III.-
Acuerdo Yaeger–Ackerman
Luego del caos del zoológico, Mikasa y su padre habían ido a parar a la pintóresca residencia Yaeger.
Se sentía extraña, ahí, en una mesita rosa, fingiendo jugar al té, mientras su padre hablaba con ese apuesto espécimen que le había llamado "señorita", buscando su perdón.
Oh, era un espécimen muy sensual. Adecuado, adepto a las necesidades de su padre.
–Mira niña, te lo pondré claro.—Estaban frente a frente, Isabel frente a Mikasa, Ackerman frente a Yaeger, verde contra negro.—Quiero que tu papi sea mi papi. Estoy interesada en obtenerlo.
Mikasa bebe de su chocolate caliente y la observa fijamente. Menuda niña, piensa. Tiene pelotas para ser tan claridosa.
Eso se lo reconoce.
–¿Y a mí cómo me beneficia esto? Debo advertirte, tengas cuidado con tus palabras. No estás hablando de cualquiera. Estás hablando de mi padre. Acordemos también no mentirnos, será mejor para ambas.
Isabel sonrió. —¿Crees que no he visto cómo observas a mi papi? Me pareces demasiado lista.
–No sé de qué me hablas.—Isabel sonrió aún más. Arlequín maldito, pensó la Ackerman.
–Creí que acordamos no mentirnos, Mika.
La pelinegra gruñó. —Muy bien, es verdad. Tu padre es adecuado a los estándares que tengo acerca de una posible pareja para mi padre.
–Entonces, utiliza esa enorme habilidad de leer a las personas y léeme a mí. Sabes lo que quiero. La pregunta es, ¿me vas a apoyar?
–¿Tu padre sabe cocinar panques rosados?
–Los mejores, Mika.
–Entonces, tenemos un trato.—Ambas niñas estrecharon sus manos.
–Creo que debo comenzar a llamarte Mika-aniki.
Ackerman se mostró sorprendida.—¿Anki?
–¿No esperarás que yo figure cómo la mayor, cierto?
–Tienes razón. Y, ¿cómo empezaremos con el plan?
Yaeger sonrió una tercera ocasión. Mikasa ya le temía a esa sonrisa.
–Tú sígueme la corriente. Pero, ¿sabes? Antes terminemos con las galletas que nos hizo mi papi. ¿O te gustaría que se desperdiciaran, Mika-aniki?
–En lo absoluto.
Continuará.
Isabel y Mikasa mandan, ¿no?
Gracias por sus bonitos comentarios.
Espero les guste :)
Elisa.
