Disclaimer: Ni Osomatsu-san ni sus personajes me pertenecen. Ichimatsu pertenece a Karamatsu, así como Choromatsu pertenece a Osomatsu.

Advertencias: Es un semi-Au del Cadáver de la Novia.


Corpus III

Sus ojos estaban cerrados, sentía una punzada constante en la cabeza y ni mencionar lo entumido que estaba su cuerpo.

¿Qué le había pasado?

- Llegó uno nuevo –escuchó una voz que le sonaba lejana.

- Parece que está vivo, ¡sheeeh! –otra voz y ahora intentó abrir los ojos. No pudo.

- ¿No es eso algo malo? –una tercera voz esta vez más cerca. Empezó a sentir de nuevo su cuerpo.

- De alguna manera no lo es Jyushimatsu –un segundo intento por abrir los ojos. Casi.

- Oh ¡ya veo! –exclamó de nuevo la animada voz- Miren se está moviendo.

- ¿Qué me pasó? –esta vez no sólo pudo abrir los ojos sino también formular una pregunta, aunque…

Un grupo de personas de piel en tonos azules lo veían fijamente a la distancia. También uno que otro esqueleto. Y para su sorpresa al menos tres de esos sujetos estaban más cerca de lo que a él le hubiera gustado, bueno dos el del sombreo y el de negro cabello, el otro sólo era una cabeza.

"Una cabeza"

- ¡Ahhhh! –Karamatsu gritó y aun aturdido empezó a mover sus brazos buscando la manera de incorporarse y alejarse lo más pronto de ellos.

- ¡Oh vaya estas despierto! –exclamó entusiasmado el tipo de cabello azabache que había estado hincado a su lado. Piel azulada como al parecer muchos de los presentes en el lugar, los que aún tenían, claro. Vestía con una camisa amarilla un par de tallas más grande de lo que debería, sujetados por un tirante unos pantalones que daban a media pantorrilla y botines negros. Una sonrisa resplandeciente que marcaba las comisuras de la boca, un ojo color miel y donde debería estar el otro una cuenca vacía.

Dejó de moverse una vez que su cuerpo topó con una superficie dura. Un mueble. Y sin pensarlo dos veces se puso de pie totalmente a la defensiva. Su pecho subía y bajaba, sus respiraciones eran un tanto erráticas y su mirada iba de un punto a otro. Ahora que podía ver un poco más se dio cuenta que se hallaba en una especie de bar o al menos eso parecía ya que muchos de los presentes en sus manos tenían un tarro con alguna especie de líquido, sin mencionar las mesas tan pintorescas que había por el lugar.

"Ok, tranquilízate, no parecen ser peligrosos, sino ya me hubieran atacado ¿no?" pensó normalizando su respiración. "Debe de haber una buena explicación a todo esto".

- Ichimatsu, ¡ya despertó! –gritó el chico de amarillo, ondeando una de sus manos, posiblemente a alguien que se encontraba detrás suyo.

Que bien.

- ¿Dónde esto… –quiso preguntar, pero fue interrumpido cuando le pusieron un tarro en sus manos. El líquido era verde y de apariencia viscosa.

Gross.

- ¡Brindemos por los esposos! –gritó el chico de camisa amarilla dando unos cuantos brincos a la par.

- ¡Por los esposos! –secundó el tipo con sombrero, alzando a la par de todos, el tarro.

- ¿Esposos? –soltó Karamatsu con duda mientras dejaba el tarro en el mueble contra el que había chocado. Una barra al parecer.

- Tsk, en el bosque dijiste los votos, fue tan doloroso escucharte –sonó una monótona voz detrás suyo, eso lo puso a la defensiva de nuevo logrando que volteara encontrándose con un chico que le mostraba el reluciente anillo en uno de sus huesudos dedos.

Cabello azabache, ojos violetas, mirada caída y un vestido blanco.

Oh. Acababa de recordar lo que había pasado.

- ¡Tú! –lo apuntó mientras él seguía caminando sin prestarle atención- ¡Tú me secuestraste!

- ¿Eh? –golpeó en una mesa girando levemente su rostro para dedicarle una fría mirada - Fue tu culpa estúpido, tu dijiste los votos.

- No puede ser, tu estas…

- ¿Muerto?, todos aquí lo estamos, menos tú claro –explicó como si fuera lo más natural del mundo mientras tomaba asiento en una de las mesas.

Muertos, claro. Eso explicaba muchas cosas, pero hacía surgir nuevas.

- ¡Ichimatsu se casó!, felicidades, felicidades –celebraba el animado chico de un solo ojo tomando las manos del cadáver recién casado.

- Tranquilo Jyushimatsu –dijo nerviosamente Ichimatsu antes de agregar en un leve susurro- No es tan bueno como parece.

Oh God.

- ¿Qué hice?, oh dios ¡los dije! –clamó Karamatsu sintiendo ganas de golpear su cabeza contra la barra. Lo hizo un par de veces antes de dejarla recargada sobre la superficie lamentándose- Heh, quizás sólo es un sueño.

- Bonjuor, me presento soy Iyami ¡sheeeh!, y seré el encargado de la elaboración de su banquete de bodas –le dijo la cabeza, en un acento francés muy forzado, mientras se desplazaba por la barra gracias a un par de cucarachas, sus ganas de golpearse regresaron.

- ¡Banquete de bodas!, ¡muscle, muscle, hustle, hustle! –escuchó a lo lejos la celebración de Jyushimatsu. Aun con la cara pegada a la barra volteó para ver la extraña escena donde el chico de amarillo bailaba animadamente.

- ¿Qué está sucediendo?, ¿dónde realmente estoy?... ¿quién eres? –la última pregunta la hizo mientras veía a Ichimatsu intentando detener en vano ese baile de júbilo.

- Por favor, I need answers –casi un ruego por su parte, que fue respondido cuando una fría mano se posó sobre su hombro, ocasionándole un respingo y que se levantara. Al voltear a ver al dueño de esa azulada mano, se encontró con el tipo del sombrero. Era un hombre joven, muerto, con un elegante traje azul marino, el sombreo a juego y corbata amarilla. Cabello castaño y ojos de un azul frio que contrastaba con su mirada galante. En su mano llevaba una copa con lo que parecía vino.

- Deja que te cuente una historia –le dijo tomando asiento en uno de los bancos de la barra, el hizo lo mismo. Desde ahí ahora podía ver la penetrante mirada que Ichimatsu les dedicaba cuando el hombre del sombrero se inclinó levemente hacia él diciendo en un tono más bajo del que había ocupado hasta ahora- La historia de nuestro novio muerto.

- Hey, maldito no andes contando esa clase de cosas –reclamó el aludido desde su mesa.

- ¡Cuenta, cuenta!

- Oye, Jyushimatsu –reclamó otra vez.

El tipo de sombreo se limitó soltar una risita antes de dar un sorbo a su bebida.

- Era una vez un chico que pertenecía a una buena familia, adinerada y reconocida, no le faltaba nada en el mundo o al menos no hasta que un desconocido entró a su vida. Lo sedujo con bonitas palabras y al parecer una que otra promesa vacía –una pausa y un trago de vino- Era un amor que de seguro sus padres dirían que no, por lo cual elaboraron un plan para escapar con joyas de la familia y el vestido de mamá –pausa y otro trago- El día llegó y él lo estaba esperando en el lugar acordado, un cementerio junto a un viejo árbol, la luna en lo alto y las manecillas a las tres de la madrugada cual fue lo pactado. Su corazón seguro latía frenéticamente y sus manos se aferraban a la dote, cuando pasos resonaron en el suelo del lugar su sonrisa hizo ampliar, por fin llegaba su amante quien antes de un beso darle, un cuchillo el corazón le enterró y todo negro se volvió –pausa y un tercer trago, más largo que los anteriores.

- ¿Y entonces? –interrumpió Jyushimatsu con insistencia recargando sus manos en la barra. El narrador de la historia se puso de pie aun sosteniendo la copa.

- Cuando despertó muerto estaba ya, las joyas se habían ido en manos de su amado quien no dio una mirada atrás después de deshacerse de su cuerpo en el primer rio que encontró, así que realizó una promesa aguardando por el amor que lo liberaría y de repente apareciste muchacho –lo señalo- Jurando por siempre estar a su lado.

Le sonaba de algún lado.

Las palabras murieron en la garganta de Karamatsu y sólo alcanzó a ver como Ichimatsu rodaba los ojos antes de salir del lugar. Intentó llamarlo en un impulso, levantándose de su asiento.

- ¿No deberías seguirlo? –le preguntó el chico de camisa amarilla con la mirada fija en él, había borrado esa sonrisa que había mostrado todo ese tiempo, Karamatsu se limitó a asentir saliendo por la misma puerta que su "esposo".

No lo vio por ningún lado.

Las calles eran estrechas, tenían muchas subidas, bajadas y en cada esquina te encontrabas con un esqueleto o con un cadáver. No tenías idea hacia donde debías dirigirte y jurabas que ya habías pasado por esa pila de ataúdes más de tres veces.

Ahora ¿qué harías?, podías intentar regresar a tu mundo. Debías. Pero, ¿cómo?, ¿por dónde comenzarías?, a estas alturas quizás Ichimatsu podría aclararte algunas dudas que tenías respecto a tu actual situación.

- ¿En qué locura me he metido? ¡oh, en que predicamento estoy! –exclamaste a los cuatro vientos mientras intentabas seguir tu camino por las calles desconocidas.

- Con permiso por favor –el cadáver de un señor apareció enfrente tuyo, tenías la intención de darle el paso, pero eso no fue necesario pues este se partió a la mitad, pasando cada parte a tus costados. Sentiste la merienda en tu garganta por un segundo y pensar que ya te estabas acostumbrando a los habitantes del lugar. Volteaste sólo para ver como aquel señor continuaba su camino ahora como una sola pieza de nuevo. Sorprendente. Escalofriante. Y por eso no sentiste cuando chocaste con alguien.

- Disculpe no fue mi intención –dijiste de inmediato al ver que habías tirado a una pobre chica, muerta.

- No, está bien, yo iba distraída –dijo dulcemente, mientras se ponía de pie. Cabello en un suave castaño, peinado en una trenza, flequillo que caía arriba de un par de ojos chocolate. Su azulada piel aun permitía que las pecas que cubrían sus mejillas y su nariz fuesen visibles. Vestía una blusa blanca con un moño azul celeste y una sencilla falda color terracota que ahora sacudía ligeramente quitando un poco de polvo.

- Oh, permítame que le ayude –fue lo que salió de tu boca cuando viste unas cuantas manzanas amenazando con salirse de la cesta que yacía volteada en el suelo, inmediatamente te agachaste a recogerlas.

Manzanas podridas, debías suponerlo.

- Muchas gracias –dijo la chica cuando le regresaste su cesta- ¿Gusta una?

- Non, non, non…gracias –rechazaste su amable oferta mientras sacudías tus manos en negación.

- ¿En serio?, bueno, ¿le gustaría acompañarme? voy a encontrarme con unos amigos y veo que no es de por aquí, quizás sería bueno que no anduviera tan…perdido –terminó con una sonrisa.

- Dulce señorita le agradezco su preocupación, pero estoy bien, totally fine –dijiste con tu mejor sonrisa ganadora.

Ella se rio dulcemente.

- Bueno, en ese caso debería intentar subir por ahí – la chica señaló una colina un tanto pronunciada que nacía poco después del final de esa calle- Podría encontrar lo que busca.

Subir no fue tan difícil como parecía en un inicio, lástima que tu traje terminó con unos cuantos rasguños y aún más lástima que no hubieras visto la escalera a un costado y que tuvieras que haber escaldo todo eso.

Soltaste un largo suspiro, mientras sacudías tu ropa. Estiraste tus brazos y pasaste tu mano por tu cabello peinando lo que se hubiera salido de lugar de tu perfect look.

Ahora, tenías que seguir con tu búsqueda.

- ¿A dónde se pudo haber ido Ichimatsu? –le preguntaste en un leve susurro al viento. Bueno al menos esa chica tenía razón, subir la colina te iba a ser de más ayuda que estar caminando sin rumbo por las calles desconocidas. El lugar donde estabas parecía una especie de mirador, así que podías aprovechar la altura para dar un vistazo. Caminaste un poco hacia una de las orillas, donde te topaste con unas viejas escalinatas de madera que al parecer daban a una parte más alta.

Decidiste subir, encontrándote otro mirador, con un hermoso barandal de herradura negra, y para su sorpresa ahí estaba, en cuclillas rodeado de gatos. Sus manos acariciaban esas peculiares criaturas, algunas en los huesos otras aun conservaban partes con pelo. Lo viste tan feliz, con una ligera curvatura en sus labios y su mirada posándose cada uno de los gatos que le ronroneaban o se le restregaban en las piernas. No querías romper con aquella atmosfera, ni mucho menos espantar a aquellos mininos, por ello tus pasos se volvieron realmente lentos.

Ahora que lo veías bien, esas telas blancas eran realmente un vestido de novia, estaba un tanto sucio y gastado, pero aun así podías decir que en sus buenos tiempos debió de ser realmente hermoso, con un poco de encaje aquí y allá, varias capas de tela dándole un ligero toque vaporoso y una abertura al muslo. Bajaste ligeramente la mirada para encontrarte con unas medias cortas que iban un poco más arriba del tobillo y unos botines claros de agujeta con un poco de tacón. Tirado a un lado había un tocado de flores azules y violetas que terminaba con un largo velo, algo roto, pero con un fino bordado en la orilla.

"Toda una novia" pensaste por un segundo y eso casi se convirtió en una burbujeante risa. La supiste contener mientras avanzabas cada vez más hacia él.

- Hey –intentaste llamar la atención del chico una vez que te decidiste que si no era ahora te sería más difícil después, pero este sólo volteó levemente a ver que se trataba de ti para regresar la mirada a ese gato negro que acariciaba sobre su regazo.

God!, hablar con él parecía más difícil de lo que imaginaste. ¿Ahora qué le dirías?, "Piensa Karamatsu, piensa" necesitabas romper el hielo de alguna manera, pero con ¿qué?

¡¿Con qué?!

Bajaste tu mirada.

Oh, eso podría funcionar.

- Cuando era pequeño solía tener un gato –soltaste con la esperanza de que tus palabras le llegaran al arisco chico, mientras te colocabas en cuclillas también- Era pequeño y tenía blanco en sus patitas, no estuvo mucho tiempo conmigo, a mamá no le gustaban, pero era realmente lindo, a beautiful kitty.

Él volteó su mirada hacia a ti, observándote con esos profundos ojos violeta, pero esa expresión tan estoica. Eso te puso algo nervioso, pero era tu oportunidad para hablarle.

- Yo, lamento lo que te pasó y me gustaría ser el indicado para ti, pero yo…

- Cállate de una vez –te sonó a amenaza.

- ¿Eh?

- Siempre malinterpretan lo que me pasó, yo no he estado esperando a alguien para casarme, creo que es lo último que haría, al parecer les encanta inventar historias, estar muertos les está afectando el cerebro.

Fue una triste pero fugaz sonrisa en sus labios.

- Entonces ¿por qué estoy aquí? –preguntaste tratando de procesar lo que te acababa de decir.

- Supongo que por una maldición que no pedí.

- Pero entonces si no te querías casar ¿por qué cuando te puse el anillo, por accidente claro, tú…

- ¡No sé!, no tengo todas las malditas respuestas del mundo –exclamó mientras te agarraba por el saco de forma agresiva, tú sólo te fijaste en que tenía unos lindos guantes sin dedos algo gastados cubriendo sus manos- Es una maldición y no, no sé cómo romperla –te soltó antes de que pudieras fijarte en el anillo que tú habías colocado en su dedo.

Reaccionaste a sus palabras unos segundos después, poniéndote rápidamente de pie y logrando, para disgusto mal disimulado de Ichimatsu la huida de unos cuantos gatos.

- ¿Me he de quedar aquí a días de mi boda? non, non, no puede ser, esto no puede estar sucediéndome, no cuando la encontré a ella, no puedo abandonar a Todoko –empezaste a clamar mientras fijabas tu vista en el extraño cielo- ¡Oh cruel destino que separas a los enamorados!, ¿es qué acaso esto es una clase de prueba? ¿he de probar cuanto la amo?

- Que doloroso –Ichimatsu se puso también de pie, para empezar a caminar lejos de ti.

- Eh… ¿a dónde vas?

- Te dije que yo no tenía respuestas, pero conozco a alguien que sí.


Tarde más de lo pensado, no lograba que quedara como quería. Es a mi parecer uno de los capítulos más importantes ya que aquí se presentaron varios de los personajes que saldrán a lo largo del fic y el papel que tomaran, así como también la postura de Ichimatsu ¿en serio creían que sería como Emily desde el inicio? non, non, non. Por ultimo quiero decir que serán alrededor de 10 capitulo, ya estuve trabajando un poco en algunos. Karamatsu se pondrá más doloroso con los capítulos. Cualquier duda que tengan adelante no duden en comentarla. Gracias por leer y por sus comentarios =^‥^=