unos brazos fuertes que me levantan en alza y me dejan en el suelo luego de dar una vuelta. Reconozco el aroma a sal y a mar que desprende el tributo del Distrito 4 que desisto de lanzarle un golpe por asustarme.
-Hola Katniss - dice con una sonrisa que nace de sus labios.
-Hola Finnick - dice él mientras se echa un cubo de azúcar a la boca. Está igual de atractivo que siempre. Con su metro ochenta, su piel bronceada y sus cabellos cobrizos pero en sus ojos verde azulado no veo la misma felicidad que recuerdo en mi luna de miel por el cuatro, al contrario, pareciese ser que esa clase de alegría sólo se la daba Annie.
-¿Quieres un azucarillo? Se supone que son para los caballos pero ya sabes que me gustan las cosas dulces - dice para después escanearle por completo y enarcar una ceja con sorpresa.
-No, gracias - él asiente distraídamente y luego yo vuelvo a hablar - Pero alguna vez podrías prestarme tu atuendo - digo, cuando lo cierto es que tan sólo está ocupando una red que se anuda justo en su entrepierna para que no se diga que anda desnudo.
Finnick sonríe y me habla con voz tétrica pero cómica a la vez.
- Me asustas con ese traje tuyo, ¿Qué pasó con los vestidos rosa y encaje? - pasa su lengua por sus labios en un gesto que usa para coquetear. Se nota que está ensayado y lo hace a propósito porque sonríe cuando lo miro con fastidio.
- Me han quedado pequeños - digo y coloco las manos en mis caderas cuando vuelvo a hablar - ¿Eres consciente de que tus trucos baratos de coqueteo no funcionan conmigo cierto? -
Finnick sonríe y se acerca a mí, logrando que me ruborice.
- Peeta te tiene enamorada Katniss - dice como si eso fuese explicación suficiente, luego me rodea el cuerpo con su brazo dorado como si fuésemos viejos amigos - Es chistoso por otra parte hacerlo enfadar - y en un segundo siento como es empujado de mí y la risa melódica de Finnick que en ratos parece ahogada.
-¿Cuál es el punto de abrazar a mi esposa Odair? - dice Peeta a la vez que me rodea la cintura con un brazo. Su tono de voz es casi de reprimenda y eso provoca una sonrisa en mí. -Manos quietas - y luego de eso le tiende la mano a Finnick que se la estrecha con una sonrisa pegada al rostro, ahora una auténtica sonrisa que le llega a los ojos.
-¿Cómo estás Mellark? - Peeta cabecea y hace una mueca con la boca.
-Todo lo bien que se puede estar, ¿Y tú? - Finnick levanta y deja caer los hombros para después hacer un gesto parecido al de Peeta.
-Todo lo bien que se puede estar - Peeta asiente y vuelve a hablar cuando es interrumpido por la señal de ir hacia los carruajes. - Los veo después - ambos asentimos y Finnick camina hacia su carruaje negro donde lo espera Mags. La anciana nos saluda a ambos con la mano y una sonrisa desdentada que Peeta y yo devolvemos. Me giro hacia mi esposo y admiro el trabajo que hizo Portia para cambiar a mi Chico del pan.
Sus pómulos redondos ahora están afilados al igual que su mandíbula cuadrada. Sus ojos azules están cubiertos por una capa de maquillaje que los hace ver dramáticos y letales pero que no pueden borrar la ternura y bondad de Peeta. Su cabello rubio está corto como siempre que viene al Capitolio y la corona de metal negro lo hace ver como un imponente tributo.
-Te ves preciosa Katniss - dice y me toma de la cintura para subirme al carruaje de un sólo movimiento. Le tomo la mano y lo ayudo a subir para situarse a mi lado.
-Tú también estás guapo - Peeta sonríe y me acerca a su cuerpo con un brazo.
- Pensé que te había gustado el traje de Finnick - río y me coloco de puntitas y lo beso en los labios, ligero como una pluma pero siempre cargado de miles de sentimientos.
-Me gustan más los panaderos que los pescadores - Peeta se ríe graciosamente hacia atrás y besa mi sien con cariño. No suelta su brazo de mi cintura ni siquiera cuando el carruaje empieza a avanzar por la avenida de tributos. Se mantiene siempre en su lugar, con mi cuerpo pegado al suyo y la mirada hacia adelante.
Cuando llegamos al inicio de la avenida y las cámaras nos captan, enciendo nuestros trajes que parecen ser consumidos por el fuego.
La voz de la muchedumbre se alza en un grito universal cuando paseamos por la difusa luz de la tarde, pero ninguno de los dos reacciona. Yo simplemente fijo los ojos en un punto lejano en la distancia y finjo que no hay audiencia, que no hay histeria, que somos sólo yo y Peeta.
No puedo evitar captar breves imágenes nuestras en las pantallas inmensas por el camino, y no somos sólo hermosos, somos oscuros y poderosos. No, más. Somos los amantes trágicos del Distrito 12, que tanto sufrimos y tan poco disfrutamos de las recompensas de nuestra victoria. No buscamos el favor de los fans, no los obsequiamos con nuestras sonrisas, ni aceptamos sus besos. Somos implacables. Y me encanta. Soy yo misma por fin. Soy Katniss Mellark, aquella chica que encontró al amor de su vida pero que se lo quieren arrebatar de golpe. Soy esta persona que hará hasta lo imposible por proteger a su marido del Capitolio.
Cuando giramos a la curva del gran Círculo de la Ciudad, puedo ver que un par de estilistas han tratado de robar la idea de Cinna y Portia de iluminar a sus tributos. Los atuendos llenos de luces eléctricas del Distrito 3, donde se encargan de la electrónica, por lo menos tienen sentido. ¿Pero qué están haciendo los ganaderos del Distrito 10, que están vestidos de vacas, con cinturones flameantes? ¿Asarse a la parrilla? Patético.
Peeta y yo, por otra parte, somos tan fascinantes con nuestros disfraces cambiantes de carbón que la mayoría de los demás tributos nos están mirando. Le resultamos especialmente hipnotizadores a la pareja del Distrito 6, quienes son conocidos adictos a la morflina.
Cuando llegamos al centro, el Presidente Snow empieza a hablar desde su balcón, dándonos la bienvenida al Vasallaje. Suena el himno, y cuando damos nuestra última vuelta al círculo, ¿me equivoco? ¿O también veo los ojos del Presidente Snow fijados en mí?
Peeta y yo esperamos hasta que las puertas del Centro de Entrenamiento se han cerrado detrás de nosotros para relajarnos. Su mano continúa en mi cintura y sólo la suelta cuando se baja de un salto del carruaje y me toma de las caderas hasta dejarme en el suelo. Cinna y Portia están allí, complacidos por nuestra actuación, y Haymitch también ha hecho su aparición este año, sólo que no está en nuestro carruaje, está con los tributos del Distrito 11. Lo veo asentir en nuestra dirección y después ellos lo siguen para saludarnos.
Conozco a Chaff de vista porque me he pasado años viéndole pasarse la botella con Haymitch en la televisión. Tiene la piel oscura, es de un metro ochenta de altura más o menos, y uno de sus brazos termina en un muñón porque perdió la mano en los Juegos que ganó hace treinta años. Debe de tener entre 40 y 50 años, pero está entregado al alcohol de la misma manera en que lo está nuestro mentor.
La mujer, Seeder parece casi como si fuera de la Veta, con su piel aceitunada y pelo liso negro salpicado de plata. Sólo sus ojos marrón dorado la marcan como de otro distrito. Debe de tener unos sesenta, pero aún parece fuerte y atlética, y no hay señal de que se haya echado al licor o a la morflina o a ninguna otra forma química de escape con los años.
Antes de que ninguno de nosotros diga nada, me separa de Peeta y me abraza. Sé de algún modo que debe de ser por Rue y Thresh. Antes de poder detenerme, susurro:
―¿Las familias?- digo mientras deslizo mis manos por su contra para mantener las distancias.
―Están vivos.―Responde suavemente antes de soltarme. Chaff lanza su brazo bueno a mi alrededor y me planta un gran beso en plena boca.
Me aparto de golpe, sorprendida, acercándome a Peeta, que me rodea con sus brazos de forma protectora, mientras él y Haymitch se ríen a carcajadas.
- Lo lamento muchacho, sólo quería ver algo - dice y le ofrece su mano a Peeta quien se la estrecha con fuerza.
Ese es más o menos todo el tiempo que tenemos antes de que encargados del Capitolio nos dirijan firmemente hacia los ascensores. Percibo el claro sentimiento de que no están cómodos con la camaradería entre los vencedores, a quienes no podría importarles menos. Mientras camino hacia los ascensores, con Peeta pegado a mi cuerpo, alguien más pasa rozando a mi lado. La chica se saca un tocado de ramas con hojas y lo lanza detrás de sí sin preocuparse de mirar dónde cae.
Johanna Mason. Del Distrito 7.
Madera y papel, de ahí el árbol. Ganó gracias a presentarse a sí misma muy convincentemente como débil e indefensa para ser ignorada. Después demostró una retorcida habilidad para el asesinato. Se desordena el pelo puntiagudo y pone en blanco sus grandes ojos marrones.
―¿No es horrible mi disfraz? Mi estilista es la idiota más grande de todo el Capitolio. Nuestros tributos han sido árboles durante cuarenta años gracias a ella. Me gustaría meterle un hacha en la cabeza - miro a Peeta que tiene las cejas enarcadas y vuelvo la vista a ella. - ¿Cómo se siente saber que todo el mundo quiere acostarse contigo? - dice mientras se quita unas muñequeras de cuero y pinchos y las arroja al piso de igual forma.
-No creo que todo... - alcanzo a decir cuando ella se da la vuelta y responde con una risa sardónica.
-No estaba hablando contigo - responde mientras recorre con la vista a Peeta desde la punta de los pies hasta sus cabellos rubios. Peeta se coloca rígido a mi lado y yo sólo atino a acercarme más a él, marcando territorio y preguntándome porque el anillo de titanio que está en su dedo anular no le da una clara referencia de que está casado. Parece ser al contrario ya que se da la vuelta y le pide a Peeta que baje el cierre de su disfraz. -¿Me lo bajas? -
Miro a Peeta significativamente y coloco una mala cara cuando veo que él asiente y desliza el cierre por su espalda esbelta. ¿Quién diablos se cree para coquetear con mi marido? Coloco mis manos en mis caderas y permito que Peeta me abrace con sus manos cálidas. La chica termina de quitarse el mono que usa y queda completamente desnuda en el ascensor, bajo la mirada de Chaff, Seeder, Peeta y yo. Se pasa la mayor parte del camino en ascensor hablando con Peeta sobre sus pinturas que están en cada tren de tributos. Las llamas del traje de Peeta crean extraños patrones sobre sus pechos desnudos y su cuerpo completo. Cuando va a salir del elevador, le guiña un ojo a mi Chico del pan y baja moviendo las caderas con un gesto sensual que a mí jamás me saldría natural.
Cuando ella se marcha lo ignoro, pero sé que está sonriendo a mi lado. Me separo de él cuando las puertas se cierran detrás de Chaff y Seeder.
Y con eso Peeta se pone a reír. De esa forma en que a mí me encanta. Una risa encantadora que nace de su pecho y que llena todo el elevador. Pero estoy muy molesta, porque se burla de lo que siento, de esos celos que me consumen cuando veo a otra chica coquetear con él.
-¿Qué? - digo mientras salgo del elevador y llego a nuestro piso. Peeta me pisa los talones y me agarra de la cintura por detrás y comienza a caminar con mi cuerpo pegado a su pecho.
-Eres tú Katniss, ¿Por qué te pones tan celosa en un segundo? Sabes bien que Johanna sólo estaba provocándote y tú te enfadas - intento liberarme de su cuerpo pero lo único que consigo es que nuestros cuerpos sigan unidos y su miembro se frote contra mi trasero, trayendo la excitación de ambos a flote.
-Te estaba coqueteando Peeta, ¿Por qué se lo permitiste? - digo y él me gira entre sus brazos hasta quedar con mi rostro frente al suyo. - Eres un tonto Peeta Mellark - digo intentando evitar su mirada azul. Mu voz suena herida y Peeta reacciona dejando atrás la burla de su voz.
-Lamento si te molesto, pensé que te haría gracia - dice mientras toma mi cintura entre sus manos y me acerca a su pecho. Yo deslizo mis manos por sus hombros y coloco la cabeza en su pecho.
-No me gusta que otras chicas se te insinúen - digo con voz queda y casi susurrando. Peeta ríe ligeramente y me habla al oído pegando sus labios a mi lóbulo.
-¿Sólo tú te me puedes insinuar? Eso es algo egoísta Katniss - su tono de voz es burlesca y traviesa, con un toque de altanería que pocas veces se escucha en Peeta - No sabes compartir con las demás -
-Yo no te comparto - digo mientras pego mi boca a la suya, delineando cada parte de sus labios, de esa cavidad que me vuelve loca. Sus labios acarician los míos y son delicados y dulces de una forma deliciosa. Mi lengua delinea sus dientes y se va metiendo en su boca cuando escuchamos como llega el segundo ascensor a nuestra planta. Peeta desliza su lengua con maestría y por último me da un beso casto que me deja con ganas de más aunque sé que no es el momento.
Haymitch y Effie bajan del elevador y se reúnen con nosotros, pareciendo complacidos por algo. Debe de ser por el desfile de tributos. Sé que Effie estará feliz de que seamos el centro de atención otra vez.
Peeta y yo nos acercamos a ellos tomados de la mano pero logro ver que la expresión de Haymitch se vuelve dura. Y con esa una alarma se activa en mi cabeza. Sólo recuerdo que nos pusiera esa cara de seriedad y enfado cuando él pensaba que yo lastimaba a Peeta dándole esperanzas con un noviazgo casi forzado antes de la boda pero desde hace mucho que aceptó nuestra relación así que su gesto es desconcertante para ambos.
Estoy por decirle que es lo que le molesta cuando veo que no nos está mirando a nosotros sino que está viendo a un punto detrás de nosotros. A la entrada del comedor. Effie parpadea en la misma dirección, después dice alegremente.
―Parece que les consiguieron una pareja a juego este año.-
Me doy la vuelta con Peeta pegado a mis espaldas y veo a la chica Avox pelirroja que me atendió aquí el año pasado hasta que empezaron los Juegos.
Pienso qué agradable es tener una amiga aquí. Me doy cuenta de que el joven a su lado, otro Avox, también tiene el cabello rojizo. Y entiendo que eso es a lo que se refiere Effie con una pareja a juego. Pero después me recorre un escalofrío y siento el cuerpo de Peeta tensarse a mi espalda y como sus brazos me toman con fuerza de la cintura, creando una prisión de la que no puedo salir.
Y sé porque lo hace. Porque también lo reconozco. No del Capitolio, sino de años de cómodas conversaciones en el Quemador, bromeando sobre la sopa de Sae la Grasienta, y después ese último día viéndolo yacer inconsciente en la plaza cuando a Gale lo tenían atado a un poste con los brazos sobre su cabeza y la piel despegada de su espalda sangrienta. Lo reconozco y gracias a los fuertes brazos de Peeta es que no me desplomo cuando lo asimilo.
Nuestro nuevo Avox es Darius.
Mi esposo me sigue sujetando el cuerpo pero yo me deshago de su agarre y después de lanzarle una dura mirada a Haymitch me dirijo a mi antiguo cuarto del Centro de Entrenamiento y cierro la puerta con llave tras de mí.
Y me derrumbo contra la puerta de mi habitación, sintiendo el peso de mis decisiones en cada lágrima que cae por mis mejillas. Darius es un Avox, un esclavo mudo que ha sido condenado a esta vida porque saltó a defender a quien consideraba su amigo. Pienso en Gale y en que diría si viera a Darius ahora. Que pensaría al saber que su amigo esta sirviendo al Capitolio por haber intentando detener los latigazos que viven en la espalda de Gale como recordatorio permanente.
Me acomodo mejor en la puerta, escuchando los pasos de Peeta yendo a la habitación que le corresponde y cerrando la puerta con un portazo que me sorprende. Veo mi traje en la oscuridad, con las flamas haciendo dibujos en las paredes hasta que la pila se gasta y me quedo en silencio y en tinieblas.
Effie llega en unos minutos más, anunciando que es la hora de la cena. Me cambio de ropa, eligiendo unos pantalones amplios de color turquesa con una blusa blanca y me dirijo al comedor donde están Cinna, Portia y Haymitch. Peeta llega a los segundos después, vestido con pantalones de vestir de color caqui, y una camiseta de manga larga de color blanco que usa hasta los codos. Anda descalzo y en ningún momento cruzamos miradas.
Su expresión es gélida y en toda la cena no hace un sólo comentario, ni siquiera cuando dejo caer un plato para lograr atraer la atención de Darius.
Ambos intentamos recogerlo y en una sola mirada intento trasmitirle toda la culpa que siento por su situación. Porque soy culpable de ella. Si hubiese llegado a tiempo para evitar que azotaran a Gale, Darius no hubiese tenido que intervenir y por tanto no estaría aquí, siendo un esclavo del Capitolio.
Cuando vamos a mirar la repetición de las ceremonias de apertura, me coloco entre Cinna y Haymitch en el sofá porque no quiero estar cerca de Peeta, no ahora cuando me siento tan culpable. Este horror con Darius me pertenece sólo a mí y a Gale, tal vez incluso a Haymitch, pero no a Peeta.
Él no lo conocía de la misma manera en que lo conocía yo, ni tampoco era amigo de él como lo era Gale. Probablemente se saludaban, más por cordialidad que por otra cosa, pero Peeta no pertenecía al Quemador de la misma manera en que pertenecemos Gale, Haymitch y yo.
Pese a eso no puedo evitar sentirme mal cuando él se queda parado en la muralla de detrás para observar las repeticiones. Puedo notar que está molesto, sus brazos están firmemente cruzados sobre su pecho y su mandíbula apretada cuando volteo a verlo por el rabillo del ojo.
Distraídamente observó la procesión de carruajes que se dirigen al Círculo de la Ciudad y pienso en lo penoso que es que disfracen a personas adultas con trajes tan ridículos. Hay casos como Finnick, o Johanna que realmente son pasables pero otros como los adictos del seis que hacen que los disfraces se vean grotescos con sus cuerpos amarillentos y flácidos.
Y luego entiendo la euforia cuando salimos Peeta y yo,
No es raro que la gente se vuelva loca en cuanto Peeta y yo aparecemos, tan jóvenes y fuertes y hermosos en nuestros brillantes disfraces. La imagen misma de lo que los tributos deberían ser. Me quedo con la expresión dura de nuestros rostros y la forma en que nuestros cuerpos se amoldan para estar lo más cerca que se puede, dando más que por sentado que somos un equipo.
Miro a Peeta pero él está más ocupado en mirar la pared con aire ausente. Tan pronto termina la repetición, me levanto y les doy las gracias a Cinna y Portia por su alucinante trabajo y me voy a la cama. Peeta se mantiene en su puesto y se me hace un nudo en la garganta cuando no lo siento caminar tras de mí para dormir juntos. Está enfadado porque lo aparte de mí pero quiero que entienda que no puede comprenderme cuando lo cierto es que él no comparte la culpa del castigo a Darius como lo hago con Gale. Effie me recuerda que nos veremos temprano por la mañana en el desayuno para trabajar en nuestra estrategia de los entrenamientos, pero incluso su voz suena triste. Poco después de irme a la cama, oigo un golpe suave en mi puerta, sé que es Peeta así que me coloco de pie y me anudo la bata a la cintura y abro la puerta dejando ver a mi marido con una camiseta azul oscuro y unos pantalones a juego, listo para dormir o discutir, lo que ocurra primero. Su ceño está ligeramente fruncido y en sus labios hay una mueca de disconformidad así que me hago a un lado y lo dejo pasar cerrando tras de si.
Se da la vuelta y casi puedo ver los engranajes funcionando en su cabeza pero de sus labios no sale ni una palabra. Parece contrariado pero también sé que quiere arreglar las cosas. Camino pasando de él y me siento en la cama, cruzando las piernas en el colchón.
-¿Cómo estás? - dice en un susurro, mientras cruza sus brazos en su pecho y me mira.
Cabeceo porque no sé que más decirle. Y Peeta parece frustrado cuando do lo hago.
- Katniss, realmente quiero saber si estás bien, te veías molesta en la cena pero también te veías triste - se acerca a la cama y se sienta frente a mí, mirando mis ojos con los suyos tan amables e inocentes - Te quiero ayudar pero no sé cómo si no me dices que está mal -
- No lo comprenderías Peeta - suelto y veo como la decepción va creciendo en su mirada y luego su tono se endurece notablemente cuando habla.
-Ayúdame a comprender Katniss, no puedo saber lo que pasa por tu cabeza si no me lo cuentas - está frustrado y yo también pero debo medir mis palabras porque siempre que discutimos con Peeta termino diciendo algo de lo que me arrepiento después.
-Tú no conoces a Darius, no eres su amigo. Yo si, y sé que esto es mi culpa - mi voz es ahogada y temo comenzar a gritar en cualquier momento para que Peeta pueda oírme con claridad. - Si hubiese llegado antes, Darius no tendría que haberse metido entre Gale y el látigo y estaría en casa. - Peeta me observa solamente, sin hablar y mordiéndose los labios para evitar decir algo. - Tú no lo comprendes de la misma forma en que lo hace Gale o Haymitch - bajo mi cabeza para evitar ver su mirada triste y termino de hablar - No fuiste parte del Quemador, nunca tuviste la necesidad de pertenecer allí como nosotros -
Peeta está en blanco de una manera en que me aterra pero cuando habla no encuentro hostilidad en ella ni nada por el estilo, sólo algo de abatimiento.
-Siempre me dices que lo que más te gusta de mí es que no soy igual que Gale pero nos sigues comparando. Sigues viendo cuales son nuestras diferencias y similitudes a pesar de que me juras amor cada día. No soy Gale, Katniss - dice mientras toma mi rostro entre sus manos - y jamás lo seré. No cambiaré mi forma de ser ni siquiera por ti. Porque sé que me amas por como soy. - asiento y sin querer derramo unas cuantas lágrimas que Peeta seca con sus pulgares - sé que estás frustrada por todo lo que está pasando pero no me alejes de ti Katniss, estamos juntos en esto y puede que yo no comprenda de la misma forma en que lo haría Gale o Haymitch pero siempre estaré allí para ti como nadie. Te escucharé y te sostendré cada vez que caigas, sólo déjame entrar ¿de acuerdo? -
-Lo siento - digo y me refugio en su pecho duro con sus brazos aferrándome con fuerza.
-Descuida, sé cuanto te duele Preciosa - sus manos se deslizan por mi cabello y mi espalda, relajando cada parte de mi cuerpo.
-Te amo, lo sabes ¿cierto? - Peeta asiente y me besa la coronilla para después recostarse en la cama con mi cuerpo pegado al suyo.
-También te amo - y con eso caigo en un sueño rendida.
Las pesadillas como era de esperarse no tardan en llegar, a pesar de que gracias a los entrenamientos y a Peeta a mi lado había estado durmiendo bien durante semanas. Muy ocasionalmente despertaba alterada por una pesadilla pero Peeta sabía calmarme, arrullándome y acariciándome hasta que me dormía. Yo hacia lo mismo con él. Cuando las pesadillas de Nathan llegaban a él lo mantenían despierto casi toda la noche.
Aún así la pesadilla es bastante aterradora como para despertar a Peeta por mis patadas y gimoteos.
Como era lógico las lenguas figuran prominentemente en mis pesadillas. Primero miro helada e impotente mientras manos enguantadas se llevan la disección sangrienta de la boca de Darius. Después estoy en una fiesta donde todos llevan mascaras y alguien con una lengua bailante y húmeda me acosa. En algún momento se saca la máscara y revela al Presidente Snow y a sus labios gruesos que están goteando saliva sangrienta. Finalmente estoy de vuelta en la arena, mi propia lengua está tan seca como el papel mientras trato de alcanzar un estanque de agua que retrocede cada vez que estoy a punto de tocarlo.
Cuando despierto estoy en los brazos de Peeta que acaricia mi espalda con parsimonia y me susurra que todo esta bien. Intento hablar pero mi boca está seca y no puedo hilar las palabras. Me entrega un vaso de agua que bebo de un sólo sorbo que me hace toser.
-Tranquila Kat, todo esta bien - asiento y me refugio en su pecho cuando no soy capaz de seguir bebiendo agua. Peeta me acaricia los hombros y el rostro y en unos minutos vuelvo a caer rendida por el suelo entre sus brazos.
A la mañana siguiente me despierto gracias a las maniobras que da Peeta para salir de la cama sin molestarme. Me mira algo apenado y besa mis labios despacio y quieto, transmitiendo tranquilidad que necesito en un momento así.
-Me iré a dar un baño - dice mientras me cubre el cuerpo con las sábanas de la cama. - Tú sigue durmiendo - asiento y lo veo caminar hasta el baño donde en unos segundos después se abre el grifo del agua.
Peeta sale con una toalla azul envuelta en sus caderas, con el agua escurriendo por sus pectorales y luego perdiéndose en la toalla o en el piso. Su cabello rubio peinado hacia atrás brilla con la luz y su rostro está igual de atractivo que siempre. Abre las puertas del placard y revisa hasta encontrar un buzo de color negro con detalles celestes que deja a la vista sus brazos torneados.
-Ya está lista la ducha amor - asiento y me coloco de pie con pereza. Me acerco a él y beso sus labios y su cuello con lentitud - Date prisa Preciosa - y diciendo eso, me besa en la frente para seguir secando su cabello corto.
Me baño rápido y salgo cuando Peeta está terminando de calzarse una zapatillas deportivas de color negro. Cuando me ve, se pasa la lengua por los labios en un gesto provocativo que me sacude por completo. Es exactamente el mismo gesto que hace Finnick pero a Peeta le sale auténtico y sensual de maneras en que mi amigo del cuatro jamás podría entender.
-Me encanta ese atuendo Preciosa - sé que estoy sonrojada así que desvío la mirada y me acerco hasta él, pasando por el lado y abriendo las puertas del armario tras de él. Me toma las caderas de forma posesiva y me besa el cuello con dulzura para después susurrar en mi oído. - Estaré en el comedor - y sale dejándome completamente picada.
Llego al comedor después de cambiarme y me encuentro con Peeta y Haymitch en la mesa, sin nadie más alrededor.
Están tomando desayuno sin intercambiar grandes palabras entre ellos. Peeta mira distraídamente la televisión y Haymitch está echándole licor a su café como hace siempre. Los tres comemos con tranquilidad hasta que nuestro mentor decide romper la paz que existe en el comedor y habla con un tono algo rudo.
No me doy cuenta hasta ese momento pero en su muñeca hay un brazalete de oro, que semejan llamas doradas que se entrelazan de manera armoniosa. Es un bonito brazalete pero por el gesto que hace Haymitch al mover la muñeca parece más un grillete que otra cosa.
-De acuerdo, para los entrenamientos tendrán que hacer sólo una cosa y esa es buscar aliados - nuestro mentor se echa a la boca unas galletas y nos mira alternando entre los dos.
-No - respondo con energía y miro a Peeta que baja la cabeza con una sonrisa - no confio en casi ninguno y ciertamente soporto a menos de un cuarto de ellos así que no. Lo haremos como siempre, sólo Peeta y yo - mi esposo levanta la mirada pero no a mí, sino que a Haymitch que se ve enfadado. Pero Peeta no luce así, es más, luce divertido con la situación.
-Te dije que diría eso - dice Peeta y toma otro sorbo de su café para después mirarme a mi.
-Pues eso no será suficiente - rebate nuestro mentor - Van a necesitar más aliados esta vez.-
― ¿Por qué? ― Pregunto y Peeta me toma la mano bajo la mesa.
― Porque están en clara desventaja. Sus competidores se han conocido durante años. Así que, ¿a quién crees que atacarán primero?-
―A nosotros. Y nada de lo que hagamos va a superar ninguna antigua amistad. Así que, ¿por qué molestarse? - sabía que debía pelear contra todos en la arena para poder sacar a Peeta de ahí pero Haymitch me lo estaba colocando ciertamente difícil.
―Porque pueden luchar. Son populares entre la gente. Eso aún podría convertirlos en aliados deseables. Pero sólo si les hacen saber a los demás que están dispuestos a hacer un equipo con ellos. - dice mientras nos mira alternando entre Peeta y yo.
―¿Quieres decir que nos quieres en el grupo de Profesionales este año?― pregunto, incapaz de ocultar mi desagrado por la idea. Y creo que es más que nada porque recuerdo a Peeta con los Profesionales. Tradicionalmente los tributos de los Distritos 1, 2 y 4 unen fuerzas, tal vez agregando a alguno de los otros luchadores excepcionales, y cazan a los competidores más débiles. Y Peeta fue uno de esos cazadores el año pasado.
―Esa ha sido nuestra estrategia, ¿no? ¿Entrenar como Profesionales?― Rebate Haymitch.―Y generalmente se decide quiénes van a formar el grupo de Profesionales antes de que empiezan los Juegos. Peeta por poco no consiguió entrar el año pasado. - le lanzo una mirada a Peeta y él sonríe culpable. Sé que lo hizo para protegerme pero eso no evita el dolor y el enojo que tuve cuando lo descubrí con los profesionales.
―Así que vamos a intentar unirnos a Gloss y a Brutus¿es eso lo que estás diciendo?-
―No necesariamente. Todos son vencedores. Hagan su propio grupo, si lo prefieren. Elijan a quien quieran. Yo les sugiero a Chaff y Seeder. Finnick también puede ser su aliado, estoy seguro de que puedes confiar en él ― Dice Haymitch.
Miro a Peeta y él asiente. Sé que en la semana que pasamos en el distrito 4 entabló amistad con Finnick y por tanto confía en él de una manera impresionante pero no sé si una amistad como esa nos vaya a traer algo positivo. Me agrada Finnick pero no me gustaría llegar al momento en que tengamos que traicionarlo o él a nosotros.
― Encuentren a alguien para hacer equipo que pueda serles de alguna utilidad. Recuerden, ya no están en una arena llena de niños temblorosos. Todas estas personas son asesinos experimentados, sin importar en qué forma parezcan estar. Y se supone que ustedes también lo son - y con eso mira a Peeta que le dedica una mirada enfadada. No sé a que viene ya que a él jamás le molestó ser uno de los pocos tributos que no mató a nadie en los Juegos.
Asiento, diciéndole a Haymitch que intentaremos trabar amistad con otros tributos y con eso terminamos el desayuno.
Effie aparece algo pronto para llevarnos abajo porque el año pasado, incluso aunque llegamos a tiempo, fuimos los dos últimos tributos en arribar. Pero Haymitch le dice que no quiere que sea ella quien nos lleve al gimnasio. Ninguno de los demás vencedores va a aparecer con una niñera y, siendo los más jóvenes, es aún más importante que parezcamos independientes. Así que tiene que conformarse con llevarnos hasta el ascensor, haciéndonos caricias en el pelo, y pulsando el botón por nosotros.
El viaje en ascensor no es especialmente largo así que Peeta se dedica a tomar mis dedos entre los suyos y a acariciarlos uno por uno. Ninguno dice una palabra pero cuando quedan cinco pisos para llegar decido hablar.
- ¿Te gustaría tener a Finnick como aliado? - pregunto, casi temiendo la respuesta de mi esposo. Peeta acaricia mi rostro y habla mirando a un punto detrás de mí.
-Considero a Finnick un amigo, y confio en él pero no me gustaría tener que matarlo después de convertirnos en aliados y amigos. - niega suavemente y luego me mira a los ojos y me dedica una sonrisa. -Tienes la última palabra con nuestros aliados Kat, no te preocupes - dice y cuando estoy a punto de contestar suena la campanilla del elevador y las puertas se abren.
Effie no se tenía que haber preocupado por que fuéramos los últimos en llegar. Sólo Brutus y la mujer del Distrito 2, Enobaria, están presentes. Peeta se mantiene siempre de mi mano y cuando Brutus se queda viéndolo, mueve la cabeza, saludando en su dirección. Por otro lado, está Enobaria aparenta unos treinta y todo lo que puedo recordar es que, en el combate cuerpo a cuerpo, mató a un tributo desgarrándole la garganta con los dientes. Se hizo tan famosa por este acto que, después de ser coronada vencedora, hizo que le alteraran cosméticamente los dientes de modo que cada uno termina en una punta afilada como un colmillo de tiburón y tiene incrustaciones de oro.
A las diez en punto, sólo la mitad de los tributos han llegado. Finnick se acerca a nosotros al igual que Mags y nos saludan con entusiasmo. Mags nos da un abrazo a Peeta y a mí y luego nos dice que lamenta vernos aquí. Atala, la mujer que dirige el entrenamiento, empieza su discurso justo en la hora, no impresionada por la escasa asistencia. Tal vez se la esperaba. Todos los que estamos acá, somos asesinos y cada quien esta aquí por alguna razón. Miro a Peeta, que escucha la lista de habilidades tanto de supervivencia como de combate y su mirada se va endureciendo. Atala nos deja ir y es en ese momento en que mi esposo se da vuelta a mí y me habla despacio.
- Lo mejor es que nos separemos para cubrir más terreno, ¿te parece? - asiento y él besa mi sien para caminar hasta el puesto de lanzamiento de cuchillos. En él está Chaff y Brutus. Peeta camina seguro, sabiendo que aunque su puesto en estos Juegos no ha sido algo ganado a pulso, eso lo hace más humano que a cualquiera de nosotros.
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Gracias, muchas gracias por leer, ahora, estuve leyendo En Llamas y quiero hacerles la pregunta del millón
¿Quién debería salir de la arena para ser el rostro y la voz de la revolución? ¿Peeta o Katniss?
Si es Katniss quien sale, ¿Peeta sufrirá del hijacked?
De acuerdo, y con esto termina el capítulo de hoy, para el viernes debería haber nuevo y con ese empezamos los Juegos del Hambre *-* El Vasallaje será genial así que con el capítulo 17, tendremos el inicio de todo.
Gracias y abrazos de Olaf para ustedes \(^-^)/
Blue
