Creo que lo tengo. Aquí está el segundo capítulo, lo habría subido antes pero FF parecía tener problemas. Pero ya está aquí. Mi tesoro en sus manos...

La historia es completamente mía, los personajes son de la gran SM ._.

Las dejo leer...


No puedo dormir, contemplar mi anillo de compromiso se ha vuelto mi nuevo hobbie. Tengo prendida la luz de la pequeña lámpara en la mesita de noche a pesar de que Edward duerme desnudo abrazado a mi espalda. Interiormente estoy brincando de emoción, había comenzado a creer que nunca nos casaríamos. Las cosas se estaban alargando demasiado… Sé que para más de dos años nuestra relación parece avanzar demasiado rápido, pero es así como se ha ido desarrollando.

.

Lo empujé tras despertar del letargo que me produjeron sus labios al besarme, eran suaves y mentolados, pero ni siquiera lo conocía. ¿Cómo sabía que no tenía novia? ¿Cómo sabía él que no tenía novio? Abrió los ojos para contemplarme, sorprendido.

Lo lamento —Se disculpó rápidamente, pero yo gruñí molesta y emprendí mi camino de vuelta a mi auto… Lo último que me fastidiaría el día sería una novia celosa acosándome por besar a su novio.

Aléjate de mí.

De verdad lo siento… No sé qué me pasó —Siguió su mantra de disculpas detrás de mí, casi alcanzándome, podía sentirlo casi tocándome los talones.

¡Déjame sola, por favor! —Lo enfrenté al llegar a mi auto.

La sangre me hervía dentro de las venas, no podía creer el atrevimiento de este hombre. Golpeé de nuevo su pecho para alejarlo de mí. Sus músculos se sentían firmes y aunque sabía que no podría moverlo un milímetro él dio un paso atrás. Me sostuvo de las muñecas obligándome a mirarlo, aquellos orbes esmeraldas.

Lo lamento —repitió—. No quería molestarte, espero que esto no moleste a tu novio…

Lo hará —mentí. Y no sé por qué—. Ahora déjame sola.

Me solté de su agarre e hizo todo con prisa, quitando la alarma y entrando deseando escapar de allí, lo encendí y pise el acelerador sin voltearlo a ver en ningún momento.

.

Los brazos de Edward me presionaron contra sí, dejando un casto beso en mi cuello y continuó durmiendo. Decidí dormir. Pasaban de las dos de la mañana, lo único bueno de todo eso es que podía descansar hasta tarde gracias al fin de semana. Me acurruqué entre su abrazo y cerré los ojos dispuesta a relajarme.

-a-a-a-

Desperté, revolviéndome entre las mantas. La cabeza me pulsaba y entonces recordé aquella botella de tequila que conquistamos Alice y yo ayer, y gruñí para ocultarme debajo de la almohada queriendo esconderme de cualquier rastro de iluminación que estuviera en la habitación. Aun cuando las cortinas de Edward eran color café chocolate, siempre olvidaba correrlas por completo, permitiendo el paso de luz.

—Dormilona.

Su llamado solo aumentó mi dolor de cabeza y me removí lloriqueando por lo bajo. Ahora odiaba el alcohol. Debí haber preferido llorar debajo de las mantas… Algo chocó contra mi nariz y me quejé sintiendo un ardor horrendo escocer mi piel.

—¿Estás bien? —Sus manos me tocaron los costados, así que decidí salir en su encuentro.

—Eso creo —Parpadeé rápidamente haciéndole reír—. Algo allí debajo casi me mata —susurré acariciándome la parte afectada.

—¿De qué hablas? —preguntó preocupado.

—No sé, pero me dolió —El dolor comenzaba a desaparecer, pero hasta los ojos me habían ardido.

Entonces, caí en cuenta del anillo en mi mano. Y supe que había sido eso. Y recordé lo olvidadiza que me volvía en la mañana. Volteé a mirarlo con una pequeña sonrisa tímida, no sabiendo cómo explicarlo.

—Eh, olvídalo.

—¿Te olvidaste del anillo? —Sus ojos parecían comprender.

—¿Algo así? —dije lentamente.

—Eso solo nos pasa a nosotros —Se rió quedamente.

Se acostó en la cama, deslizándose debajo de las mantas, estaba vestido y su cabello se notaba humedecido. Me abrazó, mis senos quedaron aplastados en la suave tela de su jersey, enredé las piernas entre las suyas cubiertas por los jeans. Besó entre mis cabellos y lo miré.

—¿Por qué estás vestido?

Acarició mi ceño fruncido, despejándolo.

—Salí por el desayuno —respondió. Pensar en comida provocó que mi estómago rugiera desesperado, escondí el rostro contra su cuello y repartí besos en su piel.

—Entonces me vestiré también —Me levanté antes de que dijera algo.

.

Masajeé mis sienes esperando mitigar el dolor de cabeza que me estaba atormentando, las cosas en la oficina se habían estado volviendo más allá de maniáticas las últimas tres semanas. Terminaría volviéndome loca. Mi cubículo estaba lleno de documentación que revisar para luego fotocopiar y repartir en los departamentos. Era la asistente del Jefe de Departamento de Finanzas, y según los rumores había percances con ciertas cuentas importantes; por eso el alboroto.

Suspiré. Como fuera, terminaría arrastrándome a final de mes.

¿No quieres algún analgésico? —preguntó Alice a mi lado.

Caminábamos a una de nuestras cafeterías preferidas para almorzar, como era un milagro que tuviéramos descanso queríamos aprovecharlo.

No, solo necesito azúcar.

La tarta de manzana deberá bastar —Sonrió pensando en esa delicia.

Al entrar, el aroma a café y tarta de manzana lleno nuestros pulmones con un cosquilleo placentero. Amábamos la cafetería como a ningún otro lugar. Y no estaba tan lejos del edificio donde trabajamos.

Desafortunadamente ese miércoles la gente tuvo la misma idea que nosotras y estaba algo abarrotado, por lo que había una larga fila frente a nosotras.

Esto apesta —Se quejó Alice con un mohín—, muero de hambre.

Tranquila, no es tan malo —bromeé, aunque las tripas me reclamaban comida.

Realmente estaban tan mal las cosas en la oficina.

Para que la espera no fuera eterna comencé a preguntarle de su relación con Jasper, un chico sureño que parecía agradable y llevaban varias semanas saliendo pero ella no estaba segura sobre la relación.

¿Por qué?

No lo sé… —dudó—, a veces siento que lo quiere dejar —Se encogió de hombros.

Hice una mueca. No sabía cómo animarla. Yo no era la reina de las relaciones, Riley me había dejado hace tres meses luego de haber estado juntos un año porque era una amargada. ¿Qué clase de persona decía eso al terminar una relación? Antes de eso, James, con quien estuve saliendo seis meses durante mis estudios universitarios y al momento de que acepté acostarme con él, se fue.

El Instituto no fue mejor. Así que nadie podía culparme por no saber qué decirle.

Ya no quiero hablar de eso.

¿De qué quieres hablar? —Cualquier cosa para evitar la consolación.

Del muchacho del parque —dijo animadamente.

Me congelé. Habían pasado dos semanas desde aquél incidente en el Grant Park. Me asusté, fue lo único que puedo decir en mi defensa, los chicos no van por ahí besando chicas, ¿o sí?

¿Qué quieres que te diga?

¿No lo has vuelto a ver?

Justo cuando iba a negar, lo vi. Iba a entrando junto a… Junto a… Jasper. No puede ser. Los pulmones antes en nubes de placer culinario fueron estrujados por los nervios, haciéndome sentir debilitada. Ese hombre conocía a Jasper. ¿Por qué a mí?

¡No puede ser! —susurró Alice, estrujando mi brazo al percatarse de la presencia de Jasper, podía sentir que comenzaría a brincar de la emoción—. Allí están Edward y Jasper.

Edward, así se llamaba el chico del parque. Mi amiga alzó el brazo llamando la atención de su pareja en cuestión. Tenía que ser una broma cruel del universo. Edward se percató de mí cuando comenzaron a acercarse a nosotras, el estómago me tembló al recordar los suaves que eran sus labios ahora formando una sonrisa juguetona.

Hola, chicas —saludó Jasper, sonriéndome cortésmente luego de plantarle un casto beso a Alice en la mejilla.

Hola —Le respondí sin voz. Pero sonriendo.

Te presento a Edward, trabajamos juntos —Lo señaló, obligándome a verlo—. Bella, Edward. Edward, Bella; la mejor amiga de Alice —presentó.

Hola, Bella —Su voz, parecía acariciar mi nombre. Estaba paralizada frente a él, estaba guapísimo enfundado en ese traje gris obscuro, corbata azul.

¿Qué te pasa?, me recriminé. Todos los chicos de la oficina se visten igual

Hola.

Estábamos cerca de nuestro turno, aunque seguía habiendo gente frente a nosotros. Noté que Alice y Jasper se inundaban en una conversación privada, se apartaron un poco, así que me quedé sola… Con Edward. Le sonreí cortamente.

¿Te puedo invitar un café para que me disculpes? —preguntó, acercándose apenas unos pasos. Lo miré fingiendo que no comprendía de qué hablaba.

No tienes que hacerlo —protesté.

De verdad no era mi intención molestarte…

Cerré los ojos, irritada, ahora que volvía a disculparse la situación me parecía estúpida. Inhalé y exhalé para calmarme. Abrí los ojos para recaer en el hecho de que era realmente guapo, todo un galán. Y me quería invitar un café. Aprovechar las oportunidades, decían…

Chocolate caliente —Le interrumpí. Frunció el ceño.

¿Disculpa?

Te acepto un chocolate caliente —dije sonriendo, una sonrisa genuina—. Y quedarás perdonado.

.

Cepillé mi cabello frente al espejo. Mirando mi reflejo, las ojeras seguían allí debajo de mis ojos, y prometí dormir mejor de ahora en adelante. En ese momento entró Edward en la habitación, impaciente por comer. Así era él. Le sonreí dejando el cepillo en el tocador, y tomé mi anillo para colocarlo en su lugar.

—¿Lista? —También sonrió.

—Sí, muero de hambre.

Tomó mi mano y nos encaminamos a la cocina.

—¿Sabes? —Lo miré—. Ese anillo te hace ver diferente…

—Cálmate —Reí sentándome en una de las sillas del comedor.

En la mesa yacía nuestro desayuno. Para él una rebanada de tarta de manzana con su café negro con una de azúcar. Para mí, una rebanada de pastel de chocolate y chocolate caliente. De nuestra cafetería. Sonreí sintiendo mi estómago gruñir desesperado por ese pedazo de triple azúcar.

—Enserio, te hace ver más mía —bromeó sentándose en la silla a mi lado.

Rodeé los ojos y le di un pequeño empujón antes de lanzarme a besarlo. Me gustaba esto. Tranquilo, sin estrés un sábado por la mañana en su apartamento. ¿Qué otra cosa podía pedir? Se había convertido en el hombre de mis sueños.

.

¿A dónde me llevaras? —Dejo de mirar la ciudad para verlo a él, manejando por las calles de Chicago.

Es nuestra primera cita, después de varias insistencias acepté. Y tuve que decirle que no tenía novio cuando él me contó que no tenía novia. No pude mirarlo a los ojos aunque Edward solo decía que no pasaba nada. Me explicó que me besó porque se sintió correcto. Maldito hombre y sus lindas palabras…

Es una sorpresa…

Maldito hombre y sus lindas sorpresas… Apreté los labios, evitando protestar, me había escuchado quejarme de miles de cosas desde el día que lo conocí; quería que esta noche fuera especial. Me crucé de brazos volviendo la vista a la ventanilla de su auto, deleitándome con el paisaje.

Cuando decidí mudarme a Chicago, no imaginé que me enfrentaría a tantas cosas, y la vida todavía no terminaba… Era larga y llena de más retos.

Noté que nos alejábamos de las calles más concurridas. Seguí sin comentar nada al respecto. De reojo podía notar su sonrisa de idiota.

¿De qué te ríes? —pregunté irritada.

Que no había escuchado ninguna palabra molesta viniendo de ti, comenzaba a preocuparme de haber recogido la chica equivocada —su sonrisa se extendió—. No tienes que fingir conmigo, conozco casi todas tus facetas —extendió la mano hasta tomar la mía, acercándola a sus labios para besar el dorso.

Aun con toda tu galantería, no me acostaré contigo en la primera cita —bromeé, su toque hacía estragos en mi cuerpo, pero tenía conciencia y experiencias para no cometer un error aunque él haya sido diferente al resto.

No planeaba que eso sucediese pronto —murmuró, dando vuelta al volante para girar a la izquierda—, así que puedes estar tranquila, mis manos estarán quietas…

Reí internamente y puede que haya soltado una risita y él me escuchara, aunque no dijo nada. Este chico ponía mi mundo de cabeza desde que lo conocí. El auto se detuvo, haciéndome reconocer el lugar donde estábamos. Me mordí el labio al voltear a verlo.

¿Qué hacemos aquí?

Creí que era obvio —Se burló—. Quiero remplazar un viejo recuerdo…

.

—¿Y ya sabes quién será tu dama de honor? —preguntó Alice, siempre se adelantaba a todo. Sonreí.

Fijé mi mirada en las chicas que más quería en este mundo. Renée era mi madre, ella les ganaba a todos, estando empatada con Edward. Rosalie, Tanya, Alice y Bree me miraban alucinadas, estaban casi saltando en su silla igual que cuando bailaron en el Grant Park.

—Sabía que vendría esto cuando acepté salir a comer, aunque creí que al menos primero me dejarían ordenar…

Reí y ellas rieron, era una decisión difícil. Las quería, pero Alice había estado para mí, al igual que Edward. Y Renée lo rechazaría…, hablando de ella, no le había contado aún. Aunque no podía culparme, apenas tenía tres días comprometida. Al pensar en esa palabra la vista cayó directo en el anillo que adornada mi mano derecha… Ahora yo quería saltar de la emoción.

—Sí pero estamos ansiosas —comentó Bree haciéndole una seña al mesero para que se acercase a nuestra mesa.

—Además, bailamos una coreografía por el amor a todo lo sagrado —Esa fue Rosalie.

Tanya estaba riéndose. —Chicas, no fue difícil —dijo al controlarse—, lo que sí fue difícil fue decirle a Edward que no…

—Estaba tan emocionado con la idea de la propuesta —continuó Alice.

—Parecía haberlo planeado desde hace años —dijo Rosalie.

Me encantaba eso de ellas, podían relatar toda una historia entre las cuatro sin interrumpirse. Sonreí de solo imaginar a mi hombre diciéndoles la idea a nuestros amigos. No debió ser fácil coordinar a los torpes de los chicos y a las alocadas de las chicas.

—Saben que no será sencillo escoger a una de ustedes —Me mordí el labio.

Respiré tranquila cuando el mesero se posó al lado de la mesa. Me daba tiempo para pensar. Los planes para la boda comenzaban a hacerse notar y no sabría si podría yo sola. Miré a mis amigas sintiendo el alivio invadirme al recordar que no estaría sola.

No tienes que hacerlo —Me quejé irritada por la venda sobre mis ojos.

Se rió a mis espaldas. Hice una mueca impacientándome, no sabía que tanto estaba haciendo moviéndose de allá para acá. Los nervios escocían en mi estómago. Las citas nunca fueron mi fuerte, pero por Edward lo haría; él se había quedado aún con todos mis intentos por alejarlo.

¿Lista? —susurró en mi oído. Sentí los escalofríos recorrer mi espina dorsal. Suspiré y asentí sonriendo. Me tomó de la cintura para darme media vuelta.

Me afectaba demasiado su cercanía.

Quitó la venda lentamente. Confiaba en él. Parpadeé rápidamente acostumbrándome a la tenue luz de la luna. Las luces del parque no eran de mucha ayuda. Mi corazón bombeó con fuerza cuando noté lo que estaba frente a mí. Un picnic. Lo sé, es tonto, pero para mí era más de lo que se miraba. Para mí representaba una cena romántica bajo la luna en el lugar donde nos conocimos. Romanticismo corriendo por mis venas.

No puedo creer que lo hicieras…

Edward se había encargado de hacer cosas que no necesitaba hacer. Aunque se lo decía y me quejaba, terminaba encantada y con mariposas volando por todo el estómago. Volteé a mirarlo sin poder creer lo que miraba. No daba crédito a que este hombre hermoso de orbes esmeraldas fuese así conmigo.

Veo algo en tu mirada —dijo ahogadamente.

¿Querías borrar un viejo recuerdo?

Extendió las manos hasta tocar mi cintura de ambos lados y se fue acercando lentamente hasta que nuestros cuerpos permanecieron pegados. Sentía mil sensaciones recorrer mi cuerpo sin parar, estaba conmocionada. Sus orbes me observaron y después a mis labios, esta vez se tomó su tiempo, juntando nuestros labios en un beso que significaría amor en un futuro. El primer beso de un nuevo comienzo.


¿Qué tal? Realmente estoy encantada con esta historia. Ustedes son las que tienen la última palabra. ¿Me gané un Review? Bromeo...

Nos vemos en pocos días (espero).

Besos, FS.