II.
Primer Encuentro.
Con los Yaeger.
-¡Mira papi, mira! ¡Es una jirafa, una jirafa, papi!.-Isabel corre, encantada. Eren sonríe al verla. La niña revolotea cómo mariposa, exclamando fascinada alrededor de la jirafa que tras la reja se luce.
-¿Quieres tomarte una fotografía con ella, cariño?
Isabel asiente, feliz.-¡Jirafa! ¡Ven aquí, jirafa!.-La fotografía que captura Eren con el celular es preciosa. Se asegurará de imprimirla y colocarla en la mesilla junto a la puerta de entrada de su hogar.
A los pocos minutos, cuando Eren le dice a su hija que es hora de marcharse a otro lado, e Isabel se muestra reticente, el padre sabe que aquello no terminará bien.
Es la pregunta de su hija la que le hace confirmar sus sospechas.
-Papi..-Lo llama la niña, inusitadamente seria
-¿Sí?
-¿Podemos llevar a la jirafa a casa?
La opera comienza.
Con los Ackerman.
Mikasa se encuentra seria. Ella siempre permanece así, seria. Pero es su misma seriedad lo que le da ese aire tan adorable, el mismo que hace que Levi se acerque por detrás a ella y así, distraída le saqué una fotografía en la que captura el momento en el cuál, su hija sonríe levemente al observar a la leona juguetear con su cachorro.
Levi promete colgar esa fotografía en el pasillo de las escaleras de casa.
-Padre, ¿las leonas son agresivas cuando se tratan de sus cachorros?
Levi la observa tomar un sorbo de refresco de ponche.-¿Cómo te sentirías tú, si alguien extraño, un intruso, trata de tocar a tus hijos?
Es la mirada oscura y peligrosa de la niña la que le llena de orgullo.-Lo eliminaría. Un intruso es algo tan desagradable e indeseable cómo las ratas, ¿no?
Levi no responde. Simplemente asiente.
-Y las ratas son plagas.
-¿Y a las plagas...?-Levi aguarda su respuesta. La conoce. Quiere escucharla de nuevo.
-Se les elimina.-El padre se muestra satisfecho. Esa es su hija.
Al no ser él de los que celebra abiertamente algo así, Levi la alza en brazos, la coloca en sus hombros y le pregunta que si quiere ir a comprar golosinas. Mikasa acepta
Mikasa sabe que ha respondido bien. Mikasa sabe por igual, que aquello merece una recompensa. Y Mikasa solicita un algodón de azucar.
Cuál sería la molestia de la niña, que al descender y pedir su golosina al vendedor, una niña escándalosa, pelirroja y gritona le empujó al ella pasar corriendo, provocándole a Mikasa Ackerman, aparte de un enojo monumental, una enorme mancha rojiza en su vestido blanco. No, piensa ella. Su refresco de ponche.
Los ojos oscuros de Mikasa se llenan de lágrimas. La furia de Levi revienta. Y un gigantón tipo de ojos raros se pone delante de ambos, súplicando su perdón encarecidamente.
-¡L-Lo siento muchísimo, señor!
-Tu hija ha manchado el vestido de mi hija.-El tono peligroso del Ackerman le provoca a Eren un escalofrío. Eren mira a la niña y avergonzado se arrodilla frente a ella.-Lo siento, pequeña señorita. Le ruego, me disculpe.
Mikasa no llora. Sino que sus oscuros orbes relucen, relucen cómo luceros. Relucen de una manera que no le agrada nada a Levi. Es más, su mal humor aumenta.
Y más allá, Isabel deja su lucha por la libertad de las jirafas y se queda varada. Observa absorta al menudo hombre pelinegro que atraviesa con la mirada a su padre y traga en seco.
Tan guapo, piensa la pelirroja pequeña antes de apróximarse.
Hermosas Criaturas.
Mikasa es Mikasa, así esté reencarnada y en el 2015.
Y no culpo a Isabel. Con ese lindo culo Ackerman, ¿quién no caería?
Abrazos y besos.
Un review equivale a un cuerno de hidromiel.
